Mercadotecnia educativa

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marquetingeducativo1Acudir a eventos de márqueting educativo produce efectos insospechados. El más frecuente… la desconexión. Desconexión que, sin un tratamiento posterior, puede llevar a situaciones bastante más graves. Situaciones en las que te cuestionas muchas cosas. Situaciones que pueden llevar al extremo de sentir alergia por determinados elementos u opciones educativas por haber sido vendidas en un entorno poco propicio, por asesinos de lo que debe ser una buena presentación de un producto destinado a su uso en ámbitos educativos.

Llevo dos días de horario intensivo de bombardeo de productos maravillosos, de tecnología imprescindible en las aulas, de teorías pedagógicas que hacen bueno tal o cual modelo de pantalla digital, de las bondades de las tabletas, de filosofías baratas, etc. Todo ello vendido desde un púlpito por gente que no ha pisado un aula en su vida. Ni la ha pisado y, por lo que he podido ver, mejor que no lo hagan nunca (por el bien de nuestros alumnos).

He descubierto, asombrado, que el PowerPoint usado por el docente más inexperto en esto de las TIC da mil vueltas a esas diapositivas llenas de texto en tamaño microscópico que usan los docentes. ¿No tienen a nadie que les asesore cuando deben realizar una presentación? ¿Una empresa que factura cientos de miles de euros al año puede permitirse el lujo de hacer una presentación soporífera e ininteligible? ¿Es necesario maltratar a la audiencia intentando vender un producto con una estrategia de venta tan risible?

Debo comentar que ha habido un par de excepciones. Una excepción en la tarde de ayer cuando acudí (duplicándome) a la presentación del proyecto Aula 2.0, donde la primera ponencia fue de un docente (y eso se notó positivamente). Y, una segunda hoy, donde con una presentación regular, se ha vendido un producto muy interesante (una plataforma de libros Creative Commons denominada Liberdocs).

Más allá de lo anterior no tengo muy claro cuál es el objetivo de este tipo de eventos. Tampoco tengo muy claro a quién van dirigido. Lo que sí que tengo claro es que si la decisión de comprar o vender un determinado producto educativo debe de ir marcado por el desarrollo expositivo del mismo… se van a comer los mocos. Unos mocos que quizás deben de estar suficientemente surtidos de pañuelos de papel por alguien, ya que, si ello no es así, no se explica. No se explica ni comprende el despropósito al cual se ha sometido mi ya, suficientemente, sensible entramado cognitivo a lo largo de estos días por antivendedores de unos productos que, después de las malas presentaciones, me niego a juzgar.

Cualquier docente de aula, sin ningún tipo de curso de oratoria ni estrategia de márqueting, daría mil vueltas a la mayoría de infumables presentaciones que llevo tragándome estas últimas cuarenta y ocho horas. Unas presentaciones que, realizadas por cualquiera de mis alumnos, les condenarían a una calificación fuera de rango.

Vender bien un mal producto educativo puede ser asumible pero, vender mal un producto regular, hace que el mismo pueda perder cualquier tipo de atractivo.

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