El desaprendizaje inexistente
En plena época de infoxicación son numerosos los teóricos educativos que abogan por un necesario desaprendizaje, diseñado para conseguir hacer del aprendiz un emigrante cognitivo de toda la información excesiva y, muchas veces de utilidad nula, que va acumulando a lo largo de ese período de aprendizaje.
Una manera de defender ese concepto de desaprendizaje es insistir sobre la posibilidad de la eliminación de las informaciones obsoletas o innecesarias, mediante un hecho cognitivo, tal como nos explica Gonçal Mayos en el siguiente extracto de su ensayo sobre “La Sociedad de la Ignorancia” (escrito colaborativamente con Antoni Brey y Daniel Innerarity) publicado bajo licencia CC.
[…] un mero proceso de añadir nuevos conocimientos sobre los antiguos, sino que sobre todo comporta el complejo esfuerzo de eliminar las viejas creencias, las informaciones invalidadas con el tiempo y los hábitos intelectuales que no encajan con la nueva estructura del saber; […] En definitiva, comporta deconstruir nuestros conocimientos, creencias e incluso valoraciones; y mantenerlas al día dels acelerado proceso de cambio a que las somete la sociedad del conocimiento.
Una visión idílica, la deconstrucción de nuestros masivos conocimientos y, aún más cuando dicha deconstrucción y desaprendizaje se hace de forma activa.
Pero, según mi opinión, nada más lejos de la realidad. Lo curioso es la incapacidad de hacer el proceso activo, ya que tan sólo se produce de forma pasiva y, en lugar de ser una eliminación de la información sobrante, lo que hace nuestra mente es establecer prioridades cognitivas realizando una estructuración de la información para establecer unas vías más o menos rápidas (y estratificadas) hacia nuestros conocimientos adquiridos, en función de su uso o base para futuros aprendizajes.
Todo aprendizaje ancla nuevos conocimientos, formando y estructurando nuestra capacidad futura. A nadie se le ocurre plantear un aprendizaje sobre hechos triviales si el mismo no está fundado en elementos “conocidos” (almacenados y anclados en nuestra estructura cognitiva”. Por tanto, nada de emigración cognitiva, más bien, hablemos de reestructuración cognitiva.
Otro de los grandes errores, cometidos por otros politólogos de la interpretación cognitiva, es el que asocia una capacidad inexistente, la del desaprendizaje, a la capacidad de futuros aprendizajes. Y, ello, bajo el edulcorado lema de que “estamos en una sociedad donde desaprender lo sabido es ahora mucho más importante que aprender cosas” (Punset). Pero, tristemente, ese desaprendizaje, consciente y autónomo, no existe. Existe el olvido, pero la información sigue estando disponible para su acceso.
Además, ¿nadie se plantea cuál sería el esfuerzo de la eliminación de ese aprendizaje en caso que fuera posible? O, ¿no sería muy incongruente aprender a desaprender el mismo de la misma forma que su obtención? No erremos pensando y teorizando sobre un imposible.
Quizás con las TIC hay mayores aprendizajes (más que aprendizajes, absorción de conocimientos o datos), pero lo único que hay de cierto es que la fijación de los mismos se realiza de la misma forma; establece relaciones en nuestro repositorio de almacenaje y, finalmente, establecemos un gradiente de importancia en los mismos.
Nuestra mente no es un ordenador con capacidad finita y, lo importante del aprendizaje son las relaciones que se establecen entre los conocimientos adquiridos. No hay compartimentos estancos y, por ello usar parámetros “artificiales” para relaciones “naturales” no tiene demasiado sentido.
Olvidamos, sí…desaprendemos, no.
Lo anterior, sólo unas pequeñas ideas sacadas de una charla producida en una hora de guardia de mi centro, a la cual se llegó a través del anuncio de una conocida entidad bancaria.
Requisitos básicos para implementar un MOOC
Últimamente ya estáis viendo que llevo redactados algunos artículos que hablan sobre los MOOC (massive online open courses), ya que considero que pueden ser una “alternativa” lo suficientemente válida para su uso en entornos formativos docentes.
Desterrar para siempre el concepto de cursos (o aprendizajes) cerrados y evolucionar hacia un entorno de formación y aprendizaje colaborativo ha de ser una de las grandes apuestas de la formación docente. Por necesidad y por cuestiones de diferentes tipos (económicas, de gestión, etc.).
Pero, una vez planteada esa necesidad (o apuesta de futuro, que a muchos nos gustaría que fuera presente) una de las preguntas que nos pueden surgir es la relacionada con los requisitos imprescindibles (a nivel de servicios, herramientas y recursos humanos) para llevar a cabo ese tipo de formación.
Pues bien, en primer lugar necesitamos una “base formativa y unas necesidades”. Queda claro y, aún más desde la irrupción masiva de las nuevas tecnologías en las aulas, que el docente necesita adquirir destrezas nuevas (tecnológicas y metodológicas). También se pone de manifiesto que alguien ha de estar capacitado para llevar a cabo la misma o, más bien para iniciarla (ya que el desarrollo del MOOC ha de permitir que, conforme vaya pasando el tiempo, la gestión de ese curso sea más cooperativo).
Una vez tenemos clara la necesidad y los recursos humanos de que disponemos (con sus capacidades, puntos fuertes y limitaciones), tenemos que plantearnos qué requisitos humanos, técnicos y herramientas (o servicios) podemos llegar a usar. Entre ellos, destacaríamos los siguientes (lista totalmente ampliable y reconfigurable):
- Un hosting con suficiente capacidad a nivel de espacio y de soporte de conexiones simultáneas para poder trabajar en él. Siempre existen alternativas que nos ofrecen espacios gratuitos (sea de hosting u otros servicios como WordPress.com, Blogspot.com, Wikispaces.com, etc.) pero una de los inconvenientes que tenemos que evitar es depender al máximo de terceros. Y, es por lo anterior, por lo que siempre que podamos habremos de optar por servidores propios o, en hostings de renombrado prestigio (buenos, bonitos, baratos y que nos den un buen servicio)
- Un entorno de formación virtual o algún otro tipo de servicio que permita elaborar, distribuir y colaborar en un curso abierto (blogs, wikis, redes sociales, Moodle, etc.). Guiado pero no cerrado
- Uno o varios administradores del espacio de formación y colaboración, con suficientes conocimientos para resolver dudas técnicas puntuales que se puedan plantear a lo largo de la formación. Eso sí, hemos de procurar que la gestión del “elemento contenedor de la formación” por el que optemos sea de lo más sencillo y, que nos de los menores problemas posibles. Es más el contenido que el continente…aunque siempre se ha de procurar que el continente sea lo más visualmente agradable que se pueda y su uso lo más amable posible
- Dinamizadores o guías de la formación. Docentes que ayuden a otros docentes a dar sus primeros pasos y que incentiven a la colaboración. Dinamizar es muy importante, pero aún más lo es la guía inicial del docente que se enfrenta por primera vez en su vida con un MOOC
- Docentes con ganas de formarse y participar. Sin ellos, los MOOC no tienen sentido
Aparte de los requisitos para esa implementación, no hemos de olvidar que no puede ser que sólo unos pocos tiren del carro, ya que, al final, lo que va a suceder es que el MOOC pierda todo su sentido. Si poca gente colabora, al final el sentido del lifelong learning se pierde y, con ello, la utilidad de esa colaboración abierta y, que cada vez ha de ser más horizontal.
Análisis de la primera encuesta “seria” a docentes sobre la Escuela 2.0
En el III Congreso Escuela 2.0, el catedrático de Tecnología Educativa de la Universidad de La Laguna, Manuel Área, presentó los primeros resultados de una encuesta a 4500 docentes para recabar su opinión sobre el plan Escuela 2.0. Esos datos iniciales los podemos encontrar en la siguiente presentación:
- En la diapositiva 11 nos habla de la disponibilidad de internet en el aula y, allí se comete el gran error de no cribar “el tipo ni la calidad de la misma”. Disponer de conexión lenta e intermitente en el aula, significa contestar “sí” y ello no es cierto
- En la diapositiva 14 me sorprende que no llegue al 20% los docentes que nunca usan “audiovisuales tradicionales” (entendiendo como tales el vídeo y los reproductores de música). La práctica y experiencia me dice que no es así y, son bien pocos los docentes (a excepción de los de lenguas extranjeras y los de ciencias sociales) que, acostumbran a usar esos medios con bastante asiduidad
- En la diapositiva 15 nos aparece que casi un 60% de los docentes usan habitualmente las PDI. Supongo que esas PDI que, de forma bastante masiva, se llenan de polvo en secundaria son excepciones. Por tanto, sin comentarios
- En la diapositiva 18, nos muestran un 60% de alumnos de secundaria que hacen ejercicios con las TIC. ¿Qué se entiende por ejercicios? ¿Actividades con JClic? ¿Crucigramas online? Otro dato que me descoloca y que pongo entre mucho entrecomillado
- En la diapositiva 21 sigue el despropósito… ¿un 74% ha cambiado la metodología de aula con sus alumnos debido al plan Escuela 2.0? Paseando por los centros y hablando con compañeros (de diferentes CC.AA. y niveles) me comentan que están prácticamente solos en su cambio metodológico. ¿Me estarán mintiendo? Lo dudo
- En la diapositiva 27 se observa la respuesta a “Sitios web como Agrega, Educared, etc. son muy útiles para encontrar contenidos digitales y por ello deben de potenciarse“. Dudo mucho que ni un 5% de docentes de este país conozca Agrega. Y que lo usen…
- En la diapositiva 28 se pregunta sobre la accesibilidad libre y gratuita a materiales didácticos para el alumnado y profesorado. Un 80% de los docentes responden que están totalmente de acuerdo a que sea así y, después vamos centro a centro cotilleando los Moodle y nos los encontramos todos cerrados y sin acceso a invitados. Curioso, muy curioso
- En la diapositiva 36 otro dato curioso… ya que la mayoría de docentes (un 77,6%) quieren formarse para hacer materiales digitales. Si esto es cierto y, en lugar de reutilizar y adaptar los excelentes materiales quieren “crear” (incluso que sea “en malo”) da que pensar, etc.
A la vista de los resultados y el breve análisis que he hecho de algunos de ellos, me encuentro con una disyuntiva difícil de dirimir. La realidad que observo es una, pero los datos parece que muestren otra totalmente diferente. ¿Me engañan mis sentidos y mis experiencias o, los docentes que han contestado a esta encuesta ejercen la docencia en unas aulas que desconozco? Sorprendido me hallo.
A propósito, antes de finalizar y, a pesar de mis discrepancias con los resultados de la encuesta, agradecer el gran trabajo que han realizado tanto los investigadores de la misma, como la coordinación que se ha llevado a cabo.
Argumentos para oponerse al uso de los MOOC
Uno de los mecanismos de formación más alabados y, a su vez más denostados y criticados para la formación son los MOOC. Sí, esos cursos online abiertos, participativos y distributivos que algunas entidades están poniendo a disposición de sus alumnos y, de cualquiera que esté interesado en seguirlos. Un medio de ofrecer al gran público, una formación de calidad, colaborativa y, de gran eficacia. A pesar de ello, aún son muchas las organizaciones educativas y, otros grupos de presión que se están oponiendo a ellos bajo diferentes discursos.
El más conocido defensor del “concepto formativo”, George Siemens, intenta explicar por qué es necesario dar el salto a cursos masivos y gratuitos en ámbitos universitarios. Y ello, lamentablemente, choca con el inmovilismo de la mayoría de las dinámicas universitarias, ya que el rol tradicional del docente se rompe y, eso de abrir el conocimiento sigue siendo un tema tabú. ¿Qué pasa si se abre el conocimiento y se demuestra que esos grandes poseedores del mismo, los cuales viven en sus urnas académicas, son menos conocedores del mismo? ¿Cómo quedan tocadas todas esas posiciones de prestigio y sapiencia?
No lo se, pero más allá de razones egoístas, es difícil encontrar otras justificaciones que impidan dar ese salto… esa apertura y libertad de aprendizaje. Aunque, a pesar de ello, siempre existen las diferentes argumentaciones en contra de esa formación abierta.
La formación se diluirá y perderá su sentido si se hace una formación en masa, que implique la obtención masiva de títulos universitarios. Los mismos quedarán reducidos a la nada y, por ello sigue siendo necesaria la existencia de “organizaciones” que velen por el interés de los estudiantes. El pensamiento crítico no puede ser aprendido en el ciberespacio y, ese ciberespacio a lo único que tiende es a la aparición de falsas disciplinas y errores de aprendizaje
¿El pensamiento crítico no se adquiere con el aprendizaje (sea cuál sea el contexto donde se de el mismo)? Parece ser que sólo puede existir mientras existan organizaciones que velen por el interés de los estudiantes (¿o por el de los que forman parte de ese engranaje?). Romper con el mercantilismo educativo cuando hay muchos intereses en que se mantenga ese statu quo… cuesta.
Si puedo realizar el aprendizaje en cualquier sitio, mediante conversaciones informales… la posibilidad de perder un ritmo de aprendizaje continuo y, la facilidad de la dispersión del mismo harán ese aprendizaje ineficaz
¿Eficacia es seguir currículum? ¿No abogamos por la flexibilización del mismo? La sociedad permite que uno se marque su ritmo de aprendizaje y, a pesar de esta posibilidad, ¿renunciamos a ella?. Currículums estándards rígidos y líneas de aprendizaje anacrónicas no es el futuro educativo. Ni lo es, ni conviene que lo sea. Conocimiento siempre abierto, guiado, colaborativo y personal.
¿Quién gestiona la calidad de esos cursos ofrecidos de forma altruista y desinteresada? ¿Qué organismo los va a certificar? ¿Qué validez van a tener?
Empieza a ser hora de desterrar el concepto de “aprendizaje” igual a “título”. Hay mecanismos de control para certificar la validez de esa formación recibida. Implantarlos es barato y, eliminar el concepto de título y asociar el aprendizaje al concepto de capacidad, necesario e imprescindible. ¿Los centros oficiales perderán su sentido? No, tan sólo tendrán que cambiar su función.
Dar los mismos contenidos y de la misma manera en un MOOC que mediante un libro de texto, hace que muchos opten por el libro de texto
El inmovilismo manda, pero el MOOC va mucho más allá del aprendizaje tradicional y, gestionarlo de la misma manera que un aprendizaje tradicional, implica que ya no sea MOOC.
Por tanto, razones para oponerse hay, pero demasiado fáciles de rebatir y desmontar.
Infringiendo las licencias Creative Commons
Son muchas las personas, empresas e instituciones que siguen infriendo el tema de las licencias Creative Commons (CC). Aún son muchos quienes se piensan que un contenido liberado bajo licencia CC les exime de cualquier responsabilidad en su uso y, que el mismo es totalmente libre sin que tengan que tener ningún tipo de preocupación o consideración en su uso. Lamento informar a aquellos que consideran que ello es así y, que mantienen elementos sujetos a esa licencia (sean imágenes, vídeos e incluso artículos) en entornos cerrados que, ello podría derivar en una responsabilidad civil administrativa, ya que esas licencias poseen ciertas características que hacen que, su uso indebido pueda ser “denunciable”. Por suerte, en la mayoría de casos los autores de material bajo CC prefieren mirar hacia otro lado (cabreo personal, pero por filosofía no van a ir más allá porque realmente lo que les interesa es que se comparta y use su material), pero ello no obsta a que se esté infringiendo una licencia (con las mismas consecuencias que tendría el incumplir un copyright).
Pero, vamos por partes y, recuperemos un vídeo donde se nos da una breve explicación de ese tipo de licencias.
Y, al vídeo anterior, nada mejor que incorporarle un añadido sobre los tipos de “dibujitos” que aparecen en esas licencias y, para qué sirve cada uno de ellos (o qué nos delimitan).
Pues bien, tal como hemos visto en los dos vídeos anteriores, nos encontramos que las licencias CC son aquellas que permiten ser compartidas bajo unos determinados requisitos, entre los que se hallan (fuente):
Por tanto, ciñéndonos a lo anterior, y si la obra se encuentra bajo licencia CC y, específicamente bajo la de “compartir igual” nos podemos llegar a encontrar con que prácticamente todo el mundo se encuentra infringiendo esa licencia (y, muchos de esos casos se dan en la comunidad docente), ya que algunas de las conductas habituales, como las siguientes, no serían válidas con la misma.
- No se podría compartir ese material licenciado en los muros de Facebook (si son privados), ni en grupos cerrados que necesitaran la “invitación del moderador/administrador” para ser miembro
- No se podría usar ese material en entornos Moodle cerrados sin “acceso libre a invitados” ni hablar del mismo en los foros (en caso de que los mismos, a pesar de contar con el acceso a invitados, no fueran de acceso libre)
- No se podría compartir ese material en cuentas de Twitter “con candado”. Sí, sí…esas que no permiten ver los tuits
- No se podría usar ese material en Google Plus (G+) como no fuera “público” y, que al mismo tuvieran acceso todas las personas que quisieran
- No se podría usar dicho material en eventos, saraos y congresos los cuales no dispusieran de un sistema de difusión de esas comunicaciones (sea por vídeo o colgando las presentaciones en la red en blogs abiertos al público), etc.
En definitiva, nadie podría usar material sacado de la red, licenciado bajo licencia CC con la especificación de “compartir igual” si el mismo no es accesible a todos los usuarios de internet.
Por tanto, si alguno de vosotros está usando material original en el cual aparezca esa maravillosa SA (“share alike” o “compartir igual“), os pido que por favor no infrinjáis esa licencia. La gente que está compartiendo lo agradecerá.![]()
Mapas de Administración de Moodle 2.0 y 2.1
A la hora de trabajar con Moodle, una de las cosas que, como administradores (o editores de cursos) nos apetece tener es un pequeño esquema (o mapa), donde se nos indique de forma sencilla y esquemática las funciones, y dónde se hallan las mismas. Hasta ahora usaba un breve resumen “en papel” donde me había anotado las funciones que iba a usar y, la distribución de las mismas en el espacio de administración. Pues bien, navegando entre los enlaces que guardo, me he encontrado con el siguiente blog, donde se han publicado los mapas de Administración de Moodle (para las versiones 2.0 y 2.1) realizados por Alex Büchner, los cuales os cuelgo a continuación (hacer clic sobre los mismos para que se abran en pantalla completa).
Para la versión 2.1, en lugar de colgaros el original (en inglés), os cuelgo la traducción que ha hecho Juan Antonio Ortiz Caturani y, que se halla disponible en su blog.

Dos mapas imprescindibles, los cuales recomiendo a todos aquellos usuarios intermedios de Moodle que los tengan al lado de su escritorio (o bien accesibles) para su consulta mientras están trasteando en sus aulas virtuales.




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