Moodle ha muerto

tumba_1Moodle ha muerto. En pocas ocasiones me atrevo a exponer algo de forma tan clara y contundente. Moodle nos ha dejado. El modelo que pretende seguir manteniendo el uso de una plataforma rígida, simple receptáculo de conocimientos, de aspecto feo y curva de aprendizaje no demasiado sencilla murió al nacer. Un nacimiento avalado por miles de participantes en un proyecto libre que pretendía ofrecer un entorno de aprendizaje gratuito, impulsado hace más de una década, ha sido eliminado de las necesidades más perentorias del mundo educativo.

Moodle ha sido el fiel reflejo de lo peor en la formación del profesorado. Cientos de miles de horas, a nivel estatal y en las diferentes autonomías, basados en la herramienta. Cientos de cursos empezados, utilizados y, en más de un 99% de los entornos virtuales creados como trabajo final de los mismos abandonados al poco de nacer. Estadísticas sobre su uso falsificadas para satisfacer a la administración y muchos formadores que, a día de hoy, siguen viviendo del cuento formando en una herramienta que ha perdido todo su sentido en la era de las redes sociales y de los blogs (unos espacios que algunos mataron y que siguen con más vigencia que nunca).

Con Moodle debería llegar el fin de una etapa. La etapa de centrarse más en la herramienta que en lo que podemos hacer con ella. La etapa de priorizar la herramienta por delante del aprendizaje. La etapa de intentar llenar las necesidades con algo que no las cubría en su momento.

Me acuerdo del primer curso que impartí a mis compañeros sobre la herramienta. Hace de ello casi diez años. Desde entonces he ido trasteando con las diferentes versiones que se han ido sucediendo. Algo, por cierto, nada satisfactorio. Versiones que, a pesar que algunos fanáticos de la herramienta se empecinen en defenderla a capa y espada, sigue adoleciendo de fallos importantes (su parte social deja mucho que desear).

No es cuestión de llorar. Se trata de una simple herramienta. Lo que deberíamos hacer es reflexionar. Ver que es lo que ha fallado en su introducción. Analizar la cantidad de dinero tirado en enseñar a funcionar una herramienta que, con la evolución de la tecnología, sabíamos que en poco tiempo iba a quedar superada por otras. Cambiar el modelo formativo que necesitan nuestros docentes.

Moodle ha muerto. Me reitero. Lo que, lamentablemente, no ha muerto es las ganas de algunos de seguir viviendo de ello y de las administraciones en seguir potenciando la herramienta. Esto no es 2.0, esto es un auténtico despropósito. Aprender de los errores es positivo, intentar minimizarlos bajo capas de supuesta necesidad algo deleznable.

Moodle, descansa en paz.

Dos imágenes para el nuevo curso

Hay dos imágenes que, cada septiembre, son de lo más recurrentes. Dos imágenes que simbolizan, para todos aquellos que pertenecemos a la comunidad educativa, gran parte de los problemas y las soluciones de un modelo educativo que no acaba de funcionar como debiera. Dos imágenes para reflexionar. Dos imágenes a cambiar. Dos imágenes que dicen mucho. Demasiado.

Una primera muy relacionada con infraestructuras y lugares de aprendizaje.

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Fuente: Brian Matiash

Una segunda, relacionada con todo lo que a uno le apetezca imaginar.

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Fuente: Victor Bezrukov

Imágenes que nos recuerdan que esto empieza ya.

Schoology, mi elección para el nuevo curso

Debo reconocer que soy bastante partidario de mantener herramientas que funcionan. He sido usuario de Moodle durante muchos años hasta que el año pasado opté por la combinación entre un blog de aula (como repositorio de material) y Edmodo como herramienta de comunicación (y evaluación) para mis alumnos. Una experiencia, por cierto, muy positiva y validada en mi autoevaluación final y las evaluaciones externas de los alumnos (mediante encuestas).

¿Por qué voy a dar el paso del cambio a otra herramienta cuando funcioné bastante bien con la combinación de las herramientas anteriores? Por necesidad. Necesidad de disponer de una herramienta más potente y versátil que Edmodo (aunque con la última actualización permite incorporar apps para muchas cosas que encontraba a faltar) que me permitiera unificar en una sola herramienta todo lo necesario para un docente: desde la parte más conceptual (o teórica) hasta la necesaria pseudored social que se necesita para ir siguiendo el aprendizaje de los chavales y establecer un mecanismo de comunicación potente.

Después de plantearme diferentes alternativas (entre las que se encontraban Edu 2.0, que descarté por tener una curva de aprendizaje que se parecía demasiado a Moodle y su aspecto visual demasiado poco atractivo) opté por la elección, a mi entender, lógica: Schoology. Una plataforma que combina, con gran soltura, lo mejor de un LMS tipo Moodle (en cuanto a las características básicas que se necesitan) y una red social. Algo que en Edmodo, demasiado flojo en la parte LMS, se encontraba a faltar.

¿Qué características interesantes posee la herramienta que me haya hecho decantar por la misma?

En primer lugar el aspecto de la página inicial, muy parecido por cierto al de muchas redes sociales, es muy cómodo y visualmente muy atractivo. No se ha de despreciar esta característica cuando se plantea el uso de una herramienta. ¿Quién no ha huido del uso de alguna de ellas por dejar de lado la parte más visual (léase Moodle)? A propósito, lo visual va unido a lo intuitivo de su uso (curva de aprendizaje más que suave). Una baza nada despreciable.

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Una vez entramos en la página principal observamos que lo tenemos todo a mano (parecido a Edmodo) pero con alguna característica que lo diferencia:

  • Posibilidad de gestionar las faltas de asistencia (ahora, a pesar de la integración con herramientas de terceros en la última actualización de Edmodo, debemos plantearnos la comodidad de hacerlo sin necesidad de ellas. Algo que, por cierto, permite Schoology)
  • Creación de cuestionarios y tests más completos que los que te permitía Edmodo
  • Posibilidad de insertar lecciones. Algo que permite prescindir del blog como repositorio de contenidos ya que, el editor de lecciones que posee permite embeber casi cualquier tipo de código (vídeos de Youtube, presentaciones de Slideshare, etc.)
  • Capacidad de que sea el docente quien dé el código a los padres y filtrar, aún más si cabe, lo que esos padres pueden consultar (se puede limitar la capacidad de acceso a la evolución académica, quedando el intercambio de impresiones alumno-docente privado)
  • Posibilidad de creación de foros para intercambiar opiniones sobre algún tema concreto, etc.

Una pantalla de gestión de cursos mucho más amigable y más completa que Edmodo (gestión de tareas, pruebas, archivos, discusiones, álbumes y páginas).

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Y, lo mejor de todo, la posibilidad de importar desde los LMS más conocidos (especialmente de todo lo que tengamos en Moodle). Algo imprescindible para todos aquellos usuarios de Moodle que quieran dar el salto:

schoology_importar1Para aquellos que aún no se hallen convencidos les recomiendo la siguiente comparativa donde, visualmente, se comprueba las bondades de Schoology comparándolo con otras plataformas más conocidas.

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Fuente: Jennifer Magiera

Unas bondades que, también incluyen la posibilidad de integrarse con Google Apps. Algo que en secundaria, por estar ya dentro de la edad permitida para el registro sin necesidad de cuentas de centro, es muy interesante. Es por ello que, para secundaria (según los que llevan tiempo probándola) se trata de una opción mucho más atractiva que Edmodo.

A propósito, la herramienta, gratuita para uso educativo, se halla en castellano y disponible para cualquier dispositivo móvil (Android e IOS).

Del proyecto educativo de centro al proyecto colaborativo

pec_1Empieza en breve el curso y salen a la luz iniciativas colaborativas muy interesantes. Iniciativas que aúnan a los docentes más implicados en la mejora educativa que, a pesar de suponer un considerable esfuerzo participar en ellas, se suman por el bien de sus alumnos a las mismas. Algo que, en la coyuntura actual, es de mucho mérito. Un mérito que raras veces, más allá de la palmadita en la espalda de algunos compañeros virtuales y la satisfacción de un trabajo bien hecho, no existe. Un mérito que muchas veces queda difuso en ese espacio de nadie llamado virtualidad.

El modelo del proyecto colaborativo es interesante pero el valor real del mismo, lamentablemente, no se traslada al resto del centro donde están esos grandes docentes trabajando. Claustros poco informados de esos proyectos, nula existencia de proyectos educativos en la mayoría de centros y, unas ganas locas por parte de muchos de justificar las mismas prácticas aislacionistas que recibieron cuando estaban sentados al otro lado de la tarima.

Es por lo anterior que creo que se debería replantear el asunto. Enfocar los esfuerzos a la realización de proyectos educativos dentro del centro por la importancia que los mismos tienen, globalmente, para el alumnado del mismo. Un alumnado que, injustamente, se ve, dependiendo del tipo de docente que le toque, aislado de prácticas interesantes. Un alumnado al que es injusto aislar de proyectos interesantes por lo que ello implica.

Reconozco la realidad. La realidad de los Claustros son las que son. Claustros donde la mayoría de docentes se cierran en sus aulas, la mayoría manteniendo métodos de dudosa efectividad y, con proyectos educativos de centro basados en el corta y pega de infumables documentos que existen para cubrir el expediente. Proyectos educativos poco serios, en los que no creen ni los que los redactan (o hacen ese apaño para que no se vea la copia -cambiar el nombre del centro, en los casos más flagrantes-) que no se lee ni el tato. Así no vamos bien. La falta de un proyecto educativo de centro hace que cualquier colaboración intercentros (o interprofesionales) sea demasiado limitada. Limitada a un núcleo muy reducido y de afección, tristemente, poco interesante.

No hay ganas de colaborar en los centros educativos. Hay ganas de mantener espacios de confort, prácticas que no supongan mucho esfuerzo y pocos problemas con alumnado. Porque, no lo olvidemos, exigir el cumplimiento de un proyecto educativo coherente implica muchas cosas. Entre ellas un aumento del trabajo de toda la comunidad educativa (alumnos, docentes y padres). Una exigencia que supone enfrentarse con muchos. Una exigencia que, más allá de lo que supone, seguramente mejoraría mucho la calidad educativa de muchos centros. Unos centros, reductos de prácticas inmovilistas y demasiados partidarios del degüello a todo aquel que exija, con mayor o menor vehemencia, cambios metodológicos que les puedan afectar.

Los proyectos colaborativos son interesantes pero, si no hay ganas de cambio dentro de los centros, lo limitados de los mismos hace que, más allá de la satisfacción personal de los que participan en los mismos, su influencia en el centro educativo donde se hallan impartiendo clase los implicados en los mismos es muy limitada. Tanto que, a veces, ni tan sólo se conoce por parte de muchos compañeros que alguien está haciendo ese tipo de proyectos. Algo que sucede en demasiadas ocasiones.

Embarcarse en un proyecto colaborativo en la coyuntura actual deja un sabor demasiado agridulce. Un sabor que mejoraría si, de una p… vez, alguien se planteara regular los proyectos educativos de centro más allá de la burocracia actual.

Las escuelas Steve Jobs, un error de concepto

Basar modelos educativos en herramientas, por supuestas potencialidades o bonitas que las mismas puedan parecer, es un error. Un error el usar la herramienta como centro de aprendizaje. Algo, si cabe, aún peor que negarse al uso de las nuevas tecnologías. Algo, curiosamente, avalado por un nutrido grupo de fascistas tecnológicos. Aquellos que, cualquier cosa o aparato que lleve asociada una supuesta modernidad, les parece la solución a todos los males de la Escuela. Aquellos obcecados en hacer de la herramienta el leit motiv de su cruzada.

Las escuelas Steve Jobs abren este curso en Holanda. Son unos centros educativos cuyo aprendizaje se halla sometido exclusivamente a los dictados de los productos de Apple. Concretamente, a los de los iPads que, comprados por el gobierno holandés y suministrados gratuitamente a los alumnos, van a permitir disfrutar de ese aprendizaje que va a llevar a los alumnos de la mano a la excelencia educativa. Algo que, tal como dice el empresario que se halla detrás del proyecto, Maurice de Hond, va a permitir “preparar a los niños para el mundo de después de 2025 con las herramientas que tenemos hoy, no como en la mayoría de las escuelas, que preparan a los niños con las herramientas de ayer para el mundo de ayer“. Alucinante. Se pretende preparar (y así se dice textualmente) al alumnado con las herramientas de hoy, obsoletas el 2025 al igual que las anteriores, para un contexto desconocido. Ciencia ficción educativa elevada a despropósitos inimaginables.

Otra cosa que plantea dicho supuesto modelo educativo es lo innecesario de ir a clase ya que, supuestamente, dispone de una aplicación educativa integrada en el aparato que simula un patio virtual donde, mediante un avatar, el alumno se va a ver metido en un entorno irreal de sociabilización. Por lo que se ve, eliminar el valor social de los centros educativos es otro de los objetivos, nada escondido, de este tipo de escuelas.

Además, no olvidemos que se trata de un sistema pensado para minimizar los costes educativos ya que, también como muy bien se señala desde los impulsores del mismo, hará innecesaria la asistencia al centro educativo para aprender. No hemos de obviar que el empresario que se halla detrás de prácticas económicas cuestionables que acabaron explotando como la burbuja que creo su empresa de inversión (ver  Newconomy), se plantea ser el adalid de la refundación educativa. Algo similar a lo que está sucediendo con la economía mundial, que los mismos que la arruinaron ahora están al mando de las organizaciones que, supuestamente, van a reflotarla. Surrealista es poco.

Otro modelo económico diseñado específicamente para ahorrar costes a la administración educativa, avalado por esos neonazis cuya bandera son las TIC a cualquier precio, cuyos motivos educativos dejan mucho que desear. Que alguien nos libre de los extremismos tecnológicos en el ámbito educativo. Polos opuestos, pero igual de nefastos para la mejora educativa.

De docentes y materiales elaborados

libros_de_texto_uffLa mayoría de docentes no ha elaborado nunca material propio para sus clases. Aunque la afirmación anterior pudiera parecer falsa, por la gran cantidad de veces que se está hablando, mediáticamente y en las redes (usadas por cierto, por una minoría), del uso de nuevas herramientas o la facilidad que existe hoy en día de montarse su material, la realidad es que el porcentaje de docentes que se aleja de materiales diseñados y ensamblados (en diferentes formatos, siendo el libro de texto -en formato analógico o digital- el más habitual) es muy escaso. No es habitual encontrarse docentes que usen su propio material en las aulas. No es habitual encontrarse blogs con materiales (propios o adaptados de los miles que hay por internet). No es habitual que haya docentes que sean usuarios de un material diseñado a medida.

No es una dinámica que haya cambiado. Si nos remontamos a la época de estudiantes seguro que recordaremos como anecdótico algún docente que usara su propio material. Y, curiosamente, conforme íbamos pasando de curso, cada vez era más difícil encontrarse con dicha excepción. La innovación decrece conforme pasan las etapas educativas. La innovación y el número de maestros implicados en infantil y primaria supera con creces a los de secundaria (prefiero ya no hablar de la Universidad, donde esos legajos fotocopiables y PowerPoints de antiguas transparencias diseñados hace décadas siguen campando por doquier).

Por tanto hay algo que debe cambiar. No es de recibo que, con la facilidad que existe hoy en día de disponer de entornos para publicar material de forma gratuita (en un blog, en un entorno virtual de aprendizaje tipo Moodle, en un documento online, etc.) sea prácticamente testimonial la cantidad de docentes que se ponen a ello. No es excusa la falta de tiempo, no son excusa los recortes, no es excusa el dedicar tiempo a lo importante para algunos (esa labor puramente transmisiva tan poco eficaz). La realidad, es que la comodidad de muchos hace que ni se planteen los beneficios que obtendrían de un material hecho a medida. De un material que, al ser propio, sería muy fácil de controlar y gestionar. ¡Cuánto daño hacen los problemas de matemáticas de los libros de texto, con resultados erróneos, que los docentes mandan a los alumnos! ¡Qué tristeza ver como mandan enunciados incomprensibles y arreglan los errores tipográficos sobre la marcha porque no se han dedicado nunca a plantearse algo diferente a lo que les viene encapsulado!

Reconozco que la libertad de uso de métodos educativos es algo que, bien usado, puede ser una maravilla, pero también la necesidad de establecer proyectos educativos de centro, centrados en los alumnos y con exigencia al profesorado para que sean capaces de adaptar esos materiales que tienen disponibles a las realidades del aula. Una adaptación que no consiste en reducir temas de algo prediseñado. Una adaptación que consiste en utilizar las herramientas y materiales lo más personalizados posibles. Algo que, curiosamente, se echa de menos en muchas aulas. En demasiadas para mi gusto.