Las TIC como refuerzo de metodologías obsoletas

Sorprende observar que, unas herramientas diseñadas para cambiar modelos educativos, han tenido precisamente el efecto contrario. Herramientas tecnológicas para afianzar metodologías obsoletas. Entornos de aprendizaje, cada vez más dirigidos, como sustitutivo del libro de texto tradicional que se convierten en una simple sustitución de herramientas. Modelos planteados por las diferentes editoriales como contenidos encapsulados accesibles en red. Deberes, ahora llamados tareas, gestionados de la misma forma que los de antaño. Eso sí, curiosamente, con un incremento en su petición. Las TIC han traído, aunque pueda parecer irónico, la irrupción de multitud de mal llamadas actividades cuyo único fin es la repetición que tan poco productiva era en el modelo tradicional. Un modelo tradicional que, apuntalado por las TIC, ha perdido lo bueno que tenía hasta amplificar las prácticas más desastrosas del mismo.

Proyecciones de powerpoints cargados de texto, selección de largos vídeos que aburren al más pintado, textos en el procesador de textos de turno para cargar con lo mismo a unos alumnos que viven en una sociedad diferente. Mantenimiento de la comodidad de muchos para no hacer el esfuerzo de modificar las prácticas. Dependencia extrema de la herramienta (sustituida ahora por pantallas de diferentes tamaños adosadas a discos duros sin raciocinio) para que la improvisación e innovación se oculten en lo más profundo de algún cajón más o menos virtual.

¿Cuántos docentes hacen algo nuevo con las TIC? Cambiemos la pregunta… ¿cuántos docentes usan las TIC con asiduidad para introducir prácticas, alejadas de metodologías anteriores a la irrupción de los aparatos, en las aulas? ¿Cuántos, más allá de la facilidad que les supone tener entretenidos a los chavales de los nuevos medios, se atreven a ir un paso más allá? ¿En cuántas aulas ha aumentado la exigencia mediante un cambio de modelo?

Las TIC no son la panacea. Son una herramienta que, mal usada, potencia lo peor de los modelos de enseñanza y aprendizaje. Herramienta que, curiosamente, perjudica en gran medida las posibilidades de atender a la diversidad. Herramienta que, gestionada pésimamente en la mayoría de casos, está llevando hacia un camino de falsa modernidad cuyo final se vislumbra cada vez más borroso.

En pocos días empieza el nuevo curso. En algunos centros se van a implantar nuevas maquinitas. Maquinitas que van a seguir siendo usadas, más allá de los defensores a ultranza de las mismas cuya realidad global es paralela a la observable en el quehacer diario, para reproducir los mismos modelos que antaño. Modelos que no cambian. Modelos industrializados potenciados bajo el pretexto de las nuevas tecnologías.

El refuerzo de metodologías estériles es un error. Un error quizás tanto o más grave que los experimentos, de nula planificación previa que se están planteando en muchas aulas. Para hacer lo mismo que antes, las TIC no sirven. Usar las TIC por el hecho de tener las herramientas es un error. Un error que demasiados docentes van a cometer cuyos resultados van a pagar los alumnos (y, de rebote, toda la sociedad). Sumarse al carro de la innovación, sin tener claro el esfuerzo que supone, es contraproducente. Más allá de lo anterior, queda la conciencia y responsabilidad de cada uno.

Los centros concertados, empresas muy rentables

centr_conce_1Estos últimos meses he tenido la suerte, gracias a muchos docentes que trabajan en los mismos, de ir recopilando información de primera mano sobre varios centros concertados de Cataluña y de la Comunidad Valenciana. Dentro de estos datos se incluyen, mayoritariamente, centros concertados de organizaciones católicas (por cierto, la mayoría de los conciertos -sobre un 85%- corresponden a este tipo de centros) aunque también he conseguido los datos de algunas cooperativas y centros laicos. Unos datos que llevan a la conclusión de que los centros concertados son unas empresas muy rentables. Más rentables, a nivel de amortización de la inversión inicial o beneficios anuales, que la mayoría de las pymes de nuestro país.

Como los datos se han suministrado de forma confidencial, voy a intentar exponer en este redactado unos números estándar sobre la gestión económica de dichos centros. Una gestión económica cuyo único resultado claro es, en menos de cinco años, haber obtenido la recuperación de lo invertido en infraestructuras (los edificios e instalaciones no los subvenciona el Estado) y unos pingües beneficios anuales.

Empecemos por los costes iniciales de la actividad. Un centro concertado necesita infraestructura. Una infraestructura educativa que, para las necesidades establecidas (albergar como mínimo un par de líneas, susceptibles de concierto, desde infantil hasta cuarto de la ESO) cuyo montante económico, según datos actualizados, puede llegar a costar algo más de un millón de euros. Si le sumamos las instalaciones deportivas, hecho diferencial de muchos centros concertados, las mismas pueden duplicar ese valor de obra. Por tanto, el primer gasto de las organizaciones que se hallan detrás de los centros educativos susceptibles de concierto, supone desembolsar (en promedio) cerca de un millón y medio de euros en las instalaciones. ¿Qué organización dispone de ese presupuesto? ¿Qué banco es capaz de avalar dichas cantidades, cuando un empresario va a pedir un crédito y no le dan ni diez mil euros? ¿Qué relaciones tienen con el entramado económico que permite que cada año aumente el número de centros concertados?

Una vez realizado el primer desembolso importante, gestionado con la administración educativa el concierto (no olvidemos que para algunas organizaciones, poseer un centro educativo concertado ya da automáticamente el concierto al resto de centros educativos que monte) ya disponemos de un flujo de capital público constante en la empresa privada. Mantenimiento del centro y salario de los docentes a costa del erario público. Por tanto, más allá de reparaciones puntuales y ampliación de espacios, el centro se financia con dinero público o con el pago de determinados servicios por los padres.

Ahora viene el momento en que alguno habla de que en un centro concertado no se realizan pagos mensuales. Eso no es cierto ya que, según los datos obtenidos, la cuota mensual promedio para un padre en los centros que he analizado es de unos 90 euros. Cantidades, por cierto, que no se incluyen en la contabilidad cara a Hacienda por ser consideradas como “donativos”. Por tanto, un curso escolar para un alumno, en cuotas voluntarias, sale a cada familia por unos 1000 euros al año. A lo anterior le tenemos que sumar el desfase entre los precios del comedor de los centros concertados y los centros públicos, uniformes y actividades extraescolares. Una cantidad que puede llegar a suponer otros 60 euros más al mes de beneficio para el centro educativo concertado lo que haría un montante de ingresos, siempre en el rango bajo, de 1500 euros por alumno y año. Considerando un número promedio de alumnos de 400, nos sale unos ingresos netos de 600000 euros al año.

Hagamos una previsión de gastos anuales no incluidos en esos números. Gastos dentro de los que estarían el pago a los ayuntamientos por la cesión de terrenos (los últimos centros concertados valencianos se han construido en terreno público, pagando un canon anual que oscila entre 6000 y 9000 euros) y suponiendo que un 30% de los ingresos se destinan a reparaciones y mejoras no incluidas en el concierto (180000 euros).

A propósito, para aquellos que digan que en los gastos anteriores no están incluidas las horas de docente de las actividades extraescolares que hacen los alumnos no se preocupen. Los centros concertados obligan, por convenio, a trabajar a sus profesores 25 horas lectivas (la administración los paga como si hicieran 20) y encargarse, sin ningún tipo de complemento pero bajo pena de despido, de las actividades extraescolares.

Después de lo anterior, se observa que un centro educativo concertado tiene unos beneficios de cerca de 400000 euros anuales. Podemos ver que en poco más de tres años se recupera la inversión y, a partir de entonces, los beneficios económicos para la empresa que está detrás de los mismos es más que interesante.

Datos claros, fundamentados en valores obtenidos de casos reales, que demuestran que los centros educativos concertados es uno de los negocios más boyantes en época de crisis. ¿A nadie le extrañaba que, en la coyuntura actual, broten centros educativos de gestión privada como setas? ¿Alguien se cree que no hay interés económico tras determinados servicios educativos? ¿Alguien duda del negocio que es montar una empresa, donde la administración paga a tus trabajadores y gran parte de los gastos de funcionamiento, cuyos beneficios van a parar de forma íntegra en los bolsillos de los empresarios? Esto de montar un centro educativo, si dispones de suficientes contactos para que te avalen la infraestructura y conocidos en la administración que te lo concierten, es un negocio de los más rentables.

La obsolescencia del conocimiento

Entre la moda del conocimiento y la del desconocimiento existe un gran margen para jugar entre dos modelos educativos que, determinadas corrientes pedagógicas defienden como necesarios. Más allá de eso, siempre resulta de interés saber qué conocimientos son necesarios y, lo que es más importante, el período de validez de los mismos (no es lo mismo saber las tablas de multiplicar que el funcionamiento de una herramienta que, a los pocos meses, va a quedar obsoleta). Es por ello que la siguiente viñeta (fuente) resulta de interés. Una imagen donde se describe, con ciertos tintes humorísticos en alguno de los ámbitos del conocimiento, la validez de los mismos.

conocimiento_obsoleto

Lo anterior nos lleva a plantearnos la necesidad de ciertos conocimientos y la manera más adecuada de gestionar los métodos de enseñanza para adecuarse a una realidad como la que se nos muestra.

¿Tiene sentido cambiar metodologías en aprendizajes sin período de caducidad después de décadas de experimentos metodológicos? ¿Tiene sentido plantear aprendizajes que, a corto plazo, van a dejar de ser útiles? Una crítica velada a la falsa modernidad de muchos aprendizajes que, una vez asumidos, deben ser olvidados por estar basados en una obsolescencia demasiado inmediata.

Apostar por aprendizajes duraderos, incluso que los mismos sean denostados por parte de algunos de los nuevos ilustrados, es algo siempre interesante. La inmediatez y la temporalidad de algunos conocimientos, hace que el esfuerzo dedicado a los mismos deba ser consecuente con dicha realidad. Más allá de lo anterior… libertad (o libertinaje).

El método YPD, la versión educativa de Hermano Mayor o Pesadilla en la Cocina

Este próximo curso las aulas de Castilla-La Mancha van a ser pioneras en la experimentación de un método que, supuestamente, permitirá potenciar el talento de sus alumnos. Un método “revolucionario” que, al igual que algunos programas de televisión y usando un sistema muy parecido al de los boy scouts (u otras organizaciones similares), conseguirá trasladar algo que la empresa hacía en campamentos de verano a las aulas de dicha Comunidad. Un experimento que, presumiblemente, va a exportarse al resto del territorio y va a ser capaz de “revolucionar y mejorar el sistema educativo hasta conseguir la excelencia”.

El método se llama YPD. Un método basado en cuatro pilares:

  • Energía (equilibrio de cuerpo y mente)
  • Creatividad
  • Comunicación
  • Liderzago (liderar la vida y gestionar la influencia sobre los demás)

Algo que, tiene un maravilloso vídeo de presentación muy bien elaborado donde se vierten, de forma general (no sea que se enseñe algo del método y se pierdan los beneficios económicos de su aplicación) los principios de rigen dicho método, junto con la opinión de alguno de los alumnos que han participado en campamentos anteriores.

Resultan extraordinarias algunas de las afirmaciones que vierten los alumnos en el vídeo de presentación. Afirmaciones como que “tiene todo lo que el sistema educativo no tiene” y “permite sacar el verdadero yo”. Algo que me suena demasiado a dos de los programas con más share de la actualidad… esa Pesadilla en la Cocina o el mediático Hermano Mayor donde se venden las miserias de un/una joven con problemas que, gracias a la intervención del coacher, consigue en poco tiempo reconducir su vida.

Sorprende la facilidad con que las administraciones educativas se apuntan a estos experimentos. Unos experimentos que, más allá de unos vídeos y de alguna de las charlas (muy parecidas a los telepredicadores americanos de los que muchos tanto nos reímos) que se pueden ver en Youtube de su fundador, Franco Soldi, genera sensaciones muy desagradables.

Subvencionar con el dinero de todos métodos educativos detrás de los cuales hay perfiles bastante curiosos (empresarios, opinólogos del diario ABC o El País, locutores de la COPE y de La SER, exdirectivos de Microsoft, cargos en el Corte Inglés y otras multinacionales, etc.) donde, por cierto, no existe ningún docente de primaria ni de secundaria hace dudar (y mucho).

No compro métodos revolucionarios en Educación. Aún menos después de quince años batallando en aulas, en diferentes cursos y con diferentes perfiles de alumnos. Los vendedores de humo me repelen, pero los que propugnan recetas milagro para salir del estancamiento educativo y se financian con dinero público, me dan mucho miedo y bastante asco.

El uso de las redes sociales, de lo profesional a lo personal (o al revés)

Fuente: Juan Fernando Zuloaga

Fuente: Juan Fernando Zuloaga

Las redes sociales llevan un cierto tiempo irrumpiendo con mucha fuerza en el ámbito educativo. Gran cantidad de docentes, padres y alumnos están usando muchas de ellas como un mecanismo de comunicación. Un mecanismo de comunicación que debe llevar a replantearse la necesidad de la separación de poderes. De la separación de lo personal y lo profesional. De la necesidad (o no) del establecimiento de diferentes cuentas para ser usadas en función de lo que a uno le apetezca compartir (o se asocie mejor con su forma de interactuar).

Cuando uno se crea una cuenta en las redes sociales, lo primero en lo que piensa es para qué va a enfocarla. ¿Para compartir con los amigos? ¿Cómo entorno de aprendizaje? ¿Cómo forma de seguir lo que está sucediendo en nuestro entorno (cercano o lejano)? ¿Para saber qué hace la gente a la que se admira (artistas, deportistas, etc.)? ¿Para seguir la vida política? ¿Para ver lindas fotos de gatitos?, etc. No hay una sola necesidad. Cada persona necesita cosas diferentes de sus redes sociales. Muchas de las cuales, llega un momento en que se mezclan, y hacen imposible diferenciar la parte lúdica y más personal de lo profesional.

¿Qué docente no se ha creado una cuenta en Facebook, en un primer momento destinada a compartir cosas con un cierto grupo de amigos, para posteriormente darle un uso más profesional? ¿Quién ha pensado que era mucho más cómodo mantener mezclados en las redes sociales los perfiles para no tener que duplicar su existencia virtual? ¿Quién no ha caído en la situación de mantener una red social cada vez más difusa entre las cuestiones personales y profesionales? ¿Quién se ha resistido a ir añadiendo compañeros de profesión en una cuenta que, en sus comienzos, se creo como algo de divertimento y un espacio para compartir con los amigos?

Las redes sociales son permeables al igual que lo son las personas. Es muy difícil gestionar, a menos que seas una marca u organización, diferentes cuentas en las redes sociales para enfocarlas en nichos cerrados (amigos, aprendizaje, curiosidad, política, etc.). Llega un momento en que la disparidad de cuentas que uno ha creado para establecer fronteras entre las diferentes tipologías hace que la gestión de las mismas sea poco práctico. Al final, la mayoría hace lo que acostumbramos a hacer todos. Gestión única desde un perfil de la realidad tan variopinta que nos rodea. Una cuenta para todo. Una cuenta donde se mezcla lo personal con lo profesional.

Lo mismo podríamos decir de Twitter. En este caso la situación se vuelve más compleja. En Facebook existe la libertad de seleccionar quiénes estarán facultados para acceder a lo que compartamos y en qué condiciones. En Twitter desaparece dicha posibilidad. Se trata de un entorno abierto, donde todo va a ser visible para todo el mundo (a excepción que pongamos la cuenta como privada pero, entonces, su utilidad para establecer redes de aprendizaje sólidas desaparece). Donde la inmediatez es una de sus grandes virtudes (y sus defectos). Donde uno se sabe controlado, donde a uno le importa poco ese tipo de control. Twitter es libertad. Red abierta para que todo el mundo pueda comunicarse de forma rápida. Un lugar con sus propias reglas. Unas reglas que, por cierto y más allá de los límites de la plataforma en cuanto a determinadas cuestiones técnicas, no existen. Al final la línea más profesional (la mayoría de personas relacionadas con el mundo educativo entraron en Twitter para aprender e informarse) se convierte en una línea mixta. La gente se desvirtualiza. La gente cada vez escribe más sobre cuestiones personales. Al final, una balanza. Una balanza que combina lo profesional con lo personal.

Privacidad es un concepto necesario. Las redes tienden a romper ese principio. Un principio que no lo rompen esas redes, es algo que la evolución del usuario hace que el compartir e interactuar se convierta en parte de la adicción a las mismas. Una adicción demasiado sana, más allá de los excesos que se puedan cometer, para establecer diferencias entre lo que es más de uno y esa red de aprendizaje que a tantos nos gusta. Algo que, por cierto y más allá de algunos a los que cualquier cosa relativamente nueva a la que le dan mal uso les parece de frikis o tarados,  se ha convertido en un hogar virtual donde lo personal y lo profesional se funden en cada uno de los tuits o intervenciones en el resto de redes sociales.

Políticas educativas neoliberales como demanda social

urna_1La sociedad española demanda masivamente políticas educativas neoliberales. Por mucho que no nos guste, que creamos que es un error, que veamos las consecuencias negativas que van a suponer las mismas para el futuro de nuestro país, hay una gran parte de la masa social que pide, mediante votos ejercidos en total democracia y libertad, que la gestión educativa se realice basándose en unas determinadas políticas. Políticas cada vez menos sociales que, a su entender, permitirán satisfacer sus demandas.

No nos engañemos. El partido que nos gobierna va a aplicar la reforma educativa que le exigen sus votantes. Es en el único aspecto de su programa electoral que no ha mentido. Bueno, curiosamente, si ha mentido ha sido para minimizar los máximos que le pedía gran parte de su electorado. Un electorado que le exigía mucho más en ciertos aspectos (cuestiones lingüísticas, recentralización de la Educación, reducción de costes, etc.) de lo que ha, finalmente, legislado. Una reforma en clave neoliberal de la Educación demasiado moderada para gran parte de su masa de votantes.

Hay cuestiones que sorprenden. Sorprende observar como la realidad de la mayoría no es lo que a uno le gustaría que fuera y como, a veces, nos sugestionamos para creer que los resultados electorales no han sido los que fueron. Hay partidos con una política educativa clara. Algunos que piden directamente la eliminación de la Escuela Pública mediante la incorporación de cheques escolares. Cheques que, más allá de permitir la supuesta libertad de elección de los padres, acabarían con lo poco que queda público en el ámbito educativo. Unos cheques que, supuestamente, habrían de permitir la libre elección de centro. Un mercadeo del sistema elevado a sus últimas consecuencias y pedido, según las estimaciones en las encuestas, por más de un diez por ciento de la población con derecho a voto. Una de cada diez personas en España pide, de forma libre, la desaparición de los centros públicos para montar un sistema donde se potencie la segregación e, incluso en el caso más extremo, se puedan abrir y cerrar centros a voluntad de los padres.

Eso sí, las políticas neoliberales no son cosas de los partidos, supuestamente, anclados en la derecha. Una derecha que, en cuestiones educativas, no existe por contraposición a ningún partido político con poder legislativo de políticas educativas divergentes. ¿Existe algún partido político en el arco parlamentario, con capacidad legislativa o de gestión de sus recursos educativos, con una política divergente a la que postula el partido de gobierno? ¿Son los partidos, supuestamente encasillados en una izquierda inexistente y vacía, adalides de políticas educativas propias?

Analicemos los hechos. Una Comunidad Autónoma gobernada durante treinta años por un partido (que también estuvo gobernando a nivel nacional), con mayoría absoluta, supuestamente social, que intenta venderse mediáticamente como izquierda. Una Comunidad donde los centros educativos concertados no han desaparecido, donde se ha concertado centros privados que segregan a los alumnos en función de su sexo y, cuyos representantes también han decidido que lo mejor para sus hijos era llevarlos a centros privados o concertados. Una Comunidad, por cierto, ahora con una coalición de gobierno donde ha entrado un partido, supuestamente ubicado más a la izquierda del anterior que mantiene políticas educativas dignas del gobierno más neoliberal de los que se puedan conocer. Un gobierno que ha recortado la paga extraordinaria a sus trabajadores públicos (entre los que se hallan docentes), ha echado a la calle a miles de interinos y ha mantenido un sistema de conciertos educativos (máxima aspiración de la política neoliberal, la gestión privada del dinero público).

Por tanto, los votantes quieren políticas neoliberales. Lo de las camisetas, discursos y manifestaciones en pro de una Escuela Pública de calidad para todas y todos queda muy bien de cara a la galería con la intención de ganar votos de algunos. ¡Cuántos políticos con camiseta verde en el Parlamento cuyos partidos avalan políticas educativas neoliberales! ¡Qué capacidad de camaleonismo! ¡Qué hipocresia! Pero, al final, lo que interesa son los hechos. Hechos que se avalan con las políticas que se están llevando a cabo. Políticas que dan votos. Políticas que, analizando los resultados electorales, son las preferidas mayoritariamente por la sociedad.

Tenemos la política educativa que, como sociedad, hemos elegido. No ha habido trampa ni cartón. Los que votaron al partido de gobierno querían este tipo de política y los que votaron a la oposición (entendiendo como tal partidos con potestad legislativa -pasada o presente-), teniendo suficientes informaciones objetivas de lo que habían hecho o están haciendo, también. No nos engañemos. Nos guste más o menos, la sociedad demanda políticas educativas neoliberales. Más allá de ello, el rechazo a las mismas por parte de una minoría más o menos activa.