El buen docente (versión alumno)

tarima_docenteDudo. Hoy me ha dado por dudar sobre algunas cuestiones que, quizás antes de algunas conversaciones de patio con los chavales, creía que tenía bastante claras. Dudo sobre la necesidad de que el buen docente sea aquel que en mi mente llevo idealizando los últimos tiempos. Dudo de la necesidad del uso (ya no hablo del dominio) de las TIC para serlo. Dudo que la cantidad de estrategias de que disponga un profesional sean garantía de éxito en su tarea profesional. Dudo incluso de que lo que a uno le gustaría, sea lo necesario para salir del agujero en el que estamos.

Las conversaciones es lo que tienen. Te hacen pensar. Aún más cuando los participantes en la misma son el elemento más importante del sistema. Bueno, más bien son el motivo por el que existe este sistema.

Empecemos por la conversación. Una que ha derivado desde cuestiones informáticas sobre los equipos de los chavales (esto de que seas uno de los que endosen la “reparación” de los equipos dentro del proyecto Escuela 2.0 es lo que tiene) hasta llegar a un punto donde se habla de las expectativas que tienen sobre los docentes. Expectativas y recuerdos de los mejores maestros que han pasado por su vida. Recuerdos que, curiosamente, siempre van encaminados a ensalzar a aquellos cuyos métodos educativos son los de antaño. No hay excepción. No hay ningún alumno de los de la conversación que haya recordado a los que hicieron cosas novedosas en sus aulas ni, tan sólo, se acuerdan de aquellos que no usaban un manual diferente de los de toda la vida. Curioso y desconcertante.

Son alumnos de otra generación. Chavales que han mamado desde su nacimiento otro tipo de modelo social al que conocimos nosotros. Y, son ellos, los que libremente deciden apostar por los mismos docentes que en nuestra época ya mantenían modelos calcados a los de épocas anteriores. Algunos, por cierto, que también recuerdo con mucho cariño.

La sociedad ha cambiado. Las estructuras que la soportan y las herramientas de comunicación también. Pero, ¿por qué no ha cambiado el modelo de docente que se desea por parte de los alumnos en las aulas? ¿Por qué, más allá de excepciones que van un poco por libre, la mayoría de alumnos desean encontrarse al docente de tarima de toda la vida? ¿Qué impide que la oferta de diferentes estrategias de aprendizaje sea aceptada como necesaria? ¿Por qué el buen recuerdo siempre va hacia las metodologías que a muchos nos gustaría desterrar de las aulas?

Creo que lo anterior obliga a reflexionar. A replantearse si, más allá de querer vender un nuevo modelo para solucionar un sistema que se desmorona, conviene adaptar e incorporar las prácticas que consiguen enganchar a estas generaciones. Prácticas que van más acorde con clases magistrales que con experimentos edulcorados de buenistas educativos. Prácticas que serían, si diéramos realmente voz a los alumnos (algo que muchos promulgamos), las elegidas mayoritariamente por aquellos.

Más de lo mismo no me gusta pero algo está fallando cuando las decisiones, lamentablemente no vinculantes, que toman los chavales se alejan de ese gran cambio educativo hacia adelante que tanto nos gustaría hacer. ¿Conviene tomar en cuenta la opinión de ese eslabón tan importante, o seguimos nadando hacia una orilla cuya situación geográfica desconocemos? Prefiero no responder hoy a la cuestión ya que estoy un poco descolocado.

(Tómese el artículo como un redactado de una situación puntual sucedida en un contexto determinado con unos alumnos que, por casualidad, se encontraban allí).

  • Javier

    Un post realmente interesante, que suscita debate y crea la necesidad de una investigación en más contextos. La verdad es que mi experiencia no va en esa línea: tanto la que viví como alumno como la que estoy viviendo como docente. Sin embargo, sí que creo que hay profesores de clase magistral excepcionales, igual que docentes innovadores excepcionales y también todo lo contrario en ambos lados, y por ello no pienso que haya que abogar por el destierro absoluto de métodos tradicionales, creo más bien que todo depende del individuo, de cada profesor. Aun así, este post me anima a iniciar cierto diálogo con alumnos a los que ya no doy clase, que seguro hablarán sobre el tema con mucha más libertad. Sin embargo, de entrada, no estoy convencido de que esa sea una percepción general en una gran mayoría del alumnado.

    Un saludo,

    Javier

    • Jordi

      En el propio artículo ya comento que se trata de una charla puntual que se ha dado en un contexto determinado. Creo que, como muy bien dices, va a depender más del docente como ente global, más allá de las herramientas o modelo expositivo que utilice. La innovación no es sólo del uso de máquinas o herramientas más o menos complejas. La innovación consiste en saber mantener la atención de unos chavales e intentar que, como mínimo, se queden con algo de lo que les estás explicando.

      Es muy difícil establecer modelos educativos y, es por ello que las percepciones siempre van a ser personales e intransferibles (basadas en muchos inputs).

      Un gran saludo de vuelta.

  • Sergiales

    Hola:

    He caído en tu blog por casualidad y me encuentro una reflexión muy parecida a la que llevo haciéndome todo el verano: la herramienta no es el objetivo. Desde que llevo dando clase me he ido apoyando bastante en las TIC, y mi experiencia del año pasado es que los alumnos atienden a la herramienta, y no al mensaje. Este año me estoy planteando “analogizarme” y, como mucho, utilizar algún recurso para evitarme “escribir” en la pizarra. Quiero que me escuchen y, en ese momento, se planteen si están o no entendiendo lo que qdigo, si han cogido la idea… y me parece que hacerlo como lo hicieron aquellos de mis profesores a los que admiro no debe ser una mala opción.

    • Jordi

      Las TIC son peligrosas por lo que aportan de distracción (como bien dices en tu comentario, en muchas ocasiones el alumno presta más atención al cómo que al qué se está explicando). Ello no obsta a la necesidad de irlas introduciendo aunque, como estoy viendo últimamente, la parte fundamental es más de quien use esas herramientas y cómo lo haga (núcleo o simple apoyo que tiende a invisibilizar).

      En el mundo educativo no hay malas opciones. Lo que hay es la tendencia de copiar modelos por imitación. Algo que, en demasiadas ocasiones, lastra mucho la manera que tenemos algunos de dar las clases (lo que funcionaba antaño puede o no funcionar; o a la inversa, lo supuestamente más innovador puede ser un fracaso en malas manos). Siempre va a depender mucho del docente y de la tipología del alumnado. Más allá… el éxito o fracaso profesional, por mucho que preparemos o innovemos, es muy poco predecible.

  • http://www.otraspoliticas.com/ Enrique

    En el antiguo sexto de Bachillerato, en el momento justo, durante los últimos años del franquismo, tuve un profesor de filosofía y de historia del arte que fue un referente importante para muchos de los que estuvimos con él. En cuanto al currículo oficial de aquellos años, apenas pasamos del silogismo y de los pintores italianos del Renacimiento; respecto a lo que no estaba escrito en ninguna ley, descubrimos a Freud, a Erich Fromm, a Marcuse, a Skinner y comprobamos que una clase podía consistir en un debate, en un intercambio de ideas, en estar con alguien que tenía algo (experiencia, saber, inquietudes, proximidad o como queramos llamarlo) que no tenían otros profesores. No aprendimos mucho arte ni filosofía, pero les tomamos afición.

    http://www.otraspoliticas.com/educacion/el-valor-anadido

    • Jordi

      Lo que planteas entra en otro tema. En la necesidad de reformular currículums, o si los mismos coartan la posibilidad de hacer cosas diferentes en el aula. Otro debate que quizás también debería entrarse a valorar por parte de la administración (aunque, seamos sinceros, nadie se dedica a revisar, más allá de suceder lo anterior en segundo de bachillerato -por la selectividad-, si hemos acabado o no ese currículum tan amplio e incoherente).

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