La espinosa y recurrente cuestión de los libros de texto

A estas alturas de curso son muchos los docentes que han de elegir los libros de texto para el curso que viene. Unos libros que, por cuestiones legales, son de obligado mantenimiento durante cuatro años (al menos en secundaria, pero no creo que varíe en etapas inferiores). Unos libros de texto, en demasiados casos, usados como único material educativo en la mayoría de aulas de nuestro país el curso que viene. Unas prácticas que, desde que entré a dar clases, siguen totalmente inamovibles.

No es algo que me preocupe mucho. Hace bastante tiempo que no participo en el juego de la elección de libros. Hace mucho tiempo que he dejado de usarlos y he optado por usar otros mecanismos gratuitos para dotar del material educativo que puedan necesitar mis alumnos. Por tanto, ¿por qué es un tema que me preocupa?

Me preocupa fundamentalmente por dos motivos. El primero es que se mantienen tradiciones educativas totalmente alejadas de las necesidades actuales. Libros de texto escritos por excelentes profesionales pero con el problema de ser usados de forma incuestionable por gran parte de los docentes de nuestras aulas. Unos libros de texto que, en algunos casos, ni tan sólo han sido elegidos por el docente que acaba de aterrizar nuevo en el centro (procedentes de unas decisiones tomadas a destiempo por parte de un Departamento y que liga de pies y manos al docente que llegue el curso siguiente). Unos libros que si no se usan provoca rechazo por parte de los padres. Padres que se han visto obligados a desembolsar un dinero en algo que, si el docente mantiene su autonomía educativa, no se va a usar en todo el curso escolar. Lamentablemente lo anterior es extremadamente raro. Un docente que llega nuevo a un centro usa lo que le viene marcado por el Departamento aunque no comulgue con la línea editorial. Un docente que, ya tiene suficiente en aterrizar y moverse en un centro nuevo, para cuestionarse la posibilidad de usar algo diferente a lo que le viene marcado. Un docente que valora antes la comodidad y el seguidismo que incorporar una visión propia con su material educativo.

El segundo motivo que me genera inquietud es convertir algo “que habría de ser de apoyo” en el núcleo de la actividad docente. Una visión fija de algo que va evolucionando con el tiempo que se explica de forma atemporal. ¿Tiene sentido usar libro de texto en materias, ya de por sí, que se actualizan a diario? Cuando me encuentro libros de hace cuatro años que van a ser usados por los docentes de informática para ser usados como libro de texto me entra de todo menos alegría. Urticaria educativa le llaman los puristas.

Ideas muchas. Que cada docente se cree su propio material educativo, que los docentes elijan a principio de curso (septiembre) el libro de texto que van a usar con sus alumnos, que el Ministerio o la Administración educativa de turno suministre materiales educativos básicos bajo licencia Creative Commons, que se puedan usar plataformas educativas para gestionar las clases (Moodle o similares), que haya la posibilidad de implicar a los chavales en el aprendizaje incorporando sus opiniones en materiales educativos abiertos, etc. Decenas de ideas que permitirían flexibilizar y aprovechar mejor los recursos educativos con el consiguiente ahorro económico de las familias (que se verían obligadas a desembolsar una cantidad de dinero más adecuada a las necesidades de los chavales).

Es realmente curioso ver como, año tras año, lo único que importe a final de curso sea publicar una lista de libros de texto para que los padres puedan adquirirla con antelación y los alumnos nos vengan con sus adquisiciones bien forradas el primer día de curso. Unas adquisiciones que, en muchos casos, rozan la inutilidad educativa por sus limitaciones. Un material que, más allá de dar comodidad a muchos docentes, tiene unos efectos bastante reducidos sobre el aprendizaje significativo de los alumnos.

Y, por favor, no olvidemos nunca que los libros de texto no son el currículum ni que el aprendizaje puede prescindir de los libros de texto (analógicos o digitales) tal como se usan actualmente.

Comments

  1. Domingo Mendez says

    Totalmente de acuerdo Jordi,lo triste es que todavía muchos docentes siguen confundiendo libros de texto con curriculum, igual que muchos padres, inspectores y administraciones

  2. boss says

    De acuerdo también. Y añadir que los que confunden currículo con libro de texto suelen confundir calificar con evaluar, aprobar con aprender y aprender con rellenar fichas. Y son la inmensa mayoría, no lo olvidemos.

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