xarxatic

nov 182011
 

En los últimos meses muchos me habéis preguntado si había habido algún cambio en el temario de acceso a determinados cuerpos docentes (sobretodo en el caso de los maestros, en sus diferentes especialidades). Hoy se han publicado en el BOE los nuevos temarios que han de regir las próximas convocatorias de los procesos selectivos docentes (con el número de temas y cuales van a ser los mismos) para maestros, profesorado de secundaria (con una especificidad y documento aparte para los de EOI) y técnicos de FP. Por tanto, como considero que la información puede ser de mucho interés para todos aquellos que os estéis preparando (o pretendáis hacerlo) para optar a dichas oposiciones, os enlazo los tres documentos básicos que se han publicado hoy y, que serán válidos a partir de los siguientes procesos selectivos.

La diferencia fundamental (después de una vista rápida a la documentación publicada) se halla en el Cuerpo de Maestros, donde la tónica general (en sus diferentes especialidades) ha sido del paso de los 25 temas actuales hasta los 60, y un mayor desglose en los temas de secundaria (donde aparte de enumerar el tema, se establece unos conceptos a seguir para su desarrollo).

Espero que os sea de utilidad.

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nov 142011
 

Después de escribir un artículo hace un par de meses sobre las recomendaciones para el docente del siglo XXI y, gracias a una herramienta que he encontrado por la red (en medio de la vorágine que existen para diseñar nubes de palabras clave), he intentado plasmar en una sola imagen aquellos roles que sería deseable que poseyera ese docente que, día a día, se encuentra y ejerce su función en las aulas de nuestro país. ¿Utópico? Quizás, pero las posibilidades que en un tiempo no muy lejano sean roles estándard y asumidos por esos docentes están ahí y, dependerá más de los docentes que de cualquiera externo a ellos.

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nov 132011
 

Muchas veces me preguntan por cuál sería la mejor herramienta para escribir y maquetar un periódico escolar. Siempre he respondido que, en muchos casos depende de la visión particular de cada cual y, de las posibilidades y necesidades específicas que se tengan a la hora de hacer dicha revista.

Antes de proceder a exponer la herramienta que voy a recomendar (por experiencia propia), cabe recordar que una revista escolar “es un instrumento para estimular el aprendizaje del alumnado, que permite además dar a conocer la imagen institucional del plantel (de alumnos y profesorado) compartiéndolo con el entorno social, ya que este se trasforma en un medio para que los aprendizajes conceptuales e instrumentales se pongan en práctica” (fuente).

Los objetivos que, un docente o centro pretende con la creación de dicha revista acostumbran a ser los siguientes:

  • Crear una revista escolar en la que se desarrollen temáticas vinculadas a la comunidad educativa
  • Establecer nexos entre los miembros de toda la comunidad a partir de ideas en común
  • Incentivar en los alumnos el periodismo y la literatura como medios de expresión
  • Publicar los eventos más importantes que se están (o han) realizado en el centro, para proceder a su divulgación
  • Abarcar diversos tópicos de interés para el alumno
  • Proyectar la imagen de la institución educativa ante la comunidad escolar
  • Aumentar el sentido de pertenencia dentro de la institución educativa

Por tanto, la creación de una revista escolar es algo que siempre se ha de potenciar en nuestros centros educativos.

Después del breve inciso, sin el cual podría no tener sentido hablar de herramientas para crear una revista (y maquetarla correctamente), os recomendaría que usarais Scribus, gratuito, compatible y disponible para todas las plataformas (Linux, Mac y Windows) para dicha labor.

Una buena presentación donde os hablan de Scribus, es la siguiente (donde se dan ideas sencillas de su uso -que tendremos que readaptar a las nuevas versiones, ya que se trata de una presentación bastante antigua- y se muestran algunos resultados de su uso).

 

Y, para conocer un poco más su uso, os recomiendo los siguientes enlaces (donde se explica, en muchos de ellos, su uso desde los principios más básicos y con un gran detalle).

Existen muchos manuales/tutoriales más en la red, pero los dos anteriores son, a mi entender, de los más completos.

Eso sí, la herramienta, aparte de ser excelente para la tarea encomendada (creación de una revista escolar), también nos permite realizar dípticos, trípticos, pósters,… Es decir, casi cualquier tipo de formato visual le puede ser encomendado con garantías.

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nov 102011
 

No se si considerar la que viene a continuación como una entrada de “humor”, o como reflejo de la realidad que vivimos y experimentamos día a día los docentes a los que se nos ocurre ir, para realizar tareas académicas de diferentes tipos, a ese ingrato lugar de nuestro centro educativo. No creer en las leyes de Murphy es desconocer la realidad que implica llevar a nuestros alumnos a ese lugar “vedado” y “deseado” de los centros educativos.

Pero vamos a lo que interesa y, a expresar en voz alta aquellas cuestiones que siempre nos surgen a la hora de usar el aula de informática de nuestro centro educativo.

  • ¿Por qué se halla reservada a todas horas cuando pasando por delante casi nunca ves a nadie dentro? ¿Será la clase fantasma impartida por el docente que ha recortado la administración educativa?
  • ¿Por qué casi nunca conseguimos encontrar la llave específica del aula que, alguno de nuestros compañeros no ha devuelto a su lugar o se halla perdida en el más recóndito de la infraestructura de nuestro centro educativo? Para evitar que se de esta situación, son muchos los centros educativos que han optado por incorporarle un llavero de dimensiones considerables para favorecer su búsqueda… pero, sigue desapareciendo con demasiada asiduidad
  • ¿Por qué el día que tenemos preparado un material específico para realizar en la red no funciona la conexión a internet de nuestro centro? Diréis que es casualidad, pero cuando las casualidades implican que internet funciona previamente a la entrada en el aula, deja de funcionar cuando se encienden los equipos y, vuelve a funcionar cuando suena el timbre…
  • ¿Por qué desaparecen las bolas de los ratones, incluso que se haya tenido la precaución de pegarlas con superglue? ¿No saldría más a cuenta tener ratones ópticos?
  • ¿Por qué nunca nos acordamos de la contraseña del ordenador del profesor? Y, si alguna vez nos acordamos de la misma resulta que ese día el coordinador de informática la ha cambiado
  • ¿Cómo es que muchos docentes usan el aula de informática como aula multimedia para ver maravillosos vídeos de Youtube o pirateados directamente de internet? Eso sí, con el agravante de decir que se los tienen que traer de casa (donde se los han descargado) porque las conexiones de su centro no permite visualizar la película online
  • ¿Por qué hay tantos filtros en las aulas de informática, sabiendo fehacientemente que los alumnos sí que van a saber entrar en Tuenti y, el único que no va a poder acceder a la página que necesita es el docente?
  • ¿Qué sentido tiene tener arranque dual en los equipos de los centros, cuando la opción del arranque en Linux se da una vez de cada mil?
  • ¿Por qué se usan tan poco los proyectores de las aulas de informática como no sea para ver material multimedia? ¿A nadie se le ocurre enseñar “informática” mostrando a sus alumnos de forma práctica y paso a paso como realizar diferentes actividades?
  • ¿Por qué los profesores de “guardia” llevan habitualmente a los alumnos de esos grupos que no ha venido el profesor al aula de informática? ¿Es realmente necesario que jueguen al buscaminas y a Minijuegos?
  • ¿Por qué no existe ninguna cámara que permita realizar una grabación de lo que se está haciendo en el aula de informática? ¿Tanto miedo les da a la mayoría de docentes que se pueda controlar sus maravillosos avances con sus alumnos? Ahhhh… es que no me acordaba que enseñar informática es, en la mayoría de casos, procesador de textos, hoja de cálculo y base de datos
  • ¿Por qué los alumnos trabajan en el aula de informática de la misma manera que lo podrían hacer en su aula habitual?
  • ¿Por qué siempre aparece algún teclado con las letras cambiadas al finalizar la semana? Y, ¿cómo es que casi nunca se descubre (aunque sí se supone) al profesor, durante la hora del cual, se ha realizado dicha “fechoría”?
  • ¿Por qué se trabaja la asignatura de Informática con libro de texto o con fotocopias? Aún existen docentes (y muchos más de los que nos pensamos) que lo de la web 2.0, elaboración de material propio y reutilización de recursos se les resiste
  • ¿Por qué siempre se diseñan las infraestructuras de los centros educativos de tal manera que, siempre que salta la luz en alguna parte del mismo, lo hace la del aula de informática?
  • ¿Por qué se pierde siempre la mitad de la clase que se da en el aula de informática resolviendo problemas técnicos?
  • ¿Cómo es que los rotuladores para marcar el la pizarra, normalmente blanca, que existe en esas aulas casi siempre se quedan sin tinta al poco de utilizarlos?
  • ¿Por qué siempre hay algún profesor despistado que si el aula dispone de pantalla de proyección (esas de tela enrollables) la usa como si fuera una pizarra?
  • ¿Por qué siempre hay algún docente que se piensa que el aula de informática es suya y sólo suya, y hace lo posible para que nadie más pueda usarla? ¿No ha entendido aún el concepto de “material y elementos” del centro?, etc.

Cuestiones reales y, demasiado habituales, que suceden en ese inhóspito lugar de nuestro centro educativo. Así que, si pensáis llevar allí a vuestros alumnos… recordad que os avisé.

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nov 092011
 

La metodología docente consiste en responder a la pregunta de ¿cómo enseñamos?. Cada uno de los docentes dispone de sus mecanismos y estrategias (que adaptan en función de la tipología de sus alumnos -en la mayoría de los casos-) que les permiten impartir docencia de su materia (o materias) en determinados grupos. Pero, muy pocas veces se plantea si se está usando una metodología adecuada.

De siempre es oído que “cada maestrillo tiene su librillo” y, con ello nos quedamos la mayor parte de las veces. Nuestra función es demasiado importante para dejar nada al azar y a nuestros “librillos”. Desde que la sociedad está en crisis (y no sólo económica) se está planteando la necesidad de desarrollar y, posteriormente usar, unas mejores estrategias más efectivas. Las nuevas tecnologías, incorporadas en el día a día de nuestras aulas nos condiciona a que ello sea así y, por tanto el establecimiento de líneas de mejora externas se hace imprescindible.

Cuatro fases en cualquier mejora de producto, aplicables a algo tan sensible como la Educación:

  • Análisis
  • Observación
  • Discusión
  • Implementación de la mejora

Todas ellas con posibilidades infinitas y, a la vez, diferente para cada caso concreto (de aulas y docentes). No es fácil, ya que no sólo depende de la capacitación del profesorado (y no sólo en lo que a TICs se refiere), ya que tiene también mucho a ver con las infraestructuras, situaciones geográficas y tipos de plantillas de nuestros centros educativos.

Uno de los sistemas de mejora más económicos que existe es la observación externa de la docencia. ¿A qué me estoy refiriendo? A un proceso, realmente simple, que permitiría que otro docente (o docentes) se sentaran en nuestras aulas y observaran nuestras metodologías y el impacto que las mismas tienen en nuestros alumnos. Una vez realizada dicha observación, reunión para discutir y analizar las posibles mejoras que se podrían aplicar. Opiniones mucho más objetivas que la del propio docente, las cuales implican una mayor capacidad inherente de mejora. Mejora de métodos y, ayuda en su implementación.

Lamentablemente, eso de abrir las aulas sigue siendo aún una opción que causa muchas reticencias a muchos docentes que, no ven nada claro lo de trabajar en un centro de forma tan transparente. Pero, por suerte, cada vez las ideas de compartir y enseñar metodologías, trabajos y estrategias de aula poco a poco (y tímidamente) se van normalizando.

Supongamos que, somos docentes interesados en la mejora de nuestra praxis y, dejamos que nuestros compañeros nos asesoren abriéndoles las puertas de nuestras aulas. Pues, previamente a esa introducción en el aula, convendría hacer un análisis de la situación. ¿Quién hace dicho análisis? El profesor que decide que quiere mejorar sus estrategias mediante observaciones externas. Se pactan horas, grupos y actividades para realizar en esos períodos de observación, junto con una elaboración de hojas de estudio de los casos concretos. ¿Es otra oposición? dirán algunos. Pues sí, es una oposición a la que nos habríamos de someter habitualmente todos los docentes.

Una vez diseñadas las estrategias de incorporación de los “auditores” externos en el aula, nos dedicamos a crear una situación lo más normalizada posible (ya sabemos que con observadores externos -caso del inspector en la evaluación de la fase de prácticas- los alumnos no se comportan igual) y, a lo largo de unas determinadas sesiones normalizamos dicha observación. Es más fácil con docentes del propio centro, conocidos por los chavales y, que les genera menor sensación de inseguridad (cosa que también agradece el docente que ha pedido dicha evaluación).

Después de la clase o clases pactadas se genera una discusión con los docentes participantes en la observación para establecer posibles líneas de mejora (siguiendo plantillas previamente elaboradas o en charla convencional) y, se toma nota de las posibilidades de mejora que se ofrecen.

Finalmente, se implementan algunas de las “recomendaciones”, observando si ese cambio metodológico sirve para mejorar nuestra experiencia docente. Si detectamos una mejora en la respuesta de aula y, una mayor satisfacción personal al finalizar nuestras clases, ello significa que la implementación va por el buen camino. En caso contrario, nuevos análisis, discusiones de la situación e implementación de nuevas estrategias.

Es muy duro abrir un aula al exterior (dejando que nos observen y juzguen), pero es mucho más duro equivocarnos en nuestras metodologías. Y, lo que es aún peor, la posibilidad de estarnos equivocando clase tras clase y, curso tras curso sin posibilidades de rectificación.
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nov 082011
 

Los funcionarios docentes de nuestro país disponen de un sistema de concurso de traslados que les permite realizar una reubicación de su lugar de trabajo en función de sus méritos adquiridos y experiencia profesional. Pero, ese cambio, actualmente sólo se permite cada dos años, que es cuando se convoca un Concurso Nacional de Traslados que permite realizar la movilidad en todo el territorio nacional, compitiendo en igualdad de condiciones con sus compañeros destinados en cualquier punto del territorio.

Pues bien, resulta ser que el año en que no hay concurso nacional, algunas CC.AA., por su cuenta y riesgo, deciden convocar un sistema de recolocación de los funcionarios docentes que dependen exclusivamente de su ámbito territorial.

El principal problema de este concurso autonómico es la imposibilidad de que docentes que no pertenezcan a esa CC.AA. convocante puedan competir en igualdad de condiciones con sus compañeros, habiéndose de esperar al concurso nacional para poder competir por las plazas que resten de la adjudicación de ese “concurso especial”. Puede darse el caso que, docentes con menos méritos que sus compañeros extraautonómicos obtengan una plaza en un destino que, va a quedar bloqueado a lo largo de muchos años para aquellos docentes que, por motivos personales, quieran rehacer su vida en otra CC.AA. diferente de la que aprobaron oposiciones. Y, para añadir más sal al asunto, resulta que es más fácil movernos por el resto del mundo que en nuestro propio país (Institutos Cervantes, etc.).

¿Dónde queda la igualdad de oportunidades reconocida en el Estatuto del Funcionario Público? ¿En qué parte del título como funcionario de carrera “estatal” aparece que uno es diferente de otro en función de dónde ha aprobado las oposiciones? He estado revisando un título de funcionario docente que tenía por ahí y, tal como podéis ver a continuación, en ningún momento menciona que seamos funcionarios autonómicos.

Y, sabéis qué es lo más curioso… que nadie haga nada para solucionar esa situación de desamparo en la que se encuentran todos aquellos docentes a los que se les impide participar en unos concursos autonómicos, donde normalmente se sacan muchas más vacantes para optar, que rompen con la igualdad de oportunidades (marcada en el documento anterior).

Todos funcionarios de carrera del MEC, con el mismo papel oficial reconociendo nuestra situación profesional y, dejados de la mano por el propio Ministerio cuando le necesitamos. Seamos serios y, si de lo que se trata es de transferir completamente a las autonomías Educación, eliminemos el concurso nacional y hagamos el título específico para cada funcionario con las banderas e idioma autonómico (silbo gomero incluido en grabación anexa). Total… ¡para lo qué pinta el Ministerio de Educación!

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nov 072011
 

Cada vez son más los centros educativos de nuestro país que optan por usar cámaras de videovigilancia para control externo (e, incluso algunos, interno) de sus instalaciones. Ello se debe fundamentalmente a dos situaciones fundamentales: el deterioro continuo de instalaciones del centro (siendo los cristales exteriores lo más habitual) y, control de pasillos en el caso de los centros más conflictivos. Como mi centro es uno de los afectados por estas medidas, al poseer cámaras de grabación exteriores e interiores, me he puesto a revisar los supuestos bajo los cuales se pueden (y deben) montar estas instalaciones.

En las instrucciones que nos suministra la Agencia de Protección de Datos nos encontramos que, la videovigilancia en entornos escolares y menores ha de basarse en conceptos de “proporcionalidad de la medida” y, reunir las siguientes condiciones que os transcribo a continuación (ya que entramos en terrenos muy resbaladizos al ser un tema que implica a menores):

La captación de imágenes en entornos escolares no se encuentra vedada pero requiere adoptar ciertas cautelas. Ha de ser una medida proporcional en relación con la infracción que se pretenda evitar y, en ningún caso, debe suponer el medio inicial para llevar a cabo funciones de vigilancia. La utilización de estos sistemas debe ser proporcional al fin perseguido, que en todo caso deberá ser legítimo.

La instalación de cámaras de videovigilancia sería una medida proporcional y justificada si se cumplen los siguientes requisitos:

  • Que se trate de una medida susceptible de conseguir el objetivo propuesto
  • Que no exista otra medida mas moderada para la consecución de tal propósito con igual eficacia
  • Que la misma sea ponderada o equilibrada, por derivarse de ella más beneficios o ventajas para el interés general que perjuicios sobre otros bienes o valores en conflicto.

Los menores son sujetos merecedores de una especial protección por lo que el principio de proporcionalidad debe aplicarse con un rigor extremo. Por ello, en entornos como colegios, guarderías, centros lúdicos cuyo público objetivo sean los menores y espacios similares la instalación de videocámaras sólo será legítima cuando derive de una necesidad ineludible, cuando la medida sea la más adecuada y siempre que no exista una medida alternativa menos lesiva para los derechos del menor.En particular:

  • La zona objeto de videovigilancia será la mínima imprescindible abarcando espacios públicos como accesos o pasillos
  • En ningún caso podrán instalarse estos medios en espacios protegidos por el derecho a la intimidad como baños, vestuarios o aquellos en los que se desarrollen actividades cuya captación pueda afectar a la imagen o a la vida privada como los gimnasios
  • Salvo en circunstancias excepcionales, no resulta admisible la captación de imágenes con fines de control de asistencia escolar
  • El uso de videocámaras con fines de seguridad en espacios de juego, aulas y otros ámbitos en los que se desarrolla la personalidad de los menores sólo podrán ser objeto de grabación en presencia de circunstancias excepcionales,  justificadas por la presencia de un riesgo objetivo y previsible para la seguridad de los menores
Por tanto, según dichas regulaciones, el uso de videocámaras para ejercer funciones de videovigilancia habría de ceñirse a los siguientes parámetros:
  • Desconexión de las mismas durante el horario escolar, ya que en la mayoría (por no decir casi todos) los centros educativos de nuestro país no se dan las circunstancias “excepcionales” que defenderían su uso continuado, ya que los índices de conflictividad dentro de los centros educativos se hallan aún en lo que se daría a llamar “límites tolerables”
  • Por tanto y, relacionado con lo anterior, innecesaria existencia de cámaras de grabación interiores (pasillos y zonas de estancia -hall y similares-), a menos que se instalen en aulas sensibles de robo (aulas de informática, despachos de la zona de Dirección, etc.), las cuales se activarían finalizado el horario escolar
  • Proporcionalidad de uso y acudir a medidas previas de prevención… aunque ya sabemos que en centros “aislados” (situados en las afueras de las localidades) esa casuística preventiva es difícil de establecerse
Espero que os sirva para resolver algunas dudas que también tuvimos en nuestro centro (no en el actual) cuando nos planteamos la instalación de un sistema de videovigilancia (en ese caso totalmente exterior) debido a la gran cantidad de veces que nos encontrábamos “sorpresas desagradables” al volver un lunes al trabajo y, después de ver como las compañías de seguros se niegan a asegurar esa tipología de daños.
A propósito, ya habéis visto que en ningún momento hablo sobre el cumplimiento de la LOPD de las grabaciones realizadas, cosa que dejo para un posterior artículo donde hablaré, de forma bastante amplia, sobre cómo aplicarla en los centros educativos.
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nov 052011
 

De siempre me ha llamado la atención ver a determinados ponentes, autodefinidos como pedagogos y guías educativos, en su mayoría alérgicos del aula, esbozar determinadas frases grandilocuentes capaces de aglutinar una salva de aplausos en su honor. También, me ha chocado muchas veces, ver el enfrentamiento de “teorías” pedagógicas entre los, actualmente, defensores de Freinet y los de la postura del esfuerzo postulada por Inger Enkvist.

Reconozco que soy un torpe en esa gran disciplina pedagógica y, que mis nulos conocimientos de la misma me impiden juzgar e idear, más allá de las experiencias que vivo a pie de aula, esas maravillosas afirmaciones.

Pues bien, resulta ser que, para todos aquellos docentes tan poco capacitados en esas lides como yo, la siguiente web (descubierta gracias a un tuit de @NuriFont) pone a nuestra disposición una herramienta fantástica que permite generar esas verdades neopedagógicas definitivas para sacarnos del apuro en determinados momentos de nuestra condición docente y, en especial en los siguientes casos:

  • Redacciones de informes pedagógicos
  • Discursos para una charla sobre Educación
  • Preparación para la visita de un inspector, etc.

Ya no será un problema obtener frases como la anterior y, sentirnos más felices por ser capaces de articular “cosas sin sentido” como los grandes pedagogos profesionales.

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nov 042011
 

¿Cuántos de los que estáis leyendo este artículo habéis asistido a conferencias, congresos, cursos de formación u otro tipo de eventos donde alguien os está hablando de algo (que os interesa en mayor o menor medida)? ¿Cuántos habéis estado tentados de largaros a mitad de la aburrida disertación? ¿Cuántos habéis pensado en que habéis perdido el tiempo y que hubiera sido mejor que os hubieran pasado la presentación, para así ahorraros la desagradable experiencia de escuchar a alguien que no se defiende bien en esas tesituras? Seguro que muchos.

Pues bien, para todos aquellos interesados en ahorraros esa “nefasta” ponencia mirando esa maravillosa presentación (muchas veces colgada en Slideshare, SlideBoom u otro servicio similar), lamento ser portador de malas noticias: Un PowerPoint (perdonadme por usar la herramienta más conocida) sin la presentación asociada de un ponente no sirve de nada. Demasiado vacío de contenido (por muchas diapositivas que tenga)

Son numerosas las veces en que vemos un enlace con una “maravillosa” presentación, rodeada de bonitas imágenes, algunos gráficos más o menos bien elaborados y, unas frases que invitan a la reflexión o hacen afirmaciones grandilocuentes y decimos… ¡qué maravillosa presentación, te ha quedado genial! ¡Será un lujo asistir a tu charla! ¡Es una pena perdérmela, pero la presentación es imponente!, etc. Pues bien, esa presentación, tan brillantemente elaborada, quedará como agua de borrajas sin la parte que implique al ponente. Una imagen vale más de mil palabras, pero unas palabras y gestos inadecuados alrededor de las mismas hacen que un brillante trabajo de elaboración se quede en nada.

Por tanto, ¿nos olvidamos de las presentaciones 2.0 y nos pasamos a la oratoria pura y dura? Pues no, ya que siempre es muy importante tener una guía para orientarnos. Yo era, y sigo siendo, de los que me pierdo y paso de tema con demasiada facilidad (errores a evitar, conocidos, pero que no consigo remediar) y, por ello, esa presentación visual me ayudaba a limitar o encuadrar la temática. Es difícil y, aún más, cuando la ayuda de una presentación no hace cometer ciertos errores, aunque en el diseño y confección de la misma podamos cometer algunos de los siguientes:

  • Inexistencia de título o temática a tratar, así como olvido de la necesidad de incorporar el nombre del ponente. Es habitual encontrarnos con maravillosas presentaciones, en las que el ponente empieza por una gráfica, imagen o cita, descuidando el primer contacto
  • Incorporar textos excesivamente largos que impliquen una lectura por parte del ponente o asistentes. Cansa ver definiciones larguísimas, expuestas sin gracia y sin dar otros datos que los propios
  • De nada sirve usar decenas y decenas de números y gráficos (excepto en casos muy concretos y ponencias donde la “cifra” sea realmente importante) y, más cuando la opción más sensata es hablar de generalidades aportando pequeñas cantidades de datos y reseñando donde se pueden encontrar el resto. Por tanto, usar con mucho cuidado los gráficos y hacerlos lo más visuales e interactivos posibles.
  • Tener la presentación desorganizada o, realizar una mala preparación de la misma. ¿A cuántos nos ha pasado encontrarnos delante de ponentes que vuelven atrás, van para adelante y se pierden por una desorganización de su presentación?
  • Muchas imágenes de tamaño reducido. Pocas imágenes que predominen frente al texto ayuda a usar ese apoyo de una manera más eficaz, ya que en caso contrario la visualización de tanta información hace que todos se pierdan (ponente incluido)
  • Mezclar idiomas. Ya sabemos que la reutilización de presentaciones por parte de muchos ponentes es necesaria porque se imparte la misma en varios sitios, pero no estaría de más adaptar el idioma al auditorio. No es demasiado bonito mezclar inglés y castellano en diferentes diapositivas. Ni tampoco hacer una ponencia en un idioma y tener la presentación en otro y, en este último caso, no sería una única vez la que lo he visto

A propósito, nada de olvidarse del “reconocimiento” de las imágenes y los textos en la presentación.

Para finalizar, nada mejor que unas pequeñas indicaciones de lo que se tiene que exigir a cualquier ponente (ya que por escucharles, estamos perdiendo un tiempo precioso):

  • Que sepa de lo que está hablando. ¿Cansados de ponentes que, fuera del guión de la presentación superTIC, no tienen ni idea de lo que hablan? Yo sí, aunque reconozco que, en muchos casos, me dejo engañar con facilidad. Eso es un buen ponente, aunque a mi me daría miedo hablar de algo que posiblemente los que me escuchan sepan más que yo. Horizontalidad, aún. Pero verticalidad cuando estoy en la parte media-inferior de la pirámide de un determinado conocimiento…
  • Que tenga una fachada impecable. Bien vestido y atildado para la ocasión. Cada tipo de ponencia requiere de un determinado tipo de ponente y, desentonar con el auditorio (por mucho exceso o por defecto) puede hacer que la ponencia (por buena que sea) se vaya al traste
  • Que sea capaz de transmitir y condensar la explicación en poco tiempo. Las presentaciones, por largas que sean, siempre dejan cosas en el tintero
  • Que permita interacción con los asistentes. No creo que sea buena la interrupción constante, pero si dejar siempre un turno abierto de palabras para que se pueda interactuar con el ponente. Una ponencia sin interacción, pasa de ponencia a magistral y, excepto en casos muy concretos (por peticiones expresas de algún personaje que lo exija o por limitaciones temporales), es algo que se debe evitar
  • Que llene y controle el escenario. El escenario es parte de su actuación y, desde una silla o inmóvil detrás de un atril hace perder mucha fuerza a la propia exposición (muchas veces más basadas en gestos y ademanes, que ayudan en gran medida a captar la atención), etc.

Tan sólo unas pequeñas pinceladas que, a la postre, van a ir adaptándose a la manera de funcionar individual de cada ponente conforme vaya ganando en seguridad y capacidad.

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nov 022011
 

Creo que ha llegado el momento de eliminar tibiezas y medias tintas cuando se habla de determinados hechos relacionados con la Educación pública (la mía, por cuestiones de trabajo y creencia, y la de muchos que eligen ese tipo de Educación para sus hijos).

Lamentablemente, cada vez son más los funcionarios docentes de la pública quienes eligen para escolarizar a sus hijos en esos “maravillosos” centros concertados. No voy a entrar en la necesidad, negocio o viabilidad de la posibilidad de asumir por parte de la red pública de centros educativos toda la cantidad de alumnos de los centros concertados (mantenidos y financiados con dinero público, pero de gestión privada). Lo que se pretende es hablar de aquellos que no creen en el mismo sistema en el que ejercen y, por ello escolarizan a sus hijos en aquellos centros, normalmente religiosos, que existen en sus localidades. Una de las cosas que alegan es la “mejor Educación que van a recibir sus hijos”.

Trabajar en algo que no crees y, vender tu alma, no tiene precio. Docentes indecentes, amparados por la libertad de elección educativa y, que defienden (o critican, porque haber hipócritas en grado sumo que se ponen camisetas verdes y se enardecen por la Educación pública, haílos) esa elección. ¿Por qué es tan malo que mis hijos estudien en un microcosmos que es el reflejo de la sociedad? ¿Hay suficientes posibilidades de no mezclarte a lo largo de tu vida con esos con los que no quieres relacionarte? La sociedad es más rica, multicultural y completa de la que muchos se piensan. Pero, eso sí, que los representantes de etnias desfavorecidas (por decir de forma políticamente correcta, inmigrantes, gitanos, etc.) y chavales con padres de bajo poder adquisitivo no se mezclen con nuestros niños. Y, ello, vendido desde los púlpitos de centros educativos “públicos”. Infamia, ya que casos extremos como docentes que vivan en Las Tres Mil Viviendas de Sevilla o en el barrio de La Mina, no existen. Por tanto, sólo se segregan por el simple hecho de segregarse. Ellos trabajan en su “basura” pero alejan a sus hijos de ese “estercolero” (por ellos entendido y expuesto en numerosos foros). Ello con la curiosidad añadida, de ser centros educativamente más excelentes que el, normalmente religioso, por el que optan.

No es sólo el perjuicio que hacen en un sistema en el que no creen, ya que el problema va mucho más allá. Triste, reprobable y real. Aún más reprobable cuando nos encontramos algunos de esos docentes de la pública ejerciendo cargos unipersonales. Directores, Jefes de Estudio y Secretarios de la pública enviando a sus hijos a la “concertada”. Y, ello con el agravante, en el caso de los Directores, que están presentes en una Comisión de Escolarización al inicio de curso que es donde se reparten a los alumnos. ¿Alguien se cree que van a repartir equitativamente a los alumnos, para ellos, problemáticos? ¿O, misteriosamente, van a intentar dejar esos centros donde estudian sus hijos alejados de la realidad social para que sólo se mezclen con los “puros”?. Lamentable, muy lamentable.

No es vocación, es afán de servicio. Los meloncillos de la pública se parecen en demasía a los políticos cuando hablan de Educación. Defensa a ultranza de la Educación pública y, dando ejemplo llevando a sus hijos a la concertada (casos puntuales dentro de esa gran marea humana, pero que existen). Y, curiosamente, son docentes de amplio espectro quienes hacen ese acto espiritual… desde el gran defensor del liberalismo educativo que, presentará una papeleta con colores azulones hasta quien lo hará en colores rojo intenso. No tiene nada que ver con la política ni con ser docente, tiene que ver con la catadura moral de la persona.

¿Alguien se imagina a un vendedor de Mercedes ir a trabajar en un BMW? Yo no, y por lo tanto, entiendo aún menos el trabajar de docente en un centro público (un bien más importante que un triste vehículo de motor) y alimentar con sus hijos a la “competencia”. Que decida matricular a sus hijos en un centro totalmente privado, que tiene unas determinadas características específicas que no encuentra en uno público (British, Licée, Colegio Alemán, etc.) puedo entenderlo, siempre y cuando dentro del centro donde trabajan como docentes intenten implantar esas líneas. Pero eso de llevarlos al concertado de al lado simplemente para que no se “mezclen” con quien no deben (oído a más de uno), me da asco y repugna.

Quizás algún día cambie mi perspectiva, pero cuando uno ya empieza a ser talludito y apuesta (y sigue haciéndolo) por la pública, en la cual trabaja, es muy difícil.

No es cuestión de fe o creencias, es cuestión de una mala praxis que puede llegar a cargarse el sistema desde dentro. Infiltrados o meloncillos, cuestión de gustos.

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oct 262011
 

Cuando oímos hablar de nuevas tecnologías y de la aplicación de las mismas en las aulas, siempre asociamos el calificativo de “nuevas” a recientes. Pero, ello no es del todo cierto, ya que hay tecnologías que estamos usando en docencia que llevan con nosotros mucho tiempo. Hablar de blogs, wikis y Youtube parece que sea hablar de tecnologías/servicios de reciente aparición y, ello nos hace muchas veces disculpar la “falta de tiempo” que alegan muchos de nuestros compañeros para subirse al carro de las mismas.

Pero, tal como se ve en la imagen anterior (fuente desconocida), nos encontramos que las tecnologías más usadas en el aula y más conocidas ya llevan, algunas más de una década (caso de los blogs) con nosotros. Por ello, resulta difícil e inconcebible justificar el “no uso” o “no conocimiento” del uso de esas herramientas como alegato para descartar su aprendizaje y posterior uso.

Una cosa es la tecnofobia docente, pero otra es la gran mayoría de docentes que utilizan día a día el discurso de no uso de la misma basado en la novedad. En la novedad, y en la dificultad que les supone la utilización de esas herramientas o servicios en su aula por el limitado tiempo que han tenido para su aprendizaje.

Por tanto, no usar las nuevas tecnologías en el aula puede tener muchas argumentaciones, pero jamás la de no haber habido suficiente tiempo para su conocimiento.

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oct 252011
 

Parece que el tiempo pasa demasiado rápido, porque ya son dos años los que el blog XarxaTIC, producto de una decisión tomada en un momento determinado (por azar y casualidad), está en la red. Han sido muchas las horas dedicadas y muchísimo el cariño recibido por parte de todos los que visitáis, comentáis y me enviáis correos. Divergencias y convergencias vividas en discusiones sobre varios artículos y, la mayoría de ellas permitiéndome crecer, no sólo a nivel profesional, sinó también a nivel personal.

No se trata de dar números, ni de usar ningún tipo de dato objetivo para daros las gracias. No es el blog quien cumple dos años de vida, es el autor quien lleva dos años disfrutando y aprendiendo con él. Y, no es sólo el blog, es Twitter (descubierto y donde hago aprendizajes permanentes), el aula virtual (parada pero pendiente de funcionar en breve), el correo electrónico, etc. Muchos servicios que enlazan a un espacio que hacéis grande día a día.

Quizás toca reiterarme mucho en este breve artículo, pero muchas gracias por todo.

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oct 242011
 

Siempre siento la malsana curiosidad de trasladar determinadas praxis y actuaciones que realizamos con nuestros alumnos a nuestro propio entorno “de docentes”. Supongo que debe ser una falsa deformación personal, pero muchas veces la misma me permite entender muchas cosas que, si no fuera por ello, estaría al margen de mi entendimiento. Pues bien, esta entrada tiene una doble finalidad: la de revisar y cuestionar los amplios horarios escolares y, disculpar la falta de atención que, en muchos momentos, pueden presentar los alumnos de las aulas de nuestro país.

En primer lugar horarios escolares. Pensados y diseñados por alguien que no ha pisado un aula en su vida. ¿Alguien se cree a estas alturas que es productivo mantener en una posición de semiinconsciencia a treinta adolescentes seis horas al día mientras se les está soltando “un rollo” que, ni les interesa, ni le ven maldita utilidad y, que ni tan sólo es capaz de transmitirles ningún tipo de emoción? Conocimiento en bruto, impartido desde maravillosas tarimas y, que va a ser olvidado en la mayoría de casos, después de realizar la evaluación de los mismos.

Pero bueno, eso no es lo peor. Lo peor llega con la exigencia de muchos docentes de intentar mantener en posición inconsciente y no estorbante a unos alumnos en su silla a lo largo de sus magistrales transmisiones de conocimiento. Ni todo vale en el aula, ni todo es preocupante. Intervenciones controladas, exigencias conceptuales y procedimentales tienen que estar incorporadas en cualquier praxis. Eso sí, todo ello sin olvidar las imposibilidades de “prestar atención” y de “sobresaturación” que presentan los alumnos conforme va transcurriendo la jornada escolar.

¿Es realmente obligatorio prestar atención seis horas al día, cinco días por semana? ¿Es imprescindible? Para todos los docentes que crean que eso es posible, tan sólo les conmino a que visualicen la siguiente instantánea (cedida amablemente por mi compañero Josu Garro) tomada este fin de semana en el congreso Educared, donde asistieron cerca de un centenar de docentes de todos los niveles y partes del país.

¿Nadie se da cuenta de un pequeño detalle? ¿Cuántos escuchan (o lo hacen ver) y cuántos están haciendo otras cosas? La fotografía tan sólo me reafirma en lo que observo cuando imparto formación a docentes…cansancio y hastío a partir de un determinado momento. Dificultad de atención de los docentes cuando las explicaciones teóricas se alargan más de lo deseable. En definitiva, aburrimiento y, en muchos casos, trasladado al aula de formación de forma bastante más molesta que los susurros en una clase de adolescentes. Por tanto, ¿qué estamos exigiendo a los chavales? ¿Algo que ni nosotros somos capaces de cumplir?

La no fijación de mirada en el docente o ponente no es excluyente de la capacidad de aprendizaje y aprovechamiento de esas enseñanzas, pero el cansancio (muchas veces producido por excesivos horarios y malas metodologías) puede llegar a convertir las aulas en un sistema de almacenaje más o menos silencioso.

Horarios escolares excesivamente amplios y atención intensa limitada en el tiempo. Es tan importante el qué se dice en una explicación como el cómo se dice y, ello puede repercutir en una atención más duradera pero, después de seis horas de escucha diarias por buena metodología usada y docente, me gustaría saber quien es el valiente de decir que es capaz de prestar la misma atención que al inicio de la jornada.

El ser humano tiene un tiempo de atención limitado. Lo otro, en las aulas, se llama permanencia.

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oct 222011
 

En días como hoy uno se plantea varias cosas. La Educación (y la gestión de la misma) que a uno le gustaría y la realidad que observa día a día. Dejadme preocuparme, y que os exprese esas “pequeñas” preocupaciones que llevan días rondándome por la cabeza. Quizás muchos digáis que son sólo imaginaciones mías, que la realidad es mucho más ilusionante o, seguramente habrá otros que justifiquéis las mismas y les minimicéis la importancia.

Pues bien, entre las cosas que me preocupan están las siguientes:

  • El desconcierto y la preocupación en que me sumerge ver como las multinacionales se van adueñando de los cambios educativos. Para muestra, el maravilloso congreso de Educared que se está celebrando en Madrid. Mercantilizar la Educación me da miedo y, aún mucho más, la justificación que puedan hacer de las “bondades” de dichos eventos algunos de mis compañeros
  • La diferencia que existe entre los púlpitos educativos y la realidad a pie de aula. Cuando veo grandes ponencias, de maravillosos y excelentes oradores que no han pisado en su vida un aula, me preocupo. Y, esa sensación desagradable se acrecienta cuanto mayores son los aplausos y guiños a esos ponentes por parte de algunos que están día a día en el aula. Curioso y desconcertante
  • Me preocupa la formación profesional. Sí, es un tema que me preocupa muchísimo, ya que continuamente se observan desinversiones en la misma. También me generan dudas esos apoyos a la FP de los “políticos” que ocupan cargos educativos, ninguno de los cuales lleva a sus hijos a estudiar esa opción formativa
  • Intento entender cómo enseñar a quien no quiere aprender. Me preocupa mi incapacidad de transmitir “conocimiento” en cualquiera de sus formas. También me siento estafado y que estafan a los alumnos cuando se obliga a mantenerlos en sistemas reglados. Reclamo la figura del “aprendiz” (de los 14 a los 16 años). La reclamo y la exijo… pero me preocupa el poco caso que se hace desde quien legisla a esa opción
  • Me cuestiono la validez de las reuniones de “amigos” para hablar de docencia. Siempre los mismos, ilusionándose los mismos y sintiéndose solos en la realidad más allá de las mismas
  • Me preocupa el buenismo educativo. No me puede dejar indiferente una situación que implica la aparición de adjetivos antagónicos. ¿Quién decide qué es bueno o es malo?
  • Me molesta la ausencia de grises. Muchos optan por blancos y negros, pero la realidad es mucho más rica y divergente
  • Me preocupa la existencia de cada vez más entornos cerrados de formación y, lo de siempre compartir los mismos, cansa. Y, aún más, cuando quien comparte es ignorado activamente por el “gran docente” que hace publicaciones institucionales o da cursos de formación. Esos fusileros sin escrúpulos me preocupan
  • Me causa estupor ver como los Claustros pierden su función y se convierten en una “terapia de grupo” inútil. Me molesta y me indigna perder el tiempo en algo tan inútil
  • Me indignan esa multitud de reuniones de “coordinación” donde el más coordinado es aquel que lee el periódico. Coordinar exige un esfuerzo y, muchos no están por la labor
  • Me preocupa la sustitución de los libros de texto en papel por los digitales. Mismos contenidos y metodología… igual de “tristes” o “ineficaces”
  • Relacionado con lo anterior, me indigna que Santillana saque un portal de recursos (competencia directa del tan infrautilizado pero útil Agrega) y, que haya docentes que permitan que sus recursos se compartan desde allí. Publicidad gratuita por parte de bienintencionados. Un error de bulto y de concepto
  • Me preocupan las encuestas sobre temas educativos, ninguna de las cuales se parecen a la realidad que observo día a día (y que llevo observando desde hace años) en el aula. Encuestas con respuesta predefinida y guiada que obtienen los resultados que el que las impulsa quiere obtener. Encuestas que hablan maravillas de las TIC impulsadas por empresas de tecnología (las que suministran los equipos), encuestas que hablan del nulo efecto de las wifis en el córtex de los adolescentes impulsadas por empresas de telecomunicaciones, etc.
  • Me preocupa la existencia de 17 servicios (tantos como CC.AA.) para determinados usos educativos (gestores de centro, distribuciones educativas, etc.)
  • Me indigna que un docente “cobre y trabaje” diferentes horas, siendo funcionario del Estado, según la región en la que esté trabajando. Unas transferencias educativas que llevan mermando considerablemente la posibilidad de “grandes proyectos”. Sumar y no restar habría de ser el objetivo
  • Me preocupan los ministros de Educación. ¿Tanto cuesta encontrar gente competente para tal fin?
  • Me descolocan las mil y una leyes educativas, la burocracia institucional y la pérdida de tiempo en hacer las cosas por duplicado (y eso, con suerte)

No lo se. Quizás es que es que me hago mayor y mi prisma visual está orientado en ver y hablar sobre cosas que, a lo mejor, sólo son preocupaciones mías.

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oct 212011
 

En plena época de infoxicación son numerosos los teóricos educativos que abogan por un necesario desaprendizaje, diseñado para conseguir hacer del aprendiz un emigrante cognitivo de toda la información excesiva y, muchas veces de utilidad nula, que va acumulando a lo largo de ese período de aprendizaje.

Una manera de defender ese concepto de desaprendizaje es insistir sobre la posibilidad de la eliminación de las informaciones obsoletas o innecesarias, mediante un hecho cognitivo, tal como nos explica Gonçal Mayos en el siguiente extracto de su ensayo sobre “La Sociedad de la Ignorancia” (escrito colaborativamente con Antoni Brey y Daniel Innerarity) publicado bajo licencia CC.

 […] un mero proceso de añadir nuevos conocimientos sobre los antiguos, sino que sobre todo comporta el complejo esfuerzo de eliminar las viejas creencias, las informaciones invalidadas con el tiempo y los hábitos intelectuales que no encajan con la nueva estructura del saber; […] En definitiva, comporta deconstruir nuestros conocimientos, creencias e incluso valoraciones; y mantenerlas al día dels acelerado proceso de cambio a que las somete la sociedad del conocimiento.

Una visión idílica, la deconstrucción de nuestros masivos conocimientos y, aún más cuando dicha deconstrucción y desaprendizaje se hace de forma activa.

Pero, según mi opinión, nada más lejos de la realidad. Lo curioso es la incapacidad de hacer el proceso activo, ya que tan sólo se produce de forma pasiva y, en lugar de ser una eliminación de la información sobrante, lo que hace nuestra mente es establecer prioridades cognitivas realizando una estructuración de la información para establecer unas vías más o menos rápidas (y estratificadas) hacia nuestros conocimientos adquiridos, en función de su uso o base para futuros aprendizajes.

Todo aprendizaje ancla nuevos conocimientos, formando y estructurando nuestra capacidad futura. A nadie se le ocurre plantear un aprendizaje sobre hechos triviales si el mismo no está fundado en elementos “conocidos” (almacenados y anclados en nuestra estructura cognitiva”. Por tanto, nada de emigración cognitiva, más bien, hablemos de reestructuración cognitiva.

Otro de los grandes errores, cometidos por otros politólogos de la interpretación cognitiva, es el que asocia una capacidad inexistente, la del desaprendizaje, a la capacidad de futuros aprendizajes. Y, ello, bajo el edulcorado lema de que “estamos en una sociedad donde desaprender lo sabido es ahora mucho más importante que aprender cosas” (Punset). Pero, tristemente, ese desaprendizaje, consciente y autónomo, no existe. Existe el olvido, pero la información sigue estando disponible para su acceso.

Además, ¿nadie se plantea cuál sería el esfuerzo de la eliminación de ese aprendizaje en caso que fuera posible? O, ¿no sería muy incongruente aprender a desaprender el mismo de la misma forma que su obtención? No erremos pensando y teorizando sobre un imposible.

Quizás con las TIC hay mayores aprendizajes (más que aprendizajes, absorción de conocimientos o datos), pero lo único que hay de cierto es que la fijación de los mismos se realiza de la misma forma; establece relaciones en nuestro repositorio de almacenaje y, finalmente, establecemos un gradiente de importancia en los mismos.

Nuestra mente no es un ordenador con capacidad finita y, lo importante del aprendizaje son las relaciones que se establecen entre los conocimientos adquiridos. No hay compartimentos estancos y, por ello usar parámetros “artificiales” para relaciones “naturales” no tiene demasiado sentido.

Olvidamos, sí…desaprendemos, no.

Lo anterior, sólo unas pequeñas ideas sacadas de una charla producida en una hora de guardia de mi centro, a la cual se llegó a través del anuncio de una conocida entidad bancaria.

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