Dos modelos mercantilistas: aprendizaje basado en competencias y tecnología educativa

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Educacion$$$$Cada vez es más curiosa la apuesta de las administraciones educativas por modelos basados en competencias. Modelos formulados bajo la necesidad de desarrollar un aprendizaje vinculado con la “habilidad de hacer” o con la “capacidad de ser competente para resolver un determinado problema”. Enfoques con un cierto carácter profesionalizador que ha de permitir formar a los alumnos en los diferentes conocimientos y en la capacidad para aplicarlos en contextos diversos. Enfoques, curiosamente, muy enfocados a la profesionalización de los alumnos. Algo por lo que muchos se están alegrando al ver que ello permite obtener pingües beneficios de un modelo que, más allá de las corrientes humanistas, de desarrollo de espíritu crítico y de libre pensamiento, puede ser englobado dentro de unas posibilidades de mercado inmensas.

Lo anterior no es algo que venga de nuevo. Hay empresas que están apostando por la obtención de beneficios de ese aprendizaje basado en competencias. Un modelo del cual se alegran sin ningún pudor. Un modelo que, más allá de la mejora educativa cuestionable del mismo, permite lucrarse en un modelo de capitalismo salvaje como el actual.

Ayer mismo, sin ir más lejos, Diane Ravitch publicó un artículo en su blog titulado “Cash In on the Education Market Now!“. Un artículo donde analizaba brevemente unas conferencias, de coste bastante elevado, donde se enseñaría a obtener beneficios de uno de los dos grandes nichos de negocio: la Educación (el otro, para quien no lo sepa a estas alturas, es el sanitario).

Lo más curioso de dichas conferencias es algunas afirmaciones que se vertían como gancho para inscribirse. Afirmaciones que, por su interés, reproduzco a continuación (en inglés):

Private equity investing in the for-profit education sector has been quiet lately.   

Investors have been lingering on the sidelines, keeping their eyes on Washington policies and politics.   

 

All the same, recognition is growing that it’s the private sector where solutions to America’s education problems are going to come from.

 

Take, for example, the Big New Thing — competency-based learning.

 

This approach replaces traditional lectures, exams, and credit hours with the successful completion of assessments that prove students’ mastery of their subjects.   Accreditors are now recognizing this approach — and the U.S. Dept. of Education has qualified it for Title IV funding.

 

This is a long-overdue shift the public has been clamoring for — measuring quality by what students are able to master, not by time spent in a classroom — and the private sector is offering numerous opportunities to ride this wave.

 

Another example is the push to enhance offerings in the K-12 space, potentially opening up more early childhood and supplemental education.

 

And many for-profit providers are finding opportunities in partnerships with hospitals and universities and other large employers, so what was once a demand stemming primarily from affluent parents is now trickling downwards.

Nos habla de la tranquilidad del mercado educativo para los inversores. De la tensa espera que supone estar pendiente de las decisiones que tomen los políticos (curioso, por cierto) y, lo que es más impactante: “el reconocimiento de que la mejora educativa va a venir de las empresas con ánimo de lucro“.

Lo anterior sin olvidar el regocijo que experimentan los inversores de riesgo, al ver la apuesta de la administración por el aprendizaje basado en competencias. Un modelo de aprendizaje que permitirá a las empresas privadas obtener extraordinarios beneficios sumándose a un carro que han promovido desde sus grupos de presión.

No es ciencia ficción. Es realidad. Es ver cómo las empresas están dirigiendo los modelos educativos. Como hay “expertos” que postulan ciertos cambios para el beneficio de las mismas. Como se intenta vender una mejora de ingresos para esas empresas como mejora educativa.

También resulta curioso ver la apuesta por las nuevas tecnologías que, desde muchas empresas, se está manifestando en diferentes países. Tecnología, en diferentes encapsulados y con diferentes objetivos, que permite sanear unas cuentas en un mercado donde las grandes fuentes de ingresos se obtendrán de cargarse los servicios públicos. Unos servicios públicos que, cuanto más destartalados se hallen, mayores posibilidades de negocio existirán para algunos. Unos servicios públicos que externalizan determinados servicios para mantener el statu quo de sus empresas amigas. Unos servicios con grandes posibilidades de mercado como los que se comentarán en dichas conferencias:

  • Evaluaciones docentes
  • Gestión de alumnos y burocracia diversa
  • Servicios para alumnos e inserción laboral
  • Incorporación de nueva tecnología
  • MOOCs
  • Contenido educativo

Falsa disrupción educativa que va a permitir que, los de siempre, sigan mejorando sus resultados económicos a final de año. Una falsa disrupción potenciada desde las empresas, avalada por la administración educativa y postulada como solución a todos los problemas por idealistas que no se dedican a analizar de dónde surge la misma. Modelos económicos que subyacen tras MOOCS, TIC, contenidos digitales y externalización de pruebas. Sin olvidar, tampoco, la necesidad de ceder el control de la inserción laboral de los titulados a empresas externas (¿será por lo anterior por lo que quieren cargarse al INEM?). Mucha miga detrás de unos modelos que deberían ser sometidos a un análisis mucho más profundo de lo que se está haciendo.

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