El problema horizontal de la jerarquía vertical

Últimamente uno piensa en demasía. Se le ocurren cosas que le llaman la atención. La mayoría de ellas, se pierden entre multitud de pensamientos igual de inconexos. Algunas llegan a plasmarse en algún papel. Ésta es una de ellas. Un artículo muy simple para hablar de algo muy complejo. Una situación demasiado habitual en los centros educativos que genera muchos problemas a la hora de establecer planes colaborativos de mejora.

Tenemos centros verticales. Centros jerarquizados. Con sus “antiguos” funcionarios, con sus “jefes de Departamento”, con sus “equipos directivos”, con sus interinos de quita y pon, con competentes digitales, con incompetentes coyunturales, con desaguisados en todas las direcciones.

Es lógico que exista la jerarquización. Viene impuesta por las necesidades de gestión. Deseable para una correcta administración del propio centro. Tareas estancas para docentes compartimentados. Docentes que se autocategorizan y, en muchos casos, se descolocan cuando se les pide formar parte de un todo. Ni a los ambulantes se les integra en condiciones, ni a los definitivos se les exhorta a que realicen esa función de acogimiento. Como decía un docente que tuve en la facultad… “cuando tengas el título en la mano ya no puedes pedir ayuda. Eres uno de ellos en la jungla más competitiva“.

Pero estamos hablando del mundo docente. De un centro lleno de compañeros que estamos obligados a remar en la misma dirección por necesidades del guión. Un guión que nos lo marcan los alumnos. Que nos lo marca nuestro día a día más allá de órdenes inconexas y contradictorias que puedan publicarse en diferentes diarios oficiales.

La jerarquía vertical debe coexistir con la horizontalidad. Todos los docentes estamos en el centro para un bien común. Nos quedemos, nos vayamos, acabemos de aterrizar, estemos a punto de jubilarnos, etc. Es un mismo barco y, es por ello, que la necesidad de colaborar se hace patente. Una necesidad de colaborar más allá de cuestiones individuales. Más allá de si dan más o menos horas a nuestro Departamento. Más allá de cualquier planteamiento personal.

En lo anterior entra la jerarquía vertical. Los viejos del lugar eligen sus asignaturas y horarios. Unas prebendas que creen obligadas por su supuesta existencia en un escalón superior de la cadena trófica docente. Una cadena trófica que, de una vez por todas, ha de desaparecer. Primero… los alumnos. Ya está bien de montar horarios infames por necesidades personales y personalizadas. Grupos de alumnos con materias “más ligeras” (y no quiero entrar en discusiones sobre importancia o no de las mismas) a las primeras horas y, por necesidades personales, verse obligados a dar las más tediosas a últimas horas. ¿En cuántos centros se prioriza a los alumnos por delante de los horarios docentes?

Parece incongruente lo anterior con mi defensa del colectivo. Pero la defensa del colectivo pasa por la defensa de nuestros alumnos. Ellos son lo primero. Ellos son por quienes debemos colaborar. Por quienes debemos abandonar nuestros escalones. Por quienes debemos establecer proyectos comunes. Por quienes vale la pena todo lo que estamos padeciendo.

Tampoco olvidar que es un trabajo. Un trabajo remunerado. Trabajar no es gratis. Los derechos adquiridos, como en cualquier otra profesión, se tienen que mantener. Pero, más allá de ello…

Un exhorto a colaborar. Un exhorto a la democracia real de los centros educativos. Un exhorto a trabajar para un proyecto común más allá de personalismos más o menos defendibles.

Un pensamiento en “El problema horizontal de la jerarquía vertical

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