La gestación de un docente del siglo XXI

Conforme va pasando el tiempo que uno lleva metido en diferentes fregados (que no saraos) educativos, se plantea dejar de lado “lo que a uno le gustaría que fuera” para centrarse en “lo que es”. Estamos en un entorno educativo obsoleto. Obsoleto pero funcional ya que nos quitan a los titulados a espuertas. Titulados formados en este sistema que, según muchos, no funciona pero que se rifan en los países de nuestro alrededor. Enfermeros y enfermeras en Gran Bretaña, ingenieros y titulados de formación profesional en Alemania, filólogos ejerciendo de traductores en diferentes rincones de la geografía mundial, etc. Por tanto… no es que el sistema funcione mal. La respuesta es que nuestra sociedad no está preparada para absorber a los buenos profesionales que salen del mismo.

Seguimos caminando hacia la búsqueda de la excelencia por parte de unos, a la negación de la evaluación por parte de otros, al trabajo por competencias que nadie sabe ni que significan, a intentar ser más 2.0 que los países en los cuales dicha incorporación a las nuevas tecnologías está siendo un absoluto fracaso, etc. No es eso. Nos equivocamos de visión. Se trata de ser capaces de lidiar con los chavales para obtener lo mejor de ellos mismos (quizás sin tanto anacronismo o progresismo barato).

¿Cómo gestamos al docente para que sea capaz de dar clase en nuestras aulas?

En primer lugar preparación académica. Es insostenible incorporar a la docencia a docentes poco hábiles en sus materias. ¿Quién prepara a esos futuros docentes? Las facultades. Por tanto, ¿de quién es la culpa que se hayan titulado dichos especímenes?

Queda claro que la Universidad ha de cambiar sus sistemas de expedición de títulos. Ni tan poco como antes (con ingenierías donde aprobaban cuatro de cuatrocientos) ni tanto como ahora (la misma asignatura aprobada por un ochenta por ciento de los matriculados). Racionalizar. Eliminar extremos y mantenerse en un sistema coherente. Un buen docente en la facultad puede no ser un buen investigador y a la inversa. Docencia e investigación van demasiado ligadas a mi gusto.

No hemos de olvidarnos tampoco de la preparación docente. Al docente se le ha de preparar. Se le ha de capacitar para que sea capaz de lidiar con la realidad de las aulas. El problema es, ¿quién y cómo prepararlo más allá de másters que han demostrado su completa inutilidad, más allá de ser el impuesto revolucionario a pagar para entrar en las listas de interinos o presentarse a oposición? Algunos a lo anterior le llaman formación inicial. Una formación que quieren que se de en algunas de las facultades. Una bonita manera de financiarlas. ¿Por qué no optar por el acompañamiento los primeros años de docencia? ¿Por qué no optar por el docente de prácticas al estilo de los médicos que están haciendo la residencia en los centros hospitalarios?

¿Qué más podríamos trabajar a lo largo de esa gestación? ¿Incorporamos un aprendizaje en nuevas tecnologías? ¿Es necesario? ¿Es imprescindible ese aprendizaje en una sociedad mucho menos tecnológica de lo  que se nos está queriendo vender? No se pierde nada. Formemos al docente en el uso de las nuevas tecnologías. Un uso más allá de herramientas. Un uso en metodología adaptada a lo que ha de dar. A su materia concreta. A las necesidades reales.

Si seguimos en la línea… ¿abrimos las puertas? ¿Expandimos el conocimiento y las prácticas? Incorporar al docente en redes comunicativas y de aprendizaje bidireccionales es fundamental. La red nos lo permite. Para ello sí que son necesarias las nuevas tecnologías. Ayudan a reducir distancias. Los saraos puntuales presenciales son sólo la punta del iceberg. El aprendizaje va todo por debajo de esa superficie.

No olvidar la evaluación continua. Esa evaluación que unos dan por finalizada cuando aprueban la oposición. Una evaluación de prácticas. Una evaluación siempre en clave positiva. Dinámicas eficaces para la mejora. El docente está en gestación a lo largo de toda su vida y, lo único que va a cambiar, van a ser los años que le caen encima. Bueno… y los chavales. Siempre diferentes y con sorpresas incorporadas.

Gestar al docente del siglo XXI es tan sólo incorporarle un bagaje intelectual interesante, unas gotas de sentido común, una pizquita de humanidad y mucho de metodología. Una metodología que, a pesar de los grandes avances tecnológicos de los últimos años, va a venir determinada en su mayor parte por los alumnos con los que uno se enfrente.

  • http://educarentiemposinciertos.blogspot.com @salvaoret

    Gran artículo, Jordi, razonado y coherente. Comparto tu propuesta de mejorar y afianzar los aspectos metodológicos, que no se supeditan a la tecnología, sino que indican cómo se puede utilizar. Un avance tecnológico con una visión tradicional-transmisiva del aprendizaje podrá ser más entretenido, quizás, pero no más eficaz ni promoverá mejores aprendizajes.
    Hace falta mucha humanidad para ser docente; en la etapa que estás, en ESO, los alumnos sufren grandes cambios y, en ocasiones, les faltan referentes adultos: los padres ya no pueden serlo, porque los chavales están en la adolescencia; y los medios de comunicación ofrecen unos modelos equívocos o demasiado lejanos. El profesorado, más allá de su área de enseñanza, puede también ejercer una influencia positiva, mostrando actitud de apertura. Obviamente, habrá alumnos que no querrán esta ayuda, mostrarán indiferencia u hostilidad, pero ahí también hay un desafío, del que no siempre saldremos victoriosos. Aceptar las contrariedades y pequeños fracasos forma parte del bagaje docente. Un saludo.

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  • Concepció Mas (@empordanesa13)

    Hola Jordi , hecho de menos el saber autoevaluarse, un docente debe saber autoevaluarse no siempre nos funciona el mismo método, según el grupo, los alumnos… debemos ser capaces de cambiar el rumbo empezado si vemos que no funciona y esto creo que muchas veces es difícil, demasiadas veces he oido me ha funcionado siempre , este siempre debe desaparecer ,una cosa no puede funcionar siempre pues la sociedad evoluciona y nosotros debemos evolucionar con ella

  • Dani Pastor

    La verdad es que la formación que recibí en mi curso CAP (Capacitación docente, ahora convertido en Master), fue muy escasa y la pedagogía que me dieron fue muy teórica. De hecho, ahora, tras varios años de docencia, estoy dándole mucha más importancia a la metodología que a las herramientas (cosa que no hacía hasta hace bien poco).

    Y hay un punto que me ha encantado, el hecho de que se pudiera hacer una “residencia” acompañando a docentes durante un curso o dos (por supuesto, cobrándolo), ya que cuando yo empecé a dar clase me veía muy solo ante los alumn@s y eso que recibí mucha ayuda de mis compañeros.

    En fin, gran articulo.

  • http://matematicasnarua.blogspot.com Coquejj

    Jordi: comparto que los puntos que tocas son totalmente necesarios, pero no puedo evitar pensar en cómo se articularía la “residencia” en centros, en quién y cómo tutelaría esas prácticas, si el profesor en prácticas además de dar clases recibiría módulos como al hacer el curso de Funcionario en Prácticas… ¿Imaginas la diversidad de posibles “residencias” atendiendo a la diferencia de estilos educativos? Además, ¿hay un standard actualmente sobre lo que significa ser un buen profesor?
    En cualquier caso muy interesante el post.

  • marga

    Hola Jordi. Lo del acompañamiento opino que tiene sus peligros. Si ya hay especímenes pululando por el sistema educativo con metodologías obsoletas y uno de estos te acompaña en los primeros años de docencia…
    Apuesto más por el sentido común y por lo que comentas de focalizar la atención sobre el tipo de alumno. El autoaprendizaje constante, otorgando valor a vías informales para la adquisición de conocimientos.

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  • http://tdetextos.wordpress.com vizmaq

    Muy buen artículo.
    Los chavales han cambiado, los métodos se han quedado obsoletos y el aprendizaje que se precisa para desarrollarse en el ámbito profesional no es el mismo, y los profesores, que están volviendo a ser alumnos altamente motivados, algo impensable antes. Internet representa una enorme oportunidad que hay que aprovechar.
    Con demasiada frecuencia se lee o se escucha el argumento de que las nuevas tecnologías no podrán sustituir al profesor: en realidad son un gran complemento para la formación presencial, siempre y cuando se forme a los profesores adecuadamente: ¿quién se tiene que ocupar de ello? El tiempo pasa muy deprisa para todos.
    Un saludo.

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