Houston, tenemos un problema

El sistema educativo tiene, no sólo un problema… tiene cientos de ellos. Hablar de problemas cuando se habla de educación es empezar una lista interminable de cuestiones. Una lista que, lamentablemente, no dispone de ningún tipo de dirección de envío. Buscar Houston como alguien al otro lado de una comunicación es buscar lo imposible. Sí, tenemos un problema de los gordos. Un problema tan gordo que está plagado de miles de pequeños problemas que lo integran.

Fuente: http://elrincondesisifo.es

Fuente: http://elrincondesisifo.es

Los centros educativos han perdido -si alguna vez tuvieron- su función. Función más destinada en la actualidad a satisfacer los horarios de los padres que a otra cosa. Una guardería demasiado cara con monitores a precio de oro (bueno, de saldo si de lo que se trata es hacer algo más aparte de lo que quieren muchos padres). Un problema serio. El de la concepción de recinto educativo como infraestructura de contención.

Tenemos  también un problema con las materias. Más del noventa por ciento de lo que se incluye en el currículum y que explicamos a los chavales tiene una utilidad (y ya no hablo sólo de utilidad práctica ya que hay un bagaje cultural que considero imprescindible) bastante cuestionable. Si un noventa por ciento de las horas que están estabulados en un centro educativo sirve entre poco y nada tenemos otro gran problema. No es ficción, es realidad.

Cientos de pedazos de algo etéreo pululando por el currículum con nombres tan sugerentes como… “un paseo por el entorno”, “juegos de mesa”, “atención educativa” o “religión”. Tampoco se salvan las matemáticas, tecnologías, lenguas o similares. Asignaturas llenas de matices prescindibles cuyo único objetivo es no tener objetivos. Todo ello justificado bajo imperiosas necesidades. Necesidades marcadas por entes que lo que menos les interesa es tener una sociedad preparada (que tiene poco que ver con titulada). Necesidades de grupos de presión o de organizaciones cuya máxima es el beneficio propio. ¿Quién piensa en los pobres chavales? ¿Quién piensa en esos horarios de esclavos para algo tan poco efectivo como es un sistema educativo que ya no aguanta más zurcidos?

Podríamos seguir con la formación del profesorado, la mediatización de la exigencia “de los mejores”, los grupos de nivel (o segregar entre “listos” y “tontos”), las reuniones de productividad cuestionable, los cerrojos en las puertas, el tratar a los alumnos como anormales funcionales, la falta de empatía de algunos, los tiempos, la taxonomización por edades en lugar de habilidades/capacidades, las tecnologías para seguir haciendo lo mismo de siempre,…

Hoy he pasado calor en el aula. Pasar calor poco tiene que ver con efectividad. Moverse mucho es lo que tiene pero es que las sillas deberían estar prohibidas en la mesa del profesor. Bueno, lo de la mesa tampoco tiene sentido. Como no sea para dejar el móvil y sacarte las zapatillas para estar más cómodo.

Hoy he buscado el teléfono de Houston. Más que nada para hablar con alguien de la situación. A veces algunos necesitamos terapía y que alguien nos escuche. Número no existente. Ni Houston ni leches. Mis alumnos tienen un problema y no tengo ni idea de cómo solucionarlo por falta de línea con los que pueden hacer algo. Será cuestión de seguir buscando algún número desde el que te respondan. Por insistir, como mínimo, que no quede.

Primer día de insti

Por mucho que nos empeñemos en considerar el día 1 de septiembre como la vuelta al curro, para los docentes la prueba de fuego se da en el momento en que nos encontramos determinadas caras, entre atónitas y expectantes, frente a nosotros. Momento en el que se puede dar por inaugurado el primer día oficial de instituto.

Hoy ha sido mi primer día. Despertador a las cinco y media de la mañana (es lo que tiene trabajar a casi dos horas de casa), pastillas listas (es lo que tiene haberte quedado enganchado hace un par de días) y, como no, una nesspresso conectada a la corriente mientras un cuerpo reacio a ser sometido a ningún estímulo intentaba despertarse debajo de la ducha. Esto de la ducha matutina a algunos se nos hace imprescindible.

Fuente: http://peoresnada-com.blogspot.com.es

Fuente: http://peoresnada-com.blogspot.com.es

Buscar el coche como es tradición. Sus buenos diez minutos ha llevado recordar dónde demonios aparqué mi coche el último día que lo cogí. Pensamiento que a las seis de la mañana, después de un rápido café, se resiste a iluminarse en mi mente. Vamos bien…

Encontrar coche, rezar para que en alguna emisora hablen de algo poco serio (esto de despertarse con noticias es entre sádico y poco recomendable) y empezar a hacer quilómetros. Autovía, carretera comarcal y desvíos que van tomándose, curiosamente, siempre a la izquierda. Ya lo dicen. Es lo que tiene ser pobre.

Llegar al instituto. Cinco minutos para que suene el timbre. Ojeroso al intentar dar los buenos días a esa manada de zombies que me rodean en la sala de profesores. Con una cámara se emula a George A. Romero pero dudo que nadie esté por la labor. Máquina de café sacando humo. Charlas banales. Visita al meadero. Que la vejiga a cierta edad ya se resiente.

Bueno, suena el timbre. Primera clase codo con codo con mi compañero de Departamento. Vamos a repartinos los alumnos de Tecnología de cuarto de ESO. A ver quién la ha escogido por ser deseo y quién por eliminación. Esto de meter Tecnología con sólo dos alternativas (entre las que se halla Música y Francés) es un auténtico despropósito. Bueno, haremos un grupo de Tecnología y otro de parapsicología. ¿A qué no sabéis cuál me he pillado? Si os digo que me va lo paranormal… Eso sí, buenos chavales que ya son viejos conocidos de uno.

Explicar cómo trabajar. Eso de que los padres van a participar en la evaluación. Qué herramientas se van a usar. Cómo lo vamos a hacer. Qué no tienes ni pajolera idea y que por eso vas a adaptarte a las necesidades. Qué sí, que a esa hora estoy muy falto de sueño y cariño. Espero no haber aburrido al personal pero, a esas horas inhumanas no creo que nadie tenga las neuronas en condiciones. Falta entrenamiento en muchos casos. Falta una dosis extra de cafeína en la pobre huérfana que me queda.

Seguir con Informática -también de cuarto de ESO- es otra puñalada a mi afligida capacidad de reacción. Explicar de nuevo cómo se va a trabajar. Visualizar el vídeo de presentación. Intentar concretar algo que, incluso para mí, me parece tan inconcreto como les debería parecer a ellos. Empieza el calor y empiezo a volver a notar que la lumbalgia vuelve a campar a sus anchas. Eso sí… toca disimular. Creo que la sonrisa falsa que inunda mi careto debe llevar a hacer pensar a los chavales que algo no va del todo bien. Contento de nuevo. Redescubriendo, como cada día, el placer que me da estar en el aula. Vale la pena.

Después hora y media entre frikismo informático… supongo que ir a comprar un disco duro externo porque el que tenemos hace un ruidito entre Camela y AC/DC mientras hablamos de la mala idea que tuvo quien pidió a los chavales comprar un netbook de arranque dual predeterminado con Windows 8, haciendo caso omiso a nuestras recomendaciones, puede considerarse como algo parecido a temas informáticos. Eso sí, todo aderezado con charlas acerca de Linux y otras cuestiones de lenguaje muy extraño (¿qué deben pensar los compañeros que nos escuchan?).

Almuerzo rápido y de vuelta al curre. Primero de ESO. Caras expectantes. Charla incoherente con explicaciones diversas acerca de lo que iban a hacer este curso en su optativa y cómo se llevaría a cabo lo anterior. Optativa que voy a derivar hacia competencias digitales que deberían haber asumido en Primaria. Algo que, no sé por qué, pero me huelo que no saben demasiado… ¿tendrá algo que ver la cara de susto al necesitar poner el código de la wifi del centro y las preguntas acerca de su ubicación? También es necesario un poco de filosofía y camuflar un poco la ironía… eso sí, sin dejar de los típicos ataques verbales a los políticos de turno, a quien inventó Windows y, como no, al resto de asignaturas prescindibles (Matemáticas, Lengua y similares). Prueba superada. Creo que les ha gustado. Al menos comentan que se les ha pasado rápido. Supongo que no debe ser tan malo lo anterior.

Seguimos ahora con el frikismo. Ubuntu, Lubuntu, Xubunto. Cambiando escritorios de Linux. Probando distribuciones. Colgando material para el siguiente día. Cambiando aulas (eso no es muy friki pero hacer cambalaches para conseguir un aula con proyector -tenemos muchas pero en algunas horas están copadas- es harto complicado). Eso sí, todo lo anterior después de firmar las actas de septiembre (sí, aún no las había firmado pero estoy contento de esta vez no ser el último) y resolver un par de dudas informáticas a unos compañeros que te van pillando por el pasillo.

Ha sido duro. Placentero pero muy duro. Eso sí, ponerse a escribir dos horas después de salir del aula, con el tiempo justo para otro medio café, acerca de tu día ya roza el masoquismo. Masoquismo que, por cierto, me encanta.

Vale para redacción de Lengua en caso que la hubiera para profes…. ¿Qué has hecho tú el primer día de insti?

En blanco

Empiezo de cero. Con un blog de aula en el que acabo de borrar todo lo que había planificado en julio para este nuevo curso que justo empieza hoy. En blanco. Sin más que un breve artículo dando la bienvenida a los nuevos alumnos y sin ningún tipo de material -más allá de explicar cómo vamos a intentar trabajar este curso- colgado.

Fuente: http://www.vasquevuelas.mx

Fuente: http://www.vasquevuelas.mx

¿Por qué empezar en blanco? ¿Por qué coger todo ese material que estaba colgado y eliminarlo de un plumazo? ¿Por qué cargarme completamente la planificación del curso y basar todo lo que voy a hacer en el día a día? ¿Por qué ese afán por improvisar cuando lo fácil es tenerlo todo diseñado para poder seguir unas pautas? ¿Por qué?

No creo que sea fácil hallar los porqués. El primero, que quizás sea el más claro, es el siguiente: si me niego a usar material estructurado (como los libros de texto, cursos encapsulados en Moodle, plataformas cerradas como Edmodo o Schoology, etc.) no tiene ningún sentido que estructure ese material de forma previa para los alumnos. Tampoco tengo nada clara la tipología de alumnos que voy a tener (incluso que a algunos los tuviera hace dos cursos, no es lógico inferir su evolución a lo largo de este tiempo y la capacidad de maduración -o inmadurez- puede dar al traste con cualquier predicción). Y, lo que no es menos cierto, es que a pesar de tener un currículum de obligado cumplimiento, la libertad de cátedra de la que disponemos los docentes en Secundaria nos permite flexibilizarlo hasta límites insospechados.

En blanco. Sí, a día de hoy estoy en blanco. A veinticuatro horas (hoy sólo son los tutores los que intervienen en el aula) tengo un lienzo en blanco que va a ir llenándose en función de las necesidades. En función de lo que me encuentre en el aula. En función de unos alumnos que, individualmente, van a ser quienes van a marcar los ritmos. Unos ritmos que no debo marcar yo. Unos ritmos que deben venir de los que tocan en la orquesta porque, por mucha batuta que se nos dé a los profesores, si no tenemos en cuenta cómo tocan los diferentes instrumentos estamos abocados a un guirigay que suena a todo menos a lo que debería. Y, para ese sonido desagradable ya tenemos los libros de texto.

¿Es un riesgo apostar por la adaptación e improvisación? Más que riesgo lo veo como incomodidad. Reconozco que es muy cómodo saber exactamente qué hacer cada día del curso. Reconozco que saber las unidades didácticas, tener el material de terceros disponible y homogeneizar el aprendizaje permite una mayor relajación para el profesor pero… ¿es lo que debemos hacer? ¿Es justo para nuestros alumnos?

Creo que el aprendizaje es algo que se va llenando, de forma más o menos coherente, a lo largo del tiempo. El dibujo final no se intuye de los primeros trazos. Los esbozos iniciales son algo que, si se pervierten para convertirse en algo mecánico, pierden toda posibilidad de obtener esa obra de arte que algunos deseamos. Un arte que poco se puede planificar. Un arte que depende de la capacidad de cada uno de los artistas. No hay cuadro malo. Hay cuadro que, por ser copia mala de algo, dice muy poco del artista. Por eso, qué mejor que empezar “en blanco”.

¿Es imprescindible enseñar programación dentro del currículum?

Últimamente da la sensación que a la imprescindibilidad de las TIC y del bilingüismo se está sumando una nueva moda. Una moda llamada programación (o, lo que es lo mismo, enseñar a los alumnos a entender conceptos rudimentarios acerca de ella, mediante diferentes programas -Scratch, AppInventor, etc.-). ¿Se trata de otra moda más o de una solución maravillosa a todos los problemas educativos?

Fuente: http://www.surreal.asturnazari.es

Fuente: http://www.surreal.asturnazari.es

A nivel personal me parece muy buena idea que se enseñe a programar a los chavales. Más allá de las implicaciones políticas del asunto y de cómo se está pretendiendo implantar, no creo que esté mal que se aprenda a gestionar un aprendizaje lógico (que es lo que permite una asignatura de programación bien dada). Por tanto, ¿cuál es la pega? La pega, al igual que todas las que pueden surgir en iniciativas que, a priori, pueden ser interesantes, son las de siempre: improvisación, intereses espurios y, como no, el potenciar la estrategia de marketing por delante de las necesidades de nuestros alumnos. Algo que también sucede en lo anterior.

No creo en milagros educativos. Aún menos en potenciar la disparidad de asignaturas en función de decisiones políticas. Sí, la programación para mí es igual de imprescindible que la danza, que el teatro, que el ajedrez, que la cocina, que la oratoria, que… Sí, podemos hablar de la programación pero dentro de un diálogo más amplio. Un diálogo que se genere alrededor de lo qué pretendemos y de cómo vamos a hacerlo. Porque introducir o eliminar una asignatura del currículum es muy fácil. Tan sólo conviene a darle suprimir en el procesador de textos del Ministerio o de la Consejería de turno. Lo complicado es argumentar coherentemente dicha decisión.

Da la sensación que nadie está dispuesto a entrar en el problema educativo. Perder el tiempo en decisiones transversales (como es el tema de la programación) es obligar a dedicar esfuerzos a algo que, por importante que pueda parecer a algunos, es una simple gota dentro de un mar embravecido. Una decisión tomada a la ligera para intentar satisfacer a algunos. Algo que, más allá de su idoneidad, debe siempre estar pautado dentro de una visión global del sistema educativo.

Instrumentalizar decisiones educativas de poco calado como la anterior hace que, más allá de mantener a algunos contentos con la decisión, a otros expectantes y, a una gran cantidad de la comunidad educativa al margen, se viertan líneas y líneas sobre algo que realmente es poco importante. Demasiado poco.

¿Programar es imprescindible dentro del currículum? Sí, no o quizás, todo lo contrario. Quién sabe. Yo, como mínimo, no lo tengo nada claro. Y eso que lo hice el curso pasado con mis alumnos :)

Vergüenza ajena

Estupor. Quizás más que estupor, deba considerarse como una mezcla entre hastío y vergüenza ajena. Esta es la sensación que me da el artículo de opinión de la directora del IES Virgen del Remedio de Alicante para justificar que se retractara de una decisión que había tomado, debido a las altas temperaturas que están sufriendo los alumnos estos últimos días en la Comunidad Valenciana, que hacen alcanzar temperaturas superiores a los 30 grados en las aulas.

Fuente: La Wikipedia

Fuente: La Wikipedia

Esta directora, a la vista de las temperaturas que se estaban dando en su centro educativo, superiores a lo que es admisible para el correcto desarrollo de la actividad educativa, tomó la decisión de suspender las clases. Una decisión valiente que demostraba la alta consideración que tenían sus alumnos para ella.

Antes de llegar las nueve y media de la mañana las temperaturas en las aulas eran ya superiores a los 30 grados y las temperaturas en los patios eran aún mayores.
Mandar a casa a los mayores de edad, que es lo que hicimos, no solucionaba nada ya que muchos de ellos ( ciclos y bachillerato de artes fundamentalmente) vienen de otros pueblos y temían tener que venir y volverse en cuestión de una o dos horas durante toda la semana con el gasto que eso supone.
Retener a los pequeños en el patio y permitirles hidratarse y jugar, que venga el que crea que los puede mantener quietos bajo el tórrido calor techado o no, era una medida aún más injusta ya que algunos no acababan bien parados, sus padres al recogerlos me reprochaban su estado, con razón, y me animaron a que no les obligara a asistir a un instituto sin condiciones , no digo ya de ofrecer un servicio académico, sino sin condiciones de garantizar un estado saludable.
Así las cosas tomé la decisión de suspender las clases hasta el lunes con sendas comunicaciones argumentadas a la Dirección Territorial y esperando que su contestación ratificara mi medida.

Lamentablemente, desde Dirección Territorial le comunicaron que había de retractarse de esa decisión y volver a retomar las clases con el riesgo que ello suponía para los alumnos (sí, dar clases a 30 grados puede suponer un riesgo para la salud y, es por ello, que la inspección de trabajo considera que a más de 27 grados no se puede trabajar). ¿Qué es lo que uno puede esperar de alguien que se supone que trabaja para el bien de los alumnos del centro que dirige? Una oposición frontal a ese requerimiento. Una celebración de un Claustro extraordinario para que se viera que los docentes del centro están con ella. Una reunión con el AMPA para granjearse el apoyo ante esa lógica decisión. Llamadas a sindicatos, a partidos políticos y a los medios de comunicación. Pues no. No sucedió así. Lo que sucedió fue una bajada de pantalones en toda la regla.

… se me advirtió que tenía que retractarme, y lo hice.
Pero lo hice porque me acobardaron la posibles medidas que podrían tomar en mi contra, ya hay precedentes inexplicables.

Priorizar las medidas de sentido común que, como máxima responsable del bienestar de los alumnos que te ceden sus padres para protegerlos y educarlos, hubiera sido lo correcto. Priorizar tu cargo como directora del centro (lo lógico hubiera sido, en esta casuística, cesar en el cargo antes de permitir sentar este precedente en tu centro -¿cómo va a quedar delante de la comunidad educativa?-) dice muy poco. Demasiado poco para alguien que, supuestamente, está gestionando un centro educativo. Por cierto, esa priorización del cargo la intuyo a la vista de que en el artículo de opinión no se habla de haber tomado la decisión de presentar la dimisión. Algo en lo que puedo estar equivocado (y espero estarlo).

Sí, se puede argumentar que como funcionario estás obligado a cumplir las órdenes que te dan los superiores (léase inspección u organos superiores de la administración educativa) pero, nadie debe tener la más mínima duda de tu oposición ante dicha medida. Una oposición que pasa por presentar inmediatamente la dimisión ante Delegación Territorial en lugar de quejarse amargamente de haber tenido que cumplir esas órdenes en un artículo de opinión para buscar comprensión o hacer terapia hablando de las bondades que uno se otorga.

No estoy juzgando a esta persona. Lo que sí que estoy juzgando es su carta en la que busca comprensión sin ofrecer ningún tipo de información acerca de lo que va a hacer en un futuro. Como mínimo, a día de hoy, sigue estando en el cargo. Y eso es algo que ya debería haber dejado de hacer después de ser ninguneada por parte de la administración (por su bien y el de la credibilidad que supone para ella esta situación a partir de ahora).

Una recomendación, siempre desde la subjetividad y creencias de quien escribe,… ¡Dimite! No lo hagas sólo por ti. Hazlo como forma de protesta. Vale la pena y te prometo, que cuando dejas un cargo unipersonal por coherencia, se duerme muchísimo mejor :)

Me gustaría que quedara muy claro que el  post no es un artículo en el que se cuestione la gestión de su centro por parte de esta directora (que puede haber sido fantástica). Se trata de un artículo que pretende dar respuesta a lo que bulle en mi cabeza después de haber leído la justificación, que se realiza en un medio de comunicación de una determinada decisión y, posterior rectificación de la misma. Reconozco que no debe ser un momento fácil para ella. Y, es por ello que, a pesar del redactado anterior donde le cuestiono ciertas cosas, todo mi apoyo y consideración para ella como miembro de un colectivo demasiado maltratado en los últimos tiempos.

Aulas en streaming

Me gusta la transparencia educativa. Veo muchos más puntos positivos que negativos a lo anterior. Abrir aulas al exterior, aparte de permitir una renovación del aire enrarecido que se respira en las aulas, permitiría una mejora educativa considerable. Qué mejor que enseñar lo que se está haciendo con los chavales. Qué mejor que mostrar a los padres y al resto de la sociedad la realidad de unas aulas que muchos conocen sólo por lo que le dicen sus medios de comunicación sesgados ideológicamente. Qué mejor que dotar de la transparencia tan necesaria a algo que se está pagando con el dinero de todos.

Ayer tuve Claustro. Sí, esas reuniones en las que los docentes, a puerta cerrada, hablamos sobre nuestras cosas. Sobre cuestiones de centro, muchas de las cuales afectan a los alumnos y a sus familias. Reductos de intercambio de pareceres sobre posturas educativas y falsa terapia de grupo para muchos. Pero éste no es el leitmotiv del artículo…

En pleno Claustro hubo varias referencias a lo que salía del centro hacia el exterior. Se contaron anécdotas acerca de que en la Comunidad Valenciana (que no es la Comunidad donde trabajo este curso) se han dado casos de padres que graban con el móvil las reuniones con los tutores de sus hijos. De la posibilidad de que algunos alumnos de Formación Profesional, padres de alumnos de la ESO, pudieran hablar en el pueblo donde se halla ubicado el instituto acerca de lo que está sucediendo en el mismo. De los pies de plomo con los que debíamos ir para que, en nuestras actuaciones, tuviéramos en cuenta lo anterior.

Fuente: http://www.lavozdegalicia.es

Fuente: http://www.lavozdegalicia.es

No me gusta. No me gusta que se intente cerrar a cal y canto los centros educativos. Creo en la necesidad de que todo el mundo sepa lo que está sucediendo en todo momento. Me encantaría que hubiera aulas con streaming para que, en todo momento, se pudiera desde la web consultar lo que están haciendo en las clases. Me encantaría que las reuniones también fueran emitidas en abierto. Me encantaría que la trasparencia educativa, más allá de los lugares íntimos, permitiera conocer en todo momento de forma fácil las metodologías de aula y las situaciones que se están dando en las mismas. Abrir un canal de información al exterior es mejorar. Plantear que lo que se hace está sometido al escrutinio de cientos (o miles) de ojos que lo están observando hace que los docentes mejoren. Hace que todo eso que pasa en ese supuesto santuario educativo no se convierta en nido de especulaciones. Hace que la realidad impere por delante de las interpretaciones ideológicas.

Me encantaría trabajar en un lugar donde fuera cuestionado cada día. Me encantaría que me cuestionaran las prácticas educativas que aplico con mis alumnos. Me encantaría que los padres colaboraran en lo anterior. Me encantaría que, más allá de lo subjetivo, se pudiera analizar por parte de la sociedad el sistema educativo desde sus interioridades.

Quizás es que soy raro, pero creo que la mejora educativa no está sólo en manos de los docentes. Y, si no abrimos los centros educativos a la sociedad, seguiremos en un sistema gestionado por administradores que sólo son capaces de ver números y docentes reticentes a mostrar lo que están haciendo. Docentes que, por cierto, están haciendo mucho de bueno que, lamentablemente, se queda entre cuatro paredes demasiado opacas.

El teorema del mono infinito

Se afirma que un mono pulsando teclas al azar sobre un teclado durante un periodo de tiempo infinito casi seguramente podrá escribir finalmente cualquier libro que se halle en la Biblioteca Nacional de Francia. En una nueva exposición del mismo teorema, más popular entre los angloparlantes, los monos podrían escribir las obras de William Shakespeare (fuente: Wikipedia). Hay alternaciones en ese teorema… la principal es considerar un número de monos infinitos tecleando un tiempo infinito pero, eso es algo que para la comparación que se pretende es intrascendente.

Fuente: http://www.unocero.com

Fuente: http://www.unocero.com

El teorema anterior es la base del sistema educativo actual. Un sistema con gran amplitud de contenidos a conocer que, mediante la introducción de cada vez más horas, pretende alcanzar la posibilidad que se de un aprendizaje completo de determinadas asignaturas como acto de memorización de las mismas. Lástima que el alumno no disponga de tiempo infinito. Lástima que, al igual que sucede con el pobre mono que se halla tras el teclado, la mayoría de alumnos adquirirán conocimientos que, más allá de números, fechas o elementos, poco sentido van a tener para ellos. Monos amaestrados cuyo sentido existencial es ir repitiendo en el teclado la pulsación de diferentes teclas (llamémoslas asignaturas).

No hay tiempos infinitos. Alargar tiempos de memorización y multiplicar hasta el infinito contenidos dentro de un rango temporal como es el sistema educativo hace que, más allá de obtener al azar algún tipo de resultado, lo único que observemos sea una falta de aprendizajes. Algo que, lamentablemente, se empieza a suplir una vez finalizada la estabulación (tanto obligatoria como postobligatoria). Algo que, mediante las necesidades de la utilidad -que no del paso de hojas absorbiendo datos inconexos que casi nadie les enseña a relacionar-, se aprende una vez incorporados a un lugar donde deban plantearse lo útil frente lo inútil.

Puede ser tan útil o inútil el latín como las matemáticas. El problema es cómo dar ese aprendizaje. El sentido del mismo. La orientación, más allá del establecimiento de pautas estancas de conceptos, letras o números, hacia su utilidad. No es cuestión de la asignatura. Es cuestión de la necesidad de considerarla como finita. Puede haber aprendizaje a lo largo de toda la vida pero las capacidades y habilidades básicas deben asumirse en algún momento en ese tiempo no finito que supone el sistema educativo.

Desperdiciar el tiempo finito manteniendo estructuras de necesario tiempo infinito hace que quizás haya algo que no está haciéndose demasiado bien. Currículums infinitos, temarios repetidos dentro de ese infinito maremágnum de conceptos y, alumnos cada vez más estabulados, hacen que el aprendizaje se resienta. Porque, como decía Baltasar Gracián, “Lo bueno, si breve, dos veces bueno. Y aun lo malo, si poco, no tan malo“.

Aulas no tan TIC

Mi centro, al igual que otros muchos de nuestro territorio, tiene una buena dotación de elementos tecnológicos. Las aulas están dotadas con pizarras digitales y proyector, los alumnos disponen de sus netbooks y, como no, los docentes también disponemos de nuestro propio equipo informático personal. La wifi sigue sin ir del todo bien pero, dentro de las limitaciones de lo anterior, se puede hacer bastante buen trabajo con las TIC por el nivel de equipamiento que poseemos.

Pero, ¿qué pasa? ¿Cómo es que las TIC no se están usando para mejorar el aprendizaje? ¿Por qué las aulas de nuestros centros, tan bien dotados a nivel de equipamiento, son de todo menos facilitadoras del uso de la tecnología? ¿Por qué?

Fuente: http://juancamef.blogspot.com.es

Fuente: http://juancamef.blogspot.com.es

Las aulas no son tan TIC porque el modelo de aula no lo es. Las aulas, al igual que las de hace décadas, están basadas en distribuciones estandarizadas (mesas y sillas distribuidas a lo largo del espacio disponible). Distribuciones estandarizadas que, por cierto, incluyen la posibilidad de juntar las mesas para que trabajen en grupo. Eso sirve de poco. Es un falso apaño para seguir manteniendo la visión de mesas y sillas distribuidas a lo largo de un recipiente donde se vierte un conocimiento cada vez más enlatado en bits.

Fuente: http://ieslarodatic.wordpress.com

Fuente: http://ieslarodatic.wordpress.com

Tampoco no ayudan las puertas cerradas. Ni la necesidad de permanecer a lo largo de toda la sesión de clase en las aulas. Ni los timbres. Ni las asignaturas. Ni lo importante de no hablar más alto de la cuenta para no molestar al profesor que, por desgracia, le ha tocado dar clase en el aula de al lado. Miedo a que se hable en voz demasiado alta. Susurros para trabajar con tecnología en la misma forma que los curas redactaban sus incunables.

Desde el momento que los centros educativos son infraestructuras decimonónicas los aparatos no funcionan. Plantear uso abierto de contenidos en espacios cerrados es algo que, más allá de utópico (aunque algunos lo intentemos) choca frontalmente con esas paredes de ladrillo. La creatividad no se imprime a golpe de infraestructuras obsoletas ni de tecnologías a aplicar en las mismas. Y, a la postre, lo que se resiente es la calidad educativa. Porque hacer cosas diferentes cuando lo principal (espacios y estructuras de trabajo) no cambian es disminuir esos resultados que tantas pruebas externas valoran y que se venden mediáticamente tan bien. Usar las TIC en contextos poco adecuados (como es el caso de la mayoría de centros educativos) poco aporta de positivo. Más bien al contrario. Y si hablamos de hacer lo mismo que antes con esas nuevas herramientas… prefiero no comentar nada sobre el tema.

Fuente: Néstor Alonso (@potachov)

Fuente: Néstor Alonso (@potachov)

Es por lo anterior que algunos preferimos, dentro de las posibilidades de no agresión que nos planteamos, tener grupos donde el contenidos y la forma de impartirlo sea flexible. Huir de esos bachilleratos tan dirigidos y rígidos para optar por esos cursos que para algunos son intratables. Bueno, mientras muchos se peguen por esos bachilleratos y ciclos formativos de grado superior, algunos intentaremos que esas aulas no tan TIC puedan abrirse un poco al exterior. Algo realmente necesario porque, por si no lo sabíais, soy totalmente alérgico a ese olor de naftalina que tanto abunda en nuestro sistema educativo a nivel de infraestructuras, prácticas y sistema :)

El grupo de los “listos” y de los “tontos”

No entiendo la manía de algunos docentes y centros educativos de taxonomizar a los alumnos. Aún menos la existencia de grupos de nivel. Grupos de “listos” y “tontos” que marcan el devenir educativo de los que han tenido la desgracia de ser incluidos en un grupo u otro. Debe ser que hay algunos semidioses entre las aulas que compraron una bola de cristal en Ebay y ya se atreven a hacer predicciones acerca de sus alumnos a largo plazo.

No existen alumnos “listos” o “tontos”. Existen alumnos con diferentes capacidades y habilidades a los que unos determinados docentes han decidido poner, a los pocos días de curso, normalmente siguiendo las notas que han sacado en un examen a las pocas horas de aterrizar en un centro educativo (lo de los exámenes para clasificar en primero de ESO a 48 horas de que el alumno haya entrado por primera vez en los mismos ya es de traca) en grupos según su supuesto nivel. Qué savoir faire. Qué capacidad de marcar el futuro. Qué inteligencia tan demoledora la de esos carceleros que se convierten en juez y jurado por decreto divino.

listos_tontos_optReconozco que la medida de los grupos de nivel es algo demasiado habitual en muchos centros educativos. Medida que, por cierto, avala un porcentaje apreciable de los Claustros. Medida que, más allá de las cuestiones negativas que pueden desprenderse de la misma, es de todo menos constitucional. Sí, la legislación educativa prohíbe hacer grupos de nivel pero, yendo más allá de lo anterior, es la propia Constitución quien dice que no puede segregarse por ningún tipo de motivo.

Justificar la existencia de grupos de nivel para, supuestamente, favorecer la personalización del aprendizaje es enmascarar la necesidad de crear grupos homogéneos. De, curiosamente, dejar el grupo de los “malos” para el docente que acaba de aterrizar en el centro. De necesitar satisfacer a la conciencia cuando se sabe que hacer lo anterior está haciendo un flaco favor a los chavales. Chavales que no tienen ninguna culpa de tener a anormales funcionales como docentes amigos de la clasificación. Chavales que no tienen ninguna culpa de tener al típico profesor frustrado que, para sentirse realizado, necesita poseer la verdad absoluta y la posibilidad de decir… “tú vales para esto, tú no”.

No es ético, ni educativo, ni razonable, ni… separar a los alumnos en función de supuestas capacidades en determinadas asignaturas que uno decide que poseen. Aún menos mantener lo anterior como política de centro para, según se dice, permitir que el alumno “tonto” pueda aprender algo y el “listo” llegue mucho más allá. Que eso se puede hacer sin necesidad de separar. Que hay otros mecanismos, entre los que se incluyen el hacer tu trabajo como docente, para intentar llevar al máximo de sus posibilidades y capacidades a todos los alumnos. Que aquí el único “tonto” (por ser políticamente correcto) es quien permite lo anterior.

Recomiendo, desde aquí, a los padres que se quejen a la administración educativa si en sus centros se dan este tipo de grupos (con independencia de que a su hijo en esa lotería les haya tocado estar en el grupo de los “listos”). Recomiendo a los docentes que lo ven con buenos ojos e, incluso, en muchos casos lo aplican, que piensen en lo que están haciendo a los alumnos. Recomiendo que, por favor, alguien piense en esos alumnos a los que se está taxonomizando a edades tan tempranas (léase educación obligatoria) marcando su futuro a fuego sin ningún tipo de escrúpulo.

Tan sólo un ejemplo: “El Sistema Solar”

Que el currículum en nuestro país está mal diseñado es algo obvio para aquellos que le hayan echado una ojeada. Que hay cuestiones que se aíslan y se repiten hasta la saciedad en diferentes materias (con lo que se redoblan esfuerzos y, bajo diferentes justificaciones, repiten contenidos) también. El currículum está basado en repeticiones. Repeticiones que, salvo contadas excepciones de centros que trabajen globalmente de otra manera (quizás se pueda encontrar alguno en nuestra geografía), aburren a los alumnos soberanamente.

Fuente: Wikipedia

Fuente: Wikipedia

Tan sólo hace falta sacar un ejemplo de forma rápida… el del Sistema Solar. Temario que se imparte en la asignatura de Ciencias Sociales de primero de ESO y que se repite en la de Ciencias de la Naturaleza. El mismo temario y, en muchas ocasiones, explicado exactamente de la misma forma por diferentes docentes. Viva el diseño curricular. Viva la repetición hasta la saciedad de contenidos. Viva la incapacidad de coordinarse -tanto de los que redactaron el currículum en su momento como de los docentes que imparten dichas asignaturas-.

Cuando uno analiza fríamente el currículum observará gran cantidad de contenidos repetidos ubicados en diferentes nichos de aprendizaje. Asignaturas que, dentro de sus contenidos y objetivos, repiten exactamente lo mismo que otras. Horas y horas de docencia donde se les explica a los alumnos exactamente lo mismo que han explicado otros compañeros. Tiempos que aburren al más pintado. Saberes que, no por repetidos, resultan más necesarios.

Trabajar de forma aislada en un centro es lo que tiene. Falta de coordinación entre los diferentes Departamentos. Contenidos repetidos en diferentes asignaturas y cursos. Planteamientos de francotirador en una educación que, para muchos, debería ser mucho más global de lo que se plantea actualmente. Global y plagada de sentido común. Ese sentido tan necesario y escaso en nuestro sistema educativo.

No tengo demasiado claro el porqué sucede lo anterior. Si cuando diseñaron el currículum lo pensaron en función de las necesidades de los alumnos o de la administración. Si la falta de coherencia en el mismo también se dio por falta de coordinación entre las diferentes personas que lo redactaron. Si, realmente, todo esto de la educación es un bluff que poco tiene que ver con el aprendizaje y mucho con pagos a determinados grupos de presión (entre los que se encuentran los docentes de determinadas asignaturas).

Resulta realmente curioso que el diseño curricular tenga tan poco de satisfactorio para cubrir las necesidades de aprendizaje y tanto con el mantenimiento de prácticas de repetición. Contenidos que, por flexibles, no dejan de ser tomados de forma sesgada estratificados por cursos y edades naturales. Personalizaciones que brillan por su ausencia y repeticiones de contenidos que saltan, a poco de ponerle la vista encima, a la consideración de auténticos despropósitos.

Las asignaturas pueden ser o no un error pero, lo que resulta indudable, es que la falta de coordinación en la mayoría de centros educativos, la inexistencia de reuniones para hablar acerca de metodologías y, como no, un currículum diseñado con los pies, poco efecto positivo están realizando en algo tan importante como es la educación de las futuras generaciones.

Es que no se acuerdan de nada…

Vuelve la rutina escolar. Despertadores que suenan en la habitación de los chavales, madrugones, ojos legañosos, servicio técnico de desayunos, mochilas, …. Llega la vuelta al cole para la gran mayoría de los alumnos en nuestro país. Alumnos que acuden de nuevo a esa fábrica de ilusiones reconvertida en factoría de diseño único. Alumnos que van a intentar ser tratados individualmente en un sistema cuya máxima es la homogeneización de los mismos.

Fuente: vía Twitter

Fuente: vía Twitter

La vuelta al cole tiene sus frases repetidas hasta la saciedad. Frases que van desde lo cortas que han sido las vacaciones hasta, en las primeras semanas de curso, la más habitual que se escucha en los centros educativos y que vierte parte del profesorado: “es que no se acuerdan de nada”.

Normal. Después de dos meses de desconexión absoluta (más allá de algunos que, por diferentes motivos, han optado por dar beneficio a las editoriales -cuadernillos de vacaciones- o a las academias de repaso para recuperar alguna asignatura) es imposible que nadie se acuerde del sinsentido educativo que supone gran parte del conocimiento (que no aprendizaje) vertido de forma masiva en sus cerebros. Que sí, que ellos también tienen necesidad de desconectar y, como no, de olvidar gran parte de eso tan inútil que se vomita en los exámenes. Que no, que no es ningún delito olvidarse de lo que jamás van a necesitar.

Fuente: Bill Watterson (Calvin y Hobbes)

Fuente: Bill Watterson (Calvin y Hobbes)

Cuando el sistema se basa en errores de concepto como es la memorización sin más, avalado por gran parte de docentes que no quieren perder su parte del chiringuito (léase horas de clase semanales que se imparte de su “imprescindible” asignatura), es que hay mucho a cambiar. Conviene cambiar configuraciones educativas y, como no, la mentalidad de gran parte de la sociedad que sigue considerando a los centros educativos como factorías destinadas a que los chavales asuman miles de datos inútiles. Datos que, más allá del perjuicio que supone su memorización como competencia directa a los aprendizajes básicos e imprescindibles, lo único que hacen es justificar la existencia de modelos de evaluación homogéneos para discriminar a quien no quiera pasar por el aro de un sistema educativo industrial.

Por cierto, para aquellos que sigan defendiendo conceptos de memorización y horas (o años) de estabulación de los chavales en centros educativos tan sólo les pediría que echaran un vistazo al siguiente gráfico y sacaran sus propias conclusiones.

Fuente: The Huffington Post

Fuente: The Huffington Post

Ojalá mis alumnos no se acuerden de ninguno de esos datos irrelevantes que les han ido embutiendo a lo largo de un montón de años de sedentarismo mental. Ojalá.

Mochila, mochila

A pocos padres se les ocurre pensar este septiembre en las propuestas educativas que se van a llevar a cabo en los centros donde van a tener escolarizados a sus retoños. Este principio de curso, la máxima para las familias es intentar conseguir esos materiales tan “imprescindibles” que les solicitan los profesores de sus hijos. Materiales que llevan asociado un determinado coste, que se asume sin chitar por parte de la mayoría de ellas, y que supone un quebradero de cabeza económico para cada vez más de esas unidades familiares.

Entre los libros de texto, cuyo gasto no baja de los doscientos euros para la mayoría (incrementándose exponencialmente ese coste si se trata de centros concertados o públicos con muy pocos escrúpulos), y el material de uso diario (lápices de diferentes tipos, libretas, agendas, etc.) a más de uno se le queda la cuenta corriente hecha un cromo. ¿Desde cuándo se puede considerar público un servicio que obliga a un copago como es el educativo? ¿Desde cuando un servicio destinado a menores de edad sin ingresos hace hincapié en el poder económico de las familias discriminando por ello?

Fuente: vía Twitter

Fuente: vía Twitter

Me encantaría conseguir gran cantidad de “animales” que priorizaran el aprendizaje y pensaran en la economía de los padres. Me encantaría que lo de las mochilas, libros de texto y gastos asociados pasara a la historia porque los docentes tuvieran el suficiente sentido común de luchar contra esa carga económica que supone lo anterior. Sería el más feliz del mundo si viera que lo que ha de ser un sistema educativo que iguala y permite que todos aprendan de forma individualizada dentro de sus posibilidades mantuviera al margen el concepto de nivel económico de las familias. Qué no, que no tiene sentido que los libreros lloren porque las AMPAs venden sus libros con mayor descuento del que se hace en las librerías. Lo siento pero hay cuestiones que claman al cielo y, precisamente, la de mantener un entramado comercial gracias a los chavales que entran en los centros educativos es un auténtico sinsentido.

Ver colas en los grandes supermercados en la sección escolar es algo que me revuelve el estómago. Ver como los padres preguntan de forma continua si van a disponer de la libreta de cuadrícula 6×6 o de la de doble pauta es algo que, más allá de estúpido, dice muy poco del sistema educativo que lo propone. Que no es cuestión del tamaño de las libretas. Que lo verdaderamente importante, aunque muchos cenutrios aún no se hayan enterado, es lo que sucederá en estos meses. Algo que debe prescindir del tipo de libretas, lápices o manuales a utilizar. Algo que está en manos de la comunidad educativa. Algo que ha dejado de ser Educación (si es que alguna vez lo fue) para convertirse en un negocio.

No es cuestión de dotar de becas. Es cuestión de mantener un sistema que permita que el alumno no necesite acudir al negocio de turno para tener su mochila bien cargada. Mochila que, por cierto, sigue siendo el paradigma de nuestro sistema educativo. Mochila cuyo contenido deja mucho que desear. Mochila que, a mi entender, debe desaparecer junto con todo lo que implica.

Por cierto, este curso (como sucede desde hace años) mis alumnos no van a necesitar ningún tipo de material más allá del equipo informático del que se dotan globalmente. Ni libro de texto, ni material de papelería, ni nada que suponga para los padres un coste adicional. Se puede desterrar las diferencias económicas de la ecuación del aprendizaje. No sólo es que se pueda, es que se debe hacer.

Herramientas para la comunicación con alumnos y padres

Me encantaría compartir las opciones que he barajado antes de tomar la decisión de optar por unas determinadas herramientas para, una vez teniendo claro cómo gestionar el nuevo curso que en breve empieza, intentar establecer una comunicación fluida con los alumnos y sus padres. Tengo muy claro que, una vez se tiene claro lo anterior, se ha de buscar algo que permita gestionar esa comunicación teniendo en cuenta las siguientes premisas:

  • De fácil uso
  • Bidireccional
  • Con la posibilidad de establecer comunicaciones de forma global para un curso o individualmente
  • Que sea lo más inmediata posible
  • Que pueda obligar a prescindir de elementos que en pleno siglo XXI no tienen ningún sentido (como es el caso de las agendas en papel)
  • Gratuita

Mi decisión final ha sido la de establecer comunidades en Google+ y un sistema de comunicación vía móvil con los padres mediante, la aplicación gratuita y disponible para Android e iOS, ClassDojo Messaging. Queda pendiente si, mediante las comunidades se puede llegar a medio plazo establecer algún tipo de comunicación bidireccional mediante hangouts, pero esa decisión la tomaré en función de cómo vaya el experimento.

Antes de llegar a la decisión final (más larga y meditada de lo que suele ser habitual en mí por lo que implica) sobre las herramientas a usar para esa comunicación han pasado por mi mente las siguientes:

Facebook

Fuente: http://www.quieroserblogger.com

Fuente: http://www.quieroserblogger.com

Sí, he pensado en Facebook y en la creación de diferentes páginas para establecer una comunicación dinámica. A las ventajas que supone que prácticamente todos los alumnos y padres disponen de una cuenta en dicha red social se añadiría su fácil configuración. Pero, lamentablemente, hay algo que hace que se haya de abandonar ese formato de comunicación por la dificultad que entrañaría el saber diferenciar su uso lúdico o personal con una herramienta educativa. Algo que me ha frenado en su uso. Algo que me ha hecho dudar a pesar de la nueva aplicación móvil de su messenger que me hubiera permitido quedarme sólo con una herramienta para la gestión de dicha comunicación. No lo he acabado de ver claro y para empezar con tantas dudas he preferido descartarlo.

Whatsapp (o Line o Telegram)

Whatsapp14Otra de las opciones planteadas para establecer una comunicación fluida era el uso de Whatsapp o alguno de sus competidores (Line o Telegram). A esta alternativa, considerando cómo están usando la mayoría de padres sus grupos y a la necesidad de dar el número de teléfono o algún tipo de información más personal de lo que se debiera, la he tenido que tachar inmediatamente de mi lista. Resultaría bastante arriesgado (y ya no estoy hablando de la facilidad de uso y la interacción que permitiría) usar una herramienta personal como herramienta profesional. Creo que no haría ni lo uno ni lo otro. Sí, es cómodo, multiplataforma y ya es una vieja conocida por la comunidad educativa pero… no lo tenía nada claro.

Edmodo o Schoology

Fuente: http://blog.edmodo.com

Fuente: http://blog.edmodo.com

Antes de tomar la decisión de cambiar totalmente el modelo metodológico a usar este curso se suponía que continuar con los servicios de mensajería interna que ofrecían Edmodo o Schoology me permitirían seguir trabajando en ese espacio comunicativo. Abandonando definitivamente el uso de LMS tocaba buscarse la vida. Eso sí, para aquellos que uséis Edmodo o Schoology no necesitáis ningún tipo de alternativa de comunicación ya que la que lleva integrada funciona muy bien.

Opciones con las que me he detenido más tiempo a considerar dejándome en el tintero otras muchas como la que parece que va a dar mucho que a hablar SchoolCircle y, como no, desterrando completamente la cuestión del correo electrónico. Un correo electrónico que adolece de falta de inmediatez y que, por muy útiles que sean los mails, como herramienta de comunicación ágil con los alumnos y los padres deja mucho que desear.

Comunicarse de forma ágil con alumnos y padres se hace imprescindible en esta Escuela del siglo XXI. Una Escuela que, lamentablemente, sigue anclada en sus prácticas anacrónicas pero a la que conviene dotar de esa transparencia tan necesaria para la sociedad. Debe desaparecer la concepción de centros educativos como centros opacos y de difícil acceso para los padres (y, como no, el resto de la sociedad). Para ello se hace imprescindible algo tan necesario como es el establecimiento de un sistema de comunicación que permita difuminar esos muros que algunos aún se encargan de reforzar.

Decisiones educativas de carajillo

Ayer mismo el gobierno de Madrid nos ilustró con una nueva decisión educativa producto de carajillo amén de otras sustancias que tan en boga están en los numerosos despropósitos que, por cierto, aplauden parte de los padres e incluso algunos docentes. Decisión, como la mayoría que se toman, precipitada y de nula planificación acerca de la introducción de una materia de “programación” en la ESO. Decisión tomada ayer para empezar a impartir esa asignatura la semana que viene. Esto no es precipitación, es lo siguiente.

Fuente: Paco Carabal en http://www.elbuencarajillo.blogspot.com

Fuente: Paco Carabal en http://www.elbuencarajillo.blogspot.com

Estamos acostumbrados a las decisiones educativas de carajillo. A aquellas decisiones que, o bien se toman por impulsos puntuales después de comidas pantagruélicas aderezadas con su dosis de productos más o menos prohibidos, o bien se deciden para satisfacer a alguna empresa o grupo de presión de esos que gestionan cada vez más la marcha de nuestro país. Decisiones que son tan fáciles de tomar como de abandonar. Borracheras de la inmediatez en algo mucho más serio que la decisión de hacerse una foto y conseguir un titular mediático.

No me gustan las decisiones improvisadas. Por mucho que pueda defender el objetivo que se pretende siempre se falla en el cómo y en el por qué. Hay mucho político cargado de alcohol a la hora de decretar. Políticos bastante más cargados que los famosos camioneros de mala fama. Políticos a los que debería hacerse controles de alcoholemia periódicos. Políticos de nula incapacidad que se dedican a proponer mediante el asesoramiento de su peluquero o masajista cuestiones sin ningún tipo de planificación previa.

Cuando el sentido común es el menor de los sentidos nos encontramos con decisiones como la anterior. O con las presiones de determinadas organizaciones para establecer programas de voluntarismo obligatorio en Cataluña. O con las decisiones de empezar el curso a principios de septiembre con las aulas a más de 30 grados saturando las visitas a urgencias de alumnos con síntomas de golpes de calor. O con cambios de currículum que para lo único que sirven es para favorecer a determinados entramados financieros (lo del negocio de septiembre de algunas empresas no tiene nombre).

Lo más grave de lo anterior es que hay parte de la comunidad educativa que lo justifica. Si no fuera así no se explicaría la gran cantidad de comentarios en diferentes medios posicionándose a favor de esas decisiones carajilleras, lo mediático de las mismas, los supuestos beneficios que venden de ese humo que tantos compran en cantidades ingentes. Que sí, que hay mucho personal en nuestro país falto de capacidad de análisis. Que sí, que los resultados electorales dicen mucho de nuestra sociedad (y no lo digo sólo por los partidos que se van repartiendo el gobierno).

Plantearse experimentos a golpe de espirituoso no traen nada bueno para los alumnos. Probar “a ver qué tal” sin haber diseñado una planificación previa ni el pilotaje adecuado es algo que lleva a despropósitos que repercuten en esas pruebas que los mismos que van de copas venden como su mantra. Es triste reconocerlo, pero esto de la educación es un juego de trileros: unos proponen, otros disponen y, finalmente, algunos ejecutan lo que les parece. Juego fantástico para pequeño comité pero que cuando deja de ser juego y afecta al futuro de cientos de miles de chavales es algo que deja de ser juego para ser otra cosa.

El carajillo en nuestro país es tradición pero creo que, mantener al margen del mismo las decisiones educativas que se toman, sería un primer paso para enmendar la papeleta de un sistema educativo que tiene mucho de lo primero y bien poco de lo segundo.

¿Por qué no usar este curso Google Classroom?

Son muchos los docentes que, una vez publicada la versión en abierto de Google Classroom, se plantean su uso como LMS en sus aulas. Docentes que, habitualmente, ya usan herramientas de Google  y pretenden integrar en un “todo en uno” las herramientas que ya están usando con sus alumnos. Hay múltiples razones para comprar la herramienta pero también son algunas las cuestiones que hacen que para este curso no deba usarse (más allá de algún pequeño grupo de pruebas). ¿Cuáles son las cuestiones que a mi entender frenarían ese uso para el curso que justo empieza?

googleclassroom41

En primer lugar se trata de una versión que, por mucho que prometan ir actualizando, sigue ofreciendo servicios muy básicos de gestión de aula. Hay dos alternativas: Edmodo y Schoology que, con más tiempo en el mercado, ofrecen servicios superiores y además permiten su integración con diferentes apps de Google (Drive, etc.). Por tanto, ¿por qué optar por una versión “capada” (por referirme a la falta de funcionalidades) cuando ya tenemos versiones completas de algunos LMS?

En segundo lugar sólo está disponible por ahora para centros que tengan implantado Google Apps. No son muchos los centros que disponen de lo anterior y, empezar a estas alturas a gestionar cuentas de correo y servicios para dotar a los alumnos de esas cuentas para poder implementarse dentro de pocos días (en alguna Comunidad ya no tienen ni esos días de margen) es una vorágine que no va a llevar a nada positivo.

Otra razón para no hacerlo es la premisa básica de que la herramienta -y más las que se destinan a uso educativo- nos solucione problemas. ¿Seguro que no hay más problemas que soluciones? ¿Es necesario arriesgar en la herramienta para centrar el objetivo de aprendizaje en la misma y no en lo realmente importante? ¿Vale la pena por moda ponerse a usar algo por el simple hecho de usarlo? Planificar el uso de una herramienta para que sea útil en el ámbito educativo poco tiene que ver con algo como Google Classroom. Al menos, por ahora.

Reconozco que soy uno de los que ya he probado la herramienta. Una herramienta con muchos flecos a solucionar por parte de Google. Una herramienta que está a años luz de herramientas como las que he mencionado en el segundo párrafo. Una herramienta que hace bueno a Moodle. Y una herramienta que hace bueno a Moodle a mi me inspira bien poca confianza :)

No creo que sea el momento para adoptar Google Classroom. Creo que es el momento de migrar hacia sistemas que sean menos de control y doten de más transparencia al aprendizaje pero, en caso de dar los primeros pinitos con un sistema de gestión de aprendizaje, no creo que la opción de Google sea la más recomendable.

Eso sí, si alguno quiere correr el riesgo mejor que lo haga siguiendo el excelente tutorial en formato web de Juan Carlos Guerra (@Juancarikt)