Anatomía de un fiasco educativo

La mayoría de blogs relacionados con temas educativos están llenos de buenas prácticas, de experiencias maravillosas, de satisfacciones generalizadas por el buen trabajo de los alumnos, de... Pues bien, lamentablemente, la realidad se empeña en oponerse a la anterior versión idílica. El aula, en demasiadas ocasiones, obliga a replantear muchas cuestiones porque, una de las máximas de la misma es la aleatoriedad de los resultados. Sí, por mucho que nos empeñemos en plantear proyectos o propuestas alejadas de "lo de siempre" hay demasiados parámetros que hacen que, en más ocasiones de las que parece por lo que se lee habitualmente, lo anterior derive en un fiasco educativo de diferente gradación.

Esta semana. Bueno, ayer sin ir más lejos, mis alumnos de cuarto de ESO debían exponer un proyecto en el cual llevaban algo más de un mes trabajando. Un proyecto acerca del posible descubrimiento de un nuevo planeta y de las características que habría de tener un robot para realizar esa exploración espacial. Sí, ciencia ficción aplicada a la parte del temario relacionada con la robótica. Más allá de la teoría pensé, ¡qué mejor que hacer un proyecto para intentar trasladar a la ¿realidad? el aprendizaje! ¡Qué buena idea! ¡Qué imaginación desbordante tengo para permitirme idear proyectos en pocos minutos!

Fuente: http://mars.nasa.gov

Fuente: http://mars.nasa.gov

Empiezo el diseño, hago planteamiento abierto (presupongo que en cuarto de ESO ya tienen estrategias de trabajo) y, como siempre, doy total libertad a los alumnos con sólo una premisa a tener en cuenta... el día de entrega y presentación del proyecto. Nada, todo muy bonito. Suponiendo capacidades e interviniendo muy puntualmente en los grupos de trabajo para darles pequeñas directrices. Algo que creía que ya sería suficiente. Algo que, para alumnado de quince y dieciséis años, creía que habría de ser suficiente.

Reconozco que, a veces, también pedía determinada documentación. Como mínimo para saber que estaban trabajando en el proyecto porque, en demasiadas ocasiones, era mayor la tertulia que el trabajo que yo podía observar. Quería experimentar en un proyecto abierto. Quería ver cómo respondían mis alumnos frente a algo demasiado abierto para poder ser solucionado con el estudio el día antes del examen.

Ayer presentación de los proyectos de los diferentes grupos. De los cuatro grupos de trabajo, dos ni tan sólo trajeron el proyecto. Que se les ha olvidado, que falta el del grupo que lo tiene todo, que le hemos intentado localizar por whatsapp, que... Empezamos bien. Un mes y medio después, con los horarios pautados, con tiempos más que amplios para poder trabajar en el proyecto... la mitad de la clase "se olvida" de defender el proyecto que han realizado. Alucinante. Sí, alucinante y con una sensación muy desagradable en la boca del estómago.

Bueno, vamos a ver qué tal los dos grupos que sí que han traído la presentación y han realizado el proyecto. Mejor haber aplazado la exposición si hubiera sabido lo que vendría a continuación...

El primer grupo un desastre. Ni la presentación que llevaban era coherente, ni se lo habían mirado, ni tenían ni idea de qué estaban hablando, ni... A punto de llorar. Les he dicho de todo menos guapos. Y sí, les he reconocido que gran parte era mi culpa. Que pensaba que eran adultos y lo único que me habían demostrado es que no se podía confiar en ellos. Sí, los alumnos no están acostumbrados al descontrol y a dejarles hacer. O estás encima de ellos o no hacen nada. No hay grupos que sepan trabajar de forma autónoma... bueno, hay muy pocos grupos que sepan trabajar de forma autónoma. Por tanto, tengo claro que cuando alguien habla de que todos sus alumnos trabajan de forma autónoma y no hay ningún problema... ¡mienten! Sí, mienten. Lo que pasa es que queda muy bien decir que todo sale perfecto. Esconder lo malo y sacar sólo lo bueno. No es positivo. Lo malo existe y debe explicarse en voz alta. Cuando algo sale mal es importante reconocerlo y, en mi caso, esta experiencia ha sido un auténtico fiasco.

Por cierto, como mínimo me queda la satisfacción de la buena presentación del último grupo. Una excelente presentación y trabajo en el aula por parte de una minoría de mis alumnos que no debe esconder el mal resultado global del proyecto.

Sí, he fracasado y no es la primera vez. Ni va a ser la última...

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.

28 comments

  1. Víctor 11 abril, 2015 at 12:23 Responder

    Jordi, en mi experiencia de trabajo por proyectos he considerado pautas con un guión de trabajo las tareas, las herramientas, las fases e ir estableciendo plazos de entrega de las mismas. Además, creo que hay que supervisar el proceso porque el alumnado no está habituado a esta forma de trabajo y no tiene las estrategias de trabajo autónomo. Es una carencia generalizada del sistema educativo.
    Con todo y con eso, a veces mis alumnos entregan unos proyectos mediocres porque luego existe el nivel de implicación que tenga cada uno, de habilidades, etc.
    Por cierto, mis alumnos se de 2° de Bachillerato así que entiendo que ante proyectos abiertos, cualquiera se pueda perder.
    Me parece una experiencia genial para sacra conclusiones y aprender ya que el trabajo pro proyectos es realmente difícil para todos.
    Un abrazo

    • Jordi Martí 12 abril, 2015 at 07:30 Responder

      No veo demasiado clara la necesidad de seguir pautando actividades (o proyectos) a determinadas edades. Sí, reconozco que sin acompañamiento previo o atención intensiva a lo largo de las horas de aula puede (bueno, en realidad) que muchos alumnos se pierdan. Me genera muchas dudas el no dotar de completa autonomía a los alumnos, más aún porque me da la sensación que lo único que hace lo anterior es crear ciudadanos demasiado dependientes de terceros. No lo sé. No lo veo. Creo que -y no es una cuestión de ahora- estamos optando por guiar en exceso y dotando de demasiados cables o reglas cualquier tipo de proyecto diferente a lo que se ha hecho siempre.

      Sí, creo que es incómodo y, en muchos casos un auténtico fiasco pero, más allá del éxito o el fracaso de este tipo de actuaciones, creo que no es malo dejar de tejer una tela de araña al lado de nuestros alumnos para que los mismos se sientan siempre seguros. La inseguridad se aprende y siempre creo que va a ser mejor, con independencia de los resultados, que dicha inseguridad se muestre en espacions más controlados que la propia sociedad. No lo sé. Es un tema realmente complejo y que, como digo siempre, va a depender mucho del sentido que demos a la escolarización (que, a veces no va asociado con concepto de educación).

      Un fuerte abrazo de vuelta.

  2. liiva 11 abril, 2015 at 12:29 Responder

    Hola Jordi,
    Yo sigo sin tener experiencias en nivel secundaria, pero trabajando con adultos que conciben la educación de esta manera que comentas, en las que hay que estar encima de ellos y además darles todo masticado (que es con lo que más problema he tenido queriendo romper con la educación transmisiva) he sentido que debería de pasar por una transición y no un cambio que para ellos representa de la noche al día en estilo de trabajo.
    Y leyendo este post, he recordado una materia del Máster que recién acabé llamada elaboración de proyectos, más bien orientada a temas investigativos. Era online y el tema era libre, pero estaba bien estructurado para que la profesora hiciera un buen seguimiento y con la concebida libertad de trabajo para el alumno. Debíamos ir haciendo entregas de determinadas partes y la profesora entonces daba su parecer, y al final se ensamblaba todo y se entregaba.
    Comoentas uqe como mínimo les pedías determinada documentación. Siguiendo esta experiencia que comento, te segeriría que no debería de ser como mínmo sino como parte obligada y reiterada.
    En esta materia me sentí muy guiada, acompañada y a la vez, desarrollaba mi autonomía.

    No importaba cuál fuera el tema a desarrollar, la pauta para todos era la misma.
    También creo que a nivel de secundaria, se les debería guiar en el trabajo en equipo, y no dejarles margen amplio. Porque lo que suelen hacer es dividir el trabajo y desentenderse de lo que no les toca. ASí también lo viví en el Máster. Yo esperando sacar provecho (de aprendizaje ) con el trabajo en grupo y me quedaba trabajando sola alguna temática y nada más.

    Salu2

    • Jordi Martí 12 abril, 2015 at 07:35 Responder

      Muchas gracias por comentar la experiencia pero, a pesar del fiasco (y de los que he tenido y tendré), tengo muy claro que más allá de un guiado exhaustivo se debe dejar margen para la actuación. Más que para la actuación, para la necesidad de adquirir hábitos de trabajo autónomos. No veo positivo que, en una sociedad, potenciemos aprendizajes donde lo único que debe hacerse sea marcar unas pautas, llevar un control continuo y, finalmente, evaluar trabajos que han realizado nuestros alumnos. No lo sé. Quizás es que mi creencia del “alumno autónomo” no pasa por un aprendizaje a base de “haz esto o aquello en este orden” porque, ¿qué pasará con esos alumnos cuando salgan a la sociedad y se vean en la necesidad de tomar sus propias decisiones y asumir sus consecuencias? O, ¿es que sólo debemos preparar para que nuestros alumnos tengan un futuro laboral en una línea de producción o trabajos donde lo único que tengan que hacer sea seguir unas directrices y la autonomía sea innecesaria? No lo creo. Al menos, esa no es mi idea de lo que debemos hacer.

      Un saludo.

  3. Bitacoras.com 11 abril, 2015 at 12:31 Responder

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  4. RemeiGG 11 abril, 2015 at 13:07 Responder

    Antes de comentar tu artículo, Jordi, te he de reconocer una cosa (movida por la falsa cercanía que envuelve a las relaciones online). Te sigo desde hace tiempo y, aunque te leo casi siempre, sueles hacerme sentir muy incómoda. No estoy de acuerdo con tus afirmaciones en muchas ocasiones y, en general, el tono y las formas que utilizas directamente no me gustan. Sin embargo, coincidimos en muchos puntos, como en el caso de este post.
    Es una pena que, con lo interesante que parece tu propuesta, no haya habido mejores resultados. Sin embargo, no creo que, cuando ocurren eventos de este tipo, debamos centrarnos en los resultados que no se han acercado a nuestras previsiones, sino en la valoración del proceso y los resultados como haríamos con cualquier proyecto que se desarrolle en el aula. Simplemente ocurre que, en sucesos como este, debemos revisar muy de cerca los fallos que se ha cometido. Al fin y al cabo, si la educación es un proceso de mejora, nosotros/as también hemos de probar y errar para poder hacerlo mejor. Los fiascos en los proyectos existen, pero hay que valorar la ejecución para poder mejorar, no verlo desde una perspectiva pesimista. Además, es importante que nos recordemos de vez en cuando que, aunque nuestra visión del proyecto es global y nos genera una sensación global de logro/fracaso, para el alumnado se trata de una tarea personal. Es decir, que seguramente nosotros/as tenemos una sensación de fracaso (como es tu caso ahora mismo), pero los/as integrantes del grupo que dices que sí se han implicado, no sienten lo mismo que tú. Para ellos/as, probablemente haya sido una experiencia espectacular, super-significativa y útil. A veces perdemos la perspectiva, claro.
    Y, no obstante, por tu uso del lenguaje intuyo que lo que realmente quieres es criticar la visión de los proyectos que se da en los edublogs. Este es un ejemplo de lo que me incomoda de tu tono.
    Sería ridículo pensar que en los proyectos que se presentan en los edublogs no existe un grupo en el que no han desarrollado el proceso sin conflictos, que todo el alumnado se ha supercomprometido y ha llevado a cabo sus tareas, que no ha habido participantes que no han hecho nada, o que no hay algún trabajo que no alcanza los objetivos programados.
    ¿De verdad es tan denunciable que no se pongan estos casos de relevancia? El profesorado ha de asumir que siempre se puede mejorar, que se intenta motivar y ayudar a todo el mundo pero que no siempre funciona ni se hace de la manera más efectiva. En mi opinión, es positiva la exposición de los proyectos como estrategias exitosas, para la automotivación, la motivación del alumnado y para que estas actividades puedan ser reproducidas por otros/as docentes que la hayan considerado interesante. Si en la exposición sólo describiéramos los elementos que no han funcionado, no estaríamos haciendo autocrítica, sino adoptando una postura negativa que no ayuda a mejorar, ni trasmite la intención de hacerlo. Obviamente, cuando compartimos estas experiencias no se asume que sean líneas de actuación milimétricamente marcadas para su puesta en práctica (¿qué técnicas o estrategias educativas lo son?). Cada persona ha de adaptar cualquier propuesta a su propia experiencia y al grupo con el que va a trabajar.
    En cualquier caso, coincido contigo en que nuestra práctica está plagada de pruebas inconclusas, actuaciones que no cumplen las expectativas y falta de valores. Pero, ¡eh! Para eso estamos aquí, ¿no?

    • Jordi Martí 12 abril, 2015 at 07:48 Responder

      En primer lugar agradecer, como siempre hago, tus comentarios o apreciaciones desde las redes sociales. La incomodidad es algo a lo que debemos estar acostumbrados. La propia esencia trae asociada la incomodidad. Sí, es muy incómodo analizar perspectivas divergentes y, como no, plantear la relación previa con alguien que escribe algo teniendo una predisposición a ver dichos artículos como algo negativo. No lo digo por ti, lo digo como algo que también me sucede habitualmente y, por mucho que intente aislar el contenido del autor, siempre hay predisposición previa antes de la lectura. Algo que considero que es un error pero que, tristemente, está innato en nuestros genes 🙂

      El resultado tiene mucho que ver con el proceso. Un proceso abierto, con guiados muy puntuales y, planteando la perspectiva de la capacidad del trabajo de forma autónoma y la gestión de grupos. Sí, reconozco que las ideas de uno (en referencia al planteamiento de un proyecto) no siempre coinciden con las ideas/expectativas de los alumnos y ahí surge, en muchas ocasiones, uno de los puntos que hacen que la obtención de la sensación de fracaso se acentúe. Por cierto, es muy difícil intentar conjugar las necesidades (bueno, más que necesidades, querencias) de los alumnos con las que un docente puede plantearse.

      No hay crítica a los edublogs, ni a la exposición de experiencias, ni a la narración de los mismos. Simplemente encuentro que, a veces, debería haber también una exposición de lo que “no ha salido bien”. Más que nada para ayudar a aquellos que usan esas experiencias para llevar algo adelante en sus aulas. Ese contagio es positivo y, como más información haya disponible, mejor. Entiendo que tu predisposición previa incida en cuestiones transversales que interpretas por ser yo quien escribo pero te prometo que, en este caso, la intencionalidad no iba más allá de lo que te comento.

      Finalmente una pequeña apreciación siempre desde la subjetividad que, al igual que tú, me permito hacer de tu comentario. Considero mucho más positivo analizar lo que no ha funcionado porque, como en cualquier acción (no sólo educativa), donde se incide es en mejorar lo que no funciona y, como no, intentar mantener lo que sí lo ha hecho (y si es posible hacerlo aún mejor). Sí, lo que ha salido mal es quizás lo más importante de cualquier experiencia para el docente porque, gracias a ese análisis, quizás y sólo quizás, se puede experimentar una mejora en el próximo envite.

      Un saludo y encantado Remei, como siempre, de contar con tus excelentes “discrepancias”.

  5. jovivamo 11 abril, 2015 at 13:46 Responder

    Jordi, lo que describes es lo habitual porque los alumnos están acistumbrado a lo contrario. Yo me cabreo mucho cuando les doy libertad y compruebo que hacen los deberes de otra asignatura supermegaimportante donde les machacan a deberes y les suspenden.

    Te pongo un ejemplo clarificador: a veces los norcoreanos que escapan al sur se suicidan porque no se adaptan a una sociedad libre. Solución?

    • Jordi Martí 12 abril, 2015 at 07:50 Responder

      No tengo solución para los norcoreanos Joan, pero tampoco veo que se “curren” tanto los deberes de otras asignaturas. Al menos por lo que veo y me dicen mis compañeros. Aparte de falta de autonomía se echa de menos falta de ilusión y esfuerzo (más que esfuerzo, ganas).

      Un saludo.

  6. Gilda Sotomayor García 11 abril, 2015 at 15:01 Responder

    Al respecto creo que no es adecuado, en un principio, dejar al estudiante en un vacío creyendo que él y sus pares podrán conseguir realizar la tarea solos. Para ello el perfil de los estudiantes de secundaria tendría que caracterizarse por su responsabilidad, madurez y creatividad. Condiciones que se encuentran en alumnos que tienen un grado mínimo de autonomía en el propio aprendizaje, proporcionado por su responsabilidad ética, madurez afectiva y cierto desarrollo cognitivo.

    Otra cosa más, en esto tipo de experiencias se trata de que el alumno se enfrente con problemas retadores abordables; abordables no tanto en el sentido de que pueda resolverlos o solventarlos por sí solo, sino de que pueda afrontarlos gracias a la combinación de sus propias posibilidades y de los apoyos e instrumentos que reciba del profesor. Es por eso que en el uso de estos métodos activos, es necesario que el profesor vaya orientando de cerca. Para esto se ha de proporcionar diseño y seguimiento a la actividad para que tenga sentido. Pero se trata de orientar utilizando metodologías de trabajo bien definido en cuanto a sus características y etapas de producción, que lleven finalmente a la obtención del producto o artefacto de conocimiento construido por los estudiantes. Si bien es cierto, ellos (estudiantes) se ocupan con mayor o menor amplitud de las ideas y tienen conciencia de las metas, la responsabilidad global y los medios para ampliar las fronteras del conocimiento no están en sus manos, sino en manos del profesor. Él es quien debe mantener el control completo y es básicamente el que organiza los grupos, monitorea el proceso en cada etapa, hace las preguntas al mismo tiempo que provee a los estudiantes de información básica, en tanto busca y recopila materiales de interés para el grupo, utiliza estructuras cooperativas para facilitar su interacción y solicita resultados o productos específicos de conocimiento que deben trabajarse considerando los criterios de evaluación que previamente han sido prefijados.

    Como se puede ver el rol del maestro es muy importante en tanto conduce al grupo con LIDERAZGO. Creo que si nuestra tarea educativa no asume ese reto estamos condenados a que en la educación se aplique esa máxima de la economia actual: “laissez faire, laissez passer”.

    • Jordi Martí 12 abril, 2015 at 07:57 Responder

      No estoy excluyendo el rol del docente en la realización de actividades educativas. Más bien hago una exposición abierta de un proyecto determinado, con unas condiciones determinadas, que ha salido mal. Sí, estoy seguro que con una intervención más exhaustiva el proyecto habría salido infinitamente mejor pero, para mí habría perdido todo su sentido. El proyecto tenía dos finalidades bien marcadas: la realización del proyecto y el trabajo autónomo (incluso que fuera en grupos). La primera parte viene muy relacionada con la segunda y, lamentablemente, se ha confirmado (sí, lo tenía claro pero, como siempre, seguía teniendo una ligera esperanza en que no fuera así) que la autonomía no está prefijada. Ahora, pasados unos días me planteo una pregunta… ¿a qué edad debemos dotar de autonomía a nuestros alumnos? ¿A los 14, 16, 20,…? O, ¿nos esperamos hasta el segundo divorcio y el tercer hijo para que una persona pueda adquirir esa autonomía que permitirá que, dentro de un proyecto abierto de vida, pueda tomar las decisiones de forma autónoma? No es laissez faire, es laissez être une personne 🙂

      Un saludo y muchas gracias por comentar.

    • Jordi Martí 12 abril, 2015 at 07:59 Responder

      Todo llega en buen momento. La primavera, por cierto, ya está aquí 🙂

      Mi recomendación… cuenta la verdad. Maquillar resultados nunca es positivo. Lo bueno y lo malo debe conocerse. Disfruta de la experiencia.

      Un abrazo.

  7. José Luis González 11 abril, 2015 at 18:24 Responder

    Esta es la realidad de las aulas, Jordi. Nuestros alumnos no están habituados a los proyectos abiertos. Tú has imaginado una respuesta acorde a tu ilusión, pero el resultado era previsible. Probablemente para ellos el tema no era tan motivador como para ti que has reflexionado reiteradamente sobre ello y estás al día de los temas de robótica. Yo intento seguirlos pero me doy cuenta de que el común de la población no está en ellos. Tus alumnos, si son como los míos, todavía no tienen intereses definidos y el mundo de la cultura o la ciencia no les atrae especialmente. Lo que para ti es apasionante para ellos no lo es. Más cuando les das un esquema de trabajo demasiado abierto. Nuestros alumnos no son creativos en general. Necesitan pautas, esquemas, organización, que les permita la resolución fácil de los problemas mediante la copia. Además no les gusta pensar demasiado por ser algo optimista. Carecen en general de cultura y lo que saben del mundo es muy poco ni siguen las noticias más allá de cantantes o deportivas tal vez. No tienen intereses definidos y su mundo es muy precario tanto como no nos podemos imaginar. Dejarles sueltos para que relacionen, creen, den forma a cuestiones totalmente abiertas lleva a que solo un veinticinco por ciento haya colmado la ilusión que tenías. No es poco. Una cosa son los castillos en el aire que montamos a veces profesores tendentes al quijotismo y otra es la realidad de las aulas. Demasiados estacazos me he dado yo y de sobras sé que no se puede plantear algo abierto en lo que se pierden, pero agárrate, si se lo hubieras dado a un grupo de personas mayores sin más orientación, seguramente también se hubieran sentido perdidas. Necesitamos o muchos necesitan asideros, hitos, estacas en que apoyarse cuando te mandan ir por un camino. Hasta el camino de Santiago está marcado cada pocos metros.

    • Jordi Martí 12 abril, 2015 at 08:03 Responder

      Sí, es la incómoda realidad. Ya hace años que pululo por las mismas (creo que diecisiete va a hacer en breve) y llevo obteniendo maravillosas Rupertas cada vez que planteo “algo diferente”. Sí, hay cuestiones positivas pero, lamentablemente, tener la idea de maximizar resultados y, como no, la ilusión que se pone a determinados proyectos, después hace que la realidad caiga como una losa encima de ti. Tampoco pasa nada. Seguiremos intentándolo. Al menos, a diferencia de Don Quijote, tenemos la ventaja de no disponer de lanza y permitirnos el lujo de poder ir en verano con chanclas, bermudas y sin ningún tipo de armadura 🙂

      Gracias, como siempre Joselu, por el comentario.

  8. flaviaarietto 11 abril, 2015 at 19:57 Responder

    Hola Jordi. Que identificada me sentí con tu descripción. Varias veces me pasó lo mismo. Hoy que estoy preparando mi tesina para terminar mi Licenciatura en tecnología Educativa, justamente decidí estudiar estrategias que ayuden a desarrollar la autonomía del alumno.Problema q noto hace varios años. Estoy haciendo experiencias con autoevaluaciones y rúbricas en campus y con recursos digitales complementadas con redes sociales. Considero que los alumnos necesitan hábitos de autoevaluación , estímulos (uso insignias de logros y desafíos en base a cuestionamientos cercanos. No estás sólo . Hay que seguir , se crece mucho y muy buenos tus artículos. Saludos desde Argentina .

    • Jordi Martí 12 abril, 2015 at 08:05 Responder

      Muchas gracias por el comentario desde el otro lado del pequeño “charco”. Lo de la autonomía del alumno es clave para cualquier tipo de cambio educativo. Será cuestión de ir probando estrategias para ver si, en algún momento, podemos pasar de esos pequeños fiascos a algo parecido (que seguro no será) a lo que se tiene en mente una vez se plantean determinados proyectos.

      Un saludo.

  9. manueljesusf 12 abril, 2015 at 19:59 Responder

    Creo que, primero, debemos plantearnos muy seriamente si tu experiencia ha sido un fracaso o no. Sería un fracaso si esos alumnos que debían haber realizado lo que le proponías, estuvieran acostumbrados, por su autonomía y hábitos de trabajo, a desarrollar este tipo de tareas. Entonces sí, sería un fracaso. Pero, como les pasa a los “mios” (que acostumbrados estamos a hablar de “los míos” o “lo tuyos”, qué sintomático) no lo han hecho nunca, ni los de 4º de ESO, ni los de 2º de bachillerato. Sin embargo, si uno de los grupos que no había hecho eso nunca lo hace bien, ¿no es un éxito? Todo es relativo y los docentes tenemos siempre una sensación de “vacío” cuando sólo sale bien una parte y no todo lo que diseñamos o planteamos en clase. Y es que tenemos que contra con “nuestros” alumnos y sus circunstancias y no siempre lo hacemos.

    En cuanto a la mayor autonomía de trabajo, creo que hay que dejarle la máxima posible según sus condiciones porque si queremos que tengan autonomía no podemos dárselo todo cerrado para tener más control. Es difícil. Pero nadie ha dicho que el oficio de enseñar fuera fácil.

    Y, gracias por narrar experiencias de aprendizaje.

    • Jordi Martí 13 abril, 2015 at 17:46 Responder

      Una de las situaciones o escenarios previos a la realización era la presunción de los resultados que podrían darse. Sí, lo único que quizás había visualizado eran las posibilidades de éxito o fracaso del proyecto. No, los alumnos no tienen hábitos de trabajo autónomo (quizás sea una falta de autonomía global por llevarlos demasiado dirigidos desde siempre) y creo que, a la vista de los resultados del proyecto abierto debo reafirmarme en lo anterior. Pero eso no excluye mi percepción de fiasco del proyecto ni mi responsabilidad en dicho resultado. Ni mucho menos.

      Estoy de acuerdo en dotar de la maxima autonomia a “mis” (si, yo tambien caigo en la posesion) a alumnos y, eso como bien dices, supone perder gran parte del control. Y a eso no estamos acostumbrados (ni ellos, ni nosotros a la sensación agridulce de los resultados obtenidos en este tipo de contextos).

      Gracias a ti por el comentario.

    • Jordi Martí 13 abril, 2015 at 17:47 Responder

      Muchas gracias por los ánimos José Manuel. Ahora hasta la próxima aventura porque ya tengo en mente otra actividad más (en este caso con diferente grupo que a éste ya lo he “maltratado” un poco).

  10. tucho mendez 13 abril, 2015 at 08:58 Responder

    Jordi, me parece muy necesario este artículo. Llevaba tiempo pensando en escribir sobre todos mis fracasos, que son unos cuantos.
    Hay muchísimos ejemplos en la red de proyectos (aparentemente) exitosos por la red, y pocos en los que se haga análisis de los errores, que los tiene que haber. O yo soy muy malo, o la gente es muy buena, o algo no me encaja.
    Por otra parte, es cierto que nuestro alumnado no está acostumbrado a la autonomía, por lo menos en mi experiencia. Esto debería ser algo que se trabajase de manera transversal en etapas y asignaturas, pero creo que se hace muy poco. Yo sigo intentándolo, pero también con un éxito muy irregular… no estás solo en tus fiascos 😉

    • Jordi Martí 13 abril, 2015 at 17:51 Responder

      Creo que conviene visibilizar más el “fracaso”. El “fracaso” es algo más habitual de lo que parece. Más aún si consideramos, como debería hacerse habitualmente, nuestra responsabilidad en cualquier “experimento” que realicemos. Sí, la transversalidad sería lo ideal pero, por diferentes motivos (y no todos achacables a nuestros compañeros ya que, en ocasiones, el trabajo que supondría coordinarse echa para atrás en demasiadas ocasiones esa colaboración), no se da.

      Por cierto, bienvenido al club que, en breve se va a poner a “trastear” con los planos de “vuestro” robot 🙂

      Un saludo y gracias por comentar Tucho.

  11. Ángeles 13 abril, 2015 at 12:55 Responder

    Hola Jordi,

    el tema de fondo (o uno de ellos) que me parece entender en tu artículo es lo poco que los docentes compartimos al hablar de nuestras experiencias docentes. De los errores se aprende y de la humildad al compartirlos, mucho más. Abriendo nuestras “aulas” a la comunidad aportamos pero también recibimos crítica constructiva, nuevas ideas o soluciones a nuestros fallos y carencias.

    Por eso no entiendo que tú no cuentes los detalles de tu “fiasco educativo”. Debido a la descripción tan somera que compartes, cualquiera entendería que lo único que has hecho es imponer a los alumnos tu idea de proyecto (seguro que no, que salió de sus intereses), que no evaluaste su trabajo y fuiste directo a evaluar el resultado (por lo que comentas te viste sorprendido un mes después de plantearlo) y que no conocías a tus alumnos a estas alturas de curso, ya que esperabas de ellos mucho más de lo que dieron.
    Con la falta de información sobre el proyecto das una imagen al profano en ABP muy poco favorecedora del docente: una persona que suelta una idea peregrina en el aula y después se tira un mes sin interaccionar con sus alumnos para, al final, quejarse de lo mal que lo han hecho todo.

    Por eso te rogaría que, si te fuera posible, nos contaras los detalles de la experiencia (el diseño que hiciste de la actividad: competencias y estándares de aprendizaje, integración de la tecología, evaluación previa, intermedia y final, retroalimentación, tareas de facilitación…etc.), por eso que comentas en el post, porque de los errores se aprende. Y en comunidad, más, añadiría yo.

    Me sumo a tu petición: hay que compartir también los errores, las prácticas reales en el aula.

    Saludos.

    • Jordi Martí 13 abril, 2015 at 18:34 Responder

      Hola Ángeles,

      Me da la sensación que no has captado el sentido del artículo. Sí, comparto la necesidad de mostrar más las experiencias de aula (lo bueno y lo malo) y, como no, dotar de mayor transparencia a nuestras actuaciones como docentes (y eso implica, en más ocasiones de las que nos gustaría, mostrar fracasos de diferente gradación) pero este artículo es sólo una reflexión acerca de un resultado de un proyecto que he mandado a mis alumnos.

      Los detalles del fiasco quedan, creo, suficientemente explicitados en la redacción del artículo. Temática del proyecto, realización y, como no, posterior evaluación. Por cierto, te equivocas… mi idea de proyecto se impone a los alumnos. Abrir tanto un proyecto es algo a lo que los alumnos no están acostumbrados y, por tanto, proponer algo tan abierto como lo que he propuesto no vendrá nunca de los intereses de los alumnos. El aula exige en ocasiones tomar el rol de docente. Un rol que puede cambiar e, incluso adaptarse a las necesidades de los alumnos, pero que obliga, en muchas ocasiones, a ser quien tomes determinadas decisiones (con mayor o menor acierto porque piensas en lo mejor para los alumnos, consultándoles, pero siempre adaptando la decisión final a lo que ves más factible).

      Sí, me sorprendió el resultado. Conozco bien a los alumnos pero, por mucho que les conozca, siempre existe la posibilidad de que algo salga mal. Más aún si haces algo diferente con ellos y, hasta ese momento, siempre había optado por dar una autonomía más reducida.

      Por cierto, mi proyecto nada tiene que ver con ABP. Ni me importan las siglas, ni me interesa un pimiento la taxonomización que intentan algunos. Ni soy purista en temas educativos ni, mucho menos, en decir qué es o qué no es tal cosa. Y, por cierto, lo que menos me interesa es dar una impresión más o menos organizada del proyecto porque, al final, si queremos cuadricular tanto los proyectos educativos sólo vamos a tener más de lo mismo de lo que se hace habitualmente. Es por ello que las palabras competencias, estándares, integración de las TIC y demás cuestiones burocráticas lo considero como algo secundario porque lo importante es el acompañamiento (y ahí es donde he fallado) y el que los alumnos sepan enfrentarse a problemas menos ficticios de lo habitual.

      Finalmente comentarte que asumo mi parte -muy importante- de responsabilidad en el resultado. Algo que no exime a los alumnos de su parte de responsabilidad porque, en un proyecto tan abierto como el anterior, la responsabilidad es -y debe ser- compartida.

      Un saludo y muchas gracias por el comentario.

  12. Pablo 13 abril, 2015 at 23:48 Responder

    Qué tal Jordi, pues qué puedo decir menos que es tan cierto que los docentes no solemos compartir nuestros errores como que los alumnos no trabajan autónomamente. Puedo sumar que lo que también se puede pensar a partir de tu artículo es que los docentes no hablamos entre nosotros más que para contarnos las costillas, cosa que al menos he experimentado aquí en Argentina; y entonces muchos toman la sutil manera de evitarse esto solo comentando cada proyecto como un éxito total. Aunque esto es sabido da letra a nuestros colegas para decir que no puede ser cierto lo que decimos y arrojarnos las peores pestes que encuentren en su vocabulario. Cómo se ve aquí lo que no abunda es la delicadeza en nuestra profesión, al menos por estos lares.
    Saludos…

  13. Juan Manuel 26 abril, 2015 at 18:39 Responder

    Bienvenido a la realidad. La mayoría de los proyectos que se ven por ahí responden a educa-ficción, son proyectos muy concretos realizados en condiciones muy concretas, hay un sesgo enorme en la elección de los alumnos y una mano muy grande por parte del profesor.
    Desde mi experiencia (de más de 11 años usando la metodología proyecto-construcción) debo decirte tres cosas: 1.hay que empezar desde el primer día e ir abriendo los proyectos poco a poco 2.funcionan mejor con alumnos de los Planes de Diversificación Curricular y alumnos con Adaptaciones Curriculares 3.la frase mágica: “es una mierda, pero es TU mierda”.

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EDUENTERTAINMENT

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