De lifelong learning al lifelong assessment

Es curiosa la gran cantidad de propuestas educativas que se basan en transformar un aprendizaje puntual a un aprendizaje continuo. A un aprendizaje a lo largo de la vida (lifelong learning). Resulta sorprendente que se postule por ese tipo de aprendizaje sin rendir cuentas. Un aprendizaje que, en muchas profesiones (especialmente la docente), en ningún momento se valida por nadie. Aprender sin saber la utilidad de lo aprendido. Aprender sin que nadie te confirme si dicho aprendizaje se ha realizado bien o mal. Aprender sin que nadie certifique o avale, más allá de la sensación subjetiva de uno, que dicho aprendizaje ha supuesto una mejora de tu faceta profesional.

Fuente: U.S. Department of Labor

Fuente: U.S. Department of Labor

A lo largo de nuestra profesión realizamos gran cantidad de cursos reglados (ofertados por alguna entidad “reconocida”). Cursos que, en la mayoría de ocasiones, tan sólo piden asistir o realizar algunas tareas de dudosa calidad para ir avanzando en el mismo y recibir el posterior certificado de asistencia o aprovechamiento. Certificado totalmente irreal. Jamás, en docencia, se puede suponer que una certificación de alguien (sea profesional o entidad) valide que las prácticas, a partir de ese momento, se van a realizar siguiendo los parámetros aprendidos.

¿Por qué no trasladamos el aprendizaje continuo a una valoración continua del mismo? ¿Por qué no planteamos que, una vez realizada una formación (reglada o no), la misma debe trasladarse a una mejora profesional? ¿Por qué no se certifica con posterioridad a la aplicación de ese aprendizaje? ¿Por qué no se plantean qué aprendizajes deben ofertarse de forma reglada y cuáles son inherentes a la profesión?

Que un docente haga un curso de Moodle y después no use Moodle en el aula es un auténtico despropósito. Cursos de blogs para no crear un blog de aula e incentivar la creación de uno con los alumnos. Cursos de herramientas que nunca van a ser utilizadas en su día a día. Formación, pagada con el dinero de todos, que no van a trasladarse a su profesión. Malversación de fondos institucionalizada por la administración educativa.

Creo que la formación ofrecida por la administración debe valorarse. Creo que si los docentes optan a realizar un curso de formación, la propia entidad que lo ofrece debería ser quien controlara la aplicación de ese aprendizaje en el aula. Tan necesaria es una formación continua como una valoración continua de la misma. Quizás conviene pasar de una vez de ese lifelong learning que tanto postulan algunos a un lifelong assessment (valoración continua).

Por cierto, el artículo anterior en ningún momento se refiere al aprendizaje no dirigido que se realiza por diferentes motivos (aumentar conocimientos de alguna cosa o ganas de aprender algo que no se sabía) y que no está relacionado directamente con el ejercicio de la profesión.

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