El docente como enemigo de la innovación educativa

innovacion-noDebe ser el calor. Seguro que es el calor mezclado con tiempo para pensar y reformular algunas cuestiones que, más por motivos ideológicos que objetivos, me servían para mantener unas determinadas tesis sobre lo que realmente estaba pasando en el sistema educativo. Cada vez tengo más claro que no todo es cuestión de dar la culpa a factores externos y empezar a mirarse el ombligo. Un ombligo que, de tan aislado que lo tenemos de la visión global del sistema educativo, hace que el mismo se haya llenado de una pelusilla cada vez más sospechosa.

No puedo menos de sorprenderme de que exista una parte del colectivo docente que se empeñe en innovar de la manera más desinnovadora posible. De innovar sólo cuando esa innovación no le supone ningún tipo de esfuerzo (más bien se lo quita) y que, cuando la misma les puede llegar a suponer algun tipo de exigencia, se escuden en “lo mucho que trabajan”. No hay nadie menos trabajador que aquel que todo el día va diciendo en voz alta lo mucho que trabaja. ¡Cuántas horas de productividad perdidas de algunos diciendo lo mucho que hacen! Otra excusa tan manida es la de los recortes. Unos recortes que, por cierto, de forma desalmada está realizando la administración sobre sus trabajadores pero que, a algunos, tan sólo les sirve para justificar lo poco que hacían antes. Poco antes y poco ahora. Eso sí, ahora escudándose bajo el paraguas del despropósito del incremento de ratios, horario lectivo y bajada de salarios. Quejarse es sano y necesario, pero usarlo sólo como excusa para justificar la falta de ganas de algunos…

Pero vamos a las pruebas concretas. A los discursos que, tanto organizaciones sindicales (también grandes abanderadas del inmovilismo) y algunos docentes realizan últimamente. Unos discursos que, para alguien interesado en la mejora real de la Educación (sea mediada por las TIC o no), deberían ser bastante cuestionables.

Centremos la noticia. En Cataluña, el curso que viene se ofrece la posibilidad de cursar en bachillerato (primero y segundo) algunas asignaturas de modalidad a distancia. Una decisión, para algunos, que supone tener que justificar sin ningún motivo académico más allá de “percepciones” dicha medida y atacarla como si fuera un despropósito por las “implicaciones pedagógicas negativas” que va a tener dicha decisión.

Hay muchas formas de cuestionar la decisión. Hay, seguramente, argumentos válidos o posibles para oponerse a la decisión que realiza la administración educativa, comparando estas asignaturas online alucinantemente con un MOOC, mediante diferentes tipos de investigaciones, mediante el cuestionamiento de quién ofrece el servicio o, revisando los materiales que se van a utilizar. Lo que jamás  se puede es oponerse a una propuesta educativa de este calado con algunas afirmaciones como las siguientes.

El sindicat considera “molt negativa” aquesta mesura i denuncia que, des d’un punt de vista pedagògic, la proposta és contrària a l’educació integral de l’alumnat, ja que l’educació presencial ofereix unes possibilitats de relació i d’interacció que no pot oferir l’educació a distància

Un sindicato educativo que se atreve a decir que “la educación a distancia nunca puede compararse con la educación presencial”. ¿Sabrán que existen institutos a distancia como el IEDA? ¿Sabrán que existen las Universidades a distancia? ¿Tendrán conocimento de qué es la educación a distancia? ¿Sabrán las características de la misma? ¿Conocerán la metodología de la docencia en línea? Sin comentarios.

Otro de los párrafos que tampoco tiene desperdicio…

E.P, docent de llengua estrangera que prefereix mantenir-se a l’anonimat, també coincideix en aquest punt de vista. “Pedagògicament, en aquestes edats adolescents, sembla fora de tot dubte que passar el màxim d’hores a classe i a l’escola és el millor per no dispersar-se i perquè el professorat detecti els problemes que les alumnes puguin tenir. Això no exclou que calgui augmentar l’ús de les TIC per a la formació; és un fenomen indubtablement positiu, i cal que millori la interacció entre professorat i alumnat. Per exemple, posant més deures a través de plataformes educatives especials creades per a tal efecte (Moodle), o ajudant les alumnes perquè utilitzin millor la xarxa (és a dir, per llegir i escriure, finalment) i creïn i guardin documents ordenadament, o digitalitzant més i millor les classes. Però tot això es farà sempre molt millor des de l’aula ‘tradicional’. L’educació a distància hauria de ser només per a adults que treballen o tenen una necessitat formativa específica, o bé per a alumnes amb discapacitats físiques temporals”, valora.

Un docente “anónimo” que argumenta lo siguiente:

  • El alumno debe estar el máximo de horas en el aula y en los centros educativos para no dispersarse
  • Las TIC son positivas pero deben usarse de la siguiente forma: Moodle para poner más deberes, ayudar a los alumnos para que utilicen mejor la red (es decir, para escribir y leer) y que sepan guardar documentos… eso sí, todo esto se hará mejor desde el aula
  • La educación a distancia habría de ser sólo para adultos que trabajen, para los que tengan una necesidad formativa específica o para alumnos con “discapacidades físicas temporales”

La realidad supera la ficción y, lo más grave de lo anterior, es que si preguntamos en las aulas de nuestro país habría muchos que firmarían la argumentación de este docente anónimo. Demasiados.

Comments

  1. Manuel Jesús Fdez. says

    Pues me lo has quitado de la tecla. Llevo tiempo pensando, y comprobando como director y docente que intenta innovar, que los problemas educativos y la falta de innovación están íntimamente ligados al “miedo docente”: miedo al cambio metodológico, a tener que formarse, a lo que no dominan o desconocen. Y la crisis les ha venido de perlas. Y el miedo es el peor enemigo del cambio. Pero siempre nos quedarán los EABE, Novadors, AulaBlogs, etc., etc., para comprobar que somos pocos, pero muy bien acompañados (http://mjfn62.blogspot.com.es/2013/07/novadors13-solos-pero-muy-bien.html). No es un consuelo, es una realidad. Ante el predominio del inmovilismo docente, nos tendremos que refugiar en los islotes innovadores. No es lo mejor, no es lo ideal. Pero es lo que hay.

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