Alergia al aula

La verdad es que me sorprende ver como personajes, con síntomas claros de alergia al aula y, especialmente a aquellas plagadas de niños o adolescentes, se dedican a pontificar acerca de lo que debería hacerse en las mismas. No es sólo la incapacidad de entender cómo puede ser que alguien prefiera dedicar muchas más horas -más improductivas pero, sinceramente, muchas más- a tareas que poco tienen que ver con la profesión que eligieron libremente. No, no entiendo la necesidad de trabajar sábados y fiestas de guardar por parte de algunos cuyo único objetivo es poner unos cuantos kilómetros entre las aulas y sus personas. Ya dejan de ser docentes si es que alguna vez lo fueron. Son unos prejubilados de aula que, por prescripción médica, optaron por empaquetar sus bártulos para convertirse en unos burócratas del sistema, defensores de los derechos laborales de sus compañeros, pontificadores de metodologías fantásticas que nunca han aplicado o, simplemente, unos simples okupas de sillas con ruedas con diferente coeficiente de rozamiento.

Fuente: http://www.webconsultas.com
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Puedo entender que a alguien no le guste dar clase. Puedo, incluso, defender a todos aquellos que han optado por abandonar el aula por considerar que sus aspiraciones no estaban suficientemente recogidas en ellas. Puedo entender las decisiones personales de cualquiera. No, no es malo abandonar el aula. Incluso, si tuviera suficiente dinero para no tener que trabajar, yo también lo haría. Lo que no está tan claro es la necesidad de esos que abandonan el aula y no tienen intención de volver -salvo algunos que, por cuestiones políticas, se han visto «obligados» a ello- sigan hablando de las mismas como si fuera lo más importante del mundo. Ostras, que no es muy lógico el asunto. Que si uno tiene alergia a algo lo que debe hacer es alejarse del foco de urticaria. La salud lo requiere. Las décadas de aislamiento de la misma hacen que, quizás, la vida de uno sea más feliz. Que si uno lleva más años fuera del aula que en ella es por algo.

La verdad es que ya hay docentes que entran con una alergia que, por desgracia, no se incluye en el certificado de salud que se exige al entrar en la profesión. Se sienten incómodos desde el primer día y se les nota. Bueno, algunos lo saben disimular muy bien y siempre salen con una sonrisa del aula o hacen proyectos muy mediatizables. No es por cariño al alumnado, es por la necesidad de buscar una salida del aula. Que del aula sólo se sale bajo tres supuestos (excluyo el fallecimiento por macabro): jubilación, contactos que te coloquen o, saberte vender bien. Y lo de saber venderte bien obliga a que, dentro de las habilidades de uno, encuentre la capacidad de dar la sensación que le encanta el aula mediante la gran cantidad de proyectos -todos muy vendibles- que realiza con sus alumnos. Algo que, bien gestionado, permite acabar rápidamente con esa alergia a los chavales.

La alergia al aula se ha convertido en una epidemia. Y más con las redes sociales y la mediatización que permiten de los docentes. Docentes que dejan de serlo cuando salen del aula y se convierten en otra cosa que, poco tiene que ver con la profesión en la que algunos seguimos trabajando.

No, no es una crítica a quien ha elegido libremente abandonar el aula. Es una reflexión acerca de cuestiones médicas desde la óptica de un profano en las mismas.
EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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