De directores, plantillas y arbitrariedades

Estos últimos días, en Cataluña está corriendo como la pólvora la propuesta de plantillas para el curso que viene. Una propuesta que, dentro de uno de sus puntos más controvertidos, es el que permite que el director de los centros educativos pueda asignar dedocráticamente la mitad de su plantilla. Por ejemplo, en un centro de 40 profesores, se permitiría asignar por parte del director mediante pruebas de “dudosa transparencia” (una entrevista personal  subjetiva puede marcar la diferencia entre dos docentes), hasta 20 profesionales. Unos docentes que garantizarían el mando. Unos docentes que deberían favores personales y que ello les impediría actuar contra la mano que les da de comer. Una mano muy cercana. Una mano que tendría poder cada año para renovar (o no) la confianza en ellos.

Para todos aquellos que piensen que lo anterior pueda ser calificado de docencia-ficción me gustaría exponerles mi caso en forma de relato. La experiencia de un docente trotamundos que ha ido aterrizando por algunos centros educativos y, a lo largo de dicho devenir, ha visto las arbitrariedades que, sin decreto, ya se iban cometiendo en la elección de las plantillas por parte de los directores.

Permitidme hablar de cuando empecé en esto. Empecé como interino de profesor de FP. Una FP que, al año siguiente, ya se reconvirtió en los dos ciclos formativos actuales (el de grado medio y el de grado superior). Eramos tres profesores en nuestra familia profesional (la de metal). Dos de taller (actualmente profesores de prácticas de FP) y uno de teoría (el de secundaria). De los tres docentes había uno que era funcionario con plaza definitiva en el centro (uno de los de taller) mientras que los otros dos eramos interinos. Al año siguiente desaparece una de las plazas y tiene que saltar uno de los dos del centro. Yo soy interino con más antigüedad que mi compañero y, aparte soy el único de teoría. Por tanto, lo lógico era que desapareciera la plaza de mi compañero. Cuál sería mi sorpresa al descubrir que la última semana de curso me comentan que desaparece mi plaza. Una sorpresa que, siendo el otro profesor de taller, el cuñado del jefe de estudios se puede llegar a explicar bastante bien. Algo que ratifica la arbitrariedad y el amiguismo que existe en los centros educativos.

No nos quedemos con lo anterior. Sigamos la cronología de mi historia laboral. Una vez desapareció mi plaza de dicho centro, apruebo las oposiciones y voy a parar a un centro educativo donde me piden formar parte del equipo directivo. Acepto dicho cargo y permanezco como miembro del mismo hasta que el Departament d’Ensenyament saca la posibilidad de que el director seleccione a dedo (mediante confirmaciones más o menos dudosas) parte de sus profesionales. Una selección que lleva a cabo de forma arbitraria. Una selección que implica hacer desaparecer una plaza orgánica de matemáticas para poder “meter” a una amiga suya de ciencias naturales. Una chica que, por cierto, no era ni interina y que había venido el curso anterior para sustituir por unos meses a la titular de la plaza. Una chica que, curiosamente, y después de dicho nombramiento dedocrático se incluye en el nuevo equipo directivo y se le obliga a dar todas sus horas de matemáticas. Unas matemáticas que no domina. Unos ángulos, senos, cosenos y tangentes que se van demasiado de sus capacidades reales. Unas dudas que cada día pregunta al profesor de matemáticas en la sala de profesores. Un despropósito para sus alumnos.

Podría seguir hablando de mi destino en la Comunidad Valenciana. De un lugar donde, a priori, existe limpieza en la selección de los docentes (por mérito y capacidad). Eso de llegar a un centro educativo y que el director te diga que “es una plaza muy difícil”, que “si me lo he pensado bien”, etc. resulta agradable. Menos agradable resulta cuando te enteras que dichas preguntas se han hecho porque has desplazado al compañero que había el año pasado y que, por decreto (se incrementa una plaza de forma “más o menos rara”) vuelve a aparecer en el centro. Un centro donde ahora está como jefe de estudios y en Comisión de Servicios. Una Comisión de Servicios ilegal porque no dispone de plaza definitiva. Eso sí, un gran profesional para el que eso no debería tener importancia (a pesar de los perjuicios que lo anterior supone sobre otros docentes de su especialidad).

No estoy hablando de casos aislados. No soy sólo yo quien ha padecido este tipo de selecciones dedocráticas. Hablando con compañeros descubro que es una práctica demasiado habitual. Una práctica habitual que a algunos les va bien (les permite dedocráticamente estar cerca de casa) y que permite que los directores puedan tener en el Claustro profesorado que les debe favores. Unos favores que, seguro, se harán pagar.

Las tutorías, un sistema ineficaz de atención al estudiante

tutor20Hablar de tutorías es sinónimo de varias horas de actividades más o menos programadas y repetitivas. Sinónimo también de hablar con los padres de los alumnos para explicarles su progreso o trasladarles determinadas cuestiones (normalmente problemas de su actitud). Una atención educativa que no funciona. Un cargo (el de tutor) del que huye hasta el más pintado. Hablar de atención al estudiante, basándose en tutorías, cuyo único objetivo en la mayoría de casos es “pasar el año y evitar problemas que supongan un exceso de carga burocrática” tiende a convertirse en un grave error de concepto. Un sistema totalmente ineficaz de atención al estudiante.

Una vez propuse un cambio de modelo en el centro donde tuve un cargo unipersonal. De esos que algunos dejamos cuando vemos la imposibilidad de cambio y, la necesidad para la mayoría de nuestros compañeros de que todo continúe para evitar conflictos mayores. Una propuesta destinada a la eliminación de las tutorías y de los tutores. Una medida radical con la contrapartida que suponía involucrar a todo el Claustro. Un Claustro que se encargaría de la mentorización individual de un pequeño grupo de alumnos. Unos alumnos a los que atenderían desde su incorporación en el centro hasta que se fueran del mismo. Una cantidad de alumnos a repartir entre todos los docentes del centro (incluyendo, algunos que se llevarían directamente, por parte de los miembros del equipo directivo -que también debería implicarse en la labor-).

¿Qué pasaría si los cerca de 300 alumnos (valor promedio) se repartieran entre los 40 docentes del centro educativo (valor estimativo de plantillas en secundaria)? ¿Qué consecuencias supondría que cada docente tuviera que mentorizar a 7 alumnos a lo largo de toda su etapa de escolarización obligatoria (e, incluso, postobligatoria)? ¿Qué relación se establecería entre los padres y los “mentores” en cada uno de esos casos? ¿Alguien se plantea realmente la mejora de esa individualización que supondría para la atención del alumno y seguimiento de su progreso? ¿Alguien se plantea los beneficios de lo anterior?

Ya sé que se trata de algo utópico. Hay muchos beneficios que se quieren mantener. Status quo que no se quieren tocar. Supondría para algunos salir de la situación de confort para acometer una tarea muy importante. Una tarea de la que muchos huyen. Una tarea (la tutoría) que, planteada como se plantea actualmente (un docente para casi 30 alumnos y cambiando prácticamente de forma anual -tutorandos y/o tutores-), es un soberano despropósito.

A propósito… ¿queréis saber quién ganó en la votación de la propuesta que presenté? Los que prefieren permanecer en la zona de confort, apoyados por el silencio de gran parte del Claustro (los que no se involucran nunca y prefieren pasar con sigilo por el centro). Triste realidad. Triste contraste con la ilusión que algunos tenemos para que las cosas cambien.

Desertores de la tiza (versión 2.0)

concepto-de-desertor1Creo que ha llegado el momento de volver a hablar de los desertores de la tiza. Muchos de los cuales desertaron en períodos pleistocénicos pero, algunos otros, están empezando a desertar en los momentos en los que la tecnología ha aterrizado con fuerza en la mayoría de aulas de nuestro país.

En primer lugar conviene delimitar la definición. ¿Qué entendemos por desertores de la tiza? Por desertores de la tiza se entiende aquellos elementos de base de carbono (anteriormente, o quizás no -en caso que nunca llegaran a incorporarse en un aula-, conocidos como docentes) que padecen una alergia a los alumnos y, por ende, a todo lo que pueda suponer ejercer la faceta para la cual aprobaron unas oposiciones (bueno, en el caso de los desertores, también encontramos algunos que ejercen esa deserción con estatus de interinidad).

¿Qué ha cambiado en la actualidad del concepto? Otrora era posible hablar de la necesaria deserción por cuestiones de alergias varias a la tiza (elemento imprescindible para exponer de forma magistral sus maravillosas explicaciones). Hoy en día la excusa tiende más a cuestiones de radiaciones que emiten los proyectores o a esas ondas wifi que pululan de forma descontrolada por nuestros pasillos y aulas. Lo importante es desertar. La excusa es lo de menos.

Llevo mucho tiempo analizando el perfil de los grandes desertores. Unos desertores que se pueden taxonomizar entre los siguientes:

  • Asesores de los centros del profesorado
  • Docentes “a distancia” (algunos con tanta distancia que nunca aparecen en sus centros “virtuales”)
  • Docentes trabajando “dedocráticamente” en Consejerías o el Ministerio
  • Liberados sindicales
  • Políticos que ejercen determinados cargos (no sólo relacionados con la Educación)

Cuatro grupos donde se reúne lo más granado de la antidocencia. Grupos que se atreven a postular mejoras educativas sin, en muchos casos, conocer lo que sucede entre las cuatro paredes de un aula. Un aula que, por cierto, en las décadas que llevan algunos alejados de la misma ha cambiado considerablemente. Un aula a la cual muchos ni tan sólo se plantean volver. Un aula a la cual muchos han cogido alergia y sólo les ha servido como trampolín para sus “elevadas” aspiraciones.

Hace un tiempo tuve curiosidad por saber cuántos desertores de la tiza había. Por saber cuántos docentes se hallaban fuera del aula realizando tareas de dudoso interés para el tema educativo. Por saber si realmente era un clan cavernario, escindido en diferentes familias, con un número apreciable de miembros. A día de hoy, ese número es totalmente opaco y blindado por la Administración educativa. No hay nadie que sepa a ciencia cierta cuántos desertores de la tiza tenemos en nuestro país. Un número que, conforme se distribuyen en el entramado educativo alejado de los alumnos, se va incrementando con los amigos de los primeros, de sus mujeres, de sus maridos o los respectivos de sus hijos e hijas. Eso sin olvidar a los poseedores de ese carnet “puntual” que les abre las puertas necesarias para ejercer ese derecho a desertar.

¿Es realmente necesario tanto personaje, cobrando del erario público, postulando sobre temas educativos desconociendo la realidad de lo que pasa en los centros educativos? ¿Es necesario el liberado sindical a perpetuidad (no olvidemos que casi el 40% de los liberados sindicales de las dos Comunidades que conozco -Cataluña y la Comunidad Valenciana- llevan más de una década fuera del aula)? ¿Son necesarios los asesores que van puerta por puerta al acabar cada curso escolar para evitarse el volver a los centros que, en muchos casos, nunca pisaron? ¿Son necesarios los políticos de carrera docente (que, por cierto, hay muchos) que, una vez despojados de los despachos por las urnas, sigan de asesores o cargos inventados para no volver a las aulas?

No discuto de la necesidad de seleccionar a profesionales para realizar tareas que impliquen alejarse del aula durante un período concreto. Lo que sí me parece lamentable es que, algunos de esos profesionales, consideren ese alejamiento del aula como permanente. Sobran desertores de la tiza, pero nadie se plantea racionalizar esas situaciones de alejamiento que, en todo caso, habrían de ser temporales.

Desmitificando el PLE

Una de las cuestiones siempre controvertidas en esto de las TIC es la cuestión de la asignación de determinadas siglas o nombres “guays” para hablar de conceptos que, lo único que han hecho, han sido evolucionar a nivel de herramientas (dentro de las que nos permiten las nuevas tecnologías). Este es el caso de los PLE (personal learning environment o, en castizo, entorno personal de aprendizaje). Nada más que unas siglas que indican las formas que tenemos de aprender, las herramientas que usamos para ello y las interacciones con las mismas que generamos. Nada más que lo que antaño hacíamos leyendo los apuntes que tomábamos en clase, acudiendo a la biblioteca más cercana, mirando los documentales de la televisión o hablando con nuestros compañeros y docentes.

Como una imagen vale más que mil palabras me permito colgaros la imagen del PLE que ha realizado Néstor Alonso (más conocido en las redes por su alter ego @potachov). Una imagen donde se observan de forma muy clara la sustitución de lo “viejo” por lo “nuevo” y se desmitifican unas siglas tan vendidas y, a veces, confundidas entre un lenguaje de sabios de ocultos intereses.

ple_nestor_alonso

En la imagen anterior se observan las cuatro claves importantes en todo PLE exitoso:

  • Diseño de tareas
  • Gestión contenidos de terceros
  • Producción diferentes elementos de aprendizaje bajo diversos formatos
  • Intercambio de información y colaboración

En definitiva, lo mismo que hacíamos antes, en diferentes encapsulados. Eso sí, bañado con una maravillosa capa de innovación educativa.

Aprender no es divertido

divertimento1Creo que, últimamente, vistos los resultados y analizando las situaciones que los mismos provocan, estoy volviéndome un descreído de esto del divertimento educativo. De la necesidad imperiosa de que el alumno se divierta aprendiendo, que se le suministren entornos cada vez más simples y menos efectivos o, quizás, de que se de por sentado que la parte de esfuerzo debe reducirse al mínimo.

Aprender no es divertido. No es divertido aprender a ir en bici porque te caes a menudo. No es divertido aprender a nadar porque al principio no hay manera de que flotes (como no sea con un maravilloso flotador). No es divertido aprender a cocinar porque los primeros platos que cocinas son un auténtico desastre. No es divertido aprender a tocar un instrumento porque no hay manera que salga nada que parezca un atisbo de musicalidad. No hay nada divertido cuando uno empieza con algo. Por tanto, ¿por qué nos planteamos el aprendizaje de los alumnos como un entorno seguro, donde debemos eliminar el fracaso y debemos centrarnos en que el alumno se lo pase bien? ¿Es lícito, en algo tan importante como es el aprendizaje, restar del mismo todo lo que pueda hacer que el alumno se estrese por haber de realizar un esfuerzo?

Todo aprendizaje requiere esfuerzo. Un esfuerzo que debe estar alejado de premios inmediatos. Un esfuerzo a largo plazo que debe de llevar a un crecimiento en conocimientos, habilidades y actuaciones. Un crecimiento sostenido en el tiempo. Un crecimiento cuyo esfuerzo realizado en el antes va a permitir una satisfacción en el después. Una satisfacción que debe mostrarse pero nunca garantizarse. Una satisfacción en diferentes encapsulados que debe ser consecuencia de un trabajo previo.

Al rememorar los años de alumno (aún lo sigo siendo, aunque haya cambiado la forma en que realizo el aprendizaje -más autónomo y menos dirigido-) descubro que todo el esfuerzo pasado valió la pena. Lo difícil siempre era algo que costaba superar pero, una vez superado, era algo que te impulsaba para seguir con paso más firme hacia delante. Si hacemos desaparecer las montañas con el fin de convertir todo el aprendizaje en mesetas… ¿qué nos queda? ¿qué emoción reciben los alumnos del mismo? ¿qué impacto futuro tendrá esa falta de esfuerzo en superar y quemar etapas?

No se trata de hacer angosta la senda del aprendizaje pero, entre dar un vehículo cargado de gasolina que nunca se agote y andar a pie por un terreno arenoso a pleno sol creo que hay un término medio. Un término medio que pocos encuentran y casi nadie postula. Un término medio donde quizás deberíamos habernos parado antes de escorarnos hacia sectores que no nos corresponden de consecuencias impredecibles.

Gamificación, ¿la gran solución para el aprendizaje?

gamificacion13La gamificación consiste en aplicar conceptos y dinámicas propias del diseño de juegos al campo educativo con el objetivo de estimular y hacer más atractiva la interacción del alumno. Utiliza la predisposición natural humana hacia la competición y el juego para hacer menos aburridas determinadas tareas. Unas tareas que, supuestamente, con este método pasan a ser realizadas de forma más dinámica y efectiva.

Son muchos los que defienden la gamificación del aprendizaje. La posibilidad de introducir masivamente determinados tipos de “juegos” que permiten “premiar” al jugador (el alumno en caso de la gamificación aplicada al entorno educativo) mediante diferentes tipos de regalos. Regalos, en la mayoría de casos, consistentes en insignias (badges) que indican la superación de determinados niveles.

Parece, a priori, una buena idea. Aprender jugando. Aprender quemando diferentes etapas del aprendizaje para llegar a adquirir unos conocimientos de una forma más natural para los alumnos (acostumbrados a los juegos de ordenador y al uso de consolas). El problema es analizar un poco más el asunto. Un análisis que se expone de forma muy clara en el artículo escrito por Craig Weiss, donde se cuestiona el aprendizaje obtenido con la gamificación del entorno.

¿Cuáles son las principales cuestiones que se deberían tener en cuenta para admitir “gamificación” como tercera maravilla o genial modelo de aprendizaje?

La primera cuestión, como siempre, la económica. ¿Se trata de un modelo postulado desde instituciones o administraciones educativas? ¿Se trata de un modelo gestionado por docentes y dirigido específicamente a los alumnos? O, ¿se trata de un modelo postulado por empresas con ánimo de lucro?

Parece ser que detrás de dicho “concepto” hay unos números realmente escalofriantes. Números como los siguientes:

  • El mercado de “juegos de aprendizaje” alcanzará los 2,8 billones de dólares en 2016 (M2 Research)
  • El 70% del Global 2000 tendrá al menos una aplicación destinada a la gamificación en 2014 (Gartner)

Unos números donde se observa un mercado emergente destinado a satisfacer unas “necesidades” educativas. Algo que, curiosamente, debería hacernos pensar sobre las intenciones que existen tras la mercadotecnia que se está realizando de dicho mecanismo de aprendizaje.

Otro de los temas que en el artículo se cuestionan es la incorporación de “premios” por haber realizado algún tipo de actividad de aprendizaje. Unos premios que, según la naturaleza humana, hace que los que juegan a esos juegos educativos tengan “ganas de ganarlos”. Unas ganas que se van a basar más en la realización rápida de tareas para asumir los objetivos marcados que en la asimilación del aprendizaje que se halla detrás de las tareas anteriores. El ejemplo que nos suministra Craig Weiss lo anterior queda patente:

Si tengo que leer 10 comentarios de mis compañeros para conseguir 50 puntos y continúa asociado a un incentivo tangible (por ejemplo una insignia) - ¿adivinen qué? Estoy leyendo, pero lo más probable es que los lea de forma rápida (en caso que no sólo me dedique a pasar líneas) para obtener de la forma más rápida posible el premio asociado a dicha acción.

Un problema grave de falta de regulación del premio (más allá de las ganas que tenga el alumno de conseguirlo) que, mediante una implementación de juegos que pueden permitir el paso rápido entre etapas o la posibilidad de “hacer trampas” (habitual en muchos juegos actuales mediante páginas donde se explican trucos para conseguir más vidas o energía), hace que la gamificación pueda ser totalmente inútil para un aprendizaje eficaz.

Además de lo anterior, también se pueden llegar a cuestionar los diferentes puntos (adaptación del artículo de referencia por parte de los autores del blog Bridge-People & Technology):

  • Los alumnos son personas y, las personas son competitivas y quieren ganar. Seguramente, ese espíritu de “querer ganar”, se va a trasladar a buscar formas de ganar al sistema y, por ello, pueden dar lugar a resultados de aprendizaje inexistente (dejando en segundo término el aprendizaje que se ha planteado con dicha gamificación)
  • Los alumnos quieren divertirse y entretenerse. Los juegos que sean especialmente “atractivos” redundarán en detrimento del aprendizaje mientras que, los que son demasiado “aburridos” los desmotivarán. Es muy difícil encontrar el término medio en un juego para asegurar que dentro de un entorno interesante puedan realizar un aprendizaje efectivo asumiendo los aprendizajes que se pretenden
  • Las recompensas son, muchas veces, intrascendentes. Las ganas de obtener insignias u otro tipo de “regalo inmaterial” no perviven en el tiempo (el ejemplo más claro es el de Foursquare, donde cada vez hay menos usuarios ya que las recompensas -ser nombrado “mayor” o “destronar a alguien de un cargo” de un lugar han perdido la motivación inicial)
  • Los juegos están planteados, en la mayoría de juegos educativos vendidos bajo la denominación “gamificación”, como lineales. Una linealidad que no da cabida a los diferentes intereses y estilos de aprendizaje. Una linealidad que, por muchas opciones que tenga el juego, nos van a llevar a tener que asumir los mismos objetivos para obtener unas recompensas

No hay duda, como se dice en el artículo, que la gamificación está llegando pisando fuerte pero, también queda claro que no va a ser un éxito inmediato, ya que todavía tiene algunos errores que resolver. Y todo el mundo sabe que un juego con errores en el mismo, no es divertido en absoluto.

Desaparecidos

Desaparecidos1_optCada vez son más los docentes que están abandonando sus perfiles sociales y blogs educativos. Cada día que pasa son más los compañeros que, silenciados por la crisis, el desánimo y la situación social están optando por hacer un mutis en esto del dospuntocero. No se hace raro comprobar que, aquellos blogs escritos por grandísimos compañeros que uno seguía diariamente (o semanalmente) están espaciando cada vez más sus artículos hasta, en muchos casos, desaparecer por falta de actualización y mimo.

Lo anterior es producto de la lógica. ¿Cuántos miles de compañeros, interinos, han echado a la calle en este último año? ¿Cuántos de los anteriores mantenían, a pesar de los recortes que ya estaban sufriendo en sus nóminas y aumento de horas lectivas, excelentes blogs educativos? ¿Cuántos, de forma altruista, compartían en abierto todo su conocimiento? ¿Cuántos?

Una causa de abandono ya explicada. Las otras… fácilmente entendibles. Docentes cansados y desanimados. Docentes cada vez más ninguneados por parte de la Administración. Esfuerzos cada vez menos recompensados y, finalmente, el toque de gracia… docentes que ya han asumido sus nuevas responsabilidades alejadas de las aulas y que sólo usan los blogs para vender las grandes virtudes de sus nuevos amos.

Párrafos anteriores aplicados a los blogs pero, ¿y ese progresivo abandono de las redes sociales en su función profesionalizadora? ¿Y esa falta de renovación en las caras que postean en Facebook, Google Plus o tuitean sobre temas de rabiosa actualidad educativa? ¿A qué se debe lo anterior?

Me acuerdo de cuando empecé en esto de Twitter hace ya algunos años. Muchos compañeros y compañeras ansiosos de compartir su aprendizaje y sus experiencias. Ganas de expresar propuestas de mejora, de criticar lo que no funcionaba, de hablar y charlar sobre temas que, a menudo, se quedaban en el tintero en los propios centros educativos donde uno trabajaba. ¿Dónde están los nuevos? ¿Dónde están los que tendrían que venir a sustituir a los anteriores? ¿Dónde está esa renovación tan necesaria?

Creo que hemos llegado al período del decrecimiento del dospuntocero. Un decrecimiento que, quizás sea más lento que el auge que experimentaron los blogs y la aparición de perfiles en las diferentes redes sociales. Un decrecimiento que, a medio plazo, va a hacer necesaria la reformulación del concepto de redes docentes. De los espacios para compartir.

Pasa el tiempo y la vela se va apagando. Ya no quedan más fabricantes de cera. Los que había se están jubilando. La pirámide se empieza a estrechar en su base. Una base cada vez más reducida. Una reducción que, tarde o temprano, va a acabar por hacer volcar la misma. Simplemente, cuestión matemática.

Sólo tengo una duda, ¿estamos hablando de algo puntual o de una tendencia hacia la extinción?

La cultura educativa de la obsolescencia

obsolescenciaeducativaHablar de sistema educativo que no funciona es hablar de obsolescencia. Los países con mayores cambios en el sistema (obsolescencia más rápida) son los de peores resultados educativos. Cambios continuos impiden gestar una estrategia de futuro. El aprendizaje a largo plazo se ve torpedeado por parte de la Administración y las empresas que necesitan mantener sus ritmos de venta. Unos ritmos alejados de las necesidades reales de las aulas. Unos ritmos, cuyo beneficio sólo experimentan esas grandes multinacionales de la Educación.

Estamos inmersos en la cultura educativa de la obsolescencia. Una cultura que obliga a cambiar los libros de texto cada pocos años. Una cultura que se rige por decisiones sobre dispositivos de última generación que vienen a sustituir algunos elementos tecnológicos a los que no se les ha exprimido todo su potencial. Una cultura basada en articulados legislativos que, más allá de obtener una mejora real, marcan las estrategias del capitalismo más caníbal enfocado al sector educativo. Un desconcierto absoluto entre los docentes, alumnos y padres al ver que las decisiones, cada vez en períodos más cortos de tiempo, obligan a reformular todas sus estrategias de enseñanza, aprendizaje y acompañamiento.

No puedo llegar a entender la espiral alocada de cambios. Ni las teorías pedagógicas que se suceden en estos últimos tiempos. Ni las competencias básicas. Ni las competencias transversales. Ni el currículum cambiante. Ni las tabletas en las aulas. Ni el paso de clases magistrales a clases comprensivas. Ni materiales de nula calidad que vienen a sustituir a materiales que también dejaban mucho que desear. No lo entiendo. Ni quiero ni puedo llegar a comprender tamaño despropósito.

Hay mucho vividor que vive de estos cambios continuos. Mucha empresa que mantiene sus finanzas por encima de esos números rojos entre los que gran parte de la sociedad se debate. Mucho asesor que marca estrategias de cambio sin haber dado tiempo a que las anteriores hayan podido ser evaluadas. Hay mucho estratega que vive gracias a ese cambio tan habitual que la realidad hace innecesario.

¿Es realmente necesario potenciar la obsolescencia en el ámbito educativo? ¿Es necesario formular teorías “innovadoras” para que, al cabo de poco tiempo, se formulen otras más “innovadoras” que las anteriores? ¿Es conveniente establecer francotiradores en un sistema que nunca dejan pasar de su juventud antes evaluar sus resultados?

No compro lo anterior. No compro obsolescencia educativa. No compro pedagogías innovadoras. No compro competencias provenientes de incompetentes. Compro estabilidad. Compro poco cambio y dejar hacer. Compro estrategias a largo plazo. Como decía un Ministro en una de sus hilarantes afirmaciones…compro yogures que no caduquen.

Ideas para mejorar la conectividad de los centros educativos

No creo que sea el único docente que, una vez planteada una actividad para sus alumnos mediante las TIC y con necesidad de disponer de conexión a internet, se haya encontrado con la imposibilidad de ese acceso. Problemas a diferentes niveles (conexión intermitente, páginas que no responden o, lo que es peor, conexión inexistente). Unos problemas que siempre me han llevado al magnífico vídeo de Enjuto Mojamuto. Un excelente vídeo donde, en forma humorística, retratan el problema de no disponer de conexión a internet. Una conexión cada vez más necesaria (debido a la existencia de libros digitales online u otro tipo de actividades para los alumnos donde necesiten imperiosamente conectividad, necesidad de búsqueda de recursos, ejercicios  o posibilidad de enlazar materiales disponibles en internet para complementar nuestras explicaciones).

Lo más curioso de ese problema es que nunca se sabe el porqué de sus causas. Tan pronto deja de funcionar la conexión, se reduce drásticamente su velocidad o vuelve a ir por motivos que, en muchos casos, se desconocen. Un azar en el conexionado que hace, por muchas precauciones que tengas, imposible saber a ciencia cierta cuándo te va a fallar.

A pesar de ese azar, siempre es bueno contar con algunas estrategias para intentar minimizarlo. Unas estrategias (o claves) entre las que deberíamos considerar las siguientes:

  • Disponibilidad de más de una línea de internet (preferiblemente de diferentes proveedores) en el centro. En casos donde no exista líneas propias y desagregadas de Telefónica, da igual el proveedor pero, en las capitales donde la competencia ya tiene sus propias centrales de distribución sería recomendable, como mínimo, disponer de diferentes líneas contratadas a diferentes compañías
  • Establecimiento de un buen sistema de gestión (a nivel de hardware) de las conexiones del centro. Buenos switches (de calidad) hacen posible que el reparto de esa conectividad se haga de una forma más adecuada. Algo que también se puede plantear es la existencia de racks por aula (donde se hallan todos los “repartidores” de señal en las tomas de red físicas) con facilidad para ser conectados o desconectados en función de la necesidad o no de existencia de internet en el aula (a tener en cuenta que a veces se puede necesitar trabajar en red -sin internet- y, por ello, también en ese momento se deben dejar encendidos esos racks
  • Control de conexiones por MAC (dirección física de cada equipo informático). Es imprescindible saber qué equipo y en qué momentos está consumiendo una cantidad excesiva de conexión. Es por ello que la necesidad de un programa que permita controlar dichas conexiones y nos permita obtener un listado de esos lugares de navegación por equipo se hace imprescindible. Hay programas que avisan cuando alguno de los equipos hace un consumo excesivo de red (por ejemplo si tienen algún tipo de programa de descarga, están viendo vídeos de Youtube, etc.) y permiten desconectar dicho equipo de forma remota
  • Gestión de redes desde el ordenador del profesor. Se habría de disponer de la posibilidad de que el docente, mediante algún tipo de programa de control de aula, pudiera restringir durante su sesión-clase lo que pueden hacer sus alumnos. Si se controla lo que están haciendo los alumnos y/o se tiene la posibilidad de controlar de forma remota el equipo de los mismos (para que vean lo que nosotros queramos o naveguen por los sitios que les hemos recomendado para buscar información) se puede mejorar la posibilidad de que no existan consumos excesivos
  • Uso de recursos offline. En el caso del profesorado, muy habituado a usar recursos de consumo elevado online (se empecinan en ver el vídeo de Youtube) se debe recomendarles la posibilidad de que si quieren usar esos servicios en el aula se habitúen a bajarse previamente el vídeo a su equipo y lo visualicen con sus alumnos fuera de línea. No hay nada más desesperante que ver que un vídeo de Youtube se ve entrecortado o no se acaba de cargar. Desmonta la clase al más pintado (y, en ocasiones, ya no es fácil encontrar excusas nuevas)
  • Filtros eficaces. Los filtros que implementan las Consejerías no son útiles ni efectivos (hay programas de uso muy sencillo, conocidos por los alumnos, que permiten saltárselos). Sería bueno que el docente, en su aula, pudiera seleccionar los servicios que se permiten (a veces puede ser necesario usar redes sociales y, por culpa del exceso o defecto de filtros de terceros, puede hacer que no se pueda hacer lo planificado)
  • Posibilidad de creación de perfiles con diferentes niveles. El docente, en muchas ocasiones, es igual de imprudente en el uso de la red como pueden ser los alumnos. Es por ello que se deberían crear filtros con diferentes niveles de acceso personalizados para cada profesor. Si un docente quiere navegar por determinadas páginas siempre se debería poder pedir permiso a la persona autorizada (¿un encargado de la gestión de las conexiones y sus perfiles?) para poder ampliar sus posibilidades de acceso
  • Distribución adecuada de los puntos de acceso wifi

Algunas ideas que podrían llegar a minimizar los problemas de conexionado de los centros educativos. Unos problemas que, junto con la falta de formación del profesorado en el uso metodológico de las nuevas (ya no tanto) herramientas, hacen zozobrar los intentos de muchos en el uso de dichos dispositivos en el aula. Eso sí, todo lo anterior sin olvidar lo más importante… la educación en el uso correcto de internet (dirigida tanto a los alumnos como al colectivo docente).

Mercadotecnia educativa

marquetingeducativo1Acudir a eventos de márqueting educativo produce efectos insospechados. El más frecuente… la desconexión. Desconexión que, sin un tratamiento posterior, puede llevar a situaciones bastante más graves. Situaciones en las que te cuestionas muchas cosas. Situaciones que pueden llevar al extremo de sentir alergia por determinados elementos u opciones educativas por haber sido vendidas en un entorno poco propicio, por asesinos de lo que debe ser una buena presentación de un producto destinado a su uso en ámbitos educativos.

Llevo dos días de horario intensivo de bombardeo de productos maravillosos, de tecnología imprescindible en las aulas, de teorías pedagógicas que hacen bueno tal o cual modelo de pantalla digital, de las bondades de las tabletas, de filosofías baratas, etc. Todo ello vendido desde un púlpito por gente que no ha pisado un aula en su vida. Ni la ha pisado y, por lo que he podido ver, mejor que no lo hagan nunca (por el bien de nuestros alumnos).

He descubierto, asombrado, que el PowerPoint usado por el docente más inexperto en esto de las TIC da mil vueltas a esas diapositivas llenas de texto en tamaño microscópico que usan los docentes. ¿No tienen a nadie que les asesore cuando deben realizar una presentación? ¿Una empresa que factura cientos de miles de euros al año puede permitirse el lujo de hacer una presentación soporífera e ininteligible? ¿Es necesario maltratar a la audiencia intentando vender un producto con una estrategia de venta tan risible?

Debo comentar que ha habido un par de excepciones. Una excepción en la tarde de ayer cuando acudí (duplicándome) a la presentación del proyecto Aula 2.0, donde la primera ponencia fue de un docente (y eso se notó positivamente). Y, una segunda hoy, donde con una presentación regular, se ha vendido un producto muy interesante (una plataforma de libros Creative Commons denominada Liberdocs).

Más allá de lo anterior no tengo muy claro cuál es el objetivo de este tipo de eventos. Tampoco tengo muy claro a quién van dirigido. Lo que sí que tengo claro es que si la decisión de comprar o vender un determinado producto educativo debe de ir marcado por el desarrollo expositivo del mismo… se van a comer los mocos. Unos mocos que quizás deben de estar suficientemente surtidos de pañuelos de papel por alguien, ya que, si ello no es así, no se explica. No se explica ni comprende el despropósito al cual se ha sometido mi ya, suficientemente, sensible entramado cognitivo a lo largo de estos días por antivendedores de unos productos que, después de las malas presentaciones, me niego a juzgar.

Cualquier docente de aula, sin ningún tipo de curso de oratoria ni estrategia de márqueting, daría mil vueltas a la mayoría de infumables presentaciones que llevo tragándome estas últimas cuarenta y ocho horas. Unas presentaciones que, realizadas por cualquiera de mis alumnos, les condenarían a una calificación fuera de rango.

Vender bien un mal producto educativo puede ser asumible pero, vender mal un producto regular, hace que el mismo pueda perder cualquier tipo de atractivo.

Eppur si muove

eppursimuoveEppur si muove. Y sin embargo se mueve. El movimiento de los astros y el sistema educativo. Se mueven a pesar de todo. Se mueven a pesar del inmovilismo de muchos, las malas decisiones de la Administración educativa, los sindicatos de clase alta, la campaña de acoso (quizás derribo ya) sobre lo público y la bazofia mediática con la que gran parte de nuestro país merienda a diario.

Sorprende pero se avanza. Los chavales se atienden con más mimo de lo que la situación demandaría. Los estudiantes siguen saliendo preparados (a pesar de los que añoran antiguos regímenes autoritarios). Seguimos formando buenos médicos, ingenieros y similares, aunque los mismos se vean obligados a emigrar. La mayoría del colectivo docente desempeña su función de la mejor manera que sabe y puede (quizás más de lo que podría, sabría o debería). A pesar de todo… el sistema funciona.

Funcionamos (ya llevamos muchos años haciéndolo) bajo decretos legislativos de un hatajo de políticos cuya única cultura es la del pelotazo en diferentes píldoras. Con consejeros y ministros formados por lo peor (en cultura, en educación, en capacidad o en mala baba y despropósito inimaginable). Y, a pesar de lo anterior, seguimos avanzando. Seguimos y proseguimos. Pataleamos y nos quejamos, pero seguimos hacia delante.

No hacen falta relatos de ciencia ficción, ni espectáculos circenses enfocados para consumo colectivo. Tan sólo se trata observar fríamente. Tan sólo es ver como nos movemos a pesar de un empuje inexistente. A pesar de desaceleraciones continuas. A pesar de que el engranaje hace tiempo dejó de lubricarse. Difícil de creer, pero el movimiento existe. Un movimiento que perdura. Un movimiento que imprime esperanza. Un movimiento incontrolable. Un movimiento que late a pesar de la realidad. Una realidad que, por suerte, es incapaz de hacerlo detener.

Eppur si muove

El sindicato ANPE y la Universidad Católica de Valencia apuestan por el bilingüismo

Siempre son curiosas las relaciones que pueden llegar a establecerse entre determinadas organizaciones educativas. En este caso, la estrecha relación entre el sindicato ANPE (uno de los que firmó el Decreto valenciano que echará a miles de interinos a la calle el curso que viene) y la Universidad Católica de Valencia (una Universidad privada en la línea ideológica de la Consellera de Educación de Valencia, exalumna del CEU).

Estas dos organizaciones promueven unos cursos que van destinados a la obtención de los niveles B1 y B2 de inglés. Unos niveles que, curiosamente, son los que van a exigir desde la Consejería de Educación de la Comunidad Valenciana para poder optar a unas determinadas plazas docentes en centros públicos. Siendo malpensados alguien podría establecer una cierta relación en lo anterior pero, no olvidemos que sólo son casualidades (como tantas de las que suceden en el mundo educativo).

Son realmente curiosos algunos detalles de dicho curso. Especialmente los que hacen referencia a cuestiones relacionadas con quién realiza los exámenes (una Universidad Privada), dónde se realizan (en la sede de ANPE) y la validez de los mismos (reconocido por la Conselleria de Educación, Cultura y Deporte de la Generalitat Valenciana para acreditar la competencia lingüística).

Como decía en un principio… muchas casualidades. Demasiadas para alguien que no entiende la prisa que se han dado en la Comunidad Valenciana para empezar con el plan plurilingüe y la catalogación previsible de plazas en un período muy corto de tiempo. ¿No os parece muy extraño todo lo anterior?

Iconos bajo licencia Creative Commons

Todos lo que trabajamos con diferentes herramientas 2.0 nos encontramos, a veces, con la necesidad de disponer de diferentes imágenes libres de derecho de autor o iconografía que nos permita ser utilizada en la creación de nuestro material o decoración de determinados aspectos de nuestro blog o web. Es por ello que me permito colgaros dos webs donde podéis encontrar gran cantidad de iconos, bajo diferentes licencias de libre distribución (GPL, Creative Commons, etc.) que pueden ser usados para resolver prácticamente todas nuestras necesidades cuando lo necesitemos. No hemos de olvidar que los iconos son importantes porque nos pueden ayudar a diferenciar determinadas partes de nuestro trabajo e indicar algunas opciones que se puede hacer con el material que colgamos a nuestros alumnos más allá de la iconografía que viene determinada por defecto en el servicio que utilicemos habitualmente (zona de descargas, actividad, cuestionario, etc.).

Open Icon Library

openiconlibraryUna colección de iconos gratis y abiertos con más de 10000 para elegir. De libre uso para cualquiera en su ordenador (modificar los iconos del escritorio), blog/web o cualquier otro proyecto. Hay muchos iconos relacionados con la informática (aplicaciones, periféricos, emoticonos, etc.), se encuentran clasificados en diferentes categorías y se dispone la posibilidad de descargarlos desde las medidas del 8×8 usada en numerosas webs como favicon (esa imagen pequeñita que sale en algunas webs al lado de la dirección) hasta los 128×128 píxeles.

Mr Icons

Buscador de iconos que dispone en la actualidad de más de 125000 referencias (con lo que cubre prácticamente todas nuestras necesidades). Todos los iconos son de excelente calidad y se ofrecen bajo diferentes tipos de licencias Creative Commons (algunos de los paquetes de iconos permiten su uso comercial).

mricons1Ofrece diferentes maneras de buscar:

  • Búsqueda de iconos concretos
  • Lista de directorios completos con todos los paquetes disponibles

Los iconos se encuentran en formatos ICO y PNG.

La cuestión de los iconos es algo que muchas veces se descuida, aunque su importancia se manifieste en determinados momentos (por ejemplo esas veces que debamos personalizar algo con un elemento gráfico que lo identifique). Es por ello que me creo que esta entrada puede resultaros de interés, ya que los dos lugares que os presento me han sacado de más de un apuro.

Análisis educativo

analisissangrePara aquellos que, por desgracia, nos vemos en la obligación de acudir al médico cada cierto tiempo, una de las pruebas más demandadas por parte de los profesionales que nos atienden es la de la extracción de sangre para obtener, de forma bastante fácil, una primera impresión del estado de nuestra salud. Un estado que, por mucho que exteriormente se aparente una situación determinada, se ve analizado profundamente con una prueba bastante rápida e indolora (excepto para aquellos más aprensivos).

Siempre me he planteado que al sistema educativo se tendría que incorporar algo parecido a lo anterior. Algo que, más allá del efectismo que suponen los nuevos medios y las maravillas de aplicaciones educativas que nos inundan en estos últimos tiempos, permitan detectar la realidad del sistema. Una realidad cuyos resultados no se evalúan más allá de pruebas mal diseñadas e implementadas. Una realidad que se manipula por el docente de turno en función de “lo bien” que le salgan sus clases (sea con el método que sea).

El sistema nunca se ha analizado en profundidad. No hay ganas o no hay mecanismos para hacerlo en condiciones. Por tanto, se parte ante cualquier introducción de ¿nuevas? metodologías y nuevos medios, de la inexistencia de un análisis del estado inicial del sistema. Un estado inicial que muchos suponemos. Un estado inicial que demasiados manipulan para que sus prácticas se consideren como una mejora educativa fiable.

Hace ya unos años que empecé con esto de las nuevas tecnologías en el aula. Unos años que pasan muy deprisa. Unos años en los que he visto diferentes formas de introducción (desde dotación de aulas de informática hasta llegar al modelo 1 a 1). Unos años en los que han aparecido siglas y palabrejas cada vez más complejas (MOOC, SAMR, TEP, empoderamiento, etc.). Todo ello aderezado con la aparición de los primeros clanes educativos. Esos clanes de las redes sociales. Unas redes sociales sin las que un docente “que quiera mejorar su práctica docente” no debería vivir. Unas redes sociales de las que algunos se marchan y otros llegan. Unas redes sociales que en los últimos años se han convertido en el lugar donde pasar el tiempo so diferentes pretextos.

¿Es real la mejora que experimenta el docente usando redes sociales profesionalizadoras? ¿Es exportable la práctica educativa, de resultados no evaluados más allá de la visión subjetiva de quien la aplica, a otros contextos? ¿Hay renovación en los medios de transmisión de la comunicación más bidireccionales (según algunos omnidireccionales)? ¿Hay tanto campo para una experimentación que nunca se evalúa en condiciones? Realmente, ¿a alguien le interesa que le evalúen las prácticas que les hacen pertenecer a uno u otro clan?

Dudo de las prácticas innovadoras, de los resultados de la aplicación de las TIC en el aula, del posicionamiento entre “nosotros y ellos”, de las emociones que se disfrutan en entornos donde la crítica al modelo de uno es inexistente. Dudo que pueda existir una mejora educativa sin una evaluación del sistema más allá de las sensaciones de quienes creen que hacen cosas diferentes. Estoy en un período de duda que, seguramente, un análisis educativo en profundidad me permitiría disipar.

Libros de texto a 3 euros

libros_texto_3eEn pleno siglo XXI no entiendo el sometimiento de gran parte del profesorado a la tiranía de los libros de texto (en formato analógico o digital). No entiendo la necesidad de mantener un modelo basado en un manual de referencia cuando la red nos facilita toda la información que uno pueda necesitar. No lo entiendo pero, lo que nunca negaré es la facilidad que supone para gran parte de docentes el uso de esos materiales de consumo. Es por ello que me sorprende en sobremanera que la Administración educativa no se haya planteado la posibilidad de la autoedición de libros de texto. De manuales para sus docentes y para los alumnos a precios bastante más asequibles de los que marca la editorial de turno. Unas editoriales que, curiosamente y antes de cualquier reforma legislativa, ya tienen preparados todos los libros adecuados a la misma. Unas editoriales que ya están vendiendo libros de período de vigencia de cuatro años con los cambios incorporados que, presumiblemente, va a marcar la nueva reforma educativa.

Me acuerdo de hace unos años cuando se empezó a hablar de la posibilidad de la sustitución de los libros de texto por libros digitales, antes de la aparición del programa Escuela 2.0, de la aparición de una editorial que ya tenía todos los libros en formato digital. Una editorial que, por cierto y al producirse el desembarco de esos portátiles en una Comunidad Autónoma determinada, tenían el monopolio de esos libros (era la única que tenía todo el material preparado). Editorial a la cual le montaron con dinero público una plataforma de venta de libros que costó la friolera de 2 millones de euros. Una plataforma que, por cierto, ya ha dejado de estar operativa a los pocos años. Qué malas son a veces las hemerotecas.

El otro día planteé en voz alta la posibilidad de vender libros de texto a 3 euros directamente por parte de los docentes. Libros en formato digital que, si se pidiera su impresión, alcanzarían el valor máximo de 9 euros (se puede editar un libro en papel por menos de 6 euros). Unos libros que se podrían gestionar desde una plataforma (tipo Amazon) destinada a poner en contacto a los docentes, los materiales que realizan y los compradores. Unos materiales que no serían peores de los que nos venden las editoriales. Unos materiales que permitirían un mayor desahogo económico de las familias en ese principio de curso económicamente tan complicado en el que el gasto en libros de texto se lleva la parte del león de dicho presupuesto.

¿Es lo anterior factible? ¿Hay docentes que estarían preparados para vender ese material que han creado para sus alumnos? ¿No sería una manera de premiar ese esfuerzo extra que nadie les paga? ¿No sería un buen sistema para poner a la disposición de las familias un material de trabajo a un precio más reducido? ¿No serviría lo anterior para finiquitar de una vez el lucro que se realiza por parte de determinadas empresas en aspectos educativos que deberían estar alejados del mismo?

La Administración, por diferentes motivos, no está por la labor de montar equipos de trabajo para editar esos libros de texto. ¿Por qué no plantearse la posibilidad de que sean los propios docentes, para sacarse un dinero extra por el trabajo que realizan, comercialicen esos materiales que usan de forma altruista con sus alumnos? ¿Por qué no hacer de ese altruismo un beneficio expandible a todos los centros educativos y ofrecer la posibilidad de dar a conocer un modelo de ahorro que beneficie a todos los actores del sistema? ¿Es realmente utópico el modelo que se plantea en las líneas anteriores?