Al final todos los judíos acabaron en campos de concentración

Siempre he sido un auténtico devorador de libros de Historia. Me encanta la Historia y también, como aficionado a la misma, sé que hay mucho sesgo en la visión que algunos autores dan pero, hay aspectos en los que todos coinciden. Y en una cosa de las que coinciden, es en los primeros momentos en los que Hitler accede al poder. Arropado, por cierto, no solo por esa autodenominada «raza aria». Sí, hubo judíos que apoyaron a Hitler y, en los primeros momentos de persecución religiosa, fueron grandísimos colaboradores del führer.

Fuente: http://www.aiete.net

Debemos recordar que la historia nos demuestra que, en ocasiones, los peores enemigos son los que, supuestamente, deberían ser tus amigos. Es habitual empezar a ver a determinados inmigrantes colaborando con partidos de extrema derecha y, tampoco es extraño observar que, en muchas ocasiones, parte del voto que obtienen ciertos partidos viene de los mismos que, curiosamente, llevan haciendo sufrir desde hace muchos años. En este caso, según algunos, lo podríamos denominar Síndrome de Estocolmo. El mismo que tienen muchos cautivos y secuestrados cuando llevan muchos años en esa situación. Empatía por sus captores. E, incluso, en ocasiones, un auténtico fervor por ellos.

Pero no nos vayamos del momento histórico con el que he empezado. Sigamos con esos judíos colaboracionistas que, en un primer momento, vieron en el régimen nazi a un aliado. Eso incluso después de ver la pasividad de las autoridades alemanas en la Noche de los Cristales rotos, mientras una multitud descontrolada se dedicaba a quemar sus negocios y a realizar linchamientos selectivos. Aún así algunos seguían participando con el régimen.

Llegan las desapariciones, las estrellas de David en la solapa, los primeros ferrocarriles, los primeros campos de concentración, los primeros gaseados y, aún así, aún había judíos que seguían ayudando con sus contactos y dinero al régimen. No lo digo yo. Lo dicen todos los libros de Historia. Y vuelvo a repetir que, en este caso, lo dicen los de un sesgo y los de otro.

Resulta complejo entender lo anterior. Bueno, resulta complejo para quienes no vivimos en esa época ni teníamos esa religión. Además, siempre es fácil juzgar, sabiendo los resultados y viendo las cosas en perspectiva pasado el tiempo. Ellos no sabían qué vendría después pero, por desgracia, al final, como siempre sucede, todos esos colaboracionistas también acabaron en los campos de concentración. Entonces llegó su desesperación. Y la muerte de muchos porque, en los últimos estertores del régimen, daba igual gasear a diez que a cien.

Es lo que tiene el colaboracionismo con algunas cosas. Un triste final.

Por cierto, creo que no os descubro nada si os digo que, al final, este post va de cuestiones más actuales, muchas relacionadas con la educación y que, por desgracia, estamos unos padeciendo y muchos otros, curiosamente, colaborando en ciertas cosas. Al final, lo malo de todo es que no hemos aprendido nada. Y todos (colaboracionistas y no colaboracionistas) vamos a salir perjudicados. Tiempo al tiempo.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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