Dos modelos contrapuestos para el uso docente de Twitter

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George Couros

Tony Baldasaro

No creo que a estas alturas de la película siga habiendo muchos docentes interesados en la actualidad educativa y cómo mejorar en su metodología docente que aún no hayan aterrizado en Twitter. Una plataforma social donde el aprendizaje entre iguales y el compartir van juntos de la mano. Una herramienta muy potente para una mejora educativa tan necesaria como la que se necesita en la mayoría de aulas.

Para aquellos que aún no hayáis experimentado la experiencia os recomiendo la lectura de algo que escribí hace ya algún tiempo (aunque sigue siendo válido en la actualidad). Una introducción para aquellos docentes que quieran usar Twitter y algunas de sus potencialidades. Una adaptación de un artículo de Justin Tarte con los diez pasos a seguir para entrar a disfrutar del beneficio que supone estar en esa, para muchos, red social.

Pero más allá de lo anterior y de la necesidad de estar en Twitter existen dos puntos de vista (o modelos) diferentes de gestión de su uso. Unos modelos blancos y negros (con muchos grises intermedios) que discuten sobre como gestionar la cuenta y establecer pautas de seguimiento para quienes disponen de una cuenta.

En primer lugar un artículo controvertido. Una decisión drástica. Un docente que ha decidido eliminar de golpe a toda la gente que estaba siguiendo en la red. Una experiencia que comenta y defiende en un artículo titulado “Why I Unfollowed 5000 people“. Tony Baldasaro (@baldy7), autor del artículo anterior, reconoce que al seguir tanta gente ha perdido la capacidad de concentrarse en lo que se está publicando y que las relaciones virtuales que ha ido estableciendo le aportan bien poco.

This time was incredibly intoxicating for me.  Not one to build a face to face network (I’m an introvert after all), twitter was giving me the ability to do something I didn’t feel comfortable doing in person – build a learning network full of incredible thinkers, writers, speakers, and educators.  As I participated, more of my tweets were retweeted, favorited and commented on.  My blog posts were soliciting comments and being shared in other spaces.  I was being asked to guest blog for others and speak at events, both physical and virtual.  I began to see myself with the same “celebrity” status that I first saw others having when I went to Educon.  Of course, my perception vastly outpaced the reality. 

As I pressed unfollow 5,000 times, I realized that I didn’t know most of the folks that I was unfollowing.  Actually, it was more than that, I had no clue who these folks were.  They were complete strangers.  I literally had no connection to them, which, in hindsight, should not have been a surprise.

As part of this recommitment, as I refollow past and follow new friends, I’m doing so with the intention of having a deeper relationship with you.  We may be best friends, we may converse, we may share, or we may co present in the future.

En las líneas anteriores (extraídas del propio artículo) reconoce que Twitter le ha servido para realizar cosas que no se atrevería personalmente (crear una red de trabajo, participar en conversaciones, etc.). Dice que empezó a sentirse un gurú educativo en las redes. Una percepción muy alejada de su realidad diaria. Una percepción que sólo se daba cuando estaba en Twitter.

Por tanto tomó una decisión drástica. Dejó de seguir a todos los que seguía y empezó a tejer una nueva red de contactos. Una red que, según él, le aportaría la posibilidad de un intercambio más profundo y cercano a la realidad.

Como respuesta a lo anterior, George Couros (@gcouros), ha decidido publicar una visión contrapuesta al modelo que plantea Tony Baldsaro. Un escrito donde habla de las bondades de seguir a todas las personas relacionadas con la profesión docente por lo que, en algún momento, pueden aportarle. Un alegato defendiendo que, incluso un docente con poca visibilidad en la red social, puede aportarle información igual de interesante que los grandes “expertos” que tienen multitud de seguidores. Donde en un pequeño tuit se puede hallar gran cantidad de información de interés que permite mejorar la práctica docente. Donde en cualquier momento puede saltar “lo interesante”.

Now some of you may be reading this that I am not following on Twitter and if that is true, I apologize.  I don’t use a “follow back” function because I do limit my network to mostly teachers (yes, I do follow Justin Bieber), and do not really care to connect with companies.  I also don’t check who unfollows me because I don’t really know how that would be helpful to me in any way. I do follow people that don’t follow me because I can still learn from them. The only reason I wouldn’t follow someone is because I find them offensive.  I try to look at who follows me when I have an opportunity, and follow them back if they are an educator because I know that I can probably learn something from them.

Reconoce también en esta respuesta que tampoco hace un seguimiento de todos los que le siguen (incluso que sean docentes). Afirma que debe limitar su entorno de aprendizaje y, es por ello que ha de seleccionar los tuits que va visualizando, restringiéndolos a aquellos que, seguro que en algún momento, pueden aportarle algo en su aprendizaje.

Dos puntos de vista contrapuestos que se basan en dos formas bien diferentes de usar Twitter. Una red social que, por mucho que nos empeñemos en quererla uniformizar, va a ser siempre gestionada de la forma que su usuario quiera. Un usuario con libertad para elegir diferentes modelos de uso en función de sus necesidades.

Personalmente, en este caso, me decanto por una postura intermedia. Intermedia por las limitaciones que tiene mi capacidad de aprendizaje y gestión de inputs. Una postura que, como todas las de uso de cualquier servicio, va a ser tomada personalmente y va ser igualmente válida (sea cual sea la decisión).

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