Los docentes no somos informáticos

no_informaticos14No puedo menos que transcribir, a mi manera, una conversación que tuve hace un par de días con el informático responsable de una determinada editorial de libros de texto. Conversación surrealista que demuestra la necesidad de establecer sinergias entre los informáticos que se dedican a trabajar para empresas que ofrecen servicios educativos y docentes. Algo que, en demasiadas ocasiones, parece imposible de conjugar.

Pongámonos en contexto. En nuestro centro educativo se usan libros de texto digitales de dos editoriales diferentes. Dos editoriales con sus propias plataformas, gestión de usuarios y servicio de asistencia técnica. Dos editoriales con libros de texto digitalizados de diferente calidad (entre pésimos y muy pésimos) que son usados, a excepción de casos aislados (entre los que me encuentro), mayoritariamente por el profesorado.

Hay una de las dos editoriales que nos lleva “puteando” (siento el exabrupto) desde hace bastante tiempo a los docentes que nos encargamos de la gestión de eso llamado 2.0. Una editorial que nos ha tenido en vilo al principio de curso por no ser sus libros digitales, a pesar de habernos prometido a lo largo del verano que sí que lo eran, compatibles con sistemas operativos basados en linux de 64 bits (en nuestro centro todos los alumnos de primero de ESO, por iniciativa de un servidor y su compañero de Departamento, llevan preinstalado en sus equipos sólo Ubuntu en su versión de 64 bits). Libros para los que sacaron una actualización (llámese chapuza) que permitió que, al cabo de unas cuantas semanas de haber empezado el curso, se pudiera trabajar con ellos.

Lo anterior se quedaría en una simple anécdota si no fuera porque, curiosamente al pasar el período de garantía, los portátiles de nuestros chavales empiezan a morir súbitamente y, por ello, hay muchos que se compran equipos que corren bajo Windows 8 (a pesar de haberles recomendado, por activa y por pasiva, que era mejor cualquier otro sistema operativo). Un sistema operativo que no permite la instalación de esos libros digitales. Sigue el despropósito. Semanas hasta que sacan una actualización (otro parche) para que su libro pueda funcionar, haciendo malabarismos y obligando a perder muchas horas de mi tiempo, bajo ese sistema operativo.

El despropósito no se acaba con lo anterior, ni con la obligación de tener una determinada versión de Java para que funcione, ni en las actualizaciones que debemos tener para que ese maravilloso flash no nos deje colgados. El culmen del despropósito se da hace una semana. Una actualización de Windows que hace que los libros digitales de segundo de ESO dejen de funcionar de forma escalonada. Dos un día, otros cuatro el otro, uno el siguiente,… Horas para intentar ver qué demonios pasa con ello. Reinstalación de los libros, revisión de las actualizaciones, consultas a la editorial, etc.

Finalmente, hace un par de días, me ponen en contacto con el informático de la editorial. Un chaval, por la voz bastante joven, que reconoce que hay problemas con los libros digitales y me comenta que no tienen solución para el problema. Bueno, solución no hay pero, como dice textualmente, “podéis probar el parche para Windows 8 que a veces funciona en los problemas inespecíficos que me comentas“. Sabe que es un marrón que los libros dejen de funcionar pero me comenta que “la tecnología es demasiado cambiante para garantizar unos libros en formato digital que funcionen“. En ese momento, alucinando.

Sigue la conversación comentando que los informáticos hacen lo que se les pide. Que poco tienen que ver con la gestión de los libros. Que son informáticos contratados después de que otra empresa informática creara los materiales. Subcontrata de subcontrata. Informáticos a precio de saldo que desconocen completamente, más allá de hacer apaños con toda su buena intención, el producto que gestionan a nivel técnico. Manda huevos, con perdón.

Que no, que la culpa es de la evolución de la tecnología. Que ahora están sacando una versión para iPad. Que quizás, con suerte, tengan la versión para mostrar a finales de curso (curiosamente cuando pasan a vender el producto por los centros). Que no me garantiza que la nueva versión funcione bajo todas las plataformas. Que quizás sería bueno tener máquinas uniformes y bloqueadas en el estado de funcionamiento del producto. Que la culpa no es suya. Que los problemas son debidos a la distancia que hay entre ellos y los docentes. Que todo se debe a una mala planificación empresarial. Que…

Creo que hay algo que funciona realmente mal si consideramos al informático como paladín educativo. Algo no funciona si los problemas tecnológicos lastran el uso de un determinado producto educativo. Algo va realmente mal si después de los problemas que dan determinados productos no implican dejar de contratarlos.

La semana que viene, como mucho me temo, tocará ir poniendo esos malditos parches a cada uno de los equipos que han dejado de abrir esos maravillosos libros digitales. Horas perdidas que van en detrimento de otras tareas mucho más útiles. Qué los docentes no somos informáticos, coño.

Comments

  1. says

    En parte lo que dice el chaval informático es cierto: si creas un libro digital que va a ser instalado en PCs y otros dispositivos (aplicación nativa, vaya), estás supeditado a los cambios tecnológicos que hagan fabricantes y grandes empresas tecnológicas. Estás vendido a no ser que seas un Bill Gates.

    La solución pasa por tener libros digitales que no se tengan que instalar en el ordenador, en formato PDF (que para acabar teniendo un pdf en vez de un libro en papel no hacían falta tantas alforjas…) o en formato web 100% digital e interactivo (creo que solo una editorial lo ofrece). Claro, eso trae otro problema: la dichosa conexión a Internet que en el centro falla como una escopeta de feria y en casa de los estudiantes no podemos asegurar que vaya a estar.

    Si queremos trabajar con ordenadores en el aula en el siglo XXI considero indispensable que se garantice una buena conexión a Internet en el aula. Conozco centros que tienen la red wifi estropeada y la consejería no se la arregla ni les permite arreglarla con fondos propios!! Kafkiano cuanto menos!

    • says

      Para usar un simple pdf me quedo con los libros de texto tradicionales en papel. Más baratos y versátiles (lo que da un rotulador amarillo fosforito para remarcar lo que va a salir en el examen).

      Ahora en serio, como bien dices el principal problema es la conectividad de los centros educativos. Conectividad que impide usar determinados materiales (en el mío no es posible ver un vídeo online de Youtube sin haberlo descargado previamente) y que lastra cualquier intento de hacer cosas diferentes con la tecnología. Algo que, por lo que se ve, no interesa solucionar (y cuando lo intentan, curiosamente la conectividad empeora). No hay manera.

      Kafkiano es poco :)

  2. Francho says

    ¿Y por qué no en HTML5/CSS3/Js? Se pueden diseñar libros de texto en estos formatos sin que sea necesaria la conexión a internet. Es cierto que siempre sería mejor poder tenerla, pero cuando las cosas son como son hay que explotar dos vías: una, la de tirar para adelante con lo que hay, y dos, seguir reclamando mejoras (siempre que estas estén justificadas). En centros sin wifi el modelo de un libro no dependiente de internet pero con necesidad de actualización podría pasar por que el profesor lo actualizase y lo pasase a los alumnos. Son ideas, seguro que no estoy teniendo en cuenta otros problemas que surgirían, pero es que nos complicamos mucho la vida…

    Yo trato de estar bastante al día de las líneas en las que se trata de innovar o desarrollar las TIC aplicadas a la educación y la tendencia de algunos grupos de trabajo es a la simplificación máxima, a la interoperabilidad, a la no dependencia de un tipo concreto de dispositivo, a estándares abiertos, etc. Pero el choque se produce en dos puntos del sistema: la administración no quiere cosas simplificadas, los proyectos que obtienen financiación pública son aquellos que son capaces de presentar monstruos que no tienen en cuenta la usabilidad, a los usuarios finales, a los profesores (como intermediarios o como creadores), etc. Y las empresas (o algunos de sus directivos), que no tienen ningún interés en estándares abiertos, sino que les interesa sacar productos a un coste muy reducido (Java, le das una patada a una piedra y te salen 20 “pogramadores” de Java) y que la competencia no pueda imitar un producto sencillo.

    Por eso pienso que con un libro digital en HTML5 sobraría. HTML5 te da la estructura del libro bien definida; CSS3 te da el diseño; eso son las dos partes que corresponden a la edición. Falta la interactividad: Javascript. Y tampoco es que haga falta una interactividad desbordante, que se trata de que pongan parte del aprendizaje en práctica (y si no, papel y boli, que tampoco hace daño).

    • says

      El problema que le veo a hacerlo enteramente en offline es el miedo que las editoriales tienen a la piratería.

      Igualmente, considero imprescindible una buena conexión a Internet (o conectividad de otro tipo) para interactuar entre profesores y alumnos (enviar deberes, hacer modificaciones en los materiales, proyectos colaborativos a distancia, etc.).

      ¡Hay centros públicos en los que se han equipado aulas enteras con pizarra digital, equipo de sonido, ordenadores/tablets para todos y ultrabooks para el profesorado pero que no han tenido conexión en todo el curso!

      De todos modos, coincido contigo con que el formato HTML5 es el más fresco y que tiene más posibilidades para crear los nuevos “libros” de texto.

    • says

      Estoy de acuerdo con tu comentario. Interoperabilidad, no dependencia del dispositivo de visualización y estándares abiertos. El problema es “¿interesa lo anterior a las editoriales?”. El problema es, como bien dices, que hay un modelo de negocio detrás que se ha de mantener. Y la mejor manera de maximizar beneficios es “hacer chapuzas a bajo coste”. Si el margen comercial es bueno, ¿por qué debemos preocuparnos por el consumidor final? Una mala estrategia pero que es la que están llevando a cabo la mayoría de editoriales de libros de texto cuando digitalizan sus materiales (pdf y alguna animación).

      Coincido con lo del HTML5 como base y CSS3 para el diseño (lo digo desde la perspectiva de un docente no informático) pero, como he comentado anteriormente… ¿a quién le interesa vender algo de lo que no pueden hacer una presentación donde suelten una animación que no va a servir a nadie?

      Gracias por el aporte.

  3. Jaime M. Pérez Gosálbez says

    Por lo que leo el problema no es técnico, no es informático, se trata de un problema de diseño y sobretodo de “decisión”

    Han optado por un libro electrónico en formato cerrado propietario y (supongo) con controles de acceso, no se hasta que punto requieren interacción esos libros o si son simplemente libros con texto y gráficos digitales

    Si son “solo” texto e imágenes debería exigirse un formato totalmente estandar como epub y que cada uno los lea donde quiera, el calibre para unix/windows, cualquier lector para android o ios en tablets, o en cualquier ereader

    Si requieren (de verdad, no por una animación chorra) interacción o animaciones no creo que fuera tan problemático hacerlas desde el principio en html5+css y a funcionar, cierto que los sistemas cambian, pero si uno mantiene las cosas simples suelen aguantar bastante hasta que un cambio radical de sistema te las deja algo cojas (y dificilmente te las deja inusables, todo lo mas algo “descuadradas” ) claro, si usan flash van jodidos, y el java pese a que juran y perjuran que es estable cada actualización hay que cruzar los dedos, para contenidos que van a poder verse en muchos equipos clientes no habría que usar java sino un servidor con el lenguaje que te de la gana y en los clientes un navegador con html y todo lo mas javascript que cualquier sistema lo va a soportar

    Pero como digo el problema aquí no parece “técnico”, la técnica existe y permite hacer cosas accesibles para todos los sistemas, el problema ha sido que han decidido usar una técnica inadecuada que es distinto, de igual forma que el hecho de que el microondas no congele la comida no es un problema técnico, es un problema de que has optado por el electrodoméstico equivocado para conseguir lo que quieres

    http://www.meneame.net/story/docentes-no-somos-informaticos

    • says

      El problema tiene su vertiente técnica. Elementos digitales (en este caso libros de texto bajo diferentes especificaciones) que, por diferentes motivos, dejan de funcionar. No es sólo exigir un formato estándar, es poder tener un material escalable y adaptable. Mucho más que la plataforma, lo que lastra a este tipo de materiales es la imposibilidad, al ser formatos cerrados, de proceder a resolver los problemas técnicos desde el usuario final. Bueno, tampoco es que seamos informáticos los docentes. No, más bien no lo somos.

      La simplicidad se hace necesaria pero, como muy bien sabemos los docentes, hay otros condicionantes que se venden por parte de las editoriales de libros de texto digitales para “tenernos cogidos”. Condicionantes que lo único que ha significado para el alumno ha sido pasar esos dibujos del texto a una animación “chorra” de las que comentas.

      Tienes razón, es más un problema de mal uso de la técnica (interesadamente o no) por parte de las editoriales que un problema “técnico”. Pero esos malos usos de la técnica nos están haciendo perder un tiempo que no debiéramos los docentes en intentar solucionarlos. Es la historia del parche infinito.

      Muchas gracias por tu comentario.

  4. Fuyn Factory says

    eso fácil, pedid a los docentes que creen sus propios libros de textos para los chavales en PDF y cortais con la editorial y se lo plantáis bien claro.
    * PDF sin DRM o en su defecto ODF o WEB a lo sumo

    si la editorial os lo niega pues se lo dejas bien claro

    • says

      O siempre hay la opción menos sencilla pero más eficaz… nos cargamos el modelo de trabajo con libros de texto y usamos otro tipo de materiales menos dirigidos :)

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