Universidades presenciales, ¿necesarias o prescindibles?

En primer lugar y, antes de empezar a desarrollar este artículo, me gustaría pedir disculpas por atreverme a tocar un tema como el de la Universidad, el cual sólo conozco desde la parte de alumno. Por eso, puede ser que algunas de las apreciaciones que se puedan llegar a verter sobre lo necesario de su existencia, junto con otras afirmaciones de diferente calado puedan ser rebatidas por alguien que sepa bastante más que yo de los intríngulis de la misma.

En primer lugar, comentar desde la barrera que, a simple vista, la Universidad tradicional presencial se está empezando a considerar como un anacronismo educativo. ¿Por qué esas connotaciones peyorativas? Pues, en su mayor parte, se deben a que su evolución no está siendo acorde con los tiempos. En frente de una sociedad digitalizada nos encontramos con una Universidad que está utilizando, en su mayor parte, los mismos métodos de enseñanza con los que me encontré cuando estaba en la parte baja de la tarima. Y eso que ya han pasado casi veinte años de ello. No se justifica que, el lugar de formación de las futuras élites, enmarcadas por una sociedad diferente a la que existía hace unas décadas, permanezca inmune al cambio. Con ello, sólo comentar que, a nivel de investigación y productividad de la misma (en muchos casos cuantificable a nivel económico) no se ha experimentado considerables avances en los últimos años. Excepto algunas Universidades donde se cursan carreras técnicas, son pocas las que están dotando de un valor añadido a su apartado docente. Investigaciones de baja calidad, donde se mezclan muchos esfuerzos por publicar y poca influencia de dichas investigaciones en entornos cercanos. Eso sí, remarcar lo que he comentado antes: hay excelentes investigadores (aunque pocos en proporción de la cantidad de perfiles laborales que están trabajando en las mismas) y, muchos de ellos de renombre internacional.

Por tanto, parece ser que el dotar de valor añadido al aspecto puramente docente de las propias Universidades es algo que necesitaría una urgente mejora porque, a día de hoy, en el mundo globalizado (a efectos de transferencia de conocimiento e investigaciones), no hay suficiente con realimentar el sistema con los propios universitarios que va titulando el propio sistema. Permitir que el único objetivo de las Universidades sea crear titulados para que se queden en la propia Universidad y, con una preparación que no aporta nada a un proceso de autoformación personal bien estructurado, es uno de los grandes errores del propio sistema. Para ello, sólo un pequeño dato (esbozado por el Ministro en su última intervención pero fácilmente contrastable si se analizan datos oficiales): el 93% de los docentes universitarios proceden de la propia Universidad. Eso no es coger a los mejores para la docencia e investigación (las dos caras del docente universitario); eso se llama endogamia.

Como parece desprenderse de mis párrafos anteriores, parece que el gran cambio necesario en un entorno inmovilista no se esté produciendo. Es por ello, que las disrupciones que incorporan los nuevos medios de formación masiva y gratuitos (Academia Khan, Udacity, cursos en abierto del MIT, Standford, etc.) están provocando que el propio sistema tradicional de las Universidades se esté tambaleando. Ello, junto con la casuística de tener unas Universidades presenciales con una excesiva oferta de plazas, incapaces de ser asumidas por la sociedad carente de suficiente oferta laboral para los titulados tampoco ayuda. No me gustaría dejar de recordar la gran cantidad de títulos universitarios, másters y demás que se han creado con la excusa de Bolonia. ¿Es necesaria dicha masificación? A alguien se le podría ocurrir que todo ese incremento de estudios y de Universidades ofertantes de los mismos tiene más que ver con cuestiones económicas que académicas o investigadoras. Y, ¿ello que conlleva en una situación de crisis como la actual? Recortes en el ámbito universitario con justificación mediática.

¿Podemos mantener las Universidades que tenemos? ¿Podemos mantener los miles de docentes universitarios que están en ellas? ¿Tenemos investigación de calidad? ¿Quién controla a las Universidades? ¿Quién controla sus presupuestos? ¿Quién controla sus concursos-oposición? ¿Es fiable ANECA para certificar que sean los mejores quienes den clase e investiguen en las Universidades?, etc. Demasiadas preguntas sin respuesta clara y objetiva.

Tengo mis dudas que en pleno siglo XXI, con los avances que tenemos y con las necesidades formativas que nos exige la sociedad actual, sea necesario mantener tanta sobresaturación de perfiles y títulos. Demasiados pocos investigadores de calidad y docentes (y no me gustaría que se tomara como una generalización, aunque hay más de los deseables) que dejan mucho que desear. ¿No sería más lógico ofrecer cursos masivos de formación, adaptados e individualizados, que permitan tutorías individualizadas y que puedan realizarse de forma más barata online? Y, en los mismos, ¿que los alumnos tuvieran la posibilidad de realizar las prácticas en empresas, centros docentes (en el caso de Magisterio) o centros sanitarios (en caso de Medicina e Enfermería)?

Podríamos reducir plantillas (que con la crisis iría muy bien), ofrecer estudios a demanda, certificar en condiciones y, ahorrarnos una infraestructura gigantesca que se resiste a innovar y a cambiar metodologías.

En definitiva, me quedo con la pregunta que encabeza este artículo: Las Universidades presenciales, ¿necesarias o prescindibles?

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  1. Información Bitacoras.com…

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