abr 162012
 

No se puede estar tranquilo un solo día. Cada día más recortes. Muchos de ellos, como siempre, dirigidos a la línea de flotación del estado del bienestar. Dos sectores sufren la mayoría de agresiones: el educativo y el sanitario. Ni interesa que la gente viva años (excepto los de la “casta”) ni interesa que la cultura llegue a gran parte de la sociedad. Incultos y muertos antes de la jubilación son las dos estrategias que están tomando desde los últimos años los políticos de nuestro país. Eso sí, chalets en La Moraleja cada vez más acondicionados, casta política a la que no le falta de nada y más mecanismos de represión de los que se dota el propio Estado.

Un resumen rápido de las nuevas medidas educativas destinadas a la mejora de la eficiencia del sistema:

  • Aulas con 33 alumnos en primaria y 40 en secundaria
  • No se van a cubrir las bajas hasta los diez días de ausencia del docente
  • Aumento de horas lectivas (20 mínimo en secundaria y 25 en primaria)
  • No obligatoriedad de la oferta de todas las especialidades en el nuevo curso de transición de la ESO a la FP o al Bachillerato
  • Retraso en la implantación de los nuevos ciclos de formación profesional

Lo anterior ha sido lo que se ha publicado en los diferentes medios de comunicación después de la reunión que ha tenido nuestro opinador metido a Ministro de Educación con los consejeros de Educación de las diferentes CC.AA. Mucho me temo que la realidad que se va a publicar va a ser aún peor.

Nos encontramos ante un nuevo y gravísimo ataque a la Educación española. Un posible retroceso que, con la heterogeneidad de las aulas de nuestro país, y con las necesidades de formación que se plantean para una posible salida permanente a la crisis económica y social actual puede hacer inviable la recuperación del mismo a medio plazo.

Ahora surge la principal cuestión. ¿Cómo va a reaccionar la sociedad ante esta nueva agresión a “su” sistema educativo? ¿Cómo van a reaccionar los padres ante tamaño despropósito?

¿Van los padres a dejar de llevar a sus hijos a los centros educativos como medida de presión ante los recortes en su futuro?

No creo que se vaya a dar esa situación. Deseable y que demostraría que la mayoría de padres y madres están implicados con la Educación más allá de considerar los centros educativos como simples “aparcaniños”. No sucederá. Seguirán llevando a sus hijos a los centros educativos. Será un poco triste no poder alegrarse algunos por recortes salariales a los docentes. Pero supongo que esperan que a la próxima andanada de recortes acaben de humillarles.

La pelota está en otro tejado. ¿Vamos a hacer algo los docentes para intentar luchar por el futuro de esos chavales con los que, día a día, compartimos muchas horas de nuestra vida?

Se propusieron muchas medidas para luchar contra los anteriores recortes. Se colgaron pancartas. Se fue a manifestaciones (masivas, por cierto). Se convocaron asambleas de forma continuada en los centros. Se enfundaron algunos docentes con camisetas verdes, negras y amarillas con eslóganes reivindicativos. Los más duros cercenaron las actividades extraescolares. Incluso hubo un maravilloso día de huelga. ¿Ha servido de algo?

Ahora queda actuar de forma más seria. Medidas hay cientos. Ninguna de afección directa sobre el alumno, pero muchas sobre la relación de los centros educativos con los que legislan desde despachos. La más importante. Cargarnos toda la organización del centro. Cargarnos toda su gestión cara a la Administración.

¿Van a dimitir los equipos directivos de los centros educativos españoles en bloque ante la nueva agresión de hoy?

Cada vez que ha habido un recorte en partidas educativas siempre me he hecho la misma pregunta anterior. ¿Por qué no dimiten los equipos directivos en bloque? ¿Por qué? Siempre se alega que si dimiten van a entrar los “enchufados”, los “inútiles” que comulgan con la opinión del partido mayoritario de dicha Comunidad. Curioso. Una simple excusa tan manida que deja de ser excusa. La ingobernabilidad la da el Claustro. No se acatan las decisiones de esos directores procedentes del régimen de turno. ¿Miedo a expedientes? Dudo mucho que la inspección tenga capacidad de expedientar a decenas de miles de docentes.

Eso sí. No son sólo los equipos directivos quienes deben de dimitir. Deben de hacerlo todos los cargos de gestión. Jefes de Departamento, coordinadores varios, responsables de taller, etc. Todos aquellos que reciban reducciones horarias y/o económicas por sus tareas. ¿O se valorarán más esos privilegios que la necesidad de luchar por un futuro mejor para nuestra sociedad?

Estamos en un colectivo muy extraño. Con sindicatos educativos muy politizados por el partido al cual se deben. Con docentes que miran primero por ellos y después por el global. Con muchas excusas para no hacer nada. Con muchas excusas para mantener sus cargos. Con muchas excusas para conformarse con medidas cara a la galería. En definitiva, las viejas excusas de siempre.

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abr 162012
 

La primera vez. ¡Qué curiosos recuerdos! Nos hacemos mayores. Siempre echamos la vista atrás. Recordamos situaciones. Actualizamos sensaciones. ¿Nadie se acuerda de esos nervios de “la novedad”? ¿Nadie se acuerda de la disyuntiva entre hacerlo bien o mal? ¿Nadie se acuerda de esa sensación extraña y de esos temblores que le recorrían todo el cuerpo? ¿Nadie se acuerda de esa voz altisonante que no consigue encontrar su volumen adecuado?

La edad es lo que tiene. Nos dirige, a veces, al pasado. Nos recuerda cosas que hicimos. Situaciones que vivimos. Sensaciones que experimentamos. La primera vez… Esa primera vez.

Fue hace unos años. Bastantes si me pongo a ser sincero. ¿Catorce o quince? No tengo ganas de consultarlo más a fondo. Tampoco tiene demasiada importancia. Un viernes. De eso sí que me acuerdo. Un viernes de octubre. Fresco pero de cielo azul intenso. Muy intenso. Colores y olores que aún recuerda mi mente.

Vayamos al principio. Llamada el día antes. Sustitución en un pueblo de montaña. Finalizando mi ingeniería superior. Una plaza de Tecnología. Para todo el año. Uno que se apuntó a listas cuando acabó la carrera técnica. Totalmente antivocacional y apuntado por situaciones familiares. Tener padres docentes es lo que tiene. Sin olvidarnos del abuelo. De los maestros del régimen. Como muchos. Como miles. De esos que pasaban mucha hambre. Que tenían que dar horas extras para poder vivir.

Si empezar fue el viernes, la llamada el jueves. El mismo día de la misma hacia la Delegación de Educación pertinente. A hacer los papeles. Llego y la plaza no es para mi. Dicen que esperan a otro. Me voy a dar una vuelta por la capital. No hay decepción. Continuaré asistiendo a la Universidad. Se vive bien allí. Me llaman al cabo de un par de horas. El interfecto que en un primer momento había aceptado la plaza no la quiere. Me dicen si aún la quiero. Voy corriendo. Literalmente. Llego, firmo y voy a casa a contarlo. Curioso aceptar una plaza al lado del pueblo donde empezó mi padre a trabajar de maestro. Casualidades de la vida.

Ya estamos en viernes. Me acompaña mi padre. Él se conoce la zona. Llegamos a las nueve menos cuarto. Hora y media de viaje. Buscamos el Instituto. Llegamos y está oscuro. No hay nadie. ¿Será festivo? Bajamos al pueblo desde las alturas donde se halla el mismo. Entramos en un bar. Un único bar abierto a esas horas. Nos comentan que las clases en ese pueblo empiezan a las diez. Problemas de transporte escolar nos dicen. Dejo a mi padre y a las diez menos diez traspaso la puerta. Nervioso. Muy nervioso.

Hablo con el administrativo. Dentro de unos años cuando en el centro forme parte del equipo directivo trabajaré codo a codo con él. ¡Cómo cambian las cosas con el tiempo! Pero no adelantemos acontecimientos que poco tienen que ver con ese primer día. Con esa primera vez. Le digo que soy el sustituto de Tecnología. Me envía a hablar con la directora. Me dice hola, me da el horario y me empuja a dar la primera clase. Sin tiempos muertos. En dos minutos tengo que entrar en un aula. Recuerdo el hecho. Recuerdo que cuando entré en la dirección lo cambiamos. El primer día a los sustitutos se les asesoraba. Se les enseñaba el centro. Se les atendía. Se les daba una ruta de viaje. Se les presentaba a sus compañeros de Departamento. Lo necesitan. Como yo lo necesité en su momento.

Busco el aula. El centro es pequeño y la encuentro rápidamente. Entro y de repente se abre la puerta. Ocho alumnos, talluditos ya, que entran en la misma. Cuchichean entre ellos. Me miran. Tengo miedo escénico. No sé qué hacer. Estoy totalmente desorientado. No tengo ni libro ni nada. Sólo una pizarra detrás mío y unos chavales con casi mi edad. No nos llevamos ni cinco años. Empecé muy joven en esto. Me presento. Me tiembla la voz. Ellos se sonríen. Me alejo de la pizarra. Me siento en un taburete al lado de ellos. Es el taller de Tecnología. Por eso lo de los taburetes. Hablamos. La hora pasa muy rápido.

Lo del taburete fue sintomático. Ahora hago lo mismo. Puedo tener más alumnos pero no evito el primer día el moverme físicamente hacia el grupo. Nunca empiezo temario el primer día. Hablo con ellos. Después de catorce (o quince) años con muchos menos nervios. Aunque nunca desaparecen del todo el primer día (y más si aterrizo en un centro nuevo).

Después de esa primera hora; libre. Voy al Departamento. Busco a mi compañero. Somos dos en el mismo. Me enseña donde están los libros de texto. Por mucha crítica a los mismos fueron mi salvación ese día. Tres horas más. Con unos veinte alumnos en el aula. Dando una asignatura que desconocía. Usando el libro. Haciendo de mal docente. Fue un aterrizaje extraño.

Se acaba el horario. Tarde incluida. El empezar a las diez es lo que tenía. Los viernes hasta las cinco. Bajo a buscar a mi padre. Buscamos alojamiento para la semana que viene. El mismo hotel en el que él estuvo hace treinta años viviendo. Se repite la historia. Una hora y media de conversación bajando a casa. Muchas sensaciones a flor de piel. Aún pasados los años lo recuerdo con mucho cariño. Con mucho.

¿Os acordáis de vuestra primera vez?

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abr 152012
 

Estos últimos días se ha conocido el nuevo diseño del modelo de formación del profesorado en Aragón. Un modelo que se va a presentar este lunes y que incluye algunas cuestiones interesantes de amplio calado para el futuro formativo de los docentes de dicha Comunidad.

Antes de empezar a desglosar los principales cambios y a exponer algunas opiniones sobre los mismos, me gustaría incorporar un par de premisas importantes, que tienen mucho a ver, a la hora de realizar este artículo:

  • No trabajo en el ámbito de la Consejería de Educación de Aragón
  • No trabajo en ningún centro de formación del profesorado en ninguna CC.AA.

Por tanto, la ventaja de ello es la objetividad con que puedo plantear dicho análisis, intentando desde la distancia, realizarlo en las condiciones de observador imparcial. Eso sí, teniendo en cuenta la desventaja que supone no conocer las interioridades de los CPRs de esa Comunidad.

Sin más preludios vamos a analizar las principales líneas generales del nuevo modelo.

El nuevo modelo elimina los actuales 17 Centros de Profesores y Recursos (CPR) y los sustituye por cuatro Centros de Innovación y Formación Educativa (CIFE), ubicados uno en la ciudad de Huesca, otro en la de Teruel y dos en la de Zaragoza, que tendrán, a su vez, delegaciones en Monzón, Alcañiz, Calatayud y Ejea. Además, habrá 34 unidades de formación en otras tantas localidades dependientes de estos centros

Se eliminan los CPRs, crea cuatro centros de innovación y formación (CIFE) y cuatro delegaciones de los mismos. Ello sin olvidar las 34 unidades de formación dependientes de los cuatro CIFEs. ¿Qué reducción de costes o aumento de eficacia va a tener esta medida? Haciendo cuentas se observa que tiene que haber instalaciones “fijas” para ocho centros de formación (los cuatro CIFEs y sus delegaciones), mientras que se supone que las unidades de formación van a ser móviles. Demasiado poco claro conociendo la orografía del territorio. Un territorio muy extenso y bastante despoblado (a excepción de la capital, Zaragoza, donde se concentra la mayoría de la población del mismo). ¿Son necesarios cuatro CIFEs? ¿No podría montarse un solo CIFE en Zaragoza y dos delegaciones del mismo en las otras capitales de provincia (Huesca y Teruel) manteniendo unidades de formación localizadas en los diferentes territorios en función de la cantidad de docentes que estén impartiendo clase en los mismos? ¿Quién va a formar parte de esas unidades de formación? ¿Dónde se van a situar? ¿Van a tener su oficina en el coche o se les va a dotar de despachos en los centros que estén asignados como agentes de formación?

“Se traslada” el protagonismo de la formación desde el docente, que hasta ahora elegía los cursos que realizaba y que cursaba en los CPR o en otros centros acreditados, al centro, que será el que decida el plan de formación que necesita para atender las necesidades y el proyecto educativo del centro

Una buena medida. Son los centros, en base a su autonomía quienes decidirán las necesidades formativas de su Claustro. No tienen ningún sentido realizar cursos de fuera a dentro y, siempre va a ser más lógico y productivo montar cursos deseados y necesitados por cada centro educativo (con sus características intrínsecas) que ofertar una formación generalista, mayormente en herramientas que nunca iban a necesitar los docentes de muchos centros. Da la sensación de ser una buena adaptación al entorno.

Se crea la figura del coordinación de formación de centro, que, junto con el equipo directivo realizarán el plan de formación, teniendo en cuenta las líneas prioritaria fijadas desde el Departamento de Educación anualmente, así como sus necesidades

Falta ver cómo se articula dicha figura. Es imprescindible que exista, ya que puede ser el interlocutor válido con los CIFEs o las delegaciones, permitiendo que de dicho contacto salgan beneficios formativos para el propio centro. Si el mismo también tiene potestad, después de aprobación por Claustro, de pedir cursos de formación que, a priori no tienen que estar ofertados por los CIFEs, y la gestión que hace dicho coordinador haga factible su realización, puede ser muy provechoso.

El nuevo modelo contará con asesores de formación –que ya existen en la actualidad—, pero que en vez de estar en los CPR “serán quienes vayan a los centros” y ayudarán en el diseño del plan de formación, en dotarlo de contenido y en su desarrollo y también quien evaluará su eficacia

Me gusta la idea del formador itinerante. También puede ser que, desde la perspectiva personal, he tenido mala suerte en los centros que he aterrizado (ninguno de Aragón) de encontrarme con que la visita de los asesores ha brillado por su ausencia. Pero si extrapolo la visión de los docentes de los centros, hablándolo en pequeños comités, son muchos quienes no han visto un “asesor” en su centro en años. Me gustaría remarcar que quizás sea mala suerte y sean sólo los centros en los que he ido a recalar los que los “asesores” no hayan visitado. Además, lamentablemente, el trabajo de gestión y burocracia ocupa gran parte de su horario. Considero que es bueno pasar de asesor-burócrata a asesor-centro.

En esos planes de centro, se incluirán anualmente tres o cuatro sesiones destinadas a todo el claustro, de forma que será “una formación mínima e irrenunciable” para todos los docentes

Necesario “obligar” a formarse. Pero obligar a formarse en algo útil y no sólo para cubrir el expediente y conseguir los certificados que van a necesitar para concursos de traslados, complementos retributivos, cátedras, etc. Para ello es imprescindible tener un buen coordinador de formación en el centro y un buen asesor itinerante.

Finalmente, no me gustaría dejar en el tintero los últimos párrafos del artículo. Los que se dedica a hablar sobre el proceso de selección de esos “asesores” y lo necesario que es que no se eternicen en dichos puestos. Hay demasiados asesores que llevan más de diez años fuera del aula (supongo que en Aragón pasará lo mismo) y, ello va en detrimento de poder satisfacer las necesidades reales formativas del docente que está dando clases en un aula que ya no conocen.

Desde 1995 no ha habido convocatorias para los CPR, sino que se hacían por designación, mientras que el Departamento va a apostar ahora por la “publicidad, el mérito, la capacidad y la transparencia” para dotar estas plazas.

Según ha relatado, las plazas se deberán cubrir por personal funcionario docente con determinado número de años de carrera y se realizarán por comisión de servicio con una duración de tres años para los asesores de formación y de cuatro para los directores de centro.

En el caso de los directores, además de un baremo de méritos se pedirá la presentación de un proyecto de trabajo, mientras que en los asesores se está estudiando la posibilidad de exigir la presentación de una memoria o proyecto de trabajo, y también habrá concurso de méritos.

Sobre la duración de estas comisiones de servicio, el director general de Gestión de Personal ha sostenido que quieren evitar que estos profesionales “se eternicen” en esos puestos y “vuelvan al aula y se formen de otra manera” porque dará “más dinamismo y eficacia al sistema”

Por tanto, transparencia en la asignación de plazas (aunque ya veremos en que queda eso), acceso por méritos, mínimo de años de aula para poder estar como asesor (no olvidemos que hay muchos que no han estado ni un par de años en el aula). Eso sí, el máximo de tres años de permanencia ininterrumpida en una asesoría antes de volver a los centros me parece muy poco. Si dicha renovación se permitiera por tres años más sería bastante más coherente porque se tendrían asesores que conocerían mejor sus tareas (ya que el primer año es de puro aprendizaje).

No me disgusta el nuevo modelo si se basa en lo que se anuncia en esta noticia. Eso sí, hubiera sido bueno contar con la opinión de los docentes a pie de aula y de los asesores para poder diseñar un modelo que satisficiera a la mayor parte de la comunidad docente aragonesa.

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abr 142012
 

Cuando uno se encuentra con un correo electrónico donde le preguntan sobre un tema concreto y le piden su opinión, uno se plantea las posibles respuestas a dicha cuestión. En este caso, y a pesar de la necesidad de una respuesta concreta que, según el propio enunciado sólo puede considerarse afirmativa o negativa, me he permitido darle una pequeña vuelta a la propia cuestión y trocearla en diferentes reflexiones.

En primer lugar, ¿podemos considerar que la tecnología en las aulas ha beneficiado el aprendizaje de los alumnos? Queda claro a la vista de la ausencia de investigaciones fiables que lo confirmen, que la introducción masiva de tecnología no ha beneficiado el aprendizaje de los alumnos. Eso sí, tampoco hay ninguna investigación que demuestre precisamente lo contrario. En definitiva, neutralidad en su introducción. Aunque podría considerarse curioso que sean los propios implicados en el lanzamiento de dichas tecnologías educativas quienes lleven a sus hijos a centros donde el uso de aparatos tecnológicos brilla por su casi total ausencia. ¿Contradicción o conocimiento de causa de los perjuicios que puede provocar “la docencia con TIC”? Supongo más bien que cuestiones personales que les han llevado a elegir ese tipo de centros.

La segunda cuestión que podríamos llegar a relacionar con la propia respuesta global sería si los alumnos son peores ahora que hace veinte años, cuando la tecnología era prácticamente inexistente en las aulas.

Cuestión controvertida. Para aquellos que creemos que son las situaciones sociales las que provocan ese empeoramiento en el aprendizaje de los alumnos y que el mismo viene primordialmente marcado por cada una de las situaciones familiares, nos podríamos encontrar con que los conocimientos básicos no están asumidos ni por parte de quienes tienen situaciones “normalizadas”. ¿Son necesarios conocimientos básicos más allá de que sepan buscar en el buscador de turno lo que necesitan para cada momento? ¿Son necesarios aprendizajes memorísticos y permanentes sobre cuestiones matemáticas, geográficas, lingüísticas, etc.? ¿O hay suficiente con dotar de las herramientas que les permitan acceder a las respuestas desde un terminal tecnológico? Tengo mis dudas. Pero no es sólo a nivel de los propios alumnos. Es incluso a nivel de mis compañeros, docentes con alguna titulación universitaria. Algunos de los cuales ni tan sólo saben dónde se hallan los monumentos más importantes de nuestro país y dudan, y mucho, en la localización geográfica de los principales ríos y montañas del planeta. Esos compañeros estudiaron hace veinte años. Con planes de estudios donde no existía la tecnología. Por tanto, dudo en que la tecnología sea la gran culpable de no haber asumido esos conocimientos, ni que los mismos sean tan imprescindibles.

Me da la sensación que es el propio cerebro quien se está adaptando a la nueva situación. No se trata de que sean más estúpidos ahora que antes de la implosión de las nuevas tecnologías. Se trata de un momento de adaptación, donde las nuevas tecnologías amplifican la ignorancia de siempre y, así da la sensación de que el alumno sea mucho más ignorante de lo que lo era en épocas pasadas.

Quizás se están modificando las habilidades de los propios alumnos (no sólo las que se refieren a nivel de adopción de aprendizajes) y de la propia sociedad, pero ello no creo que en ningún momento signifique que nuestros alumnos sean más estúpidos o ignorantes de lo que lo eran sus antecesores antes de la popularización y del uso masivo de las nuevas tecnologías.

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abr 132012
 

A día de hoy no existe ninguna investigación suficientemente válida o contrastada que indique lo qué piensan los docentes españoles sobre determinados aspectos del sistema educativo. Existe la posibilidad de consultar diferentes “investigaciones” donde se pregunta sobre algún tema concreto (como por ejemplo el uso de las TIC en el aula), pero no hay ninguna de suficiente entidad para investigar a fondo la opinión de unos de los principales actores del sistema sobre el mismo.

Por tanto, permitidme compartir y comentar, por las semejanzas que podría existir, salvando las distancias, una investigación realizada por Scholastic y patrocinada por la Fundación de Bill y Melinda Gates (el creador de Microsoft que, actualmente se halla prácticamente desconectado de su empresa, que se dedica fundamentalmente a realizar acciones de beneficio social junto con su mujer) donde se ha preguntado a más de 10000 docentes de centros públicos americanos a lo largo del país sobre el estado de sus centros educativos, sus aulas y su profesión.

En primer lugar veamos, a grandes rasgos, los factores que los docentes consideran que tienen una mayor repercusión para que los alumnos mejoren académicamente:

Por tanto, en el gráfico anterior se observa que los factores que, según los docentes, tendrían un gran impacto en la mejora educativa serían:

  1. La implicación de las familias y su apoyo
  2. La creación de altas expectativas para los alumnos
  3. Una dirección de los centros implicada y con habilidades de liderazgo
  4. Menos alumnos en cada aula

Y, dentro de los factores que, para los docentes, no tendrían demasiado efecto sobre dicha mejora estarían los que se muestran en el gráfico adjunto:

  1. Alargar la jornada lectiva
  2. Ligar salarios docentes a los resultados del centro escolar
  3. Ligar salarios docentes a los resultados individuales del docente
  4. Alargar el calendario escolar con más días lectivos

Por tanto, en muchos casos coincidentes (a falta de estudios fiables en nuestro país y sólo por cuestiones empíricas de charlas con muchos compañeros a lo largo de bastantes años) de lo mismo que se podría llegar a pensar en nuestro país.

Eso sí, en la investigación aparecen otros muchos datos interesantes: sobre la distribución del horario de los docentes, cómo se relacionan con las familias, qué tipos de tests de evaluación se consideran más fiables, etc. Os recomiendo que le echéis un vistazo en profundidad (enlace investigación 2012) a lo que he intentado plasmar en unas breves líneas.

No me gustaría finalizar el artículo sin comentar que es curioso que las medidas que, según rumores bastante fundamentados, se vayan a tomar en nuestro país (aumento de horas lectivas de los docentes, alargar calendario escolar, aumentar las ratios, etc.), totalmente en contra de la opinión mayoritaria de los que día a día están trabajando por los alumnos (dentro o fuera de las aulas) con los que he hablado, se hagan sin ningún informe o estudio previo del Ministerio entre sus docentes. Unos docentes a los que poco nos dejan opinar en cada cambio educativo que se realiza desde los despachos de turno. Y, cuando falla el invento, ¿no sabéis a quién echan la culpa?

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abr 122012
 

Hace bastante tiempo que tengo muy claro que la Educación se gestiona al margen del Ministerio y de las Consejerías. Que son determinados grupos de presión quienes deciden las medidas educativas que se aplican en nuestro país. Que en dichos grupos de presión se hallan las multinacionales y los bancos. Que son ellos, y no los políticos que nos gobiernan quienes deciden las medidas que se toman para salir de “su” crisis.

Un exagerado diréis unos. Un amante de las teorías de la conspiración diréis otros. La verdad, es que llega un momento que la realidad supera a la ficción.

Ayer mismo me pasan un enlace donde una multinacional muy conocida de nuestro país ofrece plazas de lectores de español en Universidades portuguesas. No me lo puedo creer. El propio Ministerio de Educación alojando sin ningún tipo de reparo propaganda de la misma.

Estamos intervenidos por las multinacionales y los bancos. Nuestro sistema educativo depende de ellos. No hay concurso educativo en lo que no participe alguna multinacional o banco como entidad patrocinadora (eso sí, mediante su fundación “sin ánimo de lucro” para que no se note). Docentes locos por participar. Suben sus trabajos y los comparten. Ganan un maravilloso premio y no dudan en posar con el logotipo del patrocinador. Vendidos al mercado que después tanto critican.

¡Qué voy a contar de los portátiles de la defenestrada Escuela 2.0! Prefiero no hablar. Empresas de tecnología que se han frotado las manos. Equipos comprados de determinadas marcas que satisficieran las necesidades irreales del sistema. Gasto de millones de euros. Beneficio para algunas empresas de la cuerda.

¿Y los libros de texto electrónicos? ¿Qué requisitos ha exigido la Administración? ¿Qué pertenezcan a determinadas editoriales? Docentes comprados con portátiles, viajes u otros regalitos para usar los libros de una determinada editorial. Se han dejado vender. Y no son uno ni dos.

Por ahora no tengo necesidad de venderme a quien gestiona desde las sombras la Educación. Con los recortes, tarde o temprano llegará ese momento. ¡Qué le vamos a hacer! Siempre queda la posibilidad de que ello sólo signifique ponernos un pequeño logo tatuado en nuestra frente y no tenga afección en el sistema. Iluso que es uno.

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abr 112012
 

Una de las grandes cuestiones que se plantean actualmente dentro de la reducción de costes que puede suponer para los centros educativos, es la posibilidad de ir migrando progresivamente sus equipos desde programas propietarios (o privativos) a programas de fuentes abiertas con el consiguiente ahorro en licencias que ello supondría.

Lamentablemente, a veces el fanatismo en el uso del sistema operativo Linux (en cualquiera de sus distribuciones) nos lleva en algunos casos a renunciar al pragmatismo necesario en dicha adopción. No es necesario migrar todos nuestros equipos a software libre, ni tan sólo renunciar a la posibilidad de usar equipos “antiguos” que ya dispongan de licencia de algún sistema operativo privativo mediante la incorporación de un sistema operativo “libre” a los mismos. Cualquier sistema de arranque puede servirnos para uso educativo sin coste añadido.

Los centros educativos no necesitan usar Linux. Necesitan usar programas de fuentes abiertas o de distribución gratuita. Lo de las fuentes abiertas, con la imposibilidad de que el docente de a pie sea un gran programador para modificar esas líneas de código a su gusto, es un poco utópico calcular sus beneficios. Mejor llamar a estos programas, programas de uso gratuito.

Por tanto, ¿qué alternativa les damos para no gastar ni un euro en licencias? Podemos dar dos tipos de alternativas:

  • La basada en programas gratuitos. Alternativas que satisfacen las necesidades básicas de cualquier docente
  • La basada en el cloud computing. Sí, sí, eso que significa usar programas “en la nube”

Si les ofrecemos la primera alternativa, nos encontramos básicamente con la necesidad de sustituir la suite ofimática, el programa de edición de imágenes y el de vídeo privativos por sus alternativas gratuitas. Ello significa tan sólo realizar los siguientes cambios:

Y todo ello sin olvidar la cantidad de programas “libres” que sustituyen a los programas de pago que existen en la actualidad, con más o menos calidad. Si queréis las alternativas libres a la mayoría de ellos las podéis encontrar en la siguiente web, donde por categorías (y tal como se muestra en la imagen adjunta) encontraréis todo lo que podáis imaginaros.

Ya estáis viendo la facilidad de introducir programas alternativos de calidad similar a aquellos que costaban sus buenos euros. Eso sí, para mi la opción a día de hoy y si la conexión a internet del centro educativo tiene unas ciertas condiciones de velocidad (teniendo en cuenta los filtros que ponen las Consejerías pertinentes para ver qué está vetado o no en los centros educativos que dependen de ellas) es la de usar programas “en la nube”. Con las herramientas de Google podemos prácticamente hacer de todo lo que se necesita habitualmente en el aula y que se podría hacer con programas instalados (gratuitos o de pago). Siempre con la ventaja de tener los formatos de los documentos, presentaciones y otro tipo de trabajos habituales de realización, sin que experimenten esos odiados cambios (cuando cambiamos de versiones y/o programas) desde cualquier ordenador conectado a la red. Todo ello sin entrar en el aspecto del trabajo colaborativo, para lo cual esas herramientas que se nos ofrecen gratuitamente ayudan, y mucho.

Como veis no es necesario hacer una migración masiva de los sistemas operativos. Se trata más bien de implementar una solución, a nivel de centro, que permita el acceso a los programas “a coste cero” que se puedan necesitar en cada momento. Para ello es imprescindible una correcta formación de los docentes y alumnos que trabajen en los mismos para que puedan usarlos en condiciones.

Actualización

Supongo que la lectura del artículo, a la vista de los comentarios (y otro tipo de interacciones sobre el mismo) puede llevar a la confusión o a dar lugar a malas interpretaciones sobre las ideas que se intentan expresar. En primer lugar comentar que no se trata de “no usar Linux”; más bien de la “innecesariedad de su uso cuando ya se haya instalado un sistema operativo privativo con licencia a perpetuidad”. No me estoy refiriendo a esas licencias que, año tras año, abonan las Administraciones educativas a una determinada multinacional. Me estoy refiriendo a aquellas licencias que se adquirieron para unos equipos sin límite temporal de uso.

Una vez aclarado lo anterior, sírvase este pequeño añadido al artículo para comentar que, a pesar de lo pragmático que uno intente ser, muchas veces es nuestra propia ideología la que nos hace optar por un producto u otro. ¿Se trata de ahorrar costes? Pues aunque muchas veces se nos olvide… el tiempo es coste. El tiempo vale dinero. Por tanto, ¿qué necesidad hay de implementar la distribución autonómica de turno en equipos donde ya tenemos un sistema operativo -sea Windows, ChromeOS o cualquier distro Linux de las de uso habitual (Ubuntu, Mint, etc.)-? ¿La de sentirnos libres y realizados?

El sistema operativo es algo que simplemente permite arrancar el ordenador, detectar sus periféricos y dotarnos de un escritorio. Si el mismo ya viene con un navegador, ¿por qué no usar los programas gratuitos que hay disponibles por la red? ¿Ello entronca con la libertad del usuario porque no puede modificar su código? Pues si no poder modificar un código hace que un programa gratuito realice la función para lo que lo necesito lo voy a usar. Se ha de ser útil. No hace falta otra cosa. Los programas son un medio para obtener un fin. Nada más que eso.

Y si aún queremos ir más lejos y vamos a tocar un redoble de tambores por “educar en la libertad que representa Linux” hagámoslo, pero jamás bajo excusas diferentes de la ideología de uno. Una ideología que, lamentablemente, cuando salgan nuestros titulados de FP (en diferentes ramas) y universitarios, se va a desmontar en la realidad cuando vean que el 99% de las necesidades informáticas que van a aplicar en sus trabajos (a excepción de si trabajan en algunas Administraciones públicas) les van a venir marcadas por los programas privativos que se van a usar en la empresa. ¿Les van a decir a la empresa que tienen que cambiar un programa que les ha ido funcionando bien y les ha permitido hacer la tarea que necesitan por otro “libre” que no les va a salir más barato (horas de formación en el mismo, necesidad de implementación, necesidad de mantenimiento, etc.)? Me imagino la respuesta del empresario. Me la imagino.

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abr 102012
 

Cada día que pasa, nuevos recortes en sectores esenciales. Ayer anuncio del recorte de 10000 millones de euros en Educación y Sanidad. Una simple y triste nota para comunicarlo. Pero este artículo no va sobre ello. No voy ni tan sólo a cuestionar esos recortes. Se trata simplemente de intentar plasmar en este artículo una cuestión bastante más importante que la del propio recorte en la partida educativa; la del problema de nuestro sistema educativo.

Que hay un problema educativo es innegable. Que el mismo no viene sólo de los recortes masivos que se están realizando en el ámbito educativo, también. Por tanto, ¿por qué no ofrecer una solución viable al mismo?

La realidad del sistema. Una equidad controvertida. Un progresivo desballestamiento del sistema público. Una enseñanza cada vez de menor calidad (aunque algunos no quieran oírlo). Universidades que reciben alumnos menos preparados. Alumnos de secundaria que desconocen las tablas de multiplicar. Alumnos de bachillerato que no saben escribir un texto sin faltas de ortografía. Generalizo. Hay casos particulares en los que eso no es así. Los menos.

Cada cambio del sistema educativo ha provocado un progresivo deterioro del mismo. Eso sí, esos fallos siempre justificados por la falta de inversión. Según sus grandes defensores, la LOGSE (ahora LOE o LOGSE maquillada) no ha funcionado porque no se ha dotado de más recursos a los centros. Ha faltado profesorado. Han faltado medios.

He estudiado en aulas de cuarenta alumnos. Treinta y cinco con suerte. No me considero mal preparado. Escribo sin demasiadas faltas, se hacer algunos cálculos de memoria y me atrevo a leer el periódico cada día. Puedo mantener una conversación con gente de mi generación donde la mayoría sabemos las capitales de los países europeos. Eso no es lo más importante. Lo más importante es que salió una generación autónoma. Capaz de valerse por ella misma. Tanto aquellos que dejaron de estudiar a los catorce, como los que tenemos un maravilloso título (o varios) guardados en algún oscuro cajón de nuestros despachos. Somos válidos para el sistema. Ya se que hay excepciones, pero las menos.

Hoy en día la excepción es lo anterior. ¿Dónde están las primeras promociones del nuevo invento que han estudiado en centros públicos? ¿Destacan como grandes investigadores, médicos, ingenieros, arquitectos, etc.? Hay excepciones, claro que sí. Pero no habrían de ser excepciones. Habría de ser lo habitual.

¿Qué ha pasado en estos últimos años para que la decadencia sea tan absoluta? ¿Por qué la eliminación del bachillerato y la formación profesional de mi época está dando unos resultados tan cuestionables? Han pasado más de diez años. ¿A alguien se le ha ocurrido hacer un análisis serio y objetivo de los resultados del experimento?

Voy a ir más lejos. No es cuestión de la LOGSE. Ni del concierto cada vez más amplio de centros educativos. Es la sociedad la que ha fallado. Ha fallado en absorber a los millones de inmigrantes que, en busca de una vida mejor, han llegado a nuestro país. Ha fallado en intentar convertir los centros educativos en cárceles. Ha fallado en restar libertad a los alumnos. Ha fallado en el control de la aplicación de las nuevas normativas en los centros educativos. Ha fallado todo el sistema.

Los docentes también hemos fallado. No nos hemos adaptado a un sistema que no funciona (ni los que hemos entrado cuando el mismo ya estaba en vigor). Yo di clase en un segundo de BUP y, el mismo año, en un cuarto de ESO. Equivalencia de edades, pero nada que ver. Nada.

Pasamos lista. Actuamos como sus segundos padres. Les impedimos ir al bar, al patio o a la biblioteca cuando falta su profesor. Les mantenemos controlados. Control y más control.

Bajamos el nivel. Tenemos que bajarlo para ser equitativos. Se suspende a uno que por pelos no llega pero se aprueba a otro para que pase de curso. A ver cuando lo podemos sacar del sistema y abandona el centro. Montamos proyectos de atención a la diversidad para poner a los alumnos problemáticos. Que no molesten hasta los dieciséis. Por otra parte, son muchos los centros que hacen grupos por niveles. Se intenta salvar a algunos de la quema. Es muy triste, pero es la realidad aunque algunos la justifiquen.

Y no quiero entrar en la formación profesional. La gran olvidada de siempre. Esa formación profesional que intenta sacar buenos profesionales con unos recursos deficientes. Allí sí que falta dinero. Pero no sólo dinero. Falta planificación. Falta que alguien se interese por la misma. La empresa cada vez mira con más recelo a los que salen de la formación profesional. No se fían de su preparación. Eso no puede ser. Es un valor a apostar. Y más con la que está cayendo.

No es sólo un problema económico de falta de recursos. Es un problema del propio sistema. Es un problema de los docentes que intervenimos en el mismo. Es un problema de las familias y del entorno social en el que se mueven los alumnos. Es un problema de la Administración. En definitiva, es un problema de la propia sociedad.

Si el sistema no funciona y le quitamos los pocos recursos con los que se les dota sin hacer ninguna planificación y diseño a corto o medio plazo, que nos cojan confesados.

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abr 092012
 

Dentro de las cuestiones más controvertidas de los últimos tiempos de aquellos que usamos habitualmente la red existe la del “derecho al olvido”. De la necesidad que algunos tienen de poder borrar lo que han ido haciendo mientras navegaban, o a eliminar algunas opiniones que han vertido en determinadas redes sociales. ¿Por qué ese arrepentimiento de actos hechos? Nadie se imagina en el mundo real a alguien que escriba algún panfleto de distribución masiva y exija que se quemen todas las copias del mismo para que, en unos años, la gente se haya olvidado del contenido del mismo.

Vint Cerf, el creador del protocolo TCP/IP que hace posible internet, en una inauguración, comentó lo siguiente

El derecho al olvido es imposible de lograr, debido a que copiar información que está en internet a los computadores y volver a subirla es demasiado fácil. Además, nuestro mundo ya tiene clara la idea de que una vez que algo se hace público (en un libro, revista o diario por ejemplo), no puede ser retractado fácilmente. Esto también debería aplicarse al mundo digital.

No puedo estar más de acuerdo con sus palabras. ¿Por qué empeñarnos en borrar algo que, conscientemente, hemos publicado en la red? ¿Por qué empeñarnos en que los buscadores no sepan por dónde estamos navegando? ¿Por qué queremos borrar los comentarios de esos foros en los que opinamos sobre algo expresando nuestras propias ideas?

Siempre existirán algunos de los siguientes argumentos: “lo publiqué pero no tenía claras las consecuencias que ello me ha supuesto”, “estaba en un estado anímico difícil y por ello expuse dichas opiniones”, “no tenía claro lo que quería decir y se han malinterpretado mis palabras”, etc. ¿Por qué tienen los organismos que controlan y gestionan la red satisfacer las demandas de usuarios que han cometido errores? ¿Por qué no se asumen los errores digitales de la misma manera que se asumen habitualmente en la vida no digital?

Otro tema diferente sería el caso de información de terceros que atentaran contra la intimidad de uno. Información que sería denunciable delante de los Tribunales y exigible su retirada. Ese es otro tema diferente, que va por otras vías diferentes a la exigencia de que retiren información propia. Aunque también sería impensable que se admitiera la retirada de la información que ha publicado uno (el posible denunciado), con connotaciones legales, para así no poder ser presentada delante del Tribunal (en caso de denuncia) por el denunciante.

En cuanto a los adolescentes. Esas intervenciones en Tuenti, Facebook o Twitter de las cuales se arrepienten pasados unos años. ¿Hasta que punto es lícito retirarlas de la red? Creo que todo el mundo ha de asumir las responsabilidades de sus actos. Eximir de la responsabilidad digital y permitir rectificar sin ningún tipo de consecuencias es un error.

Lo anterior me recuerda un caso concreto. Docentes en Twitter, con cambio de gobierno en Cataluña, que borraron tuits críticos con el gobierno actual cuando ganó las elecciones. Curioso. No es lógico que se de un libertinaje sin escrúpulos en la red para que uno pueda decir y hacer lo que quiera sabiendo que, en caso de que algo le pueda molestar en un futuro, pueda borrarlo tranquilamente e irse de rositas. La red tiene unas normas y no creo que las mismas deban variar de las que hay en el mundo físico no digital.

Un breve artículo que no tiene nada que ver con el respeto a la privacidad de los datos que circulan por la red, pero mucho que ver con las actuaciones de los usuarios que se piensan que lo que vierten en la red se puede borrar con una maravillosa goma cuando a uno le apetezca.

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abr 082012
 

No se puede empezar a hablar sobre el tema religioso en los centros educativos sin conocer qué normativa avala el tema religioso del Estado. En nuestro caso, según el artículo 16.3 de la Constitución española, ley de más alto rango en nuestro país, textualmente se dice lo siguiente:

Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones

En ese artículo se está dotando de aconfesionalidad al propio Estado en todas sus actuaciones. ¿Se trata de un Estado laico? No. Se trata de un Estado aconfesional. ¿Cuál es la diferencia fundamental de ambos términos? El principal y más relevante es que si se tratara de un Estado laico, cualquier manifestación religiosa en actos públicos estaría vedada, y por poner algunos ejemplos, no se podrían dar casos de cuerpos del Estado (militares, policías, etc.) que llevaran a cuestas pasos en la procesión de Semana Santa, ni se permitirían capillas en las Universidades o hospitales, ni se permitiría lucir símbolos religiosos en los trabajadores públicos, etc.

Por tanto, la aconfesionalidad del Estado confiere libertad en el uso de símbolos religiosos por parte de sus trabajadores públicos, en los centros de trabajo (crucifijos incluidos, aunque a algún gobierno le diera por quitarlos vadeando el precepto constitucional) e, incluso, dota de la libertad al individuo de expresar su religiosidad mediante diferentes actuaciones en la vía pública.

¿Es mejor un Estado laico que aconfesional? En principio, por las connotaciones de libertad que representa la propia aconfesionalidad, parece ser que la misma sea mejor entendible y comprensible en un Estado democrático. Entonces, ¿cuál es el gran problema que se genera por el tema religioso en los centros educativos?

Vamos por partes. El “problema” en los centros educativos tiene una doble vertiente:

  • La de la enseñanza religiosa
  • La de la necesidad de satisfacer las necesidades religiosas personales de los alumnos en determinadas actuaciones del propio centro educativo, siempre que dichas religiones estén reconocidas por el Estado

En primer lugar, existe una asignatura de oferta obligatoria que se llama religión católica y, donde como mínimo con un alumno que lo solicite en el centro educativo se ha de ofertar. Ello implica que el alumno que no la cursa se ve abocado a cursar una asignatura no evaluable (sin efectos en la media del alumno) que se llama “alternativa a la religión” donde, fundamentalmente y por imposibilidad de en la misma dar ningún tipo de contenido, se convierte en el aprendizaje de juegos de mesa (parchís, monopoly, tres en raya, etc.), hora de terapia de grupo o, en caso de que los docentes quieran a los alumnos que les toca sufrir en esas inútiles horas, ponerles alguna película que les pueda gustar. A pesar de que al inicio de este párrafo haya pintado la asistencia a esta asignatura como minoritaria, nada más cierto de la realidad. Una realidad que nos dice que siete de cada diez alumnos eligen cursar religión católica (haciendo media en los diferentes niveles y las diferentes tipologías de centros).

La asignatura de religión católica la imparten mayoritariamente docentes seglares, nombrados a dedo por el obispado y, que se escudan en que ellos no enseñan doctrina. Que enseñan “hecho cultural”. Si el convenio con la Iglesia Católica data del año 1979 y en el mismo se dice que el Estado va a facilitar la enseñanza de la religión católica en los centros educativos, ¿qué nos están contando estos docentes sobre que ellos no adoctrinan ni explican la fe? Si ellos no adoctrinan y, por lo que se ve no lo hacen, ¿por qué mantenemos la religión en los centros educativos cuando se está incumpliendo el convenio con la Iglesia Católica? No tiene ningún sentido mantener una asignatura de hecho cultural y religioso cuando no hay ningún acuerdo con ningún organismo para hacerlo.

Otra cuestión interesante sobre la enseñanza de la religión en los centros educativos es el posicionamiento de los docentes del Claustro. La mayoría en pequeño comité totalmente contrarios a que se de religión en los centros educativos pero, a su vez, incapaces de hacer un Claustro para posicionarse sobre este tema. En mis años de docente pasando por diferentes centros jamás me he encontrado una iniciativa que pretendiera aprobar una carta para enviar a la Administración donde un Claustro quiera que desaparezca la religión de su centro educativo. Ni por referencias conozco ningún caso de otros centros. Por tanto, mucho tienen/tenemos de culpa los docentes que se siga dando religión.

Más cuestiones curiosas. ¿Por qué no se pone religión y su alternativa en horario extravagante? Poner religión (evaluable) y su alternativa (no evaluable) en sábado o a altas horas de la madrugada haría que nadie cursara religión. O, ¿por qué no los viernes a últimas horas? O, incumplir un convenio absurdo, cosa que hacen también los docentes de religión, y hacer una hora de algo útil en esa alternativa ¿Tan malo es incentivar que la religión, como asignatura, desaparezca de los centros educativos?

Si ahondamos en la situación de la asignatura nos encontramos que, ni docentes ni políticos están por la labor. Me acuerdo, hace bien poco tiempo que el PSOE, por boca de Alfredo Pérez Rubalcaba y Carmen Chacón luchaban para ver quien era más laico entre vítores de sus delegados. Me parece recordar que en los años de gobierno socialista (en alguno de los cuales estuvo Rubalcaba) nadie se planteó eliminar la religión en los centros educativos. No es un recuerdo borroso. Es un hecho. A día de hoy la religión sigue siendo obligatoria. Y no nos olvidemos que estos grandes defensores del laicismo de boquilla, ayer en boca del Consejero de Educación de Andalucía, establecieron que la religión evangélica será de oferta obligatoria en Andalucía. ¡Vaya pandilla de laicos! Eso sí, con el apoyo que les va a dar IU.

Un tema controvertido donde todo el mundo dice una cosa y, en la realidad, nadie hace nada para que la situación no se mantenga. Muchas firmitas a Actuable para quitar la religión de las escuelas, algunas marchas ateas, algunas interpelaciones, algunas arengas en período electoral y mucho político de izquierdas que lleva a sus hijos a centros religiosos.

Ahora sólo queda que las dos religiones que también tienen convenio con el Estado para impartir sus doctrinas en los centros educativos (la judía y la musulmana) lleguen a un acuerdo y también se les permita. Así pues, Claustros mayoritariamente formados por curas (o seglares de pureza contrastada), imanes, rabinos, …, y cualquier otra religión con la que se llegue a ese convenio. Un despropósito oigan.

En el tema de satisfacer las necesidades religiosas de los alumnos estamos entrando en otra espiral. Menús para judíos, menús para musulmanes, menús para católicos radicales que siguen la cuaresma pretrentina, etc. Tampoco se puede hacer educación física en Ramadán o en fiestas características, etc. Despropósito tras despropósito con la justificación de la libertad religiosa.

¿Y los docentes que se hagan de alguna religión que acepte el Estado español? Estoy por apuntarme a alguna que me permita tener una fuentecita de Feng Shui en el aula, los miércoles festivos por rezos varios y que me permitan salir a pasear cada dos minutos. Si no existe, ya me crearé una de propia. Seguro que me la reconocen. ¿No estamos en un Estado aconfesional?

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abr 062012
 

Son algunas las ocasiones que os he colgado algunos textos o documentos en diferentes formatos, con licencia Creative Commons, que se hallan diseminados por la web porque creo que son interesantes como material de lectura o de consulta. Éste es uno de ellos. Un libro muy ligero, formado por diferentes artículos escritos de forma muy clara e inteligible donde nos hablan de algunas experiencias en el uso de las nuevas tecnologías en el mundo educativo. Sin más, os dejo con la introducción al mismo y con el acceso a su lectura.

La Corporación Colombia Digital – CCD tiene como objetivo promover el uso y apropiación de las nuevas tecnologías – TIC, en diferentes sectores de la vida económica, social y cultural del país. Para cumplir su meta y celebrar su décimo aniversario ha editado el libro Aprender y educar con las tecnologías del Siglo XXI, un compilado de análisis, herramientas y experiencias exitosas sobre la inclusión de las nuevas tecnologías en los procesos de formación.

Los artículos que componen el libro fueron producidos por especialistas quienes, a partir de sus experticias, proponen reflexiones sobre el papel de las nuevas tecnologías en las aulas y de cómo estas herramientas están hoy al alcance de los docentes, sugiriendo un modelo horizontal donde los saberes de profesores y alumnos se unen para generar conocimiento.

¿Para qué las TIC en la educación?, ¿es posible enriquecer el aprendizaje con la inclusión de nuevas tecnologías?, ¿qué se necesita para una educación que use las TIC como herramienta?, ¿cuál es el punto de partida?, y ¿con qué herramientas contamos? Estas son algunas de las preguntas que encuentran respuesta a lo largo de los capítulos de “Aprender y educar con las tecnologías del Siglo XXI”.

Os podéis descargar su versión en pdf desde aquí.

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abr 052012
 

En uno de los documentales que, en los últimos tiempos, han sido visualizados mayoritariamente por gran parte de nuestra comunidad educativa se hablaba profusamente del tema de la obsolescencia programada. Se comentaba en el mismo que eran las propias empresas quienes diseñaban sus productos para que dejaran de funcionar al cabo de un determinado tiempo y, del impulso consumista que tenían los ciudadanos para renovar “aparatos” antes de que los mismos dejaran de funcionar correctamente o fueran llevados a una reparación (que, muchas veces, era más cara que el último modelo del aparato).

La misma situación que se menciona en el documental anterior es la que se observa en nuestro sistema educativo. Un sistema que dedica gran parte de sus fondos económicos al pago de esa obsolescencia que se crea por parte de la Administración y se ratifica por los actores implicados en el mismo (docentes, alumnos y padres). ¿Cuál es el coste real de esa falsa obsolescencia, creada y avalada por los actores anteriores? Excesivo, y mucho más que cuestionable en pleno período de crisis económica.

¿En qué casos se produce esa sensación de obsolescencia? En los libros de texto, cambiados cada pocos años pero con nulo efecto sobre el aprendizaje de los alumnos. En los ordenadores de las aulas que, a los pocos años se cambian por otros más nuevos (o se han ido cambiando) cuyo uso es exactamente el mismo que se realizaba con los antiguos. En los programas informáticos cuyo coste en licencias “de actualización a la nueva versión” suponen un dispendio totalmente innecesario porque no se mejora la funcionalidad de versiones más antiguas. En las PDI, cuyo uso más allá del simple de una pizarra blanca con proyector es sólo realizado por menos de un 1% de los docentes que las utilizan, etc.

¿Por tanto, a quién interesa esa falsa obsolescencia? Queda claro. Al propio sistema económico, ya que le permite vender nuevos productos en un mercado (el educativo) que por necesidades reales no necesitaría tanta actualización.

Además, incluso los que criticamos esta obsolescencia nos encontramos, en demasiadas ocasiones, defendiéndola. ¿Cuántos no hemos deseado un cambio profundo de las herramientas 2.0 que se están utilizando porque las consideramos muy encorsetadas? ¿Cuántas veces no hemos criticado a Moodle, uno de los estándares en muchos centros educativos para sustituir parcialmente a los libros de texto, por sus limitaciones? Es decir, en la búsqueda del sistema más efectivo de enseñanza estamos abonando la propia obsolescencia. Criticamos la misma, pero la avalamos con nuestras decisiones.

¿Hay necesidad de tanta tecnología en las aulas? ¿Hay necesidad de cambiar los libros de texto tan a menudo de materias inamovibles? ¿Hay necesidad de plantearse cambiar los netbooks por tabletas a los pocos años de su introducción? ¿Hay necesidad de ir actualizando el sistema operativo de nuestros ordenadores cada nueva versión? ¿Hay necesidad de cambiar el currículum cada ciertos años? ¿Hay necesidad de cambiar el sistema educativo tantas veces como se ha hecho en los últimos años? ¿Hay necesidad de cambiar los sistemas de oposición? En definitiva, ¿hay necesidad de tanto cambio para obtener unos resultados más que cuestionables?

Quizás el gran problema del sistema educativo no sea el de un cambio cuasidiario de algún aspecto (material o inmaterial) del mismo. ¿Soy el único que cree que se podría realizar un gran ahorro económico y obtener una mejora educativa significativa si intentáramos tocar lo menos posible el sistema? Porque si queremos hacer un “invento serio”, con pequeños ajustes realizados en colectivos muy minoritarios (incluso a niveles individuales) no vamos a conseguirlo.

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abr 042012
 

Uno de los medios de comunicación que acostumbro a leer en su versión digital es Público, aunque reconozco que nunca compré su versión escrita mientras existía. Me parece que debe ser de los pocos diarios que no he adquirido nunca en versión papel. Y eso que he realizado intercambio monetario con el quiosquero por muchos de tendencias variopintas.

Pero vayamos a lo que nos interesa. A la defensa de la Educación pública que ha enarbolado el diario como bandera. Se trata, de un medio muy poco objetivo (como la mayoría), de ideología tirando hacia la sinistra italiana y con un gran bagaje de interpretaciones subjetivas de diferentes noticias objetivas. Me gusta leerlo, pero a veces se pasan en la manera como presentan los datos para que les cuadre con la ideología que tienen detrás de su línea periodísitica.

En la defensa de la Educación pública tienen un gran problema. A menudo se pasan de frenada. Casos concretos preguntaréis. Pues bien, os traigo la última “manipulación del diario en base a unos datos de una encuesta del CIS sobre qué tipo de enseñanza (pública, concertada o privada) es considerada como la mejor para los españoles.

El titular de la noticia que han publicado ha sido el siguiente.

En principio, da la sensación que la Educación pública (no sé qué manía tienen en escribirla en minúsculas) gana por goleada a los otros tipos de enseñanza que se dan en nuestro país. Pero ahondemos en el artículo. Sigamos leyendo la letra que acompaña a tamaño titular. Lamentablemente, aunque a algunos no guste oírlo,  ahondando en el artículo, nos aparece un dato que contradice la afirmación del titular. El dato es que la suma de la satisfacción de los centros privados y concertados (no olvidemos que son centros de gestión privada subvencionados con dinero público) supera el grado de satisfacción (o mejor funcionamiento subjetivo de los encuestados) de la Educación pública.

Por tanto, queda claro que la manipulación ha sido bastante considerable. De un titular que parece desprenderse la calidad que para los españoles representa la Educación pública, en el cuerpo del artículo se hallan datos contradictorios con el mismo al darse un resultado que otorga 3 puntos porcentuales más a la suma de esa sensación de calidad que presentan los centros privados y concertados respecto a los públicos. Unos datos impensables hace bien pocos años y que demuestra el cambio de mentalidad de la ciudadanía española respecto a la Educación pública (muchas veces influida por las campañas mediáticas de desprestigio que se llevan haciendo por parte de casi todos los partidos políticos que han gobernando en este país desde los años noventa -aunque los conciertos educativos los aprobó un gobierno socialista en la década anterior-).

Si seguimos analizando el artículo nos encontramos con más manipulaciones. Como cuando nos hablan de que sobre un 50% de los ciudadanos consideran que los gobiernos (central y autonómicos) gastan demasiado poco en Educación. ¿Por qué obvian el detalle de que casi un 50% cree que el gasto es adecuado o exagerado en esa partida presupuestaria?

No se trata de no intentar defender la Educación pública, pero ello no puede hacerse a costa de manipulaciones (obviando e interpretando los datos para que  agraden) ni de pasadas de frenada.

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abr 042012
 

Después de leer y releer los PGE para este año 2012, más allá de las versiones siempre interesadas que se dan en los distintos medios de comunicación, me encuentro con unos datos que, de ser ciertos, obligarían al cierre de todos los centros de profesorado (bajo sus diferentes acepciones: CEPs, CPRs, CEFIREs, etc.) que existen en todo el territorio. ¿Cuáles son esos datos? Pues los que informan de un recorte del 91,9% en el dinero destinado a formación del profesorado, con lo cual se pasarían de los algo más de 52 millones de euros que existen en la actualidad a poco más de 4 millones.

Investigando por la red y, analizando la distribución de esos centros en las diferentes CC.AA. he observado que actualmente existen cerca de dos mil docentes que están trabajando en dichos centros de profesorado (si alguien tiene unos datos que lo refuten, estoy abierto a modificar estos datos recopilados manualmente y centro a centro). Unos centros, destinados fundamentalmente a ofrecer asesoramiento y a gestionar los diferentes cursos de formación que se ofrecen a los docentes de nuestro país. Por tanto, haciendo números de una manera sencilla, el salario de dichos docentes ya superaría los límites marcados por los presupuestos generales del Estado para este año. ¿Eso qué significa? Pues que si se quiere mantener la existencia de cursos de formación gratuitos para el profesorado (para que se recicle e incluya nuevas habilidades en sus competencias profesionales) el recorte en los docentes que trabajan en esos centros ha de ser masivo. Supone cerrar más del 90% de dichos centros para mantener una oferta formativa mínima para los docentes de aula.

¿Qué va a pasar realmente? ¿Se van a cerrar los centros y mantener una estructura centralizada que gestione la formación mediante el incremento de cursos formativos online -más baratos para la Administración que los presenciales-? O, ¿van a ser las autonomías, escudándose en sus competencias en Educación, quienes van a mantener en sus territorios de gestión esas asesorías en detrimento de otros gastos educativos? Va a ser momento de tomar decisiones. De ver cómo gestionar la gestión de recursos sin recursos. De hacer lo imposible para que la Educación se vea lo menos afectada posible por las decisiones tomadas desde los despachos.

Hay partidas sensibles para la Educación. Quizás el tema de la formación del profesorado tal como está montado, pueda adecuarse a las necesidades del nuevo guión económico. He sido muy crítico con el funcionamiento de los centros de profesores (por motivos que he expuesto más o menos profusamente en diferentes artículos), pero ello no obsta para que existan experiencias totalmente exportables en muchos de ellos que se han demostrado como un gran beneficio para el sistema. Por ello, lo absurdo sería no hacer un estudio serio y razonado por parte de los gobiernos que tengan potestad para actuar sobre sus propios presupuestos educativos para intentar perjudicar lo menos posible a los alumnos que, por mucho que a veces nos olvidemos, son la parte esencial del propio sistema.

Si mantener un docente más en las asesorías significa tener un desdoble menos en las aulas, tengo muy clara cual sería mi decisión. Aunque me da que las decisiones que se van a tomar por los políticos con poder decisorio van a tener más en cuenta criterios políticos que educativos. Así nos va.

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abr 032012
 

Una de las cuestiones que se plantean a lo largo del diseño de materiales educativos propios, más allá del simple corta y pega de los maravillosos libros de texto (analógicos o digitales), es la conversión de los mismos en aprendizaje efectivo.

¿Cómo podemos llegar a tasar ese aprendizaje para considerarlo como efectivo? ¿Qué se diferencia de un aprendizaje puntual a corto plazo y de olvido fácil? Pues bien, tasar el aprendizaje efectivo es una de las cuestiones realmente complicadas de calcular de forma empírica. Todos sabemos que los datos subjetivos y objetivables, basados en estudios y evaluaciones, es algo a analizar más profusamente que la acepción de los mismos como datos válidos y veraces.

¿Por qué dudar de unos datos tomados de pruebas estandarizadas como mecanismo de tasación de aprendizajes? Porque lo que realmente se está tasando es contenidos. Contenidos escupidos (permitidme la expresión) en unas pruebas estandarizadas en un momento puntual, con una carga personal determinada (estado de ánimo, horas de sueño, nervios, problemas familiares, etc.) de un alumno determinado. Unas pruebas de las cuales, muchas veces extrapolando por imposibilidad de ser pruebas masivas, se infieren unos resultados más que cuestionables. ¿Quién garantiza que hemos tomado una muestra poblacional característica que podemos exportar? ¿Quién garantiza que la estadística no se equivoca? No me fío de las estadísticas y, aún menos cuando las mismas se refieren a datos educativos. Fue el propio Winston Churchill, considerado uno de los estadistas más importantes de todas las épocas quien, en una determinada conversación dijo que “no confiaba en ninguna estadística que él no hubiera manipulado”. Una ciencia tan falsa como cuestionable con unos datos que se pueden presentar para dar veracidad a unos datos falsos en función de lo que interese a quien las haga y las divulgue.

Pero vamos más allá de lo anterior. ¿Qué son los contenidos? ¿Cómo se mide el porcentaje de contenidos válidos para un aprendizaje? ¿Quién mide dichos porcentajes? ¿El currículum marca aprendizaje o contenidos? ¿Las competencias, básicas o complejas, marcan aprendizajes o también yerran en su formulación textual?

Por tanto, ¿qué podemos hacer para que los alumnos aprendan? Instaurar modelos de aprendizaje, más o menos utilizados y con resultados observables a largo plazo, con una planificación que ha de tener en cuenta a quien va dirigida la acción formativa y los contextos con los que nos podemos encontrar. Contextos determinantes en aprendizajes masivos. O sea, aulas con alumnos de cualquier nivel y conocimientos previos. Ya veis que vuelvo a confundir conocimientos con aprendizajes pero, como ya he dicho anteriormente, lo único que podemos encontrar documentado son los contenidos previos por las calificaciones que los mismos posean antes de incorporarse en nuestra aula. Calificaciones totalmente subjetivas y dependientes de las personas que hay detrás de los docentes. Unas evaluaciones demasiado cuestionables para ser científicamente utilizables. A pesar de ello, las usamos.

Empezar por el principio. Con pequeñas unidades de contenido, formando parte de objetos de aprendizaje (digitales si con ello se facilita su uso), hasta llegar a un material didáctico que permita aprendizajes significativos, cohesionados y que se mantengan a largo plazo.

Es imposible cuantificar fehacientemente la cantidad de información que se absorbe y aprende pero, con una buena caña y un buen cebo, es bastante más que posible intentar transmutar esa gran cantidad de información en un aprendizaje más o menos útil y permanente.

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