oct 012011
 

Hablar de formación docente es hablar de errores, repeticiones e, incluso de malas praxis (en su gestión e impartición), ya que los resultados que se llevan conseguidos después de miles de horas de formación que han recibido los docentes de este país son prácticamente imperceptibles en las aulas. Siempre se gestiona la formación docente como algo aislado, como competencias en herramientas o, como materiales a asumir por parte de los docentes en bloques horarios (con o sin itinerarios) y, siempre sin tener en cuenta la necesidad de realizar un life-long learning por parte del docente que los cursa. Los cursos están pensados, y funcionan con el establecimiento de un inicio y un final muy marcado por las horas que corresponde certificar. Si hacemos (cursamos) o preparamos un curso de 30 horas sobre Moodle, sabemos que esa va ser su carga horaria…y, con 30 horas de formación, impartidas en sentido vertical (en entornos virtuales más o menos dinámicos), ¿quién es capaz de implantar ese aprendizaje en el aula? ¿Dónde está el apoyo posterior de los compañeros del curso? ¿Dónde está la red de trabajo que le permita resolver dudas? ¿Dónde están los facilitadores que le permitan, puntualmente, acudir a ellos para solucionarles los problemas? Pues…posiblemente, haciendo otro curso de temática diferente o, en el caso de los formadores, impartiendo el mismo a otro grupo de docentes a lo largo de 30 horas.

Algo falla…

Solución: el MOOC, cursos online abiertos y masivos, participativos y distribuidos.

Los cursos que ofrecen las Administraciones por parte de sus formadores tienen varios problemas y, entre ellos, el que más destacaríamos es su carácter finalista. Pues bien, un MOOC no finaliza, permite que el mismo pueda devenir un aprendizaje a lo largo de toda la vida (life-long learning). ¿Por qué? Porque la red lo permite. Permite que en el curso, formado por personas interesadas en un tema concreto, se pueda establecer una red de trabajo a lo largo de la carrera docente. Hablamos de redes de formación, integradas por personas y, tejiendo entre ellas un entorno social de aprendizaje totalmente horizontal. Si alguien no sabe de algo…pregunta. Si alguien sabe mucho…ofrece su conocimiento. Al final, beneficios para todos los miembros de la misma y, finalmente, beneficiados nuestros alumnos.

¿Ello significa que tengan que desaparecer los cursos de formación docente y los formadores que los imparten? No, seguirán habiendo cursos con materiales, facilitadores (desterremos de una vez el rol vertical de formador y, pasemos de una vez a guía/gestor de aprendizaje), participantes pero, en este caso olvidémonos del fin. El principio quedará claro, ya que será el momento de que, como docentes tengamos alguna necesidad y, el final, cuando a nosotros nos apetezca. Si no nos apetece porque es un tema que va evolucionando con el tiempo… nos quedamos, aportamos, recibimos, colaboramos. Si es un tema puntual… hola y adiós (nadie exige, nadie juzga).

No se trata de un curso ofrecido por una institución educativa, se trata de una forma de conectarse y colaborar para desarrollar habilidades digitales y, posteriormente, poder usar las mismas en el aula. ¿Posteriormente? No hace falta… el durante es también válido. A nadie se le pide colaborar ni realizar tareas específicas, sólo se pide formar parte de la Comunidad (abierta, libre y sin prejuicios).

Olvidémonos de cursos de formación y hablemos de eventos; donde las personas que se interesan por un tema se juntan, trabajan y hablan de ello de forma estructurada (o desestructurada, ya que lo importante es hablar de ello).

Ahorro económico…impresionante. Se trata de “no cursos” abiertos y gratuitos. Eso sí, ello no obsta a que si hay necesidad de certificar aprendizajes se puedan certificar mediante pruebas externas. Solucionado el problema de los “cursos para puntos”… aprendizaje, resultados y aplicación en el aula. Más fácil de objetivizar que las firmas depositadas en un papel después de cada sesión de formación presencial o, proyectos absurdos (en muchos casos de copia y pega) que se exigen cuando se hacen determinados cursos online.

También el ahorro se traslada al volumen de participantes. Grandes servidores, cursos abiertos, centralizados y no duplicados y, autogestión de los mismos por parte de los participantes más activos. Beneficios…demasiados.

El curso deja de ser curso para convertirse en red. El docente deja de ser docente para convertirse en parte de la misma. El alumno recibe esos beneficios.

Fácil, eficaz, barato y asumible. ¿Interesa?

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set 152011
 

Estos días de inicio de curso, somos muchos los docentes que buscamos afanosamente esos “maravillosos” cursos de formación que ofrecen las diferentes administraciones educativas para asumir dos objetivos fundamentales:

  • Adquirir unos conocimientos (o ampliar algunas competencias) para poder realizar un mejor trabajo con los alumnos
  • Conseguir esos “puntillos” que nos faltan para el siguiente concurso de traslados o nuestros queridos sexenios

 Lamentablemente, son más los que intentan asumir el segundo objetivo y, para ello, no dudan de matricularse de lo más sencillo, que les suponga menor trabajo y, que puedan copiarse (si el cursillo lo hacen por internet) los ejercicios de otros compañeros que lo han hecho en años anteriores. Eso sí, no hemos de olvidar que “pagando” también hay algunos sindicatos que nos ofrecen cientos de horas de formación, con poco esfuerzo, a un precio bastante asequible y, reconocidas por la Consejería de Educación pertinente.

Entre los primeros, cada vez por suerte más, los que hacen los cursos “por placer” y sacrificando horas (más allá de esas pocas horas que según algunos políticos trabajamos) nos encontramos a aquellos que van a sacar provecho de esa formación que se ofrece. Curiosamente, esos receptores tan ávidos de formación se encuentran que la oferta de cursos de formación es, en muchos casos, inadecuada para cubrir sus necesidades. Cursos de magia, prestidigitación, judo, macramé, Windows 98, Word, OpenOffice, etc. mezclados en un mejunje de títulos, ninguno de los cuales sirven a esos docentes, ya autoformados en muchos casos, con su blog activo y sus pinitos en muchas aplicaciones educativas. Por tanto, se ven abocados a intentar rebuscar entre esa ingente cantidad de cursos (por llamarlos de alguna manera) y, conseguir encontrar alguno que les sea de utilidad. Eso sí, curiosamente, acostumbran a llegar tarde en su inscripción y ya está copada la misma por esos docentes “puntilleros”.

Como estoy cansado de hablar sobre formación del profesorado (cosa que he hecho más veces de las que debería y, en algunos puntos ya he vuelto a reiterarme en las líneas anteriores), os incorporo en esta entrada algunos artículos donde expongo esa problemática y propongo algunas medidas para su “posible y necesaria” mejora.

Formación y formadores 2.0, donde se habla de cursos de formación y de las capacidades (o incapacidades) manifiestas de algunos docents que la imparten

La formación permanente del profesorado, un error de diseño

Análisis y posibles mejoras en la formación docente, donde se dan algunas ideas sobre cómo intentar mejorar esa formación, después de hacer un breve análisis de la situación actual

Por tanto, ya veis que es un tema demasiado hablado pero, llega inicio de curso y período de oferta formativa, y estamos siempre en las mismas y sin visos de cambiar. Hablemos, debatamos, expongamos ideas y, abordemos de una vez un tema tan importante como es la formación del profesorado.

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