Innovación en las aulas. Necesidades y realidades

Hace prácticamente un mes que ha empezado el curso escolar y no paro de recibir correos con ganas que les explique qué estoy haciendo para innovar en mi aula. Experiencias empíricas, demostrables, contrastables y ¿fiables? llevadas a cabo con alumnos. Lamentablemente, la respuesta a dicha petición, en la mayoría de los casos, se responde con un “lo siento, este año no innovo” o “innovo la mejor manera de no innovar”. Curiosa respuesta procedente de un docente, animoso y animado con lo de las nuevas tecnologías y, sin miedo al “intentar”. Más curioso resulta aún, cuando dicha respuesta la da uno que está, a priori, en un “proyecto de innovación”.

Pues bien, resulta que la realidad supera y, las necesidades no son satisfechas en demasiados casos. Cuando uno se niega a innovar (y no estoy hablando sólo del tema TICs, aunque el mismo sea uno de los pilares de la innovación metodológica docente) muchas veces es por imposibilidad. Siempre se acusa al profesorado de falta de ganas de innovar, de sedentarismo metodológico o de tecnofobia educativa y librismo editorial. Pues bien, a veces conviene investigar y ver que, ni todos los inmovilistas lo son por determinismo propio, ni todos los innovadores de aula lo son por excesivas ganas innovadoras. Hay docentes que se ven empujados en las dos direcciones en función de diferentes hechos o determinaciones de aula y, curiosamente, esos son los más.

Disponer de cacharros (que tanto critico, en forma y mecanismo de distribución) es esencial. De conexiones decentes en los centros educativos, imprescindible. Y, finalmente, la gestión de un proyecto único, unitario, colaborativo (o más bien cooperativo) entre los miembros del claustro es lo que hace encender la mecha de esa innovación. No tendría que haber docentes ni aulas innovadoras, tendría que haber claustros innovadores. Claustros de los de antaño, de cohesión, de apoyo, de decisión. Gestión llevada a los últimos extremos por parte de ese gran movimiento asambleario y, tan importante. No son proyectos de centro para presentar a determinadas subvenciones, son docentes que apuestan en bloque por ese cambio.

Lamentablemente, lo anterior difícil. Más factible en primaria que en secundaria, donde priman demasiadas actitudes de “importancia de las materias” y, intereses por lo personal antepuestos a lo del proyecto común. Excelentes docentes, en la mayoría de casos muy decentes, pero luchando por intereses propios. El barco es el centro, los tripulantes nosotros. ¿Por qué tantos problemas de no saber guiar el barco y apostar de lleno por la innovación metodológica? Lo actual funciona, pero lo que viene puede funcionar mejor.

Por tanto, ¿qué es lo que necesitamos?

  • Proyectos de centro, con claustros fuertes e implicados
  • Familias informadas, facilitadoras y colaboradoras
  • Cacharrería bien gestionada y excelentes conexiones
  • Servicios de gestión, comunicación y difusión de “lo que hacemos”
  • ¿Dónde está el 2.0 en la relación con familias y alumnos? Facilitar la interacción, mejora la colaboración. Hasta los políticos, que siempre llegan tarde, lo están viendo.Twitter, Facebook, blogs, otras redes… todo sirve
  • Plataformas de formación (Moodle u otras) y docentes capacitados en su uso
  • Abrir el conocimiento… no sólo a nuestros alumnos, si no a toda la sociedad que nos rodea

En definitiva: ganas, ilusiones e instalaciones. Si algo de lo anterior falla, fallará todo.

Pero, vamos a ser realistas y hablar de la situación actual. ¿Qué tenemos?

  • Proyectos de centro individuales o departamentales. Uno se lo guisa, se lo come, le ayuda alguien de forma desinteresada y así va tirando
  • Claustros demasiado individualistas que han perdido su función asamblearia y de búsqueda de interés global, más centrados en las particularidades que en las necesidades reales de aula
  • Dotaciones mal diseñadas, estructuradas y sin el mantenimiento necesario. Los coordinadores TIC hacen lo que pueden… pero la ingente cantidad de “cacharrería” hace que su función sea poco menos que mesiánica
  • Conexiones lentas, intermitentes y con demasiado poco poder de gestión del centro sobre las mismas
  • Páginas web de centros inexistentes, o en la mayoría de casos desactualizadas (o con actualizaciones poco constantes) totalmente verticales
  • Entornos virtuales de aprendizaje… algo desconocido y demasiados pocos docentes capacitados en su uso (y no digamos en su gestión)
  • Dinámicas de los alumnos demasiado difíciles de romper
  • El 2.0 desconocido. Papeles y más papeles. Burocracia y más burocracia

Seamos realistas. Tenemos muchas necesidades no cubiertas y, más veces de las que nos gustaría, la realidad imperante es la que impide la propia innovación.