La mejora del sistema educativo no pasa por más leyes

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Dalton McGuinty

Dentro de las numerosas cuestiones que se nos plantean a la hora de establecer una mejora del sistema educativo, la principal es determinar qué aspectos son importantes para el mismo y actuar sobre ellos. El objetivo último nunca puede ser mejorar la eficiencia, ya que la proporcionalidad de la mejora vendrá marcada por conceptos de eficacia en resultados (tangibles e intangibles) que harán dicho sistema eficaz. Eficacia y no eficiencia. Eficacia buscada y eficiencia que surgirá como respuesta a la propia mejora del sistema que se ha de establecer.

En esa línea se promulga McGuinty, primer ministro de Ontario (Canadá). Un primer ministro que, a pesar de sus desafortunadas relaciones con el colectivo docente, siempre ha tenido bastante claro por dónde debe de ir la mejora del sistema educativo. Una mejora basada en los siguientes puntos (establecidos en forma de enunciados):

Punto 1. El impulso para cualquier avance educativo no puede ser una moda

Aplicando dicha premisa a ciertas situaciones, a nivel de implementación de diferentes programas tecnológicos (Escuela 2.0) y a otro tipo de “experimentos” educativos, nos encontramos en la actualidad con la completa desmantelación de los mismos. Por tanto, podemos achacarlos a una moda puntual. Una moda en la que se han convertido por estar los mismos pendientes de la ideología (y sistemas de eficiencia -que no eficacia-) del gobierno de turno. Algo que, desde el momento que toma dicho rol, jamás puede ser planteado como un elemento de futura mejora del sistema. Un impulso que se quedó en ello. Una idea mal implementada que, por diferentes cuestiones (más o menos entendibles), ha desaparecido de las prioridades de las Administraciones educativas que disponen de competencias para su continuación. Un desmantelamiento de una moda demasiado efímera. Una moda, demasiado cara, sin ningún tipo de repercusión en las aulas más allá de la sustitución de libros de texto en papel por ultimísimos coetáneos digitales que aportan bien poco a los anteriores o a la aparición de cuatro docentes que intentan llevar a cabo una mejora educativa significativa, en entornos reducidos, mediante esas nuevas herramientas.

Punto 2. La reforma educativa no es importante para el gobierno, a menos que sea personalmente importante para su jefe de gobierno

No es de recibo que la clase política se aleje de centros educativos públicos para llevar a sus hijos a centros “de currículums específicos” (privados con planes de estudio propios -colegios alemanes, liceos, etc.-) ni a centros donde se establezcan filtros en la matriculación de los alumnos. Si los propios políticos no creen en el sistema que ellos han de legislar, es lógico que las reformas educativas no tengan un objetivo real de mejora. ¿Qué sentido tiene establecer la mejora de un sistema en el cual no se apuesta de forma personal? ¿Qué sentido tiene una ley educativa, redactada por “sabios” o “expertos” cuyos nombres se desconocen, cuando ni el propio jefe del gobierno anuncia personalmente esa nueva ley? ¿No es importante una reforma educativa para ser anunciada por la máxima autoridad del país? Si se trata la Educación como algo subsidiario, ¿es lógico pensar en una mejora educativa real?

Punto 3. No se detectaran resultados de mejora educativa a menos que los docentes estén implicados en la misma

Aislar al colectivo docente de la toma de decisiones y, ser cada vez más criticados por parte de los políticos que tienen en sus manos el gobierno, es algo contraproducente. No tiene ningún sentido vapulear a quien va a tener sobre sus hombros una de las cargas y tareas más importantes para establecer una mejora de resultados (y, cuando hablo de resultados, que nadie entienda los mismos como exclusivamente basados en temas académicos). Si no están implicados o motivados, difícilmente se les puede exigir que sean corresponsables en la mejora de esos resultados que se pretenden.

Punto 4. Para tener éxito se necesita mejorar la capacidad y habilidades de los que intervienen en el proceso educativo

Queda claro, a la vista del punto anterior, que sin una correcta formación del profesorado en nuevas habilidades metodológicas, una necesaria formación de muchos padres (gran parte de la culpa del fracaso escolar depende de situaciones familiares) y un desarrollo de las habilidades de los alumnos para ir asumiendo nuevas capacidades sociales y, en su futuro, laborales, estamos abocados al fracaso. No podemos olvidar que las capacidades y la habilidad de mejorar las mismas, son clave fundamental de un nuevo paradigma educativo centrado en el éxito.

Punto 5. Las reformas educativas y planes de acción se han de centrar en muy pocas prioridades. Las mismas han de ser perseguidas implacablemente

Nada de máximos. Unos mínimos básicos que han de ser regulados más allá de currículums demasiado poco flexibles (aunque más de lo que muchos que usan las programaciones de los libros de texto como currículum). Unos mínimos que han de ser legislados y marcados como objetivo principal de cualquier gobierno. Unas prioridades que irán expandiéndose conforme se vayan asumiendo las anteriores. Unas prioridades en las que se han de centrar las partidas económicas y todos los actores implicados en el sistema educativo.

Punto 6. Los recursos siempre han de ser ampliables. Una vez se detecten mejoras significativas, el gobierno establecerá nuevos planes de inversión sobre todo el sistema

Racionalización del gasto educativo. Con menos (y no estoy hablando a nivel de salario de sus trabajadores), a veces se puede hacer más. Con una correcta redistribución del gasto educativo para centrarlo en objetivos prioritarios podemos hacer que el mismo rinda mucho más. Eso sí, tal como se indica en el postulado anterior, el gobierno siempre ha de tener partidas disponibles para el ámbito educativo por si conviene establecer nuevos objetivos finalistas al ser las prioridades previas asumidas y superadas. Cheque en blanco para la Educación en base a una correcta gestión e implementación de sus recursos. Una gestión destinada a la mejora de la eficacia por delante de la eficiencia. Una eficiencia que, en demasiadas ocasiones, pervierte las prioridades del sistema.

Punto 7. La mejor manera de mejorar los resultados de los centros educativos es que esa lucha sea personal

Si conseguimos implicar a los docentes, padres y alumnos en una mejora “a pequeña escala” por sentirse parte integrante de un colectivo reducido, las posibilidades de mejora de resultados aumentan exponencialmente. Personalizar un entorno educativo es siempre garantía de éxito. Convencer a la comunidad educativa de que el centro es parte de sus “posesiones” (eufemismo con cierto valor por su intencionalidad) es algo que puede marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso de cualquier proyecto educativo.

Punto 8. La Educación es algo vivo porque se basa en personas. Por tanto, la tarea de mejora educativa nunca se termina y siempre quedan más objetivos que alcanzar

En Educación no hay máximos. Son etapas que se han de quemar hasta llegar a un objetivo que, a fuerza de mejoras establecidas y objetivables, siempre se halla más lejano. Lo lejos que un país llegue en esos objetivos adquiridos estará íntimamente relacionado con la solvencia, a nivel social y económico, del mismo. Un país solvente es un país donde los objetivos se están cumpliendo. Un país en crisis (y no sólo económica) es un país donde aún queda mucho por hacer.

Unos puntos muy básicos para establecer una mejora educativa real. Una mejora que, por mucho que se legisle, está basada en cosas mucho más sencillas y fáciles de implementar. Una mejora que nunca llegará con articulados legislativos cada vez más rígidos y menos dotados de sentido común.

2 Comments

  1. En mi opinión mientras no se haga una Ley de Enseñanza y no educativa (educar se educa en casa) no iremos a ninguna parte. Las sucesivas Leyes por las que hemos pasado han sido un fracaso, especialmente desde la famosa LOGSE que se cargó el esfuerzo personal y el mérito, algo fundamental en el mundo supercompetitivo en el que vivimos. Hacer leyes para adoctrinar nos lleva a lo que tenemos, millones de licenciados en NADA, porque de nada sirven sus rimbombantes titulaciones. La realidad es la que es no la que algunos políticos sueñan.

    Saludos

    Reply
  2. Cuando un país se concibe como una empresa y la principal prioridad es que sea competitivo, que produzca más, mejor y más barato, resulta fácil imaginar qué puede esperarse de su modelo educativo. Si este es el objetivo, todo lo que no esté encaminado a aumentar la eficiencia, todo lo que no sea útil para este fin, resulta superfluo.

    Somos muchos y no hay suficiente para todos, solo para los mejores, para los más listos o los más fuertes, para los que están mejor preparados. Este es el mensaje y está en contradicción con el modelo de escuela pública que se postula en las leyes educativas: una escuela que facilita la igualación social incluyendo a todos y en la que nadie debería sentirse discriminado por su diferencia.
    Pero esta incoherencia entre lo que se dice y lo que se hace nos afecta a todos. Hay un sentir ambiguo en el que, por un lado, queremos una educación distinta y, por otro, necesitamos la seguridad de que esta educación no nos deja en desventaja. Y buscamos una solución de compromiso que quiere creer que la fórmula consiste en formar mejor a los profesores, en que estén mejor pagados, dispongan de más recursos y sean capaces de motivar más a sus alumnos.

    Esto ayudaría, pero no basta ni es lo fundamental. De poco sirve comprar más ordenadores o que los profesores asistan a más cursillos si, paralelamente, no se cuestionan y se buscan alternativas a prácticas tan arraigadas como los exámenes, las notas, los deberes, los agrupamientos rígidos por edades, la compartimentación del saber en cursos y asignaturas, la repetición, sin elaboración, de lo que se ha memorizado y tantas otras rémoras.

    http://www.otraspoliticas.com/educacion/incoherencias

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