Algunas ideas para una nueva carrera profesional docente
Uno de los problemas que estamos sufriendo desde hace muchos años el colectivo de docentes es la imposibilidad de tener una auténtica carrera profesional docente, más allá de situaciones puntuales que se basan más en la antigüedad que en una verdadera promoción interna (como sucede en muchos de los otros cuerpos funcionariales). Estamos restringidos a día de hoy a ir pasando los años y, mediante esfuerzo propio (o amiguismos institucionales) conseguir, como mucho, el ascenso a los infiernos de los cargos unipersonales de nuestros centros educativos (Director, Jefe de Estudios, Secretario o cualquier otro que la Administración de la cual dependemos haya creado). Lamentablemente, ese mecanismo de promoción también se encuentra bastante vedado por dos motivos: la existencia de, cada vez más, Directores nombrados a dedo por la Administración educativa y, la cantidad cada vez menor de docentes que quieren implicarse en la gestión de sus centros educativos.
Más allá de ello, no me gustaría acabar la preceptiva introducción sin comentar que, lo que comento de la inexistencia de una carrera profesional, no es del todo cierto, ya que existen determinadas situaciones en las que sí que es posible una ligera mejora por promoción interna como son los siguientes casos:
- Docente de infantil o primaria, que se saca una carrera universitaria (diferente de la de Magisterio que usó para entrar en ese cuerpo) y, que mediante un concurso-oposición con plazas reservadas para ellos, se les permite pasar a ser docentes de secundaria (mediante unas pruebas mucho más sencillas que las de una persona que accede desde fuera del régimen funcionarial docente)
- Docente de secundaria que, en unos concursos (con baremos objetivos u objetivables) donde se ofertan un determinado número de plazas, les permite optar a acceder a la condición de catedrático
Por tanto, a día de hoy, dos mecanismos para la mejora profesional y promoción interna del docente (aunque he de reconocer que la segunda cada vez está menos extendida y, son pocas las convocatorias de cátedras que se realizan en nuestro país).
Lamentablemente, esos dos mecanismos de promoción interna adolecen de muchos defectos. El principal, es que, para aquellos docentes de primaria, que les guste dar clase en esos niveles, ¿qué posibilidad de promoción interna les ofrecemos para que no tengan que abandonar dicha etapa educativa? ¿Les ofrecemos una carrera por niveles profesionalizadores? ¿Qué parámetros usamos para ello? Una solución sería la evaluación y promoción mediante diferentes pruebas objetivas (¿cómo los exámenes para el acceso a los diferentes niveles policiales?). También sería bueno incorporar la mejora docente mediante intercambios con otros centros educativos y, así poder acceder a otros estadios profesionales. Eso sí, todo lo anterior con independencia del color político del docente y, siempre procurado que sea de la manera más justa posible.
Para los docentes de secundaria, la idea fundamental sería la misma. Posibilidad de promoción por niveles, mediante la asimilación de los requisitos que se piden en cada uno de ellos y con pruebas objetivas. Eso sí, que dicha promoción esté totalmente desvinculada de los años de experiencia (relevantes, pero muy ineficaces a la hora de valorar el grado de profesionalidad docente -ya que un docente recién aterrizado en el sistema puede tener más capacidades y habilidades para conseguir un nuevo estadio de promoción que otro que lleve más años-). Eso sí, no se trata de ningunear la experiencia docente, la cual también tendría que ser marcada como un aspecto más dentro de un baremo más amplio.
Y, en el caso de secundaria, no me gustaría dejar de lado la posibilidad de que se convocaran concursos-oposición para que dicho profesorado pudiera dar el salto a la Universidad. Para eso, uno de los aspectos a considerar sería la revisión de todas las plazas de docentes universitarios (junto con sus procesos de selección) y efectuar un revisionismo histórico, impidiendo el acceso de los nuevos docentes a la misma por cuestiones endogámicas (que suponen cerca de un 93% del acceso a las mismas). Eso sí, uno de los requisitos previos que habría de tener el docente de secundaria que quisiera optar a dar ese paso sería estar en posesión de un Doctorado (cosa que le habilitaría para realizar la parte investigadora de su docencia en esos nuevos niveles).
Ya habéis visto que en ningún momento he colocado los cargos de Inspección, Centros de Profesorado, ITE, cargos técnicos ocupados por docentes en las Consejerías de turno, etc. dentro de las posibilidades de mejora de la carrera profesional docente. Esa no inclusión se debe fundamentalmente a dos parámetros:
- En su mayor parte son cargos de designación política y, por ello nunca puede hablarse de promoción para acceder a los mismos
- Son cargos alejados de la docencia directa de aula y, debido a esa casuística, es muy difícil considerarlos como cargos docentes y no de gestión
Por tanto, dentro de las posibilidades de establecer un sistema de promoción docente en condiciones, también tendríamos que tener en cuenta la posibilidad de establecer “oposiciones diferenciadas” para ocupar esos cargos que implican la “no docencia”. Así conseguiríamos tener los mejores gestionando las cuestiones docentes y, que los mismos estuvieran alejados del partido político de turno que los cesa o los asigna en función del color del carnet que disponen dichas personas en el bolsillo, o de la relación que tienen sus parientes con los que en ese momento están mandando en dicho ámbito de actuación.
Unas primeras ideas para algo realmente necesario como es la necesidad de establecer una carrera profesional docente en condiciones.
Netplayed, otra manera de gestionar los vídeos de Youtube
Hace demasiado tiempo que tengo algunos artículos pendientes, a los que tan sólo faltaban algunos detalles para su correcta publicación. Este caso es uno de ellos, ya que se trata de una magnífica herramienta para gestionar los vídeos de Youtube y, de la cual, además tengo la gran suerte de conocer personalmente a su creador, Víctor Pérez, docente de informática de un centro de la Comunidad Valenciana.
Si más preludios vamos a lo realmente importante, que es el realizar un breve análisis de una herramienta que nos puede dar mucho juego a la hora de usar vídeos de Youtube. El servicio gratuito (más que herramienta) se llama Netplayed y consiste, nada más y nada menos que, en dotarnos de la posibilidad de crear listas de reproducción de los vídeos de Youtube que deseemos.
Podemos realizar dicha selección de varias maneras (expuestas de forma muy clara en la propia web del servicio), que consisten fundamentalmente en las siguientes:
- Añadir la URL (dirección) de una web y que automáticamente nos seleccione todos los vídeos que haya en la misma para ser mostrados en formato lista (para posteriormente, añadir, borrar o cambiar de orden los mismos en la lista de reproducción que nos ha generado el servicio)
- Buscar en Google “palabras clave” y, automáticamente el servicio nos genera una lista basada en los vídeos que integren esa palabra o palabras que, como en el caso anterior podremos modificar a nuestro antojo
- Añadir manualmente las direcciones de los vídeos para crearnos una lista personalizada
Eso significa que, las posibilidades en el mundo educativo (y no sólo en él) para personalizarnos una lista de vídeos de Youtube para usarlos de forma estructurada son de una utilidad manifiesta.
Y, si a lo anterior, añadimos la posibilidad de usar determinados plugins que nos facilitan el uso de dicho servicio (para Firefox, Chrome, como app para Facebook e, incluso la posibilidad de añadir un plugin a nuestro WordPress para embeber las listas creadas) nos encontramos con un servicio que dará mucho que hablar en un futuro.
Eso sí, no me gustaría acabar el artículo sin incorporar los manuales para un uso inicial del servicio (a los que podréis acceder haciendo clic en la imagen inferior o mediante el siguiente enlace).
Estudio sociológico de la cuenta de Twitter del Ministro de Educación
Como todos sabréis a estas alturas, el nuevo Ministro de Educación (junto con Cultura y Deportes) es el sociólogo José Ignacio Wert. Por ello, me he permitido incorporar un derivado de la capacitación profesional del mismo en un breve análisis de la cuenta de Twitter del Ministro, que es @Jiwert.
En primer lugar, tan sólo un análisis de su biografía, donde se autodefine como “Estudié Derecho y política. Presidí Demoscopia. Hasta hace poco me dedicaba a la consultoría y a opinar. Ahora soy Ministro de Educación, Cultura y Deporte”.
Por tanto, y haciendo un estudio básico de dicha autobiografía nos encontramos como Ministro de Educación (amén de sus otras carteras ministeriales agregadas) que ha pasado de expresar su opinión a Ministro. ¿Por qué él y no muchos otros que tienen/tenemos el don de opinar?
Pero bueno, tampoco no vayamos más allá…
Siguiendo con el estudio, nos encontramos otra cosa curiosa. La imposibilidad de distinguir si se trata de una cuenta personal o, mediante la que va a interaccionar con los miles de docentes que en nuestro país, ansiosos por expresarle sus preocupaciones, tienen cuenta de Twitter y le han añadido como seguidores.
Para intentar responder a lo anterior, tan sólo tenemos que obtener dos ejemplos de su cuenta: la relación entre seguidores y seguidos (y el perfil de los que está siguiendo) y, una segunda, sacada de sus últimos tuits.
En primer lugar, vamos a ver la relación entre los que sigue y los que le siguen.
Se observa un enorme desfase entre ambos dígitos: sigue a 21 personas y le siguen casi 12000. Eso sí, hemos de tener en cuenta que, previamente a su elección como Ministro, la cantidad de seguidores era ínfinitamente inferior (me parece recordar que no llegaba ni a los 2000 -pero mi memoria deja mucho que desear-).
Una gran cantidad de los nuevos seguidores son docentes, esperando que el seguimiento sea mutuo y, así poder expresarle las preocupaciones. Otros, queriendo seguir a su “jefe” (cual si fuera una estrella mediática) y, esperando poder establecer un contacto de tu a tu con el mismo. Lamentablemente, y aquí sí que en parte entiendo la postura del Ministro, es imposible y, más aún con el trabajo que supone llevar el Ministerio de Educación, poder seguir a todos los que le siguen. Se ha de tener en cuenta que la saturación de sus mensajes directos que ello podría suponer, sería el fin de cualquier posibilidad de intercambio activo con esos docentes.
Eso sí, ello no obsta a que pueda seleccionar y responder a algunas de las numerosas preguntas que se le están haciendo y, a las cuales no ha dado aún respuesta.
Tampoco no justifica ese “no seguir” con la calidad de los 21 a los que está siguiendo a día de hoy, formada fundamentalmente esa escueta lista por periodistas (entre los que destacaría los de El País, el director del Mundo e Ignacio Escolar -de Público-) y políticos (Soraya, Mariano y Rubalcaba). Eso sí, mezclados entre los 21 aparece Daniel Ureña, profesor de la Universidad Pontificia Comillas. No digo que los mismos no sean de relevancia extrema (para mantener contactos por DM -mensajes directos-) pero ello no obstaría a incorporar a algún docente o padre para consultar la realidad del día a día de las aulas que ha de gestionar.
Una vez comentada la situación de su perfil, analizar sus últimos tuits, donde se mezclan cuestiones personales y profesionales.
Por tanto, podemos deducir que los grandes intereses del Ministro son el tenis (donde siente una gran admiración por Rafa Nadal) y sus publicaciones en diferentes medios de comunicación. Eso sí, aprovechando uno de sus últimos tuits para agradecer a los que le han apoyado después de la divulgación de sus datos personales que ha hecho Anonymous.
En definitiva, una cuenta donde se mezcla lo personal y lo profesional que, a día de hoy no aporta demasiado para todos aquellos que estamos relacionados con el mundo educativo (docentes, alumnos y familias). Algo curioso cuando la apuesta fundamental de todas las Administraciones en los países de nuestro entorno es la de acercar al máximo a los políticos que gestionan los diferentes ámbitos a los ciudadanos. Me parece recordar que alguien ha llamado a lo anterior gobierno 2.0.
Antes de finalizar me gustaría aclarar que este artículo no es ninguna crítica al Ministro por su uso de Twitter y, más bien un pequeño estudio sobre su cuenta en dicha red social.
Propuestas del Ministro Wert para un nuevo modelo educativo
Sería triste que fueran pocos los docentes, alumnos y padres que hayan escuchado hace bien poco la conferencia que ha dado el Ministro de Educación, José Ignacio Wert, para esbozar las líneas maestras de su gobierno en materia educativa y, algunas reflexiones que ha realizado sobre la situación actual. Lamentablemente esa tristeza prefiero no contrastarla y suponer que hay más personas en nuestro país que han escuchado sus reflexiones y propuestas, que la audiencia de programas que prefiero no mentar.
Por ello, me permito hacer un breve resumen sobre lo qué ha dicho y cómo lo ha dicho, porque a veces es igual de importante lo que se dice como lo que se intuye (y, por motivos totalmente entendibles, se obvia). En primer lugar, tan sólo comentar que, en líneas generales, estoy bastante de acuerdo con algunas de sus propuestas y veladas críticas sobre algunas de las situaciones actuales (especialmente en lo que hace referencia a entornos universitarios), pero he de reconocer que me ha disgustado en sobremanera la idea que ha reiterado a lo largo de todo su hilo argumental de la necesidad de parecernos a otros países (sea Finlandia, Alemania o EE.UU. entre otros).
En primer lugar ha dicho que en España era de los países donde más cantidad se desembolsaba por alumno y año en centros públicos (unos 9800 dólares/alumno) y donde menores resultados se obtenían. También ha remarcado los bajos ratios en relación con los países de nuestro entorno y el gran número de horas lectivas que tenían nuestros estudiantes. A lo último ha contrapuesto el dato de que en materias instrumentales (lenguas y matemáticas), las horas lectivas eran inferiores a las de los mismos. ¿Se deduce de ello que en España hay un exceso de materias?
También ha entrado en el proceso de selección del profesorado, donde ha comentado que en la próxima década se jubilarán casi 200000 docentes y, ha llegado el momento de establecer un sistema de selección de los mejores. Le ha faltado decir el cómo. ¿Lo sabrá realmente? Sí hay esa cantidad de docentes del sistema a sustituir, quizás sí que sería bueno un cambio en el sistema de selección pero, ¿sabrá hacerlo para que produzca ese filtrado? ¿Qué tipo de docentes buscará? ¿Con grandes conocimientos o con gran capacidad en el uso de estrategias educativas? Difícil cuestión.
Me ha gustado el comentario que ha realizado sobre el carácter estatal de los cuerpos docentes. ¿Se atreverá el Ministerio a volver a ejercer las competencias globales sobre la Educación de este país? Somos muchos los que creemos que hay tres ámbitos que nunca debieran haberse transferido (Educación, Sanidad y Seguridad). Eso sí, recuperar competencias no habría de ser óbice para acercar la posibilidad de establecer mecanismos para que esos servicios se acercaran al ciudadano (¿mediante secciones del Ministerio en las CC.AA.?).
Después ha comentado de pasada la profesionalización de la Dirección de los centros educativos y de la autonomía de los mismos. ¿Se enviarán Directores del régimen o se externalizarán los servicios de los cargos unipersonales de los centros? Ya existen demasiados Directores “a dedo” y quizás sería bueno que se establecieran mecanismos para asegurar “la competencia” de los mismos. A propósito, si se profesionaliza la Dirección y se dota de mayor autonomía a los centros educativos, ¿qué sentido tiene el cuerpo de Inspectores? ¿Se les hará volver a las aulas? Ha lanzado una idea demasiado poco concretizada y, que falta ver cómo se llevará a cabo.
Entrando en los cambios en la Educación Secundaria, ha diseñado un sistema 3+3 en lugar del 4+2 actual. ¿Qué significa eso? Pues que se reduce un curso de la ESO (desaparece cuarto y se establece flexibilización en los tres cursos anteriores) y se alarga un año el bachillerato y la formación profesional de grado medio. No me parece una mala idea (sobretodo por lo que afecta a la FP, ya que dos cursos se quedaban muy cortos). Una vez dicha la máxima, ha insinuado el establecimiento de un modelo de FP parecido al alemán, donde la formación práctica se realizaría en empresas. Externalizar parte de la FP puede llegar a ser totalmente contraproducente. Falta ver cómo lo articula. Y, también me gustaría expresar mis dudas en ¿cómo vamos a seguir manteniendo en el sistema a alguien con más de 15 años que ya se haya graduado y, que aún no pueda salir del mismo hasta el año siguiente, obligándole a hacer un curso de FP o de Bachillerato? Serán casos aislados (ya que la mayoría que quieran abandonar el sistema ya habrán repetido) pero que puede darse y se ha de contemplar.
Eso sí, su gran caballo de batalla, Educación para la ciudadanía ha sido eliminada y sustituida por Educación cívica y constitucional. Puestos a quitar Ciudadanía (cosa que me alegro), podrían haber aprovechado para cargarse la Religión de los centros públicos y, de paso, dejar esas horas para hacer cosas más útiles y no poner otra asignatura que, para muchos, también va a tener contenido ideológico.
Entrando más a fondo en la reforma educativa que afecta a los alumnos, comenta la necesidad de establecer un bilingüismo inclusivo en inglés (dar las clases en inglés) y establecer una segunda lengua extranjera. ¿Qué pasará con las CC.AA. que tengan una segunda lengua cooficial? ¿Se alargará el horario lectivo para incorporar esta segunda lengua? Además, ¿de dónde va a sacar el dinero y los docentes formados y capacitados para dar una materia -que no sea el propio inglés- en dicha lengua?
Lo anterior sin obviar la necesidad de evaluaciones. Evaluar… ¡qué manía! ¿Quién evalúa y cómo se evaluará el sistema? Se ha de hilar muy, pero que muy fino.
Una vez esbozados los cambios en secundaria (a primaria ni la ha mencionado), ha entrado con el tema de las Universidades. Ha comentado, cosa que comparto, que hay un exceso de Universidades en España, junto con un alud inasumible de másters y estudios de postgrado. También ha comentado la baja calidad de las Universidades (supongo que dependerá de las mismas, porque -por poner un ejemplo- tenemos de los mejores médicos y enfermeras del mundo) porque no aparecían en ningún ranking y, la baja capacidad de sus docentes. Considera que la endogamia universitaria que se lleva practicando en los últimos tiempos (el 93,3% de los docentes universitarios cuando aprobaron la plaza ya estaban trabajando dentro) es un perjuicio enorme para la calidad de las mismas.
Finalmente, sólo comentar que, a pesar de gustarme en líneas generales las propuestas y reflexiones del Ministro, me ha sobrado totalmente la necesidad de establecer un modelo educativo por imitación y, la necesidad continua de referirse a informes de la OCDE. Un gran orador, pero con la sensación de que no conoce “la realidad del día a día de nuestras aulas”.
Seguro que se me escapan muchas cosas, pero a grandes rasgos, esto lo que me ha parecido entender.
Podéis descargaros la intervención completa del Ministro desde este enlace y ver un trozo de su intervención (donde habla de la sustitución de Ciudadanía).
- A la carta
- > Wert anuncia la sustitución de Educación para la Ciudadanía por Educación Cívica y Constitucional
El tamaño de aula, ¿importa?
Una de las cuestiones que siempre se han planteado y, de las cuales hasta ahora no había tenido oportunidad de leer ningún estudio es la influencia del tamaño de aula (ratio de alumnos por clase) en los resultados académicos. Parece claro, y a la vista de las situaciones empíricas que la mayoría de docentes nos encontramos en las aulas heterogéneas (con alumnos de diferentes ambientes sociales y capacidades cognitivas) de nuestro país, que la influencia del número de alumnos que existen en las mismas condiciona la calidad de la enseñanza que nosotros podemos aportar o transmitir.
Pues bien, resulta ser que, a la vista de uno de los estudios realizados por dos investigadores educativos de la Universidad de Hardward, Will Dobbie, Roland G. Fryer, Jr que realizaron un estudio bastante completo (y complejo) a escuelas charter de Nueva York, parece observarse que esa situación empírica que observamos en nuestro quehacer cuotidiano no tiene demasiada influencia en los resultados finales de los alumnos.
En primer lugar, y antes de exponer las conclusiones de esos dos investigadores, me gustaría aclarar el concepto de “escuelas charter” para poder entender un poco más el ámbito de estudio en el cual se basaron. Esa tipología de centros escolares son aquellos centros que reciben dinero público (como el resto de centros educativos públicos de EE.UU.) pero que no están sujetos a la totalidad de las reglas, regulaciones y connotaciones que se aplican en el resto de centros educativos públicos. Es decir, muy parecido a los centros concertados de nuestro país: centros subvencionados con dinero público, que permiten la aportación “voluntaria” de dinero privado (de los padres o de asociaciones) y, con orientaciones y estrategias educativas algo más flexibles que las marcadas por el propio gobierno. En definitiva, centros públicos gestionados de forma privada y donde llevan mayoritariamente a sus hijos aquellos que quieren optar por unas características determinadas para sus alumnos (cooperativas de padres, centros de diferentes congregaciones religiosas, etc.).
En ese tipo de centros, cuya segregación de alumnos es manifiesta y, consecuentemente ya ha habido un filtro en la elección del alumnado, nos encontramos, a la vista del estudio, que las medidas relacionadas con el tradicional modelo de recursos educativos (tamaño de la clase, gasto con alumno, capacitación de los docentes, etc.) no se relacionan positivamente con la eficacia escolar. En contraste a lo anterior, hay cinco medidas que parece que sí que implican una mejoría en los resultados de esos alumnos:
- Comentarios frecuentes del docente sobre el trabajo realizado
- Instrucción basada en datos y hechos tangibles (demostrables)
- Tutorización efectiva y continua
- Aumento del tiempo de instrucción (aumento del horario lectivo de los alumnos)
- Enfoque constante de la enseñanza en el rendimiento académico
En definitiva, en centros “segregadores” que agrupan alumnos por cuestiones socioculturales, parece que la mejoría de resultados permitan un mayor número de alumnos en el aula con un menor coste para las arcas públicas y ello nos lleva a realizarnos una simple pregunta: ¿debemos usar métodos segregadores en el reparto de los alumnos por aula para conseguir la máxima homogeneización en las mismas y, por ende, un mayor resultado académico de los mismos? o ¿debemos mantener aulas heterogéneas, más caras, pero con mayores posibilidades de inclusión y menos de expulsión del sistema de aquellos que, por sus características socioculturales, estarían abocados a un abandono temprano del sistema?
Si se me permite mi humilde opinión, quizás sería bueno mezclar ambas opciones. Intentar homogeneizar los grupos pero dotar de la máxima flexibilidad a los mismos e, intentar ayudar a los alumnos divergentes en dicha homogeneización mediante atenciones individualizadas para que pudieran ponerse al nivel de sus compañeros (no como las actuales que, lo único que hacen es aumentar la distancia entre los que pueden seguir el sistema y los que no). Eso sí, a partir de un cierto momento, quizás sería necesario el establecer vías profesionalizadoras divergentes.
Podéis consultar el estudio desde el siguiente enlace.
Reflexiones de un docente VII
Ha pasado un año desde que publiqué la última entrega de reflexiones de un docente. Un formato de cinco preguntas breves que me permitía cada cierto tiempo lanzar al aire para que los lectores del blog opinaran sobre ellas. Era una manera de dar visibilidad a muchos de mis pensamientos sobre cuestiones educativas que, a su vez, me permitirían contrastar mis ideas previas con otras visiones de las mismas (ya que la divergencia también ayuda a establecer debates enriquecedores).
Lamentablemente, fue un formato que no funcionó. Por ello, procedí a dejarlo en barbecho hasta que algún día me apeteciera volverlo a utilizar. Y, como este domingo me apetece expresar por escrito algunas cuestiones que me rondan por la cabeza, pienso que es bueno expresarlas en un formato breve y conciso que me permite el formato que utilicé en las reflexiones.
Sin andarme más por las ramas y justificar la elección (o el retome) de dicho formato, vamos a ello.
- ¿Por qué está siendo tan importante para los sindicatos educativos mezclar la lucha que están llevando a cabo los trabajadores de los centros públicos (funcionarios o interinos) con las de los centros concertados? ¿Es la misma lucha la de un sistema público, gratuito e inclusivo, que la de un sistema de gestión privada subvencionado con dinero público?
- ¿Por qué los docentes de Religión en la Comunidad Valenciana tienen contrato indefinido desde el año 2007 (algo equiparable a ser funcionarios) y a los interinos de dicha Comunidad se les extinguirá el contrato de forma unilateral el 30 de junio? Y aquí se añade una subpregunta, ¿es necesario tener docentes de Religión, nombrados a dedo por la conferencia episcopal de turno, dentro de las aulas de nuestro país con el coste ideológico y económico que ello supone?
- ¿Por qué se va a realizar la modificación de la ESO y del Bachillerato sin haber consultado a ninguno de los docentes que están en las aulas de este país? ¿Quién decide las reformas educativas y sobre qué se sustentan? ¿Quién las impone?
- ¿Por qué se confunde, cuando se han tomado medidas de presión contra los recortes educativos, la formación con los cursos de formación? Negarse a hacer cursos de formación reglados no obsta a que el docente no se siga formando en entornos más flexibles y abiertos. ¿Qué interés hay, y por parte de quién, para confundir esos dos conceptos?
- ¿Por qué no se racionaliza el propio sistema educativo y se plantea la reducción de materias y horas lectivas del mismo? Hay una gran cantidad de materias (en algunas CC.AA. hasta diez por curso en secundaria) y, ello conlleva a que el aprendizaje se realice por la necesidad de aprobarlas más que por aprender. ¿Es lógico primar el aprobar delante del aprender o deberían coexistir ambos?
No se si he sido muy incongruente, pero me apetecía comentar esas pequeñas cosillas (entre muchas otras que tengo en la cabeza) y que, si el formato se acepta, intentaré ir exponiendo cada cierto tiempo).





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