#somescola14J y el caso de las lenguas maternas

Esta tarde en Barcelona va a producirse una manifestación para defender el uso del catalán en los centros educativos. Una manifestación tras la que subyacen deseos independentistas (muy respetables, por cierto) so pretexto de defender la no “imposición” (vía sentencia del Tribunal Superior de Cataluña que ratifica sentencias anteriores del Supremo y del Constitucional) que obliga a realizar, para aquellos alumnos cuyas familias lo soliciten, un mínimo del 25% de su currículum en castellano.

Debo reconocer que mi opinión sobre el tema viene muy sesgada por mi lengua materna (el catalán) y, por ello, he defendido siempre que la lengua vehicular del aprendizaje en Cataluña sea el catalán. A pesar de ello no puedo menos que empezar a cuestionarme algunas cuestiones educativas que subyacen tras lo anterior. Cuestiones muy relacionadas con declaraciones de la UNESCO en defensa de la escolarización del alumnado en los primeros cursos en su lengua materna. Algo que choca en gran parte con el modelo de inmersión lingüística aplicado en Cataluña. Algo que choca también con la eliminación de líneas en valenciano en zonas de la Comunidad Valenciana valencianohablantes. Algo que también chirría en esas zonas castellanohablantes de la Comunidad Valenciana donde el número de líneas en castellano se convierte en residual. Algo que es realmente preocupante en las Baleares donde la persecución al catalán es manifiesta con decretos de plurilingüismo que lo único que pretenden es encubrir la desaparición, en muchos casos, de horas de lengua materna. El tema del aprendizaje me preocupa y, por ello, creo que debe primar el beneficio del alumno por delante de cualquier otra cuestión.

Mi generación ha sido la primera en ser educada exclusivamente en catalán. Mi abuelo, maestro de profesión, siempre me comentaba que no tenía ningún sentido (y estoy hablando en la época franquista) en zonas rurales catalanohablantes usar el castellano como lengua vehicular de aprendizaje porque no tenía nada que ver con la lengua que hablaban en casa sus alumnos. Si esto lo traslado actualmente a determinadas zonas de Cataluña, me pongo a pensar en lo anterior y siento escalofríos. La misma defensa del uso de la lengua materna para el aprendizaje se ha manipulado para defender imposiciones lingüísticas (de uno u otro tipo).

Las hemerotecas están llenas de grandes lingüistas que ahora abogan por la inmersión lingüística con independencia de la lengua materna del alumno que, justo antes, abogaban por una enseñanza en la lengua materna. Perich, gran humorista, en el año 93 lo trasladó a una de sus viñetas. Viñeta que debería hacer pensar. Pensar y, especialmente, analizar lo que estamos haciendo con la lengua.

Fuente: El Periódico

Fuente: El Periódico

No tiene ningún sentido la falta de sentido común a la hora de decidir la lengua de aprendizaje del alumno. Aún menos cuando la mayoría de estudios recomiendan el uso de la lengua materna (a excepción de informes recientes subvencionados por algunas administraciones para defender su modelo lingüístico) para ser usada los primeros años de aprendizaje. Debo reconocer que me gustaría que el colectivo rumano pudiera recibir aprendizaje en su lengua e incorporación a las lenguas cooficiales (en el caso que tengamos la suerte de tener), que el colectivo árabe pudiera hacerlo en la suya propia y que, en zonas donde los colectivos lingüísticos fueran elevados, poder tener centros donde ese aprendizaje se diera en su lengua materna. Sé que es harto complicado por recursos y capacitación del profesorado pero, lo que no se puede negar, es que pudiendo hacerlo es un sinsentido en los primeros años de escolarización decidir alejar la lengua materna del alumno de su lengua de aprendizaje.

Es lo mismo que pasa con el inglés que ahora quieren imponer en tantos lugares. No es una lengua materna y, por tanto, debería tratarse de forma muy diferente a como se está haciendo (o se pretende hacer). Yo, al igual que hace la UNESCO y muchas otras organizaciones, siempre me posicionaré por un aprendizaje en lengua materna siempre que sea ello posible.

El coste de la plaza escolar en la pública y en la concertada

Hasta el momento de la publicación del siguiente informe, elaborado por el área de Educación de IU y basada en los datos que suministra el Ministerio de Educación, no existía ningún estudio de tal calibre que permitiera arrojar un poco de luz en el debate, siempre interesado y muy mediatizado, respecto al coste que supone para el Estado los centros educativos públicos y los concertados. De siempre ha habido la tendencia de usar, como argumento para la defensa de la existencia de centros concertados, el ahorro que supone su existencia para las arcas públicas. Algo que, después de leer el siguiente informe, no queda nada claro.

Si el coste de la plaza escolar en la enseñanza pública y el de la escuela privada concertada sólo se diferencian en un euro (en los centros públicos asciende a los 4.185 euros anuales, mientras que en los centros privados concertados es de 4.184 euros), ¿a qué estamos jugando defendiendo un modelo educativo de gestión privada subvencionado con dinero público? Eso sí, más allá de lo anterior, recomiendo una lectura sosegada del informe para no quedarse con los titulares más mediáticos.

10 ventajas del libro de texto digital

No hay manera. Intentar vender un producto bajo falsos supuestos es algo demasiado habitual cuando nos referimos al negocio educativo. Vender libros de texto digitales bajo falsas comparativas con el libro de texto tradicional no tiene precio. Menos aún cuando las supuestas ventajas no son tales.

El otro día llegó a mis manos una infografía que tuiteó @aulaplaneta. La cuenta de Twitter que sirve para vender los productos educativos (especialmente su plataforma) de la Editorial Planeta. Cuenta que, por cierto y más allá del despropósito de la infografía que os cuelgo a continuación, es de las que conviene seguir por ser de las mejor gestionadas dentro de las que poseen las editoriales de libros de texto. Pero vayamos a lo importante. Analicemos esa maravillosa infografía y las supuestas ventajas que supone pasar del formato analógico (en papel) al digital.

Fuente: aulaPlaneta

Fuente: aulaPlaneta

  • Motiva a los alumnos al estudio y les ayuda a aprender. El modelo de libros de texto (más o menos remezclados con diferente material multimedia -en el caso de los digitales-) causa el mismo rechazo a los alumnos que antaño. Los libros de texto son un modelo diseñado para que el alumno los odie. Ya los podemos vender como queramos pero, o se cambia el formato de los mismos (ya no serían libros de texto) o aburrimos a los mismos que aburríamos antes. Que los formatos digitales en el mismo encapsulado no es la solución.
  • Permite la autoevaluación. Los libros de texto tradicionales también tienen sus propios cuestionarios de autoevaluación. Por tanto no veo diferencia, más allá de que no hayas de mirar los resultados y te salgan en pantalla, respecto a lo anterior. Otro aspecto que tampoco me convence.
  • Aumenta la interacción entre alumno y contenido. Mientras no aumente la interacción entre alumnos, alumno-docente y docente-familia mal vamos. Interactuar con un objeto por el simple hecho de interactuar si no te ofrece valor añadido tampoco no es muy pedagógico.
  • Proporciona un entorno personalizable. Sí, podemos adaptar hasta la saciedad un modelo constructivista y dirigido pero no deja de ser un modelo pautado para el alumno. Personalización sin más es algo que debería cuestionarse. Por cierto, a los alumnos, en función de sus habilidades, también se les repartía fichas que complementaban al libro de texto tradicional e, incluso, muchos libros de texto tradicionales disponen de actividades pautadas para una ampliación o un refuerzo de conocimientos. Así que tampoco es novedad.
  • Aligera la mochila. ¡Bien, bravo, hurra! El típico mantra de los libros de texto. Por cierto, la mochila también se aligera permitiendo dejar los libros de texto que no van a usarse en la clase. Por cierto, hoy en día hay mochilas con ruedas que van bastante bien para no dejarse la espalda. Y, ¿por qué no hablar del exceso de asignaturas que hacen los alumnos? Creo que diez u once que llegan a hacer en algunos cursos es algo que debería ser más cuestionado de lo que es.
  • Puede consultarse en cualquier momento y lugar (con o sin conexión a internet). El libro de texto en papel también y permite un subrayado bastante más fácil. A propósito, ¿se puede consultar cuando se nos ha acabado la batería del portátil o de la tableta? Los tradicionales sí pueden ser consultados pero los digitales… como que no lo veo.
  • Es actualizable. Un libro de texto tradicional también puede ser actualizado. La llave/clave está en el docente y en su capacidad/habilidad para hacerlo. No hace falta material extra para trabajar noticias de actualidad, con un periódico vamos más que sobrados. Y el periódico se consulta en formato papel (llegan a los centros) o digital (los centros tienen internet).
  • Representa un importante ahorro para las familias. A ver… hagamos unos números rápidamente. Un equipo informático sobre 300 euros, un año de plataforma entre 50 y 90… al acabar la ESO, suponiendo que no haya habido problemas con los equipos (que  casi siempre los hay) unos 500 euros en libros de texto digitales. Yo lo veo caro. Demasiado caro en comparación con otras alternativas que pasan con empezar a trabajar de forma diferente -a nivel de material y estructura metodológica- en los centros educativos.

No, no se puede vender un libro digital ni una plataforma educativa como sanctasanctórum de la innovación educativa. Aún menos intentar comparar, para ser usado como marketing, con los libros de texto en papel so riesgo de perder por goleada. Si las ventajas que se venden son las de las infografía, virgencita que me quede como estoy. Si hablamos de cambio de metodología podemos hablar, pero más de lo mismo con falsas ventajas no lo veo. Como que no lo veo.

El mal docente existe, ¿y ahora qué?

mal_profesorEstoy convencido de que en el sistema educativo hay buenos, malos y regulares profesionales. Estoy convencido, además, que la taxonomización de los mismos va a depender mucho de la óptica con la que se mire. No hay necesidad de rasgarnos las vestiduras por reconocer que, más allá de la consideración de la grandeza de nuestra profesión, hay docentes que son malos.

Sólo un par de cuestiones… ¿quién decide que dicho docente sea malo? y ¿qué características reúne el docente malo? Algo en lo que seguro no nos pondríamos de acuerdo. Algo en lo que cada compañero discreparía. Algo en lo que muchos alumnos y padres también harían.

Entonces, supongamos que se realiza un cribado por parte de la administración y eliminamos a esos supuestos “malos docentes” del sistema educativo. ¿Por qué debemos tomar esa decisión drástica? ¿Por qué la necesidad de evaluar mediante una foto fija -que puede ser incluso tomada a lo largo del tiempo- la tarea de un docente? ¿Por qué aislar las circunstancias personales del mismo de cualquier evaluación? ¿Por qué, en lugar de proceder a su estigma, no nos preguntamos por qué sucede lo anterior y qué estrategias podemos tomar para reconducir la situación? Estoy convencido de que no hay ningún compañero que sea un mal profesional aposta. Ni mucho menos que sea una cuestión de falta de capacidad. Creo que hay mucho tras esas situaciones. Creo que es ahí donde tendríamos que entrar.

Que haya buenos y malos docentes no me preocupa. Me preocupa que no se haga nada para ayudar, al igual que hacemos con los alumnos que lo necesitan, al docente que está teniendo problemas para que consiga salir del hoyo cada vez más profundo en el que está. Un hoyo del que cada vez es más difícil salir. Un hoyo del que estoy completamente seguro que quiere salir.

Hay mecanismos para corregir conductas profesionales. Hay estrategias que permitirían reconvertir a esos profesionales en excelentes docentes. Hay muy buena materia prima. Lo que falta es querer poner hilo a la aguja para lidiar con esas situaciones. Unas situaciones que necesitan mucho de apoyo. Unas situaciones que, en más ocasiones de las que se debiera, están desencadenadas por motivos muchas veces alejados de lo puramente profesional.

Los docentes somos personas. Como tales tenemos un crecimiento dinámico y determinadas circunstancias que lastran, al igual que en cualquier otra profesión, nuestra tarea educativa. Y, lo que menos necesitamos cuando estamos en un bache, es que la única medida que pueda tomarse contra nosotros sea la punitiva o la de aislarnos con nuestros problemas. Los problemas profesionales de un docente implican a toda la comunidad educativa y, es por ello, que la solución debe partir de toda ella.

El docente que me diga que nunca ha tenido baches en su carrera profesional miente. Todos los docentes hemos pasado, por diferentes motivos, por momentos buenos y malos. La mayoría hemos conseguido salir de los mismos por nuestros medios pero no todos pueden hacerlo. Es por ello que se hace necesario ayudar a los docentes que tienen problemas. Es necesario. Se hace totalmente imprescindible.

Enquistar un problema y permitir que un docente lidie solo con los problemas que le convierten en un mal profesional no es sólo culpa suya. Sus compañeros tenemos mucho que ver con esa situación. Una situación que conviene atajar. Una situación en la que conviene echar una mano. A los docentes nos cuesta pedir ayuda aunque muchas veces la necesitemos.

Lo tengo muy claro… el mal docente existe pero no por falta de profesionalidad del mismo. El mal docente existe porque, lamentablemente, nuestro colectivo deja mucho que desear. Mientras seamos francotiradores en nuestros terruños, mal vamos.

Las lecturas no son para el móvil (ni para la tableta)

No me gusta leer en el móvil y eso que lo uso asiduamente para consultar determinados documentos. Tampoco me gustan las tabletas, ya que por mucha manzanita o regulación de iluminación que posean, en poco tiempo de lectura profunda, se me pone un dolor de cabeza persistente. Ni los móviles ni las tabletas son dispositivos pensados para que uno lea textos largos. Que haya algunos que lo hagan no lo discuto pero, en mi caso y en el de muchos que conozco, las capacidades de concentración en esos dispositivos y la sensación que produce después de pasar más de media hora pasando páginas en el pdf de turno, se diluyen en un estado de cansancio general. Leer en el móvil cansa. Leer en tabletas, también.

Últimamente se está planteando, desde determinadas organizaciones, el uso de móviles como dispositivos para incrementar la penetración de lectura en determinados países. Algo que se hace en función de su precio. Algo que, más allá de criterios económicos, nada tiene que ver con la comodidad del aparato y de la capacidad de inmersión en el texto que supone el uso de dichos aparatos.

Fuente: UNESCO

Fuente: UNESCO

Leer en el teléfono móvil no es útil ni pedagógico. Plantearse que en poco más de cuatro pulgadas (tamaño estándar de la mayoría de móviles) se pueda tener suficiente concentración para leer un documento es algo que debería cuestionarse. No tiene ningún sentido quitar la priorización de la lectura frente al dispositivo. Leer largos textos se hace misión imposible si alguien quiere disponer, al final de la misma, de algo de cordura para opinar sobre lo que se ha leído. Dificultar la lectura debería ser lo contrario de lo que se debería potenciar.

Lo mismo sucede con las tabletas. Dispositivos pensados para usos diferentes del puramente relacionado con la lectura. Un elemento tecnológico cuyo objetivo básico es la conectividad permanente. Dispositivo que nunca se diseñó ni planificó su distribución para ser usado como elemento de lectura estática. Demasiada facilidad de desconcentrarse por tener disponible un elemento demasiado potente para ser dedicado a esa lectura sosegada de sillón, sofá o cama. El dispositivo deja de ser el elemento neutro de la lectura. Y, la lectura, por mucho que se empeñen algunos, es una transmisión del autor del texto hacia el lector. Una relación que debe potenciarse. Algo a lo que no ayuda un dispositivo como la tableta.

Para la lectura y el disfrute de la misma (para otra cosa que cada uno use el dispositivo que le apetezca) o el libro en papel o el ebook. No cansan la vista, permiten una lectura sin distracciones y, lo que es más importante, se supeditan al placer que debe suponer la misma. Eso sí, siempre habrá quien diga que ha conseguido leer novelas de quinientas páginas en un móvil. Felicidades. Felicidades por haber conseguido el premio al lector más impenitente.

Usar las herramientas para lo que no son es como querer matar mosquitos a cañonazos. Al final seguro que te los cargas pero el coste de hacerlo es demasiado caro para repetir la experiencia.