Mamá, papá, estoy haciendo flipped classroom

“Mamá, papá, en mi cole el profesor me ha dicho que a partir de ahora vamos a hacer flipped classroom. No tengo muy claro qué es ya que me dice que vamos a dejarnos de dar clases para aprender con sus explicaciones acerca de algo que hayamos visto en vídeo. Mamá, papá, ya no tenéis excusa para prohibirme el ordenador. Que ahora sí que lo voy a petar viendo un montón de vídeos que me permitirán aprender. Esto es superguay”.

La anterior podría ser una charla bastante aproximada de chavales que llegan a sus casas desconcertados por la propuesta de su docente y que, más allá de una justificación exhaustiva (si ni tan sólo en muchas ocasiones el docente lo tiene claro), hablan acerca de cómo van a trabajar ese curso (o en algunos momentos determinados del mismo). Algo que les descoloca y, como no, a sus padres.

Para entrar un poco más en el tema tan “apasionante” de la flipped classrom (o clase invertida -algunos ya estamos cansados de anglicismos y, más aún, con la nueva versión de la RAE de su diccionario) conviene destacar que es un modelo que, mayoritariamente, se usa para invertir el trabajo de aula y el de clase. Normalmente, lo que se hace es un modelo tradicional. Un modelo que consiste en que los alumnos ven un vídeo de la lección y la aprenden en casa, mientras que en el aula se ayuda a resolver las dudas que les pueda haber presentado la visualización anterior.

Fuente: https://sites.google.com/a/byron.k12.mn.us/

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La mayoría de docentes se quedan con el modelo anterior pero hay algunos que optan por un modelo avanzado. Un modelo que permite ir avanzando al estudiante a su ritmo y que, más allá de invertir el aula (mediante el estudio en casa y la solución de dudas en el aula), permite a los alumnos personalizar su propio aprendizaje. ¿Cómo se hace lo anterior? Pues simplemente poniendo unos objetivos mínimos, normalmente evaluables mediante diferentes tipos de prueba, que permiten ir al estudiante, una vez superado el 80% de lo anterior (sacar más de un 8 si se evalúa sobre 10 o superar 8 de cada 10 ítems de la rúbrica), a la siguiente lección. La evaluación final se realiza en función de los objetivos que no se alcanzan (o sea que, en función de lo que les queda por hacer al final de curso, se evalúa -a menos tareas pendientes, más calificación-).

Fuente: https://sites.google.com/a/byron.k12.mn.us

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Yendo un paso más allá nos encontraríamos con el aprendizaje entre iguales. Los alumnos aprenden el material fuera del aula y, cuando llegan a ella realizan un cuestionario de forma individual. El objetivo es que los alumnos consigan convencer a sus compañeros acerca de sus respuestas. Es un sistema que se ha de controlar muy bien ya que permite la posibilidad de que existan errores globales. Errores que, en el momento que se den, deben ser corregidos por el docente que está en el aula aplicando el método.

Fuente: https://sites.google.com/a/byron.k12.mn.us

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Finalmente, nos podemos encontrar con dos modelos que se están usando (o definiendo) como métodos aislados pero muy relacionados con la inversión del aula. Son el modelo del aprendizaje por proyectos que, seguramente más de uno ha estado usando bajo la denominación de webquests (o cazas del tesoro) y el de investigación acerca de algún tema concreto (el docente propone un tema y el alumno investiga por su cuenta -siempre con el asesoramiento del docente-). Parece curioso pero los últimos modelos, sobradamente conocidos por muchos docentes, son parte de ese modelo tan novedoso que está en auge como es el de la clase invertida.

Fuente: https://sites.google.com/a/byron.k12.mn.us

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Fuente: https://sites.google.com/a/byron.k12.mn.us

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Unas breves líneas para que se sepa de qué estamos hablando cuando hablamos con esas maravillosas palabrejas tan de moda llamadas “flipped classroom”. Espero que os resulte de interés.

El aula es muy exigente

exigencia14Hoy quiero reflexionar acerca del aula. De su exigencia. De su importancia. El aula es el lugar donde se producen las transformaciones educativas. Es el lugar donde a uno no le queda más remedio que enfrentarse a la realidad educativa. Una realidad que tiene nombres y apellidos. Una realidad compleja con la que es harto difícil lidiar.

Tener delante a 30 alumnos exige mucho por parte del docente. Más allá de la metodología, hay muchas personas con diferentes necesidades y actuaciones. Una heterogeneidad que, más allá del buenismo a la hora de elegir una metodología u otra, hace que la realidad sea siempre la que marque nuestro quehacer diario. Sí, lo tengo claro… la exigencia máxima para un docente se da en el aula. Los sermones de la montaña sirven para recargar pilas pero, más allá de lo anterior, donde nos dejamos la piel es en esas horas en las que estamos rodeados de nuestros alumnos.

Es muy exigente dar clase con tantos alumnos. Mucho más que publicar panfletos acerca de las TIC o hablar de posibles mejoras del sistema educativo. Puede haber docentes buenos, malos y regulares pero, cualquiera de los que se hallan en las aulas, están dando lo mejor de ellos (sí, incluso el que sigue un libro de texto). No es tan fácil librarse de la exigencia en un contexto como es el aula. Nada fácil por las necesidades del guión.

Hay docentes que son unos auténticos cracks en tecnología educativa que se van fuera del aula a vender el uso de lo anterior. No tiene ningún sentido. ¿Qué sentido tiene que los conocedores de las nuevas herramientas se dediquen a hacer apostolado de las mismas entre sus compañeros? ¿Qué sentido tiene vender maneras de hacer cuando lo importante es hacer? ¿No se merecen más esos alumnos que sus docentes? ¿No deberíamos cambiar prioridades? ¿No será que confundimos el sentido de la profesión docente?

Sí, cuesta. Cuesta mucho hacerse con los alumnos cada día. Llevo más de quince años en esto y cada día es algo diferente. Hay demasiadas situaciones imposibles de controlar. Cuestiones que dependen bien poco de lo que puedas hacer y mucho de combinaciones aleatorias. Pero, a pesar de ello, lo intentas. Todos los docentes lo intentan. No conozco a ningún docente al que los alumnos no le exijan. No conozco a ningún docente que no acabe cansado al acabar el día. La docencia cansa. Y aún más todo lo que conlleva asociada.

Cada vez me preocupa más la realidad del aula y su exigencia. Cada vez menos el sermón fácil en auditorios que poco representan lo que sucede en esos espacios de trabajo del docente. No somos vendedores ni tertulianos. En mi caso y en el de todos mis compañeros de aula, simplemente, docentes.

Actividades “al margen” del libro de texto

Esta semana me he vuelto a liar la manta a la cabeza. Ya es habitual que en mis clases no se siga ningún tipo de planificación previa y que, a lo largo del viaje hacia mi centro educativo, vaya pensando en alguna “cosilla” para hacer en el aula. Bueno, a lo largo del viaje y leyendo los medios de comunicación digitales una vez he aterrizado ya en él. No usar libro de texto (ni analógico ni digital) me permite ese gran libertinaje controlado: el poder trabajar al margen de programaciones de terceros (más del 90% de las programaciones que se entregan al inspector para que no se las lea están copiadas de las editoriales) y, especialmente, el no tener que ceñirme a acabar ningún tipo de material. Mucha libertad en el uso y, como no, en el abuso de ideas que poco tienen que ver con una estructura homogénea de enseñanza.

Fuente: http://www.aespa.at

Fuente: http://www.aespa.at

Como dije hace poco en un artículo, es momento de centrarnos en la actualidad. Y la actualidad es la que debería adaptar nuestras actuaciones en el aula. Pues bien, a la vista de las dificultades de hilvanar actividades cooperativas (en mi centro, al igual que en muchos, hay excelentes profesionales pero una falta de proyectos globales importante) tocaba intentar, dentro de mis posibilidades (y procurando no asustar a los docentes que tengo puerta por puerta) montar pequeñas actividades para trabajar temas de actualidad y hacer algunos experimentos.

Los cursos en los que doy clase son segundos y cuartos de ESO en las materias de Tecnología e Informática (lo de primero es una optativa cuyo título aún no me sé a estas horas pero que creo que está relacionada con la Informática). Situados en contexto vamos a hablar de las actividades. En segundos estaba cantado… hablamos de alimentación y, ¿cómo no arriesgarme a introducir una actividad titulada “Agricultura en los países del ébola”? ¿Cómo no hacer que investigarán la ubicación geográfica de los mismos y sus actividades agrarias? ¿Cómo no introducir la posibilidad de que conozcan determinados cultivos que no llegan a España más que en sus productos ya elaborados o envasados? Sorprendidos de la agricultura de esos países (yo incluido porque he aprendido con ellos). Grandes trabajos que han ido plasmando en sus blogs.

En Tecnología de cuarto no me he atrevido a montar nada. Ahora es que estamos con las hipotecas y hablando un poco (por no decir bastante) de la especulación inmobiliaria. Hablando de arquitectos de reconocido prestigio (Foster, Calatrava,…). ¿Por qué no introducir un poco de realidades y corruptelas en el tema? ¿Por qué no hablar de la crisis inmobiliaria? De esa burbuja que ha “jodido” a tantas familias.

En Informática de primero algo más fácil… una infografía. Una infografía acerca de los países con ébola. Una infografía donde se exponga los efectos de la enfermedad. Una infografía que permita conocer determinadas informaciones de algunos países (banderas, población, capital, etc.). ¡Qué mejor que usar la tecnología que para explicar realidades que no aparecen en el libro de texto!

Eso sí, los pobres de cuarto, han hecho una cosa muy extraña. Uno de sus compañeros ha presentado un tutorial que ha elaborado de una herramienta (en este caso Pixlr) y, mientras estaba hablando, le iban haciendo fotos y vídeos con sus teléfonos móviles. Dichos elementos multimedia, posteriormente, han sido subidos a una carpeta de Google Drive y, dentro de unos días, vamos a hacer una edición de ese material. Qué bonito ver flashes, ojos pegados al móvil e, incluso, alguno que entre foto y foto iba enviando algún Whatsapp :)

El libro de texto existe. El currículum también pero, su flexibilidad (que, por cierto, es mucha más de la que nos creemos) es la que nos permite hacer muchas cosas al margen de lo que nos marcan las prácticas de siempre. Prácticas que imperan en nuestros centros educativos. Prácticas que hacen que cuando quieres hacer experimentos tengas que vigilar no pasarte del “despropósito” para molestar lo menos posible a los que, por desgracia, dan clase pared con pared contigo.

Me apetecía compartir la experiencia con todos vosotros. Una experiencia que, más allá de ser difícilmente exportable (depende mucho de contextos), me reafirma en mi idea de que podemos trabajar de otra manera.

Rigor en el ámbito educativo

Hace ya un tiempo que está paciendo por las redes sociales la siguiente infografía donde, de forma muy sencilla, nos informan de que a lo que muchos asocian como “rigor” en el ámbito educativo deja de serlo para convertirse en algo que, por mucho que se postule como lo anterior, ni se le parece ni se espera que se le parezca. Conviene ser rigurosos porque, si ni tan sólo sabemos la definición de lo que promulgamos o confundimos el concepto, vamos por mal camino.

Fuente: Twitter (me ha sido imposible encontrar la fuente primera)

Fuente: Twitter (me ha sido imposible encontrar la fuente primera)

Podemos considerar “rigor” como:

  • Favorecer el pensamiento estructurado
  • Favorecer la planificación del pensamiento
  • Evaluar la capacidad de extrapolar ideas de un contenido teórico
  • Reconocer el nivel de pensamiento que los alumnos demuestran en su quehacer diario
  • Gestionar las clases/nivel de aprendizaje para el nivel de pensamiento deseado

En cambio, no podemos considerar “rigor” como:

  • Más cantidad o evaluaciones más duras
  • Hacer grupos de nivel o posibilidad de obtención de acreditaciones por “buen desempeño académico”
  • El nivel del libro de lectura o la dificultad de los contenidos que explicamos
  • Más trabajo
  • Más deberes

Resulta curiosa que la concepción del concepto se aleja en gran medida de lo que supone la “educación tradicional” y de los “tests” (pruebas diagnóstico, PISA, etc.) que cada vez son más habituales para nuestros alumnos.

Claves para un mayor éxito escolar

Es bonito tenerlo claro. Es imprescindible rendir pleitesía a todos aquellos que normalmente, desde sus tarimas, son capaces de diagnosticar el sistema educativo y encontrar las claves mágicas para mejorarlo. Claves que algunos no encontramos ni preveemos encontrar y que, por obra y gracia de alguien, se iluminan místicamente en las mentes más bien amuebladas y brillantes de nuestra sociedad.

Fuente: dimglobal.ning.com

Fuente: dimglobal.ning.com

No sé cómo he podido vivir hasta ahora sin una PDI. Tampoco tengo claro cómo no he aplicado el currículum bimodal en mis aulas. Estoy auténticamente descolocado. ¡Con lo fácil que es mejorar el aprendizaje de nuestros alumnos y el éxito escolar con unas pocas pinceladas, mucho texto y algunos gráficos llenos de datos imprescindibles!

Reconozco que algunos somos unos peleles en esto del sistema educativo. Que no vemos (ni sabemos ver) estrategias efectivas más allá de los errores o aciertos diarios poco extrapolables. Que no tenemos claro ni tan sólo lo que estamos llevando a cabo en las aulas. Qué miedo el hablar en público para explicar recetas mágicas. Esas recetas que, cual homeopatía diluida, es capaz de dar con las teclas adecuadas para solucionarlo todo. Cuánta responsabilidad.

Lo siento. Me disculpo ante mis alumnos y ante la sociedad por no saber aplicar varitas mágicas. Me disculpo ante todos aquellos que sí que lo tienen claro. Me fustigo digitalmente ante los vendedores de recetas milagrosas. Mea culpa. Culpable de incompetencia. Culpable de todos los cargos. Incompetencia profesional elevada a su máxima expresión.

Algún día me gustaría ser tan listo como algunos que asesoran y hacen coaching a los docentes. Algún día me gustaría saber, más allá de las sensaciones, esas técnicas que permiten ser a un docente mejor que otro por el simple hecho de recomendar algo que nunca se ha usado personalmente. Reconozco que, como docente, no llego a tanto. Ni a tanto ni a tantísimo.

Un formato muy breve para reconocer mis limitaciones. Unas limitaciones que, lamentablemente, tengo y que implican negarme a ver la Verdad cuando algunos me la ponen delante. Como decía alguien hace bien poco tiempo… no volverá a suceder (aunque en mi caso me temo que siga sucediendo porque a los “expertos educativos” y a sus “infalibles” recetas, por desgracia para mí ya que otro gallo me cantaría, me las paso por una determinada parte de mi anatomía).