Cualquiera vale para maestro

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Múltiples reacciones a la propuesta de la Comunidad de Madrid para permitir a los titulados superiores (en algunos casos concretos) opositar para ser maestros. Una propuesta que ha chocado frontalmente con los intereses de sindicatos y que ha llevado a reaccionar por gran parte del colectivo de maestros como un ataque directo a su profesión so pretexto del argumentario tan manido de que “no cualquiera vale para maestro”.

Fuente: http://http://blog.educastur.es/iescarrenomirandasociales

Fuente: http://http://blog.educastur.es/iescarrenomirandasociales

Estoy totalmente de acuerdo. No todo el mundo vale para maestro, pero ni Magisterio ni sus planes de estudios garantizan en la actualidad que exista una diferencia entre el graduado en esas Facultades respecto a los que lo han hecho en otro tipo de titulaciones. Conviene desterrar de una vez el tema de las vocaciones (tampoco creo que sea una condición inherente a los estudiantes de Magisterio) y ceñirnos a la valía profesional de quienes han de ejercer docencia en esas etapas. Profesionalidad que no demuestra el título (ninguno de los que se puedan conseguir en las Universidades) y que va a depender, y mucho, del nombre de la persona que esté escrito en ese papel. Profesionalidad que, a mi entender, es lo que hemos de buscar. Profesionalidad que se demuestra en el día a día del aula.

No me parece mal la decisión de permitir presentarse a todos los titulados superiores a unas oposiciones para un cuerpo educativo. Tampoco me parece mal que, con posterioridad a dicha oposición, se establezca un filtrado de todos aquellos que las han aprobado (mediante una evaluación continua los primeros años -un tipo MIR con una formación inicial básica en estrategías y metodologías- y revisiones periódicas de su labor a lo largo de toda su vida laboral).

Para dar clase se necesita mucho más que conocimientos y, es por ello, que plantear una oposición finalista como hasta ahora, con un coladero en la fase práctica es algo que debería replantearse (también para las oposiciones a Secundaria). Algo por lo que, curiosamente, ningún sindicato educativo está por la labor. Algo que sí que haría mejorar el nivel educativo de nuestro país. Una selección de “los mejores” (que, por cierto, no siempre son los mejores en una fase de oposición memorística).

De incongruencias en la función docente hay muchas, pero mantener limitado el acceso a ser maestro a alguien que haya hecho una determinada carrera universitaria es algo que deberíamos replantearnos. ¿Tan malo es que los titulados en Magisterio compitieran en igualdad de condiciones con otros titulados? ¿Tan malo sería que, después de un período de prácticas exhaustivo, se filtraran a los mejores maestros con independencia de su titulación previa? ¿Tanto miedo da romper algo que, por diferentes motivos, impide el acceso a la profesión a buenos profesionales (con independencia de su vocación previa)?

Siempre he defendido que en los primeros cursos de la ESO hay maestros que dan mil vueltas a muchos profesores de Secundaria. También he defendido que no debe de haber discriminación según la etapa en que uno esté dando clase. Es tanto o más importante el docente que está en etapas inferiores como el que imparte clase en Bachillerato. Es por eso que cualquier cosa que suponga una discriminación debería estar cuestionado. Y, en este caso concreto, cuestiono que un titulado superior de cualquier carrera no pueda impartir clases en etapas inferiores a la ESO.

No todo el mundo sirve para ser maestro pero, una carrera universitaria totalmente alejada de la práctica real e impartida, en su mayoría por personas que no han sido nunca maestros, tampoco es garantía de ser un mejor maestro que alguien que, por diferentes motivos, se plantee ser maestro en la actualidad y que por decisiones vitales cursó otro tipo de titulación.

Que habrán advenedizos… no lo discuto pero, ¿tanto miedo hay por parte de las Facultades de Magisterio a una justa competencia en unas oposiciones que, como todas, deben estar sujetas a principios de mérito y capacidad? ¿Tan malo es abrir la puerta para, una vez dentro del sistema, ir haciendo el filtro? ¿Tan malo es ofrecer una formación inicial en condiciones a aquel maestro que ha aprobado las oposiciones? (que iría bien tanto al que viene de Magisterio como al de otras titulaciones).

Es un tema mucho más complejo que un anuncio de prensa (algo siempre interesado) de un responsable educativo y que unas simples líneas en un blog. A pesar de ello he intentado plasmar, seguro que más mal que bien, mis ideas personales sobre el tema. Unas ideas totalmente discutibles.

Comments

  1. Patricia says

    Hola jordi. Pienso que el colectivo de maestros se opone primeramente esta propuesta porque la idea de que titulados superiores puedan acceder a la docencia en igualdad de condiciones da a entender a la “sociedad” que la carrera de magisterio no vale para nada y que por tanto su titulación es obsoleta o inutil. No defiendo en absoluto el plan de estudios de las facultes de magisterio pero el problema creo que no reside en el “miedo” a competir con gente preparada sino que se ofrezca la idea de que cualquiera puede ser maestro sin una preparación pedagógica previa. Estoy de acuerdo, por otra parte, en que al pasar una oposición sería mucho más conveniente pasar por un proceso de aprendizaje al estilo MIR. En tal caso sería cuestionable la “competición” entre cualquier titulado sea cual sea su procedencia, sin embargo y en mi opinión, el proceso de acceso sistema educativo tendría que cambiar mucho para que esta propuesta sea justa y no otro balón fuera.

    • says

      Hola Patricia. No creo que primen criterios educativos (o de interés para los alumnos) en abrir o cerrar unas oposiciones a diferentes tipos de perfiles de titulación. Tampoco me planteo la cuestión de la parte pedagógica. Algo, por cierto, que después de saber la procedencia de los grandes pedagogos (muchos no relacionados con la docencia), también me resulta un poco difícil de conjugar con una práctica efectiva. La pedagogia (prefiero hablar de metodología y estrategias) depende mucho de la persona y poco de la formación previa. Una formación que te enseña para algo que en la realidad resulta mucho más complejo que esos apuntes que tuviste que redactar en un examen. Creo que a ser docente se aprende siéndolo (con independencia de muchas cosas).

      La formación inicial falla (y otras muchas cosas en el sistema de acceso a la docencia) pero quizás tendríamos que plantearnos qué podemos hacer para solucionarlo. Hasta entonces tengo dudas razonables de la necesidad de restringir el acceso a las oposiciones de maestros (o de cualquier otra) a personas poseedoras de un papel u otro.

      Plantear, como se está suponiendo, la competencia “desleal” de titulados superiores tomando la premisa de que ellos se van a llevar las plazas es que hay algo que no funciona muy bien en las Facultades de Magisterio ni en el sistema de oposición. Ahí radica el verdadero problema. Un problema que va mucho más allás de permitir o no el acceso a un determinado trabajo.

      Un saludo.

  2. eldesociales says

    Pues revisemos magisterio, y las oposiciones, y lo que haga falta…. Pero no todos deberían poder presentarse a estas oposiciones. Por esa misma razón, yo, licenciado en historia, podría trabajar de químico: bastaría con saber qué cantidad poner en cada probeta y cosas así. Y por favor, es un ejemplo, que no se enfaden los químicos.
    Y en este caso, se nota que hace tiempo que no pasas por el martirio de las oposiciones, sean como sean. Respeto, pero esta vez no comparto tu opinión.

    • says

      El núcleo de la problemática no es quién vale para qué. El problema fundamental es considerar una titulación como elemento que valida para ejercer una profesión. Si las oposiciones y su posterior sistema de evaluación continua funcionaran daría igual la procedencia del docente. En Secundaria cualquiera con una titulación superior puede presentarse a cualquier especialidad (pongamos por ejemplo un licenciado en Historia que quiera presentarse a Física y Química). No encuentro maldad en abrir la puerta a las oposiciones (del tipo que sean). Lo que no implica que cualquiera valga para dicha profesión. Y, es por ello que, más allá de defender unas cuotas de poder quizás lo que tendríamos que plantearnos es qué tipo de docente necesitamos y por qué.

      A propósito… un docente pasa por las oposiciones cada día. En mi aula cada día me están evaluando. Una evaluación, por cierto, mucho más exhaustiva que el examen memorístico, en igualdad de condiciones con otros muchos compañeros de oposición, que me tocó vomitar en su momento y que conseguí aprobar. ¿Ello me hace mejor o peor docente? No lo sé. Lo que sí que tengo claro es que, como me dijeron ayer en Twitter, “No cualquiera puede convertirse en un gran artista, pero un gran artista sí puede provenir de cualquier lugar”.

      • eldesociales says

        Pues tengo que reconocer que no te falta razón, lo importante sería qué tipo de maestros y profesores queremos. Aunque para eso sí que se necesitaría un cambio en la selección del profesorado muy muy profundo. Así se evitaría, por ejemplo, la existencia de docentes a quienes no les gusta la docencia o el trato con adolescentes, que los hay.

        Ahora bien, lo siento Jordi pero la comparación de la evaluación que nos hacen los alumnos con las oposiciones, a mi modo de ver, es bastante forzada. Los alumnos son exhaustivos y exigentes en su evaluación diaria, por supuesto; estar a la altura de esa exigencia nos va en la profesionalidad a cada uno, y tratar este tema daría para años. Pero las oposiciones son otra cosa, las consecuencias de ambas cosas tan diferentes que no se pueden mezclar en este punto. Yo soy interino, como ya habrás supuesto; siempre aprobé el proceso y, honestamente, con muy buena nota. Y sigo siendo interino. De lo que se deducen cosas como que no sé si trabajaré el año que viene, ni dónde, y si lo hago tendré peor horario y peores cursos que mis compañeros con oposición -que no tienen por qué ser mejores profesores que yo. No puedo afrontar proyectos que duren más de un curso, no puedo programar la metodología de mis alumnos a medio plazo… Mi voz no cuenta en decisiones realmente importantes en los centros donde trabajo. No te cuento las implicaciones personales que conlleva esta situación. ¿Sigo? Al menos en Extremadura, desde donde te escribo, es así. Es por ello que ambas cosas, a mi modo de ver, deberían analizarse por separado. En nuestra profesión, para ser “gran artista”, conviene tener la oposición, sea ésta como sea.

        Conste que todo lo digo sin mala fe, con ánimo de crear un intercambio de opiniones productivo o, al menos, interesante.

        Un saludo

        • says

          Llevas razón en gran parte de tus argumentos. El problema es que hablamos de la mejora educativa siempre en factores imprecisos. El de la selección de personal es uno de ellos. Hay docentes buenos y malos con independencia de su procedencia (sustitutos buenos y malos, interinos buenos y malos, funcionarios buenos y malos). Todos son actores igualmente importantes.

          Hablo de la evaluación por parte de los alumnos porque, una vez apruebas las oposiciones, no hay ningún tipo de evaluación posterior (más allá del año de prácticas que casi nadie suspende -conozco sólo un caso y aprobó al año que repitió ese año-). Algo de lo que también debería hablarse y con profundidad.

          El caso que comentas de la imposibilidad de planificación por ir saltando de centro en centro no es exclusivo de los interinos. Yo, funcionario con quince años de experiencia, sigo haciendo esos saltos por diferentes motivos (médicos fundamentalmente). Algo que me hace comprender, y mucho, lo mal que lo pasa uno cuando es “el nuevo”. Una dinámica difícil de cambiar porque el núcleo del centro, con años en el mismo, deben hacer una gestión al margen de los nombres que lleguen. Algo que puede gustarme más o menos pero que es la realidad (y no sólo de los centros educativos ya que lo mismo sucede en cualquier otro trabajo -público o privado-).

          Te agradezco muchísimo el intercambio. Se aprende mucho de este tipo de conversaciones (siempre interesantes incluso que, a veces se discrepe en algunos puntos).

          Un gran saludo de vuelta.

  3. jonsarean says

    Más allá de si la formación que se ofrece en la Universidad y especialmente en Magisterio es o no adecuada (bien se que es muuuuuuuuy mejorable), se me ocurren algunas cuestiones.
    1. Hablar de MIRs educativos, pruebas de no se qué estilo, méritos en varios formatos… como vía para mejorar la actividad docente y así la educación, creo que es ponerse unas gafas que interesan mucho a las personas/grupos sociales que prefieren un estado de personas no emancipadas. Me duele escuchar estos discursos de “selección de los mejores” dentro de colectivos docentes…. son los restos de una pseudo ley natural derivada del Darwinismo social. (sobre esto mejor leer: “Darwin, el sapo y la charca”)
    2. Que cualquiera pueda ser maestro…. no implica que las personas sin formación inicial en educación vayan a ser mejores, más bien diría lo contrario a tenor de lo que sucede en las matriculaciones en Magisterio (la mayoría de las personas matriculadas la eligen en 2ª o 3ª opción !!!). ¿Quiénes vendrían? En un % altísimo las personas que no encuentran salida laboral en aquello que les gusta (su profesión u estudios actuales). Volvemos a las segundas…. o enésimas opciones. Alguien me dirá que esas personas también pueden ser buenos docentes… de momento en su trayectoria el interés que han mostrado en la educación es más bien escaso. Como ejemplo tengo el máster de secundaria (donde también me ha tocado dar docencia) y lo allí visto creo que es mejor no tomarlo como referente.
    3. ¿Qué interés tiene una administración como la Comunidad de Madrid en abrir el acceso a otros graduados/licenciados? Creo que menos la mejora de la educación universal, cualquier cosa. Si el interés fuese mejorar la calidad educativa… hace años que hubieran realizado un plan de mejora, prestigio, actualización,…. de la profesión docente. De momento hacen todo lo contrario y según parece con éxito.
    4. Entiendo que crees que tu posición como educador no peligra…. pero si te pones en el lugar de quien se ha tirado 3-4 años en la universidad estudiando (sea cual sea la calidad…..y sabiendo que en otras carreras pasa prácticamente lo mismo), varios años de peregrinaje por los centros…. y ahora viene una persona que sin todo eso, puede tener una mayor puntuación en una rúbrica mágica utilizada para la selección de docentes “excelentes” …. cuando menos te sentirás engañado y desgraciadamente entenderás desde tus propias carnes eso de “para maestro vale cualquiera”.
    5. Si la mejora educativa depende de la selección de “docentes excelentes”, estamos asumiendo un discurso falso, hueco e intencionado que hace un flaco favor a las generaciones venideras, especialmente a las que no se puedan pagar un centro educativo donde efectivamente trabajarán “educadores”.

    Un saludo,

    • says

      Voy a intentar responderte, después de agradecerte y mucho tu comentario, a las cuestiones que planteas en el mismo orden. O, al menos, intentar darte mi opinión sobre el tema. Una opinión, como siempre digo, personal y por ello sometida a la subjetividad de uno.

      No voy a cuestionar la formación de Magisterio. Algo que todos sabemos (e incluso algunos docentes de esas facultades empiezan a cuestionar en voz alta) que no es lo adecuado para formar a los futuros profesionales que se van a dedicar a una tarea tan sensible como es la formación del alumnado en etapas inferiores (de los 3 a los 12 años) pero que prefiere mantener su estructura. No olvidemos nunca que siempre han sido las Facultades (no sólo de Magisterio) las más reacias a cambiar. El inmovilismo, lamentablemente, es ley de vida en esos lugares.

      1. El discurso “de los mejores” que están vendiendo determinados políticos y está calando en gran parte de la sociedad, en demasiadas ocasiones, oscurece una necesidad innegable: la necesidad de disponer de profesionales preparados (si son o no vocacionales es algo que podríamos cuestionar -porque hay buenos profesionales que de vocación poca y vocacionales que de profesionalidad aún menos-) para verse en un trabajo tan delicado como es el de maestro (y aquí lo extendería al resto del profesorado). El problema es actuar de forma contraria a ello sin dar argumentos ya que, tan malo es decir “selección de los mejores” mediante pruebas aisladas de la realidad de aula, como decir “que da igual esa selección” basándose en falsos criterios de “no competencia”.

      2. No implica nada. Tal como bien comentas, Magisterio es un lugar donde muchos acuden de rebote (por la facilidad de la carrera -fama que tiene- o por otros motivos). Es por ello que es contraproducente obviar lo anterior. Yo te puedo hablar de la experiencia de secundaria. Docentes, en muy pocos casos vocacionales y, curiosamente, excelentes profesionales (queridos por los chavales y con todas las habilidades que, supuestamente, por su titulación no tienen). Siempre he defendido la profesionalidad y los títulos universitarios, mal nos duela a alguno que creemos en una buena Universidad, cada vez demuestran menos (si alguna vez lo hicieron).

      3. Totalmente de acuedo con el nulo interés de la Comunidad de Madrid en mejorar la Educación. Un titular de prensa para ser tomado como algo en lo que se debe trabajar mucho tiempo y sacado por determinados intereses políticos poco ayuda para la mejora educativa. En eso no engañan a nadie (bueno, a alguno engañarán… tienen mayoría absoluta) pero su incontinencia mediática, a veces, da para pensar en ciertas cuestiones.

      4. Mi posición no ha peligrado nunca. Llevo quince años de periplo educativo por diferentes centros (siendo funcionario con plaza definitiva) y, según mi perspectiva, no he de tener miedo a ninguna cuestión objetiva (más bien al contrario). Algo sí que falla en las oposiciones a maestro cuando ya se supone por parte de muchos que no habrá color entre los que aprueban teniendo una titulación superior y los que tienen la de Magisterio. Nunca me sentiría engañado si algo se justificara correctamente. Más engañado me siento por haber investido a los directores de mi Comunidad, sin ningún tipo de baremo, como gestores de recursos humanos. Engañado y cabreado, no… lo siguiente.

      La última cuestión creo que queda contestada con lo anterior pero no me gustaría acabar sin comentarte que tienes toda la razón en que se trata de otra cortina de humo. Algo que sirve para esconder los problemas reales de nuestro sistema educativo. Algo que pasa menos por el proceso y más por la ejecución. Algo que depende de los docentes (cuyo voluntarismo y profesionalidad está fuera de duda en la mayoría de ocasiones) pero, sin olvidar, el resto de actores implicados (en los que la administración también ejerce un importante papel).

      Muchas gracias por tu extenso comentario. Un saludo de vuelta.

      • jonsarean says

        Por cierto, estoy ahora en la lectura de un libro con un título muy provocador que quizás ya conozcas ;) “El maestro ignorante” de J. Ranciere . Una joya que ayuda a desmontar unos cuanto mitos educativos.

        Gracias por tu respuesta tan dedicada ;)

  4. anónimo says

    La cuestión es así de sencilla. En secundaria el profesor necesita tener unos conocimientos amplios de la materia que se imparte, y cualquier persona puede ser profesora, si es lo que quiere, de secundaria, bachiller o universidad, aunque igualmente la psicología en la educación siempre será necesaria. Cuando tratamos con niños de 3 a 12 años la psicología es indispensable, sobretodo con los más pequeños. Necesitas ser capaz de dejar tu mentalidad de adulto atrás (algo que ya cuesta incluso si te metes en esta carrera con 18 años, cuanto más si llevas preparándote años para medicina, ingeniería…) y meterte en la cabeza de ese niño que está descubriendo este mundo lleno de tantos cambios, para entender lo que está percibiendo (que no lo entendemos muchas veces ni nosotros), para saber hablarle, adaptarte a él, a sus necesidades, saber si es normal lo que hace o no, detectar algún tipo de problema (discapacidad, acoso escolar, maltrato..) enseñarle valores, pensamiento crítico, compañerismo.. así que no es ninguna tontería, se cantan canciones y te lo pasas bien pero el asunto no deja de ser muy serio.

    En infantil es verdad que se mete mucha gente porque es más fácil, y pueden no hacer bien su trabajo, porque los niños son muy manejables y se necesitan auténticas personas con verdadera sensibilidad y vocación que realmente se preocupen por el desarrollo y la calidad de vida de esos niños y que den lo mejor de sí. Y muchas de esas personas están haciendo esa carrera.

    Al final lo único que se va a medir en las oposiciones es el conocimiento, y eso es precisamente, lo que menos importa, y lo que posiblemente, personas de otra carrera tengan más desarrollado, porque magisterio es una carrera muy práctica, en la que no importa tanto el saber, como el saber hacer. Saber que hacer para transmitir un conocimiento básico y crear las bases de su pensamiento.

    Lo ideal seria que las oposiciones se basarán en el saber hacer, que es la esencia de magisterio, si eso no cambia y encima meten a personas que no tienen interés, (porque si les apasionará, no se habrían planteado ninguna otra carrera) y que no tienen ni idea de como tratar a un niño, de como motivarles, de creatividad, que es elemental, de como enseñarles esas cosas básicas que para nosotros son ya gilipolleces… las futuras generaciones se van a pique, lo cual es muy peligroso dado la situación de crisis que tenemos. Se necesita gente creativa y capaz de solucionar problemas y no cientos de aborregados mirando el televisor sin ningún tipo de motivación en la vida.

    • says

      No discuto lo que planteas pero, ¿me sabrías responder, si tan importante es la psicología, por qué un psicólogo no puede presentarse a oposiciones de maestro? Su dominio de la psicología, a priori, sería superior a cualquiera que hubiera cursado magisterio. También podríamos plantearnos otra pregunta… ¿qué sucede con la formación, supuestamente pedagógica, que se da en el máster de secundaria? Son un montón de créditos que deberían servir para tratar con las necesidades de los alumnos en cualquier nivel ya que la pedagogía lo único que hace es adaptarse desde unas metodologías y estrategias comunes (según autor, eso sí).

      Nadie habla en el artículo de denostar el “saber hacer”. Algo que se demostraría en un futuro MIR muy exigente con formación para suplir las carencias del que las ha aprobado (unas oposiciones, por cierto, necesitadas de reformularse -porque si tenemos la premisa de que ningún titulado en magisterio va a pasarlas es que algo falla-). El saber hacer no es inherente a ninguna titulación y las supuestas habilidades jamás van a estar colgadas de un título. Se van a demostrar en el día a día.

      Fomentar la creatividad no es exclusivo de nadie. Creer que la creatividad va a venir de la mano de los docentes también es algo que debería evitarse. Partícipes sí, únicos actores, lo dudo.

      Muchas gracias por el comentario.

    • says

      Hola, estoy de acuerdo en casi todo, si bien es cierto que no se debería opositar, sin haber pasado por un par de cursos, sobre metodologías de aprendizaje y psicología del aprendizaje basado en las edades de los estudiantes. También el manejo de algunas competencias digitales básicas para el enseñanza. Lo que importa es que quienes pretenden ser profesores, deberían tener esto en cuenta y la administración también. Para un formador es siempre necesario seguir formándose o sino que ¿tipo de formador sería?
      Julia Echeverría
      gamification-e-learning.com

  5. Manuel García says

    Realmente es muy valiente por tu parte expresar una opinión que está en
    mente de muchos y pocos se atreven a exponer abiertamente, este diálogo abierto
    nos enriquece a todos.

    La formación inicial docente en las facultades españolas está en el punto
    de mira y más aún teniendo en cuenta los resultados de las evaluaciones
    externas internacionales. No obstante, poner en duda los planes de estudio de
    todas las facultades me parece un error grave teniendo en cuenta que se está
    avanzando a pasos agigantados a este respecto, teniendo cada vez más en cuenta
    los avances de la comunidad científica internacional desde la diversidad de
    disciplinas que comprende la docencia. Habrá malas facultades o malos profesores
    de universidad, pero los hay en todas las carreras universitarias. Hablar de
    psicología, pedagogía, sociología… de forma aislada es otro error, pues se
    deben tener en cuenta desde un punto de vista multidisciplinar todos los
    avances que nos ofrecen en educación. Cualquier experto que se cierre a su disciplina
    no ofrecerá una respuesta educativa de calidad.

    La selección del docente en la que depende el azar y demostrar la capacidad
    memorística de un temario también me parece un error, un error abandonado a la
    subjetividad del tribunal y un error que
    comparten muchos sistemas de selección de otras profesiones. Un sistema de
    selección transparente evitaría muchas especulaciones y coincido contigo en que
    debe haber un mayor control durante el empeño docente después de haber superado
    el sistema de selección.

    La profesionalidad no la demuestra el título, pero qué título lo demuestra,
    qué título garantiza experiencia suficiente para ejercer. La vocación en la
    profesión es importante, muchos estudiantes han trabajado durante los años de carrera
    universitaria como medio para subsistir esperando algún día trabajar de aquello
    que les gusta, de aquello que están estudiando. Al querer el sistema de
    selección docente a todos los graduados/licenciados, y dada las características
    del mismo sistema, se ha temido que licenciados que no han podido trabajar de
    aquello que han estudiado como vocación caigan en el interés de ejercer la
    docencia como medio de subsistencia. Esta actitud de “a mí me da igual, si a
    final de mes cobro lo mismo” hace mucho daño a la educación y hablo en tiempo
    presente. La vocación es importante, un docente tiene que ser ejemplo para sus
    alumnos y sólo puede ser ejemplar creyendo en lo que hace, gustándole lo que
    hace y demostrando lo que hace. Un docente no enseña, comparte aprendizajes.

    La formación docente, al igual que en medicina, o al igual que en derecho
    necesita de muchos conocimientos, formación personal y una actualización
    constante. Personalmente prefiero un educador vocacional que un “profesional” de la educación.

    Muchas gracias por tu atención.

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