Realidad

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Imagen de Quino

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Estamos acostumbrados a tergiversar la realidad. A interpretar los datos objetivos para que se asemejen a lo que nosotros queramos que sean. A leer siempre las noticias en sesgos interesados, para que digan lo que nosotros queremos que nos digan. Seguimos intentando escupir ese pesimismo inevitable mediante la felicitación en fiestas entrañables, o deseando los mejores deseos para el nuevo año que en pocos días empieza.

Para aquellos que estén disfrutando de su burbuja particular les recomiendo que no sigan leyendo. Suficiente necesidad de maquillar la realidad se tiene a estas alturas de la película para querer obviarla por motivos altamente justificables. Necesitamos disfrutar de estos días. Necesitamos tener una triste válvula de escape para alejarnos puntualmente de la realidad que nos envuelve. Nos merecemos este breve descanso.

Voy a hablar de realismo educativo. De realismo de aulas cada vez más masificadas, de salarios docentes cada vez más miseriosos, de horarios lectivos cada vez más infumables, de leyes y legisladores entre fúnebres y funestos, de deterioro de la calidad educativa, de sistemas que no funcionan, de elecciones que indican que todo lo anterior es lo que la mayoría de la gente desea, de necesidades de acudir al propio ego para olvidar ese altruismo mal entendido que lo único que hace es soportar la ignominia de todo lo que está sucediendo.

No pueden existir ilusiones visto el panorama que nos espera. Es de locos, ilusos y agoreros positivistas pretender que el año que viene, a nivel educativo (y hablo en global), será mejor que este que estamos a punto de finalizar. Prostituir realidades es algo que me viene demasiado grande. La realidad es la que es y, querer mentir sobre ella, es estar abocado a cometer errores. Da igual los días que sean. Da igual si son fiestas familiares, donde se lleva la maravillosa y efímera alegría. Da igual molestar y acudir a la realidad más inmediata.

¿Qué pasará cuando volvamos a las aulas? ¿Habrá cambiado realmente algo? ¿Será la situación de las mismas mejor que la de hace cinco años? ¿Habrá nuevos proyectos, más allá de los que ya había? ¿Se planteará alguien con poder ejecutor cambiar hacia mejor la casuística diaria? ¿Aumentarán los actos de rebeldía educativa? ¿Serán mejores las caras de nuestros compañeros? ¿Me devolverá alguien las canas que se agolpan en mi cabeza? ¿Me devolverán la alegría por un trabajo que, fuera del aula, cada vez me da más insatisfacciones?

Por suerte compensa el entorno cercano. Pero ese es otro tema. Estamos hablando de los maravillosos proyectos que algunos llevarán a cabo, las ilegalidades consentidas que se están llevando a cabo en muchos centros públicos, la abstracción de lo particular. Mucho malo dentro de matices. Matices que no llenan nada. Matices que son sólo eso… matices.

Harto de ver buenos deseos y maravillosas postales, amén de otras enjundias personales, no puedo menos que deciros que sería bueno no olvidar la realidad. Una realidad que poco o nada tiene de positiva y que, por mucho que queramos esconderla debajo de la alfombra, sigue estando allí.

Comments

  1. Anónimo says

    Chapeau!!!!!! Toda la razón del mundo, pero intentemos ser optimistas…..hay una frase que viene como anillo al dedo: Que tu escuela sea mejor, porque tú trabajas en ella. Saludos. ¡Felices Fiestas!

  2. Mónica G says

    Me gustaría saber cuál es tu nacionalidad… porque pinta igual en mi país… Muchas promesas al empezar el año que quedan en eso. Ahora una reforma educativa más… Cambiar para que nada cambie… Pero como dijo quien comentó antes, que nosotros seamos quien hagamos que nuestra escuela sea la mejor… Por lo menos, un deseo para recobrar fuerzas y seguir adelante…

  3. YOLANDA AGUILAR says

    Recordemos que aquello en lo enfocamos la atención es lo que se incrementa, por lo tanto debemos enfocarnos más en lo positivo, claro sin descuidar la parte que nos corresponde de lo demás, de todas formas Feliz Año!

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