No con mi dinero

no_conciertos_catMe acuerdo de un artículo de Isabel San Sebastián, tertuliana muy conocida de diferentes medios de comunicación -la mayoría bastante orientados hacia una ideología políca-, en el que hablaba de que con su dinero no quería dar pábulo a las aspiraciones independentistas de unos políticos que pretendían escindir la tan indisoluble nación española. Un artículo que, como muchos, defiende la necesidad de que cada uno pague sólo lo que le venga en gana en cada momento. Abogando por una privatización global. Abogando porque la solidaridad entre regiones sólo se realice en caso de acatamiento de las supuestas órdenes constitucionales.

No voy a hablar de política nacional. Ni tengo ganas ni me apetece meterme en un territorio plagado de tertulianos de diferente calado. Me apetece hablar de algo que, bajo supuestos de favorecer la elección de los padres, está sucediendo de forma muy descarada en nuestro país: la existencia de conciertos educativos. Unos conciertos educativos que en un 89,7% van destinados a centros educativos gestionados/controlados por diferentes ramas de la Iglesia Católica. Algo realmente curioso en un país aconfesional. Algo que algunos defienden cual si fuera necesario en pleno siglo XXI seguir pagando tributos, bajo diferentes pretextos, a los mismos amos que se tenían durante la Edad Media. Seguimos en un país de siervos. Qué triste.

Nunca he entendido que bajo la supuesta capacidad de elección de los padres se esté financiando a la Iglesia Católica. Una Iglesia que, como antaño, sigue luchando para mantener en sus manos el poder político del pueblo. Un pueblo que se lanza a las calles para ver a los encapuchados de turno, lagrimear ante su estatua de yeso más sentimental y proceder a mirar el suelo cuando algún purpurado se les acerca. País dominado por la Iglesia Políticos amantes del besamanos. Curas con más poder que cualquier político. Poder, no lo olvidemos nunca, otorgado por parte del pueblo llano.

Los países culturalmente más avanzados son los que menos respeto tienen a las religiones y los ritos. Dejar en manos de la Iglesia la educación de un 30% de los alumnos de nuestro país es tener ganas de no soltarse nunca el yugo. Un yugo que aprieta pero no ahoga. Un yugo que gusta de llevar. Un yugo que pagamos entre todos.

Con mi dinero no quiero que se pague a la Iglesia Católica. Por creyente que sea no quiero que parte de mis impuestos vayan a financiar unos centros educativos gestionados por jesuitas, salesanios, clarisas o cualquier otra orden medieval. No quiero que la Iglesia siga, como antaño, controlando la cultura. No quiero que los únicos escribas del reino sean los que salen de sus catacumbas. No quiero que las criptas sean el sanctasanctórum de la ilustración.

El problema es que estamos en un país de crédulos. Un país en el que aún prima mucho el miedo a la Iglesia. Un país en el que ser bueno o malo en demasiadas ocasiones viene determinado por preceptos marcados desde una pequeña ciudad-Estado. Preceptos que rigen demasiado de nuestras acciones.

No quiero que con mi dinero se pague adoctrinamiento de algunos. No quiero que con mi dinero se mantengan centros educativos basados en consignas de bueno y malo según lo que marquen unos papeles que algunos en su momento se inventaron. Quiero personas críticas que vivan en la realidad y se alejen de la superstición. Una superstición a la cual está abonada todos los gobiernos que ha tenido este país. Una superstición demasiado difícil de erradicar.

Yo lo tengo claro… con mi dinero ni un concierto más. Ni un euro para la Iglesia. Ni un euro para que sigan controlando lo que pasa en este país.

Reflexiones irreverentes

irreverente_1Nunca me he destacado por escribir para agradar al personal. Cuando uno escribe se debe tener muy claro el objetivo. Y, en mi caso, siempre es para exponer algunas cuestiones que me preocupan o me generan inquietud relacionadas con el mundo educativo en el que me muevo habitualmente.

Quizás, a veces, las propias inquietudes que intento transmitir en este blog generan algunos desencuentros. No es fácil escribir al agrado de todos. Aún menos si el objetivo de escribir no es el anterior. Algo que, lamentablemente, está sucediendo de forma demasiado habitual en muchos blogs educativos. Escribir sin mojarse. Escribir por el simple hecho de ser reconocido dentro de un ambientillo demasiado endogámico para que alguien como yo se sienta a gusto.

Hoy voy a reflexionar en voz alta sin orden ni concierto. Algo que ya empieza a ser demasiado habitual. Voy a tocar muchas cuestiones que quiero exponer en voz alta. Sé que me arriesgo a seguir incrementando mi “mala fama” pero, por suerte, esto es algo que me la trae más bien al pairo.

Esta tarde he visto una maravillosa noticia en un blog que sigo a menudo. La impactante noticia de que el Ministerio de Educación va a montar una plataforma colaborativa para colgar materiales bajo licencia Creative Commons. Anunciar esto en un evento patrocinado por Microsoft (la fotografía no tiene desperdicio) es algo que da para titular de El Mundo Today. ¿De qué nos vamos a extrañar? ¿Nadie se acuerda de la cantidad de espirituosos que se están facturando desde nuestro maravilloso Ministerio de desEducación y Alevosía?

También me gustaría hablar de algo que he oído en la radio mientras hacía las dos horas de viaje para volver a casa. Una asociación de músicos quejándose de que la Música desaparecía con la LOMCE. Incluso hablaban de peticiones en Change.org. Y yo sin enterarme que hay otros que también luchan por su parte del chiringuito. Qué despropósito. ¿Cómo no he firmado aún para mantener a otra de las asignaturas imprescindibles en el currículum? ¿Qué estoy haciendo sin firmar por la mía -Tecnología-, el Latín, la Filosofía, la Educación Visual y Plástica o todas aquellas que van a ver reducidas sus horas? ¡Cómo puede ser que no me involucre en esas necesidades imperiosas!

Mierda… perdón. Me estoy dejando alguna cosa por firmar que ahora no me acuerdo. Seguro que es para que no privaticen la Seguridad Social. Debo ser de los pocos docentes que no he cogido mutua privada pero, después de ver que todos los que firman se han cogido ASISA, ADESLAS o DKV prefiero no firmar con esa compañía de viaje. Que a mi la Seguridad Social me funciona. Y, por cierto, si desaparece MUFACE tampoco me va a dar ningún ardor de estómago. Raro que es uno.

Hoy ha venido uno de un sindicato a mi instituto. Me parece que era de esos que tienen un nombre parecido al Espetec de Casa Terradellas. Me ha preguntado por qué no me quedaba. Le he dicho que yo me quedaba si él iba a mi clase (más que nada para recordarle la sensación). No ha habido trato y me he ido a tomar el café tan necesario a esas horas.

Más cosillas. Mi mujer ha enviado hoy por correo certificado la petición para participar en uno de esos cursos que ofrece el INTEF. Me hacen el salto incluso los de la familia. Qué pena predicar en el desierto. Eso sí, la cantidad de correos electrónicos sin respuesta que ha enviado a los perpetradores de tamaño despropósito matriculador siguen sin ser respondidos. Alma cándida. Es que es muy cándida.

Creo que ya basta por hoy. La mezcla de barbitúricos inyectados por vía trasera que llevo estos últimos días aún siguen haciendo efecto. Un efecto demoledor en coherencia y exactitud. Eso sí, escribir dopado mola mazo. Un mazo y parte del otro.

Un sistema educativo excesivamente especializado

especializacion_educativaNuestro sistema educativo tiene un gran problema. Una situación de excesiva especialización en todos los niveles que hace que, las posibilidades de obtener miembros para la sociedad cada vez más polivalentes (que es lo que se demanda) sean muy reducidas. Un sistema que hace que seamos incapaces de formar a personas con unos determinados niveles culturales y adaptables al entorno con el que se van a encontrar.

No tiene ningún sentido la oferta universitaria con un abanico cada vez más amplio de titulaciones. Ingenieros bajo diferente nomenclatura que sólo son capaces de trabajar en determinadas empresas, geógrafos que ven poco de historia, historiadores que prácticamente desconocen la geografía, maestros que se especializan en unas determinadas asignaturas eliminando lo que puede hacerles polivalentes en las aulas. Dentro de lo anterior también existen otras aberraciones. Ingenieros agrónomos que obtienen el título sin haber cursado ni una triste asignatura de cultivos o aquellos que, más allá de una materia en el primer curso, no han visto ni tan sólo una imagen de un cerdo o cabra. Triste exceso de especialización motivado por cuestiones ajenas a la calidad del sistema. ¿No es bonito poder crear asignaturas muy especializadas para colocar a aquellos docentes “especiales”? ¿No es mejor poder ofrecer cientos de asignaturas que una formación integral para el alumno que les permita desenvolverse en cualquier situación relacionada con su campo? Yo no lo creo.

No nos olvidemos tampoco de los másters. Esos ingresos extra que reciben las Universidades por ofrecer cada vez más títulos de dudosa calidad. Máster en el estudio del botón derecho que activa el extractor es algo demasiado parecido a la realidad que podemos encontrarnos al analizar su oferta. Miles de títulos que lo único que hacen es añadir más especialización en unos futuros profesionales que cada vez es necesario que sean más polivalentes.

Bajando en el sistema nos encontramos con la Formación Profesional. Otra de las grandes perjudicadas de la especialización. Cientos de títulos que lo único que hacen es aumentar el número de asignaturas que se van a usar demasiado poco en la vida real. Mecatrónica, elementos de elevación a presión, horneado de harina sin gluten, etc. Cada vez más títulos y sin ninguna garantía que contratando una empresa a esos titulados sean capaces de solucionar los problemas para los que han sido contratados. Antes un electricista con la antigua Formación Profesional era capaz de resolver todos los problemas eléctricos; ahora es capaz de arreglar el problema con el tornillo derecho de la máquina X. Una máquina que, cuando la cambian, ya ha desmontado todo lo que aprendió en sus estudios.

Sigamos bajando. El despropósito no es sólo en las etapas superiores. ¿Cuántos alumnos de bachillerato siguen el mismo currículum? ¿Cuántas optativas se ofrecen en los centros que lo único que hacen es aumentar la heterogeneidad en su preparación? ¿Realmente es necesario ofrecer tantas asignaturas para unos perfiles que deberían dividirse exclusivamente entre los que van a acceder a una carrera/ciclo formativo relacionado con el ámbito científico o tecnológico y uno más humanístico? ¿Tiene sentido tener treinta alumnos con diferente currículum y con asignaturas a discreción? ¿Tan mala es una Educación más generalista? ¿No nos estamos pasando?

La ESO tampoco se libra. Miles de asignaturas de libre configuración en los centros educativos para llenar el horario (Meteorología, Los Íberos, Alemán, Programación, Ajedrez, etc.). Unas asignaturas que, después de la respuesta que me ha dado una alumna hoy en clase sobre cuál era la capital de China y me ha respondido sin sonrojarse que Japón, debería replantearse. En esto sí que los tiempos pasados fueron mejores… conocimientos básicos para todos y retraso cada vez más de la especialización.

A propósito, no me gustaría acabar el artículo, sin hablar de esa maravillosa FP Básica que va a empezar a implementarse en curso que viene. Otra veintena de títulos más a la saca.

Lo anterior me sugiere tan sólo una pregunta… ¿quién está sacando tajada del exceso de especialización del sistema educativo? Porque si nadie la saca, lo anterior es un auténtico despropósito que no llega a entenderse.

Ni idea

ni_ideaDebo reconocerlo. Después de quince años en el aula no tengo ni idea de un método educativo que pueda venderse al resto de mis compañeros. Ni tan sólo uno que sepa, con seguridad, que va a funcionar en todos los cursos a los que doy clase.

No tengo ni idea de si la tecnología nos va a sacar de los problemas del aula. No tengo ni idea de si un método conductista es nefasto o si teorías pedagógicas de excelencia o de laissez faire son las mejores para ser aplicadas en las aulas. No tengo ni idea.

No sirvo para dar charlas a otros docentes porque cualquiera de los que habría delante de mí tendrán en sus aulas situaciones complejas e individuales que saben gestionar infinitamente mejor de lo que yo lo haría. No sirvo para proponer el uso de herramientas educativas porque, quizás lo que me funciona en determinados grupos (y no siempre), no sirve para otros contextos educativos. No sirvo para proponer proyectos de amplio calado, porque seguro que estoy equivocado al pretender extrapolar realidades muy concretas a algo tan complejo como son las aulas tan heterogéneas que se distribuyen a lo largo y ancho del territorio. No sirvo.

Debo reconocer que admiro a aquellos que, normalmente sin haber pisado nunca un aula (o habiéndola pisado por escasos períodos de tiempo) se atreven a postular cómo los docentes deben impartir sus clases. Admiro profundamente la capacidad de un auditorio, plagado de numerosos docentes que día tras día se dejan el pellejo en su trabajo, de mantener el silencio y escuchar embobados a aquellos que venden pócimas milagrosas. Me admiran aquellos que recetan homeopatía a gran escala que, mediante diferentes vías, llegan a las aulas para convertirse en otro mueble más dentro de unas paredes.

Sé que soy alguien que, como todos mis compañeros, se adapta a las situaciones que se dan en un entorno poco controlable. Sé que tengo ideas pero, que las mismas son igual de válidas que las de cualquiera de mis compañeros. Sé que, más allá de publicaciones, teorías y saraos de diferente envergadura, la realidad es mucho más compleja.

Reconozco, en voz alta que no tengo ni idea de muchas cosas. Aún menos de cuál es la varita mágica que va a permitir solucionar todos los problemas de la Educación. Una varita que, por suerte, algunos iluminados poseen y se encargan de usar habitualmente. Una varita, por cierto, capaz de decir y desdecirse según los resultados con demasiada facilidad.

Antes de casarme tenía seis teorías sobre el modo de educar a los hijos. Ahora tengo seis hijos y ninguna teoría”

John Wilmot

10 razones para oponerse al Decreto de plantillas

a_dedoEn Cataluña, la Comunidad más innovadora en algunos despropósitos educativos, hace tiempo que se lleva permitiendo la selección de gran parte del personal provisional del centro (funcionarios sin plaza definitiva e interinos) por parte del director de los mismos. Directores que pueden confirmar en el centro a aquellos que les interese, crear plazas específicas para determinadas personas o establecer entrevistas para seleccionar, mediante un supuesto proceso de libre competencia -cuya decisión va a estar siempre en manos del director- a diferentes docentes.

Hay muchas razones para oponerse a esta práctica. Una práctica que, de forma muy alegre (por la falta de consecuencias para el director si se equivocan en la selección y eligen a inútiles e incapaces de llevar bien una clase aunque sean “sus amigos” o “vengan recomendados por conocidos”) se está llevando a cabo en casi la totalidad de los centros catalanes. Tan sólo voy a exponer diez razones para oponerse a este sistema de provisión de plazas. Diez puntos que más de uno justificará. Diez puntos que tienen mucho a ver con los resultados que se están dando en los centros catalanes después de empezar a implantarse dicho proceso de selección (¿admitimos mamoneo como sinónimo?).

1. Los directores de los centros educativos son incapaces de decidir de forma objetiva y razonada los motivos que les llevan a elegir a uno u otro profesional. Ni tienen preparación para ejercer de gestor de recursos humanos, ni disponen de la varita mágica que les permita saber que un profesional es mejor que otro (quizás la administración tampoco pero los criterios son mucho más transparentes).

2. Seleccionar a los docentes del Claustro para participar en un proyecto educativo que tiene el centro impide la posibilidad de ser críticos con el mismo. No van a alzarse voces críticas en proyectos que pueden ser nefastos para los alumnos si los docentes saben que están puestos a dedo por quien los encabeza.

3. La responsabilidad del director en caso de equivocarse en la selección de personal es nula. Es muy cómodo arriesgarte a poner a “los tuyos” cuando sabes que la administración no va a tomar ninguna represalia contra ti si los resultados de tus alumnos caen en picado en las pruebas externas. Estos directores que eligen, ¿lo harían si supieran que un error supone su destitución en el cargo y la pérdida de condición de funcionario?

4. Los Claustros deben estar formados por profesionales independientes y, de ninguna manera, cortados por el mismo patrón. La uniformidad de los Claustros que se pretende con dicha medida es algo que recuerda otras épocas y modelos poco democráticos.

5. Las competencias y criterios de evaluación para establecer un proceso de selección limpio y transparente no se cumplen. La mayoría de directores elige (o renueva) para esas plazas “a dedo” a profesionales que ya habían estado en el centro o vienen recomendados.

6. La selección por parte del director de parte de la plantilla obliga, en muchos casos, a que esas personas estén obligadas a participar en proyectos de dudoso sentido. Incluso, por mucha profesionalidad que tengan, se ven obligados a callar cuando ven determinadas acciones realizadas por su director por miedo a que no les renueven el año siguiente. Coartar la libertad de los profesionales es algo nefasto en el sector educativo.

7. Hay mecanismos suficientes para controlar y sancionar a los profesionales que no hacen su labor. Su labor es el aula y favorecer el aprendizaje (no sólo en contenidos) de los chavales. Si hacen mal su función no debe ser nunca un compañero suyo (el director en este caso) el que les sancione.

8. Los Claustros deben ser horizontales. Sólo cuando en los mismos hay profesionales que expresan sus ideas sin miedo a represalias es cuando se pueden establecer proyectos educativos de calidad en los centros.

9. Si el director puede elegir a sus profesionales, ¿por qué ahora en Cataluña al director no lo elige el Claustro? ¿Por qué no permitir que sean sólo los profesionales que no han sido elegidos “a dedo” por el director quienes ratifiquen o no a los mismos? ¿No se debería evaluar al director por parte de profesionales independientes?

¿Creéis que después de lo expuesto anteriormente hace falta el décimo motivo? Pues bien, porque creo en que los centros educativos públicos deben ser los adalides de la profesionalidad, independencia y meritocracia. Algo que se reduce drásticamente con propuestas (hechos ya) como la que se expone en este artículo y que, curiosamente, esas pruebas PISA que tanto gustan a algunos, se encarga de enunciar su nula eficacia.

Introducción a la programación en la ESO

Debo reconocer que funcionar al margen de los libros de texto y con un punto de anarquía educativa tiene sus ventajas. Una de ellas es la de no haberte de ceñir a nada marcado por terceros (más allá del currículum que, por cierto, siempre es fácil de trampear). Esto es lo que me está permitiendo en cuarto de ESO introducir determinados conceptos de programación básica (en modo muy visual) para ir un paso más allá de los manidos programas inútiles o de aquella teoría infumable que se da en la mayoría de centros a la hora de dar Informática.

Uno de los hallazgos que me gustaría compartir es el de la siguiente página (o curso). Un curso de introducción a la programación para que el alumnado de últimos cursos de primaria y primeros de la ESO se familiarice con las nociones básicas de programación. Algo que, en un país como el nuestro, donde la programación siempre ha estado al margen del currículum oficial, puede ser útil para introducirlo en cursos posteriores (¿por qué no en cuarto de la ESO?).

Fuente: code.org

Fuente: code.org

Este curso básico permite introducir el trabajo por bloques (algo básico en la programación) de una forma muy intuitiva. Además potencia el pensamiento computacional y, mediante diferentes “puzzles”, anima a que el alumnado vaya un paso más allá de forma autónoma. Algo que permite ayudar a resolver problemas futuros. Algo que establece unas bases que son realmente importantes en el contexto social (en su vertiente más tecnológica y de establecimiento de prioridades) en el que nos movemos.

Code_org_miniSe trata de algo muy básico pero que permite ir un paso más allá. Además, en lugar de las 20 horas marcadas del curso, si optamos por realizarlo en cursos avanzados de la ESO el tiempo se reduce. Potencia también el trabajo autónomo y diferenciado (cada uno puede ir a su ritmo) con el establecimiento de diferentes premios (en este caso trofeos virtuales) que, en todo momento, el docente controla (hay cuentas de alumnos y de docentes). Algo que ayuda mucho en las aulas tan diversas que existen en nuestros centros educativos.

 El curso está disponible en castellano y catalán.

Una idea para implementar en el aula que os recomiendo y que a mí me está funcionando bastante bien.

La teoría de la reina roja

la_reina_rojaMirarse al espejo. Retroceder en el tiempo. Avanzar para llegar al mismo lugar de partida. Una teoría de aplicación inmediata en nuestro sistema educativo. Cambiarlo todo para que nada cambie. Mover ficha para tener que volver a la casilla de salida. Incorporar herramientas para que, una vez dado el paso, la inercia haga volver a zonas de confort predeterminadas.

Alicia miró alrededor suyo con gran sorpresa.

-Pero ¿cómo? ¡Si parece que hemos estado bajo este árbol todo el tiempo! ¡Todo está igual que antes!

-¡Pues claro que sí! -convino la Reina-. Y, ¿cómo si no? -Bueno, lo que es en mi país -aclaró Alicia, jadeando aún bastante, cuando se corre tan rápido como lo hemos estado haciendo y durante algún tiempo, se suele llegar a alguna otra parte…

-¡Un país bastante lento! -replicó la Reina-.

Lo que es aquí, como ves, hace falta correr todo cuanto una pueda para permanecer en el mismo sitio. Si se quiere llegar a otra parte hay que correr por lo menos dos veces más rápido.

Lewis Carrol, Alicia a través del espejo

Entre depredador y presa existe una relación contradictoria. Algo que, trasladado al aula, hace imposible cualquier predicción sobre los cambios que se deben llevar a cabo. Un azar que más de uno intenta controlar. Un azar que, como su nombre indica, va a depender de demasiados factores externos y difícilmente internalizables en el aula.

Probablemente la extinción del sistema educativo sea la única solución a las necesidades que se planteen para una mejora real del sistema. Seguramente la habilidad de los individuos que reciben la instrucción se adapte a las necesidades de supervivencia en la sociedad que les rodea. Quizás sea todo en vano y sólo acaben sobreviviendo los que sean capaz de elaborar su propia estrategia de defensa y avance. Quizás todo sea mucho más complejo que lo que pretende solucionar la estandarización.

No tengo claro el sentido del avance para poder ir más rápido y, así poder avanzar lentamente. No tengo claro tampoco de dónde va a venir el mismo. Lo que sí que tengo claro es que el mismo no se dará en las aulas y será mucho más global de lo que las sillas, los horarios y la comunidad educativa pretende. ¿Cuándo y cómo? Ni idea. Para eso el tarot o las evacuaciones predictivas de algunos.

Lignum Crucis 2.0

Lignum-crucisEl otro día en una de mis redes sociales favoritas se preguntaron en voz alta qué se había hecho del movimiento E3 que patrocinó en su momento Telefónica. Un movimiento dónde muchos docentes que conozco se apuntaron y que, curiosamente, se ha sepultado en el olvido más profundo. Un movimiento que generó grandes expectativas y que, como todo lo que sucede en los últimos tiempos con el dospuntocerismo educativo, fue abandonado después de estar vendiendo humo un período de tiempo razonable. Humo que sirvió para que Telefónica se hiciera propaganda, para que algunos ilusos participaran en el tinglado y para que otros se llevaran un buen bocado (no sólo a nivel económico) del asunto.

Esto del mamoneo del 2.0 está generando una gran cantidad de residuos. Este Lignum Crucis 2.0 serviría para llenar camiones de ilusiones, bravucones y bribones. Unos restos que pululan por doquier. Unos restos que económicamente han esquilmado a la administración y ha hecho parecer bobo al más pintado. Unos restos maravillosos de los que muchos no quieren acordarse. Un olvido que se hace bajo el pretexto de mirar hacia adelante. Qué bonito. Qué ilusión. Qué ganas de esconder lo que fracasó hace bien poco para meterse en otro fregado que va a acabar, con mucha seguridad, igual (por no decir, peor).

¿Dónde están esas distribuciones autonómicas que habían de destronar a Windows? Más allá de Lliurex  (la de la Comunidad Valenciana) y alguna otra que me dejo, la mayoría se han ido a pique. Se han acabado las subvenciones. Se ha acabado la renovación de personal para mantenerlas. ¿Cuánto dinero se ha gastado en la quimera? ¿Cuánto en publicitar algo que, por diferentes motivos, se ha decidido finiquitar?

Podríamos seguir con el invento de los portátiles de la Escuela 2.0. Algunos, como los andaluces, aún tienen tiempo de seguir tirando dinero para invertirlo en ordenadores. Muchas otras Comunidades han apelado a la economía de las familias. Otras, las más guays y en los centros chulis, ya se han pasado a las tabletas. ¿Qué pasará cuando se acabe el boom de la tecnología a la moda? ¿Qué pasará cuando alguien con sentido común impida que se cometa tamaño despropósito económico? Por ahora se vende… ¿hasta cuándo se va a seguir comprando humo?

Seguiría con las plataformas de contenidos. El maravilloso Agrega. Un repositorio de contenidos del Ministerio en el que no participó ni el tato. Bueno, el tato y sus correligionarios quizás. Algo que ahora intentan revivir. ¿Cuánta pasta ha valido algo que ni se ha usado ni casi ningún docente de este país conoce?

Hay más tinglados que se han ido al garete. Las licencias de estudios para crear materiales educativos que nadie usa, las PDI avaladas por expertos que no han pisado un aula, los portales de contenidos, las redes sociales de intercambio de información, los macrocongresos subvencionados por el mejor postor, las pegatinas, los bolis y las bolsas para llevarlos. Cuánto daño hace la inconsciencia que avalan algunos. Cuánto daño ha hecho a la Educación el stablishment dospuntoceril.

Lástima que mientras sigan habiendo ilusiones de algunos que para esto no quieren que les recuerden la memoria histórica, otros aprovechados del sistema y algunas empresas que estén haciendo su agosto, esto va a ser un no parar. Lo triste es la falta de crítica. Algo que algunos encontramos mucho a faltar en este juego de trileros.

Muchas gracias a Néstor Alonso (@potachov) por el título del artículo e inspiración.

Carta abierta a los responsables del INTEF

Estimado señor/a/es/as reponsable/s del INTEF,

Me dirijo a ustedes para hacerles llegar, quizás de una forma bastante más abierta de la que suele ser habitual últimamente, una reflexión sobre el proceso de matriculación de los cursos de formación que han abierto estos días. Una reflexión, en voz alta, sobre algunas cuestiones que han planteado mi, creo que lógico, enojo con un proceso cada vez más burocratizado y que exige, en algunas ocasiones, mucho tiempo y esfuerzo de muchos centros en ir redactando la documentación que nos piden.

Reconozco que quizás no sean los culpables del despropósito que supone el que la administración central no sepa dónde o en qué cargos están trabajando sus docentes. Reconozco que quizás no sean los culpables de no saber quién ha publicado en Agrega (algo que ahora intentan revivir en un proyecto que han autodenominado Procomún). Reconozco que no sean capaces de indagar, por no disponer de bases de datos suficientes, quiénes son los docentes que están participando en proyectos de innovación.

A pesar de lo anterior creo que su labor debería estar informados sobre ello. No es de recibo que un organismo de formación de docentes de ámbito estatal desconozca lo anterior. No les acuso directamente de ello (se lo he comentado en el párrafo anterior) pero, lo que sí que debería lo anterior, es dar lugar a un análisis sosegado de la necesidad de su existencia en un entorno donde los datos y la transparencia debería estar a la orden del día.

Llevo más de una semana bregando con su maravilloso formulario. Un formulario al que cada vez estoy añadiendo más datos. Un formulario que, curiosamente, premia con diferentes puntos a aquellos que están más alejados de la docencia directa. Un formulario que está hecho, y créanme que se lo digo con toda la buena fe, para dificultar las cosas hasta lo indecible.

Al final creo que no voy a matricularme a ninguno de sus cursos (aunque alguno de ellos me parezca de interés). Creo que, después de haber hecho perder el tiempo a la administrativa, al secretario y al director de mi centro para pedirles documentación, no voy a acabar de gestionar la matrícula. Y no lo voy a hacer porque creo que todo el proceso es un auténtico rompecabezas que no facilita la formación docente.

Me han defraudado. Veo que quizás la oligarquía que están intentando instalar en el Ministerio está trasladándose, salvo contadas y honrosas excepciones, al apartado de formación docente. Una formación que se gestiona desde cargos puestos a dedo por el gobierno de turno y ejecutada por la oposición cada vez más fiel a los butacones de diferente material. Una formación cada vez más burocratizada que intenta trasladar unas maneras de hacer que no me gustan. Algo que, en sus última jugadas, me están confirmando.

Les ruego me perdonen la misiva anterior pero creo que es algo que tocaba decir.

Un simple funcionario docente.

El éxito y el fracaso como valores absolutos

exito_o_failEn el mundo educativo hay cierta tendencia a oscilar entre dos valores absolutos. Valores en forma de ceros o unos. Valores que se perciben como éxito o fracaso. Valores que, curiosamente, toman su vertiente más objetiva para objetivar algo que es demasiado subjetivo. Valores que, a algunos no les gustan (o alardean de ello) pero que, a la postre, usan para clasificar determinadas acciones formativas.

Hacer bien una actividad significa que la misma sea percibida y valorada como un éxito para el estudiante (y quizás, también, para el resto de la comunidad educativa que ha acompañado en la realización de la misma). Hacer mal una actividad significa, en cambio, un fracaso a muchos niveles. Un fracaso que más de uno se encarga de remarcar. Un fracaso que, no obstante existir, lleva asociada la dejadez en la corrección de la conducta. Fracasar no es malo. Permitirlo y no ofrecer corrección a dicho fracaso en un mundo de valores absolutos es algo muy cuestionable.

Acabar una determinada formación y, a pesar de las calificaciones académicas, salir mal preparado de la misma. ¿Es lo anterior un éxito o un fracaso? ¿Se puede mantener como valor absoluto la definición de la acción formativa? ¿Se puede extrapolar un éxito académico a un futuro éxito profesional? ¿Se debe dejar en manos de unos valores absolutos la realidad social externa y, en demasiadas ocasiones poco coincidente con la académica, cuando el entorno es cambiante a una velocidad vertiginosa?

Cuesta alejarse de la clasificación. Los unos y los ceros se llevan usando demasiados años (no sólo décadas) en la realidad educativa. Números que trasladados a valores analógicos permiten realizar una clasificación irreal por no tener en cuenta las realidades de los alumnos. Realidades, por cierto, ligeramente soslayadas por parte de muchos docentes. Docentes que, a pesar de poner todo su empeño en mitigar ese absolutismo mal entendido, siguen manteniendo formas de antaño.

El éxito o el fracaso deben estudiarse y ponerse en su justo contexto. Algo que está totalmente alejado de los tests y que, más allá de lo necesarios que algunos consideren los mismos para poner medallas o arrastrar en el fango a los alumnos en tiernas edades, deben ser tomados como indicadores de intervención. Unos indicadores que indican muchas más cosas que las puramente académicas. Unos indicadores que hablan de lo social. Algo que muchos no quieren ver. Algo que a muchos les apetece esconder.

Hay miserables en este mundo pero, los peores son aquellos que plantean los términos de éxito o fracaso como valores absolutos e inamovibles.

De profesión “sexador de pollos”

sexar_pollosSiempre me ha hecho gracia el oficio de sexador de pollos. Una profesión que, por lo que se ve, aparte de estar bien pagada, exige una gran destreza manual. Sexar un pollo es algo complicado. Averiguar si con tus manos descubres que te has hecho con un galán o una futura señora gallina es algo que cuesta. Obliga a muchas horas de práctica. Obliga a tener una dedicación para un trabajo en el que no hay dos pollos iguales. Bueno, no los hay, pero los sexaremos igual.

¿Alguien se imagina un coaching de sexado de pollos? ¿Alguien se imagina alguien que, sin haber visto un pollo en su vida (y, en caso de haberlo visto, estaba dentro de una maravillosa bolsa bien asado), sea capaz de asesorar a uno que ha sexado miles de ejemplares? ¿Alguien considera que puede impartir un curso sobre la profesión sin haber manipulado nunca los genitales de esas lindas aves?

Voy a montar un curso sobre sexadores. Un curso online donde, mediante un trabajo colaborativo fuera del tocamiento, vayamos a hablar de esos maravillosos animales plumípedos. Un curso con hashtag en Twitter. Un curso con página en Facebook. Un curso con grandes foros para ir colgando imágenes de esos lugares donde la presión hará efectiva la taxonomización del animal.

Supongo que el Ministerio de Agricultura patrocinará lo anterior. Qué mejor que gastar dinero, a ser posible de subvenciones europeas, en cursos altamente relevantes. Relevantes para el bolsillo de quien lo organiza. Relevante para aquellas papelerías que van a plastificar los certificados. Relevantes para aquellos que necesitan el máster en sexado pollil para poder empezar a trabajar con esos pingüinos que en mala hora se amarillearon.

Tengo incluso nombre para el chiringuito: SEPOLLO, S.L. Magníficas siglas para empezar a trabajar sobre materiales digitales. Materiales, por cierto, diseñados por alguien que no ha sexado un pollo en su vida. Materiales que, una vez manufacturados, se venderán cual rosquillas. Materiales muy visuales y en encapsulados más que convenientes para ser vendidos al por mayor. Masivo… ¿por qué empezar por ofrecer calidad cuando lo que interesa es ganar dinero vendiendo formación?

Ahora sólo me falta crear la web y los perfiles en las redes sociales. Espero, por cierto, que nadie sea tan listo de patentármelo. Algo, por cierto, que sólo hacen los crápulas y las tecnológicas. Bueno, los crápulas y los futuros formadores que fichen a bajo precio. Total… para lo que se va a enseñar.

Ni tarot ni papanatismos. Ahora lo que se vende es el curso de “sexador de pollo”. Eso sí, con sus coachers y DVD de how to. Ya tardáis en pedirlo.

El falso rol del docente como creador de contenidos

crear_contenidos_14La mayoría de docentes no deberían crear sus propios contenidos. Es enorme la cantidad de recursos, algunos de ellos excelentes, que se han distribuido por la red. Contenidos, en muchos casos, licenciados bajo licencias libres que permiten ser usados en bruto o adaptados a las necesidades puntuales del aula. Recursos que deben ser fácilmente adaptables y alejarse de aquellos estándares de empaquetado y agregación que supongan excesivos problemas técnicos al docente (pongamos que hablo de SCORM).

Desde hace algún tiempo se está vendiendo la necesidad, por parte de algunas administraciones, de que el docente cree sus propios contenidos. Cursos sobre herramientas de creación de contenidos, encapsulado de los mismos e integración en diferentes plataformas tecnológicas. Complicando la vida a la mayoría de docentes de aula. Docentes que lo único que necesitan es que se les indique dónde encontrar esos contenidos (¿soy el único que encuentra a faltar un repositorio centralizado de los mismos bien taxonomizado?). Unos contenidos que deben ser fáciles de reutilizar en función de las necesidades de las aulas en las que impartan docencia. Contenidos no sólo teóricos. Contenidos más allá de lo que se entiende como parte teórica curricular.

En mi caso hace tiempo que dejé de elaborar contenidos. La cantidad de tiempo que suponía lo anterior no compensaba el uso real que hacía de los mismos. Quizás es que cuando se está en el aula lo importante son otras cosas. Quizás es que, habiendo tanto bueno por la red, es un poco perder el tiempo rehacer lo hecho. Quizás es que no conviene centrarse en la parte más formal del sistema educativo y empezar a trabajar con las necesidades de los chavales.

El problema que se encuentra un docente cuando quiere adaptar/reutilizar los contenidos de la red es, en demasiadas ocasiones, cómo gestionar dicha adaptación. Los estándares que se están usando para distribuir el contenido libre tienen mucho de complicación para alguien que no quiere complicarse la vida. Tener la posibilidad de descargar los encapsulados para, posteriormente, rehacerlos en el editor de turno (muchas veces poco intuitivo), es algo que debería replantearse.

Lo triste es que hay sistemas que permiten reelaborar (reescribir, añadir o eliminar) materiales educativos digitales. Sistemas que, lamentablemente, están en manos de empresas privadas. Sistemas que obligan a usar unos determinados elementos tecnológicos (sea Apple para poder disfrutar de su excelente iBooks Author) o bien la nueva plataforma de Aula Planeta que obliga a comprar los libros digitales a dicha editorial. Dos soluciones tecnológicamente muy fáciles para el docente que no quiere complicarse con la tecnología pero que hacen que debas optar por soluciones de trabajo de pago.

A diferencia de algunos no tengo muy claro el futuro del docente en la era de lo digital. Lo que sí que tengo claro es que, dentro de las funciones principales del docente no deben incluirse la creación de contenidos (entendiendo como contenidos a todo lo que rodea “el dar clase”). Algo que me he replanteado en los últimos tiempos a la vista de las realidades/necesidades de aula. Unas necesidades que ya obligan a mucho y que tienen muy poco que ver con el tipo de contenidos/materiales que estemos utilizando.

La conectividad, el talón de Aquiles de las TIC

Cuando estoy en el aula planteando alguna actividad en la que es necesario que medien las TIC (y eso, en mi caso, es bastante habitual) recuerdo que mis posibilidades de éxito son limitadas. Siempre tengo en la cabeza el vídeo de Enjuto Mojamuto que, al margen de la ironía que se desprende del mismo, va a ser trasladado con muchas posibilidades a mi aula.

Sí, tal como se desprende de lo anterior, siempre va a existir posibilidades de que, por diferentes motivos, la conectividad se diluya a lo largo de la sesión. Que, por diferentes motivos (de los que ninguno depende de mí), me encuentre con que los alumnos sean incapaces de trabajar con la herrramienta propuesta o acceder a determinados contenidos que les permitan llevar a cabo la tarea planteada para ese día. Que, después de pasar por el estado de euforia inicial que supone planificar algo que pueda ser interesante para ellos, me encuentre mirando al vacío por no tener conectividad.

La conectividad y la velocidad de dicha conexión es el gran talón de Aquiles de las TIC. Podemos tener los equipos más maravillosos, las PDI más relucientes, el profesorado más preparado y las ideas más guays para llevarlas a cabo con nuestros alumnos pero, al final, todo va a depender de unas señales de ceros y unos que se van a empecinar en tumbar nuestras expectativas.

Ahora la cosa en mi centro aún es peor. Los alumnos se han hecho fuertes con herramientas que son capaces de bloquear la wifi. Programas que, de muy fácil uso, son capaces de enviar paquetes a discreción como peticiones y que, debido a dicho aumento de peticiones, la wifi del centro deja de funcionar. Programas, por cierto, indetectables para los docentes de aula. Unos docentes que, curiosamente, llegan cabreados a la sala de profesores para preguntarte cómo es que la wifi no funciona. Cómo es que no han podido hacer clase.

Lo reconozco. La conectividad limita en gran medida la implantación de las TIC. Sólo que la conexión falle ya se está dando otro argumento más (y ya son muchos) a aquellos que piensan que las TIC lo único que son es una pérdida de tiempo. Lo más grave es que, si quieres ser objetivo, has de darles toda la razón.

Ninguna administración está por la labor de mejorar la conectividad de los centros. Una conectividad que también se cargan algunos docentes que se dedican a bajar música o películas de internet con la red del centro (sí, hay más de uno), alumnos que hacen lo mismo y, finalmente, esos alumnos que van pasándose los programas y los sistemas para bloquear la conexión. Lo mismo que antes con el bloqueo de cerraduras y las amenazas de bomba pero mucho más anónimo y más 2.0.

Sin conexión no hay Escuela 2.0. Con una mala conexión hay un despropósito educativo de considerables proporciones.

No todo el mundo sirve para tutorizar en red

tutor_virtual_14No todo el mundo sirve para tutorizar en red. Las tutorías online tienen algunas características específicas que hacen que no todos los docentes sean válidos para llevar a cabo dicha tarea. Una tarea, por cierto y si quiere llevarse bien, implica una mayor capacidad de gestión del tiempo y empatía que una tutorización formativa presencial.

Llevo a mis espaldas haber cursado numerosos ejemplos de despropósitos (a nivel de tutorización) del mal llamado e-learning. Tutores cuya interacción con los alumnos es mínima e, incluso algunos, cuya única interacción se realiza en el momento de dar las calificaciones. Algo, por cierto, más que cuestionable.

Tutorizar en red es como estar permanentemente tomando un café con los amigos. Una tarea que no dispone de horarios (aunque algunos -y no son casos únicos- tutores avisen de que sólo responderán a correos de nueve a tres de lunes a viernes). Una tarea que, por mucho que queramos mantenerla dentro de un control, lo único que implica es tener una capacidad de improvisación exagerada. La red es incontrolable, ingobernable y, por ende, muy difícil de pautar. Unas pautas que muchos intentan extrapolar de las clases presenciales. Un error que conlleva un fracaso en dicha tutorización.

Siempre he dicho que para tutorizar un curso en línea se ha de saber interactuar en línea. Los tutores deben ser docentes cuya interacción en las diferentes redes sociales sea solvente. Docentes que llevan tiempo compartiendo e interactuando. Docentes que sean capaces de, antes de proceder a esa tutorización reglada, de mantener conversaciones sobre temas educativos y/o personales en entornos digitales.

Gestionar una tutorización de un curso que ni tan sólo has participado en la creación del contenido es algo mucho más difícil. Presenta una doble disyuntiva: hacer lo pautado o alternar dicho contenido con ideas propias. A veces esas ideas propias, trasladadas a los alumnos, ayudan a marcar la diferencia entre un curso aburrido, prediseñado y difícil de digerir y otro que sea capaz de mantener la atención de los alumnos. Unos alumnos que, al ser en su mayor parte docentes de aula, parte de otra característica propia… la de haber muchos que lo hacen por el simple hecho de necesitar ese certificado final de obra (permitidme el símil).

También tengo claro que para tutorizar correctamente un curso en red debe llevarse en curso fuera de la plataforma elegida para realizarlo. Hacer un curso en la plataforma Moodle (por poner un ejemplo) no debería impedir que las conversaciones se trasladaran a las redes sociales. Hacer un curso exclusivamente dentro del entorno diseñado es otra cosa que también hace que la falta de atractivo de ese entorno sea una losa importante.

Otra cuestión importante es el concepto de jerarquización vertical. Plantear los cursos de formación como lo que se está haciendo habitualmente en las aulas es un error. Plantear que los docentes que reciben formación deben ser tratados como simples alumnos es algo que conlleva una mala praxis. Debe haber horizontalidad ya que, en este caso, si el tutor no es capaz de sentirse como uno más y aprender de los propios aprendices más vale hacer las maletas. Unas maletas para no volver. Unas maletas que debería hacer más de uno de esos tutores. Unas maletas que, curiosamente, sólo hacen los que están hastiados de este funcionamiento vertical tan rígido.

Unas breves ideas, intentadas plasmar en un artículo incoherente, muy relacionadas con un curso online que estoy realizando y acordándome de muchos otros. La mayoría… infumables (y no precisamente por el contenido de los mismos).

El arte de fabricar estupefacientes

estupefacientes_14En mi centro educativo existe un taller de elaboración y distribución de estupefacientes. El director, como jefe de personal y responsable máximo del cártel, tiene actualmente en el almacén una cantidad que debe de rondar los 50 kg de sustancia. Una cantidad que, grosso modo, va a permitir sanear la economía de nuestro centro, pagar los coches de lujo que tenemos los docentes y, con el sobrante, poder enviar la mordida pertinente a inspección.

El blanqueo de capital corre a cargo del secretario del centro. Ayudado por la administrativa, que es quien se encarga de realizar las facturas falsas por determinados servicios y distribuir los beneficios de dicha venta entre los docentes del Claustro. Unos ingresos que, automáticamente, se realizan en bitcoins (prácticamente irrastreables).

Los de química son los encargados de elaborar el producto. Lo elaboran mediante instrumental cada vez más complejo (al principio la dotación de centro no daba para mucha cantidad). Un instrumental que añade pureza a nuestro producto. Un instrumental que, bien usado y gestionado, permite duplicar en pocos días las cantidades producidas.

Los de Tecnología somos los encargados de elaborar los baúles con los que se va a distribuir el producto. Una distribución que van a controlar al milímetro los del ciclo formativo de grado medio de administración. Una distribución que va a incluir todos los aspectos (desde las estrategias de marketing hasta los aranceles fronterizos para la distribución internacional).

Usamos también mulas en nuestra distribución diaria. Alumnos preparados para llevar en su cuerpo una pequeña parte de nuestra ingente producción. Alumnos a los que se ha instruido para que consigan mantener el tipo ante los de aduanas y con una capacidad de escurrirse sin parangón por si son detectados. Correrán más rápido que los galgos debido a su exquisita preparación física.

No olvidemos que en esto estamos todos pringados. Cada uno dentro de sus posibilidades/habilidades. Un proyecto de elaboración y distribución que sigue todos los estándares de calidad. Incluso tenemos las normas ISO que lo certifican.

Mucho dinero ganado. Una gran capacidad de implementar mejoras en nuestra producción. En definitiva, un complemento salarial para unos sueldos cada vez más paupérrimos. O nos buscábamos la vida, o…

Una versión, en clave poco realista, de cómo debería funcionar un centro educativo. Allá cada uno con los símiles que las falsas líneas anteriores le permitan establecer.