Hablar de formación docente es hablar de errores, repeticiones e, incluso de malas praxis (en su gestión e impartición), ya que los resultados que se llevan conseguidos después de miles de horas de formación que han recibido los docentes de este país son prácticamente imperceptibles en las aulas. Siempre se gestiona la formación docente como algo aislado, como competencias en herramientas o, como materiales a asumir por parte de los docentes en bloques horarios (con o sin itinerarios) y, siempre sin tener en cuenta la necesidad de realizar un life-long learning por parte del docente que los cursa. Los cursos están pensados, y funcionan con el establecimiento de un inicio y un final muy marcado por las horas que corresponde certificar. Si hacemos (cursamos) o preparamos un curso de 30 horas sobre Moodle, sabemos que esa va ser su carga horaria…y, con 30 horas de formación, impartidas en sentido vertical (en entornos virtuales más o menos dinámicos), ¿quién es capaz de implantar ese aprendizaje en el aula? ¿Dónde está el apoyo posterior de los compañeros del curso? ¿Dónde está la red de trabajo que le permita resolver dudas? ¿Dónde están los facilitadores que le permitan, puntualmente, acudir a ellos para solucionarles los problemas? Pues…posiblemente, haciendo otro curso de temática diferente o, en el caso de los formadores, impartiendo el mismo a otro grupo de docentes a lo largo de 30 horas.
Algo falla…
Solución: el MOOC, cursos online abiertos y masivos, participativos y distribuidos.
Los cursos que ofrecen las Administraciones por parte de sus formadores tienen varios problemas y, entre ellos, el que más destacaríamos es su carácter finalista. Pues bien, un MOOC no finaliza, permite que el mismo pueda devenir un aprendizaje a lo largo de toda la vida (life-long learning). ¿Por qué? Porque la red lo permite. Permite que en el curso, formado por personas interesadas en un tema concreto, se pueda establecer una red de trabajo a lo largo de la carrera docente. Hablamos de redes de formación, integradas por personas y, tejiendo entre ellas un entorno social de aprendizaje totalmente horizontal. Si alguien no sabe de algo…pregunta. Si alguien sabe mucho…ofrece su conocimiento. Al final, beneficios para todos los miembros de la misma y, finalmente, beneficiados nuestros alumnos.
¿Ello significa que tengan que desaparecer los cursos de formación docente y los formadores que los imparten? No, seguirán habiendo cursos con materiales, facilitadores (desterremos de una vez el rol vertical de formador y, pasemos de una vez a guía/gestor de aprendizaje), participantes pero, en este caso olvidémonos del fin. El principio quedará claro, ya que será el momento de que, como docentes tengamos alguna necesidad y, el final, cuando a nosotros nos apetezca. Si no nos apetece porque es un tema que va evolucionando con el tiempo… nos quedamos, aportamos, recibimos, colaboramos. Si es un tema puntual… hola y adiós (nadie exige, nadie juzga).
No se trata de un curso ofrecido por una institución educativa, se trata de una forma de conectarse y colaborar para desarrollar habilidades digitales y, posteriormente, poder usar las mismas en el aula. ¿Posteriormente? No hace falta… el durante es también válido. A nadie se le pide colaborar ni realizar tareas específicas, sólo se pide formar parte de la Comunidad (abierta, libre y sin prejuicios).
Olvidémonos de cursos de formación y hablemos de eventos; donde las personas que se interesan por un tema se juntan, trabajan y hablan de ello de forma estructurada (o desestructurada, ya que lo importante es hablar de ello).
Ahorro económico…impresionante. Se trata de “no cursos” abiertos y gratuitos. Eso sí, ello no obsta a que si hay necesidad de certificar aprendizajes se puedan certificar mediante pruebas externas. Solucionado el problema de los “cursos para puntos”… aprendizaje, resultados y aplicación en el aula. Más fácil de objetivizar que las firmas depositadas en un papel después de cada sesión de formación presencial o, proyectos absurdos (en muchos casos de copia y pega) que se exigen cuando se hacen determinados cursos online.
También el ahorro se traslada al volumen de participantes. Grandes servidores, cursos abiertos, centralizados y no duplicados y, autogestión de los mismos por parte de los participantes más activos. Beneficios…demasiados.
El curso deja de ser curso para convertirse en red. El docente deja de ser docente para convertirse en parte de la misma. El alumno recibe esos beneficios.
Fácil, eficaz, barato y asumible. ¿Interesa?
