Educa…independencia

Escribir sobre temas educativos cuando en tu ámbito laboral más próximo de lo único que se habla es de la independencia de Cataluña y de los “beneficios” o “perjuicios” que traerá la misma, se hace harto difícil. Más aún cuando da la sensación que lo único que le interesa a la administración educativa es posicionarse sobre el tema. Miles de horas de televisión y otros medios hablando en exclusividad sobre el tema. Miles de euros destinados para publicitar los puntos positivos y otros miles destinados a publicitar los negativos. Dinero público para el que no hay recortes. Partidos olvidando lo que necesitamos en el ámbito educativo. Y, más allá de ser o no independientes, hay cuestiones realmente importantes a solucionar.

Fuente: http://www.jotdown.es

Fuente: http://www.jotdown.es

Ayer tuvieron reunión en mi centro fuera del horario lectivo para buscar voluntarios para la chapuza del 9N. Sí, chapuza. Porque orquestar un simulacro de voto donde no hay censos oficiales ni ningún tipo de control de los resultados (más allá de unos que se van a encargar de resaltar unos u otros datos -que, por cierto, seguro que en las sedes de los diferentes partidos y organizaciones ya tienen elaboradas dichas comunicaciones-) es una auténtica chapuza. Voluntarios que, siendo funcionarios del Estado, deciden participar en algo que no tiene ningún sentido. Curiosamente los únicos que participan son los que están a favor de la independencia. Curiosamente, los mismos que hablan de los beneficios inmediatos que supondrá lo anterior para los docentes (independencia como sinónimo de aumento de salarios, recuperación de la extra y, como no, mejoras en los ratios y evaluaciones académicas de los alumnos). Coño… que de las pocas Comunidades donde no hemos cobrado extra sea Cataluña y que vayan diciendo que los mismos que nos la han quitado sean los que nos van a aumentar el salario es tener algún desorden importante en las conexiones neuronales.

Eso sí, también tenemos el sector contrario en nuestro colectivo. Docentes de la una, grande y libre. Docentes con ganas de jurar bandera rojigualda. Docentes que añoran estados centralistas de antaño. Docentes cuya máxima es ir en contra de las ilusiones con los mismos argumentos falsos que los primeros. Docentes cuya ideología, al igual que los otros, se percibe como verdad absoluta.

Para alguien como yo, que le importa tres pepinos lo que suceda a nivel de mapas (sí, soy un mal ciudadano por importarme entre poco y nada si aparecen o no nuevos países) y demasiado lo que me estoy encontrando en el aula la situación me está desquiciando. Quita tiempo de hablar de lo importante. Y lo importante son los motivos por los que hace tres días que nuestros alumnos están en huelga. Lo importante son los alumnos que sólo comen en el comedor escolar. Lo importante son los alumnos que se han quedado sin beca. Lo importante es, más allá de quien lo decida, las situaciones que están padeciendo todos los miembros de la comunidad educativa. Que sí, que mis intereses son más básicos que dejarme llevar por banderas o panfletos. Mi vida y mi situación profesional no va a mejorar o empeorar por declararse o no la independencia de Cataluña. Eso sí, siempre habrá cuestiones que me afectarán. Pero, entre cobrar mi sueldo de unos y de otros, no me preocupa demasiado la situación. Por lo que sí me preocupa es porque está tapando los problemas educativos que están sucediendo en las aulas catalanas. Problemas que no van a solucionar los políticos que defienden la independencia ni los que defienden el mantenimiento del statu quo.

Sí, quiero hablar sobre temas educativos pero, la monopolización del debate en algo, para mí tan insustancial como son las ilusiones de unos u otros, me preocupa por verlo como una cortina de humo que están usando unos y otros para no hacer nada.

Vendenabos sin huerto

Es asombrosa la capacidad de disertación que tienen algunos investigadores de la horticultura. Asombrosas y fantásticas lecciones tarimeras (¿otra patada más a la RAE?) que nos demuestran, con grandes medios (léase maravilloso PowerPoint), las vicisitudes que todo horticultor sufre para conseguir una buena cosecha. Recomendaciones que van desde la compra del abono X hasta el uso de la azada de cromo con aleación de titanio que, supuestamente, permite una mayor interacción con suelos de pH ácido. Cuánta habilidad en las palabras. Cuánto producto imprescindible para llevar a cabo un huerto y conseguir los mejores tomates de la contornada.

Fuente: http://www.elhuertourbano.net

Fuente: http://www.elhuertourbano.net

Conforme pasan los días cada vez hay más cantidad de vendenabos. Vendenabos que nos dan consejos “gratis”, vendenabos que nos impelen a la acción en nuestra tarea hortícola, vendenabos de amplio bagaje cultural capaces de hablar largo y tendido sobre los estudios de fertirrigación más actuales que se han llevado a cabo en otros países, supuestamente, más avanzados. Quién no compra competencia de esos labios tan llenos de saberes. Quién no reacciona de forma embelesada ante tamaño uso de dispositivos tecnológicos y visualización de numerosas experiencias que se están llevando a cabo. Experiencias en huertos controlados. Huertos que, por cierto, no acostumbran a pisar esos estudiosos. Que los despachos y la conexión a internet nos acercan la realidad. Que la realidad sin necesidad ensuciarse las botas siempre es mucho más limpia.

Enfundarse en un mono azul cada vez más ajado no es productivo. Lo productivo es acudir a eventos agrícolas, a ferias de tractores, a prospectos de semillas capaces de crecer, según pronóstico, en cualquier terreno con independencia del porcentaje de nutrientes que tenga. Maravillas de la ciencia que son de imprescindible compra.

Hay vendenabos en la agricultura, visitadores médicos que regalan bolígrafos y viajes, sectas maravillosas que te garantizan una vida futura (sigo sin entender lo de garantizar una mejor vida cuando has muerto) llena de fantásticos lujos y comodidades. Venden deseos. Venden realidades que desconocen. Venden lo que sea para sentirse satisfechos de su trabajo.

Soy de los que tengo un pequeño huerto con muchas semillas, cada una diferente, que pretendo convertir en cosechas. Reconozco que mis capacidades son muy limitadas y que he aprendido a llevar el huerto con años de práctica. Seguro que lo estoy haciendo mal. Seguro que hay muchas cosas a mejorar. Seguro que hay “nuevos” procedimientos hortícolas que me permitirían sacar más toneladas de mi pequeña producción. Lástima de no tener dinero para comprar. Lástima de no creer en los propietarios de manos de uñas de manicura que tienen la solución a todos mis problemas. Lástima de ser demasiado poco crédulo. Lástima de creer en que la única manera de mejorar mi producción es ensuciándome las manos.

Entrevista a un Inspector de Educación

Hace unos días Fernando Trujillo (@ftsaez) en su blog nos animaba a participar mediante preguntas para que él las pudiera trasladar a quien se tercie en el Congreso Estatal de Inspectores de Educación. A mí me gustaría recoger el guante de una forma ligeramente diferente a la que él planteaba en su artículo. Un guante que recojo en forma de entrevista a un Inspector. Una entrevista (la veracidad de la misma la dejo a la opinión de los lectores) que os transcribo a continuación.

Fuente: Néstor Alonso

Fuente: Néstor Alonso

- Buenos días Inspector Zito (Zito va a ser usado como pseudónimo por necesidades del guión)

- Buenos días Jordi, ¡cuánto tiempo sin coincidir!

- Sí, algunos hace tiempo que cada vez tenemos menos tiempo para dedicarnos a cuidar esas amistades tan necesarias de conservar. ¿Te parece que empecemos una breve entrevista que voy a plasmar en mi blog?

- Ya me han dicho que tienes un blog bastante leído pero ya sabes una de mis condiciones… la del anonimato.

- No te preocupes, tu nombre va a estar al margen del redactado final. ¿Te parece que empecemos?

- Vale.

- La primera pregunta es, ¿cómo fue que decidiste hacerte Inspector?

- En primer lugar conviene situar esa decisión en un período concreto. Se estaba hablando de incorporar la LOGSE y desde mi Consejería me pidieron, por determinadas cuestiones que no merece la pena entrar, si podía asesorarles sobre cómo implantarla en nuestra Comunidad. En esos “asesoramientos” me dijeron por qué no me presentaba para Inspección. Y dicho y hecho… me apetecía un cambio laboral.

- ¿Así que entraste por recomendación? :)

- No, no es del todo así ya que en ese momento (no es como ahora), la mayoría de Inspectores pasábamos un proceso de concurso para entrar en el cuerpo. Eso sí, he de reconocer que si conocías a gente que estaba ocupando determinados lugares en la administración educativa lo tenías un poco más fácil. Ahora ya no hay siquiera un concurso. Hay una pantomima que permite que cualquiera, con contactos y entrando de una manera cuestionable como inspector “accidental” (digamos interino) ya tiene prácticamente garantizada la plaza. Eso sí, a menos que “la cague” (¿me puedo permitir expresarme así?).

- Sí, exprésate como consideres. Es una charla informal. Así que hay dos tipos de Inspectores…

- Sí, los de la vieja escuela que entraron por méritos y los de ahora que, en muchos casos, entran por una puerta trasera. No digo con ello que sean malos profesionales, estoy hablando de que el sistema de acceso  a la función inspectora (al menos en mi Comunidad) cada vez se está volviendo más opaco.

- ¿Cuál es vuestro trabajo? ¿A qué dedicáis vuestra jornada laboral? Según algunos se os puede considerar los polis del sistema…

- ¿Polis del sistema? Jajajaja. Nada más lejos de la realidad. Hoy en día es prácticamente imposible, más allá de “asustar” a alguien llevar a cabo un expediente disciplinario contra ningún docente a menos que haya un delito detrás (y entonces ya no actuamos nosotros). Nuestro trabajo fundamental es de burocracia. Papeles a revisar, papeles a pedir, algunas visitas a centros (menos de las que nos gustaría) y, ¡cómo no! nuestra tarea principal… la de apagar fuegos (evitar que determinadas cuestiones lleguen a la prensa, reconducir situaciones que se dan en los centros educativos para que no exploten, hablar con los padres que vienen a quejarse por determinadas cuestiones,…). Así que ya ves, mucho menos lobos de lo que algunos se piensan.

- ¿Consideráis que estáis suficientemente respetados por la administración? ¿Y por los docentes?

- Creo que la segunda respuesta la conoces bastante bien. No hay nada mejor que ser Inspector para que te critiquen por cualquier cosa en las salas de profesores. Y al final tampoco hacemos nada para merecérnoslo pero las dinámicas son estas… considerados como desertores del aula, como inútiles, como enemigos. Algunas veces ya cansa pero, en mi caso, después de los años que llevo en esto ya lo tengo asumido. Incluso tú que me conoces y conoces a algunos de mis colegas te permites el lujo de criticarnos sabiendo lo que hacemos (no es una crítica, es una realidad). Para la administración, lo de siempre. Somos un simple engranaje más en un sistema que funciona por inercia. Somos, según ellos, su primera línea de defensa. Al final estamos en una tierra de nadie.

- ¿Qué cambiarías de tu trabajo?

- Sin dudarlo la cantidad de papeles que reviso diariamente. Hay días en que llego al despacho y, entre llamadas a realizar, y papeles a revisar paso la mañana en burocracia inútil. Me gustaría ir más a los centros. Me gustaría poder hablar en los Claustros. Me gustaría poder ayudar un poco más.

- Bonito discurso. Seguro que es porque sabes que lo voy a publicar tal y como me lo estás diciendo :)

- No, es la verdad Jordi. Te lo prometo.

- Alguna cosa más que te gustaría decir antes de ponernos a hablar de cuestiones más interesantes (y privadas) acerca de tu trabajo como Inspector…

- Que a ver si te animas de una vez a venir a hacernos compañía. A ver si se te cambia el chip. Es broma… ya sabes que no te deseo tanto mal :). Por cierto, espero que no cambies ni una coma de lo que hemos hablado -que nos conocemos-.

Se regalan títulos universitarios

Sí, en España hay Universidades que regalan títulos universitarios. Hay Universidades que, a un coste determinado, permiten obtener con muy poco esfuerzo grados, postgrados y títulos de máster de una forma extremadamente sencilla. Algo que incluso en sus páginas web venden sin esconderlo.

degreefree

El caso más flagrante -que no el único- es el de la Universidad Internacional de Valencia (VIU). Una Universidad que se jacta de que el 97,3% de los alumnos que se presentan a las pruebas finales las supera. Si el porcentaje anterior lo relacionamos con el 95% de alumnos que no abandona, nos encontramos con la Universidad con mayor tasa de aprobados del sistema universitario español. Una tasa que supera, y en mucho, las tasas de titulaciones similares impartidas en otras Universidades (públicas o privadas). Una tasa que hace que sea tan sumamente atractivo el resultado que puede hacer optar a más de uno en elegir dicha Universidad para matricularse. Tener prácticamente garantizado el aprobado por matricularse da alas. Muchas más que cualquier bebida energética.

Fue vender la Generalitat la Universidad al grupo Planeta y empezar a aumentar exponencialmente las tasas de aprobados. Aprobados que permitirán nutrir de economistas, licenciados en derecho y maestros a todo el país. Excelentes profesionales que habrán obtenido su tan “meritorio” título. Una Universidad de esas que pululan en los Estados Unidos. Papeles que sirven para poco menos que recoger la basura (y con ello no estoy despreciando el trabajo) que aquí en nuestro país permiten ser equiparados a otras titulaciones. Cuántos van a pagar por conseguir un título fácil en un país donde la titulitis (que no la capacitación) está a la orden del día. Cuánto título sin control en manos de quien pueda permitir pagárselo.

Que lo de los títulos universitarios comienza a ser una merienda de negros está cada vez más claro. La mejor manera de cargarse la Universidad es permitir que todo el mundo pueda expedir títulos homologados por el Ministerio de Educación. Títulos que, por lo que se ve, son fáciles de comprar en nuestro país. No tener un máster no es por falta de capacidad, es por falta de economía para poder pagárselo. Que si hay dinero, hay título para todos.

La cultura no se compra ni se vende. Para todo lo demás ya tenemos los típicos títulos que algunas empresas privadas (o Universidades públicas para mantener sus privilegios) se encargan de regalar. Qué no, que la solución no pasa por regalar títulos a un determinado coste. La solución pasa por ser exigente en su obtención y permitir que todos, con independencia de su poder económico, puedan permitirse estudiar una carrera.

Mamá, papá, estoy haciendo flipped classroom

“Mamá, papá, en mi cole el profesor me ha dicho que a partir de ahora vamos a hacer flipped classroom. No tengo muy claro qué es ya que me dice que vamos a dejarnos de dar clases para aprender con sus explicaciones acerca de algo que hayamos visto en vídeo. Mamá, papá, ya no tenéis excusa para prohibirme el ordenador. Que ahora sí que lo voy a petar viendo un montón de vídeos que me permitirán aprender. Esto es superguay”.

La anterior podría ser una charla bastante aproximada de chavales que llegan a sus casas desconcertados por la propuesta de su docente y que, más allá de una justificación exhaustiva (si ni tan sólo en muchas ocasiones el docente lo tiene claro), hablan acerca de cómo van a trabajar ese curso (o en algunos momentos determinados del mismo). Algo que les descoloca y, como no, a sus padres.

Para entrar un poco más en el tema tan “apasionante” de la flipped classrom (o clase invertida -algunos ya estamos cansados de anglicismos y, más aún, con la nueva versión de la RAE de su diccionario) conviene destacar que es un modelo que, mayoritariamente, se usa para invertir el trabajo de aula y el de clase. Normalmente, lo que se hace es un modelo tradicional. Un modelo que consiste en que los alumnos ven un vídeo de la lección y la aprenden en casa, mientras que en el aula se ayuda a resolver las dudas que les pueda haber presentado la visualización anterior.

Fuente: https://sites.google.com/a/byron.k12.mn.us/

Fuente: https://sites.google.com/a/byron.k12.mn.us/

La mayoría de docentes se quedan con el modelo anterior pero hay algunos que optan por un modelo avanzado. Un modelo que permite ir avanzando al estudiante a su ritmo y que, más allá de invertir el aula (mediante el estudio en casa y la solución de dudas en el aula), permite a los alumnos personalizar su propio aprendizaje. ¿Cómo se hace lo anterior? Pues simplemente poniendo unos objetivos mínimos, normalmente evaluables mediante diferentes tipos de prueba, que permiten ir al estudiante, una vez superado el 80% de lo anterior (sacar más de un 8 si se evalúa sobre 10 o superar 8 de cada 10 ítems de la rúbrica), a la siguiente lección. La evaluación final se realiza en función de los objetivos que no se alcanzan (o sea que, en función de lo que les queda por hacer al final de curso, se evalúa -a menos tareas pendientes, más calificación-).

Fuente: https://sites.google.com/a/byron.k12.mn.us

Fuente: https://sites.google.com/a/byron.k12.mn.us

Yendo un paso más allá nos encontraríamos con el aprendizaje entre iguales. Los alumnos aprenden el material fuera del aula y, cuando llegan a ella realizan un cuestionario de forma individual. El objetivo es que los alumnos consigan convencer a sus compañeros acerca de sus respuestas. Es un sistema que se ha de controlar muy bien ya que permite la posibilidad de que existan errores globales. Errores que, en el momento que se den, deben ser corregidos por el docente que está en el aula aplicando el método.

Fuente: https://sites.google.com/a/byron.k12.mn.us

Fuente: https://sites.google.com/a/byron.k12.mn.us

Finalmente, nos podemos encontrar con dos modelos que se están usando (o definiendo) como métodos aislados pero muy relacionados con la inversión del aula. Son el modelo del aprendizaje por proyectos que, seguramente más de uno ha estado usando bajo la denominación de webquests (o cazas del tesoro) y el de investigación acerca de algún tema concreto (el docente propone un tema y el alumno investiga por su cuenta -siempre con el asesoramiento del docente-). Parece curioso pero los últimos modelos, sobradamente conocidos por muchos docentes, son parte de ese modelo tan novedoso que está en auge como es el de la clase invertida.

Fuente: https://sites.google.com/a/byron.k12.mn.us

Fuente: https://sites.google.com/a/byron.k12.mn.us

Fuente: https://sites.google.com/a/byron.k12.mn.us

Fuente: https://sites.google.com/a/byron.k12.mn.us

 

 

 

 

 

 

 

 

Unas breves líneas para que se sepa de qué estamos hablando cuando hablamos con esas maravillosas palabrejas tan de moda llamadas “flipped classroom”. Espero que os resulte de interés.

El aula es muy exigente

exigencia14Hoy quiero reflexionar acerca del aula. De su exigencia. De su importancia. El aula es el lugar donde se producen las transformaciones educativas. Es el lugar donde a uno no le queda más remedio que enfrentarse a la realidad educativa. Una realidad que tiene nombres y apellidos. Una realidad compleja con la que es harto difícil lidiar.

Tener delante a 30 alumnos exige mucho por parte del docente. Más allá de la metodología, hay muchas personas con diferentes necesidades y actuaciones. Una heterogeneidad que, más allá del buenismo a la hora de elegir una metodología u otra, hace que la realidad sea siempre la que marque nuestro quehacer diario. Sí, lo tengo claro… la exigencia máxima para un docente se da en el aula. Los sermones de la montaña sirven para recargar pilas pero, más allá de lo anterior, donde nos dejamos la piel es en esas horas en las que estamos rodeados de nuestros alumnos.

Es muy exigente dar clase con tantos alumnos. Mucho más que publicar panfletos acerca de las TIC o hablar de posibles mejoras del sistema educativo. Puede haber docentes buenos, malos y regulares pero, cualquiera de los que se hallan en las aulas, están dando lo mejor de ellos (sí, incluso el que sigue un libro de texto). No es tan fácil librarse de la exigencia en un contexto como es el aula. Nada fácil por las necesidades del guión.

Hay docentes que son unos auténticos cracks en tecnología educativa que se van fuera del aula a vender el uso de lo anterior. No tiene ningún sentido. ¿Qué sentido tiene que los conocedores de las nuevas herramientas se dediquen a hacer apostolado de las mismas entre sus compañeros? ¿Qué sentido tiene vender maneras de hacer cuando lo importante es hacer? ¿No se merecen más esos alumnos que sus docentes? ¿No deberíamos cambiar prioridades? ¿No será que confundimos el sentido de la profesión docente?

Sí, cuesta. Cuesta mucho hacerse con los alumnos cada día. Llevo más de quince años en esto y cada día es algo diferente. Hay demasiadas situaciones imposibles de controlar. Cuestiones que dependen bien poco de lo que puedas hacer y mucho de combinaciones aleatorias. Pero, a pesar de ello, lo intentas. Todos los docentes lo intentan. No conozco a ningún docente al que los alumnos no le exijan. No conozco a ningún docente que no acabe cansado al acabar el día. La docencia cansa. Y aún más todo lo que conlleva asociada.

Cada vez me preocupa más la realidad del aula y su exigencia. Cada vez menos el sermón fácil en auditorios que poco representan lo que sucede en esos espacios de trabajo del docente. No somos vendedores ni tertulianos. En mi caso y en el de todos mis compañeros de aula, simplemente, docentes.

Actividades “al margen” del libro de texto

Esta semana me he vuelto a liar la manta a la cabeza. Ya es habitual que en mis clases no se siga ningún tipo de planificación previa y que, a lo largo del viaje hacia mi centro educativo, vaya pensando en alguna “cosilla” para hacer en el aula. Bueno, a lo largo del viaje y leyendo los medios de comunicación digitales una vez he aterrizado ya en él. No usar libro de texto (ni analógico ni digital) me permite ese gran libertinaje controlado: el poder trabajar al margen de programaciones de terceros (más del 90% de las programaciones que se entregan al inspector para que no se las lea están copiadas de las editoriales) y, especialmente, el no tener que ceñirme a acabar ningún tipo de material. Mucha libertad en el uso y, como no, en el abuso de ideas que poco tienen que ver con una estructura homogénea de enseñanza.

Fuente: http://www.aespa.at

Fuente: http://www.aespa.at

Como dije hace poco en un artículo, es momento de centrarnos en la actualidad. Y la actualidad es la que debería adaptar nuestras actuaciones en el aula. Pues bien, a la vista de las dificultades de hilvanar actividades cooperativas (en mi centro, al igual que en muchos, hay excelentes profesionales pero una falta de proyectos globales importante) tocaba intentar, dentro de mis posibilidades (y procurando no asustar a los docentes que tengo puerta por puerta) montar pequeñas actividades para trabajar temas de actualidad y hacer algunos experimentos.

Los cursos en los que doy clase son segundos y cuartos de ESO en las materias de Tecnología e Informática (lo de primero es una optativa cuyo título aún no me sé a estas horas pero que creo que está relacionada con la Informática). Situados en contexto vamos a hablar de las actividades. En segundos estaba cantado… hablamos de alimentación y, ¿cómo no arriesgarme a introducir una actividad titulada “Agricultura en los países del ébola”? ¿Cómo no hacer que investigarán la ubicación geográfica de los mismos y sus actividades agrarias? ¿Cómo no introducir la posibilidad de que conozcan determinados cultivos que no llegan a España más que en sus productos ya elaborados o envasados? Sorprendidos de la agricultura de esos países (yo incluido porque he aprendido con ellos). Grandes trabajos que han ido plasmando en sus blogs.

En Tecnología de cuarto no me he atrevido a montar nada. Ahora es que estamos con las hipotecas y hablando un poco (por no decir bastante) de la especulación inmobiliaria. Hablando de arquitectos de reconocido prestigio (Foster, Calatrava,…). ¿Por qué no introducir un poco de realidades y corruptelas en el tema? ¿Por qué no hablar de la crisis inmobiliaria? De esa burbuja que ha “jodido” a tantas familias.

En Informática de primero algo más fácil… una infografía. Una infografía acerca de los países con ébola. Una infografía donde se exponga los efectos de la enfermedad. Una infografía que permita conocer determinadas informaciones de algunos países (banderas, población, capital, etc.). ¡Qué mejor que usar la tecnología que para explicar realidades que no aparecen en el libro de texto!

Eso sí, los pobres de cuarto, han hecho una cosa muy extraña. Uno de sus compañeros ha presentado un tutorial que ha elaborado de una herramienta (en este caso Pixlr) y, mientras estaba hablando, le iban haciendo fotos y vídeos con sus teléfonos móviles. Dichos elementos multimedia, posteriormente, han sido subidos a una carpeta de Google Drive y, dentro de unos días, vamos a hacer una edición de ese material. Qué bonito ver flashes, ojos pegados al móvil e, incluso, alguno que entre foto y foto iba enviando algún Whatsapp :)

El libro de texto existe. El currículum también pero, su flexibilidad (que, por cierto, es mucha más de la que nos creemos) es la que nos permite hacer muchas cosas al margen de lo que nos marcan las prácticas de siempre. Prácticas que imperan en nuestros centros educativos. Prácticas que hacen que cuando quieres hacer experimentos tengas que vigilar no pasarte del “despropósito” para molestar lo menos posible a los que, por desgracia, dan clase pared con pared contigo.

Me apetecía compartir la experiencia con todos vosotros. Una experiencia que, más allá de ser difícilmente exportable (depende mucho de contextos), me reafirma en mi idea de que podemos trabajar de otra manera.

Rigor en el ámbito educativo

Hace ya un tiempo que está paciendo por las redes sociales la siguiente infografía donde, de forma muy sencilla, nos informan de que a lo que muchos asocian como “rigor” en el ámbito educativo deja de serlo para convertirse en algo que, por mucho que se postule como lo anterior, ni se le parece ni se espera que se le parezca. Conviene ser rigurosos porque, si ni tan sólo sabemos la definición de lo que promulgamos o confundimos el concepto, vamos por mal camino.

Fuente: Twitter (me ha sido imposible encontrar la fuente primera)

Fuente: Twitter (me ha sido imposible encontrar la fuente primera)

Podemos considerar “rigor” como:

  • Favorecer el pensamiento estructurado
  • Favorecer la planificación del pensamiento
  • Evaluar la capacidad de extrapolar ideas de un contenido teórico
  • Reconocer el nivel de pensamiento que los alumnos demuestran en su quehacer diario
  • Gestionar las clases/nivel de aprendizaje para el nivel de pensamiento deseado

En cambio, no podemos considerar “rigor” como:

  • Más cantidad o evaluaciones más duras
  • Hacer grupos de nivel o posibilidad de obtención de acreditaciones por “buen desempeño académico”
  • El nivel del libro de lectura o la dificultad de los contenidos que explicamos
  • Más trabajo
  • Más deberes

Resulta curiosa que la concepción del concepto se aleja en gran medida de lo que supone la “educación tradicional” y de los “tests” (pruebas diagnóstico, PISA, etc.) que cada vez son más habituales para nuestros alumnos.

Claves para un mayor éxito escolar

Es bonito tenerlo claro. Es imprescindible rendir pleitesía a todos aquellos que normalmente, desde sus tarimas, son capaces de diagnosticar el sistema educativo y encontrar las claves mágicas para mejorarlo. Claves que algunos no encontramos ni preveemos encontrar y que, por obra y gracia de alguien, se iluminan místicamente en las mentes más bien amuebladas y brillantes de nuestra sociedad.

Fuente: dimglobal.ning.com

Fuente: dimglobal.ning.com

No sé cómo he podido vivir hasta ahora sin una PDI. Tampoco tengo claro cómo no he aplicado el currículum bimodal en mis aulas. Estoy auténticamente descolocado. ¡Con lo fácil que es mejorar el aprendizaje de nuestros alumnos y el éxito escolar con unas pocas pinceladas, mucho texto y algunos gráficos llenos de datos imprescindibles!

Reconozco que algunos somos unos peleles en esto del sistema educativo. Que no vemos (ni sabemos ver) estrategias efectivas más allá de los errores o aciertos diarios poco extrapolables. Que no tenemos claro ni tan sólo lo que estamos llevando a cabo en las aulas. Qué miedo el hablar en público para explicar recetas mágicas. Esas recetas que, cual homeopatía diluida, es capaz de dar con las teclas adecuadas para solucionarlo todo. Cuánta responsabilidad.

Lo siento. Me disculpo ante mis alumnos y ante la sociedad por no saber aplicar varitas mágicas. Me disculpo ante todos aquellos que sí que lo tienen claro. Me fustigo digitalmente ante los vendedores de recetas milagrosas. Mea culpa. Culpable de incompetencia. Culpable de todos los cargos. Incompetencia profesional elevada a su máxima expresión.

Algún día me gustaría ser tan listo como algunos que asesoran y hacen coaching a los docentes. Algún día me gustaría saber, más allá de las sensaciones, esas técnicas que permiten ser a un docente mejor que otro por el simple hecho de recomendar algo que nunca se ha usado personalmente. Reconozco que, como docente, no llego a tanto. Ni a tanto ni a tantísimo.

Un formato muy breve para reconocer mis limitaciones. Unas limitaciones que, lamentablemente, tengo y que implican negarme a ver la Verdad cuando algunos me la ponen delante. Como decía alguien hace bien poco tiempo… no volverá a suceder (aunque en mi caso me temo que siga sucediendo porque a los “expertos educativos” y a sus “infalibles” recetas, por desgracia para mí ya que otro gallo me cantaría, me las paso por una determinada parte de mi anatomía).

Una semana como alumno de la ESO

Tengo dudas. Bueno, lo de ser persona dubitativa es algo que en demasiadas ocasiones afecta a muchas de mis decisiones. Decisiones que tomo más por impulso que por meditación profunda de sus consecuencias. Improvisando en cuestión de segundos algo que hace que las dudas sigan ahí. Esta semana he tenido el placer de leer el excelente artículo de Grant Wiggins. Un artículo donde habla de la inversión de roles. De convertirse por un tiempo en alumnos. Del aguantar y sufrir después de un montón de horas de inmovilidad una gran cantidad de discursos que poco tienen de productivo. Estabulaciones, exceso de tareas e incluso, imposibilidad de gestionar espacios.

Fuente: http://www.diariodenavarra.es

Fuente: http://www.diariodenavarra.es

Me gustaría probar la experiencia en mi centro. Me gustaría que mi inspector me diera permiso para, a lo largo de una semana, ir a un centro educativo y sentarme en las aulas como un alumno más. Me gustaría conocer la sensación, con un poco más de criterio, acerca de las realidades que nuestros alumnos viven semana tras semana. Me encantaría poder analizar la realidad desde otro punto de vista.

Reconozco que la coyuntura actual del sistema educativo de nuestro país es muy parecida al esclavismo en sus peores épocas. Alumnos sentados, docentes que sueltan su “rollo” (en formatos más o menos digitalizados) y una gran cantidad de vallas que impiden el moverse por el contexto. Cárceles donde los alumnos se someten a regímenes de falsa libertad. Espacios que recuerdan -me vais a permitir la acepción- esos campos de reeducación que consistían en laminar la voluntad de sus asistentes.

Creo que pasar una semana como alumno debería ser imprescindible. Debería ser una práctica habitual dentro de la formación del profesorado. Es imposible empatizar con los alumnos si no nos ponemos en su piel. Y ponerse en su piel no es decir “pobrecitos”, es trasladar nuestro rol docente al rol de alumnos con todo lo que ello implica. Profesionalización a base de analizar lo que sucede al otro lado. Repensar la educación sobre la base de realidades y no a suposiciones desde la tarima.

Podría ser una buena práctica. Obligar a todos los docentes de centros educativos a seguir una semana de clase como alumnos. Una semana en un centro educativo diferente del que imparten clase. Una semana que, incluso, podría realizarse (si hay miedo de compartir mesa con los alumnos), en contextos que imiten la realidad de las aulas. Instrucción pura y dura. Calco de realidades observables. Posibilidad de experimentar. Posibilidades infinitas de establecer cambios en los métodos de trabajo. Aprendizaje de la realidad.

Seguro que pueden establecerse pegas a la propuesta. Seguro que se trata de una idea utópica para más de uno pero, ¿nadie se plantea que la propuesta puede conducir a una mejora educativa? Yo es que, en este caso y a pesar de mis dudas continuas acerca de cuestiones educativas, lo veo bastante claro.

Paren las rotativas

Estoy convencido de que lo mejor que podríamos hacer la semana que viene la mayoría de docentes que trabajamos en las aulas de nuestro país es enviar a tomar viento el currículum oficial de nuestras respectivas asignaturas. El currículum sirve para lo que sirve pero hay ocasiones en que conviene, por integridad profesional, dejarlo al margen de nuestras actuaciones de aula. Seguir el currículum cuando lo que está sucediendo en la sociedad presenta posibilidades infinitas de ser usado en el aula es torpedear el aprendizaje de nuestros alumnos.

Fuente: http://uncachodederecho.blogspot.com.es

Fuente: http://uncachodederecho.blogspot.com.es

Si fuera docente de Matemáticas la semana que viene empezaría haciendo estadística básica con los pagos de las tarjetas opacas de los consejeros de Caja Madrid (absorbida por Bankia). Me dedicaría a hablar de porcentajes, de distribución de gastos según productos, de análisis matemático básico de ese derroche de los políticos que ocupaban esos asientos. Podría incluso ir algo más lejos para hablar de “maquillajes” fiscales y de todo el mundillo económico. ¿Por qué no introducir también el funcionamiento del IBEX, hablar del NASDAQ y esbozar los diferentes productos económicos? Mucha tela.

Si fuera docente de Ciencias tocaría, como no, hablar del ébola. Fundamentos básicos de la enfermedad, tasa de contagio, mecanismos de transmisión, protocolos de seguridad, etc. ¿No podríamos relacionar los países con más casos para acercarnos en la asignatura de Ciencias Sociales a la geografía y a hablar un poco de las sociedades africanas? ¿No sería un buen trabajo cooperativo entre diferentes materias? ¿No podríamos sacar algo por ahí?

¿Y los de Educación Visual y Plástica? ¿Podríamos hacer un diseño básico del ébola? Un dibujo o, incluso yendo un poco más lejos, una simulación informática del mismo. Y, ¿por qué no hacer un dibujo en planta del Hospital Carlos III? Un axonométrico no quedaría nada mal.

Los de Tecnología (e Informática donde exista la asignatura por separado) podríamos establecer la relación de las epidemias con la producción alimentaria de los países. En segundo de ESO se explica la parte de alimentación. ¿Por qué no acercarnos al continente negro para hablar de sus producciones agrarias? ¿Por qué no comparar sus sistemas de producción con los del primer mundo? ¿Por qué no hablar de la explotación de recursos? Puestos a hablar, ¿por qué no hacerlo del coltan? Por cierto, el coltan nos permitiría relacionar lo explicado con la producción de teléfonos móviles. Ya tenemos algo para intervenir.

En Lenguas (castellana, cooficial e inglés -o francés-) tendríamos un montón de textos para analizar sintácticamente sobre esas noticias de actualidad. Qué mejor que dar un texto en lengua extranjera sobre el ébola para que lo traduzcan los chavales. Qué mejor que coger noticias de actualidad, leerlas y analizarlas. ¿Por qué no usar lo anterior para potenciar el comentario de texto y la oratoria? ¿Qué tal un debate sobre el tema?

Seguro que en las otras asignaturas se puede encontrar cuestiones relacionadas con la actualidad. La ética también da para mucho. Con eso no se libran ni los de religión para debatir sobre la pobreza :)

Creo que la educación debería ser como los medios de comunicación. Cuando llega una noticia importante que afecta a la sociedad convendría parar las rotativas y hablar sobre lo que realmente interesa a los chavales. ¿Por qué, sinceramente, alguien se cree que de lo que está pasando no debe hablarse en las aulas?

Sin fotocopiadora

fotocopiadora14Sí, hoy se nos ha estropeado la única fotocopiadora del centro. Si sumamos dicha avería a las múltiples impresoras que no funcionan o están mal configuradas, ha sido la hecatombe. Peor que un ataque con armas químicas. Peor que el desastre global más inesperado. Nudillos blancos, uñas que acuden indiscriminadamente a las bocas de muchos de mis compañeros, sensación de desgracia mundial.

Hay dinámicas que cuestan de cambiar. La dependencia de los aparatos o, incluso, la sumisión a los libros de texto (para poner la guinda a lo de la fotocopiadora hoy se estaban preguntando dos compañeras… ¿y tú con qué editorial trabajas?) obliga a replantear muchas cuestiones. No es lógico ni lícito que los procesos de aprendizaje se vean obligados a mediar con elementos de terceros. Sí, seguro que elaborar o adaptar material de terceros también puede tener sus momentos pero el docente que crea, por un momento, que va a poder controlar todas las variables que afectan a su trabajo se equivoca.

Hay mucho por cambiar. Dinámicas que hacen imposible un verdadero cambio educativo. Dinámicas que, más allá de ponerse bajo la óptica del último grito en tecnología, siguen siendo las mismas que antaño. Dinámicas que, curiosamente, dejan de funcionar al añadir esa tecnología tan potente que, por ella sola, no da más que disgustos a la mayoría.

Reconozco que en mis clases dependo mucho de la conectividad pero, acostumbrado a sus limitaciones, hay momentos en que opto por otro tipo de trabajos. Actividades que se alejan del material y que dependen en gran medida del trabajo que se puede hacer sin necesidad de esas conexiones que vienen y van. No es usar la tecnología mejor o peor, es plantearse la no dependencia absoluta de cualquier medio. Eso sí, hay medios que ya no sólo te hacen dependiente. Hay algunos que te hacen ser muy mal profesional.

Hoy es el día de la fotocopiadora, de los mejillones en escabeche y de las tragedias por falta de preparación e improvisación de las administraciones. Millones de hojas fotocopiadas a diario en los centros educativos. Miles y miles de euros a cuenta del erario público. Hojas y más hojas llenas de absurdidades de determinados libros de texto para repartirse en el aula. Qué bonito. Qué profesional. Qué olor a tinta tan imprescindible en las aulas.

Que algunos se planteen no ir a clase (incluso que sea en broma) porque no funcione la fotocopiadora dice mucho negativo de las prácticas habituales. Supongo que alguno se lo tomará a cachondeo pero, mucho me temo, que la situación de que no funcione la fotocopia en los centros educativos es el principal factor para que muchos se vean obligados a cambiar.

Creo que hasta que desaparezcan las fotocopiadoras, los libros de texto,…  y se genere un ambiente de trabajo cooperativo (que no obligatoriamente colaborativo) en los centros educativos, cualquier posibilidad de mejora se convierte en una mera utopía.

Chapuzas con las TIC

Los docentes, en líneas generales, son un poco chapuzas en su relación con las TIC. Sobra formación y falta capacitación en habilidades básicas. Habilidades que, por cierto, nunca van a consistir en saber usar la herramienta X, Y o Z ni el aparato A, B o C. Habilidades que van a consistir en saber sacarse las castañas de fuego sin haber de acudir al pobre docente que tiene la mala suerte de ser algo menos chapuzas que los anteriores. Que sí, que es muy cómodo acudir al compañero que sabe algo pero, ¿realmente es necesario hacerlo por cuestiones realmente básicas?

Fuente: http://www.informaciona.com

Fuente: http://www.informaciona.com

La semana pasada el coordinador TIC de mi centro envió un correo electrónico a todo el Claustro en el que informaba acerca de la detección de un virus en los equipos de la sala de profesores. Que revisáramos nuestros equipos. Que nos bajáramos la herramienta para desinfectarlo (ponía enlace) y que, una vez realizado lo anterior, hiciéramos algunos pasos más para asegurarnos que no se había quedado ese virus oculto en algún fichero. Ganas de responder al correo, muchas. Especialmente cuando estás usando Ubuntu. Sistema operativo libre, no libre de virus, pero de dificultades añadidas para que se contagie con alguno de esos troyanos que pululan por el ciberespacio. No hacía falta tanta retahíla de letras y herramientas. Simplemente dos pasos: Desinstalar Windows e instalar Ubuntu :)

Lamentablemente, la idea no cuaja. No hay ninguno de mis compañeros que quiera cambiarse el sistema operativo. Siguen con su viejo Windows desactualizado y, por cierto, sin más antivirus que el rezo diario. Es que, según muchos, cuesta de cambiar la forma de pensar. La realidad es que hay mucho chapuzas con las TIC que no quiere ponerse manos a la obra para aprender lo básico. Que para usar lo que se debe (que es el navegador) no hay demasiado cambio. Que LibreOffice, ya sustituido por Google Docs en mi caso, no es inferior a Word por mucho que se empeñen en cuestionarlo.

Lo anterior sólo un detalle pero, cuando se es incapaz de gestionar el proyector, el audio de las aulas, la configuración de la impresora e, incluso, lo más básico que les preguntan sus alumnos, es que hay una competencia deficitaria en TIC. Competencia que poco tiene que ver con los cientos de horas de formación que se realizan en chuminadas campestres. Competencia necesaria para el uso habitual de las nuevas tecnologías. Competencia muy básica de la que precisamente nadie se dedica a dotarles. Que es mucho más cool hacer cursos de Moodle o de Prezi. Dónde va a parar.

Ser chapuceros digitales obliga a perder mucho tiempo. No saber consultar el correo, ni gestionarlo, ni saber que existen servicios en la red para eliminar esos USB que siempre se piden, es de traca. Estamos en el año 2014. Un año donde lo digital está a la orden del día y, es por ello, que el chapucerismo debería ir desapareciendo.

No quiero docentes con alta competencia digital. Quiero docentes que sepan solucionar los problemas o satisfacer las necesidades de su día a día. Docentes que no acudan a la mínima al pobre docente que tiene la desgracia de ser un poco menos chapuzas. Docentes que en un aula sepan configurar los equipos y usar las herramientas que van a usar. Lo básico, oigan.

Hay mucho chapuzas con las TIC y, por desgracia, su número no deja de aumentar porque, los que salen de las Universidades y se incorporan a la docencia, ni son nativos ni competentes digitales. Falta formación básica, falta competencia digital.

Experiencia personal del uso de blogs en el aula

Este curso he abandonado el uso de LMS. Nada de Moodle, ni Edmodo, ni Schoology, ni… Nada de sistemas cerrados que, lo único que aportan, es mantener un control exhaustivo del aula. Control que, más allá de la comodidad que puede suponer el tenerlo todo planificado y bien recogidito, dificulta las posibilidades de aprendizaje autónomo por parte de los alumnos e, incluso, la visualización del trabajo realizado por parte de los propios alumnos y resto de comunidad educativa.

Es por ello que este curso he optado por llevar a cabo un experimento. Qué bonito no tener que rendir cuentas a nadie (huyo de dar clases en Bachillerato como alma que lleva el diablo). Qué bonito poder aprovechar las potencialidades tecnológicas de mi centro. Potencialidades que, más allá de la siempre limitante conectividad (¿dónde estará la fibra que dicen que tenemos? Porque olerla ni la huelo), me permiten hilvanar otra manera de hacer las cosas.

blogsaulanestor

Fuente: Néstor Alonso

Este curso trabajo con un blog de aula. Un blog que se ha convertido en una especie de dietario donde incorporo, al acabar cada día, las actividades que hemos realizado en el aula. Actividades que los alumnos plasman en sus blogs personales. Blogs abiertos que permiten ir mejorando cada entrada la anterior. Cantidad de buenas ideas y actividades que se vierten. Mejoras que observo a diario en aspectos formales y de diseño. Nada que ver en casi un mes de clases lo que hacían al principio con lo que están publicando ahora. Poco tiempo pero mucho bueno en la evolución de los chavales.

Usar blogs ha sido, en mi caso, un auténtico acierto. Los alumnos acceden a diario al blog de aula. Se permiten el lujo de ir mejorando y ampliando su trabajo en el aula. Algo que plasman en sus blogs personales. Algo que ha llevado a más de uno, al ver la herramienta y la interacción que realizan con la misma, a ampliar esa redacción a la creación de nuevos blogs para hablar de temas que les interesan (deportes, juegos, música, etc.). Ya es un punto positivo lo anterior. Redactar por placer hace que aumente la capacidad/habilidad en ese tema. Sí, soy de Tecnología, pero me interesa bastante más un aprendizaje global que el simple hecho que recuerden conceptos de poco interés.

Lo anterior lleva una contrapartida importante. Exige mucho trabajo. Quizás para alguien que quiere empezar a trabajar con blogs puede echarle un poco para atrás pero, recomiendo antes de hacerlo, que se plantee el provecho que lo anterior va a tener para su aula. Aulas que no pueden quedar aisladas. Alumnos que disfrutan viendo sus experiencias colgadas en la red. Alumnos que, por suerte, se adaptan a cualquier metodología con mucha facilidad. Alumnos a los que les encanta sentirse valorados.

Sí, he tardado tres semanas en empezar a sacar algo positivo del sistema de trabajo pero, si en tres semanas he conseguido que la mayoría de alumnos trabajen de forma bastante autónoma en su blog, se planteen la lectura del blog de aula y de sus compañeros y, consigan cambiar el chip de metodologías cerradas que siguen imperando en nuestros centros… me doy por satisfecho.

Ahora el próximo paso es que comenten. Que se atrevan a analizar los blogs de sus compañeros en abierto. Que ayuden, más allá de ayudas puntuales sobre cuestiones técnicas al compañero de al lado por quien tiene más habilidades digitales, a que mediante esos comentarios las mejoras que experimenten los blogs sean substanciales. Un paso que espero que se dé en breve.

Estoy muy contento de la experiencia. Contento de haber tomado la decisión de trabajar mediante blogs abiertos. Satisfecho del comportamiento de los chavales. Para mí, en este breve lapso de tiempo, una experiencia personal de diez. La profesional ya serán otros quienes se encargarán de juzgarla.

Servidores públicos

Los servicios públicos funcionan gracias a sus trabajadores a pesar de los políticos que los gestionan. No es una frase baladí. Es la pura realidad. Realidad que subyace tras diferentes situaciones que observamos, día tras día, en nuestros lugares de trabajo los que tenemos la suerte de trabajar para todos los ciudadanos.

servidores_publicos

Ayer, sin ir más lejos, nos encontramos con una servidora pública que, por diferentes cuestiones y decisiones políticas, está ahora ingresada en estado crítico en un centro sanitario. Servidora que, arriesgando su vida, ha satisfecho las necesidades de obtención de rédito político de los políticos que gestionan nuestro país. Políticos que tienen poco de buena gestión. Políticos que, una vez tras otra, se escudan en diferentes fallos de sus trabajadores para justificar su incapacidad de gestión manifiesta.

Creo que los servicios esenciales (Sanidad, Educación y Seguridad -dentro de la cual encontraríamos a los cuerpos de bomberos, agentes forestales y demás-) funcionan en nuestro país relativamente bien. Funcionan, por cierto, gracias a sus trabajadores. Funcionan a pesar de normativas imposibles de digerir y políticos que, más allá de la foto o el titular mediático, poco saben de la gestión de sus Consejerías o Ministerios. Inútiles que, por diferentes casualidades, han accedido a la gestión del núcleo duro del funcionamiento de cualquier país.

Hoy lo estaba comentando con mis compañeros. El peor docente es infinitamente mejor que el político más capacitado con derecho a firma o a toma de decisiones. Wert y los Consejeros de las diferentes autonomías no llegan a la suela del zapato al docente que lo esté haciendo peor en su tarea profesional. Docentes que, al igual que el resto de servidores públicos, están sometidos a los vaivenes de decisiones de personajes que, lo único que saben, es poner el perfil bueno cuando llega el flash de la cámara. Algunos, ni eso.

Hay auténticos delincuentes gestionando los servicios claves de nuestro país. Ministros de Educación que lo único que saben es hacer su interesada estadística básica, Ministras de Sanidad que, más allá de su inutilidad manifiesta, lo único que saben es convocar ruedas de prensa para asustar al personal y, como no, Ministros de Justicia cuya máxima es la del servicio a entidades poco terrenales y purpurados varios. Sí, son unos auténticos delincuentes. Y no, no se puede excusar sus decisiones bajo ningún tipo de justificación.

Es muy triste que el sistema funcione por inercia. Que lo criticable (que puede haber mucho) sea infinitamente menos criticable que las decisiones que toman aquellos que, más allá de haber obtenido unos determinados votos, tienen una idea nula de lo que gestionan. Que se esté jugando con el futuro y la vida de las personas de forma tan alegre.

Me preocupa el futuro de este país. Un futuro que se gestiona por parte de inútiles, se aplica por servidores públicos a los que no les queda otro remedio y, se traduce en un despropósito tras otro. Disculpadme por el pesimismo del artículo, pero es que hay días como hoy, que uno ve las cosas muy negras.