Ni nativos ni inmigrantes, peones digitales

Conforme más leo en referencia a las definiciones sobre nativos, inmigrantes,… y cualquier otro adjetivo que acompaña a la palabra digital, me entran cada vez más dudas de la realidad de las mismas y, cada vez me da la sensación que estamos estableciendo una palabrería errónea para calificar (o más bien clasificar) determinados modelos personales en referencia a su capacidad de enfrentarse con el mundo digital que nos rodea.

¿Podemos hablar de nativos/inmigrantes digitales para hacer referencia a aquellas personas, nacidas con posterioridad a una determinada fecha, por el simple hecho de que en ese momento ya había un determinado tipo de tecnología digital que les rodeaba? ¿Dónde quedan los conceptos de aprendizaje digital, de posibilidades de uso de la misma, …, en definitiva, de autonomía personal en el uso de esos nuevos aparatos?

Usar una blackberry (ahora tan de moda en los disturbios londinenses), Twitter, Facebook, Tuenti, etc. no garantiza esa competencia. ¿El uso y las características que usan de esos elementos digitales por parte de los jóvenes, nativos digitales, es mayor respecto a una persona que, según Prensky, haya tenido la desgracia de nacer en una época no digital? Yo creo que no, ya que observando más en profundidad quién y cómo usa la tecnología, estamos viendo que la franja poblacional que hace un mayor uso de herramientas (al margen de las de simplemente de contacto social, que suplen en muchos casos la necesaria sociabilización externa a esa tecnología de uso social) son personas adultas, cuyas capacidades a priori, quizás no sean tan altas, pero con unas competencias digitales adquiridas mucho mayores que las de esos genios por derecho de nacimiento.

Por tanto, ¿por qué no desterrar dichos conceptos y acuñar algo nuevo, que incluya a toda la población y que nos permita hablar de personas competentes digitalmente y no de personas que pueden llegar a serlo?

Siempre me ha hecho gracia, por sus potencialidades y amoldamiento a la realidad digital, hablar del concepto de peón digital. Para intentar incorporar este concepto se hace necesario conocer y exprimir las características que tiene dicha pieza ajedrecística. Pensemos que “el peón es la única pieza del ajedrez que sólo puede mover hacia adelante.  Es el más pequeño, el más humilde y en palabras del famoso ajedrecista de los tiempos de la Revolución francesa, Philidor, el alma del ajedrez.  El peón sólo avanza.  No mira atrás, no se lamenta de lo que pasó en la casilla anterior, está donde está y ya mira a la casilla siguiente, con la ilusión puesta en la octava fila, en pos de una meta que normalmente no consigue.  Fuerte en su tesón, débil en su pequeñez, resiste y avanza mejor con ayuda de sus iguales.  El es prescindible, pero los de su clase no lo son.  Cuando es joven puede avanzar dos casillas, en su madurez irá de una en una, siempre adelante, con coraje, ilusión y determinación. Cuando llegan a la octava fila pueden ser lo que quieran, así que nada tienen que envidiar a las demás piezas, a las que su condición les vino de nacimiento.  Un peón sabe que será mejor torre, caballo, alfil o si le da por travestirse, dama que cualquiera de aquellas a las que su condición les vino regalada” (fuente).

Por tanto, incorporemos esa definición, más acorde con la realidad que la de nativo o inmigrante, ya que se basa en la potencialidad y desarrollo de las competencias digitales, esas que se presuponen (por la facilidad de asumirlas) a una parte poblacional (el peón puede avanzar hasta dos casillas en la salida, aunque la meta aún quedará lejos), pero que, en definitiva, todos son capaces de asumirlas (quizás con mayor esfuerzo, en función del ámbito generacional del que hablemos). Todos empiezan “en blanco” y van incorporando esas nuevas tecnologías a su uso cuotidiano (o profesional) y, partiendo de ello, avanzan cual peón en su desarrollo competencial hasta adquirir ese nivel competente que necesitan para su uso o disfrute personal o profesional. Por tanto, son las personas a nivel individual quienes deciden qué competencias digitales quieren asumir y el camino para asumirlas, avanzando casilla tras casilla, en un gran tablero digital.