14 minutos

Sí, son aproximadamente 14 minutos los que tardo en ensamblar un artículo. Tiempo repartido entre el redactado, la búsqueda de la imagen (o imágenes) que van a acompañarlo y, como no, la revisión ortográfica del mismo. Por cierto, en ese tiempo también me da para una lectura rápida del mismo y la modificación de algunas cuestiones que, por diferentes motivos, no acaban de quedar del todo bien. No, no es un milagro. Es tan sólo el escribir sin ningún tipo de presión en una bitácora personal que, más allá del alcance que pueda tener, ha sido escrita en una plataforma algo diferente de la Moleskine de toda la vida.

¿Es lo anterior necesario? ¿Es necesario escribir tan rápido y tan continuamente? No tengo ni idea. Tan sólo es que me apetece compartir reflexiones acerca de cuestiones profesionales en abierto. No hay mayor pretensión. No hay más intencionalidad que la anterior ni nadie que presione para escribir en forma más o menos continua.

Fuente: http://www.fundeu.es
Fuente: http://www.fundeu.es

¿Se puede ser prolífico en la escritura? Todo depende de qué sentido otorgues al proceso de escritura. Si escribes para redactados bien fundamentados, con un montón de bibliografía a incorporar y, para que lo lean los cuatro expertos en educación que van a entender de análisis matemáticos y simulaciones educativas, ya es otra cosa. Entonces no hay suficiente ni con 14 minutos ni con cien veces más. La diferencia entre escribir para uno y hacerlo para otros es la clave. Uno no tiene ninguna necesidad de agradar, ni de interpretar datos, ni de hablar con lenguajes que nadie entiende. La ventaja de escribir para mí es poder reflexionar sobre mi aula, experiencias que leo o, incluso, sobre cuestiones mediáticas que se publican en los medios. Sí, de los medios (incluyendo en los mismos los blogs y las redes sociales en las que interacciono) saco gran parte del material que escribo. Sí, soy un aprovechado. Aprovecho lo de terceros para adaptarlo en redactados incoherentes.

Ser prolífico es tan bueno o malo como lo que uno pretenda. La intencionalidad es la que marca. Una intencionalidad que, en mi caso, está muy relacionado con aprendizaje. Un aprendizaje basado en la limitación que me autoimpongo de escribir textos de 400 a 600 palabras por artículo. Textos que lo único que pretenden es hacerme reflexionar. Y si en esa reflexión intervienen otros… ¡chapeau! Sí, vuelvo a reconocerlo, soy un vividor de aprendizajes de terceros que incorporo continuamente.

No sé si es bueno escribir habitualmente. Lo que sí que tengo claro es que, marcando una rutina puntual que no me lleva mucho tiempo, me convierto en un mejor profesional. Algo muy positivo. Algo más positivo que otro tipo de estrategias más pautadas por modelos academicistas. Modelos que, por desgracia, a mí no me sirven. Ojalá lo hicieran pero, mientras no descubra la forma en que lo hagan, seguiré redactando a mi manera cuando me apetezca. Que, para algo el hosting del blog lo pago yo 🙂

Artículo redactado en 11 minutos y medio.
EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

3 Comments
  1. Jordi, es cierto que eres muy prolífico escribiendo y eso es bueno. Es bueno escribir, no solo para reflexionar en voz alta, sino también para compartir con los demás. A veces en ese compartir se producen pequeñas comuniones que compensan otros desacuerdos. Pareces enfadado y lo entiendo, pero puedes estar orgulloso, muchos artículos son muy valientes y te felicito por ello. Por otro lado, ninguno de nosotros es inédito 100 % por 100%, cada una de nuestras individualidades, en verdad, tiene un alto porcentaje de construcción colectiva. Quizá el verdadero problema no esté en los docentes que pretenden comunicarse sino en el excesivo silencio de los centros educativos.

  2. Mis diez años de bloguero y la publicación de unos setecientos cincuenta posts aproximadamente me han hecho ser mucho más ágil redactando y componiendo un texto. No sé el tiempo que me lleva escribir un post. Quizás media hora o tres cuartos. Suelo buscar información para contrastar, anoto datos que luego voy hilvanando. Es un buen ejercicio. Pero no son en general ejercicios de estilo. Redactas fluido pero no eres un estilista. Yo tampoco. Se agradece la claridad y el dinamismo de tus posts pero tal vez evidencien esos once minutos de redacción. Hay mucha pasión eso sí. Es el aspecto más destacable en tu caso. Para mí la educación ha sido el leitmotiv de muchos de mis posts pero llega un momento que me cansa y necesito otros temas, de modo que mi blog ha sido algo así como el retrato de un profesor con sus altos y sus bajos, con sus intereses, sus contradicciones, sus motivaciones y sus fracasos. Nada he hurtado a la consideración de los lectores.

    Mi diferencia con otros profesores que no tienen un blog es interesante. Creo que tener un blog y entablar debates -algo en que no te prodigas- me lleva a aprender el arte de la dialéctica y la rapidez mental. Casi siempre tengo la impresión de que aprendo tras escribir un post a tenor de las réplicas que recibo. No sé si se llega a entender que escribo para comprender, no para tener razón.

    No sé si catorce minutos es suficiente, pero estoy seguro de que si emplearas tres veces más, el resultado sería mejor. Más pulido, mas denso, más rico lingüísticamente, aunque ello laminara algo la espontaneidad, aspecto que para tí tiene una gran importancia.

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