En estos últimos tiempos se está hablando mucho de la posibilidad de incorporar direcciones profesionales en los centros educativos. Se trataba de intentar regular unas competencias que se asumían de forma democrática desde un Claustro para, así, conseguir unos directores más capaces en sus tareas de gestión y dirección de los centros educativos en los cuales estaban destinados. En Cataluña, los primeros en sumarse a todos los experimentos y despropósitos educativos, al igual que sucede en otras CC.AA. a menor escala, desde hace bastante tiempo se está generalizando la figura del director seleccionado por la Administración, al margen de la elección colegiada y democrática de los docentes que forman los Claustros. Se alejaba así el compromiso educativo democrático de los docentes que integran el equipo educativo del propio centro, dejando en manos de la Administración la selección del que consideren “más capacitado para dicha labor”.
Dentro de las competencias que tenían estos directores era la posibilidad de “seleccionar” a grosso modo diferentes docentes, mediante la confirmación de dichas personas, en unas hojas que enviaban a las Delegaciones territoriales y, que permitían poder mantener una plantilla estable en los centros que dirigían. Hasta aquí, dicha decisión puede llegar a ser más o menos comprensible. Mantener una plantilla estable y de confianza en los centros educativos puede llegar a dar lugar a mejores proyectos educativos. El problema, como no, llegó en el momento en que dicha potestad se degeneró a la selección de los docentes por cuestiones más personales que profesionales. Desaparecieron plazas orgánicas de determinadas especialidades para conseguir incorporar a amigos y amiguetes, se crearon plazas ficticias y proyectos educativos cuestionables para poder “hacer definitivos” en esos centros deseados a personas afines, etc. Y, ¿quién está controlando la degradación de este sistema? Nadie.
Por tanto, como lo anterior quedaba muy marrullero, la propia Administración catalana para evitar problemas legales creó un curso para directores profesionales, el cual capacitaba a los que lo cursaban para ocupar dichas plazas “profesionales” bajo pretexto de enseñar y formar a buenos profesionales de la dirección. Así, siempre podían tener la excusa de alegar la “mejora del sistema” para justificar cualquier chanchullo o mala praxis que se produjera en los centros educativos en un futuro.
Lamentablemente, parece ser que se olvidaron de una parte fundamental a la hora de elegir estos futuros aspirantes a directores profesionales; la capacidad de los mismos (o la habilidad política de los mismos para saber callarse).
Hoy se ha publicado una noticia en el diario El Periódico donde esos “futuros directores reivindicaban el poder elegir a los docentes que formarían parte de sus centros“. En definitiva, pedían textualmente “elegir al profesorado y poder prescindir de aquellos profesores que no cumplen con su obligación“.
Muy bien, juez y jurado. Elegir al profesorado contando con las grandes capacidades que ellos poseen para que esa elección sea correcta. Prescindir de aquellos que no cumplen con su obligación. Sólo algunas pequeñas dudas. ¿Qué cualidades tienen estos maravillosos futuros directores para elegir a los mejores docentes para su centro? ¿Tener algún carnet político determinado en el bolsillo? ¿Mucha parentela y amigos a colocar? Perdonadme, pero un centro público no puede mangonearse como uno quiera. Hay criterios democráticos que se habrían de mantener, Claustros que potenciar, proyectos interesantes a elaborar, etc. pero jamás dejar la elección de los docentes en manos de algunos que se piensan que por el simple hecho de que lo han seleccionado para hacer un cursillo de algunas horas saben más que nadie quien es un buen docente.
A mi no me gusta que se de aspecto legal a situaciones de elección dedocrática que ya se están dando en muchos centros educativos. Lo que quiero es un sistema de selección transparente y meritocrático para acceder a las mismas, objetivable y baremable. Además, también abogo, como lo he hecho siempre, para tener inspectores que inspeccionen. Que feliciten y sancionen. Es su función y además han aprobado unas oposiciones para ello.
No me gustaría acabar este artículo sin reproducir un comentario, acertado a mi entender, sobre esta noticia:
Ni en la época de Franco se hubiesen atrevido a realizar ese tipo de selección del profesorado. ¿Alguien se imagina que un director de colegio, profesor de instituto o rector de universidad del régimen hubiese elegido a Tamames, Solé Tura, Tierno Galván etc.? Es vergonzoso que la enseñanza publica esté en manos de gestores que no creen en ella, o bien que ellos mismos hayan sido alumnos de ESADE o IESE siendo incapaces de superar los procesos selectivos de la administración que gestionan
¡Qué pillen confesados a los docentes decentes que tengan la mala suerte de recalar en un centro donde su director tenga patente de corso!















