Cursos de formación en la era del aprendizaje ubicuo

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internetautoformacionComo todos los veranos, siempre hay alguien (entre los cuales se encuentran algunos docentes) que dedica parte de su tiempo de ocio a la realización de cursos de formación. Cursos o jornadas impartidos por determinadas administraciones educativas, entornos universitarios o empresas privadas que ofrecen, de forma presencial en muchos casos, determinadas píldoras de formación para capacitar, profundizar o acometer un supuesto aprendizaje.

Inglés, informática, museografía, cartografia o delineación entre las habilidades que se pretenden mejorar. Habilidades que, en plena sociedad del conocimiento ubicuo (presente de forma atemporal en todas partes) se hace extraño que se sigan aprendiendo en los mismos contextos mediados que en pleno siglo diecinueve. Pasan los siglos, la información se halla disponible desde cualquier lugar y, a pesar de lo anterior, hay quienes siguen siendo analfabetos digitales para saber sacar jugo de la información que se comparte por la red. Analfabetos adquiridos, analfabetos sin ganas de dejar de serlo.

Hablar de formación en la actualidad y permitir que los “supuestos formadores” se capaciten de forma presencial tiene delito. Delito es que no sepan autoformarse. Delito es que no sepan moverse por el entorno digital que nos engulle. Delito es que docentes, capacitados como su nombre indica para la docencia, sean incapaces de gestionar de forma autónoma su propia formación y mejora de praxis educativa con las herramientas que existen en pleno siglo XXI. Lo anterior debería llevar a replantearse la continuidad en su profesión. Incapacidad (o comodidad) de no querer abrir sus equipos informáticos para ver lo que está sucediendo y seleccionar las píldoras (en los formatos que prefieran -texto o multimedia-) para satisfacer su curiosidad o experimentar una mejora en sus actuaciones de aula, es algo que no tiene nombre.

No entiendo el modelo de cursos de formación. No entiendo la gran cantidad de cursos que se nos ofrecen, dentro de un ámbito puramente formal  donde el mismo no se basa sólo en infraestructuras, que son consumidos por parte de muchos como si fuera la única solución a sus déficits de formación. No comulgo con la necesidad de pagarse del bolsillo a tertulianos de tarima. No me cuadra la incapacidad de que alguien capaz opte por la vía facilona del consumo poco interactivo.

La formación se habría de gestionar desde las propias redes sociales, desde los entornos de formación abiertos, desde lo multimedia que se halla diseminado por la red. Llega un momento en la vida de uno que el aprendizaje se individualiza. Un momento en que las necesidades personales y profesionales están por encima de cursos prediseñados de temática demasiado dirigida que se nos venden desde determinadas organizaciones.

Aprender es seleccionar lo que se desea aprender. Seleccionar cuándo realizar dicho aprendizaje y cómo gestionarlo. Decidir qué recursos nos pueden servir y cuales han de permanecer en el olvido más absoluto. Algo que llega con la madurez intelectual. Algo que, con unos pelos o atributos físicos de más, debería ser obvio. Algo que debería marcar las pautas de cualquier decisión formativa. Algo que, una vez finalizada la etapa del pago de impuestos revolucionarios para obtener determinados papeles ¿capacitadores?, debería ser imprescindible.

Esto de ir en recua mediante la formalidad de la formación en formato cursos o jornadas es totalmente inconsistente. Más aún cuando la red nos nutre de contenidos. Contenidos libres, de fácil acceso y consumo. Contenidos listos para un uso y consumo racional.

4 Comments

  1. Estimado Jordi:
    La formación, como otros aspectos del mundo educativo, es un negocio del que come mucha gente, y que genera crédito del que también se aprovecha mucha gente que va de evento en evento como quien va de oca en oca.
    Cuando la formación la montan empresas privadas, con su dinero, y cobrando por los cursos, nada que objetar. Lo malo es la cantidad de dinero público que se dilapida en nombre de la formación. No hay más que asomarse a la actualidad veraniega, y comprobar que cualquier piernas que no entra en un aula dirige cursos, ponencias, seminarios o sesiones formativas sobre temas educativos variados: TIC, TAC, TOC, TUC, o cualquier otra onomatopeya que se nos ocurra. Patético.
    Y luego, todos y todas a las redes sociales, a jalear.
    Y así nos va, Jordi.

    PD: Ser asesor/a en un Centro de Formación del Profesorado no es estar en el aula, por mucho que se empeñen algunos/as.

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    • La formación siempre ha sido un negocio. No es malo, como bien comentas, que haya empresas privadas que opten por el aporte de valor añadido a la Educación, ni, tampoco, que dentro de la libertad de elección se opte por acudir a cursos de formación de los que se ofrecen dentro de esa amalgama de cursos y jornadas ofrecidos que pululan por doquier.

      El problema es la “elección” del curso más adecuado. Del mejor para satisfacer las necesidades que se pretenden con el mismo. De quien se halla detrás de los mismos y de su calidad (en demasiadas ocasiones pésima, especialmente, en muchos de esos cursos que comentas). Lo que sí que podemos llegar a cuestionar es la incapacidad de muchos, ya preparados (o adiestrados) en la asimilación de nuevos aprendizajes, en necesitar complementar su formación mediante cursos guiados en lugar de optar por la autoformación que, a priori, es una de las capacidades que tienen los docentes. Una de las capacidades que, curiosamente, es de las prioritarias a transmitir a los alumnos.

      Como muy bien dices…así nos va.

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  2. Entenc la crítica que fas al sistema de cursos, però també cal destacar que no tothom aprèn de la mateixa manera. N’hi ha que ens espavilem a buscar allò que ens interessa i remenem i proveu i cerquem per aprendre.
    Hi ha un altre tipus de persona que quan desconeixen un tema, prefereixen que algú amb experiència els orienti i els marqui el camí. Els presenti la informació seleccionada i estructurada. I, per aquesta gent, està bé que existeixin els cursos de formació.

    Estic cansat de fer formació desinteressada al meu centre. Preparo documents, tutorials, etc. els poso en algun lloc accessible per tots els professors, els avisos… i s’ho miren quatre gats. Després, em demanen que faci una sessió de formació amb els mateixos continguts i els mateixos companys hi assisteixen i estan molt contents d’aprendre i troben molt útil el que han après. Per què no ho havien mirat abans? Perquè necessiten tenir algú a qui preguntar, algú que els resolgui els dubtes.

    Jo no carregaria tan fort com fas tu contra aquesta gent. Si bé és cert que fora bo que els professors tinguessin més capacitat d’autoformació, jo no seria tan dur.

    Això si, mirant la quantitat d’oferta que hi ha justament ara a l’estiu, és evident que no només és aquest tipus de persona qui hi assisteix. I els que els organitzen, tampoc pensen només en aquestes persones. Hi ha un negoci muntat, i a molts no els interessa que es desmunti.

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    • La meva crítica, Jaume, no fa referència als cursos. Fa referència a la incapacitat de, una vegada assolida una determinada etapa educativa (amb les competències adquirides que se li suposen), la necessitat d’acudir a formadors externs per tal de reforçar o assumir unes noves competències. Recordo quan estudiava a la Universitat una frase d’un professor que se’m va quedar marcada a foc… “aprofiteu ara per a preguntar que quan acabeu, sereu vosaltres els qui haureu de ser capaços de suplir les vostres mancances de forma autònoma”. Una frase que resumeix, al meu entendre, el que pretenia exposar en l’article. Una comoditat de molts que, més enllà de la incapacitat, va molt relacionada amb la confortabilitat de que t’ho donin tot mastegat. I, en plena societat del coneixement, on els recursos són d’accés des de qualsevol lloc, el seguir cercant la comoditat en uns determinats àmbits i amb els nodes de comunicació que existeixen hauria de ser quelcom a analitzar (amb les conseqüències que es vulgui).

      Això sí, el tema de la formació desinteressada és quelcom a revisar. Cada cop sóc menys partidari de l’altruisme per se i de la necessitat de la “retribució” (i quan parlo de retribucions no parlo només de diners) per les tasques que un docent, de forma addicional, realitzi per a potenciar la millora educativa (sigui creant el seu propi material, formant a les bases còmodes o realitzant experiències innovadores –que no digitals- dins l’aula o en el seu centre).

      Salutacions cordials i gràcies per l’aportació al debat.

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