• Pingback: La historia de los arándanos o por qué las Escuelas no son empresas | Garabatos

  • http://www.facebook.com/eleditor.detecnologia Enrique Sanchez

    Con mucha frecuencia coincido en el autobús con cinco o seis niños que van camino del colegio pastoreados por una chica de nacionalidad indeterminada. Ya de por sí no pasan desapercibidos pero, entre todos ellos, el que llama la atención es Miguel. ¡¡¡Miguel!!!, para ser precisos, que es la manera habitual de llamarle.

    Tiene seis o siete años y es pura simpatía. Mulato, con el pelo muy corto y rizado, de mirada viva y, en todo momento, con una sonrisa. Va de uniforme y con una mochila que tiene, más o menos, su peso y su tamaño. Se sienta siempre con otro niño, un amigo con gafitas, al que le cuenta historias que no deben de ser del todo ciertas, porque provocan risas, gestos y exclamaciones y demandan la intervención, como árbitro o juez, de la cuidadora. Todo un personaje. Una oportunidad o un suplicio para la maestra o el maestro que conviva con él dentro de un aula.

    Porque cualquier profesor tiene su Miguel, inquieto y curioso, y su alumno con gafitas, pausado y socarrón. Y otro con orejas de soplillo, tímido y observador. Y algunos habitantes de otro mundo, que no terminaban de encontrar su sitio en este. Y niñas serenas y firmes desde su infancia. Y multitud de artistas, grandes dibujantes, inagotables contadores de historias o descubridores de ritmos. Todos reunidos en un tiempo y un espacio con un claro cometido: aprender.

    Pero pasan los años y Miguel se aburre o se rebela, hastiado de no moverse, de no tocar, de no jugar y de que su amigo con gafitas ya ni siquiera le responda, mientras que suma mecánicamente una ristra de fracciones. Y cambian el aire, los sonidos y los seres que lo habitan. Y la polifonía tonal se transforma en una nota monocorde, mientras que las musas y daimones de cada cual se marchan o se consumen. O esperan pacientes, hasta que alguien les convoque o vengan tiempos mejores y momentos más propicios.

    http://www.otraspoliticas.com/educacion/miguel

  • Anónimo

    Una escuela con excelencia académica es una escuela que logra que todos y cada uno de sus alumnos desarrollen al máximo su potencial y aspieren siempre a alcanzar metas altas. Una fábrica de helados no puede aceptar que cada helado sea diferente, debe garantizar la igualdad en la calidad del producto. Una escuela en cambio debe saber que todos y cada uno de sus alumnos serán diferentes y se llevarán de su paso por las escuelas algo diferente. Nuestro deber como docentes es intentar que todos encuentren en nuestras escuelas lo que necesitan para crecer y desarrollar al máximo sus potencialidades como alumnos y como personas.

  • http://www.facebook.com/hector.estigarribia.9 Hector Estigarribia

    aplicable a cualquier nivel educativo

  • Pingback: La historia de los arándanos o por qu&ea...

  • Pingback: La historia de los arándanos o por qué las Escuelas no son empresas - Educacion enpildoras.com

Back to top
mobile desktop