Pedagogías de papel

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De lectura en lectura. Pasando por diferentes blogs educativos para leer las últimas informaciones sobre nuevas prácticas o modelos pedagógicos, uno se plantea la utilidad de lo que está haciendo. Hasta qué punto es práctico ese bagaje cultural sobre cuestiones o modelos que, en demasiadas pocas ocasiones han sido aplicados en un aula real. Es lo mismo que cuando se habla de la necesidad de la formación inicial del profesorado. Una formación inicial que quiere supeditarse a cuestiones teóricas y metodológicas. Es decir, que lo de “aprender haciendo” que tanto se está vendiendo en unos determinados foros no sirve para los futuros docentes. Discursos diferentes para hechos similares.

La pedagogía de papel no es mala. Cuestionable, pero siempre útil en su justa medida. Es bueno conocer qué se puede hacer, cómo experimentar en el aula, propuesta de nuevas prácticas, etc. Nunca es malo dejar de leer y aprender. Un aprendizaje que jamás va a ser comparable con la realidad del día a día de un docente. Un aprendizaje que, a pesar de ser de lo más completo posible (a nivel de literatura ingerida de grandes “expertos”) siempre nos va a dejar un regular sabor de boca. Regular por la imposibilidad de ser usado en nuestras aulas. Regular porque unos aportes interesantes se desmontan a los pocos minutos de atravesar el dintel de la puerta de la “celda” de los chavales.

Literatura y más literatura. Títulos de lo más variopintos. Autores de gran renombre haciendo pedagogía a todos los niveles educativos desde púlpitos cada vez más lejanos. Docentes de a pie que intentan mostrar sus experiencias de aula (restringidas a sus alumnos y que pueden no funcionar fuera del contexto en el que se están aplicando). Muchos otros absorbiendo lo que algunos proponen para intentar remezclarlo en algo que pueda llegar a ser útil en la faceta profesional. Un sin parar. Un sinvivir para intentar estar informado.

Creo que llegado a este punto conviene hacer un poco de autocrítica. Autocrítica por intentar seguir el modelo escrito de pautas metodológicas. Por intentar dar unas ideas sobre cómo hacer las cosas. Por hablar de cosas que, por mucho que uno lea, no ha conseguido conocer en su justa medida.

¿Nos olvidamos de las lecturas educativas? ¿Nos restringimos al aprendizaje propio y a los inputs recibidos de cuando estábamos al otro lado de la tarima? ¿Nos basta con “aprender a hacer” de forma autónoma? ¿Se nos tiene que dejar la libertad de experimentar con material tan sensible sin ninguna base previa? Dudas y más dudas.

A nivel personal no creo que deje de consumir literatura educativa. Pedagogías más o menos eficaces (o de ineficacia manifiesta). Autores más o menos acordes con lo que me encuentro en mis clases. Realidades palpables que la literatura sí que me ayuda a moderar. Más bien a implementar alternativas. Alternativas que si no hubiera leído en algún sitio las mismas ni tan sólo hubieran pasado por mi cabeza. Experiencias de compañeros alejados unos cientos de quilómetros (los más cercanos). Algo que apetece probar. Literatura que apetece sacar del papel o del medio digital pertinente para usar con esos chavales que cada vez te exigen más.

Conviene analizar fríamente lo que leemos. Ver si puede sernos útil (no sólo a nivel de aula). Intentar aprovechar al máximo el bagaje cultural que cualquiera de esas líneas nos puede llegar a aportar. Unos aportes que, aunque no le veamos su aplicación inmediata, siempre van a estar allí. Unos aportes que, sólo por haberlos recibido y por alguna utilidad que hayamos sacado (aunque sea mínima), hacen valer la pena seguir buceando en todo lo que se está escribiendo y distribuyendo relacionado con aspectos educativos.

2 Comments

  1. Desde la nostalgia del aula abandonada y el día a día del contacto con profesores y materiales supuestamente educativos, pongo a disposición del que la quiera leer un poco más de pedagogía de papel:
    http://www.otraspoliticas.com/section/educacion

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  2. Es así. No nos podemos distraer. Del mismo cándido modo en que tendemos a tomar por cierta una noticia publicada, asumimos como válidas las diversas experiencias compartidas en la red. Nos han formado como ingenuos espectadores frente a los medios y se nos nota. Del mismo modo, cuando somos nosotros los que compartimos y comunicamos tendemos a universalizar nuestras (buenas) experiencias en una proyección exagerada que termina por descalificarla. Pensamiento propio y crítico para leer y un poco de honestidad y humildad a la hora de publicar es lo que nos hace falta.
    Excelente y siempre oportuna tu reflexión.

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