¿Conductas mafiosas con los libros de texto?

A pocos meses de finalizar el curso escolar, las editoriales empiezan a descargar sus huestes en los centros educativos. Unos centros educativos que, en su mayor parte, les reciben con las manos abiertas. Con algunos docentes esperando a ver qué les ofrecen este año por cambiar el libro del año anterior por la nueva edición (con un par más de fotografías y un DVD que nunca va a ser utilizado). Con varios docentes que ya se están planteando la relajación de poder impartir sus clases con una guía en bruto que nunca va a necesitar ser edulcorada.

No sólo desembarcan en las enseñanzas obligatorias. Desde la reforma de Bolonia también están empezando a desembarcar en las Universidades. Cada vez más asignaturas de carreras universitarias con libro de texto. Ya no son los apuntes mal fotocopiados del profesor de turno. Ya son libros, con bonitos lomos, que se usan indiscriminadamente en la docencia. Importando malas praxis. Secundarizando aún más si cabe, en el peor sentido del vocablo, las aulas donde se forman los titulados superiores.

Cada vez se tiene más claro que puede haber un pacto tácito entre la Administración educativa y las editoriales. Muchas veces se ha oído que son, las editoriales, quienes marcan los ritmos y desarrollos curriculares de las materias. La leyenda urbana de que Edebé, cuando se cambió la antigua FP por los ciclos formativos actuales, fue excluida de las negociaciones se oye en muchos centros donde imparten esas enseñanzas. De la sorpresa que les causa que, la que era mejor editorial para material de FP, no se consuma de forma exclusiva en los cientos de ciclos actuales. Que hayan aparecido editoriales de calidad más que cuestionable y que se estén usando por algunos centros. Un gran pastel. Mucho dinero que lleva asociado.

El beneficio de muchas editoriales depende en gran medida de los libros de texto. Es lógico que defiendan su pan. Aunque también es lógico que algunos cuestionen las maravillas de ese modelo educativo basado en legajos con tomo y título usados como creencia superior.

¿Existe realmente un entramado mafioso que afecta a las editoriales de libros de texto? En nuestro país lo dudo. Demasiada competencia y conocidos en sus entramados que me lo desmienten. Eso sí, que algunos libros de texto estén ligeramente manipulados por las líneas editoriales es indiscutible. Coronas catalanoaragonesas a tutiplén por editoriales de capital relacionado con el nacionalismo más rancio, visiones parciales de la historia por editoriales afines a círculos eclesiásticos, geografía más o menos descolocada por intereses varios, libros de ciudadanía de variada interpretación, etc. Algunos “errores interesados” en los mismos. Quien tiene el control de las mismas, manda e interpreta en los textos educativos que redactan.

Espero nunca llegar en nuestro país a las prácticas mafiosas peruanas. Prácticas como las que comentaron hace un tiempo en este medio de comunicación. Noticia de la cual transcribo sus líneas más interesantes.

El candidato al Congreso por Gana Perú y ex director de la Asociación Peruana de Consumidores y Usuarios (Aspec), Jaime Delgado, sostuvo esta mañana que las editoriales le habrían pagado a los colegios que accedieron a vender sus libros una comisión de 40 millones de soles al año.

Según Delgado, al año los padres de familia cuyos hijos están inscritos en colegios particulares gastan un aproximado de 128 millones de soles en textos escolares y “como reveló un reportaje las empresas dan el 30% de los ingresos a los centros educativos, por ende, estos ascenderían en total a 40 millones de soles”.

Ante esta situación, el aspirante al Parlamento le solicitó al Indecopi que forme una comisión que investigue cuáles han sido los pagos de los últimos cinco años que han realizado las editoriales a los centros educativos, a fin de determinar cuánto dinero le “han sacado a los padres de familia”.

Además, Delgado propuso que las empresas produzcan nuevamente los libros de consulta, en los cuales venían los ejercicios, pero las tareas se hacían en los cuadernos, lo que posibilita que el texto pueda ser utilizado por otro niño al año siguiente.

Pero, siendo realista, no veo la diferencia entre los proyectores y portátiles que se regalan a los centros educativos (amén de algunos otros beneficios más personales a centros con muchos alumnos) con la noticia anterior. Ni tampoco veo normal la obligatoriedad pseudoimpuesta de ir cambiando cada cuatro años los libros de texto que están usando nuestros alumnos.

Un tema del cual sería bueno hacer, por parte del Ministerio de Educación, una investigación para ver si en nuestro país se están dando prácticas mafiosas en la elaboración, contenidos, compra y uso de los libros de texto.