Supongo que a Jordi Adell no le sabrá mal que le fusile y adapte su título y temática de su artículo “El efecto Páez“, ya que me va muy bien para seguir un hilo argumental que, gracias a determinados hechos que se están produciendo y que llevan produciéndose en los últimos meses, puede permitir ampliar el efecto, hacia un efecto D (o Docente en mayúsculas).

Pues bien, este artículo va dirigido a dar a conocer unas determinadas actividades y actitudes que se están produciendo en algunas aulas de nuestro país (algunas de ellas con repercusión mediática, aunque muchas otras carentes de esa visibilidad). Por tanto, estaríamos hablando más que de un efecto único y exclusivo, hacia un contagio por contacto (a lo que ayuda muchísimo las herramientas de comunicación y gestión 2.0, sea Twitter, Facebook, Blogs de aula, etc.) a diferentes docentes, de diferentes niveles y en diferentes centros de nuestro país (muchos de ellos alejados geográficamente, pero que se mantienen en contacto por los medios que comentaba anteriormente).

Aunque pueda parecer curioso, a día de hoy hay decenas de miles de docentes que no conocen a Gregorio Toribio, Fernando G. Páez, Jaume Olmos, Luis Miguel Iglesias, Daniel Turienzo, Juanfra Álvarez, Isabel Ruíz, Juan José de Haro, etc. (perdonadme que nos os incluya a todos, pero la longitud de redactado se me haría interminable), los cuales están realizando unas tareas magníficas en su aula y/o para ayudar a los docentes en adquirir determinadas competencias. También es ilógico que haya muchos docentes que estén haciendo trabajos magníficos y, que por varios motivos, tampoco los mismos tengan visibilidad fuera de su centro (y no hablemos, en algunos casos, de la falta de visibilidad tan sólo fuera de su aula; ya que he estado en centros donde había compañeros que participaban en grandes proyectos, y sólo me enteraba por casualidad de ello).

El gran problema es dar a ese efecto D la repercusión que se merece y amplificar el entorno que conocen estas grandes iniciativas (personales en un primer momento, pero colaborativas cuando se ofrecen a la comunidad educativa) más allá de los “cuatro” que conocemos, colaboran e idean esas “maravillosas locuras” que, al fin y al cabo, lo único que hacen es beneficiar al propio alumnado. No hemos de quedarnos satisfechos con ese pequeño núcleo y, se hace imprescindible, exportar esas ideas, proyectos y “locuras” al resto de aulas de nuestro país, cosa que, aunque sea difícil… no es del todo imposible.

Por tanto, ayudemos a difundir lo que se está haciendo, y que el resto de compañeros vean y aprendan a disfrutar (como nosotros) de esos proyectos colaborativos (que se pueden individualizar para cada centro/aula) y, que en una segunda fase se animen a realizar los suyos.

La Educación y los proyectos educativos no es un gueto de amiguetes, es un lugar abierto donde todos pueden participar y, donde la aportación de cualquiera es igual de importante que las de cualquiera de esos “docentes referentes” que, una vez abrieron el camino que ahora se encuentra disponible. Ahora, ese camino tiene muchas menos zarzas en él que al principio de la construcción del mismo, por lo que es mucho más fácil transitar por él.

Si con lo anterior no os acabáis de animar, tan sólo os recomiendo que echéis un vistazo a lo que están haciendo algunos de vuestros compañeros (y, como en el caso anterior, siento no poner los cientos de iniciativas que se están llevando a cabo):

Es decir, muchas iniciativas (de las cuales podéis encontrar un extracto en el siguiente artículo de Educ@conTIC) que se están realizando por muchos compañeros y, que siempre van a repercutir positivamente en el aprendizaje de nuestros alumnos (sea cual sea el nivel y materia).

Por tanto, ya sabéis… a sumarse a ese Efecto D.