A ver si nos empezamos a valorar un poco

Reconozco que me preocupa, desde hace muchísimo tiempo, la gran cantidad de docentes que, de forma totalmente acrítica y falta absoluta de creerse en lo que hacen, están buscando soluciones mágicas que les permitan ser mejores profesionales. Entiendo que a mis compañeros, al igual que me sucede a mí, les surja la inquietud por ver si se puede mejorar en su ámbito laboral. Dar clase siempre es susceptible de mejora y, una de las características que tiene nuestra profesión es la de trabajar con seres humanos, cada uno con sus características individuales y sus necesidades/habilidades para aprender. No hay dos alumnos que aprendan igual y, es por ello que me preocupa la compra acrítica de métodos fantásticos, envueltos en papel de regalo y, normalmente, promocionados por alguien que no ha pisado un aula, ha lidiado con el día a día de la misma y, por desgracia, siempre ignora el factor «alumno» en sus productos.

Fuente: ShutterStock

Ayer un magnífico cocinero entregó unos premios a las escuelas y docentes más creativos, siendo acogido cual un héroe de la épica educativa. La verdad es que me pregunto qué pasaría si un docente se fuera a explicarles cómo hacer un revuelto de setas a los profesionales de la cocina. Sí, seguro lo podéis intuir. Saldría escopeteado del auditorio al ver las chanzas de los cocineros que, entre sonrisa y sonrisa, empezarían a abandonar el acto. No creo que a ningún cocinero se le ocurriera pedir una estrella michelín para la cocina del docente. Bueno, eso siempre que no hubiera ninguno con trastornos psicológicos de diferente calado. Y, curiosamente, cientos de docentes aplaudiendo a rabiar a Ferran Adrià mientras gritaban… «Ferran, Ferran… para Ministro de Educación. Tú sí que eres nuestra guía para la mejora educativa y la introducción de la creatividad en nuestras aulas.» (la segunda frase es totalmente cierta). Hay qué joderse. Qué poco respeto tienen algunos docentes por su trabajo. Cuánta necesidad de buscar gurús en lugar de ponerse a mirar a los ojos a sus alumnos y adaptarse a ellos. Claro que hay días y grupos malos. Joder, son personas. Y las personas somos heterogéneas por naturaleza. Por suerte, también.

Empecémonos a valorar un poco. Algunos de los que aplauden llevan más de veinte años dando clase y no lo hacen mal. Qué sentido tiene ponerte a aplaudir a alguien que no sabe de aula, de estrategias educativas ni, mucho menos, de realidades de aula. Mola tener referentes pero, ¿por qué no los buscamos en nuestro contexto más cercano? En nuestros centros educativos hay fantásticos profesionales con los que trabajamos codo con codo. No hace falta mirar a estrellas mediáticas. Simplemente dejémonos de minusvalorarnos y buscar soluciones fuera del aula. Ahí no están ni van a estar. No nos van a venir a salvar ni a sustituir mientras estamos dando clase en segundo de ESO y la misma se tuerce. Mucho menos en grupos de PMAR o FPB donde el alumnado lo que necesita es recursos. Dejémonos de cocineros, flipados que se han largado del aula, organizaciones paraeducativas que se venden al mejor postor o, simplemente, adictos a la sandía. Lo importante es empezar a ver lo importantes que somos. Y lo somos. La docencia se demuestra a diario, se comenta en la máquina del café y se trabaja con los chavales. El claustro nunca va a ser la red aunque podamos usufructuar ideas, materiales que algunos comparten altruistamente o, simplemente, compartir experiencias. Nuestro trabajo no se da en Twitter, en los auditorios, en las entregas de premios o en las páginas de los medios. Nuestro trabajo tampoco es el procurar saber qué debo decir para quedar bien y que no me obliguen a volver al aula. Estamos en ella. Estamos a gusto y lo hacemos muy bien. Claro que podemos hacerlo mejor. Seguro que lo haremos mejor. Hay días buenos, malos y peores. Trabajo, trabajo y más trabajo. Profesionalidad, profesionalidad y profesionalidad.

A ver si dejamos de comprar tonterías y aplaudir a abanderados… lo que vale es lo que hacemos nosotros en el aula, con nuestros alumnos y dentro de nuestras posibilidades. Lo demás, humo para quien quiera venderlo pero, creo que empieza a ser hora de dejar que ese humo sea algo anecdótico. Al menos para los docentes de aula. Somos mucho mejores de lo que nos pensamos y nadie nos debe vender lo contrario. Menos aún estrellas mediáticas que, al final, siempre excluyen de sus discursos a los alumnos.

En mi centro educativo actual tengo 120 posibilidades para mejorar y no voy a perderme ni una :)
EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

2 Comments
  1. Hola Jordi. En primer lugar, quería felicitarte por tu blog. Me encanta, y además, comparto en muchísimos puntos tus reflexiones educativas. Soy profesor de matemáticas, físico-química y tecnología de ESO en un colegio concertado gallego. Ayer, sábado 18 de noviembre, se celebró en Santiago de Compostela el IV Foro Emociona, al cual asistieron prácticamente todos mis compañeros de claustro, cual seguidores de Ron Hubbard (algunos de ellos fueron semiobligados). Yo no asistí, tenía asuntos más importantes que atender (poner plaqueta en merendero, preparar una unidad didáctica de Arduino, corregir, tocar la guitarra,…). El caso es que cada vez son más habituales este tipo de charlas en mi lugar de trabajo y también comienzo a preocuparme. Algunos se han hecho adictos a vocablos del tipo emoción, liderazgo, ABN,…, pero, como tú sueles comentar, sin reflexión sobre lo que significa, sus consecuencias, sobre como encajan (si es que encajan) en un ámbito educativo,… Me pregunto si estos gurús, ¿asumirán la culpa en caso de fracaso de sus muy cuestionables «nuevos métodos»? Tal vez desaparezcan y se les encuentre en Brasil, debajo de una palmera, tomándose un daiquiri. El marrón nos lo comeremos los de siempre, los que trabajamos día a día dentro del aula, los que nunca la abandonamos yendo detrás de un suculento contrato de una empresa privada. Los que con nuestros defectos y por supuesto también muchas virtudes tratamos de mejorar utilizando métodos, que ellos llamarían pleistocénicos, como el de ensayo y error, que han hecho evolucionar el mundo, y sobre todo aprendiendo de la experiencia de tus propios compañeros. Los mejores consejos, al menos en mi caso, siempre han venido de sabios compañeros y no de iluminados que se creen que han descubierto la pólvora. Un saludo desde Galicia y ánimo con tu blog. Necesitamos ese pedacito de realidad educativa mezclada con humor que desprenden la mayoría de tus artículos.

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