Con Android, con iPad y/o con sentido común

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Las propuestas tecnológicas, que no educativas, a corto plazo están basadas más en tecnología que en metodología. Basar propuestas exclusivamente en los aparatos que medien el aprendizaje es priorizar aquello que, para algunos, debería ser lo más invisible de todo el proceso.

Curiosamente, la mayoría de administraciones educativas, así como muchos docentes, están tomando la postura del “pedigüeño tecnológico”. Una postura que consiste en basar cualquier propuesta de mejora educativa en tales o cuales aparatos (tabletas -entre las que se hallarían las basadas en Android o IOS-, netbooks, chromebooks, ordenadores personales en aulas de informática, móviles -ahora hay una propuesta en Cataluña para usarlos en el aula como parte de una asignatura- e, incluso, hay administraciones que se plantean la posibilidad de la mezcla de aparatos en un modelo BYOD -que cada alumno traiga el equipamiento tecnológico que tenga en casa-). Unos aparatos que, en función de su precio, van a seguir incrementando la brecha digital (que, por cierto, tiene amplias repercusiones en la educativa) y van a permitir un ¿aprendizaje? a la carta, según la capacidad económica de los progenitores que lleven a sus hijos a determinados centros.

Es por ello que, vistas las diferencias en equipamiento tecnológico, con que nos podemos encontrar a corto plazo es interesante hacer una breve exposición (en forma visual) de qué se podrá usar en las aulas en el modelo de tabletas que muchas administraciones se están encargando de vender a los padres.

Modelo iPad

Para aquellos centros cuyos alumnos puedan costearse un iPad (se ha acabado el modelo de subvencionismo de los aparatos) se va a establecer, presumiblemente, el siguiente modelo de trabajo.

Fuente: Daniel Edwards

Fuente: Daniel Edwards

Un modelo basado en apps de diferente funcionalidad (casi todas gratuitas, ya que vienen por defecto en el iPad o se pueden descargar de la Apple Store -a excepción de las que forman parte de la suite ofimática de Apple -Pages, Keynote- y de la edición de videos -iMovie-) que permitirían, a priori, basarse exclusivamente en un modelo basado en Apple. Un modelo que, por cierto, estaría basado en su parte más conceptual en la herramienta iBooks Author para la edición de materiales digitales e iBooks para la consulta de los mismos.

Modelo Android

En este caso, la fuente de apps será Google Play. Un amplio surtido donde prodremos encontrar las aplicaciones que nos permitirán “sustituir” los libros de texto por herramientas, de no excesiva complicación en su aprendizaje básico, para diseñar un modelo a medida del alumno. Un modelo, por cierto, que siempre que se pudiera habría de estar basado en el uso de modelos colaborativos.

appandroid_

Eso sí, los modelos anteriores, jamás deberían alejarse del sentido común. Un sentido común que, más allá de investigaciones educativas como la que os cuelgo (donde se promulga por la introducción de tabletas en el aula), debería ser el que habría de guiar cualquier decisión sobre el modelo tecnológico a aplicar en el aula.

Unas breves pinceladas, en muchos casos en forma visual, donde se puede echar un vistazo a qué podremos usar en el aula si tenemos, el curso que viene, la mala suerte de estar en un centro donde hayan llovido, a lo largo del verano, tabletas sin ningún tipo de formación previa ni instrucciones de uso.

2 Comments

  1. Hola Jordi,
    Me resisto a pensar que lo común sea planificar la introducción de tecnología en los centros, basándose exclusivamente o principalmente en aspectos técnicos. Simplemente es una burrada, y dudo que además con los tiempos que corren sea lo habitual, independientemente de la tipología de centro que sea.
    Este último curso introducimos tabletas en secundaria, después de dos años con el programa Educat 1×1. No lo comento por sentirme aludido por tu artículo, otras veces ya hemos contrastado opiniones… :) sino porque ello me ha dado la oportunidad de entrar en contacto con un buen número de centros y docentes, interesados en el uso de este tipos de dispositivos y en nuestra corta experiencia. Puedo asegurarte que en todos los casos (escuelas públicas, concertadas y con expectativas en diferentes etapas) meditan a fondo la cuestión. El mayor interés y dudas gira precisamente entorno a su uso en el aula.

    Coincido plenamente contigo en que estas implementaciones provocarán una brecha digital en el alumnado escolarizado en uno u otro entorno. El modelo BYOD podría ser una buena opción, aunque suponga un esfuerzo extra para el docente…

    Referente a la descripción de los modelos creo que es errónea y puede llevar a confusión. Las dos imágenes exponen lo mismo, una selección de apps (lógicamente de su tienda) para desarrollar una serie de habilidades con su uso. Y ni el trabajo con el ipad tiene que basarse exclusivamente en su suite, ni Android únicamente facilita la creación de contenidos. Todas dos plataformas son óptimas y similares pero con algunas diferencias (no sólo precio o código abierto), y es ahí donde los centros que quieran implementarlas tienen que meditar a fondo pros y contras de cada opción. Teniendo claro que lo fundamental será la reflexión pedagógica del modelo o proyecto TIC. Y eso es lo que pretende el estudio final de DIM que insertas, más que promulgar el uso de las tabletas, informa con datos para que puedan ser de utilidad a quien convenga, como los centros que puedan plantearse su introducción.

    Saludos,
    Manel

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    • Hola Manel,

      La resistencia al pensamiento sobre cómo se ha introducido (y se va a introducir) la tecnología en el aula es algo que entronca, lamentablemente, con la realidad de lo que está sucediendo. Centros altamente tecnificados (en Cataluña, que es lo que he analizado este año, muchos de ellos cuentan con PDI en todas sus aulas y modelos 1 a 1) como modelo de lo que no se debe hacer. PDI que no se utilizan (y no es un caso aislado su infrautilización) y netbooks usados como simple traslado del formato papel de toda la vida a libros digitales o entornos moodle como repositorio de temario. Por tanto, no es cierto que haya habido “meditación” sobre los beneficios y formas de trabajar. Ni mucho menos.

      Estos dos últimos años, también hay centros como el tuyo (en el mío se propuso para el año que viene pero, por suerte, se descartó) que se ha planteado el cambio de netbooks a tabletas. Un cambio avalado por pocos datos procedentes de investigaciones educativas (la de Pere Marqués es la única y, en la misma, hay muchos factores que no se han tenido en cuenta, además de ser muy difícil la exportación de un modelo que, puntualmente y además reconocido en el estudio, ha dado resultados muy dispares) que, por cierto, ningún miembro del Claustro se ha leído ni se va a leer. A propósito, ¿alguien es capaz de presentarme un estudio en condiciones sobre los efectos beneficiosos que ha tenido el modelo de la Escuela 2.0 en los centros educativos? ¿Alguien me plantea una metodología de cambio real en las aulas con esos dispositivos electrónicos que haya provocado un cambio, a mejor, de la calidad educativa?

      Defender un modelo BYOD desde las perspectiva de la igualdad de oportunidades (o equidad educativa) es algo que me resisto a hacer. No me parece lógico que las diferencias económicas puedan marcar tanto la digitalización individual en un contexto educativo. Ni lógico, ni ético. Además, ¿qué docente está capacitado para lidiar con diferentes tipos de máquinas en su aula? La realidad debería marcar las decisiones, no los “experimentos” (con éxito o no) siempre puntuales de algunos.

      Finalmente, sólo remarcar que, uno de los grandes puntos débiles en la introducción de las nuevas tecnologías en el aula es considerar que, los que “sabemos algo” del uso de los aparatos o postulamos por cambios metodológicos, seamos los que poseemos la razón y sepamos hacer las cosas. Quizás convendría analizar lo que está pasando, reformular el sistema y, una vez decidido lo que se quiere hacer, empezar. Yendo a golpe de improvisación con los equipos y usar los estudios que digan lo que uno quiere escuchar es estar abocado al fracaso por más que uno nos ilusionemos con lo que estamos haciendo de forma individual (y no exportable).

      Un gran saludo de vuelta.

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