2018, el año del eduentertainment y la mercadotecnia educativa

Cuesta mucho resistirse a publicar un resumen de lo que, al menos para mí, ha supuesto este año que está a punto de finalizar, en mi ámbito laboral. Ya sé que, como docente, los años empiezan en septiembre y acaban en julio pero, os pido, que no me lo tengáis en cuenta y que permitáis que, un día como hoy, os hable de lo que ha pasado en educación este 2018. Es que no estoy muy inspirado para buscar otro tema y, éste me lo ha puesto en bandeja Google con su recopilación anual.

Fuente: Flickr CC

En primer lugar ha sido el año del espectáculo educativo. Del eduentertainment, al igual que se titula mi nuevo libro. Sí, aprovecho para hacer publicidad del mismo poniendo el enlace para suscribiros a precio de café y medio e informaros de que, si todo va bien, el prologuista no se retrasa y, la maquetación/revisión se realiza en los tiempos previstos, como muy tardar lo tendréis en febrero de 2019 en vuestras manos (los suscriptores un poco antes). Un espectáculo que ha marcado gran parte de la mediatización educativa. Premios educativos organizados por entidades bancarias, el Global Teacher Prize, las monjas bailarinas de un colegio concertado que cobra un pastazo para impedir que los pobres puedan ir ahí, las prácticas metodológicas espectaculares y, al final, cientos de congresos educativos del milenio, de la galaxia o del onanismo fraternal. Todo ello sin olvidar los cursos de formación del uso de juguetes sexuales, mecanismos de sacarse mocos o cera de las orejas o, simplemente, del cómo no mezclar la ropa roja y blanca en la lavadora. Ya si eso nos dejamos de poner ejemplos porque, al final, todo es cuestión de pasarse por las hemerotecas.

Muchos libros publicados sobre educación. La mayoría de tan ínfima calidad como el que escribí o éste que estoy perpetrando. Gurús con negro incluido. Youtubers amantes del bloqueo en las redes. Tipos que nunca han pisado un aula hablando de cómo mejorar la profesión docente. Y, todo eso aderezado con declaraciones del tipo que estudiar en la Universidad es un error y las maravillas de la Formación Profesional. Eso sí, de recursos destinados a esa mejora, ni uno. Y de hablar de Infantil, formación de adultos, EOI u otras enseñanzas que parece que estén en la clandestinidad, tampoco.

Territorios en los que no se ha hecho nada en educación. Directores que siguen seleccionando a sus docentes (más del 90% de docentes de la pública elegidos en septiembre en Cataluña lo han sido a dedo). Directores que defienden poder hacerlo para poder llevar a cabo proyectos basados en una determinada metodología. Amantes de las genuflexiones. Guerra por ver quién le puede llevar el café al jefe o, ponerse debajo de la mesa para hacerle los bajos con fruición. Vale para ambos sexos y orientación sexual. Es que, a veces, lo de escribir en formato ahorro siguiendo los consejos de la RAE, puede acabar con personas que cuestionan cómo se dice y no el qué se dice.

Muy poca lucha laboral. Políticos que prometen y prometen. Centros educativos que siguen cayéndose a trozos. Otros que, por desgracia, siguen pendientes de construirse después de más de tres años ser anunciada su construcción a bombo y platillo en la prensa.

Se repiten los eventos de Grandes Profes. Cocineros venidos a más. Organizaciones educativas preocupadas más por el trinque que otra cosa. Chaqueteros sin escrúpulos. Amantes del pasteleo, de egos desmedidos e, incluso, vendedores de productos cuyo único objetivo es capturar los datos de los alumnos para poder usarlos en un futuro. Ya si eso hablamos de la imposibilidad de gestionar la competencia digital, lo surrealista que supone la distribución de equipos informáticos sin sentido y, al final, la existencia de aplicaciones institucionales que, como su buen nombre indica, funcionan peor que la propia institución.

Flipped, Escape Room (ahora denominado Breakout por los más modernos), ABP desnaturalizado pero que da para muchas charlas, neurocosas y, en definitiva, orejones de burro para ser dirigidos a un objetivo muy poco educativo centrándose en lo poco importante.

Personajes incapaces de pisar callos. Personajes incapaces de posicionarse. Personajes, en definitiva, que quieren verlas pasar para no mojarse. Esperar que escampe como práctica de más de uno, gestión de redes sociales de forma neutra y, por desgracia, una total falta de sentido de humor de muchos. Lenguaje políticamente correcto. Exceso de salivación. Muchos que se centran en las formas para olvidarse del fondo. Bueno, es más fácil cambiar de ropa que ducharse. Además, como ya decían los reyes franceses hace un par de siglos, qué mejor que moverse ellos y encalar el palacio que ducharse o no mear en las esquinas de las habitaciones.

No tengo claro qué nos deparará este 2019 que en breve entra en nuestro calendario. Lo que sí que me queda claro es que al eduentertainment y a la mercadotecnia educativa le queda cuerda para rato. Ya no solo dispone de los vendedores interesados, tiene la colaboración de los medios y, por desgracia, de más de un docente que, por lo visto, no tiene muy claro a qué se dedica. Bueno, o lo tiene claro y lo de la docencia es un simple accidente. Por cierto, como curiosidad, ¿os habéis fijado que este 2018 todos los docentes que se apuntan a la moda de vender y venderse hablan de la vocación como la clave para ser un buen docente? Ya si eso lo hablamos en otro momento.

Un abrazo a todos aquellos que os seguís pasando por aquí. Esta bitácora personal no va a cambiar el 2019. Mientras siga teniendo energía, me apetezca escribir y siga, por no se sabe qué motivo, gustándome mi profesión y hablar de lo que la rodea, seguiré perpetrando cosas como ésta. Eso sí, el día en que me motive más la reproducción sexual de los pingüinos en cautividad, lamento deciros que, por desgracia, esto va a cambiar de tercio. Es lo que tiene la volatilidad y la falta de linealidad.

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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