¡Basta ya!

Basta ya de intentar calmar la educación en debates descafeinados carentes de cualquier espíritu reivindicativo. Basta ya de vendernos la moto de metodologías truchas que, al final, su única justificación es el amimefuncionismo en contextos muy sesgados o, simplemente, la contraposición a enemigos metodológicos que nunca he visto en el aula. Basta ya de asociar estar certificado por una multinacional de las telecomunicaciones, recibir un premio de una entidad bancaria o, simplemente, de la churrería de la esquina, con ser un buen docente. Es que llega un momento en que toca decir, de nuevo, ¡basta ya!

Fuente: ShutterStock

No puede haber un discurso educativo que obvie la realidad del aula. No puede uno escudarse en metáforas rimbombantes o jugar a evitar pisar ese callo tan salido, para seguir vendiéndonos su libro. Quién dice libro, dice praxis. Quién dice praxis, dice milagro. Ya si eso debatimos acerca de aquellos de la revolución de las sonrisas educativas mientras, por desgracia, algunos siguen y siguen haciendo su permanente agosto con la educación. Porque la educación no se defiende calmándola. La educación se defiende con revoluciones, con lucha diaria desde donde uno esté. Vale desde cualquier parcela. Vale como docente, padre, alumno o desertor en sus diferentes formatos. No creo que los micros no puedan usarse bien. No creo que los altavoces no puedan tener su valor. El problema es cuando las voces simplemente abogan por buenismos mal entendidos, obvian el aula y se pasan por el forro las necesidades reales del aula mientras se hacen una foto de uniforme o, simplemente, juegan a la crítica selectiva que no les salpique. Es lo que tiene estar más pendientes del qué dirán que del qué podemos hacer. Y no es fácil el hacer. Aún menos el decir. Algunos porque ya pasamos de todo pero, sinceramente, cuesta ponerse a expresar en voz alta las creencias de uno. No poco.

La tempestad educativa no es la innovación reconvertida en puro merchandising. Quizás, siendo objetivos, el concepto de innovación lleva asociado una perversión muy compleja del asunto. Al final, por lo visto, totalmente contraproducente. Esto de matar a moscas con cañonazos innovadores no tiene ningún sentido. Menos aún despreciando lo que hay para poder justificar lo nuevo que ya huele a naftalina una vez vendido.

No hay metodologías espectaculares. El autismo no se cura con lejía. Las tarimas, por lo que se intuye o simplemente constata, aportan muy pocas soluciones en discursos cada vez más edulcorados. Políticas que no existen. Personajes cuyo único objetivo es colgarse la medalla y llenar ríos de tinta (en formato analógico y/o digital). Vademécums que, al final, lo único que demuestran es la inventiva del personal en crear nuevos nombres acabados en ing. Chachipiruling. Y la casa sin barrer. Y la educación sin ser analizada, desmenuzada y solucionada. No hay tanto francotirador para que el cambio cinegético se note. Menos aún cuando lo que hay no son manadas y sí entes autónomos, cada uno hijo de unos con problemas variopintos.

Claro que hay motivo para la esperanza. Claro que hay muchos docentes fantásticos haciendo bien su trabajo dentro y fuera del aula. Claro que hay políticos que, seguro, tienen más interés en mejorar la educación que en la foto. Y claro que hay docentes que venden parte de su alma para poder hacerlo mejor. Ése nunca ha sido el problema. El problema, por desgracia, es que al final se da mayor difusión a lo vendible y mediático que al trabajo del día a día. No es vender. ¡Basta ya de la deriva educativa que todo lo mira como producto! ¡Basta ya de debates sosegados! ¡Basta ya de horchatas de supermercado!

Dedico este post a todos aquellos (la mayoría) que intentan hacerlo lo mejor posible en su trabajo relacionado con la educación. Y pido, ya sé que es difícil, que algunos se preocupen más por hacer, que por decir o vender. No mola tanto pero, al final, se agradece.

El ego y el dinero son importantes, pero no lo son todo.

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

6 Comments
  1. Hola:
    Esto es como dar dinero para la investigación y dejar desamparados a los enfermos actuales,sin proporcionarles medios para sobrevivir en su entorno donde están tan faltos de ayuda.
    Millones a las multinacionales para investigar,y los enfermos con los problemas de adaptación a su entiren.
    Buenos docentes,los hay,pero habría que proporcionarles menos novedades y más ayuda
    Javier

    1. El problema es que las ayudas que no se mediatizan no venden. Y, al final, son muchos los que quieren, lícitamente (podemos cuestionar la ética en determinados casos), ganar dinero o visibilidad. Al final, como bien dices, los chavales necesitan más recursos que novedades diarias. Ahí está el gran problema de todo.

      Un saludo y gracias por pasarte por aquí.

  2. Hola! Cómo parte del equipo de docencia de un proyecto -ing (me he sentido aludida en tu post, Jordi) me encantará conversar con quién lo quiera… Sé que la propuesta que hacemos desde el proyecto está, realmente, ayudando a los docentes que participan y a sus alumnos… Y estamos abiertos a nuevas propuestas y mejoras siempre…

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