Análisis educativo

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analisissangrePara aquellos que, por desgracia, nos vemos en la obligación de acudir al médico cada cierto tiempo, una de las pruebas más demandadas por parte de los profesionales que nos atienden es la de la extracción de sangre para obtener, de forma bastante fácil, una primera impresión del estado de nuestra salud. Un estado que, por mucho que exteriormente se aparente una situación determinada, se ve analizado profundamente con una prueba bastante rápida e indolora (excepto para aquellos más aprensivos).

Siempre me he planteado que al sistema educativo se tendría que incorporar algo parecido a lo anterior. Algo que, más allá del efectismo que suponen los nuevos medios y las maravillas de aplicaciones educativas que nos inundan en estos últimos tiempos, permitan detectar la realidad del sistema. Una realidad cuyos resultados no se evalúan más allá de pruebas mal diseñadas e implementadas. Una realidad que se manipula por el docente de turno en función de “lo bien” que le salgan sus clases (sea con el método que sea).

El sistema nunca se ha analizado en profundidad. No hay ganas o no hay mecanismos para hacerlo en condiciones. Por tanto, se parte ante cualquier introducción de ¿nuevas? metodologías y nuevos medios, de la inexistencia de un análisis del estado inicial del sistema. Un estado inicial que muchos suponemos. Un estado inicial que demasiados manipulan para que sus prácticas se consideren como una mejora educativa fiable.

Hace ya unos años que empecé con esto de las nuevas tecnologías en el aula. Unos años que pasan muy deprisa. Unos años en los que he visto diferentes formas de introducción (desde dotación de aulas de informática hasta llegar al modelo 1 a 1). Unos años en los que han aparecido siglas y palabrejas cada vez más complejas (MOOC, SAMR, TEP, empoderamiento, etc.). Todo ello aderezado con la aparición de los primeros clanes educativos. Esos clanes de las redes sociales. Unas redes sociales sin las que un docente “que quiera mejorar su práctica docente” no debería vivir. Unas redes sociales de las que algunos se marchan y otros llegan. Unas redes sociales que en los últimos años se han convertido en el lugar donde pasar el tiempo so diferentes pretextos.

¿Es real la mejora que experimenta el docente usando redes sociales profesionalizadoras? ¿Es exportable la práctica educativa, de resultados no evaluados más allá de la visión subjetiva de quien la aplica, a otros contextos? ¿Hay renovación en los medios de transmisión de la comunicación más bidireccionales (según algunos omnidireccionales)? ¿Hay tanto campo para una experimentación que nunca se evalúa en condiciones? Realmente, ¿a alguien le interesa que le evalúen las prácticas que les hacen pertenecer a uno u otro clan?

Dudo de las prácticas innovadoras, de los resultados de la aplicación de las TIC en el aula, del posicionamiento entre “nosotros y ellos”, de las emociones que se disfrutan en entornos donde la crítica al modelo de uno es inexistente. Dudo que pueda existir una mejora educativa sin una evaluación del sistema más allá de las sensaciones de quienes creen que hacen cosas diferentes. Estoy en un período de duda que, seguramente, un análisis educativo en profundidad me permitiría disipar.

1 Comment

  1. Pim, pam, pum, bocata de atún.
    Lo jodido de lo complejo es que es complejo y lo peor de lo peor es que sea lo peor. Por eso ir de extremo a extremo es comerse el pan y dejarse el atún.

    El sistema educativo no es un sistema, son muchos, diferentes y no articulados, de hecho algunos de ellos ni saben que forman parte del sistemA con mayúscula, que la pongo donde me sale del teclado porque como no “funciona” pues me da más o menos igual.

    Es indudududable que los alumnos aprenden, aprenden todo el día, a todas horas y en todas partes, igual que también es indudududable que les suda la polla aprender lo que la Normativa Educativa dice que han de aprender, por tanto hay un conflicto de intereses. Conflicto que en el caso de los adultos se resuelve fácilmente porque vemos una utilidad en el aprender que los alumnos no ven, o más bien al contrario ven justamente que es una pérdida de tiempo y esfuerzo ya que su primo o el que se folla a su madre es ingeniero y vende pan, o es médico y pone gasolina o es permatozoide y no encuentra óvulo disponible. Por tanto, sin un punto de anclaje es difícil mantener la nave contra las inclemencias de la vida moderna.

    Otra cosa es otra cosa y pensar que poner ordenadores, o el aparato que sea, en las aulas captará irremisiblemente la atención de los alumnos y les hará aprender más rápido en PDF (o Flash incrustado y capadísimo) que en papel es del género memo, género que por otra parte está bastante extendido entre la población adulta con capacidad de decisión. Por eso las aulas de informática eran el lugar donde la frase más popular era: “¡Ya está! ¿Puedo jugar?”, aunque hace tiempo que cambió por “¡Ya está! ¿Puedo ir a Internet?” y luego cuando intentabas ver qué habían aprendido, te dabas cuenta de que bien poca cosa, pero el juego se lo pasaban mucho mejor que tú, que lo intentabas cuando la clase estaba vacía mientras configurabas otros equipos.

    No, el sistema educativo no es el problema, el problema es la sociedad. Los chavales aprenden y mucho. Y además son críticos, tienen opinión y la expresan, se niegan a hacer cosas inútiles, renuncian a esforzarse porque nada les hace ver que ese esfuerzo les proporcionará ningún beneficio que valga la pena. Y al igual que en la sociedad, la mediocridad lo ha cubierto todo con una espesa capa de la que es muy difícil salirse. Pero aun así, hay quien sale.

    Una abraçada!

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