El homo docentis

femur_atapuerca_13Es hallar un fémur y poner de nuevo Atapuerca de rabiosa actualidad. Un descubrimiento importantísimo (como la mayoría que se están realizando en el yacimiento) que, por suerte, está siendo difundido masivamente por los medios de comunicación. Un descubrimiento que, por su importancia, merecería ser tratado en las aulas de nuestros centros educativos. Unas aulas, lamentablemente, pobladas por el homo docentis. Un homo cuyo objetivo principal es cumplir las programaciones y pasar sin pena ni gloria por los recintos educativos. ¡Cómo osar proponer romper la temporización de la programación por un descubrimiento como el anterior!

Improvisar es una gran virtud y, no hacerlo, supone coaccionar lo que se enseña y cómo se enseña. Prácticas continuistas que integran currículums rígidos (por confundirlos con libros de texto) con un objetivo principal: conseguir acabar todo el temario. Un temario, por cierto, sólo abarcable por aquellos pelotudos (iba a dudar entre boludos y pelotudos pero el diccionario me ha sacado de mi error) cuyo objetivo es acabar la última página del libro de la editorial de turno. Un temario cuya elevación a los altares están haciendo demasiados miembros de dicha taxonomía.

Si fuera profesor de ciencias sociales lo primero que hubiera hecho hoy sería pasarme por el forro lo que tenía que dar (en caso de ser alguien que lo programara) y aprender con los alumnos acerca del descubrimiento. Profundizar sobre el tema y estudiar las similitudes con restos homínidos encontrados en Siberia. Yendo un poco más lejos, incorporar el tema de Atapuerca a algún tipo de actividad que requiriera algún tipo de esfuerzo por parte de los alumnos (¿algún proyecto sobre el tema?). ¿Tan malo hubiera sido lo anterior? ¿Tan reprobable esa rotura con la temporización de algo que van a olvidar una vez rellenado el examen?

“Por suerte” el homo docentis no actuaría por impulso como yo. Se trata, “por suerte”, de alguien que se guía por el sentido común de seguir una programación que le han marcado. Se trata, “por suerte”, de alguien cuyo objetivo es ir pasando los años hasta llegar a esa edad que le quieran jubilar. Pasar sin pena ni gloria (y sin enterarse de lo que es PISA, no sea que a alguna administración se le ocurra pagar salarios por resultados en pruebas homeopáticas) es su leitmotiv.

Reconozco que lo planteado en el artículo es utopía. Una utopía que seguro algún docente desalmado, evolución de la taxonomía anterior, va a llevar a sus aulas. Una utopía totalmente condenable por el currículum, el temario, el libro de texto y el inspector de turno. Una utopía que sólo puede salir de la mente de un degenerado. Un degenerado que, gracias a lo más querido, no es demasiado habitual en las aulas de nuestro país.

iDiots, ¿la realidad de las TIC?

Debo reconocer que pocas veces un vídeo viral me impacta. Aún menos, cuando la mayoría de ellos van destinados al consumo masivo por parte de cualquier persona con conexión a internet. En este caso, el vídeo sí que me ha impactado. Un vídeo que habla sobre la “obsolescencia provocada” de la tecnología y de como las empresas optan por mecanismos que, mediante diferentes estrategias de márqueting (siempre muy bien diseñadas) hacen que el ciudadano medio actúe frente a una “supuesta” innovación con irresistibles ganas de compra. Mensajes que se venden muy bien. Consumidores que se lo tragan, como mínimo, igual de bien.

Éste es el caso del vídeo iDiots, una parodia del iPhone (aplicable a muchas otras marcas o productos tecnológicos) que me apetece tratar desde la perspectiva educativa.

Después de visualizar el vídeo anterior un docente no puede menos que dejar de preguntarse qué intereses hay detrás de la adopción de las TIC en el ámbito educativo. ¿Qué empresas se ocultan detrás del desembarco tecnológico en nuestras aulas y quién firma los informes que avalan el uso de esa tecnología en el aula?

Me estoy convirtiendo en un escéptico en esto de las TIC. Bueno, me estoy convirtiendo en un escéptico de cómo se están incorporando las mismas en las aulas. Cansado de ver como docentes se están sumando al carro de “lo último” (léase los iPads para sustituir a unos netbooks que aún no hemos explotado) o a ir implementando herramientas por ser “más” modernas que las que estábamos utilizando. Ufff, con lo bonito que sería partir de un palo y ver qué necesidad real tenemos de cachivaches.

La tecnología en el aula es neutra. Los dispositivos tecnológicos no son nada más que un conjunto de circuitos ensamblados para que alguien les de la utilidad. A las empresas que venden esas herramientas les interesa mucho vender pero, realmente, ¿es tan necesario realizar esa compra?

Los libros de texto fueron el primer invento educativo de las empresas. Libros que, con sólo variar una página o un enunciado de los problemas que nos suministraban, obligaban a hacer una nueva compra a los padres de los alumnos. Algo no tan TIC pero basado en el mismo concepto: comprar y comprar hasta que el mercado se halle satisfecho (algo, por cierto, imposible de saciar).

Reconozco que la tecnología avanza muy rápido pero, también, que ese avance vertiginoso va en contra del sentido común de su uso en el ámbito educativo. Si nos quejamos de que las leyes educativas perduran demasiado poco en el tiempo, ¿cómo podemos avalar el desembarco masivo de las últimas novedades tecnológicas en nuestras aulas sin haber sacado el jugo a las anteriores? Algo no me convence del discurso. Y eso es algo que cada vez me está alejando más de algunos posicionamientos educativos basados en esa tecnología de renovación tan vertiginosa.

PISA, un escenario para la demagogia

68860_Pisa_humorHoy se ha publicado PISA. Curiosamente, un informe que interesa a los cuatro que legislan y a algún medio de comunicación que le apetece hacer demagogia barata sobre el tema. Unos datos que permiten ser interpretados como a uno le apetezca y, por ello, un caldo de cultivo ideal para demagogos y docentes con ganas de contraponer su punto de vista. Un punto de vista, en mi caso, igual de demagógico o válido que el de cualquiera. Un punto de vista basado en aquellos datos a los que someto a interpretación sesgada (como todos hacen y van a seguir haciendo durante un tiempo) para que se adapten a mi ideología. Nada nuevo bajo el Sol. Simplemente otro artículo basado en demagogia pero, en este caso, presentándolo como tal.

Debo reconocer que el Ministerio de Educación me lo ha puesto muy fácil. Ha publicado un resumen de los resultados españoles adaptado a lo que el Ministro y la vocinglera que tiene de número dos han pedido. Un resumen cuyos titulares no son menos demagógicos que los que voy a soltar en el despropósito que sigue a continuación. Un resumen para los afines. Los no afines disponen de los medios de comunicación de ideología opuesta para sentirse mucho más a gusto con sus redactados.

Empecemos a usar los datos para que nos digan lo que yo quiero (a propósito, ni me he leído el informe ni pienso leerlo a corto plazo -estoy en temporada evaluativa y eso, además de mis clases, requiere mi completa dedicación-).

Bueno, en primer lugar lo que se insinúa en el informe es que los ricos sacan mejores notas que los pobres. Vaya novedad que la gente con más recursos pueda dedicar mayores esfuerzos a la formación de sus hijos.

Otra cosa curiosa es que un país comunista esté en cabeza. China arrasando en los resultados. ¿Podemos deducir de ello que los países capitalistas tenemos un mal sistema educativo? O, ¿debemos plantearnos que los de origen asiático son muy inteligentes?

Más curiosidades. Los países con un modelo 1:1 (un ordenador por alumno) se han desplomado en competencias matemáticas. ¿Inferimos que los ordenadores suponen un problema para el aprendizaje en matemáticas de los alumnos?

Cataluña no ha mejorado en resultados respecto a la última prueba PISA y, en ésta ya estaba en vigor la LEC. Una ley que permite que los directores escojan a parte de sus docentes. ¿Debemos deducir de lo anterior que la selección de personal dentro de la autonomía de un centro educativo va en contra de una mejora de resultados? O, ¿debemos plantearnos que los directores catalanes tienen muy poca idea de lo que significa ser director?

Sigamos con el análisis demagógico. Los niños son mejores que las niñas en matemáticas. Ahora resulta que los centros que segregan por sexo son los mejores ya que permiten tratar las diferencias con mejor eficacia. Pues, ¿por qué no separamos por sexos en todos los centros educativos?

Eso sí, también resulta que la equidad se va perdiendo. ¿Qué esperábamos de un sistema que mezcla clases sociales? ¿Por qué no apostar descaradamente por centros para ricos y otros para pobres? ¡Qué manía con querer dar las mismas oportunidades en Educación con independencia de dónde se nace!

Tampoco nos olvidemos del inmigrante. Debemos eliminarlos de nuestras escuelas. Tener inmigrantes empeora los resultados en PISA. A electrificar la valla como propone alguno.

Entre lo anterior y la mierda de docentes que, según el Ministerio de Educación, tenemos en nuestro país está claro lo que debemos hacer. Algo que, por cierto, debe estar alejado de la inversión porque, como muy bien ha aclarado la señora (por decir algo) Gormendio, la culpa de los malos resultados es un exceso de inversión educativa.

Ahora tocaría despedirse con algo ingenioso pero, la verdad, es que después del redactado anterior me he quedado sin demasiadas ideas.

Positivizar las TIC

Está muy de moda esto de buscar los errores que pueden cometerse en el uso de determinados objetos para justificar todo lo malo del uso de otros. Esto de buscar imágenes, descontextualizarlas y hacer llegar un mensaje subliminal, está a la orden del día. Este es el caso de las TIC. Unas TIC que para justificarse necesitan desacreditar todo aquello previo a la irrupción de las mismas. Una mala estrategia que permite fundamentar, aún más si cabe, a los detractores de las mismas y sentirse como un completo imbécil al ver tan burda manipulación.

Observemos atentamente la siguiente imagen que se está distribuyendo masivamente por las redes sociales.

Fuente: #reddit

Fuente: #reddit

Una imagen que muchos están utilizando para justificar la sociabilidad que permiten las TIC. Algo que, por cierto, manipula completamente el significado de la anterior imagen.

Usar las nuevas tecnologías en un espacio público rodeado de personas desconocidas nunca puede ser negativo. Menos aún usarlas para estar en comunicación o informado sobre los sucesos de actualidad. Por tanto, parece ser que aceptamos en esta disertación pulpo como animal de compañía. Nada más lejos de la realidad.

Los periódicos (ahora no voy a entrar en distinguir el mayor o menor grado de veracidad respecto a redes sociales o internet que vierten esos medios) eran, y siguen siendo en muchos casos, un elemento de información. Un elemento de información que, una vez utilizado (normalmente en contextos aislacionistas -sea un tren, un autobús, un bar cuando estás solo tomando una caña, etc.-) dejaba de ser útil. Un elemento de comunicación que, a diferencia de las nuevas tecnologías, jamás se abría cuando se estaba rodeado de amigos o en conversaciones. ¿Quién no se acuerda de las críticas que recibía aquel que osaba abrir un diario cuando se encontraba en medio de una reunión o en una mesa con sus amigos? ¿Tan lejos está esa situación que era totalmente minoritaria (por no decir casi indetectable)?

Ahora con las nuevas tecnologías eso ha cambiado. Abunda la mala educación digital. Nuevos medios, más potentes pero con mayores riesgos para el aislacionismo digital (por muchos amigos que se tengan en redes sociales). Hoy día es raro observar una charla en un bar o comida donde no se encuentren los móviles encima de la mesa. Difícil desconexión que impide centrarse en la realidad que nos rodea. Un peligro/realidad que poco tiene que ver con la crítica para justificarlo que intenta transmitir la imagen. Algo, por cierto, demasiado habitual.

Positivizar las TIC es necesario pero usar argumentos/imágenes tan vacías de contenido real (por la falta de aproximación a la realidad digital) como la anterior es cometer una soberana estupidez. Lo digital está y ha venido para quedarse. Ahora sólo hace falta hacer un buen uso de esas herramientas que se han distribuido (y se están usando) masivamente por nuestra sociedad.

Software pirata en los centros educativos

software-pirata-1Estos dos últimos días en las redes sociales se está hablando mucho de un artículo que ha publicado El Mundo sobre la inspección que se va a hacer desde Microsoft a los centros educativos valencianos para comprobar que no estén usando ningún programa sin licencia. Conocedores de este uso, la Conselleria de Educación valenciana ha dado instrucciones a los directores de los centros educativos para que hagan “desaparecer” (al menos mientras duren las  inspecciones) el software pirata que tengan instalado en los equipos informáticos de sus centros.

Lo anterior no es una novedad. La mayoría de docentes sabemos que en los centros educativos se usa gran cantidad de software pirata. Incluso, en muchos casos, con la aprobación indirecta de la Consejería de turno (ya que hay algunos programas y máquinas que suministran que no funcionan bajo sistemas operativos libres). Este mal uso, totalmente cuestionable, hace que en muchos casos se obligue a pagar (establecer contratos) un determinado canon a Microsoft para que la multinacional de turno haga la vista gorda en ese uso ilegal.

En la Comunidad Valenciana, por lo que se ve, no deben de haber suscrito el impuesto revolucionario con el gigante informático (deben ir muy justos de dinero) y, es por ello, que como represalia van a ser inspeccionados sus centros educativos. Una inspección, por cierto, que siempre debe estar sometida a una petición judicial previa o a la autorización de la Consejería de Educación.

Lo del software pirata tiene tela en los centros educativos. Más aún en pleno siglo XXI cuando han sido muchas las distribuciones libres que las administraciones educativas se han dedicado a desarrollar y potenciar (Lliurex, Linkat, Max, etc.) y, cuando la mayoría de programas privativos tienen su alternativa libre (¿es necesario seguir instalando el paquete informático Microsoft Office cuando su alternativa, LibreOffice, es de calidad similar?).

Que siga existiendo software pirata en los centros educativos es un auténtico despropósito. Que haya docentes que instalen o pidan a sus compañeros si pueden pasarles “de tapadillo” versiones de Autocad, Windows pirata u otros programas privativos es una situación totalmente lamentable. La culpa de que exista programas pirata en los centros educativos no es sólo de la administración. Es de muchos docentes que son incapaces de gestionar programas libres e, incluso, los recursos gratuitos de los que puede nutrirles la red. Una incapacidad que debería estar cada vez más perseguida por tratarse de un delito (y un mal ejemplo). Un delito que se comete actualmente pudiendo no cometerse. Un delito que me parece muy bien que los gigantes informáticos o pequeños creadores de programas informáticos privativos se encarguen de controlar. A ver si así nos ponemos las pilas en esto del sofware libre de una puñetera vez.

Sí al software libre en las aulas. Software de calidad incuestionable con una gran comunidad (y equipos de desarrollo en las administraciones) detrás.

Mamás del cole, la nueva pesadilla 2.0

whatsapp_grupomamaDebo reconocerlo. Las redes sociales, especialmente Whatsapp (si algún purista le disgusta que la considere como tal… dos piedras), han provocado la aparición de la subespecie “mamás 2.0″. Digo lo de mamás no por ser sexista. Lo digo por los porcentajes minoritarios de padres en esos grupos que montan las madres de los alumnos. Grupos que, tal como su nombre indica, son la crème de la crème de las redes sociales. Grupos donde se hace tan habitual comentar temas de clase como enviar chistes de humor cada vez más subido de tono. Grupos para quedar a tomar el café. Grupos para ir distribuyendo todo aquel material que, por las facilidades del medio, llega a manos de algunas de sus integrantes. Grupos destinados a favorecer la pesadilla de la infoxicación por tan alto glamour.

Pesadilla en los móviles. Móviles cuyo único objetivo desde altas horas de la madrugada es inundar con “ocurrentes” whatsapps a los que se han atrevido a pedir acceso a esos grupos. Grupos donde lo menos interesante es la típica imagen del parecido de la duquesa de Alba. Grupos gamberros. Grupos escatológicos. Grupos destinados a no dar nunca ejemplo a los chavales.

Me gusta este tipo de grupos de Whatsapp. Me gusta porque es justamente lo contrario de lo que debería hacerse en este mundo 2.0 tan difuso que nos rodea. Me gusta porque, más allá de la sesión soporífera televisiva de la tarde, me permite echar un vistazo a todo el recorrido humorístico (con mejor o peor gusto) del que gozan nuestros congéneres. Jodidos por la crisis pero ocurrentes. Dónde va a parar.

Hay grupos de Whatsapp buenos, malos y los de las “mamás del cole”. Un grupo que no debe faltar en ningún teléfono móvil de estos de última generación para aquellas madres con hijos en edad escolar. Y, no lo olvidemos, también es un grupo imprescindible para alguno de esos padres que, agobiado por el grupo de amigotes con los que se va a hacer bici o tiene pasatiempo similar, quiere variar un poco de esas imágenes de mujeres con gran y transparente personalidad con la que se les inunda el mismo. Un soplo de aire fresco para adaptarse a un medio que muchos usan como si no hubiera mañana.

Seguro que esta noche más de una (o uno, si ha sido valiente) se dormirá pensando en qué será lo que se encontrará mañana entre los cientos de whatsapps de ese grupo. Dulces sueños para alguien envuelto en una pesadilla en forma de ceros y unos.

A propósito… estoy en un grupo de mamás del cole y no pienso salirme de él :)

ReliTIC

benedicto_tuitpapaAprobada la LOMCE me pido dar religión. Al aumentar el número de horas lectivas de asignatura tan importante en el currículum de nuestros alumnos, supongo que aquellos que nos quedemos sin horas (entre ellos los docentes de Tecnología entre los que me encuentro) se nos puede reconvertir para dar doctrina. Una doctrina que, en mi caso, me comprometo a impartirla usando las TIC.

¿Por qué no permitirme usar las TIC para dar religión? ¿Por qué no hacer maravillosas webquest y emocionantes prezis sobre la vida y milagros de algún santo de los que lucen en nuestro santoral? ¿Por qué no usar las PDI para lapidaciones interactivas de aquellas mujeres que cometan el delito moral de abortar? ¿Por qué no hacer documentos colaborativos para recabar donativos para la próxima jornada de las Juventudes Católicas (o los Kikos como sector guay -eso de llevar guitarras mola-)? O, incluso, ¿por qué no preparar un crowdfunding para ello? ¿Qué mejor que un mecenazgo TIC montado por un docente reconvertido en los centros educativos?

Me comprometo a ir en chanclas. Incluso a ponerme collarín (admito sugerencia de su color). Me comprometo a explicar doctrina en la nube sobre las nubes. Me comprometo a diseñar un programa informático para, mediante un sistema de respuesta dirigida, poder acceder a nuestro tan querido Cielo.

Espero que me pasen una biblia 2.0. Me conformo en que venga en formato pdf enriquecido. Si puede ser, con anexos de oraciones en formato mp3 (e incluso, si fuera posible, con enlaces a Youtube). Material imprescindible que me comprometo a elaborar para la editorial católica de cabecera. Bueno, si es franciscana, mejor.

Quiero que evalúen mis capacidades TICmísticas. Mi capacidad de estar en contacto íntimo con las alturas (¿da puntos medir algo más de metro ochenta?). Mi voluntad de ser palabra digital de apocalipsis y plagas.

También puedo servir para hacer un arca en el taller de Tecnología. Con madera ligera y capaz de meter a una pareja de cucarachas o saltamontes. Algo no tan TIC pero también relacionado con la materia que me gustaría impartir. Prometo que flotará. Bueno, por prometer que no quede.

Creo que conviene cambiar el nombre a la asignatura de religión por algo más cool. Ahora que tendrán algún profesor de Tecnología entre las filas de abnegados misioneros lo podríamos cambiar a reliTIC. Queda bien, moderno y espectacular. Además, no lo olvidemos, la palabra de Dios queda mejor en 140 caracteres.

NO debemos usar las TIC cuando…

TIC_profe_13Hay momentos en que los docentes nos debemos de plantear el uso de las TIC en el aula. Por mucho que a algunos nos gusten con locura las nuevas tecnologías y su aplicación en el aula hemos de tener en cuenta cuando dicho uso, más que positivo, llega a ser perjudicial para nuestros alumnos. Un mal uso de las TIC puede ser igual de contraproducente que un libro de texto e, incluso, ese mal uso puede llegar a provocar problemas en el aprendizaje de nuestros alumnos.

No debemos usar las TIC cuando…

  • Su uso va en detrimento de habilidades básicas que deben asumir los alumnos (cuestiones básicas de lectoescritura, expresión escrita y operaciones matemáticas básicas de cálculo mental).
  • Su uso comporta el mantenimiento de prácticas idénticas a las que se realizarían sin esos dispositivos digitales (usar las TIC para hacer lo mismo de siempre es un error).
  • Su uso está excesivamente condicionado por la infraestructura técnica del centro. Conexiones lentas en los centros educativos hacen que usar las TIC se convierta más en una cuestión de fe que en una posibilidad real de uso.
  • Su uso supone una pérdida de tiempo respecto al uso de otras alternativas viables.
  • No estamos suficientemente preparados para ello (y no me estoy refiriendo sólo a formación en la herramienta a usar).
  • Las usamos por obligación.
  • Lo único que hacemos es sustituir los libros en papel por libros digitales.
  • No tenemos claro el objetivo real de su uso.
  • Pensamos en las TIC como un enemigo a domesticar, etc.

Se pueden aportar muchos NOes al uso de las TIC, pero lo que SÍ que conviene tener claro es que las TIC nunca han de convertirse en el núcleo del aprendizaje.

Parte de mi exposición de ayer ante algunos compañeros cuando les
explicaba el concepto de competencia digital.

Hacia un modelo de centro educativo asambleario

modelo_asamblearioMe gustan los modelos asamblearios. Modelos donde se expresa, tal y como la entiendo, una democracia pura y real. Modelos donde todos sus miembros, con independencia del rol que les toque asumir, participan en el funcionamiento del sistema. Modelos basados en palabras como colaboración, igualdad (que no igualitarismo) y responsabilidad. Modelos factibles para ser asimilados fácilmente por los centros educativos (por sus características).

Un centro educativo es un supraorganismo donde intervienen diferentes tipos de personas. Personas con roles de alumnos, docentes, padres y personal de servicios. Un entramado multipersonal donde la importancia de todos sus componentes debería ser tenido en cuenta. Un sistema que funcionaría infinitamente mejor si se basara en un modelo de asamblea.

¿Qué pasaría si eliminamos los cargos unipersonales de los centros educativos y mantenemos a todos sus profesionales con idéntica responsabilidad en el funcionamiento del centro? ¿Qué pasaría si en lugar de tener directores, jefes de estudios, secretarios u otras figuras análogas convertimos al centro en una democracia perfecta a nivel de los profesionales que lo conforman? ¿Tan malo sería dejar la gestión del centro educativo a sus profesionales para que decidieran de forma asamblearia (no por Claustros en los que lo único que se decide es el tiempo que duran) qué camino quieren seguir en sus centros educativos?

Una asamblea no sería perfecta si no incluimos al resto de roles que existen en los centros educativos. ¿Y si más allá de la democratización entre el funcionamiento de centro que supondría la abolición de cualquier “elemento profesionalizador diferencial” permitiéramos que los padres realmente conozcan lo que sucede en los centros educativos? ¿Y si los hacemos permeables y transparentes para ellos? ¿Y si les permitimos saber lo que estamos haciendo y les convocamos (no mediante los insulsos Consejos Escolares en los que una parte mínima de los padres es la que vota) a ver lo que hacemos y cómo lo hacemos? ¿Y si les pedimos ayuda y que arrimen el hombro?

No nos olvidemos de los alumnos. Los más importantes del sistema educativo. También han de tener derecho a decir algo, ¿o no? ¿Tan malo es ponerse a analizar el sistema por su parte más débil como es la del alumno? ¿Es necesario ser tan poco democrático (como lo es el sistema actual) para impedirles la posibilidad real de que intervengan en su aprendizaje?

No se acaban los actores del sistema… ¿y el personal administrativo y de servicios? Son los grandes olvidados siempre. Tanto o más importantes que cualquiera y ninguneados en demasiadas ocasiones por muchos de los otros actores. ¡Qué hay más importante que los administrativos, conserjes y personal de limpieza! ¿No vale su opinión? ¿Sólo tienen derecho a ser mano de obra en algo tan importante como es el funcionamiento del centro educativo donde trabajan?

Tengo claro que las líneas anteriores son una utopía. Una utopía que, lamentablemente, nadie se atreve a llevar a cabo. Pero, ¿nadie ve las ventajas de lo anterior? ¿Nadie se plantea que podría existir una renovación educativa si se permitiera que la verdadera democracia de un modelo asambleario aterrizara en nuestros centros educativos?

Lamentablemente por lo único que opta la administración es por dar más poderes a los directores y menos capacidad de decisión a los Consejos Escolares. Algo que sólo puede interesar a regímenes dictatoriales. Regímenes que, por desgracia, rigen la mayoría de los centros educativos de nuestro país.

¿Qué debemos enseñar?

teach_enseñar_13En nuestro país no existe la libertad de enseñanza. Somos uno de los países donde las posibilidades de adaptar el currículum que nos marca el Estado (adaptado por las diferentes Comunidades Autónomas en diferente grado) a nuestro centro educativo es una auténtica utopía. Currículums cerrados que nos obligan a enseñar conceptos que, en demasiadas ocasiones, suponen para los alumnos un auténtico despropósito educativo.

¿Debemos enseñar sin seguir ningún tipo de currículum en función de nuestras creencias sobre lo que es correcto? ¿Debemos pasarnos por el arco del triunfo a la administración educativa para desdeñar el noventa por ciento de inutilidad que suponen los currículums actuales? ¿Debemos permitir que los alumnos, en función de dónde estén escolarizados, estudien lo que a los docentes les apetezca en cada momento? ¿Debemos ir quemando etapas del currículum con independencia de ir repartiendo formación cuya permanencia en el alumno es tan efímera como la actual?

Creo que no debería existir el currículum tal como lo conocemos. Creo que, incluso, optaría por cargarme las asignaturas y establecer unos objetivos finales por etapa educativa. Creo que, yendo más lejos, me cargaría horarios lectivos y centros educativos uniformizados.

Hoy en una clase de cuarto de ESO (sí, alumnos de quince y dieciséis años) me he encontrado con que la mayoría de alumnos no saben dividir. Una de las operaciones matemáticas básicas que se supone que, de tan repetitiva que se ha hecho en etapas anteriores, debe estar impregnada a fuego en nuestros alumnos. Una impresión que, por lo que se ve, no ha sido lo indeleble que debería. Entonces, ¿para qué demonios voy a explicar las puertas lógicas (inútiles para la mayoría de mis alumnos y que van a olvidar a corto plazo) que hay en el currículum? ¿Por qué debo enseñar algo que va a servir de poco para satisfacer a un currículum tan depravado? ¿Por qué debo ser papista en un entorno en el que hay de todo menos papas?

No deberíamos enseñar currículum ni materias. No deberíamos tener, en pleno siglo XXI, ningún tipo de material guiado a seguir en nuestras clases. No deberíamos ir avanzando en cuestiones básicas sin ver su correcta asimilación.

¿Por qué no montamos las clases alrededor de temas de actualidad? ¿Por qué no aprovechamos las potencialidades de las nuevas tecnologías para cargarnos un modelo obsoleto? ¿Por qué no nos dejamos de chiringuitos y aprendemos cosas realmente útiles? A propósito… ¿alguien me sabe definir qué es útil alejándose de su subjetividad personal?

El currículum ciñe pero no constriñe. La administración aprieta pero no ahoga. El docente sigue haciendo, salvo excepciones, lo mismo que antaño. El fracaso escolar, simplemente, se está trasladando a otros niveles. Fracaso, por cierto, que puede ser igual de malo con independencia de la superación de los exámenes o pruebas externas. Fracaso que poco tiene que ver con lo puramente académico y mucho con la evolución personal del alumno.

Tengo claro lo que no debemos enseñar aunque dudo, y mucho, sobre lo realmente imprescindible. Y si hablamos sobre el cómo hacerlo… me abstengo completamente de intentar dar mi opinión porque me quiero mucho.

Filoterroristas en las aulas públicas

ideologia_13Estos últimos días se está hablando mucho de la cantidad de profesores que, en determinadas Comunidades Autónomas (especialmente en Navarra y el País Vasco), tienen relaciones con entramados terroristas. Algo que, por cierto, no debería ser tan extraño si nos ceñimos a los resultados electorales de las circunscripciones (que haya un 25% de docentes navarros afines ideológicamente al nacionalismo vasco y con vínculos filoetarras no es nada más que una situación puramente matemática -si hay un 25% de personas que simpatizan o votan a ese partido concreto, lo lógico es que también se hallen representados en el ámbito educativo profesionalmente-).

Establecer que sea malo que exista heterogeneidad de opiniones en los centros educativos es, a mi entender, un completo error y despropósito. ¿Qué hay de malo en que todas las posiciones ideológicas se vean representadas en un centro educativo? ¿Qué problema existe de no querer aislar la sociedad de los centros educativos?

No creo que uno sea mejor o peor docente en función de su ideología. Ni tampoco creo que la ideología de uno tenga una afección importante en la profesionalidad como docente. Más allá de eso… la razón siempre se verá enturbiada por el corazón. Algo comprensible pero, si lo que queremos es un buen sistema educativo, demasiado poco importante para el resultado final.

En cualquier centro educativo público (en los concertados y privados están más filtrados por la ideología del centro) hay docentes de ideología dispar. De derechas, de izquierdas, anarquistas, nacionalistas (de donde sea) y de cualquier variante ideológica que se pueda presentar. No creo que sea negativo que los docentes, como personas que son, tengan inquietudes ideológicas. Tampoco veo mal que en democracia puedan posicionarse hacia la ideología que les sea más cómoda o creíble. Lo malo sería que para ser docente se tuviera que tener una ideología concreta.

No comulgo con muchas de las ideologías que tienen mis compañeros pero, a pesar de ello, considero que la inmensa mayoría son excelentes profesionales. Algo que debería estar por encima de qué partido votan o qué relaciones tienen. Algo bastante más importante que esa clasificación que muchos se empeñan en resaltar.

Tengo amigos que votan a diferentes partidos políticos (entre los que se incluyen algunos que considero que son totalmente deleznables -siempre en perspectiva propia-). Ello no impide poder sentarse juntos a una mesa ni discutir sobre cuestiones políticas y sociales. Esto es la grandeza de la democracia. Una democracia que, para algunos, sólo consiste en que todos los que no son de los míos son malos. Algo, por cierto, que no depende de la ideología y sí de la persona que se halla tras la misma.

Si alguien tiene problemas en que todo el espectro político que existe en nuestro país tenga las mismas posibilidades de aprobar unas oposiciones libres, donde pesa bien poco la cuestión ideológica, le recomiendo que se lo haga mirar.

Píldoras en formato minimalista y pequeño comité

pildoras_13La formación docente “tradicional” no funciona. No es algo que venga de nuevo ni que obligue a rasgarse las vestiduras. El formato de formación, sea presencial o en red, que se ofrece por parte de las administraciones educativas es algo deprimente y de resultados más que cuestionables.

Una vez tenemos claro el punto anterior conviene analizar, desde la experiencia, cómo sería posible cambiar el modelo formativo en nuestro entorno más cercano (el centro). Un entorno donde siempre debe estar centrada la formación para individualizarla de la formación fast food que nos están vendiendo sin ningún tipo de hecho diferencial. No es lo mismo trabajar en un centro pequeño rural que en un macrocentro. No es lo mismo trabajar en un centro con dotación informática relevante que en otro cuyos equipos informáticos brillen por su ausencia. No es lo mismo un centro educativo con plantilla estable que uno con movimientos migratorios habituales. No hay dos centros iguales.

Primer error de la administración a la hora de ofrecer cursos: catalogar los centros como homogéneos. Segundo error: no realizar una evaluación a posteriori (¿resultados de aula?) de la formación que se ha realizado en los centros educativos.

Seguro que habrá algunos que a estas alturas del redactado me hablen de la maravillosa formación en centro que se está realizando en algunas Comunidades. De esa elección por parte del Claustro de la formación que quiere que su Centro de Profesorado más cercano les autorice a impartir. De eso que queda muy bonito en los papeles pero que, a la hora de la verdad, sólo sirve para que los docentes necesitados de puntos se apunten a algo que sea muy fácil obtener el certificado horario y no les dé mucho dolor de cabeza.

Este curso en mi centro he propuesto algo diferente. Píldoras de formación (herramienta y metodología de uso) para grupos muy reducidos. Máximo diez compañeros y sesiones minimalistas. Un modelo de formación, por cierto, imposible de reconocer por el Centro de Profesorado por darse dentro del horario de “permanencia”. Horas que, por no tener reuniones, nos obligan a más de uno a mordernos las pocas uñas que nos quedan. Horas que sólo sirven para tomar algún que otro café, escuchar andanzas familiares o hacer terapia de grupo. Horas en las que me apetecía hacer algo diferente.

Formación que no le cuesta ni un euro a la administración para intentar cambiar el modelo metodológico que supone el uso de los libros de texto digitales que tantos de mis compañeros usan. Formación que nadie me va a pagar (espero que caiga algún café de mis compañeros) ni ningún certificado de la administración a reconocer. Formación de gratis para compañeros a los que aprecio y que espero repercuta en las aulas. Un experimento que me apetecía probar.

Ya os iré contando que tal funciona el experimento. Un experimento, por cierto, que da bastante pena que no sea facilitado por la administración educativa (aquella que sólo pide papeles para impartir formación, temporizaciones muy marcadas y, horarios rígidos fuera de esas horas de permanencia en la que muchos nos aburrimos soberanamente).

Esta semana, por cierto, empezamos con los blogs…

Macroprostíbulos de la literatura

Librería El Puerto

Librería El Puerto

Leo. Todo el mundo tiene sus vicios y leer es uno de los míos. Podría ser peor. Podría dedicarme a pensar. Algo por cierto que, en la época actual, tiene más de pecado que de vicio.

Al leer necesito libros. Más allá de aquellos que ya han hecho traición al papel para buscar algún lector de ebooks que les permita surtirse “por el morro” de gran cantidad de libros que pululan por la red, yo sigo siendo un fanático del papel. El papel huele. El papel se toca. El papel tiene mucho de romántico para alguien de lectura tan empedernida como la mía.

Lástima que el artículo no vaya sobre el vicio. Un artículo destinado a denunciar los macroprostíbulos de la literatura. Lugares presenciales o en red donde da lo mismo vender un libro que un conjunto de bragas y sujetador. Lugares donde es posible encontrar desde el tomate para la ensalada hasta el último bestseller que leen las maduritas (y las que no lo son tanto). Burdeles del papel sin ningún tipo de encanto.

Ayer aterricé en una librería. De aquellas que da gusto entrar. De aquellas plagadas de libros pero, más allá de lo anterior, de un librero que lee y sabe lo que está vendiendo. Un bien, por cierto, cada vez más escaso.

Estoy cansado de Amazon, Carrefour o similares. Estoy harto de acudir a un lugar lleno de libros, donde ninguno de los vendedores sabe asesorarte más allá del número de ejemplares vendidos. Cansado de forofos de Belén Esteban que venden maravillas que no saben valorar. Entristecido al ver en qué se está convirtiendo este negocio de vender libros.

Un libro tiene mucho de alma. Mucho del autor que hay detrás del mismo. Mucho de protocolos que cada vez son más relegados al olvido.

No me gusta la macroprostitución en el punto de venta literario. Aún menos en bibliotecas llenas últimamente de bibliotecarios becarios mileuristas que nunca han ojeado ningún ejemplar de los que les van llegando. Bibliotecas gestionadas por incultos incapaces de asesorar sobre nada de lo que están ofertando. Incultura en lugares sagrados. Oferentes de padrenuestros que no se atreven a pronunciar.

Quiero libreros que sepan vender libros. Bibliotecarios que sepan, más allá de donde están los libros, recomendarte lecturas en función de tu interés. Quiero alma detrás de algo tan precioso como es un libro.

Un libro es mucho más que tapas y papel. Un libro es una pasión, un sueño, un viaje. Un libro es algo demasiado delicado para ser tratado igual las revistas imprimidas en papel couché.

En modo gaseosa

i_gaseosa_13El docente español (al igual que el de otros muchos países) funciona en modo gaseosa. Un modo de funcionamiento basado en la inmediatez y en la imposibilidad, en la mayoría de casos, de poder establecer una pauta de trabajo (o consecución de objetivos) más allá del impulso inicial.

El modo gaseosa es aquel que hace que cuando surge una moda sean muchos los que abogan por introducir la misma en sus clases y, al poco tiempo, se desinfla hasta volver a usar lo más cómodo. Modo gaseosa es lo que hace que muchos blogs educativos se abandonen después del ímpetu inicial. Modo gaseosa es aquel que hace que las reivindicaciones vayan a golpe de decreto y no tengan una continuidad real para la mayoría de docentes (número de docentes en huelga, críticas en los centros a la política educativa, etc.).

¿Cómo podemos pretender que nuestros alumnos sean perseverantes cuando a nosotros nos cuesta serlo? ¿Cómo podemos pedir que el alumno estudie un poco cada día cuando nuestra formación diaria, más allá de los cursillos “de los puntos”, es inexistente en la mayoría de los casos? ¿Cómo podemos pretender que un alumno tenga continuidad en un entorno lleno de discontinuidades?

Reconozco que todos los docentes en algún momento de nuestra profesión caemos en el modo gaseosa. A veces dedicamos mucho esfuerzo a algo que, con posterioridad, vemos que no nos aporta los resultados inmediatos que deseamos. Y, una vez dada la anterior casuística, abandonamos el proyecto. Incluso, se ven ocasiones en que se habla sobre determinados macroproyectos educativos que, por diferentes motivos, ya no se llevan ni siquiera a cabo. Mucha ebullición educativa que pronto se convierte en tibieza. Muchas ideas que, por idiosincrasia (¿o genética?), se quedan en el tintero por la falta de empuje después del ímpetu inicial.

Podemos hablar de nuevas tecnologías, de reivindicaciones, de estilos de aprendizaje. Podemos fabular con las miles de cosas que podríamos hacer en el aula (y que, en algunas ocasiones -no demasiadas-, se llevan a cabo). Lo difícil no es la fábula inicial. Lo difícil es tener la constancia para llevarlas a cabo. Una constancia que, en demasiadas ocasiones, brilla por su ausencia.

¿Nadie ha observado la gran profusión de proyectos educativos que se inician en los centros educativos cada año? ¿Nadie se ha dedicado a analizar la gran cantidad de ellos que, por diferentes motivos, se transforman en algo mucho más cómodo y con poco parecido a lo que inicialmente se proponía? ¿Nadie se extraña al ver que las intenciones (buenas o malas) se quedan en lo anterior?

Podemos hablar largo y tendido sobre las mejoras que necesita nuestro sistema educativo, lo malos que son quienes nos legislan, las potencialidades de las TIC, etc. Pero, lo que no hemos de olvidar nunca, es que si nos quedamos en el modo gaseosa, lo anterior no tiene ningún sentido.

Los siete pecados capitales del docente

Después de un largo insistir he conseguido que la autora y compañera de fatigas que ha redactado el siguiente escrito me dejara publicarlo en el blog. Fina prosa para describir de forma excelente lo pecaminosos que son algunos docentes. Como no puedo estar más de acuerdo con la redacción… amén compañeros.

[box] Yo confieso. Padre, he sido mala. Me informaron de que me iban a bajar el sueldo (e, incluso, recortar la paga extra) y pequé de AVARICIA porque quería mantenerlo TODO. Me enfadé. Pequé de IRA. Protesté con los recursos que la democracia me permite y creí (y creo) que se podían cambiar las cosas. Pequé de SOBERBIA. Cuando vi los cientos de miles de personas que piensan como yo recorriendo las calles de diferentes localidades sentí un amor excesivo por los demás y pequé de LUJURIA. Participé en un encierro en mi centro educativo y me comí con excesivo placer un bocadillo de bacon y queso, los cacaos y el postre. Pequé de GULA. Vi como algunos de mis compañeros se conformaban ante esta nueva situación sin problemas de conciencia con una paz espiritual propia de santos que asumen sus tormentos con agrado y pequé de ENVIDIA. Ahora, con las nuevas declaraciones con las que nos bombardea el Ministro (y sus acólitos) a diario, he sentido una gran tristeza de ánimo que no sé si me seguirá permitiendo realizar todas mis obligaciones. PEREZA, Dios mío, pereza. Además, no me arrepiento y seguiré protestando. Seguiré haciendo huelga. Todas las que vengan. Soy mala, muy mala y seguiré pecando. Quizás me merezco el acto de contrición que me impone mi administración. AMÉN[/box]

Un texto escrito ya hace un tiempo que, lamentablemente, sigue estando demasiado vigente.