Usos del iPad en las aulas

ipad-kingEn este artículo toca ser muy cool. Ya no se trata sólo del uso de tabletas. Se trata del uso del sanctasanctórum de ellas… el iPad. Un aparatejo imprescindible en nuestras aulas gracias a su polivalencia. ¿Quién dijo miedo a innovar? ¿Quién habló de pánico respecto al uso de las nuevas tecnologías?

Una breve guía donde se describen posibles usos del iPad en las aulas. Unos usos tan necesarios como los siguientes:

  • Tapar desconchones en la pared. Sus dimensiones y la posibilidad de adquirirse en negro o blanco hacen que un iPad sea el método más sencillo para tapar esas pequeñas imperfecciones (de varios tamaños y profundidad) que se originan, por diferentes motivos, en las aulas.
  • Conseguir nivelar las mesas y/o sillas. El papel, en pleno siglo XXI, ha de ser sustituido por medios digitales. Y qué mejor que un elemento fino como el iPad para compensar esas patas que, por diferentes motivos, han dejado de estar a la par.
  • Sustituto del disco. Es habitual, en las clases de Educación Física, obligar a los alumnos a realizar diferentes pruebas. Entre ellas el lanzamiento de disco… ¿por qué no sustituirlo por el lanzamiento de iPad que, además, permite controlar en todo momento la distancia a la cual ha sido lanzado?
  • Decorar las paredes. Un fondo de pantalla bonito y simular que nos hallamos en un paisaje paradisíaco a pesar que la pizarra de delante esté llena de incomprensibles fórmulas matemáticas o datos de lo más irrelevantes.
  • Facilitar el conocimiento de los alumnos las primeras semanas de curso. Qué mejor que poner un iPad en cada mesa con el nombre de los alumnos. Queda mucho más efectista que esas hojas de cartulina a las que estamos acostumbrados.
  • Mecanismo de corrección de la atención. Entre tirar una tiza procurando no acertar al alumno y un iPad va todo un mundo. Bueno, un mundo y parte del otro.
  • Consultar el estado del tiempo. Qué bonito tener un maravilloso widget en el aparatito que nos indica el tiempo que está haciendo. Mucho más interesante que mirar por la ventana. A propósito, si el iPad dice que hace un tiempo soleado y están cayendo chuzos de punta es que alguien se está equivocando… y nunca podemos culpabilizar a la tecnología más supermoderna.
  • Realizar la compra de nuestro viaje favorito. Mirar viajes mientras los alumnos están tapando desconchones con sus iPads o nivelando sus mesas no tiene precio.
  • Consultar Facebook y Twitter… que vean que en nuestro centro somos guays.

Eso sí, sin olvidarnos de jugar a Candy Crush Saga. ¿Qué haríamos sin poder jugar a nuestro juego de gominolas favorito? Sólo por eso se merece ser considerado imprescindible.

Unas breves pinceladas para tomar esa decisión tan imprescindible como es la de dotar de tabletas a nuestros alumnos. Todo sea por la mejora educativa.

El lado oscuro de la colaboración

lado_oscuro_14Defender la necesidad de colaborar dentro de un centro educativo está implícito en la mayoría de proyectos que habrían de llevarse a cabo dentro del mismo. Colaboración que, habitualmente, se da entre diferentes docentes. Docentes que, en la mayoría de casos, defienden posturas divergentes respecto al qué (muy marcado por el currículum pero con un amplio margen de inventiva) y al cómo. Docentes que, amparándose en su libertad de cátedra, deciden colaborar o no en función de factores más personales que de “supuesto” bien común.

Pero, ¡ojo!, ¿tener ideas diferentes a lo que opina la mayoría es tener ideas erróneas? ¿Se deben considerar las mayorías como poseedoras de la verdad y de los proyectos educativos más útiles para los alumnos? ¿Debemos ningunear dentro de la colaboración tan necesaria de los centros las ideas que no cuadren con el proyecto que se ha decidido?

Es realmente complicado hablar de colaboración y de proyectos cuando las opiniones de quien no piensa como la mayoría son ninguneadas continuamente. Es difícil vender “colaborar” o “participar” en algo que alguno de los miembros del Claustro puede tener unas serias dudas. Es muy poco democrático extinguir, como sucede habitualmente, la voz de quienes piensan diferente (especialmente si esos son minoría).

La colaboración para llevar adelante un proyecto educativo es algo realmente complejo. No se va a arreglar con la posibilidad de que los directores de los centros educativos (como sucederá en Cataluña) escojan, de forma directa, a aquellos docentes que sí que crean en un proyecto. Algo que, lo único que haría, sería homogeneizar un equipo de docentes. ¿Hasta que punto la inexistencia de alguien que cuestione los proyectos colaborativos es positiva? ¿Es realmente positivo extirpar de los centros a aquellos que no comulguen con determinadas cuestiones o planteen alternativas diferentes a las de la mayoría?

Colaborar es algo muy complicado. Una forma de trabajo que, como todo, tiene muchas connotaciones. Connotaciones que van a depender mucho de la profesionalidad de los docentes del centro educativo, o de los que participan en ese proyecto intercentros. Connotaciones que jamás pueden supeditarse a distinguir entre buenos o malos por negarse a participar en algo en lo que no se cree. Porque, no lo olvidemos, los docentes sin criterio son los primeros que se suman, en forma de bulto, a cualquier proyecto planteado por los equipos directivos o vendido por los Centros de Profesorado pertinentes. No pegarán ni chapa pero, por no destacar, van a estar sumados a ese carro de los colaboradores silenciosos. Quién calla otorga pero, ¿es lo anterior demostrar profesionalidad?

Creer en un proyecto no hace que el mismo sea más o menos válido. Que la mayoría de un centro se sumen al mismo (que, por cierto, no le otorga el valor de implicarse) no indica nada. La colaboración se demuestra andando y colaborar es mucho más que asentir con la cabeza. A propósito… prefiero un docente que cuestione razonadamente un proyecto que uno que se sume al mismo por inercia, ¿qué opináis?

Vértigo

vertigo_2014Estoy en plena sensación de vértigo. Vértigo al revisar las estadísticas del blog, vértigo al revisar la cantidad de artículos escritos y comentarios recibidos, vértigo ante la cantidad cada vez más ingente de correos en los que me preguntan determinados aspectos sobre tecnología educativa o me informan de determinadas cuestiones relacionadas con mi labor profesional.

Son, a estas alturas de la película, en un blog cuyo primer artículo es de finales del 2009, unos valores que me causan un gran desasosiego por lo que implican. Cerca de 1500 artículos, casi 8000 comentarios, más de 3 millones de visitas, 20 millones de páginas vistas, etc. Unos datos que me impactan profundamente.

Siempre he usado el blog como bitácora personal. Muchas veces, incluso, para plasmar cuestiones mucho más personales que profesionales. Una herramienta, como muchas otras, con la que pretendía abrir determinados aspectos que me preocupan relacionados con mi trabajo. Algo que, en demasiadas ocasiones, ha sido un arma de doble filo. Algo que, por cierto, me ha reportado muchos más beneficios que los pequeños “encontronazos” que me ha supuesto.

Es una sensación curiosa. Escribir para compartir determinadas cuestiones con personas de carne y hueso al otro lado de la pantalla. Profesionales o no de la docencia que analizan y cuestionan unas líneas en las que plasmas algún tipo de situación. Una sensación que tiene mucho de agradable.

He aprendido mucho, y de cosas más importantes que de temas puramente educativos o tecnológicos. Ello debo agradecérselo a muchísima gente que me ha expresado su empatía y su saber hacer como personas. También debo agradecerlo a las personas que, en algunos casos, expresáis opiniones divergentes a las mías. Cosa sana si es sin acritud y facilita un diálogo enriquecedor.

En fin, un brevísimo artículo para intentar plasmar esa sensación que se está agudizando en mi estómago (y, a esta hora no es precisamente de hambre) para agradeceros a todos y todas la ayuda que, sin saberlo, estáis prestándome.

Y, como me decía una gran persona… a continuar, que aún queda mucho por conocer, aprender y sentir. Eso sí, con una sensación de mucho vértigo.

Premios al Mérito Docente

Siempre hay noticias que hieren la sensibilidad de los docentes que, día tras día, nos hallamos en el aula. Noticias que poco tienen que ver con la calidad educativa y mucho con premiar a los del régimen de turno. Algo que, lamentablemente, y no sólo en la Comunidades de un determinado signo político, desmonta cualquier cortina de humo que nos pretendan vender como mejora educativa.

La última, de ayer mismo. Alberto Fabra, presidente de la Generalitat Valenciana, entrega los Premios al Mérito Docente. Por cierto, la primera edición. Para docentes e infraestructuras no hay dinero pero, por lo que se ve, sobra para tramoyismo educativo. Se ha de reconocer que se vende mejor cara a la sociedad una entrega de premios que poner un docente más en los centros. Algo que siempre se cuida mucho por parte del stablishment político que nos gobierna. Actuar cara a la galería. Vender mediáticamente determinados actos para encubrir lo mal que lo están haciendo en la gestión de determinados servicios públicos.

Fuente: GVA

Fuente: GVA

Lo triste no es sólo el dinero que se destina a parafernalia. Lo triste ha sido ver el grupo de los premiados en cuanto a su perfil profesional. Unos perfiles que, en la mayoría de casos, están totalmente alejados del aula (o con reducciones horarias que hacen que estén muy pocas horas delante de los alumnos).

En concreto, se ha premiado a once directores, ocho inspectores, seis profesores, tres maestros y dos profesores catedráticos.

Por lo que se ve, la única carrera profesional que existe para el docente es salir del aula. A menos horas de aula su labor será mucho más valorada por su Consellera. Si esas horas son inexistentes ya va a ser el súmmum de su promoción profesional.

No lo entiendo. No entiendo que sólo haya tres maestros (precisamente una de las etapas educativas más importantes) entre los premiados. Tampoco entiendo la gran cantidad de inspectores premiados en proporción al número de premios otorgados. Algo no me cuadra demasiado pero, como llevo diciendo hace mucho tiempo… soy un docente que cada vez está más deconcertado y desubicado.

Sí, soy docente de Tecnología… ¿y qué?

Hoy me apetece escribir en clave personal. Aprovechando que es mi santo (aunque, por cierto, los santorales me la traen bastante al pairo) me voy a permitir hablar de mi jornada laboral de hoy. Una jornada laboral de las más ligeras de la semana, a excepción de esas horas de pérdida de tiempo que nos han colocado los miércoles en mi centro. Unas reuniones pensadas para esa terapia de grupo tan necesaria para algunos.

Mañana de preparación. Qué demonios hacer hoy en clase. Qué pocas ganas de hablar de instalaciones eléctricas con los de cuarto de ESO. Qué triste tener que trabajar un día, además climatológicamente agradable, que apetecería estar por las calles de Barcelona revisando esas paradas de libros. Qué depresión por dar clase de algo que no me apetece en un día tan señalado.

A tomar viento. A pasarme el currículum por el forro. A hacer algo diferente a lo que me tocaría. A hablar de libros, una de mis grandes aficiones (leer que no hablar). Y qué mejor para hablar de libros que escoger algunos de mi estantería. Libros variopintos de los que me apetece hablar. Libros que me apetece comentar con los chavales. Libros entre los cuales, por obligación, debo meter uno de García Márquez. Me gusta poco su lectura pero creo, después de la atención mediática recibida, que toca meter uno en la bolsa.

Libros escogidos y llaves del coche en la mano. Kilómetros siendo quemados por las ruedas. Cansancio, ya acumulándose, de las horas de conducción de estos días. Música mezclada con noticias de diferente color por el dial sintonizado.

Llegar al centro y tiempo justo de medio café. Medio porque, entre estar horrible el de la cafetera, y el sonido de la primera sirena (algún día alguien me tendrá que explicar qué demonios hace sonando una sirena entre clases) he tenido que tirar el vaso a medio consumir. Zombie no, lo siguiente.

Toca entrar en la clase de cuarto. Es esperar a los alumnos rezagados (dar clase después de Educación Física es lo que tiene) y pedir, muy amablemente, que cierren los portátiles. Qué sensación de libertad la de no tener que estar pendiente de la infumable conexión de mi centro educativo. Lo llaman fibra, supongo por lo ligera que llega la señal.

Fuente: http://www.kedin.es

Fuente: http://www.kedin.es

Empezar a hablar sobre libros. Motivos, razones. En definitiva, porque yo lo valgo. Tocaba dar Tecnología pero me ha apetecido desglosar diferentes capítulos de los libros escogidos. Libros de diferente tipo. Libros que nunca van a leer dentro del currículum académico. Recitarlos, un placer. Escuchar respiraciones y silencios gratifica un trabajo cada vez más denostado por muchos.

Me preguntan cuando acabo el porqué. Porqués hay pocos. Ganas de hacerlo, muchas. Ganas de hablar de libros dentro de una materia que poco tiene que ver con los mismos… una sensación realmente agradable. Creo que agradable para todos. Creo que mucho más vital que mandar leer algo que no gusta. Romper compartimentos estancos. Permitirse el lujo de hacer algo diferente.

Me ha gustado la actividad. Una actividad que no va a ser evaluada y ni tan sólo percibida como aprendizaje. Debo hacer más cosas así. Romper la monotonía. Abrir ámbitos. Seguir insistiendo en que la educación poco tiene que ver con materias y mucho con el día a día.

Mi trabajo es un regalo. Llegué a él de casualidad pero la energía que te da es algo que muy pocos van a llegar a conocer. Es pertinente dar gracias por el día de hoy (por los que he tenido y por los que me esperan).

Sólo unas líneas sobre algo que me apetecía garabatear.