La infantilización del alumnado

Una de las temáticas, por cierto bastante controvertidas, que tenía aparcada en un esbozo era hablar sobre el tema de la “infantilización del alumnado”. ¿Qué entendemos por infantilizar? Pues bien, como su propia definición indica (adaptada al entorno educativo en que nos movemos), se trata de favorecer o mantener en personas adultas una mentalidad infantil.

¿Tiene sentido infantilizar al alumnado? Creo que no, ya que lo que hemos de producir (y sí, me permito la capacidad de escribirlo en términos productivos) personas adultas, coherentes, críticas y autónomas. Si seguimos infantilizando a nuestros alumnos, eximiéndoles de responsabilidad, adecuando sus realidades a las nuestras, tan sólo conseguiremos crear adultos dependientes y con un maravilloso síndrome de Peter Pan.

Hay edad para jugar, hay edad para aprender, hay edad para esforzarse, hay edad para responsabilizarse, hay edad para asumir espíritu crítico, pero… no hay necesidad de atenuar y quitar el límite en esas edades a nivel educativo para alargar dicha infantilización.

Escuché un día hablar de la necesidad de infantilizar la primaria, primarizar la secundaria y secundarizar la Universidad. En definitiva, infantilizar al adulto. Quizás, en lugar de esa idea, sería bueno adelantar la asunción de responsabilidades y “dejar al niño ser niño” pero también al “niño evolucionar hacia etapas superiores”.

No se trata de esfuerzos, premios a la excelencia ni otro tipo de cuestiones políticas alejadas de la realidad actual. Se trata de cambiar la sociedad por la base creando adultos capaces, libres y que sean capaces de tomar sus propias decisiones. ¿Es malo dar libertad? ¿Es malo dar autonomía? Pues parece que sí. Vallas en los centros educativos cada vez más altas, mayores controles exhaustivos de asistencia a etapas más avanzadas (¡se pasa lista en muchas Universidades!), más tolerancia respecto a actos “de baja intensidad” cometidos por los alumnos, más miedo a los padres y a los inspectores, más y más reuniones para hablar de soluciones que no se toman (ni se atreven a tomar).

La solución no pasa por infantilizar sino por hacer adultos. Responsables y consecuentes. Si la hacen, que la paguen. Si tienen ideas, que las expongan como adultos. Si consideran, a partir de una cierta edad, que estar en el aula no les aporta nada, que lo digan y se les ofrezcan alternativas reales (y no cara a la galería).

Tenemos personas, moldeables y adaptables. También, fácilmente manipulables. Son materia prima dúctil y muy sensible, por lo que se tendría que ir a dotarles de una mayor autonomía en lugar de recortarles su derecho fundamental, que más allá del simple hecho de aprender, es el de dejarles ser adultos y que tomen sus propias decisiones.

Dejemos que los niños sean niños, pero dejemos que evolucionen a las personas adultas que se merecen ser.

Comments

  1. says

    Jordi,

    M’ha agradat molt, tot i que l’he llegit atemorit. Justa la fusta! No sé si és per aquest passivisme que ens han transmès, però veig que els humans ens costa assumir compromisos per por. Ens espanta assumir responsabilitats. D’altra banda, què podem esperar d’una societat formada per consumidors: poc esperit crític, nascuts per entomar!

    Salutacions,

  2. Vicente says

    Esto me recuerda a lo que dicen mis alumnos de 2º de Bachillerato sobre los de 1º de ESO “los niños de 1º de ESO son cada vez más pequeños”. Mi experiencia no es esa, forma parte de los tópicos.

  3. Fernando says

    Genial reflexión extensible a la sociedad en general, cada vez menos autónoma y menos responsable. Estamos cada vez más acostumbrados y acomodados a que nos lo den todo mascadito y a que las responsabilidades recaigan en los demás, lo que nos hace cada vez más esclavos y dependientes. En la Universidad, con el Plan Bolonia, ya se ha empezado con la secundarización de la que hablas. Entre controles de asistencia y actividades cada vez más guiadas, se está perdiendo la capacidad de cada alumno para prepararse como crea más conveniente y recurrir al docente sólo cuando necesite asesoramiento. Estoy haciendo un curso de adaptación a los nuevos Grados, y las diferencias con respecto a cuando estudié hace ya 10 años son notables.

  4. Rafonix says

    Me gustaría realizar el siguiente experimento: mantener la misma clase de ESO indefinidamente, pasando curso tras curso, las materias que diesen serían lo de menos. Estoy seguro que algún alumno llegaría a los 30 años con el mismo comportamiento que tiene con 16.
    Creo que las personas maduramos al enfrentarnos a situaciones de adultos, para nuestros alumnos, permanecer en una clase con compañeros de la misma edad no es una situación que invite a comportarse como adultos, sino a seguir actuando como cuando eran más jóvenes.
    Estoy seguro que muchos de los que dejan la escuela tempranamente y se ponen a trabajar dentro de un mundo de adultos, tienen más madurez en algunos aspectos que los que siguen estudiando.

  5. salvaoret (Salvador Barrientos) says

    Tu post me plantea la vigencia e influencia de la postmodernidad, esta época confusa que vivimos y que se caracteriza por lo que Lyotard llamó “la pérdida de los grandes relatos” que históricamente han sustentado la acción humana: la religión y las ideologías, en un primer estadio y la ciencia, en una segunda etapa. Sin relato justificador, la vida se vuelve una búsqueda de sensaciones y emociones, puesto que buscar el sentido vital se ha convertido en una tarea inútil. Tras unos tiempos sólidos, basados en ideologías fuertes, se ha pasado a lo que Vattimo llamaba el “pensamiento débil” y mi admirado Bauman denomina “tiempos líquidos”: ausencia de responsabilidad, de vínculos duraderos, de compromiso. Lypovetsky habla de era del vacío, de ética indolora. ¿Por qué cuento todo esto? Para intentar situar la infantilización de la sociedad, y por tanto, de los alumnos que ya no tienen edad para ser niños.
    Educar es preparar a los jóvenes para que tomen sus decisiones, de manera responsable. Pero el ambiente es irresponsable, por decirlo de alguna manera. Así, los padres piden menos cosas a sus hijos; la escuela ve muy complicado exigir unos mínimos de organización del aprendizaje (tareas para casa, estudio, disponibilidad hacia la actividad); la política es cada vez más un espectáculo en que se participa ocasionalmente, no desde la militancia o la acción continuada. Así, es difícil crecer y madurar.
    Bajando a asuntos más concretos, a algunos de mis alumnos de cuarto EP sus madres les hacen la mochila y, si les falta algo, las culpan a ellas… Hablamos de niños de diez años, perfectamente capaces de consultar una agenda y meter unos libros en una cartera. Cartera que, por cierto, suelen llevar sus madres al cole, mientras ellos van libremente. Luego, con dieciocho años, quizás no sepan tomar sus decisiones, o cargar con su propia bolsa. No les han enseñado.

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  1. Información Bitacoras.com…

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