La cita de medios digitales (posts, tuits, vídeos de Youtube, etc.)

En plena explosión de medios digitales y redes sociales se hace necesario establecer un sistema para realizar una correcta cita de dichos medios en los trabajos académicos. Es por ello que, después de haber publicado hace un tiempo cómo citar documentos electrónicos y cómo citar tuits en trabajos académicos, procedo en este artículo a la actualización para los medios más habituales (posts -de blog o Facebook-, tuits, vídeos de Youtube, etc.) gracias al trabajo que nos presenta Teachbytes. Un trabajo que me he permitido traducir. Una tabla donde, usando las dos normativas más habituales para citar trabajos académicos (APA y MLA), nos indican como hacerlo.

Adaptación del trabajo publicado en http://teachbytes.com

Adaptación del trabajo publicado en http://teachbytes.com

Un gran aliado para ayudarnos para citar esos medios digitales que, en demasiadas ocasiones, nos cuesta citar (por desconocimiento de cómo hacerlo). Si no os fiáis demasiado de la traducción y queréis consultar la tabla original lo podéis hacer desde aquí.

Papá Noel NO existe

En un país donde más de un tercio de sus alumnos estudian en centros concertados (de gestión privada subvencionada con dinero público) o privados no tiene sentido hablar de que son una minoría los que optan a ese tipo de centros. Uno de cada tres padres con hijos en edad escolar eligen alejarse de la red pública para estudiar en centros educativos. Por tanto, con los datos en la mano, dos millones y medio de alumnos (léase cinco millones de votantes por extrapolar ese valor a sus padres), eligen centros de gestión privada para realizar su aprendizaje.

Hay dos motivos básicos para dicha elección: la cercanía a su domicilio (no olvidemos que los centros concertados y privados se montan en lugares donde hay una gran masa de población) y la inexistencia de padres de clase social baja en los mismos (las cuotas “voluntarias” en los concertados y los precios de la privada hacen ese filtro). O sea que la escuela privada existe por oferta geográfica y filtros clasistas (por mucho que haya contadas excepciones que siempre nos recuerdan algunos defensores de ese modelo).

Mantener un modelo donde exista un tercer modelo (centros concertados) es pervertir la idea de servicio público. Un servicio público, por cierto, que cada vez también pervierten más los propios docentes de la pública y los políticos que la gestionan mediante actuaciones que tienen muy poco de defensa de lo anterior, entre las que se destacarían las siguientes:

  • Padres, docentes de la pública, que envían a sus hijos a la concertada. Una situación, por cierto, cada vez más habitual (especialmente en localidades donde exista esa opción). Incluso puedo contar la anécdota (que deja de serlo por su cuotidianidad) de una directora de un centro público que enviaba a sus hijos a la concertada. Eso sí, después esos mismos que lo hacen enfundados en sus casacas verdes.
  • Políticos que gestionan la Educación apostando descaradamente por la concertada y privada. Salvo honrosas excepciones, la mayoría de políticos que gestionan el ámbito educativo han estudiado o llevan a sus hijos a centros concertados o privados. Algo que también hace ese nuevo Jefe de Estado que hemos cambiado hace poco.
  • Docentes de la pública (funcionarios) que eligen una mutua privada para su asistencia sanitaria. Y no son pocos, según los datos de MUFACE más de un 80%.
  • Docentes de la pública que pervierten los criterios de mérito para, mediante el dedo del director de turno (en las Comunidades en que lo anterior está avalado) estar cerca de su casa. En Cataluña en estas últimas adjudicaciones, más del 90% de las plazas adjudicadas se han dado a dedo (solicitadas por los docentes y ratificadas por los directores de los centros educativos)., etc.

Por tanto, se hace muy difícil hablar de Educación pública de calidad cuando ni los propios trabajadores de la misma creen en ella. Lo público se ha pervertido hasta ser considerado un tema puramente asistencial. Lo asistencial, por bueno que sea, sólo cubre un objetivo… el paliar problemas puntuales.

Los servicios públicos en un país donde lo que prima es el arribismo, el poder pagar en negro, la política de arruinar al de al lado para poder enriquecerse, el odio a aquellos que destacan, el racismo (más bien clasismo) nada encubierto, la telebasura, el dar dinero público a empresas privadas, la doblez e, incluso, el venderse por menos de un plato de lentejas es normal que estén cada vez más destrozados. Por tanto, al próximo que me hable de la calidad de la Educación pública me lo como con patatas. Eso sí, aceptaré como animal de compañía a pulpo, considerando al anterior como a aquellos docentes y familias que aún intentan salvar de la total destrucción a un sistema moribundo.

Cuando dentro de unos años no existan servicios públicos, se haya privatizado todo el sistema educativo y sea sólo gestionado por el ánimo de lucro que nadie se queje. Aún menos aquellos que, ya justos de presupuesto y por diferentes motivos, elijan optar por aquellas alternativas que van ahondando en dicha privatización nada encubierta.

La Educación pública existe aunque cada vez sea más marginal. La calidad se reduce a hacer lo posible con muchos enemigos dentro y gran profesionalidad de algunos. Pedir peras al olmo en la situación actual es harto difícil. Más aún cuando los bobos de siempre se dedican a seguir haciendo el bobo mirando a un corto plazo demasiado habitual. ¿Qué podemos esperar de un país donde el timo de las preferentes y la compra de viviendas de cientos de miles de euros y del coche era una práctica tan extendida y satisfactoria para los que lo hacían? Comprar duros a cuatro pesetas. Y aquí son muchos los que lo han comprado (y que siguen queriéndolo comprar).

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Fuente: http://www.nocturnar.com

Por mucho que nos empeñemos Papá Noel NO existe pero demasiados aún no saben leer…

Las cooperativas de profesores, un entramado muy cuestionable

Siempre me sorprende la facilidad de comprar determinados modelos educativos si son capaces de vendérnoslos bien. Uno de los modelos que gran parte de la sociedad compra, incluso que a efectos reales sea lo mismo que mantener centros religiosos pagados por todos, es el caso de las cooperativas de profesores (o cooperativas de enseñanza). Modelos educativos que se basan en un grupo de profesores que deciden abrir un centro educativo y, una vez abierto, se convierten en socios y docentes del mismo. Centros educativos que prácticamente se conciertan en su totalidad. O sea, que el salario de esos profesores que se han montado su propio chiringuito educativo los pagamos entre todos.

Estos días ha saltado la noticia a los medios de comunicación acerca de que Madrid deja sin escuelas infantiles a siete cooperativas de profesores. Han sido muchos mis compañeros de la Pública que han criticado dicha decisión. Muchos quienes han defendido a esos docentes cooperativistas que, en su momento, montaron un centro educativo que les ha permitido ir cobrando nóminas pagadas con dinero del erario público. Qué maravilloso montar un negocio en el que, después de poner una cantidad inicial (se calcula que de 10000 a 20000 euros por socio) se sabe que el Estado (o la Comunidad Autónoma mediante pago delegado) te va a pagar el doble de lo que has invertido el primer año. Qué maravilloso saber que también con el dinero de todos nos vamos a hacer cargo de ese proyecto pedagógico que lo único que hace es sanear las cuentas corrientes de los socios con el dinero de todos.

Lo de las cooperativas de profesores es un entramado muy cuestionable. Son puestos de trabajo que se compran y se venden al mejor postor. Que te garanticen un salario de por vida pagado con los impuestos de todos sin que tengas que pasar por ningún proceso de selección más allá de poner un pequeño capital inicial es muy goloso. Más aún cuando sabes que, una vez hagas la petición de esa cooperativa, a menos que choques con los intereses de algunas de las mafias que hay tras algunas de ellas, vas a conseguir crear tu centro educativo concertado en muy poco tiempo.

Por cierto, las plazas de docentes-socios se compran y se venden. Es habitual encontrarte con anuncios parecidos al siguiente:

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O alguno que, yendo más lejos ya te dice la pasta que te van a cobrar para conseguir ese trabajo de por vida…

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Deberíamos pensar antes de ponernos a defender las cooperativas de enseñanza qué se esconde tras ellas. Un grupo de docentes u otros entramados (que también en la sombra se dedican a unir a docentes para que monten esos chiringuitos) que pretenden comprar su plaza de trabajo pagada con el dinero de todos. Algo que me parece surrealista. Algo que, como mínimo, debería hacernos reflexionar acerca del modelo que demasiados están defendiendo.

Por cierto, si he de poner en la balanza los centros concertados gestionados por organizaciones católicas y las cooperativas, tengo muy claro que las dos fórmulas de gestión educativas son igual de nefastas y cuestionables. No es de recibo que se siga subvencionando con el dinero de todos la economía de algunos.

Que yo haya aprobado unas oposiciones (y sí, podemos decir lo que se quiera de las oposiciones pero son bastante más transparentes que el dedo o la inversión inicial de las cooperativas de profesorado) en justa lid con más de 2000 opositores para unas pocas plazas hace más de una década, y que aún deba estar trabajando a casi dos horas de casa mientras algunos estén en chiringuitos pagados por todos a pocos minutos a pie, es algo que me cabrea. Más aún cuando veo a interinos que no van a poder trabajar este próximo curso por recortes educativos mientras se mantienen esa gestión privada que pagamos todos. Lo siento, no lo veo ni ético ni justo. No es de recibo seguir saneando las cuentas de algunos con el dinero de todos.

La semana en XarxaTIC (vol. I)

A partir de ahora, en formato semanal, se van a resumir los artículos publicados en el blog. Algo que hace mucho tiempo que algunos me pedían y que, por determinadas cuestiones, he ido aplazando hasta hoy. Por tanto inauguro una sección donde van a tener cabida los resúmenes de lo publicado a lo largo de la semana.

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Fuente: http://www.pixabay.com

Abstenerse gurupollas

Artículo controvertido donde se cuestiona un tuit publicado por un docente donde, más allá del tono, defiende la necesidad de introducir gurús en el aula. Contraponer ponentes a docentes es algo realmente complicado, más aún en unas aulas tan difíciles de gestionar como las que tenemos actualmente. Considerar expertos educativos a aquellos que, en muchas ocasiones desde la barrera, hacen predicciones o invitan a usar determinadas prácticas educativas es algo muy difícil de tragar para aquellos docentes que se dejan la piel en las aulas.

Tiempos educativos

Donde se habla de la gestión del tiempo en los centros educativos. De la necesidad de reformular el sentido de los timbres. De la posibilidad de no ceñirse a un tiempo demasiado pautado que, por diferentes motivos, deja poco margen para la necesaria flexibilidad que se necesita.

Medir la calidad educativa por el número de suspensos

A estas alturas de la película tener que justificar el aprobado es de chiste. Peor aún vender la idea acerca de que un gran número de suspensos implique una mejor calidad educativa (algo, por cierto, que está comprando gran parte de la sociedad).

Cuatro millones de euros para recursos educativos

Pagar a docentes para que hagan materiales para publicar en abierto. Si a mí me dieran una cuarta parte de lo anterior me comprometo a elaborar todos los recursos necesarios para olvidarnos del uso de materiales educativos de empresas privadas. Pero no, ese no parece ser el objetivo de este “despilfarro”.

Comparaciones odiosas

¿Aceptamos pene como sustituto de PISA?

La Educación tiene poco de ciencia

Algo tan difícil de medir como es la Educación, ¿se puede considerar ciencia? Considerar ciencia la Educación es lo mismo que considerar medicamento al producto homeopático. Por mucho que algún legislador lo pretenda jamás será lo mismo.

Puede que…

Puede que los cerdos vuelen pero yo no he visto ninguno. Eso sí siempre puedo sacar tiempo para escribir sobre las posibilidades que hay para que lo anterior se convierta en realidad. Las presunciones educativas siempre están a la orden del día. Qué bonito es predecir sucesos que, tal vez nunca se conviertan en hechos reales.

Espero que este primer resumen os resulte de interés.

Puede que…

Ley-de-MurphyPuede que la herramienta tan maravillosa que recomiendo en mi blog educativo funcione. Puede que, aquello que nunca se ha llevado al aula, funcione. Puede que todos esos estudios realizados con un sistema de toma de muestras totalmente aleatorio sirvan para mejorar el sistema educativo. Puede que…

En el mundillo educativo se habla mucho de posibilidades y demasiado poco de realidades. Realidades que nadie que no pise el aula conoce. Realidades que, por mucho que las podamos inferir de lo que nos hayan contado, tienen poco que ver con el día a día. Realidades que dependen de contextos. Realidades que dependen, en demasiadas ocasiones, de situaciones incontrolables.

Creo que todos los docentes en ciertos momentos de nuestra faceta profesional caemos en el error de presuponer cuestiones educativas. Algo que, dentro de la experiencia, supuestamente serían exportables a otras aulas o centros. Algo que, por mucho que nos empeñemos en vender como mejora educativa tiene más de suposición, muy marcada por la subjetividad, que de visión realista del asunto. Algo que nunca puede tomarse al pie de la letra.

Son millones las aplicaciones educativas que se publican. Incluso yo he publicado listados de varias de ellas. Imposible de comprobar el funcionamiento de todas. Hablando por boca de terceros (en cuanto a manuales y uso) para recomendar herramientas que nunca he probado en producción. Herramientas que puede que funcionen o puede que no.

Vender algo que no sabes a ciencia cierta como va a responder por no haber ni tan sólo experimentado con ello es muy peligroso. Más aún en el ámbito educativo. Un ámbito que tiene poco de ciencia y mucho de azar. Un ámbito en el que algunos vendemos, otros compran y, finalmente, alguno dedica a poner lo que ha comprado en producción. Del vendedor al consumidor. Consumidor que, en este caso, no va a ser el usuario final. Consumidor, por cierto y tomándome las libertades de adaptarlo a formato económico (algo que me gusta bien poco), que va a tener poco a ver con el cliente final.

Con la legislación educativa pasa exactamente lo mismo. Puede que funcione o puede que no. Criticar algo que no se ha puesto en producción es válido. Avalar lo que no funciona porque se supone que lo que viene funcionará peor… Creo que en cuanto a legislación educativa la mejor es la que no existe. Las leyes deben ser continuamente revisadas porque, puede ser que por mantener algo que no funciona estemos lastrando aprendizajes. Puede que el inmovilismo que algunos demandan (bajo el pretexto de que se ha de probar que algo funcione -incluso que no lo haga nunca- antes de desterrarlo del ámbito educativo) tampoco sea demasiado productivo.

La Educación está plagada de “puede que…”. Tener la varita mágica para decidir qué va a funcionar y qué no es algo producto de esas películas maravillosas llenas de luces y fantasía. Por tanto, vender que algo va a funcionar es un error. Más aún cuando ese funcionamiento no se ha experimentado nunca en un contexto real.

Hay algo que sí que tengo claro…puede que la tostada untada de mermelada prefiera seguir las leyes de Murphy o no.

La Educación tiene poco de ciencia

Si consideramos ciencia como conjunto de conocimientos estructurados sistemáticamente obtenidos mediante la observación de patrones regulares, de razonamientos y de experimentación en ámbitos específicos, a partir de los cuales se generan preguntas, se construyen hipótesis, se deducen principios y se elaboran leyes generales y sistemas organizados por medio de un método científico, descubriremos que la Educación poco tiene de ciencia. Además, si a lo anterior sumamos la consideración de hechos objetivos y observables para poder generar nuevos conocimientos mediante el establecimiento de criterios de “supuesta” verdad, ya vemos que no hay nada más alejado de lo científico que intentar medir valores que, por mucho que nos empeñemos, dependen demasiado del azar y son demasiado variables en el tiempo.

Fuente: @microBIOblog

Fuente: @microBIOblog

Por tanto, una vez delimitada la falsedad de considerar la posibilidad de aplicar el método científico a la Educación, conviene preguntarse el por qué hay tantos modelos que supuestamente permiten realizar predicciones sobre el sistema educativo. ¿Por qué hay tantos análisis estadísticos que infieren resultados tan divergentes (según se usen de una manera u otra? ¿Por qué hay tanto interés en medir algo que es de imposible medida? ¿Por qué hay tantos estudios que hacen comparaciones educativas que no consideran, en ningún momento, las características individuales del sujeto sometido a comparación?

Fuente: @CharlesMEd_

Fuente: @CharlesMEd_

Me da la sensación que el considerar la Educación como ciencia tiene poco de objetivo y mucho de ideológico. De tener las conclusiones preparadas en función de lo que queramos obtener para, posteriormente, cocinar los datos para que digan lo que nos interesa. De manipular ideológicamente datos para que los mismos puedan ser vendidos para hacer A, B o C. Ratificar una mentira no es decir la verdad. Mantener estrategias pseudocientíficas para algo tan serio como es la cuestión educativa es algo muy peligroso.

Con los datos de un mismo informe educativo se puede demostrar una cosa y su contraria. Algo que destruye cualquier posibilidad de ser objetivos. Algo que excluye el tratamiento científico de los datos. Algo que anula cualquier posible extrapolación de datos y predicción a cualquier plazo de los mismos. El azar tiene poco de ciencia y la estadística mucho de homeopatía. Ni cura, ni permite asomarse a una solución para el problema y, ni tan sólo, plantea un tratamiento holístico del problema.

Eso sí, nunca hemos de olvidar que hay mucha gente que está viviendo gracias a vender pseudociencia educativa. Pseudociencia, por cierto, muy maquillada según los intereses nada objetivos de las organizaciones que hay tras esos informes pseudocientíficos.

Comparaciones odiosas

big_littleHoy me he levantado con ganas, después de leer el artículo del sociólogo Fernández Enguita, de dedicarme a comparar pepinos. Pepinos, chorras, miembros, canelones, vergas, bananas,… o sea, la polla de toda la vida. Sí, hoy tengo ganas de hablar de pollas. De compararlas más bien. De hablar de tamaños. De tamaños y, como no, de lo que se sepa hacer con ellas.

Vamos a hacer un juego. Vamos a dedicarnos a comparar miembros. Vamos a tomar determinadas mediciones y extrapolaremos las mismas para sacar unas estadísticas. Estadísticas que nos servirán para situarnos. Estadísticas que, curiosamente, dicen que los españoles varones tenemos una media de 13,58 centímetros entre las piernas. Un resultado que nos coloca en la media mundial. Por delante de otros países y por debajo de otros. Un resultado que nos debería contentar (o no).

¿Cuál es el problema de la comparativa anterior? Tomar el tamaño del pene como estándar es cometer un error. Más aún cuando uno meando en urinarios públicos y dedicándose a revisar el aparato del de al lado ve que hay muchas diferencias entre lo que se posee (y aquí no me meto en si es mayor o menor -permitidme guardar un poco de intimidad-) y lo que tienen otros. Algo que, curiosamente, depende de más factores de los que uno puede controlar. Algo que tomado como valor absoluto dice muy poco de la utilidad del producto más allá de sus dimensiones.

Lo que algunos pretenden es comparar tamaños sin mirar las causas genéticas que hay tras los mismos. Hay países que, por diferentes motivos, se tiene más larga que en otros. Incluso, dentro del propio país, es muy difícil observar a alguien y, sin verla, deducir el tamaño de su protuberancia. La ropa engaña mucho.

Hay comparaciones odiosas. Más que odiosas, de poco sentido. Analizar cuestiones como la que planteo es un juego muy peligroso. Peligroso porque no permite inferir ninguna conclusión. Peligroso porque, en función de los intereses (¡cuántas empresas están saliendo para ofrecer ese aumento de tamaño que nos venden como imprescindible!), se pervierte el significado de lo que se tiene. Algo que puede hacer mucho con independencia del tamaño. Algo que, por cierto, una educación en su uso eficaz hace mejorar los resultados que se esperan en esos momentos tan especiales.

Reconozco que jugar a quién la tiene más grande tiene su atractivo para algunos. Reconozco que pervertir esa comparación para adecuarla a las necesidades de alguien que poco tiene que ver con mi pene es algo muy peligroso. Más aún cuando a algunos les da por mezclar churras con merinas. Y eso, por mucho que nos empeñemos o tengamos intereses espurios en ello, es un error.

Cuatro millones de euros para recursos educativos

lentejasLamentable. Me parece totalmente lamentable que el Ministerio de Educación saque una convocatoria para que los docentes se saquen unas perrillas (seamos sinceros, las cantidades que se ofrecen para la creación de recursos de calidad son miserables) a cambio de hacer lo que, curiosamente, ya deberían hacer sin necesidad de ser recompensados por ello.

Hay docentes que llevan muchos años elaborando material para sus alumnos, eliminando libros de texto en sus aulas (con el consiguiente ahorro para las familias y la mejora educativa que supone lo anterior) y trabajando de otra forma. Un trabajo, por cierto, que nadie, más allá de la satisfacción personal al ver la cara de los alumnos y su progresión, está recompensando. ¿Por qué la administración no se dedica a valorar lo anterior más allá que “premiar” a unos docentes, muchos de los cuales hasta ahora seguían usando el libro de texto y, seguro que al margen de presentar un truño (perdonadme la expresión) para conseguir ese dinero extra, no están haciendo ningún cambio metodológico en las aulas? ¿Por qué hay tanto interés ahora en potenciar una plataforma educativa (léase Procomún) que ha valido un pastazo y que ni el tato se dedica a visitar? ¿Por qué no se monta un grupo de trabajo serio de las diferentes materias para elaborar unos materiales que se distribuyan por todos los centros educativos y que hagan totalmente prescindible el libro de texto de las editoriales?

Estoy harto de las licencias que se concedieron a determinados docentes que, con muy buena voluntad y un gran trabajo, fueron liberados de sus tareas educativas para hacer un material que permanece cogiendo polvo en algún estante o recopilatorio digital. Harto de que se despilfarren millones de euros de todos para hacer algo que sólo va a servir para mantener ocupados a algunos docentes, que se venden en demasiadas ocasiones por un plato de lentejas. Harto de ver como los que realmente están haciendo cosas en las aulas son ninguneados por parte de la administración mientras que se da dinero a algunos que nunca se habían planteado salirse de las líneas de su manual de consulta favorito.

Yo uso material adaptado de docentes que llevan mucho tiempo compartiendo sus recursos. Recursos que comparten siempre de forma altruista. Recursos que, más allá de algún compañero que los usamos u otros que les tratan de “gilipollas” por compartir en abierto algo que deberían reservarse para ellos, no son valorados por casi nadie. Seguro que el segundo va a ser el mismo que va a presentarse para que le den esta calderilla. Es que hay dinero por medio pensará. Dinero, por cierto, que también te pagan cada mes podríamos responder más de uno. Ni el altruismo sin recompensa (que puede ser incluso no económica) es recomendable ni la inanición por comodidad tampoco. Triste, muy triste.

Creo que el Ministerio debería premiar al docente de aula. A aquel que está haciendo cosas interesantes en la misma. A aquel que está consiguiendo resultados (muy difíciles de valorar y, aún menos, mediante pruebas estandarizadas aplicadas en formato estadístico e impersonal). A aquel que lleva muchos años haciendo mucho sin recibir nada a cambio.

En mi caso lo tengo claro. No voy a crear ningún recurso educativo ni material para que sea publicado en alguno de los portales de esos en los que se ha gastado dinero el Ministerio. Ni aún menos pedir dinero por algo que, como docente, ya llevo tiempo haciendo. No tengo ganas de que con los impuestos de todos se haga un copago educativo. Y dar dinero a cambio de hacer algo que viene implícito dentro de la profesión se llama copago.

Eso sí, si algún día el Ministerio quiere hacer algo diferente al publicitar cara a la galería (y que, curiosamente, también va a servir para desprestigiar al docente -¡qué jugo van a sacar algunos al ver que en épocas de crisis regalan dinero a los docentes!-) determinadas iniciativas y montar un banco de recursos por materias que sirva para eliminar completamente la dependencia del mundo editorial podemos hablar de ello pero, hacer chapuzas, como que no.

Que una empresa privada pague a un docente por determinados servicios me parece bien. Que lo haga el Ministerio, con el dinero de todos, para premiar a muchos que nunca se han planteado hacer recursos y, ahora al ver el dinerillo, lo hagan… uffff.

Lo siento, pero empiezo a estar un poco cansado de ver como los docentes nos tiramos piedras en nuestro propio tejado. Como algunos siempre justifican su inanición por la falta de recompensa. Como demasiados se venden por un triste plato de lentejas que pagamos entre todos.

En el post no he querido entrar en profundidad en el redactado de la convocatoria pero, en el mismo, se habla específicamente del uso de esos recursos como “elementos de evaluación para crear pruebas estandarizadas”. ¿Alguien ve lógico que después de las críticas casi unánimes en los Claustros a las pruebas estandarizadas (diagnóstico, PISA, etc.) los mismos docentes que lo criticaban sean los que publican recursos para favorecer las mismas? Yo lo veo, por ser suave, un poco incoherente.

Medir la calidad educativa por el número de suspensos

calabaza_14_opt(1)Me da la sensación que uno de los problemas educativos en nuestro país es la mentalidad, que aún existe en gran parte de la sociedad e incluso en muchos de los profesionales que hay en las aulas, en relacionar la calidad y la exigencia educativa con el número de suspensos que se otorgue a los alumnos de una determinada etapa educativa. Ayer, sin ir más lejos, en uno de los artículos que leí, donde se hablaba de la carrera de Magisterio, me encontré con lo siguiente.

Ahora puedo presentar algunos datos que señalan que en Magisterio el nivel de exigencia es muy, muy bajo y, así, casi regalan los estudios. De este modo, gente de perfil formativo y cognitivo bajos son quienes entran en los colegios para formar al alumnado. Ser educador es una tarea extraordinariamente exigente y el alumnado egresado de Magisterio no está a la altura.

Se relacionaba directamente el nivel de exigencia (entendiendo como tal el número de alumnos que lo aprueban todo) con la calidad de una determinada carrera universitaria. Se relacionaba el aprobado con un regalo de calificaciones y títulos. Una situación que es demasiado habitual en muchos comentarios de bar y, a veces, trasladado a algunas Juntas de Evaluación.

Relacionar la calidad educativa con el número de aprobados (o de suspensos) es un craso error. Relacionar un porcentaje alto de suspensos con una alta calidad en determinadas asignaturas o titulaciones no es algo que debiera hacerse. No por suspender más uno es mejor profesor. No por tener un porcentaje de aprobados que no llega al cinco por ciento una asignatura es más importante. Algo que curiosamente se da en asignaturas, denostadas por parte de la sociedad con el mantra de “marías”, y que algunos docentes de las mismas se dedican a valorar artificialmente aumentando hasta el infinito el número de suspensos en las mismas (¡siempre me acordaré de aquel compañero de Música que se dedicaba a suspender a más del ochenta por ciento de sus alumnos!).

Aprobar o suspender indica bien poco de la calidad de algo. Las competencias o habilidades que se adquieren en determinadas asignaturas y/o titulaciones no dependen tanto de una foto borrosa (como es el caso de las evaluaciones puntuales -que, curiosamente, son usadas por aquellos que suspenden una mayor cantidad de alumnos-) como de una serie de fotografías, tomadas de forma continua, hasta conseguir hacer un stop motion de su evolución.

La calidad educativa no se mide por las calificaciones aunque las mismas decidan gran parte del futuro de muchos alumnos. La calidad educativa se mide por lo que el alumno “sabe hacer” cuando acaba sus estudios. Algo que se demuestra andando. Algo que, curiosamente, ningún sistema educativo es capaz de valorar. Valorar objetivamente algo que sólo se demuestra cuando nos alejamos del ámbito educativo es muy complicado. Más aún si lo que sigue calando en la mayoría de la sociedad es la relación entre exigencia y número de alumnos suspensos.

Cuando el aprobado no es la tónica habitual (y puede darse esta casuística por diferentes motivos, muchos de los cuales ni tan sólo tienen que ver con el docente) es que algo no está funcionando como debiera. Así pues, ¿por qué no invertimos la mentalidad habitual y buscamos las causas del suspenso? Porque, que a estas alturas de la película, tengamos que buscar las causas del aprobado es de chiste. De chiste malo, por cierto.

Este post me ha servido para recordar mi etapa como estudiante en una Ingeniería. De esas que, supuestamente, son tan duras por el número de suspensos que tienen. Curiosamente, la asignatura con mayor número de suspensos (había una en primero en la que aprobaron, en primera convocatoria, seis personas de más de doscientas) es una de las que, hablando con compañeros de Facultad al cabo de los años, ha sido de lo más inútil que se ha estudiado. Una anécdota que me ha apetecido aportar a uno de los habituales redactados incoherentes. A propósito, los mejores ingenieros de mi promoción (que se han rifado algunas multinacionales europeas) no son los que sacaron mejores calificaciones en la Universidad. Precisamente, la alumna que tenía el expediente más brillante está dando clases en un Instituto :)

Tiempos educativos

relojinexorableEn nuestro sistema educativo todo se basa en los tiempos. Tiempos de estabulación en infantil, tiempos de estabulación en primaria, tiempos de estabulación en secundaria, número de horas de matemáticas, número de horas de ciencias sociales, tiempo que dura el patio, horarios intensivos o partidos, etc. Unos tiempos que marcan el devenir de la Educación de miles y miles de chavales que aterrizan en un sistema educativo. Un sistema educativo más basado en la temporalización que en su eficiencia. Tiempos perdidos y gastados en actos altamente cuestionables.

No hay nada en el propio sistema que se individualice más allá de unos tiempos pautados y rígidos. Unos tiempos que, analizados de forma matemática, nos dan un escalofriante baile de horas perdidas (mejor dicho, no ganadas) en un sistema cuya base es la progresión temporal. Progresión, más allá del aprendizaje. Suficientemente dirigida por unos plazos que se deben cumplir. Unos plazos que, sin necesidad de ningún tipo de demostración (léase repeticiones o promociones automáticas por edad) hacen que en algún momento se rompa el equilibrio del alumnado. Un equilibrio siempre al filo de la navaja de unos tiempos que se están demostrando cada vez más inútiles.

Cuando uno habla de la temporización de ciertas actividades educativas comete un error. Temporizar algo a tres, cuatro o a las horas que se decidan es estar abocado al fracaso. Temporizar globalmente es un defecto de forma. De forma y de fondo. No hay dos alumnos iguales por mucho que todo el sistema se empecine en ello. Eso sí, temporizar por exceso, potenciando el aburrimiento, es igual de pernicioso que hacerlo por defecto.

¿Por qué nadie se plantea abrir los tiempos en esa amalgama educativa que funciona a golpe de timbres? ¿Por qué la individualización (o atención individualizada) no incluye diferentes tiempos para alumnos que son tan diferentes entre ellos? ¿Por qué no permitir que uno se tome el tiempo que requiera? ¿Por qué no relajamos parámetros mesurables para obtener resultados atemporales? ¿Por qué no decidirse a romper la dinámica de tiempos y estados?

Los tiempos son peligrosos. Peligrosos y dañinos. Unos segundos que se convierten en minutos. Pasan a horas, días y años. Unos años que se pierden en inconsistencias y cuyos resultados son de lo más triste. Unos años de progresos desiguales. Unos años que, al estar tan pautados, potencian el fracaso. Un fracaso, que en la sociedad donde se van a incorporar “los que hemos ayudado a fracasar”, se va a notar. Más bien se está notando desde hace tiempo. Una sociedad también fracasada en sus tiempos. Una sociedad que sigue manteniendo el mismo error de la Escuela. Una sociedad cuya máxima es el tiempo. Un tiempo mal gestionado y mal consumido. Un tiempo tan escaso, que da pavor ver como se nos va de los dedos. Un tiempo que, desde tierna infancia, nos obligan a desperdiciar.

Por cierto, ¿alguien se imagina que a un médico le dijeran que ha de hacer una operación exactamente en 60 minutos y que, en caso de que en ese tiempo no haya acabado, le obliguen a dejar morir al paciente?

Abstenerse gurupollas

Con todo el cariño del mundo, señor Boris Mir, voy a permitirme responder a uno de sus tuits. Ni los docentes de aula dan la manía que usted se cree (por cierto, triste apreciación para sus compañeros de profesión), ni todos los ponentes a los que usted parece que admira de esos eventos educativos, en los cuales por lo que se ve usted también participa, son excelentes profesionales.

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Se puede hablar de cuestiones metodológicas que consideramos, siempre desde la perspectiva subjetiva, malas. Podemos criticar a los centros educativos como institución obsoleta. Podemos criticar el sistema de acceso a la docencia. Podemos, incluso, criticar a los docentes que usan herramientas que, tal vez, no creemos que sean las más adecuadas para nuestros alumnos. Pero, de ahí, a hablar de lo maravillosas que son las ponencias y a la mierda que nos encontramos en las aulas va un largo trecho. Las aulas y los docentes que hay en las mismas son demasiado difíciles de taxonomizar. Las aulas son muy complejas y, es por ello, que en las mismas puede haber “mierda” pero también hay ilusión. Ilusión y buen trabajo que se demuestra en el día a día. Mucho del cual queda oculto y menos transparente que lo que se debería. Muchos docentes trabajan muy bien y no tienen todo el apoyo que necesitan para poder mejorar. Por cierto, son la mayoría de ellos. Al menos, la inmensa mayoría con los que me encontrado trabajado codo con codo (con los que puedo discrepar pero jamás atreverme a considerarlos como usted hace).

Eso sí, si se refiere a los alumnos cuando habla de “mierda”… prefiero no entrar en ello. Desafortunado su tuit señor Mir. Realmente, muy desafortunado. Por cierto, en mi clase también voy a poner un cartel… ABSTENERSE GURUPOLLAS.

Consideramos “gurupollas” a aquellos personajes que ejercen de falsos profetas. Normalmente circulan por la red o dando diferentes ponencias, alejados del aula en busca de un minuto de gloria sin un objetivo concreto. Muchos de ellos se autoconsideran expertos, influyentes, gurús, expertos, evangelizadores e, incluso, ninjas. No confundir con aquellos que, con gran capacidad y experiencia, hablan de las cuestiones que conocen con gran maestría. La línea que separa al experto del gurupollas es muy fina y, por ello, a veces difusa.

El síntoma de certificar al pepino

pepinoUn pepino no tiene ninguna culpa de ser pepino. El problema es seguir manteniendo al pepino cuando lo que se necesita es incorporarlo a un sabroso gazpacho. El pepino madura hasta llegar a su eclosión en lugares llenos de nutrientes. Recibe la temperatura adecuada, se le riega en formas y tiempos e, incluso, se le añaden nutrientes para que no se quede esmirriado. Inversión de recursos para obtener ese alimento tan necesario para poder ser incorporado en la dieta mediterránea. Mediterránea o internacional (que con esto de la globalización ya se sabe).

Cuando el pepino se trata mal, en nuestro país que somos muy de aprovecharlo todo (sólo hace falta ver algunos casos), lo único que conseguimos es que, tanto a nivel visual como en sabor, sea parecido a cualquier cosa menos a un pepino. Un pepino mal tratado será sólo una sombra de lo que debería ser. Inútil y poco atractivo para el comprador. Feo con ganas. Hiriente a la vista.

En nuestro país vendemos pepinos en mal estado. Les damos un certificado que garantiza, supuestamente, que está listo para el consumo y lo vendemos en las tiendas de comestibles (incluyendo, como no, en un modelo ultracapitalista como el que nos rodea, las grandes superficies). Certificamos un mal pepino. Damos validez a algo que, más allá de la suposición que alguna vez fue pepino, se parece más a una profusión de colores en diferente grado de putrefacción que a un pepino de esos que da gusto observar.

¿Qué pasa cuando ponemos a la venta pepinos y alguno, por error, compra pepinos para adiestrar a otros pepinos? ¿Qué pasaría si en el país del pepino se escogiera a los peores pepinos para que colaboraran en la producción de los futuros pepinos? ¿Qué pasaría si cada vez fueran más los pepinos que, sin ningún tipo de criba, llegan a esos entornos de producción? ¿Qué pasaría si a los anteriores se les da un manual de instrucciones con el “paso a paso” de la producción de pepinos y les cuesta ir más allá de lo anterior? ¿Será posible obtener una producción de mejores pepinos o cada vez tendremos unos pepinos más malos? ¿Nos cargaremos la empresa o la empresa, por efecto dominó, se cargará el resto de productos que dependen del pepino?

El pepino siempre será pepino por mucho que nos empeñemos. El problema es el tipo de pepino que va a ser. Un pepino que dependerá mucho de las características que le exijamos, del proceso de producción y, como no, de quien se encargue de la gestión del mismo para que consiga ser un pepino atractivo.

Del buen pepino al mal pepino va una gran distancia. Una distancia que, como más tiempo tardemos en actuar sobre el modelo productivo del mismo, va a seguir haciéndose cada vez mayor.

Un artículo muy relacionado con una noticia que habla sobre la gran cantidad de titulados de FP de grado superior que no superan unas habilidades lingüísticas básicas.

¿Realmente las TIC han cambiado la metodología?

El convencimiento, basado en lo que leo, veo y constato, me hace sospechar de que los modelos educativos en nuestro país (y en muchos otros) perpetúan metodologías que, con la tecnología, pueden ser totalmente contraproducentes. Modelos que podían haber funcionado pero que, trasladados a un uso intensivo con herramientas tecnológicas, agravan sus errores y eliminan cualquier cosa positiva que pudieran haber tenido. No existen metodologías únicas, lo que sí que existe son malos modelos metodológicos que, lo único que hacen las TIC, es amplificar.

En el siguiente gráfico aparecen algunas cuestiones que analizan la efectividad de nuevos modelos mediados por las TIC (o sin ellas) frente a metodologías (me gusta bastante más la palabra que pedagogía) que, por muy modernas que parezcan, son totalmente inefectivas. Algo que se parece mucho a lo que pasa en muchas aulas. Algo que sería bueno plantearse desterrar de las mismas.

Fuente: Atribuida a Michael Fullan

Fuente: Atribuida a Michael Fullan

Las características que, supuestamente, habría de reunir una metodología mediada por las TIC sería la siguiente:

  • Establecimiento de un aprendizaje cooperativo entre alumnos y docentes. O entre los propios docentes. Imprescindible para poder trabajar en proyectos donde participen todos. No hay nada mejor que, a pesar del voto de calidad del docente, se pueda establecer una red de colaboración eficaz entre los diferentes actores del sistema para sacar algo adelante.
  • Tareas transversales (donde se engloben las diferentes asignaturas) a largo plazo. La complejidad de las mismas también debe ser elevada ya que ello exige una mayor concentración en su realización.
  • Las tareas deben tener objetivos claros (¿qué pretendemos con ellas?) y definido de forma muy clara su modelo de evaluación (los alumnos necesitan saber qué y cómo evaluaremos las mismas).
  • Dar a los alumnos control y gestión sobre su proceso de aprendizaje. Algo que choca con un sistema educativo basado en relacionar curso académico y edad. Una situación que deberían replantearse los que deciden sobre temas educativos. No tiene sentido establecer la equivalencia actual porque la edad no debería ser un factor a considerar en cuanto al aprendizaje (hay alumnos que aprenden algunas cuestiones antes que otros).
  • Un continuo feedback y evaluación continua del trabajo realizado. Mucho esfuerzo para el docente pero un sistema de guiado muy eficaz para el alumno.
  • Uso de las TIC y el resto de recursos para identificar el proceso de aprendizaje individualizado de cada alumno y, mediante su análisis, proceder a un cambio en las estrategias de enseñanza y aprendizaje (en caso que esto sea necesario). No se debe mantener una estrategia única y la misma puede (debe) variar en función de los alumnos.

Eso sí, normalmente nos encontramos con lo siguiente. Algo que se acentúa con el uso de las TIC:

  • Dar demasiada autonomía al alumno. Dar autonomía es positivo. Dejar de guiar al alumnado para usar exclusivamente el sistema de evaluación sin controlar el proceso educativo, un error.
  • Tareas cortas que engloben sólo una unidad didáctica o tema y que no sean transversales. Con la facilidad de comunicación que ofrecen las TIC y algunas herramientas es, pongamos cuestionable, seguir planteando el aprendizaje como el resultado de diferentes nichos trabajados sin ningún tipo de relación entre ellos (aunque, he de reconocer, que muchas veces es lo que sucede porque no hay coordinación ni ganas de trabajar en proyectos comunes en muchos centros educativos).
  • Excedernos del control antes que los alumnos adquieran sus propias estructuras de aprendizaje. Cada alumno tiene una forma de aprender. Intentar que todos aprendan de la misma manera es un error.
  • Inexistencia de feedback continuo y sólo analizar el proceso educativo una vez las tareas ya han sido entregadas.
  • Usar las TIC exclusivamente para entregar contenido y evaluar el proceso pero no para proceder a cambios en las estrategias metodológicas.

Visto lo anterior debo reconocer que, la mayoría de usos que se dan a las TIC, sirven exclusivamente para ahondar en metodologías erróneas o convertir metodologías que no funcionaban del todo mal en un auténtico despropósito. Eso sí hay excepciones que, lamentablemente, aportan bien poco al aprendizaje global por estar realizadas en centros educativos donde la mayoría de sus miembros siguen optando por “hacer lo de siempre” con nuevas herramientas.

Como llevo tiempo dicendo… prefiero mil veces a un docente que no use las TIC y gestione bien el aula, que a uno que las use para hacer lo mismo de siempre.

¿Es tan mala la Universidad española?

agronomos_lleidaSi uno se guía por cuestiones mediáticas y declaraciones de los políticos responsables de la Educación en nuestro país, queda claro que la Universidad española parece un auténtico desastre. Artículos que hablan del bajo nivel de nuestros graduados universitarios comparándolos, en nivel, con alumnos de secundaria japoneses. Otros que hablan de la Universidad y de la investigación que se realiza en la misma por parte de sus profesionales para convertir a esos docentes e investigadores en simples hacedores de papers. Muchos artículos en diferentes blogs que hablan acerca de la falta de democracia en las instituciones universitarias y en la endogamia en la contratación del profesorado. Todo ello mezclado con un desprecio absoluto a lo que sucede en las Universidades.

Que la Universidad española es un nido de corrupción no lo discuto. No puedo discutirlo conociendo compañeros míos que se quedaron para hacer el doctorado y han conseguido medrar hasta su plaza (haciendo grandes esfuerzos, convirtiéndose prácticamente en esclavos y teniendo que lamer demasiados traseros). Tampoco puedo hacerlo sabiendo cómo se eligen los rectores de las mismas y las presiones, muy alejadas de cuestiones educativas, para que salga uno u otro. Es un nido de víboras. De luchas de poder entre Departamentos. De una competencia brutal sobre quién se queda con tal o cual investigación. De un aprovechamiento de los asociados que cobran miserias para dar las clases que los titulares prefieren no pisar. De docencia, en muchos casos, que se plantea como objetivo secundario de muchos profesores de lo que pululan por ahí. Pero, ¿realmente con lo anterior podemos inferir que la Universidad española es mala? ¿Es lícito, a pesar del funcionamiento interno de la misma, plantearnos que la Universidad española no es tan mala como nos la pintan?

Reconozco que en la Universidad española se habría de realizar una completa limpieza. Limpieza de prácticas del medievo que siguen funcionando en las mismas. Reconozco que, en demasiadas ocasiones, la Universidad está perdiendo su función principal: la de contexto cultural por excelencia. Reconozco que me gustaría ver muchos cambios en su funcionamiento pero, de ahí a decir, como insinúan algunos, que toda la Universidad española es un desastre…

Si la Universidad española fuera un desastre no tendríamos los profesionales que tenemos. Los médicos que operan en nuestros hospitales son producto de esa Universidad. Los ingenieros, arquitectos y abogados también. Los que gestionan la mayoría de empresas, en su parte más técnica, tienen un título que les permite ejercer una función imprescindible. Por cierto… a los titulados españoles se los rifan en otros países, ¿por qué será?

La Universidad española tiene mucho que mejorar. Hay muchas cuestiones sobre las que conviene trabajar. Y muchos que somos y seremos críticos con el entramado que se ha generado en la misma también vemos que no es tan mala. No creo que aporte unos malos profesionales al sistema. No creo que la sociedad se resienta por una mala calidad de la misma. Lo que sí que es óbice es que hay mucho por hacer.

Vender que la Universidad española es un desastre sesgando los valores positivos de la misma (que los tiene) es algo que demuestra intereses muy alejados de las necesidades reales de los alumnos que se hallan completando su formación en las mismas. Sí, como he dicho antes, hay mucho por hacer. Muchas cuestiones a sanear pero, no por ello, podemos generalizar una afirmación a la que los hechos (aceptación de nuestros títulados en otros países, calidad de los profesionales que se trabajan en el nuestro, etc.) se encargan de desmentir.

Algunas claves para la mejora educativa

No me gustan los informes educativos, especialmente por venir siempre su interpretación sesgada por intereses políticos. Últimamente estamos asistiendo al desembarco de diferentes informes de la OCDE (PISA, TALIS, PIAAC, habilidades financieras, etc.). Informes que, en nuestro país, vienen a ser interpretados por parte del Ministerio de Educación, para decirnos que el sistema educativo español hace aguas por doquier. No voy a entrar en eso. Cada uno que decida, según su carga ideológica, el valor que piensa dar a lo anterior. Lo bueno es que, como mínimo, hace que muchos hablen sobre temas educativos. Algo muy necesario. Algo que está siendo muy positivo.

Hay un informe del que me gustaría hablar. Bastante más desconocido que PISA pero del cual se pueden extraer conclusiones bastante interesantes. Unas conclusiones bastante relacionadas con cuestiones realmente interesantes. Especialmente en lo que hace referencia a la exposición de las tres claves para realizar una mejora educativa. Claves que se desprenden del siguiente documento, redactado por Michael Barber y Mona Mourshed, para McKinsey, donde se intenta obtener los factores que hacen que determinados sistemas educativos estén en el top de los rankings (nos guste más o menos la palabra).

Fuente: McKinsey 2007

Fuente: McKinsey 2007

Tres claves que, según ellos, van a marcar la mejora educativa: la calidad de los docentes, la metodología y la capacidad de la individualización del aprendizaje para que todos los alumnos tengan éxito. Algo que, de una manera más completa, se desglosa en la siguiente tabla.

Fuente: McKinsey 2007

Fuente: McKinsey 2007

Una tabla donde se nos exponen algunos parámetros que harán posible una mejora educativa. Parámetros basados en los tres factores claves que plantean.

A nivel del profesorado

  • Calidad académica del mismo (sólo el 10% mejor de cada remesa de estudiantes universitarios debería optar a la docencia)
  • Que fuera una de las tres carreras más demandadas por el alumnado que quiere entrar en la Universidad
  • Rigurosos procesos de selección y prácticas antes de entrar en el aula
  • Formación inicial del profesorado en pequeños grupos (máximo uno tutorizando por cada diez futuros docentes)
  • Compensación económica acorde con otros titulados universitarios

A nivel de metodología

  • Más de 20 semanas de formación metodológica para los nuevos docentes
  • El 10% del horario del docente debería dedicarse a su desarrollo profesional
  • Evaluación de fortalezas y debilidades mediante prácticas compartidas (evaluación entre pares)
  • Observación y transparencia de las diferentes prácticas educativas por parte de los docentes
  • Los directores de los centros educativos deben ser los más capacitados para ello
  • Se debería invertir unos 40 euros por alumno y año para mejorar la práctica docente (o sea que, en un centro de 200 alumnos, se debería invertir 8000 euros anuales en formación de su profesorado)

A nivel de personalización del aprendizaje

  • Crear unos estándares apropiados para mejorar el sistema
  • Los centros educativos deben conocer sus fortalezas y debilidades
  • Mecanismos efectivos para apoyar a aquellos alumnos con problemas
  • Inversión y apoyo (a nivel de recursos humanos) donde más impacto tenga

Unos puntos que permitirían, según McKinsey, aproximarse a un sistema educativo ideal. Un sistema educativo basado en la capacitación de sus docentes, con una carrera profesional en condiciones, metodologías compartidas y ayuda a aquellos alumnos con problemas. Unos puntos en los que, con determinadas dudas acerca de cómo plantear algunos de ellos (especialmente en el tema de gestión de recursos -cómo y quién lo gestiona- y al establecimiento de estándares), podría estar bastante de acuerdo.