Estos días me ha dado por hablar, en charlas presenciales e informales, de determinados fenómenos que afectan al entorno universitario, viéndome desbordado por la frecuencia con que ellos se producen. Siempre en tono distendido y, algunas veces humorístico, la realidad y la ficción muchas veces se entrecruzan hasta convertirse en una amalgama en la que es difícil realizar un correcto tamizado de ambas.
Pues bien, entre las conversaciones que se me quedaron grabadas a fuego y, que me apetece compartir, está la de la “cátedra de dragonología”, una ficción a la cual tan sólo hace falta sustituir el término “dragon” por cualquier otro y, descubriremos asombrados que esa realidad puede existir en algunas de nuestras Universidades.
Rebuscando los orígenes de dicha conversación, descubro asombrado que el prestigioso Dr. Fernando Lolas, encargado del programa regional de bioética de la OMS, en una de sus exposiciones sobre “La conciencia ética como diálogo. El sentido de las profesiones” habla sobre ese tema producto de la charla anterior, que será la parte de su disertación (totalmente recomendable desde el enlace anterior) que transcribiré a continuación:
“Un experto dedicó toda su vida a estudiar los dragones, dónde viven, cómo se reproducen, cómo mueren, etcétera, hasta que alguien, después de mucho tiempo, le dijo:- qué lástima que hayas dedicado tu vida a estudiar los dragones, porque no existen. Entonces, ¿qué puede hacer una persona que ha pasado toda su vida estudiando los dragones? Pues dedicarse a enseñar sobre dragones, entonces da clases sobre el tema, tiene ayudantes que fundan la cátedra de dragonología, publica su obra Handbook of Dragonology o Textbook of Dragonology, forma una asociación profesional de dragonólogos, por último publica el Journal of Dragonology y ya nació la disciplina“.
Por tanto, podría parecer que en algunos casos las disciplinas universitarias, másteres y otro tipo de formación que ofrecen las mismas, sirven sólo para crear futuros docentes que las impartan. Es decir, retroalimentamos “la nula utilidad de determinada formación” para convertirla en una profesión de futuro dentro de la “propia formación”.
Ello podría parecer exagerado y totalmente fruto de una mente calenturienta y poco documentada, pero tan sólo hace falta ver determinados programas universitarios y nos encontraremos desde cátedras de astrología (en Méjico) hasta la insigne cátedra de la Universidad de Zaragoza sobre homeopatía.
Sin más, me despido de un artículo sobre un tema o situación demasiado real para poder ser tomado con el humor que se merece aunque, por suerte, creo que el hecho referido anteriormente, se trata tan sólo de una pequeña anécdota en las Universidades de nuestro país.
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Hola:
Como siempre aciertas en uno de los temas clave de la docencia de este país. En este caso la capacitación docente de los profesores universitarios. Curiosamente es el único colectivo al que no se le forma para ser docente. Siempre me ha resultado curiosa esta convicción de que si se domina una área del conocimiento en profundidad ya se tiene la competencia de impartirla. Este no sólo es falso sino que, cada vez más, va en detrimento de la formación de los titulados.
Los intentos que se hacen en las universidades para formar docentes suele resultar infructuosa porque no se puede “obligar” a hacerlo. Por tanto tampoco se puede exigir que sea un “buen” docente.
Estoy de acuerdo en que existen profesores especialistas en “dragonología” y que sólo pueden explicar eso porque no saben nada más. Afortunadamente, como tu dices, eso suele ser anecdótico. Tampoco pierdas de vista que, en realidad, cuando se lo evalúa externamente lo que cuenta es la “dragonología” no su capacidad de enseñar y de formar.
Saludos y que tengas muy día!.