Hacia una gestión eficaz de los centros del profesorado

En estos últimos tiempos, dentro de la gran cantidad de recortes que se están produciendo en las partidas educativas, se están empezando a desmantelar en muchas Comunidades Autónomas los centros de profesores. Esos centros de profesores, enmascarados bajo diferentes siglas (CEPs, CPRs, CEFIREs, etc.), son los que tienen una doble función dentro del propio sistema educativo:

  • Actuar de dinamizadores del proyecto educativo de la zona a la cual están adscritos
  • Asesorar al profesorado de su zona en temas de formación

Por tanto, y extrapolando las funciones de los trabajadores (asesores) de que disponen dichos centros de profesorado, nos podemos encontrar que se les encargan las siguientes funciones específicas (basadas en los CEPs andaluces pero extrapolables, por similitudes, al resto de CC.AA. bajo todas sus denominaciones):

  • Realizar el asesoramiento y las acciones formativas que se determinen en los diferentes Centros Educativos y etapas presentes en el ámbito de actuación del Centro del Profesorado
  • Participar en la detección y análisis de las necesidades y demandas formativas de los centros educativos de la zona de su Centro del Profesorado, con el fin de orientar y establecer la propuesta de Plan de Actuación, integrando las acciones que se deriven de las líneas prioritarias establecidas por la Consejería de Educación pertinente
  • Diseñar, organizar y desarrollar las acciones formativas que se deriven del Plan de Actuación de su Centro del Profesorado, impartiendo docencia en las mismas o estableciendo el asesoramiento de aquellas acciones formativas que lo requieran, así como su seguimiento y evaluación
  • Participar en la elaboración de la memoria final del Plan de Actuación.
  • Organizar y desarrollar las acciones formativas que, con ámbito provincial y regional, se establezcan en el Programa de Formación del Profesorado o se determinen por la Consejería de Educación pertinente

Por tanto, las tareas que los asesores realizarán en cumplimiento de dichas funciones serán:

  • Detección y análisis de las necesidades y demandas de Formación del profesorado en los centros, diseñando las estrategias de intervención y elaborando una propuesta de Plan de Actuación para el área o áreas y el período que se establezca
  • Desarrollo y realización del Plan de Actuación del centro del profesorado
  • Apoyo y asesoramiento a los centros docentes, Proyectos, Planes y Programas, Grupos de Trabajo y Equipos Docentes, así como a otros colectivos
  • Seguimiento y evaluación de las actividades programadas realizando las propuestas adecuadas para reconducir los procesos desarrollados o previstos cuando así lo aconsejen los resultados de esta evaluación
  • Colaboración en la realización y difusión de materiales
  • Comunicaciones y acciones de publicidad en el ámbito de las tareas propias de las diferentes asesorías
  • Elaboración de la Memoria del curso.
  • Organización y gestión de los recursos materiales necesarios para el desarrollo de las líneas de actuación establecidas, colaborando en la organización, utilización y propuesta de revisión de dicha material didáctico
  • Participar tanto en las actividades de formación conjunta y las del área que determine el Equipo Asesor de Formación, como en las que establezca la Dirección General de Innovación Educativa y Formación del Profesorado de la Consejería

Resumiendo, se trata de los organismos creados para gestionar, promover y facilitar la formación del profesorado que se halla a pie de aula.

Lamentablemente, con los recortes que se están produciendo, están siendo uno de los sectores afectados. Las administraciones educativas han preferido reorganizar dichos centros de formación (centralizándolos en diferentes unidades) y, con dicha medida se ha decidido prescindir de la mayoría de asesorías y asesores que formaban parte de dicha red de apoyo docente escudándose en una mejora de la eficacia de dichos asesoramientos.

¿Se trata de una falacia o realmente se está intentando mejorar la gestión del sistema?

Aquí entramos en una discusión interesante ya que hay dos elementos a tener en cuenta: el asesor y la propia asesoría. Si nos ceñimos a la figura de la asesoría, la centralización de la misma en diferentes sedes (mayores, con más recursos e infraestructuras) prescindiendo de sedes “menores” significa un ahorro enorme de recursos para el sistema tan necesitado de reestructuración y recortes. ¿Se empeora la formación del profesorado? En principio no, ya que cada vez son más los centros que presentan unas necesidades de formación específicas, elegidas democráticamente en Claustro y, las trasladan a su asesoría más cercana. Si dicha asesoría se halla en la misma localidad o centralizada en las capitales de provincia (tal como se está haciendo la nueva estructuración) no hay demasiadas diferencias. Los medios tecnológicos actuales permiten que las necesidades puedan transmitirse telemáticamente y, una vez se hayan validado y asignado las formaciones solicitadas (en función de las capacidades y presupuestos de la propia Administración), se asignan “formadores” para la misma y se les desplaza a la zona objeto de la formación. Por tanto, reducir asesorías y centralizar dichos servicios a nivel de formación no presenta demasiados problemas.

Pero, ¿qué pasa con los asesores? En primer lugar comentar, aunque sea demasiado repetitivo, la necesidad de establecer oposiciones diferentes para ellos. No es lógico ni razonable que los asesores sean docentes, alejados del aula mediante concursos de provisión de plazas más o menos opacos, que permanezcan en dichas asesorías décadas sin pasar por ningún concurso-oposición. No tiene demasiado sentido alejar a los que han de asesorar sobre la formación del docente de los propios docentes. ¿Sería factible disponer de asesores a media jornada como norma general? Entrando a lo que realmente interesa, ¿quién ha decidido qué asesores se quedan y cuales vuelven a sus plazas? ¿es necesario cerrar esos centros de profesorado en algunas CC.AA. a mitad de curso perjudicando a los alumnos que van a ver como se les cambian los docentes a mitad de curso? ¿Son lógicos los plazos?

Más allá de esa discusión, sobre las capacidades, mecanismos de promoción a la asesoría y tiempos en los que se ha realizado el cambio, tan sólo algunas ideas para una mejora de la eficacia del proceso de formación del profesorado:

  • Establecimiento de un centro de formación del profesorado “a distancia” nacional, centralizado y cuyos materiales estuvieran disponibles en todas las lenguas cooficiales. Con ello se podría llegar a gestionar todos los cursos de formación en línea del profesorado de todo el país desde un sólo punto
  • Creación de un nuevo “perfil” en los centros educativos de “asesor de centro” con una reducción horaria. Dicho perfil sería el encargado de gestionar, facilitar y resolver las dudas en formación que pudieran tener sus compañeros del centro. Eso sí, dichos “nuevos asesores” tendrían reuniones periódicas en los centros de gestión de la formación (reducidos a capitales provinciales). Ello sin olvidar el contacto permanente y telemático con los mismos
  • Establecimiento de un convenio entre el Ministerio de Educación y las Universidades para conseguir gestionar un sistema de formación conjunta para su profesorado. No es lógico que los centros que dependen del Ministerio vayan por un lado y las Universidades por otro. Tampoco es lógico que los docentes de primaria y secundaria si quieren sacarse una segunda carrera, un máster o realizar un doctorado (con la consiguiente mejora de su praxis docente) se vean obligados a pagárselo de su bolsillo
  • Realización de un sistema de evaluación exhaustivo de la formación ofrecida por parte de mecanismos de control establecidos para tal fin. No tiene ningún sentido que mucha de la formación sea obsoleta, basada en herramientas que nunca se van a usar en el aula y con algunos formadores que, siendo optimistas, dejan mucho que desear
  • Distribución de todo el material que se elabore para la formación del profesorado en abierto y en formatos compatibles
  • Gestión y facilitación del material necesario para la correcta formación del profesorado que quiera optar por formación a distancia, poniendo a su disposición los elementos tecnológicos (o subvencionando los mismos mientras se lleva a cabo la formación -abonar las líneas ADSL, por ejemplo-) necesarios para seguir correctamente los cursos en los que se hallen matriculados
  • Favorecer la contratación de formadores externos, expertos en las temáticas de los cursos ofertados. Quizás sería bueno empezar a buscar “expertos” en lugar de contratar “usuarios” más o menos avanzados por el simple hecho de ser docentes
  • Analizar las  necesidades reales de “aula”. La formación se ha de realizar para mejorar la práctica docente, no para favorecer la formación del docente en habilidades que nunca van a ser usadas en el aula, etc.

A pesar de las ideas y cuestionamientos que me hago sobre el funcionamiento de los centros de profesorado (o asesorías), no creo que sea un tema baladí para hacer una reestructuración de buenas a primeras (tal como por ejemplo se está haciendo en Castilla La Mancha), ya que la formación del profesorado es un tema muy importante para la mejora del propio sistema educativo.

Comments

  1. says

    Gracias por la entrada Jordi, es un tema de rabiosa actualidad. Voy a hablar de la experiencia en Madrid que desde 2008 centralizó la formacion y volcó los esfuerzos en la formacion en línea. Ha supuesto, según datos oficiales, de pasar de 56.000 profesores formados a 30.000 con el sistema online que deja de forma residual a determinados cursos presenciales. Estos cursos presenciales, decididos de forma unilateral por la administración, no responden, como se hacia antes, al análisis de necesidades de formación sino a las directrices que la propia administración decide. Junto al modelo online, que ha cambiado el sistema 10horas =1 crédito, ahora tenemos 25horas= 1 crédito, con la salvedad que el el concurso de traslados, de cualquier ámbito, 1 crédito sigue siendo 10 horas. Paralelamente, en Madrid, no se reconoce ningún curso de formacion que no esté impartido por la propia Consejería, dándose la paradoja, que los cursos del Ministerio de Educación no se consideran válidos.

    Consideraciones a parte, el hecho de vincular sueldo con formación es uno de los problemas graves del sistema de formación del profesorado, tal y como está planteado porque incide en la motivación económica, el cobro de sexenios, para actualizarte profesionalmente. La actualización docente es imprescindible y no debería estar ligada al sueldo, sino ser considerada una parte propia del trabajo,susceptible de ser evaluado en diversas facetas, formacion y actualización incluidas.

    El sistema de formacion basado en asesores externos como gestores de la formacion me parece válido aunque comparto las criticas al sistema de acceso, no siempre el más adecuado ya transparente. Son embargo, doy fe de excelentes asesores que están dando el 200% de su trabajo para generar un clima de innovación y actualización. Creo, sin emabargo, que el modelo no pasa por crear asesores en los centros sino por crear un sistema que acredite la formacion entre iguales, avalado por los CEP, con apoyos puntuales de expertos, que se desarrolle en el centro de trabajo y en horario laboral, dentro de las actividades propias de la docencia. Esa formación desde la practica debería ser complementada con la verificación de su influencia en el aula, mediante un sistema interno del centro supervisado por la inspección educativa, de forma que garanticemos que lo que aprendemos llega finalmente al aula.

    Seguimos hablando,

    • says

      Gracias a ti por el comentario, Víctor. Poco puedo añadir al mismo como no sea puntualizar algunos pequeños detalles.

      He seguido el caso de la centralización de los servicios en la Comunidad de Madrid desde la gestión integral de la formación a distancia en el centro de referencia “Las Acacias” ya que era una gestión que me plantearon como posibilidad de un diseño hace unos años. Desconozco cómo ha ido funcionando, a nivel de formación ofertada, reconocimiento de las necesidades formativas de los centros, adecuación de la formación a los diferentes docentes, etc. No me parece una gestión “mala” la centralización, tal como comento en el artículo, siempre que tengamos en cuenta las necesidades reales. ¿Me ofrece el mismo servicio un subcentro (o centro de profesores no ubicado en las capitales de provincia) que un macrocentro de formación?. Eso sí, en lo anterior se tiene que tener en cuenta el valor añadido de esos subcentros y, si existiera, aprovechar esa experiencia para un buen diseño de esos centros de formación de referencia.

      Eso sí, siempre me planteo el funcionamiento del ITE (actualmente ya me he perdido en el nuevo nombre) como un ejemplo para imitar. No he conseguido hallar (y he indagado, aunque reconozco que las CC.AA. donde he impartido docencia directa -Cataluña y Valencia- quizás pueden no ser muy representativas como modelo) nada que funcione tan bien (con las limitaciones y errores que puede llegar a tener -y, que por cierto, subsanan cuando contactas con ellos de una forma muy eficaz-).

      ¿Son necesarios tantos centros de referencia en la formación a distancia como CC.AA. con las nuevas tecnologías y el ancho de red que ponen a nuestra disposición las compañías y que la mayoría de docentes disponemos en el domicilio? ¿No saldría más a cuenta, como he propuesto, que sea la Administración quien financie las conexiones de los docentes ya que son herramientas educativas?

      Con lo anterior ya te he comentado mi opinión sobre el maravilloso autonomismo educativo (que, ni avanza, ni deja avanzar). Y, por ello, como habrás podido comprobar en algunos artículos sobre la necesidad de recentralizar la Educación lo que pienso de los baremos, concursos de traslados autonómicos y similares.

      En referencia a la necesidad de actualizarse (formarse) al margen de su necesidad para complementos pecuniarios, tan sólo comentarte que sólo hace falta ver la mayoría de los docentes que acuden a los cursos de formación (más interesados en el “papelito” que en el aprendizaje). No estoy diciendo ninguna aberración, ya que hablando con compañeros “formadores” y experiencias propias, lamentablemente es lo que hay. Hasta que no se obligue a la formación y se realice una evaluación real de la misma (y su utilidad en el aula) no hay nada que hacer en ese tema. Pocos docentes aprendices y muchos certificadores.

      No me gustaría acabar la respuesta sin comentarte que tienes toda la razón, hay excelentes asesores. Los cuales, te voy a decir más, no dan el 200, llegan a dar el 1000 por ciento de profesionalidad y saber hacer, pero el tema del acceso a dichas plazas es algo revisable. Es ilógico tener como asesores a funcionarios sin plaza fija (¡mira qué problemas tienen algunos amigos comunes de TW que no saben dónde van a parar!), funcionarios que no han dado nunca docencia (o por un período menor de cinco años) con lo cual desconocen la realidad de las aulas e, incluso usándose dichas plazas para recolocar a funcionarios a los que se les ha suprimido la plaza. Sin concurso, sin méritos objetivables y sin haber demostrado sus capacidades previas (en la mayoría de CC.AA.). Por tanto, la transparencia en ese acceso ayudaría a esos excelentes compañeros de los que hablamos e, impediría la sensación que nos embarga a muchos cuando acudimos a las asesorías de nuestras CC.AA. Dos que trabajan (voluntariosos, trabajadores y facilitadores de cualquier propuesta) y algunos otros que, entre lectura y lectura del diario, teclean a desgana la asignación de la formación de los docentes.

      Finalmente, ya sabes que contigo seguiría hablando horas y horas, comentario tras comentario, tuit tras tuit,…

  2. Bartomeu says

    Nuestro sistema educativo necesita ayuda, necesita una eficiente innovación.
    He tenido en mente presentar un proyecto de formación del profesorado, a través de las TIC, pero no de unas horas y unos créditos, sino de una formación permanente, peró además de formación apoyo, Crear plataformas de colaboración y bancos de recursos, etc.

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