Competencias básicas en el ámbito digital

Este mes, el Departament d’Ensenyament de la Generalitat de Catalunya ha presentado dos documentos (en catalán) que hacen referencia a las competencias básicas digitales y a la difusión de estrategias metodológicas, centradas en diferentes “objetivos clave” (o competencias) para el alumnado de primaria y secundaria. Unos documentos elaborados por grupos de trabajo dirigidos por Pere Marqués y Jaume Sarramona (el primero de ellos muy conocido por ser uno de los impulsores de las PDI y coordinador del grupo DIM).

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Fuente: XTEC

Me parece una aportación interesante con algunas pegas (la mayoría referidas a cuestiones de Reglamentos de Régimen Interno de los centros catalanes, donde la prohibición del uso de las redes sociales o teléfonos móviles, además de las limitaciones de espacio de los equipos informáticos hacen que sea muy difícil trabajar algunas de las competencias que se proponen) y muy determinada por la competencia digital del docente que hay frente a los alumnos. Un docente al que quizás, más allá de la formación que se le está ofertando, quizás sería necesario ofrecer la posibilidad de una formación global en habilidades digitales básicas. Unas habilidades de las que ya se está hablando en estos documentos que se han publicado.

Un par de documentos interesantes que me permito, por su licencia CC y por el interés que creo que tienen, a continuación:

Unos documentos que habrían de trabajarse, a mi entender, en los centros educativos catalanes (y por lo interesantes, exportables a otras Comunidades). Algo que, más allá de honrosas excepciones (la mayoría individuales) no creo que vaya a ser habitual. El uso de elementos digitales en las aulas por parte de los docentes (más allá del típico libro de texto en formato pdf con algún vídeo de Youtube) sigue siendo demasiado residual y, por ello, iniciativas que deberían incentivar el uso de los mismos por parte de los docentes (más allá de documentos variados) es algo en lo que debería incidirse mucho más de lo que se está haciendo.

El tamaño SÍ que importa

regla_1Tenerla pequeña es un problema. Más aún cuando ese tamaño impide poder realizar aquello para lo cual debería estar preparada. La mayoría de mis compañeros la tienen demasiado pequeña. Pequeña, hasta llegar a ser necesario aumentarla muchas veces para poder trabajar con la misma. Pocos la usan y más de uno prefiere usar las que se hallan a disposición de ellos en el recinto de más calor humano de los centros educativos. Demasiada miniaturización para poder sentirse orgullosos de su tamaño.

Si pasamos la medida a centímetros es para llorar. Muy poco para tanto que ha de hacerse con la misma. Muy poca visibilidad para lo más importante en el siglo XXI. Minucias que no merecen, en muchos casos, ni ser sacadas de sus recipientes.

¿Para qué sirve algo que no puede ejercer su función en condiciones? ¿Para qué sirve algo que has de ampliar para poder trabajar con ella a gusto? ¿Para qué sirve tanto colorido si el morado no se distingue del rosa más pálido?

En las aulas importa mucho el tamaño. Demasiado para aquellos que quieren trabajárselo a gusto. Incentivar el trabajo con cosas pequeñas cuyo minúsculo tamaño hace que la mitad de los detalles no se observen es algo bastante triste.

Por cierto, para aquellos malpensados después de estos primeros párrafos, comentar que estoy hablando de las pantallas (o monitores) de los equipos con los que trabajamos en los centros. Miniportátiles de escasas diez pulgadas de pantalla que hace aumentar la necesidad de dotación en lentes de aumento. Pantallas cuya suciedad en forma de motas de polvo dificultan en un grado inasumible la observación de esa gran cantidad de información que hay detrás de esa deposición. Usar GIMP o PhotoShop (de esos piratas que pululan en gran cantidad de centros que aún no han entendido que existen alternativas libres) en esos microscopios de pocos aumentos se merece una ola. Bueno, pongamos dos… no sea que nos quedemos cortos.

El tamaño SÍ que importa. Importa en los equipos informáticos para trabajar en condiciones. Importa para trabajar a gusto. Importa para no perder lo poco que queda de vista a más de uno. Importa para intentar que lo de menos sea la cantidad de ampliaciones que debamos de hacer a lo que estamos trabajando para verlo en condiciones.

Ahora muchos postulan por los teléfonos móviles como solución dentro de las aulas, a las tabletas de 7 pulgadas por su coste más económico, a dispositivos más pequeños para que la movilidad se vea incrementada. Dispositivos cuyo tamaño impide disfrutar de un aprendizaje en condiciones. Dispositivos demasiado reducidos para poder gozar con los mismos.

Quiero un aula con ordenadores de sobremesa. Con sus 21 pulgadas. Con sus teclados ergonómicos. Con sus respectivos ratones que permiten ser más precisos en su disparo. Me sentiría más cómodo. Mucho más. ¿Tan malo es quererse sentir a gusto con un tamaño mucho más adecuado para la función que se ha de realizar?

Adiós en algo más de 140 caracteres

adios_twDespedirse es algo que cuesta. Aún más cuando la despedida no incluye billetes de retorno ni posibilidad, a ciencia cierta, de saber cuándo volverás. Twitter ha sido mi casa digital favorita a lo largo de cuatro años. Cuatro años en los que he aprendido mucho, he conocido a grandes personas/profesionales y, me ha servido para debatir (discrepando o no) sobre muchísimos temas (no todos educativos).

Me ha gustado la cercanía que los ciento cuarenta caracteres permiten. Las bondades de un medio libre donde expresarse con libertad. Un ágora del siglo XXI donde las ideas fluyen, el conocimiento se transmite y la horizontalidad es la base del intercambio. Mucho positivo en una red social que ha significado mucho para mí.

Ahora toca irme. Es prudente hacerlo. No puedo aportar nada y, es por ello amén de otros motivos más personales, por los que emprendo un viaje fuera de las redes sociales. Un alejamiento que no será total. Seguiré interaccionando por DM con quien quiera (por eso he dejado abierta la posibilidad de recibir ese tipo de mensajes directos para cualquiera), seguiré publicando los artículos que siga escribiendo en el blog (más técnicos de lo que últimamente era habitual –otro de los cambios puntuales que tocan-) en las redes pero, mi interacción en un timeline abierto no existirá. Algún día quizás pueda exponer los motivos en voz alta pero ahora no es el momento. Ahora es momento de coger los bártulos. Es el momento de hacer una parada estratégica. Es el momento de la prudencia y Twitter es todo menos prudente (por mucha reflexión que pongamos antes de publicar un tuit).

Gracias a todas y todos los que me habéis permitido disfrutar de una de las mejores experiencias, a nivel profesional y humano, que he tenido en los últimos años. Las redes son un gran lugar. Llenas de gente maravillosa. Llenas de sabores y olores contradictorios pero igual de agradables. Llenas de espacios de debate que hacen que sea un entorno demasiado adictivo (en sentido positivo) para tomar tan triste decisión.

Sigo estando disponible para todos. Disfrutaré aprendiendo de todo lo que se vaya comentando en las redes pero toca tomarse un tiempo de dejar de participar activamente en las mismas. Una dura decisión que ha costado de tomar. Una decisión muy meditada.

Muchas gracias. Un fuerte abrazo.

Excusas de alumnos en la Escuela 2.0

Excusa_yonofuiTengo muy claro que hablar de 2.0 no es lo mismo que hacerlo de aulas donde se han dejado caer portátiles, PDI o tabletas. Tengo también bastante claro que el modelo habitual de transmisión no se ha visto modificado en la mayoría de ocasiones pero, lo que sí que he observado es una evolución “tecnológica” de las excusas más habituales que presentan los alumnos al llegar al aula o a la hora de realizar las actividades (que, en mi caso, mando por una plataforma educativa llamada Schoology que ha sustituido a mi querido Edmodo del curso pasado) para justificar su nula realización. Es por ello que llevo un par de años recopilando alguna de ellas . Unas excusas que me permito colgaros a continuación. No creo, por cierto, que haya ningún docente que use las TIC en el aula que no haya encontrado nunca con ninguna de ellas.

Por cierto, cada uno de los alumnos dispone de un netbook y en más de un 90% conexión a internet en sus domicilios (además de disponer de otros equipos informáticos).

Vamos allá…

No me funcionaba el netbook y, por eso, no he podido hacer las tareas

Bonita excusa si no fuera porque al usar una plataforma online se pueden hacer las actividades/tareas desde cualquier equipo conectado a internet.

Lo he enviado en varias ocasiones y no sé por qué no se ha enviado

Curiosamente resulta que cuando se hace la prueba en el aula funciona a la primera. Es chocante la situación. Unas actividades que se registran siempre como “entregadas” no se pierden en la “nube”. Aún menos, cuando dichas actividades las pierden los mismos alumnos de forma habitual.

No me acordaba de la dirección de la Wikipedia

Ésta de las más surrealistas. Una alumna de segundo de ESO que no podía hacer las actividades porque no se acordaba de la dirección web de la Wikipedia. ¿Tan mal explico para que alguien use como única fuente de información la Wikipedia? ¿Se hace necesario restringir tanto la fuente de información? Supongo que fue la primera excusa que se le pasó por la cabeza (o eso espero).

No me funciona internet y, por eso, no he podido realizar las actividades ni repasar lo explicado

Podría disculparse la situación si no fuera por tener el mismo curso a su hermano  que no había tenido problemas en acceder al material ni en realizar las actividades. Supongo que internet sólo funciona para el mayor de la casa. Privilegios informáticos de ser el hijo mayor.

Mis padres no saben cómo enviar lo que nos has pedido

Esta excusa ya es de traca. Acompañé la respuesta a tal información con un mensaje a los padres sobre los beneficios, vistas las ganas que ponían, que supondría para ellos la matriculación en la ESO.

No me lo había apuntado en la agenda

Cuando no se apunta en la agenda algo que, por cierto, está en un calendario dentro de la plataforma (de acceso fácil y siempre actualizado) hay algo que no se entiende. Más aún cuando el alumno que te lo comenta no tiene agenda en papel por haberla perdido la primera semana de curso.

No me funciona el Word. Me dice que no es una copia válida y me da miedo que se me pongan virus

Excusa básica del que no ha prestado nada de atención cuando obligaste a toda la clase a instalar LibreOffice y que, curiosamente, tiene el ordenador lleno de programas cuya instalación le ha supuesto la aparición de numerosos popups en la navegación y una lentitud en el arranque considerable. Eso sí, instalar Ares u otro tipo de programa para bajarse “cosas” de internet no le ha supuesto ningún ataque de virus o malware.

Han desaparecido las excusas del “me lo he olvidado en casa”, “no tuve tiempo” y otras tan manidas como las anteriores para aparecer algunas que se adaptan a los nuevos tiempos. Unos nuevos tiempos que permiten nuevas excusas para justificar lo injustificable.

¿Y si pasamos la Formación Profesional a la Universidad?

Fuente: El Universal

Fuente: El Universal

Dentro de las propuestas educativas de los principales partidos políticos (incluyendo las que nos han enjaretado en este nuevo invento llamado LOMCE) hay algo que brilla por su ausencia. La necesidad de reformular agrupamientos educativos y espacios. Algo que, por cierto, podría llegar a ser una de las claves que, más allá de articulados legislativos a gusto de quien manda en ese momento, podría llegar a arrojar un poco de luz en un sistema educativo cada vez más tocado.

Ayer tuve la oportunidad de disertar sobre las posibilidades de hacer algunos cambios en el sistema educativo. Unos cambios, más que de cuestiones legislativas que hacen referencia a aspectos esencialmente curriculares, de infraestructuras y agrupaciones de alumnos.

¿Qué pasaría si agrupamos toda la escolarización obligatoria en los mismos centros educativos (desde Infantil a la ESO)? ¿Qué pasaría si trasladamos el Bachillerato a jornada de tarde y moviéramos toda la Formación Profesional a la Universidad? ¿Qué pasaría si en las Universidades estableciéramos dos perfiles de carreras -las más profesionalizadoras (de acceso desde la propia FP) y las más relacionadas con la investigación-? ¿Qué pasaría con estos cambios en el sistema?

Hay un aspecto clave en la mejora educativa del país y, ésta pasa de forma muy importante por la Formación Profesional. Una Formación Profesional que debe de tener a los mejores estudiantes y, para ello, se hace esencial la conexión con etapas educativas superiores. Unas etapas con las que habría de convivir en los mismos recintos y permitir que aquellos aspectos de innovación universitaria con los que contamos se trasladaran rápidamente a esos alumnos. Unos alumnos a los que se habría de facilitar el acceso a estudios superiores.

Nadie en este país con poder político se ha atrevido nunca a enfrentarse con los poderes universitarios. Lo único que se hace es penalizar al alumno mediante el incremento de tasas y la reducción de becas pero, jamás ningún Ministro se ha atrevido a coger el toro por los cuernos y asumir que la autonomía universitaria ha generado un problema muy serio en la misma. Un problema que hace que la mayoría de las plazas se asignen endogámicamente (a profesorado que ya había estado trabajando como asociado o haciendo el doctorado en la misma Universidad en la que consiguen plaza) y que la parte académica, en muchas ocasiones, sea considerada como mucho menos importante que la investigadora. Algo que a mi entender es un grave error. Conviene preparar a las personas. Eso debería ser crucial en cualquier etapa educativa.

La falta de conexión de la Universidad con etapas anteriores (especialmente con la Formación Profesional) hace que sean unos estudios aislados dentro de un sistema que empieza en Infantil. Un sistema en el que todo son eslabones de una misma cadena y que, cualquier separación exagerada de los mismos, hace que sea mucho más difícil llegar al final de la misma.

Ya sé que los poderes que gobiernan las Universidades son muy amplios, pero tampoco sería tan difícil que el MEC empezara a meter mano en las mismas. Un Ministerio de Educación que debería ser el garante de todo el sistema educativo de nuestro país. Un sistema educativo que, por cierto, incluye a las Universidades (que ahora no dependen del mismo).

Unas ideas, expresadas en voz, resultado de una conversación que tuve ayer con mi hermana. Una conversación que me apetece reproduciros aquí en ligeras pinceladas sin desarrollar.

Ingredientes para una historia de terror

halloween_2013Las historias necesitan contextos y protagonistas. Las de terror, además, requieren introducir al lector en miedos y situaciones cuyo desenlace, lleno de situaciones terroríficas, en muchos casos va a culminar en un triunfo de sus protagonistas. Un triunfo que, lamentablemente, en las historias educativas (llenas de terrores y situaciones paranormales -no es cuestión de mezclar géneros-) brilla por su ausencia en los primeros volúmenes de una historia interminable de apariciones, decapitaciones y sustos abundantes.

Escribir algo terrorífico no implica alejarse de la realidad. Ni, en el caso educativo, tener que incrementar las situaciones más angustiosas para el lector empedernido.

Tenemos Ministro, Consejeros y Consejeras, sindicatos educativos, asesores, docentes, alumnos y sus ancestros. Muchos personajes variopintos de mirada inhóspita y actos, ya de por sí, basados en aterrorizar o en ser sometidos a terror extremo. Contextos llenos de rejas, asesinos en serie (léase currículums y diferentes articulados legislativos), sotanas y asignaturas basadas en cuestiones nada científicas. Mezcla explosiva para generar un gran desasosiego. Mezcla que va a hacer las delicias, al tratarse simplemente de una “ficción”, de más de uno.

Tenemos lo más importante de la historia. Una historia que, para internacionalizarla y poder ser leída en las plazas mayores de los pueblos y ciudades, no hay nada mejor que escribirla en inglés. En inglés las situaciones dan más miedo. La capacidad de generar terror que supone la existencia de determinados zombis bebiendo la sangre de sus alumnos o docentes a su cargo en medio de una plaza atestada de gente es algo que no tiene ningún tipo de parangón.

El miedo se expresa en los trajes. En los trajes y en los sobres que reciben determinados gestores educativos. Sobres de editoriales malévolas, de vendedores de PDI fabricadas en condiciones infrahumanas en antros llenos de chinos que, gestionados por una horda de asesinos del látigo, se compran en países que no saben los espíritus que se albergan en las mismas. Espíritus que hacen chorrear sangre, en formato textos que se escurren, mientras se usan. Espíritus que, en su parte más delicada, simplemente hacen que los controles de la misma no funciones de ninguna manera.

Es para estar cagado de miedo. Es temer a los espíritus e imitadores de Norman Bates. Es reír, gemir y llorar de impotencia al ver como, día tras día, tras unos gruesos cristales adornados por barrotes en un psiquiátrico rodeado de vallas electrificadas, las neuronas van desapareciendo a marchas forzadas. Se palpa en el ambiente esa carga eléctrica. Ese miedo de ojos desorbitados y narices exudando diferentes tipos de secreciones. Miedo…

Hay muchos ingredientes que permiten escribir mucho. A alguno seguro que se le da mejor que a un servidor pero, lo que sí que queda claro es que el bestseller del terror está garantizado. Simplemente se trata de pasar a papel las viscisitudes que suceden en el ámbito educativo. Eso sí, en este caso no hace falta añadir ni una coma a la realidad.

¿Es necesario ponerse a la cabeza de la moda MOOC?

Creo que en nuestro país nadie sabe encontrar el término medio. Aún menos cuando hablamos sobre temas educativos. De no tener ningún equipo informático en las aulas, se distribuyen cientos de miles de netbooks, PDI y otros maravillosos ungüentos en las aulas sin ningún tipo de pilotaje previo para ser los más innovadores. Innovadores del gasto supongo, ya que los resultados no parecen demostrar las bondades de dicho desembarco. Un desembarco que, curiosamente, también se ha dado en otros países con problemas educativos similares al nuestro. Ahora llega la moda de los MOOC. Estos cursos masivos y abiertos que muchas organizaciones y Universidades están distribuyendo por doquier. Es raro encontrar una Universidad o “centrucho” (admitidme mi patada a la RAE) educativo que no esté difundiendo sus experiencias con estos cursos. la UPV, la Universidad del País Vasco, etc. son algunas de las Universidades que están ofreciendo tamaño regalo en sus páginas web pertinentes.

Cientos de MOOC que avalan la apuesta de algunas organizaciones hacia un modelo de distribución freemium (muchos son gratuitos pero para el certificado te obligan a pagar) que, para algunos, va a permitir solucionar determinados problemas económicos que adolecen en esta época de crisis (en cuanto a subvenciones recibidas).

¿Es realmente necesario, con los problemas que existen en el ámbito universitario de nuestro país, pretender ser los más innovadores en un modelo educativo que ni tan sólo ha empezado a poder ser analizado en cuanto a resultados? ¿Conviente, tal como se demuestra en el siguiente gráfico (desactualizado pero actualmente las diferencias serían superiores), posicionarse como el país donde más MOOC se liberan?

Fuente: Observatorio MOOC

Fuente: Observatorio MOOC

No me genera ninguna satisfacción subirme al carro de la modernidad educativa antes que países con solvencia probada en el ámbito educativo. Esto de aparentar y ser la locomotora de algo que no tenemos ni pajolera idea de como va a ir evolucionando significa apostar por algo muy peligroso.

Esto de los MOOC, al igual que lo del 2.0 en su momento (ahora que ya parece que cede el ansia de hablar de ello por estar pasado de moda) me parece otro soberano bluff. No un bluff el modelo educativo que subyace de la liberación de cursos abiertos. Un bluff todo lo que lleva asociado un paradigma que va a permitir a cuatro sacarse las charlas y conferencias de rigor, a algunas Universidades adquirir fondos para llenar sus arcas cada vez más vacías y, a muchos otros posicionarse (por interés o creencia)  en la cresta de la ola de la supuesta innovación educativa. Lástima que nadie, dentro de la vorágine que supone lo anterior, esté pensando en lo realmente necesario… en mejorar la Educación de este país.

El ninja de las TIC

En esto del uso de las TIC hay mucho mercenario suelto. Ninjas con un gran afán de desestabilizar al sistema educativo establecido con la finalidad de lograr alguna ventaja importante en el campo de batalla. Un campo de batalla que, como todos los que lo pisamos habitualmente sabemos, va cobrándose mucha sangre en sus trincheras.

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Fuente: David Lee

No me gustaría sólo centrarme en la parte más técnica o de gestión de recursos que, tal como se muestra en la imagen anterior, muchos nos pueden presentar. No creo que sea cuestión de habilidades; es más cuestión de saber qué hacer con pocas herramientas y que las mismas permitan un cambio de paradigma. Un cambio observable más allá de lo “bonito” o “espectacular” que pueda parecer el uso de estas TIC tantas veces sobreactuadas.

Ser un ninja de las TIC supone realizar un uso correcto de las mismas. Usarlas para algo útil más que para perderse en disquisiciones sobre las bondades de la herramienta o las necesidades tecnológicas de los centros educativos. Lo anterior supone ser un friki 2.0 en el sentido más peyorativo de la palabra. Algo que, por cierto, puede llegar a ser igual de contraproducente para el aprendizaje que el tecnófobo habitual.

Vivir sin recursos de cuentos de hadas, con conexiones que obligan a limitar las herramientas utilizadas y no modificar continuamente los encapsulados sin más connotaciones, es algo que no hacen estos ninjas. Es algo que hacen los protagonistas de sus películas. Unas películas, por cierto, llenas de acción y demasiada irrealidad. Lo de la patada voladora queda muy bien cuando hay la necesidad de consumo videográfico inmediato, para cambios persistentes me quedo con realidades más exportables.

Sé que hay algunos de ellos por las aulas de nuestro país donde, por cierto, siguen luchando contracorriente por lo que creen. Ni son mediáticos ni populares pero, al cabo de los años, su sabiduría sigue impregnando la vida de muchos de sus discípulos. Esos son los verdaderos ninjas de las TIC. Los demás… aprendices o vividores.

Mi caso, un casi aprendiz (o al menos, eso espero).

La mala educación

sucio_puebloNo es oro todo lo que reluce ni educación aquello que, de mayor o menor precio, obtenemos después de haber estado escolarizados unos ciertos años en determinados recintos llamados educativos. Hablar de educación es algo que, más allá de clichés estereotipados, se masca en las actuaciones de determinados congéneres (homos sapiens según definición genética pero, en algunos casos, poco más).

Hay ejemplos de lo anterior. De mala educación. Una mala educación observable día tras día. Una mala educación habitual.

Párquing de hospital. Persona mayor, acompañada por su hija, cuyo interés estriba en lanzar los papeles que le sobran en su bolso (algunos, supuestamente, llenos de mocosidades diversas) mientras va andando dirección a la puerta del mismo. A pocos metros, una papelera. A escasos veinte, un operario municipal que está haciendo su trabajo de recogida de basuras. Parar el coche. Abrir la ventanilla. Llamarle la atención y que su hija, cual felino en celo, te responda “qué c…. te importa” y “no tienes nada más que hacer”.

Cabreo matutino complementado por un andar entre excrementos de maravillosas mascotas (que no amos) hasta llegar a la puerta de tu domicilio habitual. Mezcla, a estas temperaturas aún maloliente, que impregna las calles de muchos pueblos y ciudades.

Dos ejemplos de mala educación. Ejemplos complementables por miles de otros que surgen por doquier en nuestras calles y plazas. Ejemplos con protagonistas variopintos (desde el señor -o señora- en BMW hasta el más desarrapado de los desarrapados). Ejemplos que demuestran que el problema educativo no es del sistema educativo. Un sistema que poco puede hacer para instaurar normas que, los padres de muchos (e incluso algunos docentes), se van a encargar de recordar que son papel mojado.

Derrochar educación no es ser un gran literato. Ni un visitante asiduo a las bibliotecas, museos u otros centros culturales. La educación es la del día a día. La de las puertas para adentro. La de las puertas para afuera.

No hay excusas para destrozar mobiliario público, ni para hacer grafitis que ensucian paredes de espacios municipales. No hay excusas para ser un bárbaro en las calles. Bárbaro que se retroalimenta de otros, tan o más bárbaros que el anterior.

Queda mucho por arreglar en este país. Me da la sensación que, empezar por los chavales que tienen demasiados modelos perjudiciales a su alrededor sin aportar nada más es un error. La educación es social y, en una sociedad donde las preocupaciones van por otro camino, poco se puede hacer.

La república ilustrada ideal sólo acontecerá en el momento en que la sociedad sea educada. Ahí es donde debemos abocar nuestros esfuerzos. Educación no es sinónimo de escolarización, es sinónimo de ser persona.

¿Debemos enseñar para tener éxito en las pruebas externas?

revalida13_En unos momentos en que el sistema educativo se mide (y aún se va a medir más en un futuro) mediante determinadas pruebas externas (léase PAU o futuras reválidas) conviene plantearse realmente cómo se debe dar clase a los alumnos. ¿Debemos asumir nuevas metodologías que, a pesar de entroncar con la posibilidad de tener éxito en las pruebas que deberan pasar nuestros alumnos, son las que pensamos que son más beneficiosas para un completo desarrollo educativo (a nivel de adquisición de competencias de diferentes tipos) de nuestros alumnos? O, quizás, por el bien de los chavales que se van a ver obligados a establecer una competencia continua mediante pruebas, ¿debemos prepararles para que saquen las máximas calificaciones en las mismas?

Si analizamos detenidamente los resultados de las pruebas externas que existen en la actualidad (PAU o pruebas para la obtención de determinados títulos) seguramente observaremos que las mejores calificaciones se están dando en los alumnos cuyo método de aprendizaje está muy enfocado a las mismas. Docentes que, siguiendo manuales (normalmente, libros de texto) y, obligando repetidamente a sus alumnos a pasar exámenes de otros años de las pruebas de acceso a la Universidad, consiguen que sus alumnos, de forma mecánica, consigan sacar unos excelentes resultados en las mismas. Unos resultados que van a permitir la elección de carrera. Unos resultados que, siendo objetivos, van a beneficiar a los alumnos.

Me acuerdo de este verano cuando hablé con un compañero que daba clase en segundo de bachillerato que me comentó que, cambiando metodologías, había conseguido, a su entender, que los alumnos “aprendieran” más pero que, lamentablemente, ese aprendizaje no se había transformado en buenos resultados en Selectividad. Algo que, por cierto, podía haber coartado las expectativas de algunos alumnos de estudiar la carrera deseada y que obligó a este compañero al que le gustaba hacer cosas nuevas a replantearse el escoger dar clases en este último curso de bachillerato previo a esa prueba estandarizada.

Por tanto, ¿qué haremos cuando la mayoría de cursos se conviertan en la necesidad de pasar pruebas externas? ¿Qué modelo educativo nos permite que nuestros alumnos afronten, con mayores posibilidades, la necesidad de obtener los mejores resultados? ¿Será posible o razonable seguir experimentando en el aula cuando la realidad nos imponga la necesidad de que nuestros alumnos, a nivel de obtención de calificaciones, sean los mejores?

Se puede preparar para pasar exámenes. Incluso, si se hace de forma coordinada entre los diferentes profesores del Claustro, se puede hacer que en el centro se obtengan los mejores resultados de forma global si se comparan con otros centros plagados de individualidades. Eso sí, sacar esos buenos resultados, implica volver a modelos anteriores. Modelos transmisivos con gran cantidad de ejemplos de pruebas a preparar. Modelos que implican seguir el modelo de un libro de texto que necesita acabarse. Modelos cuyos resultados sólo se van a poder medir en función de los resultados de unas pruebas que van a ser realizadas un día concreto y evaluadas por alguien que no conoce a los alumnos. Unas pruebas “objetivas” que van a marcar todas las decisiones educativas que se tomen.

Ahora se debe elegir entre tomar el camino marcado por las pruebas que, supuestamente, garantiza la obtención de mejores resultados o, arriesgarse sin ninguna garantía de éxito, a establecer nuevos paradigmas que, quizás a nivel de desarrollo cognitivo de los alumnos sea mucho mejor que el estándar pero que, lo más seguro es que no permita puntajes elevados en esas pruebas estandarizadas. Una disyuntiva muy poco interesante para algunos por lo que puede llegar a implicar la elección de una u otra alternativa.

Los míos, los tuyos y los suyos

Es leer noticias “educativas” y asombrarte de falsedades e hipocresías de muchos. Este es el caso de un acto celebrado ayer en Valencia, donde el PSPV (siglas bajo las cuales se presenta el PSOE en la Comunidad Valenciana) entregó diferentes premios a determinadas personas y organizaciones relacionadas con la Educación. Unos premios diseñados como estrategia de mercadotecnia, que usan algunos partidos, para conseguir una determinada cantidad de líneas en sus medios para así poder vender su “apuesta por la Educación” a aquellos más ideologizados de sus lectores.

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Fuente: Socialistes valencians

Creo que no estaría de más comprobar como en el listado de los premiados no existe ninguna persona u organización cuyos componentes disientan con una determinada ideología política. Una ideología demasiado cercana a los organizadores de los premios. Una ideología que, por cierto, se halla detrás de muchos de los despropósitos que han llevado a encontrarnos con una situación educativa tan lamentable como la que nos encontramos actualmente.

No es cuestión de premios, ni tan sólo de manipulación de los mismos para ofrecer cara al ciudadano una cara amable y preocupada por la Educación. Se trata de un problema entre míos, tuyos y suyos. Un posicionamiento que, lo único que hace, es que la implicación por la mejora educativa sea mejor si la hacen los míos.

Los premios educativos es algo que debe relativizarse. Más aún si los mismos tienen más en cuenta cuestiones políticas que educativas. Entonces ya no sólo debe relativizarse, debe obviarse como una noticia más que poco va a tener que ver con la realidad de las aulas.

Una vez alguien me comentó que no podía criticar a los que usaban las TIC porque eran los míos y, por ello, se les debía suponer que eran “de los buenos”. Varias veces he oído a algunos que se hallan en posesión de la verdad absoluta y de la receta para que todo vaya muchísimo mejor. Lástima que, más allá de míos, tuyos o suyos, hay una gran cantidad de profesionales que están haciendo lo mejor al margen de siglas (o grupúsculos) que quieran comprar esos actos.

Si la mejora educativa tiene que proceder de una determinada visión política de la misma más vale que nos dediquemos a otra cosa. Mientras, que cada uno se arrime al palo que más le vaya a calentar o que permanezca, como algunos, al margen de eslóganes o siglas. Algo que, por cierto, me parece recordar que defendía el exministro que ahora se dedica a repartir premios a los “suyos”.

Dos imágenes, dos visiones

Un país de visión sesgada. Un país lleno de estrías y heridas mal curadas. Un país representado hoy por dos imágenes. Imágenes que se compran en función de la ideología y necesidades de uno. No se trata de juzgar, se trata sólo de saber con cuál quedarse y asumir las consecuencias de ello.

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Fuente: www.manoloescobar.net

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Fuente: Daisy Zamora

Yo lo tengo bastante claro. Vosotros, ¿con cuál os quedáis?

Culpable de asesinato

pdi_objetoDebo reconocer que tener que dar clase a las ocho de la mañana, cuando por detrás de las ventanas enrejadas de un primer piso entra una pseudooscuridad tan poco razonable, puede ser la causa de mi último gran asesinato. Un asesinato de una fabulosa pizarra PDI de marca ahora olvidada (supongo que sería Promethean o Smart por ser las que se llevaron el chollo de los montajes masivos en los centros catalanes). Una maravilla tecnológica de grandes potencialidades educativas (aunque aún los descreídos como yo seamos incapaces de verlas) que quedó tiznada de maravilloso rotulador indeleble. No sólo hubo confusión en la pizarra, también confundí rotulador indeleble con rotulador de pizarra blanca. Craso error.

Desternille general. Intento de solucionar tan macabro asesinato pasando el borrador. Hilaridad ya absoluta al ver como el tizne ocupaba gran parte de tan increíble aparatejo.

Tirones de pelos, silbidos para disimular, mirada al cielo (bueno, más bien a los techos cada vez con más desconchados) esperando alguna acción divina que remediara tamaño estropicio. El rojo de la tez pasó a morado. Los labios blancos. Las lágrimas a punto de caer.

Ser un asesino de elementos tecnológicos es lo que tiene. Imposibilidad de redención de la pena por decir “no lo volveré a hacer”. Culpabilidad absoluta.

Toca intentar remediar el acto. Abrazos, besos y cariños a la pobre lámina de metal conectada a diversos cables. No resucita. No se llama Lázaro. Le digo que se levante y ande. Cómo va a andar la pobre si ha sido sometida a tamaña agresión por parte de un incontrolado.

Se aparece un ángel. Tiene nombre de virgen (o eso creo ya que para los nombres soy un auténtico desastre). Sabe la solución para establecer el milagro. Algo llamado alcohol.

Les digo que tengo la bebida vetada. Otro esfuerzo por contener las lágrimas de los que cada vez me miran con los ojos más abiertos. Deben pensar… qué se ha fumado éste. Cosas que pasan por la mañana a falta de café.

Uno se ofrece para ir a buscar el alcohol a los conserjes. Debo haber oído mal. Desconocía hasta ese momento la existencia de dicho minibar. Le dejo salir.

Voy dando golpecitos con el dedo en la PDI. Se abre la puerta. Llega con un gran bote de plástico. Coño… si es alcohol de 96 grados.

Y ahora qué. Cómo lo unto en el despropósito. Es pedir pañuelos de papel y ejercer de limpiador aficionado.

Las manchas se van. La PDI resucita a su lustre habitual. Eso sí… de usarla ni hablamos. ¡Para qué!

Soy culpable de asesinato. Asesinato tecnológico con atenuantes y resurrección posterior del muerto. Condena… descojone de los chavales y un susto en el cuerpo que aún me dura.

Hipócritas

IMG-20131022-WA0000Estamos asistiendo a la aceptación de una sociedad hipócrita. Hipócritas por doquier cuyos actos brillan por su ausencia mientras se posicionan, de forma muy interesada o para satisfacer a sus lastimosas conciencias, en favor de algún hecho relevante en sus perfiles digitales. Miles de personas con logotipos en sus perfiles de Twitter y Whattsapp en defensa de algo que sus actos contradicen. Publicaciones en Facebook para incendiar al personal y negativa de salir de su cómodo sillón para observar o, intentar modificar, la realidad tan desagradable que muestran. Reivindicadores de salón, copa y puro.

Vociferar eslóganes a los cuatro vientos es muy fácil. Más aún en entornos digitales. El problema es cuando las actuaciones de uno no tienen nada que ver con la supuesta involucración en determinadas acciones o reivindicaciones.

Último caso. Maravilloso logotipo que lucen muchos docentes en los perfiles de sus redes sociales favoritas. Una gran defensa de la Escuela Pública y lucha contra los recortes que sólo ha supuesto escasos segundos de cambiar sus perfiles predeterminados a coste cero. Algo que tiñe las redes de un verde muy agradable. Un verde que, lamentablemente, se queda en lo anterior.

¿Cuántos docentes de los que se ponen ese logotipo harán huelga el jueves? ¿Cuántos, incluso rozando la hijoputez y el desprecio a todo lo que supuestamente defienden, han puesto examen estos días de huelga de alumnos? ¿Cuántos, realmente, más allá de la facilidad de lo anterior, son capaces de perder parte de su salario por defender sus derechos laborales?

Los sindicatos saben que la mayoría de docentes no va a hacer huelga este jueves. Por ello, también de forma totalmente surrealista, convocan las manifestaciones fuera del horario lectivo. Haciendo fácil que los reivindicadores de salón, habiendo dado clase, puedan acudir sin merma salarial a una manifestación enfundados en sus ropajes amarillos, negros o verdes de batalla. ¡Qué fácil es protestar cuando no te cuesta nada! ¡Cuánto hipócrita en nuestro país que usa la vía fácil para calmar sus miserables conciencias!

No hacer huelga es lícito. Cada uno decide si las estrategias privatizadoras y recortes son asumibles o no. Más allá de lo anterior, lo que sí que no es permisible es el hipócrita de turno, normalmente enfundado en camisetas multicolores y con logos impactantes en sus redes sociales que, curiosamente, va a asistir a trabajar. El dinero es lo que tiene… crea hipócritas. Hipócritas por no hablar de otro maravilloso adjetivo que, en masculino o femenino, singular o plural, podríamos aplicar a los galeristas de la protesta.

Libradnos de los hipócritas, porque de los culpables de la situación espero que nos libremos en el menor tiempo posible.

No es la generación más preparada de la historia

graduadosssLa generación actual no es la mejor preparada de la historia. Ni de la historia ni de la prehistoria. Tenemos la generación más escolarizada que, por cierto, nunca debiera confundirse años de estudios (e incluso, certificaciones o títulos obtenidos) con la capacidad de los que lo obtienen o las relaciones que se establecen habitualmente de lo anterior.

Cuando entro en mi aula no me encuentro con alumnos más preparados que los que tuve años atrás. Depende en demasía de la localidad donde se halle el centro (el contexto socioeconómico de los padres hace mucho) y de factores demasiado poco inherentes al sistema educativo, que hacen que las variaciones sean demasiado abultadas para ser tomadas como norma.

Estoy harto de leer titulares de periódicos diciendo que tenemos la generación mejor preparada de la historia. Algunos que hablan de las ventajas que supone para ellos ir a conocer mundo y ampliar sus conocimientos mientras que los otros hablan de fuga masiva de cerebros. Lo siento, el cerebro es demasiado personal e instransferible para ofrecer tal generalización. Generalizar es malo y, aún peor, cuando se usa para defender unos intereses creados por algunos para alabar las bondades de una generación que, por cierto, no es ni mejor ni peor que su predecesora. Una generación que tiene demasiados matices para poder ser ponderada objetivamente de forma global. Una generación plagada de títulos u otras certificaciones cuya capacidad profesional tiene poco que ver con lo anterior.

¿Hay personas preparadas? Algunas. ¿Has personas poco preparadas? Algunas más. ¿Podemos decir a la vista de las respuestas a las cuestiones anteriores que estamos ante la mejor generación de la historia? Lo dudo.

Una persona preparada es aquella que, más allá de los años de escolarización a los que haya sido sometido e, incluso, a la cantidad de títulos que atiborren sus estanterías o paredes, sea capaz de ofrecer a la sociedad dos vertientes: la profesional y la personal. Vertientes que poco tienen que ver con los años de escolarización y más con la incorporación de bagajes de todo tipo en la persona. Vertientes que, por mucho que algunos pretendan obviarlo y quedarse con lo puramente “académico”, tiene mucho que ver con otras facetas.

Hablamos de generación más preparada de la historia porque nos interesa creerlo. Nos interesa creer que los miles de millones de euros que se han invertido en Educación han servido para obtener “máquinas humanas” infinitamente mejores que la generación anterior. Una palabreja, por cierto, imposible de coordinarse… o se es máquina o humano. Más allá de lo anterior como vocablo, novela de ciencia ficción.

Que en la generación actual haya excelentes ciudadanos (prefiero hablar globalmente de la faceta personal y profesional) puedo comprarlo fácilmente. Excelentes profesionales que se rifan en muchos países y que estamos dejando ir, también. Lo que no puedo comprar es que como generación estemos creando la más preparada de la historia. Estamos creando una generación igual de buena o mala que las anteriores. Pervertir el discurso por intereses es algo que jamás, y mucho menos cuando se habla de cuestiones como la anterior, debería hacerse.