Acceso abierto a materiales educativos

La cuestión del acceso abierto a documentos, experiencias y otro tipo de materiales educativos es algo cada vez más demandado. La facilidad de compartir y el acceso desde cualquier punto con conexión a internet a cualquier tipo de información hace que las limitaciones tecnológicas no sean el elemento limitante que existía anteriormente.

Hace ya algunos años la distribución de conocimiento seguía vías pautadas (mediante legajos distribuidos en formato papel que sólo eran accesibles en determinados lugares). Hoy en día eso ha cambiado. Los nuevos medios, las redes y los nuevos nodos de comunicación han hecho que gran parte de las infraestructuras que albergaban esos documentos se hayan quedado obsoletas.

Supongo que alguno se planteará si es lógico (o satisfactorio) publicar unos documentos que les han costado elaborar de forma abierta. Seguro que más de uno se plantea la necesaria “venta” de su material. La posibilidad de obtener beneficio económico por el mismo. Por un material que ha supuesto un desembolso (en tiempo y, en bastantes casos, dinero) para el autor del mismo.

Podemos entrar en un tema controvertido. Como docente a uno ya se le está pagando por ese trabajo. Todo el material usado o empleado en el aula, según cuestiones legales más o menos espinosas, pasan a ser propiedad del centro educativo. Y, por ende, de la Administración pertinente. Algo realmente interesante que muy pocas veces se aplica, considerando al autor el único beneficiario de su material.

Más allá de cuestiones legales conviene seguir el sentido común. ¿No existirán beneficios -directos o indirectos- por el hecho de compartir un material en abierto? ¿No se permitirá que se conozca el trabajo del docente que ha creado el material? Compartir no significa renunciar a la propiedad. Simplemente significa distribuir conocimiento. Un conocimiento que, por cierto, también recibe el autor del material que comparte. Jamás se va a llegar a compartir tanta documentación o experiencias educativas como uno ha recibido. Los outputs siempre se van a quedar a años luz de los inputs.

A nivel económico los salarios los paga la Administración educativa. Que pague por igual a quienes elaboran materiales propios que a los que usan el libro de texto de una determinada editorial es algo que nos podemos cuestionar (por sus connotaciones y las desigualdades que se desprenden de lo anterior) pero, más allá de ello, ¿es realmente necesario que materiales que nunca se van a monetizar no se distribuyan en abierto por la red? ¿Es lógico pensar en esconder algo antes que mostrarlo?

Simplificando, la documentación en abierto es actualmente digital, online, libre de costes y sin los yugos de la mayoría de restricciones (la más conocida, el copyright). De forma ideal… la única obligación es atribuir al autor del material su trabajo. ¿Por qué remover las restricciones? Simplemente para compartir conocimiento y acelerar el desarrollo de nuevos materiales. Rompiendo las barreras y permitiendo el usufructo masivo se genera mucho valor añadido a documentos (u otro tipo de materiales), que si permanecieran cerrados, no tendrían ningún valor para la comunidad educativa. Una comunidad que crece con cada una de las aportaciones en abierto de sus miembros. Una comunidad que, por suerte, cada vez se halla más en período expansivo.

Esperemos que la tendencia ascendente se mantenga.

Comments

  1. says

    Es más, la administración debería hacer un esfuerzo decidido por la elaboración de materiales en abierto. Cuanto le puede costar a una consellería pagar a unos cuantos informáticos y docentes por elaborar materiales curriculares (no libros digitales, por favor) para toda una etapa? algo comparable a lo que gastan en subvenciones directas o indirectas a editoriales?
    Y si me pongo radical, prohibo el libro de texto en las escuelas públicas.

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  1. […] Acceso abierto a materiales educativos La cuestión del acceso abierto a documentos, experiencias y otro tipo de materiales educativos es algo cada vez más demandado. La facilidad de compartir y el acceso desde cualquier punto con conexión a internet a cualquier tipo de información hace que las limitaciones tecnológicas no sean el elemento limitante que existía anteriormente. Hace ya algunos años la distribución de conocimiento seguía vías pautadas (mediante legajos distribuidos en formato papel que sólo eran accesibles en determinados lugares). Hoy en día eso ha cambiado. Los nuevos medios, las redes y los nuevos nodos de comunicación han hecho que gran parte de las infraestructuras que albergaban esos documentos se hayan quedado obsoletas. Supongo que alguno se planteará si es lógico (o satisfactorio) publicar unos documentos que les han costado elaborar de forma abierta. […]

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