Algunas ideas para una nueva carrera profesional docente

Uno de los problemas que estamos sufriendo desde hace muchos años el colectivo de docentes es la imposibilidad de tener una auténtica carrera profesional docente, más allá de situaciones puntuales que se basan más en la antigüedad que en una verdadera promoción interna (como sucede en muchos de los otros cuerpos funcionariales). Estamos restringidos a día de hoy a ir pasando los años y, mediante esfuerzo propio (o amiguismos institucionales) conseguir, como mucho, el ascenso a los infiernos de los cargos unipersonales de nuestros centros educativos (Director, Jefe de Estudios, Secretario o cualquier otro que la Administración de la cual dependemos haya creado). Lamentablemente, ese mecanismo de promoción también se encuentra bastante vedado por dos motivos: la existencia de, cada vez más, Directores nombrados a dedo por la Administración educativa y, la cantidad cada vez menor de docentes que quieren implicarse en la gestión de sus centros educativos.

Más allá de ello, no me gustaría acabar la preceptiva introducción sin comentar que, lo que comento de la inexistencia de una carrera profesional, no es del todo cierto, ya que existen determinadas situaciones en las que sí que es posible una ligera mejora por promoción interna como son los siguientes casos:

  • Docente de infantil o primaria, que se saca una carrera universitaria (diferente de la de Magisterio que usó para entrar en ese cuerpo) y, que mediante un concurso-oposición con plazas reservadas para ellos, se les permite pasar a ser docentes de secundaria (mediante unas pruebas mucho más sencillas que las de una persona que accede desde fuera del régimen funcionarial docente)
  • Docente de secundaria que, en unos concursos (con baremos objetivos u objetivables) donde se ofertan un determinado número de plazas, les permite optar a acceder a la condición de catedrático

Por tanto, a día de hoy, dos mecanismos para la mejora profesional y promoción interna del docente (aunque he de reconocer que la segunda cada vez está menos extendida y, son pocas las convocatorias de cátedras que se realizan en nuestro país).

Lamentablemente, esos dos mecanismos de promoción interna adolecen de muchos defectos. El principal, es que, para aquellos docentes de primaria, que les guste dar clase en esos niveles, ¿qué posibilidad de promoción interna les ofrecemos para que no tengan que abandonar dicha etapa educativa? ¿Les ofrecemos una carrera por niveles profesionalizadores? ¿Qué parámetros usamos para ello? Una solución sería la evaluación y promoción mediante diferentes pruebas objetivas (¿cómo los exámenes para el acceso a los diferentes niveles policiales?). También sería bueno incorporar la mejora docente mediante intercambios con otros centros educativos y, así poder acceder a otros estadios profesionales. Eso sí, todo lo anterior con independencia del color político del docente y, siempre procurado que sea de la manera más justa posible.

Para los docentes de secundaria, la idea fundamental sería la misma. Posibilidad de promoción por niveles, mediante la asimilación de los requisitos que se piden en cada uno de ellos y con pruebas objetivas. Eso sí, que dicha promoción esté totalmente desvinculada de los años de experiencia (relevantes, pero muy ineficaces a la hora de valorar el grado de profesionalidad docente -ya que un docente recién aterrizado en el sistema puede tener más capacidades y habilidades para conseguir un nuevo estadio de promoción que otro que lleve más años-). Eso sí, no se trata de ningunear la experiencia docente, la cual también tendría que ser marcada como un aspecto más dentro de un baremo más amplio.

Y, en el caso de secundaria, no me gustaría dejar de lado la posibilidad de que se convocaran concursos-oposición para que dicho profesorado pudiera dar el salto a la Universidad. Para eso, uno de los aspectos a considerar sería la revisión de todas las plazas de docentes universitarios (junto con sus procesos de selección) y efectuar un revisionismo histórico, impidiendo el acceso de los nuevos docentes a la misma por cuestiones endogámicas (que suponen cerca de un 93% del acceso a las mismas). Eso sí, uno de los requisitos previos que habría de tener el docente de secundaria que quisiera optar a dar ese paso sería estar en posesión de un Doctorado (cosa que le habilitaría para realizar la parte investigadora de su docencia en esos nuevos niveles).

Ya habéis visto que en ningún momento he colocado los cargos de Inspección, Centros de Profesorado, ITE, cargos técnicos ocupados por docentes en las Consejerías de turno, etc. dentro de las posibilidades de mejora de la carrera profesional docente. Esa no inclusión se debe fundamentalmente a dos parámetros:

  • En su mayor parte son cargos de designación política y, por ello nunca puede hablarse de promoción para acceder a los mismos
  • Son cargos alejados de la docencia directa de aula y, debido a esa casuística, es muy difícil considerarlos como cargos docentes y no de gestión

Por tanto, dentro de las posibilidades de establecer un sistema de promoción docente en condiciones, también tendríamos que tener en cuenta la posibilidad de establecer «oposiciones diferenciadas» para ocupar esos cargos que implican la «no docencia». Así conseguiríamos tener los mejores gestionando las cuestiones docentes y, que los mismos estuvieran alejados del partido político de turno que los cesa o los asigna en función del color del carnet que disponen dichas personas en el bolsillo, o de la relación que tienen sus parientes con los que en ese momento están mandando en dicho ámbito de actuación.

Unas primeras ideas para algo realmente necesario como es la necesidad de establecer una carrera profesional docente en condiciones.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

6 Comments
  1. Nunca ha existido y no creo que llegue a existir la «carrera docente» tal como la imaginas. No le interesa a nadie, de arriba, crearla.
    Ser maestro es como ser bombero o conductor de autobús. Se empieza y se termina en si misma.
    Pienso que es algo que hay que asumir cuando se elige esta profesión.
    Acceder a la dirección, jefatura de estudios o secretaria es algo pasajero. Uno es director unos años, vuelve a ser maestro, cambia de destino y es secretario, vuelve a la dirección, vuelve a ser maestro. Es una faceta en la que vamos y venimos; algunos, que otros nunca quieren serlo.
    Y en cuanto a salir del cole y acceder a otros puestos, lamentablemente, siempre, digo siempre, ha dependido más de los contactos personales, amistades y afinidades políticas que de la capacitación personal.
    Así que, amigo Jordi, tomatelo con calma.

    1. Sabias y reales palabras se exponen en tu comentario. Tan sólo me gustaría remarcar una cosa que me hace pensar que pronto algún iluminado de la Administración (lamentablemente sin experiencia docente de aula) se ponga a diseñar una carrera docente: la crisis actual. ¿No te imaginas la posibilidad de diseñar una carrera para un cuerpo al cual no perteneces y penalizando (sea económica o a nivel de desplazamientos de centro) a los que no sean afines a ti?

      Lamentablemente, ese va a ser el diseño de la futura carrera docente. Algo que, con la situación actual, cada vez está mucho más cerca de lo que muchos deseamos.

      Por eso, pongo mi pequeño granito de arena de lo que creo, en mi humilde opinión, el establecimiento de una carrera docente en condiciones de igualdad, equidad y valor profesional.

  2. La carrera docente debe servir para distinguir a aquellos que se toman su profesión con rigor del resto. El reconocimiento no debe ir acompañado del abandono de su actividad sino al contrario. Si alguien es un buen profesor, la sociedad debe aprovecharse manteniéndolo precisamente en esa tarea. Su dedicación, su esfuerzo, su «savoir faire», sus propuestas innovadoras deben extenderse pero no debemos quedarnos sin los buenos profesores porque entonces estamos perdidos. Aprovechemos su disposición para trasladar su experiencia a los noveles, que sea tutor de verdaderas prácticas, que acuda a la Facultad a explicar lo que hace pero que no abandone su puesto.

    1. Llevas toda la razón. Por ello, eso es uno de los argumentos que expongo para la promoción interna (la posibilidad de promoción sin necesidad de cambiar de cuerpo y/o de actividad). Aunque, también se tiene que dar la oportunidad a aquellos docentes que consideren que su tarea ya no le da satisfacciones a nivel personal, con independencia de su valía para la etapa en la que imparte docencia, que puedan dar el salto a una etapa educativa superior.

      Eso sí, defendiendo unas oposiciones diferenciadas para aquel que quiera hacer docencia de aula y otras para todos aquellos que les de alergia la misma y, que lícitamente, quieran optar por cargos de gestión educativa (o alejados de las aulas).

  3. Le doy vueltas al modelo de promoción, o valoración, o reconocimiento, o decidle como queráis, de la carrera docente al margen de mejoras en la retribución y no llego a grandes ideas.
    Lo que tengo claro es, como ya habéis apuntado, que un cargo unipersonal no es un premio para un docente que quiere ser docente.
    También tengo claro que la ‘promoción’ a Secundaria tampoco es un premio para un maestro de Infantil o de Primaria que quiere seguir trabajando en esas etapas (si a mí alguien me hiciera un reconocimiento así, yo dejaría la docencia; soy maestra de Primaria, me gusta y es lo que quiero seguir haciendo).
    Tal vez se podría pensar en reconocer el buen trabajo como maestro de Primaria dotando de más horas de preparación y/ formación (o ambas) al maestro a premiar. Que 5h/ semana son pocas (1 de tutorías padres, 2 de coordinaciones varias, solo 2 de corrección y preparación).
    Claro que esta propuesta también costaría dinero (a más horas de reconocimiento, menos horas lectivas y, por lo tanto, más contrataciones).
    ¿El pez que se muerde la cola?

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