A dar clase se aprende dando clase

No, lamentablemente, no hay ninguna formación que permita a nadie estar capacitado para trabajar. Uno puede ser el más brillante en su carrera universitaria, titulación profesional e, incluso, ser capaz de atesorar miles y miles de horas de cursos sobre temas relacionados con su futura profesión, e incorporarse el primer día a su trabajo y ser incapaz de, poco menos que temblar intentando no cagarla. No, los estudios capacitan a nivel teórico pero la teoría siempre se queda vacía cuando uno entra en el mundo laboral. Y, por ello, siempre es recomendable que, en cualquier profesión, uno vaya aprendiendo poco a poco a ser profesional de la misma.

Fuente: http://conceptodefinicion.de

Voy a barrer para casa y a usar la argumentación anterior en mi rama profesional: la docencia. Uno no sabe dar clase ni cuando sale de las Facultades de Magisterio ni cuando le han "timado" con un máster después de una carrera universitaria que, legalmente, permite dar clase en Secundaria (léase Secundaria como ESO, Bachillerato y FP, incluyendo EOI y adultos). No, no está mejor preparado un maestro que un profesor de Secundaria el primer día que pisa solo el aula. Eso sí, la concepción diferente de sus estudios hace que sea, al menos para los maestros, algo más fácil adaptarse a la rutina (entiéndase como lo que es y no como el concepto en sí mismo) de su situación laboral. Quizás porque lo suyo sea más vocacional. Quizás porque a lo largo de su carrera ya sabían cuál era su objetivo último. Quizás porque, seamos sinceros, no es lo mismo estudiar algo compartiendo pupitre con futuros compañeros de profesión, que algo que hace que la futura dispersión profesional haga que sean una minoría los que se dedican, por ejemplo, a la docencia en etapas obligatorias.

La verdad es que no hay nadie que nazca enseñado. Uno debe adaptarse al medio, aprender a lo largo de los primeros años e, intentar seguir unas pautas porque desconoce el terreno pantanoso en el que se mueve. No, muchos hemos intentando cambiar las cosas los primeros años de aterrizar en el aula pero no teníamos, ni la experiencia ni las tablas, suficientes para poder hacerlo. Uno sólo puede experimentar teniendo muy claro el funcionamiento de su profesión. No, al igual que un médico cuando empieza su residencia, las cosas tienen sus ritmos. A nadie se le obliga a realizar una operación cuando acaba de aterrizar en un quirófano. No es falta de confianza en su capacidad teórica, es tener sentido común ante su falta de experiencia. La experiencia, por mucho que ahora algunos la denosten, en educación es un grado. Y, en la mayoría de ocasiones, uno puede empezar a realizar experimentos cuando ya lleva tiempo ejerciendo. No, entrar y querer cambiar el mundo tiene mucho de utópico hasta que uno se topa con la realidad. Una realidad que hace que, incluso con experiencia contrastada, muchas de las cosas que se plantean pueden salir mal. Así pues, imaginémonos el grado de frustración que pueden desencadenar experimentos que, seguro otros han intentado cuando empezaron (la ilusión y las ganas de cambiar el mundo es lo que tienen) sin tener la experiencia necesaria para ello. Y sí, reconozco que todos hemos pasado por ese estado de euforía inicial y nos hemos hostiado ante todas nuestros intentos de probar cosas que, seguro, teníamos claro que funcionarían. Pues no todo funciona en educación. Menos aún sin saber dar clase porque, las licencias que uno puede permitirse dependerán, en mucho, de los años que se lleven dando clase, del aprendizaje autoformativo que uno haya consolidado y de las ganas de mejora profesional.

No me gusta el desprecio a la experiencia. No me gusta tampoco que la experiencia sea algo que, al final, justifique ciertas cosas. Eso sí, reconozco que, por mucho que se intente, el cambio en prácticas educativas, la soltura y la posibilidad de "cambiar el mundo" va a depender de todo el bagaje profesional que lleve uno. La virginidad educativa es lo que tiene... ganas de comerse el mundo pero, lamentablemente, demasiadas cosas para aprender que impiden que esa clase maravillosa en nuestra cabeza, pueda plasmarse en nuestras aulas. Ya, lo mismo que un mueble de Ikea cuando uno va a comprarlo y se fija en cómo queda una vez montado. Quizás al décimo que montemos ya podamos decir que no nos han sobrado piezas 🙂

Llevo casi veinte años en esto y llevo unos cuantos probando cosas. Sí, también intenté hacer piruetas cuando empecé pero, sinceramente, creo que no era el momento de hacerlas. Ahora, con experiencia acumulada, tengo algo más claro qué puedo hacer y qué no. Eso sí, también tengo muy claro que, en ocasiones -y no pocas-, toda esa experiencia puede no suplir algunos inventos que se están llevando a cabo en determinadas aulas porque, seamos claros... lo que importa es el alumno y su aprendizaje, y no lo que queramos hacer nosotros. Algo que, a veces, también se olvida.

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3 comments

  1. Víctor Ángel Suárez Álvarez 28 julio, 2017 at 09:49 Responder

    A lo que se puede añadir que los docentes menos experimentados podrían apoyarse (que no delegar) en los más experimentados a la hora de resolver situaciones que otros ya han resuelto. Es algo natural en las sociedades humanas desde el inicio de éstas, los veteranos también enseñan a los nuevos. Pero todo eso requeriría una planificación muy bien hecha del modelo de enseñanza y de las plantillas docentes y ni nuestros responsables políticos lo hacen, ni sindicatos ni muchos docentes están dispuestos a colaborar.
    ¿Qué opinas si te digo (ya lo sabrás) que hay docentes que no quieren dar una asignatura, de las recientes en la nueva Ley, porque no hay libro de texto aún?. O asignaturas nuevas que requieren prepararlas porque tiene contenidos nuevos. Entonces se la dejamos al nuevo o interino (que si hay suerte tendra cierta experiencia) y que arree como pueda, con la consiguiente repercusión sobre la enseñanza de los alumnos, que, como dices, son los que importan. Conste que no concibo que un graduado no pueda impartir, aunque sea de forma básica y sin libro de texto, una asignatura cuyo contenido ha tenido que estudiar en la facultad, pero en los casos más complejos, hay veteranos que deberían dar la cara y mostrar sus galones.
    Creo, como tú, que la experiencia es lo más valioso en la enseñanza, pero los veteranos deben hacerse valer dando ejemplo a los más inexpertos. Y desgraciadamente hay casos en que la veteranía esta sirviendo para el escaqueo.

    • Jordi Martí 31 julio, 2017 at 07:51 Responder

      Lo que comentas acerca de la mentorización (a cambio de horas/dinero) de los más experimentados a los que acaban de llegar sería algo muy interesante. Los años de experiencia, por mucho que algunos intenten denostarlo por varios motivos, son clave para saber qué puede funcionar o qué cosa no funciona. En el ámbito educativo ha habido experimentos desde que existe la educación y, por suerte o por desgracia, ya se ha visto qué ha sido nefasto.

      ¿Qué opino sobre docentes que no quieren dar la asignatura porque no hay libro de texto? Creo que conozco bien el asunto y veo cómo algunos, por ese simple “inconveniente” no cogen determinadas asignaturas y las dejan, como bien dices, al nuevo. No, la experiencia es un grado y, al igual que en otros ámbitos, debería de dejarse al cargo de esos docentes experimentados determinadas cosas. Eso sí, tampoco se trata de perjudicar al que tiene experiencia por el simple hecho de tenerla y, es por ello que, como he dicho antes, la carrera profesional debería existir y dotar de beneficios a aquellos que ya llevan años cumpliendo y haciéndolo bien (que son, por cierto, la mayoría).

      Todos los problemas que comentas se solucionarían reformulando la función de inspección educativa pero, los inspectores ni están ni se les espera en cuestiones pedagógicas. Y no, no siempre es culpa suya.

      Un saludo y gracias por pasarte por aquí.

  2. José Manuel Rodríguez Aguilar 13 marzo, 2019 at 02:02 Responder

    A DAR CLASES SE APRENDE DANDO CLASES: mi comentario es que efectivamente cuando iniciamos como docentes llegamos mucho muy preparados, con las nuevas teoría pedagógicas y didácticas, con las tic innovadoras aplicadas a las clases y siendo los nuevos docentes que transformaremos a la sociedad escolar, pero al entrar al salón, nos damos cuenta de que tanta teoría sirve de muy poco al dar las clases y viendo el contexto real donde se nos ubica y que los alumnos están la mayoría por las becas del gobierno y no por la necesidad de superarse para tener un mejor futuro.
    Luego entonces, guardamos nuestras nuevas e innovadoras clases, nuestros muy novedosos saberes, y nuestra tecnologías altamente aplicadas en las materias y empezamos a encontrar el sentido de enseñar a los alumnos de acuerdo a su contexto y en la realidad en que viven, y esa transformación nos frena y nos va ubicando en esa realidad, mientras al tiempo, nos llega la experiencia que nos dan los años como docentes frente a grupo y entonces si podemos dominar grupos, contextos e intereses de los alumnos, pero hemos frenado el ímpetu con el que iniciamos y nos es que lo olvidemos, simplemente lo transformamos en educar de manera real, situacional a nuestros alumnos y nos ubicamos dentro de los docentes con experiencia que buscamos entonces una nueva alternativa para enseñar y mejorar el mundo en que viven miles de alumnos, que no tienen más oportunidad de estudiar que esa escuela y que tal vez no terminen ni su secundaria y la mitad de todos ellos solamente terminen el bachillerato y una mínima cantidad vayan a la universidad.
    Saludos.

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