La metodología docente. Análisis, observación, discusión y mejora

La metodología docente consiste en responder a la pregunta de ¿cómo enseñamos?. Cada uno de los docentes dispone de sus mecanismos y estrategias (que adaptan en función de la tipología de sus alumnos -en la mayoría de los casos-) que les permiten impartir docencia de su materia (o materias) en determinados grupos. Pero, muy pocas veces se plantea si se está usando una metodología adecuada.

De siempre es oído que “cada maestrillo tiene su librillo” y, con ello nos quedamos la mayor parte de las veces. Nuestra función es demasiado importante para dejar nada al azar y a nuestros “librillos”. Desde que la sociedad está en crisis (y no sólo económica) se está planteando la necesidad de desarrollar y, posteriormente usar, unas mejores estrategias más efectivas. Las nuevas tecnologías, incorporadas en el día a día de nuestras aulas nos condiciona a que ello sea así y, por tanto el establecimiento de líneas de mejora externas se hace imprescindible.

Cuatro fases en cualquier mejora de producto, aplicables a algo tan sensible como la Educación:

  • Análisis
  • Observación
  • Discusión
  • Implementación de la mejora

Todas ellas con posibilidades infinitas y, a la vez, diferente para cada caso concreto (de aulas y docentes). No es fácil, ya que no sólo depende de la capacitación del profesorado (y no sólo en lo que a TICs se refiere), ya que tiene también mucho a ver con las infraestructuras, situaciones geográficas y tipos de plantillas de nuestros centros educativos.

Uno de los sistemas de mejora más económicos que existe es la observación externa de la docencia. ¿A qué me estoy refiriendo? A un proceso, realmente simple, que permitiría que otro docente (o docentes) se sentaran en nuestras aulas y observaran nuestras metodologías y el impacto que las mismas tienen en nuestros alumnos. Una vez realizada dicha observación, reunión para discutir y analizar las posibles mejoras que se podrían aplicar. Opiniones mucho más objetivas que la del propio docente, las cuales implican una mayor capacidad inherente de mejora. Mejora de métodos y, ayuda en su implementación.

Lamentablemente, eso de abrir las aulas sigue siendo aún una opción que causa muchas reticencias a muchos docentes que, no ven nada claro lo de trabajar en un centro de forma tan transparente. Pero, por suerte, cada vez las ideas de compartir y enseñar metodologías, trabajos y estrategias de aula poco a poco (y tímidamente) se van normalizando.

Supongamos que, somos docentes interesados en la mejora de nuestra praxis y, dejamos que nuestros compañeros nos asesoren abriéndoles las puertas de nuestras aulas. Pues, previamente a esa introducción en el aula, convendría hacer un análisis de la situación. ¿Quién hace dicho análisis? El profesor que decide que quiere mejorar sus estrategias mediante observaciones externas. Se pactan horas, grupos y actividades para realizar en esos períodos de observación, junto con una elaboración de hojas de estudio de los casos concretos. ¿Es otra oposición? dirán algunos. Pues sí, es una oposición a la que nos habríamos de someter habitualmente todos los docentes.

Una vez diseñadas las estrategias de incorporación de los “auditores” externos en el aula, nos dedicamos a crear una situación lo más normalizada posible (ya sabemos que con observadores externos -caso del inspector en la evaluación de la fase de prácticas- los alumnos no se comportan igual) y, a lo largo de unas determinadas sesiones normalizamos dicha observación. Es más fácil con docentes del propio centro, conocidos por los chavales y, que les genera menor sensación de inseguridad (cosa que también agradece el docente que ha pedido dicha evaluación).

Después de la clase o clases pactadas se genera una discusión con los docentes participantes en la observación para establecer posibles líneas de mejora (siguiendo plantillas previamente elaboradas o en charla convencional) y, se toma nota de las posibilidades de mejora que se ofrecen.

Finalmente, se implementan algunas de las “recomendaciones”, observando si ese cambio metodológico sirve para mejorar nuestra experiencia docente. Si detectamos una mejora en la respuesta de aula y, una mayor satisfacción personal al finalizar nuestras clases, ello significa que la implementación va por el buen camino. En caso contrario, nuevos análisis, discusiones de la situación e implementación de nuevas estrategias.

Es muy duro abrir un aula al exterior (dejando que nos observen y juzguen), pero es mucho más duro equivocarnos en nuestras metodologías. Y, lo que es aún peor, la posibilidad de estarnos equivocando clase tras clase y, curso tras curso sin posibilidades de rectificación.

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