A por los calzoncillos rosa

Debo reconocer que el rosa me gusta. Más allá de sus variantes más o menos «achicladas» o, las connotaciones que algunos australopitecus se empeñan en asignar al color, es un color bonito. A mí me luce mejor el cutis en verano con un polo de ese color. Bueno, seamos sinceros, a mí me luce el cutis me ponga lo que me ponga. Es lo que tiene ir muy bien de tipo, rasgos y resto del paquete. No, no penséis mal que estoy hablando del paquete en sentido figurado. Nada de esas cosas que, mal usadas, implican un exceso alarmante de dioptrías según algunos tipos en sotana. Y no, no estoy hablando de los repartidores del butano. Más bien de los de las hostias. U ostias según se tercie.

Fuente: https://www.deviantart.com

Ya veis que acabo liándome. Es domingo tarde y la media neurona postvacacional (sí, he estado unos días de vacaciones) se empeña en no asumir su rol. Ahora solo falta que se me afilie a algún sindicato y pida un SMI justo. Es que se me está volviendo muy roja y así no hay manera de lidiar con ella. Va, a ver si se pone en vereda y nos ponemos a escribir acerca de lo que pretendía en un inicio: de las formas para obtener calzoncillos rosa.

Hay varias maneras de hacerse con ellos. La primera y, sinceramente, la más cómoda, consiste en irse a comprar unos de ese color. Ya si eso entramos en el tema slips o boxers pero, para el caso, es lo mismo. Lo importante va a ser el color. Veintipico pavos si se compran de marca, algo menos si se compran en el mercadillo. En los chinos, todo depende. Ya eso del todo a euro debe valer menos para lo que uno quiere comprar. Y, por favor, si se compran, pasarlos por la lavadora antes de ponerlos es tener consideración por las partes de uno. Hay cosas que no se comparten. Una de ellas son los calzoncillos. Bueno, eso y el coche cuando algún familiar se empeña en devolvértelo ligeramente abollado. Bueno, eso si te enteras del asunto. Pero no, no nos vayamos por las ramas que, al final, no voy a hablar del quid de la cuestión.

Otro tema es tintarlos. Antes, cuando uno quería cambiar de color de camisetas, se las tintaba. Bueno, algunos hacen lo mismo con el pelo y así podemos ver ese vergel de tonalidades. Pues lo mismo para los calzoncillos. Cientos de tintes de precios variopintos que permiten, en un pispás, tener esa prenda en un color tan precioso como el que llevo mencionando a lo largo y ancho de este post. Así pues, ya tenemos la segunda opción.

Y la tercera es el error. Mezclar ropa roja con calzoncillos blancos tiene sus consecuencias. Además, en ocasiones, se obtiene de forma casual lo que uno busca desde el principio. Maravillosos calzoncillos de un rosa muy interesante que, más allá de que pueda haber algún calcetín que se ha dado por colorearse, queda que ni pintado para lo que uno quiere. Y eso es un resultado que nadie pretendía en sus inicios. Curioso, ¿no os parece?

Ahora la pregunta del millón… ¿pero qué te has fumado? ¿Por qué escribes de calzoncillos rosa? Pues, sinceramente, para que alguien no tenga necesidad de preguntarme. Además, después de etiquetar este post dentro de la categoría de educación os debería quedar bastante claro 😉

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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