Google y la falsa erudición

No salgo de mi asombro. Ayer mis cuentas de las redes sociales se inundaron de grandes lectores y de personas de una elevada sapiencia. Todo el mundo había leído prácticamente toda la bibliografía de Gabriel García Márquez y, varios miles de ellos, conocían hasta el milímetro su biografía. ¡Quién dice que nuestro país no es un reducto de erudición!

Es habitual observar, especialmente cuando quien escribe dispone de un dispositivo con conexión a internet a mano, la gran cantidad de sabiduría que se posee. Grandes eruditos que, prácticamente, conocen de todos los temas. Capaces de relacionar cualquier cosa. Capaces de encontrar respuesta a cualquier cuestión. Capaces de mostrar un bagaje cultural digno de ganadores del Nóbel (aunque lo anterior tampoco diga mucho de la cultura de algunos de los que lo ganaron).

Tan sólo me planteo una cosa… ¿qué sucedería si muchos de aquellos que utilizan las redes sociales para demostrar su infinita sabiduría se encontraran sin conexión a la red? ¿Qué sucedería si Google se cae y la Wikipedia, de repente, falsifica todos sus resultados? ¿Qué pasaría si toda la información de la red se vuelve poco confiable? ¿Cuántos sabios seguirían existiendo?

Fuente: http://www.meregusta.co

Fuente: http://www.meregusta.co

Reconozco mis limitaciones cuando se habla de determinadas cuestiones. Reconozco que soy incapaz de acordarme de memoria de muchos datos. Reconozco que, en muchas ocasiones, debo acudir a la red para satisfacer muchas de mis necesidades. Eso sí, siempre asumiendo mis limitaciones. Unas limitaciones más amplias en algunos campos que en otros que, por cierto, no me hacen ni mejor ni peor persona. Algo que muchos, por vergüenza u otros motivos, les cuesta reconocer. Es muy bonito saber de todo y, mucho mejor aún, demostrar a los demás lo mucho que se sabe.

Google potencia los eruditos de salón. Eruditos impenitentes que hablan sobre cualquier tema. Tertulianos a golpe de clic que, con sólo leer una frase, la trasladan hacia sus nodos virtuales. Ganas de ser reconocidos. Ganas de demostrar que no son menos que aquellos que hacen exactamente lo mismo. Ganas de seguir aparentando en un mundo digital donde las apariencias están a la orden del día.

Fuente: http://www.chato.cl

Fuente: http://www.chato.cl

No es malo no saber. No es malo reconocer que no se sabe de algo. No supone nada el decir que hay algo que se te escapa o que desconocías. No es malo plasmar la realidad de lo que uno es o sabe.

Qué mejor que acabar con la frase de Platón en su idioma original scio me nihil scire o scio me nescire. Por cierto, mi latín no llega a tanto y, como han hecho muchos antes, la he buscado en la red. Queda muy bien, ¿no creéis?

Debo reconocer que quedaría muy bien decir que la confusión acerca de la lengua materna de Platón es fruto de un interés articulístico. Quedaría muy bien decir que ha sido algo que he usado como estrategia en el post. Lamentablemente, ha sido una confusión al usar la frase tal como me la muestra Google sin ponerme a pensar ni en la nacionalidad, ni en la lengua que usaba Platón. Toda la mañana mi mujer lleva choteándose de ello. Lo de la crucifixión es algo que se lleva muy bien estos días. Muchas gracias a todos los que me habéis hecho ver el error. Errare humanum est.

Enseñar a escribir con una app

Fuente: wikiHow

Fuente: wikiHow

La madre del cordero en este curso escolar es la proliferación de apps educativas. Aplicaciones que se instalan en las tabletas que, según sus defensores y vendedores, permiten hacer lo mismo de siempre pero de una forma mucho más entretenida, intuitiva y, por ende, eficaz. Hay apps para dibujar, para aprender a sumar, para situar las capitales, para aprender a leer e, incluso, para controlar lo sano que es el almuerzo que se toma en el patio. Apps para hacerlo prácticamente todo. Apps para, supuestamente, mejorar el sistema educativo.

Creo que tirar de app por defecto es un error que va a traer unas consecuencias muy graves. Usar apps para aprender a escribir, cuando lo único que hacemos es sustituir la típica libreta por una pantalla retroiluminada es algo que me preocupa. ¿Qué sentido tiene hacer lo mismo que podríamos hacer sin dispositivos electrónicos cuando resulta mucho más económico enseñar a escribir de la forma tradicional? ¿Qué sentido tiene incorporar correctores ortográficos en la app de turno cuando visualmente es mucho mejor que el alumno vea sus fallos trasladados en un papel? ¿Qué sentido tiene aprender a escribir con una app?

Podríamos también hablar de esas app molonas para hacer cómics. Desterrar de una vez esos plastidecors y rotuladores para ofrecer una versión prediseñada de sus protagonistas en pantalla táctil. ¿Alguien cree que la creatividad se dará mejor en app que en el uso que pueden dar a los colores los alumnos? ¿Qué sentido tiene ofrecer algo que haga maravillas cuando lo necesario es que un alumno exprese su creatividad? Y, para muchos, expresar la creatividad es algo que no debe depender de baterías o apps diseñadas por terceros. ¿No es bonito que un alumno de cinco años dibuje su primer árbol en un papel? ¿No es bonito ver cómo utiliza los dacs para dar forma a lo que tiene en su imaginación?

Que no… que las apps no tienen ningún sentido en muchos momentos. Que estamos haciendo una ingestión excesiva de aplicaciones, cuyo único sentido es hacer mucho más bonito, que no efectivo, algo que ya se llevaba trabajando muy bien en muchos centros educativos. Pósters que inundan las aulas, redacciones entregadas en papel con una caligrafía más que practicada y, especialmente, un esfuerzo del alumno para, con lo que dispone, dar lo mejor de sí mismo.

Los proyectos educativos con tabletas son algo que debe ser tomado con mucha precaución. Las apps son, como todo lo que está relacionado con la tecnología educativa, un arma de doble filo. Algo demasiado peligroso para ser usado como se está haciendo.

Lo siento. Cuando veo chavales que aprenden con diferentes apps, restringiendo al máximo los recursos de toda la vida, creo que se está dando un salto al vacío. Un vacío que, por diferentes intereses, se está postulando como la solución a todos los problemas. Tecnología a golpe de aplicación para un aprendizaje demasiado dirigido. Conceptos y procedimientos que se ralentizan por la necesidad de dar aparatos.

No creo que se necesiten apps para enseñar a escribir, dibujar o realizar las operaciones matemáticas básicas. No estoy seguro que lo que estemos haciendo no sea una manera de desnaturalizar el aprendizaje. Un aprendizaje demasiado pendiente de la app de turno con unos costes que no tengo claros que estemos dispuestos a asumir en un futuro. Las apps son lo que son y plantearse que se usen para algo que ya funcionaba (y bastante bien) me da mucho miedo.

Vivir en la Matrix

No tengo muy claro dónde estoy trabajando pero, por lo que intuyo, debe ser en la Matrix. Una realidad paralela que funciona a base de estrategias educativas que no son las que nos quieren vender algunos. Una realidad, donde después de ver cómo pierdo el tiempo en reuniones que no sirven, se participa en proyectos que sólo sirven para la foto (y algunos ni para eso) y se dota de ordenadores a los alumnos para que usen su maravilloso libro de texto digital, demuestra ser muy poco parecida a muchas cosas que me dicen.

Fuente: http://inteligenciaartificialcav.wordpress.com

Fuente: http://inteligenciaartificialcav.wordpress.com

Después de quince años en mi realidad no veo que la tecnología esté mejorando la vida de los chavales. Lo único que veo, más allá de algunas experiencias que quedan muy bien para contar o que van bien a algunos frikis entre los que me incluyo, es que los alumnos están perdiendo habilidades a un ritmo vertiginoso (no acreo que sea achacable a la tecnología en ella misma). Alumnos que cada vez escriben peor a mano (sin corrector informático veríamos auténticos despropósitos) curso tras curso, operaciones matemáticas básicas que algunos se empeñan en no recordar (y no hablo del aprendizaje de las tablas de multiplicar), imposibilidad de situar los países que nos rodean en un mapa y, especialmente, incapacidad de concentrarse más de dos minutos haciendo algo. Me preocupa el tema, y mucho. Por suerte, es algo que ningún informe, de esos que tanto se empeñan en publicar algunos por ser la base de su vida en la burbuja, nunca va a ratificar. Informes que hablan de realidades paralelas. Investigaciones que una vez publicadas, leídas y, abiertos los ojos para ver su “realidad” demuestran que hay alguien que se está equivocando. Quizás sea yo. Quizás mi realidad, al ser sólo mía y no basada en complejos cálculos estadísticos recogidos por personas que no han pisado nunca el aula, sea totalmente producto de una ficción autoinducida.

Tampoco he conseguido ver ningún alumno necesitado, que no medicado, con pastillas por tener TDAH. Una enfermedad (bueno, trastorno según los expertos del tema). Toda la vida he visto alumnos que se mueven más o menos y que tienen pocas ganas de concentrarse. Si somos sinceros con el tema… me parece recordar que ni tan sólo yo he sabido concentrarme a esas edades. Qué triste es no poder reconocer un trastorno cuando lo dice gente que sabe mucho más que tú. Qué mal profesional que no consigo distinguir algo que llena líneas en muchos medios de comunicación e ingresa pingües cantidades en las cuentas corrientes de algunas farmacéuticas.

Me falla también el tema de las inteligencias múltiples (y sus encuestas). Resulta que, hace bien poco, una empresa relacionada con la venta de libros de texto (ahora en formato digital superguay) postulaba que el 70% de los docentes creían que una de las soluciones a los problemas educativos pasaba por trabajar con inteligencias múltiples. No conozco a ninguno de mis compañeros, exceptuando a alguno de esos que tenemos la manía de leer todo lo que llega a nuestros manos vía tuit o documento, que sepan en qué consiste esto de las inteligencias múltiples. A propósito, alguien debería explicarme por qué resulta que un alumno que es bueno (llamémosle excelente) en matemáticas es bueno en música y lenguas. ¿Alguien me podría explicar por qué taxonomizar unas inteligencias que se dan de forma global en los alumnos? ¿Alguien me puede decir por qué es necesario montar un entramado económico y mediático alrededor de un concepto que se sostiene, en la práctica (por mucho que me digan algunos), realmente poco?

Podría seguir con el desprestigio a la profesión docente por parte de algunos de forma encubierta. De por qué se intenta conmutar modelos de experiencia y conocimientos en modelos que permitan que el alumno aprenda sin esfuerzo. ¿Alguien cree que un sistema educativo tiene un mecanismo para introducir aprendizaje en los alumnos sin que les cueste esfuerzo? Gamificar es sano, jugar para que los chavales se lo pasen bien sin ningún tipo de objetivo la deriva más habitual de esa práctica.

Es que vivo sin vivir en mí. Un mundo donde lo que es no es lo que me dicen. Donde el fracaso educativo tiene mucho que ver con las condiciones socioeconómicas de los padres. Donde la realidad y lo que se está haciendo con todas esas “novedades” tiene muchos visos de no solucionar nada. Y el problema no es sólo ese. El problema fundamental es que estamos dejando pasar oportunidades y, cada vez, se van a generar menos. La Educación es una realidad. Una realidad muy compleja que poco tiene que ver con lo que estoy oyendo o, quizás, demasiado poco con lo que estoy viviendo.

No se trata de reformular la Educación a golpe de idea “brillante”. Se trata de formularla de forma global de una vez por todas. Tenemos las herramientas y los profesionales para ello. Ahora sólo falta encontrar a algún estadista que se atreva a situar las piezas en el tablero.

Los préstamos-matrícula, una nueva forma de usura educativa

usura_uniGestionar la Educación es algo muy complicado. Más aún si quien debe gestionarla ha de pagar favores a determinados sectores. Éste es el nuevo caso de la Comunidad Valenciana, cuyo Presidente ha firmado un convenio con diferentes entidades bancarias para “facilitar” un préstamo a los estudiantes universitarios. Un acuerdo que, tal como se promulga desde la web de la Generalitat Valenciana en su nota de prensa, va a permitir que los alumnos que cursen estudios universitarios (grados, postgrados o másters) puedan endeudarse con una entidad bancaria.

No lo entiendo. Avalar a los estudiantes para que una entidad bancaria a un tipo de interés del 6% se lleve su jugosa mordida es algo que no entiendo. No me cuadra que habiendo dinero a poco más del 0% y existiendo un Banco Público (Banco de España) se deba otorgar favores a determinadas entidades bancarias. Entidades, por cierto, que van a hacer un negocio fabuloso con el sistema de préstamos. Préstamos garantizados por la Generalitat y que les permite obtener un diferencial de más del 5% (entre el tipo de interés que les prestan a los bancos y el tipo de interés al cual conceden esos préstamos).

Creía que en este país la usura estaba prohibida. Cuando la usura la plasma en un acuerdo la firma de un político… sin comentarios.

Creo que los políticos nos consideran estúpidos. Hay decisiones que, se miren por donde se miren, son imposibles de defender. ¿Alguien me puede justificar razonadamente por qué debemos avalar préstamos personales a un tipo de interés superior al que podemos obtener ese dinero? ¿Alguien me explica por qué en lugar de dotar de becas a los alumnos que lo necesiten y demuestren su rendimiento académico debemos echar una soga al cuello, en forma de préstamo, a esos estudiantes que pasan apuros económicos para seguir estudiando? ¿Alguien que sepa un poco más de economía que yo me puede justificar lo anterior?

Lo siento, pero después de leer el comunicado de la Generalitat me he quedado sin palabras. No entiendo que se pueda vender lo anterior como un éxito. Aún menos que pueda ser justificado para “facilitar que nadie se quede fuera de la Universidad por motivos económicos“. Esto ya es de traca.

A propósito, agradecer a BBVA, Banco Sabadell, Caixabank y Grupo Cooperativo Cajamar su participación en el proceso es, a mi entender, algo totalmente surrealista. ¿Alguien me puede decir qué debemos agradecer a unos bancos que van a sacar tajada de las necesidades de muchos alumnos? No lo veo. Es que lo mire por donde lo mire, no lo veo.

Unas ideas para reformular las oposiciones docentes

Que el método de oposición sea el menos malo de los que existen para entrar en un trabajo no significa que el mismo sea una panacea. Las oposiciones, en este caso las docentes, no seleccionan a los mejores docentes. Seleccionan a los que, supuestamente, atesoran una gran cantidad de conocimientos y son capaces de plasmarlos mejor que sus compañeras y compañeros de oposición en un día determinado. Posteriormente, una vez superada esa fase (en igualdad de condiciones con otros miles de opositores), se les obliga a realizar un año de prácticas en un centro educativo. Prácticas que casi nadie suspende. Prácticas que se han convertido en un puro trámite.

Fuente: http://www.eldiario.es

Fuente: http://www.eldiario.es

¿Es malo el sistema de oposición docente? No sería malo si las titulaciones universitarias que poseen los aspirantes ratificaran sus capacidades. Algo que, tristemente y después de ver los resultados de las últimas oposiciones en Madrid (donde en una prueba de conocimientos generales el ochenta por ciento de los presentados, con el título de Magisterio en las mochilas, no eran capaces de contestar a preguntas que contestan alumnos de sexto de Primaria) parece que no sea así. Por tanto, el primer fallo (y uno de los más importantes) es que la titulación no lleva asociada capacidad. Algo que obligaría a revisar las titulaciones y que debería permitir cerrar o penalizar a alguno de esos chiringuitos (tanto públicos como privados) que expiden esas titulaciones.

Tampoco es malo si lo comparamos con el sistema de acceso a los centros concertados y privados. Sistemas de selección sin competición. Sistemas que priman ideología y haber sido ex alumno del centro. Por cierto, en la mayoría de casos, plazas que ya saben su ocupante mucho antes de ofertarse.

Por tanto, para seleccionar a los mejores ya tenemos algo que hacer. Establecer una prueba, nos guste más o menos, en la que el aspirante sea capaz de resolver los exámenes a los que van a ser sometidos sus alumnos en los últimos cursos. ¿No sería lógico plantear un examen de Selectividad de la materia para aquellos docentes que quieren enseñar en el futuro a sus alumnos? ¿No sería viable establecer que la capacidad, una vez realizada la purga de las titulaciones universitarias (estableciendo proceso externo de validación de las mismas en una Universidad de referencia), deba ceñirse a lo que el docente debe impartir en el aula?

Una vez solucionado el problema de la competencia en la materia conviene no excluir una prueba de cultura general. No debemos permitir que haya docentes en el aula que desconozcan lo más básico. No podemos permitir docentes que cometan faltas de ortografía. No podemos permitirnos docentes que no sepan redactar un texto en condiciones. No debemos dejar en manos de analfabetos culturales a nuestras próximas generaciones.

Ya tenemos el bagaje cultural evaluado. También una evaluación competencial mediante pruebas que habrán de superar sus futuros alumnos. Algo más real. Algo que quizás hace a un docente más completo que vomitar los temas de Primaria y los de Secundaria que poco capacitan para preparar a un alumno.

Una vez realizado lo anterior, ¿le exigimos competencias TIC o lingüísticas? Mi respuesta puede no compartirse pero no creo que lo de las TIC o ser capaz de “no dar” su materia en inglés o francés haga de uno un mejor docente. Quizás pudiera establecerse como método valorable pero, de entrada, quizás lo descartaría.

Ahora ya tenemos a los que han aprobado la oposición. Toca llevarlos al aula. Toca cambiar el proceso de prácticas. No es de recibo que, normalmente sin ningún control más allá de un día que se pasa el inspector, ya se valide la práctica docente de uno. ¿Por qué no establecer un proceso de evaluación como el MIR? ¿Por qué no permitir una evaluación continua del proceso en un período más amplio que un curso escolar donde se vayan superando diferentes escalones dentro de una carrera profesional con diferentes perfiles?

Tan sólo algunas ideas para replantear un modelo muy criticado que, a pesar de ello, sigue siendo de los más justos y transparentes. Eso sí, lo anterior no obvia para que sea necesario establecer procesos de evaluación para todos aquellos que ya estamos en el sistema.

Héroes del 2.0 educativo

super_heroeCada vez tengo más claro que todo esto de las redes es un mercadillo de productos. Productos que muchos compramos por la foto. Productos que muchos compramos por lo bien que se venden. Productos que, a la postre, son demasiado difíciles de valorar en su justa medida.

Estos últimos tiempos he tenido la posibilidad de coincidir con ex alumnos de algunos de esos docentes que tan en boga están entre los que nos movemos en las redes sociales. Personas que han comentado libremente su experiencia con alguno de esos “héroes del 2.0 educativo”. Personas que han cuestionado, mediante diferentes ejemplos, qué ha supuesto para ellos la experiencia de ese encuentro (según ellos, más bien desencuentro). Cuestionando la experiencia en las redes. Cuestionando que lo que venden sea lo que ellos aplican en sus aulas. Planteando si no sería bueno que se planteara un análisis global de los personajes que nos inspiran a más de uno.

No tengo muy claro si la red muestra la realidad del personaje. Ni tan sólo si la capacidad del personaje está acorde con la realidad de su día a día. Hablar de Educación sin una experiencia positiva (que, no por ello, es más o menos válida) es algo que obliga a cuestionarse muchas cosas.

Juzgar a un docente por los comentarios que realiza en las redes es muy arriesgado. Juzgar su profesionalidad por la verborrea o la capacidad de atracción que tenga hacia su persona es algo demasiado poco objetivo. Ser capaz de sentir empatía por alguien con independencia de su faceta más profesional (en el aula o en determinados servicios educativos) es algo que nos está permitiendo la subjetividad de las redes. Que alguien me caiga más o menos bien no dice nada de cómo esa persona se enfrenta a su día a día laboral. Que la misma sea capaz de soltar gran cantidad de peroratas o citar a gran cantidad de personajes tampoco lleva inherente su capacidad profesional. Una capacidad profesional demasiado difícil de juzgar objetivamente.

Los alumnos creo que son quienes más capacidad tienen de juzgar. Son los que han sufrido (en sentido positivo o negativo) la faceta más profesional de ese docente que está en la red. Eso sí, siempre tomando esa perspectiva en clave personal. Algo que es muy difícil de extrapolar. Algo que, más allá de impresiones, es imposible de cuantificar. Analizar a alguien sin disponer de todos los datos es sesgar demasiado una información importante.

Creo que conviene pararse a reflexionar. A tomar con pinzas lo que se publica en la red. A analizar las experiencias dentro de un contexto más global. A sentarse bajo un árbol a esperar que caiga esa manzana.

Hay docentes excelentes en las aulas y otros trabajando en aspectos relacionados con el sistema educativo. Hay docentes de los anteriores que están y otros que no (ni se les espera) en las redes. Es por ello que antes de encumbrar al altar o echar a las fieras a alguno de esos héroes creo que conviene analizarlo con una perspectiva mucho menos pasional.

Artículo dedicado a todos los alumnos que he tenido a lo largo de estos quince años. Espero que, como mínimo, alguno guarde buen recuerdo de la experiencia.

El timo de las distribuciones educativas autonómicas

Millones de euros en merchandising educativo relacionado con la implantación de software libre en las aulas de nuestro país. Gran cantidad de distribuciones (una por Comunidad Autónoma) que, supuestamente, iban a permitir que Windows y el resto de aplicaciones privativas desaparecieran de los equipos informáticos de los centros educativos. Apuesta mediática por parte de las diferentes administraciones educativas para implantar, a muy bajo coste, todo lo necesario para que los equipos pudieran funcionar al margen de la multinacional de turno.

Más de diez años después del invento cuando la mayoría de distribuciones se han abandonado y, en caso que sigan funcionando, su uso sigue siendo residual en los centros educativos, empieza a ser el momento de hablar de estafa. De timo de la estampita. De que otra vez las cuestiones relacionadas con la tecnología educativa han vuelto a ser otro bluff. Ya ni me acuerdo de cuántos llevamos ni tengo muy claro cuando va a pararse el despropósito.

La última información, que confirma lo anterior, es el anuncio de la administración educativa catalana que, a la vista de que Windows XP va a dejar de actualizarse informa en su web de los contactos que está realizando con Microsoft para solucionar ese problema mediante la firma de un nuevo acuerdo. Una administración que ha gastado dinero en vendernos su distribución autonómica (Linkat) vuelve a decir que todo eso del software libre sólo era para vender portadas de periódicos. Qué triste todo.

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No tenía ningún sentido la aparición de tantas distribuciones autonómicas cuando las necesidades educativas no varían en las diferentes Comunidades (más allá de cuestiones lingüísticas). No ha tenido ningún sentido, habiendo distribuciones globales (Ubuntu, Red Hat, etc.), optar por distribuciones “a medida” cuyo único cambio ha sido el poner la banderita de turno. No es de recibo que se haya apostado sólo de boquilla por algo que hubiera permitido ahorrar una gran cantidad de dinero a la administración. Pero, como muchos sabemos, lo importante del anterior proyecto era sólo venderlo cara a la galería ya que, por diferentes motivos, hay empresas que tienen mucho poder en el ámbito educativo.

Otro timo más dentro de todo este entramado llamado Escuela 2.0. Y, mucho me temo, no creo que sea el último.

¿Por qué no funciona la clase magistral?

Debo reconocer que soy un convencido de que alguien que sepa mucho de un tema capture al auditorio y sea capaz de exponer, con mayor o menor profusión de medios tecnológicos, alguna cuestión de interés es algo maravilloso. Me encantan las clases magistrales desde esa perspectiva. Ser capaz de mantener en vilo a los oyentes mientras se está hablando sobre algo es algo realmente complejo e interesante.

Fuente: Universidad Pontifica del Perú

Fuente: Universidad Pontifica del Perú

La clase magistral debe existir. Al igual que existen nuevas metodologías de enseñanza. Combinada con lo que sea pero, siempre manteniendo su lugar en un entorno de aprendizaje.

Cada vez son más los que se oponen a la clase magistral. El problema es que se oponen a la clase magistral bajo diferentes premisas falsas sobre lo que es. Premisas que consisten, fundamentalmente, en asociarla a la transmisión de contenidos mediante el calco exacto de algún medio (sea libro o material multimedia). Otro de los errores es oponerse a la clase magistral por la incapacidad de más de uno de poderla utilizar como recurso… ¿cuántos docentes tienen suficiente capacidad intelectual y emocional para poder llevar a cabo disertaciones que sean capaces de mantener al auditorio embelesado? ¿Cuántas horas de preparación y formación previa exige poder llevar a cabo esa clase magistral que algunos tanto denostan?

No es fácil lo anterior. No es fácil reconocer las limitaciones de uno. Es siempre mucho más cómodo intentar desprestigiar determinados modelos, usando su vertiente más habitual de concepto (que, por cierto, no debería confundirse con la clase magistral), que reconocer la incapacidad de poder usarla como recurso.

Me sorprende ver que una de las críticas más habituales a la clase magistral es la necesidad de establecer comunicación bidireccional en el aula. Algo que, en ocasiones y por las diferencias de preparación que existen entre ponente y oyente, es algo imposible. Las clases magistrales no se oponen al aprendizaje compartido pero, si lo que se supone es una mayor capacidad del aprendiz que del docente quizás debiéramos plantearnos la catalogación de éste último como tal. Saber menos que tus alumnos (salvo en algún caso muy puntual) debería llevar a reflexionar. A plantearnos la capacitación de ese docente. A cuestionarnos la necesidad de saber quién está dando clase y a que ello condujera a unas determinadas consecuencias.

La clase magistral no funciona porque se vende, de forma interesada, como lo que no es. La clase magistral no funciona porque muchos docentes no están preparados ni capacitados para impartirla. La clase magistral no funciona porque, si no se usa con moderación pierde todo su sentido.

De lifelong learning al lifelong assessment

Es curiosa la gran cantidad de propuestas educativas que se basan en transformar un aprendizaje puntual a un aprendizaje continuo. A un aprendizaje a lo largo de la vida (lifelong learning). Resulta sorprendente que se postule por ese tipo de aprendizaje sin rendir cuentas. Un aprendizaje que, en muchas profesiones (especialmente la docente), en ningún momento se valida por nadie. Aprender sin saber la utilidad de lo aprendido. Aprender sin que nadie te confirme si dicho aprendizaje se ha realizado bien o mal. Aprender sin que nadie certifique o avale, más allá de la sensación subjetiva de uno, que dicho aprendizaje ha supuesto una mejora de tu faceta profesional.

Fuente: U.S. Department of Labor

Fuente: U.S. Department of Labor

A lo largo de nuestra profesión realizamos gran cantidad de cursos reglados (ofertados por alguna entidad “reconocida”). Cursos que, en la mayoría de ocasiones, tan sólo piden asistir o realizar algunas tareas de dudosa calidad para ir avanzando en el mismo y recibir el posterior certificado de asistencia o aprovechamiento. Certificado totalmente irreal. Jamás, en docencia, se puede suponer que una certificación de alguien (sea profesional o entidad) valide que las prácticas, a partir de ese momento, se van a realizar siguiendo los parámetros aprendidos.

¿Por qué no trasladamos el aprendizaje continuo a una valoración continua del mismo? ¿Por qué no planteamos que, una vez realizada una formación (reglada o no), la misma debe trasladarse a una mejora profesional? ¿Por qué no se certifica con posterioridad a la aplicación de ese aprendizaje? ¿Por qué no se plantean qué aprendizajes deben ofertarse de forma reglada y cuáles son inherentes a la profesión?

Que un docente haga un curso de Moodle y después no use Moodle en el aula es un auténtico despropósito. Cursos de blogs para no crear un blog de aula e incentivar la creación de uno con los alumnos. Cursos de herramientas que nunca van a ser utilizadas en su día a día. Formación, pagada con el dinero de todos, que no van a trasladarse a su profesión. Malversación de fondos institucionalizada por la administración educativa.

Creo que la formación ofrecida por la administración debe valorarse. Creo que si los docentes optan a realizar un curso de formación, la propia entidad que lo ofrece debería ser quien controlara la aplicación de ese aprendizaje en el aula. Tan necesaria es una formación continua como una valoración continua de la misma. Quizás conviene pasar de una vez de ese lifelong learning que tanto postulan algunos a un lifelong assessment (valoración continua).

Por cierto, el artículo anterior en ningún momento se refiere al aprendizaje no dirigido que se realiza por diferentes motivos (aumentar conocimientos de alguna cosa o ganas de aprender algo que no se sabía) y que no está relacionado directamente con el ejercicio de la profesión.

Papeles sin cultura, cultura sin papeles

arbre_culturaHay sinónimos que, por mucho que nos empeñemos en repetirlos, no existen. Por mucho que nos empeñemos hay zoquetes con título universitario y sin él. Hay personas culturalmente deficientes con independencia de su formación.

No es raro observar a personas a las que, supuestamente se les asigna un alto nivel cultural, ser incapaces de escribir un texto con corrección. Cada vez es más habitual ver a titulados universitarios que nunca han abierto un libro una vez finalizados sus estudios. No son casos aislados. Hay cúlmenes y gradaciones en la incultura. Incultura que llega hasta el extremo de docentes de Universidad, la cuna de la sabiduría y la cultura, que publican sus materiales con numerosos errores ortográficos. Docentes de Universidad cuya cultura se reduce a saber, quizás, mucho de lo suyo pero demasiado poco de lo que podríamos englobar como bagaje cultural.

Las audiencias de los llamados “programas basura” no están plagadas de fracasados en los estudios. Bueno, siempre me gusta hacer un pequeño inciso cuando se habla del fracaso educativo para preguntar… ¿qué es fracaso escolar? ¿Qué significa que alguien ha fallado en el aprendizaje reglado? ¿Qué importancia social debe darse a lo anterior cuando hay personas que, con esfuerzo y al margen del sistema, han conseguido labrarse un excelente futuro? ¿En qué parte de la estadística los deberíamos incorporar? Y a aquellos universitarios del título para envolver bocatas, ¿los consideramos fracasados académicamente? O, ¿quizás deberíamos plantearnos de una vez el concepto de fracaso?

Me he ido por las ramas. Algo demasiado habitual para aquellos que, a veces, os pasáis por aquí. Estaba hablando de la imposibilidad de relacionar certificaciones académicas con cultura. Grandes escritores que jamás han conseguido un título universitario se mezclan con titulados incapaces de redactar el prólogo de una triste novela. Diseñadores y cocineros que jamás han estudiado pero cuyo nombre sirve de referencia para aquellos que, en un futuro, van a obtener una certificación en dicha aptitud. Una certificación, por cierto, que ninguno de esas grandes estrellas del asunto posee. Una certificación que no va a avalar mayor capacidad que la que se va a demostrar andando.

Hay personas de “manos sucias” a las que siempre espera un libro en casa. Otros, con su manicura de domingo, que pasaron del pupitre a sillones de diferente tamaño, cuya máxima aspiración cultural es la de seguir a su equipo de fútbol favorito. No hay acciones excluyentes, ni taxonomías poco elásticas. Es tan lícito combinar cultura como considerar a la misma parte de lo que conforma a las personas. Tan lícito como falso el certificar, a voz de grito, quiénes son los que se hallan en posesión de esa cultura tan diversa y enriquecedora como la que nos rodea.

 No creo que tener un certificado académico implique el nivel cultural de uno. No creo que se pueda tener una conversación más o menos seria con el abogado o médico que con alguien que empezó a trabajar de muy joven y dejó los estudios por diferentes motivos. Ni unos están investidos de cultura ni el otro excluido. La cultura no se certifica, se practica.

Oratoria

oratoriaDespués de, parcialmente, escuchar a los diputados del Congreso ayer, no puedo menos que comprender la necesidad de que exista una asignatura específica para “enseñar a hablar”. Una oratoria que, en demasiadas ocasiones, se encuentra a faltar en los centros educativos. Enseñar a argumentar. Enseñar a hablar en público. Enseñar a defender opciones contrarias a las de uno para encontrar los puntos débiles de las mismas.

No se enseña a disertar. Ni a establecer debates. Ni a ser capaces de hablar sin ayuda de un PowerPoint lleno de texto que se lee con fruición. Reproducir verbalmente no es ser un buen orador. Reproducir, sin mantener la adecuada relación física (mirar, gesticular, etc.), tiene mucho de monotonía y aburrimiento. La oratoria es mucho más que saber hablar. Es saber argumentar bajo cualquier condición. Es ser capaz de expresar de forma coherente las ideas de uno.

Resulta, como mínimo, curioso que en los centros educativos de “élite” (aquellos centros a los que envían a sus retoños las castas dirigentes) se enseñe oratoria al mismo nivel que las otras materias. Son frecuentes las exposiciones orales, los debates y las disertaciones sobre temas variados. Una competencia que, más allá de alguna presentación oral que realizan los chavales en algún momento de su aprendizaje, está totalmente abandonada en los centros educativos en los que escolarizan a sus hijos los ciudadanos no pertenecientes a esa élite.

Resulta horrible ver que en otros países se apuesta por una materia propia de oratoria. Una materia que, en algunos países, tiene sus propios concursos. Su propio mundo. ¿Quién no ha oído hablar nunca del grupo de debates de Harvard? ¿Quién no ha oído nunca hablar de los debates que se retransmiten por diferentes medios para dirimir quién es el mejor alumno en esa competencia? ¿Quién no valora la necesidad de que los alumnos, una vez sean ciudadanos integrados en la sociedad como engranajes adultos de la misma, sepan expresarse oralmente con corrección y con una capacidad argumentativa elevada?

Creo que la oratoria es un tema poco trabajado en nuestro país. Quizás sea porque estamos en una época donde se prima más una imagen que mil palabras. Quizás sea porque estemos en una época de inmediatez donde los que mandan no se expresan coherentemente. Quizás sea porque nuestra sociedad está abandonando una de las artes más importantes del ser humano.

Yo sí que creo en la necesidad de enseñar a hablar, a expresarse, a defender la ideas rodeados de público. No hay nada tan necesario como el saber argumentar y, exponer dichas argumentaciones en voz alta, para poder asentar una de las bases de algo que tenemos demasiado abandonado.

Qué debería ser y qué es la Informática en la ESO

libro_texto_informaticaHoy ha sido un buen día como docente. Los chavales en Informática han empezado a trastear con AppInventor. El primer ejemplo que han realizado ha sido el de un cerdito que gruñía. Una aplicación para Android que no hace nada más que reproducir el gruñido de un cerdo cuando se hace clic sobre la imagen. Una tontería como otra cualquiera pero que, después de haber estado practicando código en la siguiente web, ha sido bastante ilusionante poder trasladar algo hecho por ellos a un dispositivo móvil.

Algo que no entra dentro del currículum oficial pero que, en Cataluña, permite realizarse dentro de un proyecto móvil al que podías haberte adherido. Algo que, por cierto, ni he hecho ni pienso hacer. El currículum de Informática, lo mires por donde lo mires, está diseñado para ser obviado.

Esto me ha puesto a pensar en lo que se hace en la mayoría de centros dentro de Informática (como asignatura dentro del currículum de Tecnología, aislada con entidad propia o, mediante diferentes optativas). Docentes que usan libros de texto para impartir contenidos teóricos en algo que evoluciona demasiado rápido para que esté escrito sobre papel. Legajos que normalmente tienen ya algunos años donde se obliga al alumno a memorizar conceptos y a batallar con las aplicaciones ofimáticas de siempre (eso sí, ahora sustituyendo al Word, Excel, Access y PowerPoint por sus alternativas libres -más de lo mismo pero de gratis-).

Nada , nada, la Informática sigue siendo, en la mayoría de casos, un auténtico despropósito. Enseñar a usar los programas que deberían ser transversales en todas las materias es un sinsentido. Trabajar lo mismo que van a hacer en otras materias y con el mismo enfoque de hace quince años algo para cuestionar muy seriamente (tanto la profesionalidad del docente que lo hace como la obsolescencia del currículum actual -que no mejora con la LOMCE-).

Hay anécdotas que por darse habitualmente resultan todo menos cómicas. Conocidos que trabajan en el servicio técnico de mantenimiento de equipos informáticos de los centros que te hablan de la necesidad de la instalación de JClic. Un entorno para la creación, realización y evaluación de actividades educativas multimedia, desarrollado en la plataforma Java. Para algunos que sepan algo de informática… hablar de un entorno que dependa de Java actualmente… clama al cielo. Más aún viendo el tipo de actividades que se pueden diseñar con el mismo. Actividades que muy bien podrían haber corrido en mi querido Spectrum. Por cierto, de eso hace ya unas décadas.

Lo triste no es que sea cosa de los “viejos” del lugar. Son los jóvenes, los recién entrados en docencia, quienes quieren seguir haciendo con los ordenadores lo mismo de antes. Algo que resulta curioso. Supuestos nativos digitales (muchos menores de treinta) usando herramientas que ya no se usaban cuando ellos empezaron a trabajar. Sin comentarios.

La Informática en la ESO es un completo despropósito. Para enseñar los típicos programas de siempre, los componentes del ordenador y considerar el último sistema operativo Windows XP (como se menciona en muchos libros que se usan) más vale que la asignatura desaparezca.

Suerte de algunos ilusos que hacen lo imposible por cambiar las cosas. Curiosamente, algunos que tienen claro que enseñar Informática en nuestros tiempos es hacer un aprendizaje compartido con los alumnos. Alumnos que, en más ocasiones de las que nos pensamos y en este ámbito concreto, tienen mucho que enseñarnos.

Este post se lo dedico a Miguel Ángel García Guerra (@magarciaguerra), uno de esos docentes que sí marcan la diferencia en esta asignatura. Monsters are back!! Nunca mejor dicho.

Soma y los adictos al 2.0

mongolo_ticNo puedo resistirme a expresar en algo más de ciento cuarenta caracteres unas impresiones acerca de una noticia que ha llegado hoy a mis manos. Una noticia titulada “los profesores exigen  a Wert que invierta en PC y tablets para mejorar los resultados del informe PISA“. Noticia muy relacionada con el supuesto desplome que van a tener los alumnos de nuestro país en las pruebas PISA del 2015. Unas pruebas que van a ser realizadas exclusivamente en formato digital y, por ello, se supone a la vista de los resultados en competencias digitales de nuestros alumnos que van a ser una auténtica debacle.

 La noticia clama al cielo. Que, por diferentes motivos, un medio de comunicación generalice sobre la demanda que hacen todos los profesores para que se invierta es un despropósito. Más aún cuando no conozco a ningún compañero mío al que le hayan preguntado si ha contestado a alguna encuesta parecida. Nada, nada,… que toca leer entre líneas.

Pues resulta que no son los profesores quienes exigen a Wert que invierta en cacharros. Es un sindicato, CCOO, el que exige textualmente que “según los resultados hechos públicos recientemente, es necesario lograr mejoras en nuevas tecnologías aplicadas al contexto de la enseñanza y desarrollar los aspectos más aplicados de las distintas materias o áreas de conocimiento. Ello pasa, obligatoriamente, por formación al profesorado en el uso de estas tecnologías e inversión en equipos (ordenadores, tablets, etc.) y materiales didácticos en soporte digital“.

Manda huevos. CCOO defendiendo que se siga invirtiendo en cacharros. Cientos de millones de euros en cacharros que están acumulando polvo en los centros educativos (léase PDI) o siendo usados como un simple receptáculo de libros digitales es la solución a todos los problemas educativos. Eso sí, aderezado con materiales didácticos en soporte digital. A tomar por saco. Lo siento, me dan náuseas que un sindicato educativo que, supuestamente debe ser el defensor del docente y controlador del buen funcionamiento del sistema educativo, sea quien pida seguir tirando dinero en cachivaches inútiles.

Que se estén haciendo cosas maravillosas con la tecnología en el aula no implica que la tecnología deba regir todo lo que se está haciendo en la misma. Que haya experiencias fantásticas no implica que, en proporción a las cantidades invertidas y a los resultados obtenidos, no debamos hacer una evaluación crítica de lo que nos han vendido. Que tengamos muchas ilusiones en esto del 2.0 no debe convertirnos en unos adictos sin criterio.

Lo siento. Estoy cansado de las palabras políticamente correctas. Me parece que a estas alturas de la película seguir defendiendo macroinversiones en cacharros y materiales didácticos digitales es algo que debería evitarse.

¿Por qué no nos planteamos lo que necesitamos y ayudamos a que los alumnos adquieran criterio? ¿Por qué parece que no haya recortes cuando se habla de políticas educaTICvas? ¿Por qué se pueden gastar 4 millones de euros en una plataforma para recopilar contenidos digitales de dudosa calidad y no en sustituir a los docentes desde el primer día? ¿Por qué no hay dinero para calefacción y sí para gastarse 7,6 millones de euros en la Comunidad que más ha invertido en cacharrería y más fracaso escolar sigue teniendo? ¿Por qué se dice que no hay dinero para Educación cuando se está gastando en asuntos relacionados con la tecnología educativa millones de euros este último año? ¿Por qué la administración, sindicatos y algunos docentes están apostando por seguir dilapidando dinero en este entramado? ¿Por qué no decimos en voz alta que la formación en TIC la han hecho los docentes por su cuenta y que los millones de euros gastados en la misma para enseñar a usar herramientas no ha servido de nada? ¿Por qué no hablamos claramente de la comodidad de muchos en no querer aprender nuevas metodologías? ¿Por qué todo ha de ser inversión y no control de resultados de la misma? ¿Por qué debemos seguir gastando en algo que, como modelo de gasto, no ha funcionado?

Empiezo a estar muy cansado de este timo. Cansado y hastiado hasta extremos inimaginables. Y no creo que estar contra todo el despropósito anterior signifique estar en contra de la necesaria mejora educativa. Una, que pasa menos por los cacharros y más por otro tipo de cuestiones.

10 cuentas de Twitter para hacer pensar

En Twitter hay una gran cantidad de personas que hablan sobre temas educativos, que comparten recursos y muchos enlaces de gran utilidad para aquellos que quieran mejorar su práctica docente. También, hay algunas cuentas que, más allá de suministrar recursos o enlaces de terceros, son capaces de hacernos pensar. De replantearnos muchas cuestiones. De, más allá que podamos estar de acuerdo o no con sus argumentos, empezar a ser críticos con todo lo que está sucediendo. Es por ello que, a pesar de no gustarme las listas, me gustaría compartir con vosotros esas 10 cuentas que me hacen pensar.

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Como he dicho al principio, se trata de una lista en clave personal sobre algunas personas que me hacen pensar. Seguro que no están todos los que debieran pero, debo reconocer que gracias a las cuentas anteriores he conseguido cuestionarme muchas cosas sobre temas que pensaba que eran inamovibles.

REAcio

REA_2014Toca volver sobre un tema que me preocupa últimamente. El tema de los recursos educativos abiertos (REA). Esos recursos que algunos docentes publican, realizados en sus horas libres y, que se ponen a disposición de todos los usuarios que lo consideren. Recursos realizados para el bien común de los alumnos. Recursos que pueden ser usados y adaptados según necesidades. Recursos que, bajo el principio altruista, permiten disponer de una cantidad ingente de materiales disponibles por la red para las diferentes materias.

Empiezo a ser bastante REAcio sobre el tema. Me empiezan a preocupar ciertos aspectos de este “altruismo”. Me preocupa la inexistencia de ningún tipo de filtrado para valorar la calidad de los recursos que se publican pero, más allá de lo anterior, lo que me preocupa realmente es si el docente no está siendo en parte estafado por la mediatización que ha supuesto la “necesidad de compartir”. Algo que no sucede en ningún otro trabajo. Algo que, más allá de la satisfacción personal de uno a la hora de poner a disposición del resto de la comunidad educativa sus recursos, no recibe ningún tipo de compensación.

En un mundo ideal donde la Educación y sus servicios asociados no fueran, en ningún momento, gestionados por empresas privadas quizás lo anterior sería positivo. Sería maravilloso en una sociedad utópica poder compartir esos cientos de horas de forma gratuita. Sería lo demandado por la situación. Lamentablemente nos encontramos inmersos (nos guste más o menos) en una sociedad capitalista. Una sociedad donde lo que prima es la obtención de beneficios. Donde hay empresas que, con recursos liberados o servicios educativos, están obteniendo unos determinados beneficios económicos. Donde hay un entramado paralelo que impide usar materiales educativos porque los mismos están sujetos a copyright.

¿Deben respetarse las obras privadas en el ámbito educativo? Sí. Lo dice la legislación vigente. No hay ningún articulado legislativa que permita el uso masivo de todo lo que hay en la red. No se pueden fotocopiar los libros de texto de las editoriales. No se puede reproducir un DVD original en las aulas. No se puede ir a clases de repaso sin pagar a los que ofrecen dicho servicio.

Por tanto, ¿no hay un contrasentido en liberar materiales gratuitamente? ¿No estamos haciendo el juego a un modelo de negocio que nunca llega a los docentes? ¿No estamos poniéndonos argollas y, en lugar de mejorar el sistema, lo que hacemos es trabajar gratis para que otros se beneficien de dicho trabajo? ¿Hay alguna otra empresa o servicio público (me gusta más lo segundo) en que sus trabajadores hacen horas extra para beneficiar a los propietarios de la misma? Compro que trabajamos para el ciudadano pero, ¿es lógico que dicho trabajo se haga de gratis?

Seguro que más de uno me hablará de las bondades del compartir. De la satisfacción que genera. De lo bonito que es participar en un hacktivismo educativo. De lo que gracias a lo que hacen otros aprendemos. De lo bien que huelen las nubes.

Todo lo anterior es muy respetable pero el trabajo, que es nuestra fuerza, debe estar retribuido (no hablo sólo de cuestiones económicas, ya que laboralmente hay otras maneras de retribución). Porque, no lo olvidemos nunca, somos trabajadores y, en un modelo económico como el que rige nuestro país, todos los trabajadores tienen unos determinados derechos laborales.

Tan sólo algo para abrir un debate que hace tiempo debería hacerse de forma objetiva. Algo alejado de las nubes en las que vivimos muchos y de la que algunos otros se aprovechan. Empiezo a ser un poco REAcio sobre el asunto.

Muchas gracias a Victoria (@vcastello) por cuestionarme, a lo largo de estos últimos días, este tipo de materiales y recursos abiertos.