2019: otro año decisivo para la Educación

Me parece fantástico que haya tantísima gente que, en los últimos tiempos, esté hablando de educación. Estoy convencido de que, por suerte, hacía décadas que no había una mediatización tan brutal de cuestiones que afectan al aula, política educativa o, simplemente, la existencia de múltiples debates acerca de qué debemos hacer para mejorar la educación que reciben nuestros chavales. Jamás en la historia ha habido tantos actores interesados, desde sus particulares intereses y sesgos, en abocar parte de sus recursos, reflexiones y acciones a temas educativos. No hay día en el que algún medio no hable de noticias sobre el tema. Y, además, tenemos tantas visiones como interesados en el asunto.

Fuente: ShutterStock

La mediatización educativa tiene su punto positivo. Siempre es importante que se hable de educación y, más aún que se haga desde ópticas variadas. El problema, como ya podréis intuir, es la gestión de dicha mediatización sobre una base ideológica o económica. Sí, vamos a ser sinceros, el modelo de negocio que subyace tras la educación tras sus múltiples facetas es brutal. Desde el control absoluto de los datos de los alumnos (futuros consumidores y votantes) hasta la posibilidad de generar un modelo basado en la obsolescencia educativa, en el cual, mediante revivals de diferente formato, se puede ganar dinero (apps, equipos imprescindibles o metodologías a las que se pone nombres muy vendibles), hay un negocio del copón. Y muchos participan/participamos en él sin ser nuestro motivo pero, por desgracia, a veces nos atrapa la simple vorágine del asunto.

En el 2019 aún no existe la política educativa basada en criterios técnicos. Existe la publicidad institucional y el seguimiento de unos criterios que, por lo que se ve, nada tienen que ver con la posibilidad de la mejora del propio sistema. Los técnicos han desaparecido para reconvertirse en simples empleados que van a apoyar, sin ningún tipo de fisura, la política ideológica que se decida por parte de los partidos que, en ese momento, estén gobernado. Siendo claros, la política educativa es la misma sea quien sea el que ocupe determinadas parcelas de poder. Nada cambia. Quizás, en algunos casos, las formas pero, lo que es el fondo ya me genera mis dudas.

Hay un apoyo institucional masivo a la necesidad de mantener -que no aumentar para algunos- el modelo de privatización de la gestión educativa. No solo a nivel de lo que se ve (conciertos educativos); también a nivel más opaco, haciendo determinadas cesiones a grandes multinacionales para que en los centros se usen determinados productos. El simple hecho de no disponer de una empresa pública de construcción de centros educativos, ya hace que algo tan básico como pueda ser construir uno nuevo ya dependa del juego entre empresas para hacerlo. No es fácil asumir ciertas cosas y, al final, son muchas las empresas privadas que viven (o sobreviven) gracias a las subvenciones públicas. Curiosamente, muchos de los que viven de esas subvenciones defienden la privatización educativa. O, rizando más el rizo, políticos cobrando del erario público defendiendo ciertas privatizaciones. ¿Incoherente? Pues bastante pero, entre esos y los docentes de la pública que eligen llevar a sus hijos a la concertada o usar un concierto sanitario, la práctica está bastante extendida. Y todo, claro está, basado en esa maravillosa «libertad de elección» que tanto defienden algunos. La misma que ha llevado en ciertos países a casos realmente curiosos. Pero da igual, al final a la mayoría lo que les importa es lo que les afecte a ellos y a su familia. El procomún es algo que queda para cuatro posicionamientos chuscos, escribir un tuit con un emoticono, firmar en una petición de esas que tanto nos inundan o, dar un like a una publicación en Facebook que habla de la necesidad de ayudar a los países del Tercer Mundo. Todo desde un maravilloso dispositivo electrónico. Es que es tan fácil ser bueno de boquilla…

No todo lo que está sucediendo en educación es malo. Hay muchos docentes que intentan mejorar el aprendizaje de sus alumnos. Se implican, mediante metodologías o prácticas determinadas, para conseguir ciertas cosas. El problema es que, como he dicho antes, el problema no es visibilizar lo anterior, el problema es más de fondo. El sistema educativo no es tu clase. La educación no consiste solo en hacer vídeos, trabajar por proyectos, usar el libro de texto o, simplemente, dar una flauta a tus alumnos para que intenten sacar alguna nota no demasiado chirriante. Hay algo mucho más importante. Es entender la concepción que queremos del asunto. Y quizás lo menos importante sea el cómo porque, sabiendo la heterogeneidad de nuestros alumnos, no hay soluciones milagrosas.

Falta control de la gestión de los recursos públicos destinados a educación. Falta amplitud de miras y planificaciones a medio/largo plazo. Falta alguien que, más allá de ver los réditos electorales que les va a suponer algo, tome determinadas medidas. Falta humildad en demasiados. Falta, en definitiva, todo lo que es la clave para la mejora educativa (y, por ende, social) que tanto necesitamos porque, al final, lo único que hacemos es dar bandazos. Me incluyo en los bandazos porque, lamentablemente, la educación está demasiado parcelada, hay demasiados intereses poco educativos y, al final, hay tantos remos y remeros como descoordinación.

Siempre queda esperanza para que este 2019 cambien las cosas pero, honestamente, me da la sensación que viendo la trayectoria de lo que está sucediendo en el ámbito educativo, plagado de buenas intenciones, de discursos maravillosos o, simplemente de promesas que sabes que jamás van a cumplirse, seguiremos jugando a lo que no toca. Eso sí, siempre con la mejor intención del mundo porque eso es algo que tengo claro. Los malos son los menos en un mundo en el que no hay buenos. Lo que sí que hay son demasiados que miran a otro lado y juegan solo a lo suyo.

Supongo que os habréis dado cuenta que titulo el post con Educación en mayúscula y, a lo largo del mismo solo escribo en minúsculas el vocablo. No creo que sea difícil que entendáis el porqué.

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Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

2 Comments
  1. Por si te faltan temas ;-), dos medidas ¿electoralistas? que prometen:
    (1) https://elpais.com/sociedad/2018/12/27/actualidad/1545917225_924744.html
    Esto afectará a todos los centros de primaria y secundaria
    (2) https://www.elperiodico.com/es/economia/20190109/estudiantes-practicas-obligados-cotizar-seguridad-social-51-euros-7237150
    Esto afectará a todos los centro de secundaria
    La historia de la educación pública española no es más que otra serie de catastróficas desdichas, pero por desgracia no es una ficción.

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