Bocachanclas

Lamento informaros de que, a veces, no es necesario saber de todo. Y voy a ir más lejos, en ocasiones no es necesario dárselas de saber de todo. Más que nada porque, salvo los palmeros que saben menos que vosotros, el asunto de decir determinadas cosas sin saber de otras previas o que llevan asociadas, tiene mucho de relación con lo que supone una mala praxis. Creo que se me entiende. Bueno, creo que se me entiende sin necesidad de consultar Google, ver un vídeo en Youtube o leer el primer chascarrillo sobre el tema que algunos publican.

Fuente: ShutterStock

Cuando veo a maestros e, incluso a docentes de niveles superiores, que sin ningún rubor hablan de neuroeducación como si fueran grandes expertos del tema, ya hay algo que me preocupa. Más aún el ver como han sido incapaces de leer o formarse más allá de la búsqueda rápida o, simplemente, reproduciendo lo que les dicen otros tipos que tampoco tienen ningún tipo de formación en el asunto. Por mucho que algunos desprestigien determinados títulos, investigaciones y se crean que, por decir cuatro palabras, alguien sabe de un determinado asunto, la realidad es mucho más compleja. No puede saltarse, por ejemplo, de ser experto en neurociencia a blockchain. Y menos aún cuando algunos se otorgan la parte pedagógica, ingenieril, médica o de árbitro de fútbol a las primeras de cambio.

Estos días, en esas pocas horas «muertas» que me quedan, he empezado a leer sobre el uso de blockchain aplicado a la educación y, sinceramente, me saltan las mismas alarmas que en otro tipo de ventas de determinadas cosas. Pedagogos hablando de cadenas de datos sin tener ni idea de qué subyace tras esas cadenas a nivel informático e informáticos, curiosamente, destripando el código sin tener claro qué sentido darle al mismo. Y al final todo tan etéreo que se plasma en artículos de más que dudosa calidad e interés. Si uno publica en lugares supuestamente serios debería ser un poco serio. O, al menos, aceptar sus limitaciones porque, a veces, a uno le da la sensación que hay personas que piensan que por tener un abanico más amplio de conversaciones de bar, un poco de agilidad en las búsquedas o, simplemente, más morro que otros, pretenden que se dé valor a todas aquellas cosas que dicen sin ningún tipo de base. Ni personal ni de lecturas serias. Por cierto, que uno lea sobre la tecnología blockchain (sigo con el ejemplo) no le hace más experto que un informático que lleva tiempo analizando el asunto. Lo mismo que ocurre en otros ámbitos. Uno puede investirse de árbitro o médico pero, al final, por mucho que lea no le permite hacer una operación a corazón abierto en la sala de profesores de un centro educativo. Ya sabemos que hablar de las cosas es mucho más fácil que hacerlas. Así que, tampoco tocará a esos bocachanclas, que lleven a la práctica todas las chorradas que dicen. Por suerte para ellos y para el ámbito del cual estén hablando. Bueno, salvo en educación que, por lo visto, permite llevar a cabo experimentos descontrolados de forma masiva.

No me toméis a mal que tome a personal de nuestro colectivo o afines para criticar su amplitud de campos de conocimiento. Podría extrapolarlo fácilmente a conversaciones de bar entre el frutero y el empleado bancario diciendo qué deberíamos hacer en el aula para mejorar la educación o, simplemente, aquellos que, por tener una determinada ideología, la priorizan frente a las realidades objetivas. Bueno, lo de verdades objetivas va a ser que dependen de ópticas personales y sesgos que algunos pretendan darles. Eso sí, lo importante es hablar sobre lo que no se tiene ni pajolera idea.

Lo grave no es ser un bocachancla. Lo grave es creerse que lo que se suelta por esa boca es cierto, con independencia que sea una mezcla de cuñadez mezclada con carajillo. Algo que sucede con independencia de la formación del bocachancla. Entre bocachanclas y palmeros estamos bien surtidos en el ámbito educativo. Más que en polvorones navideños o expertos en el cambio de hora, las tradiciones o, simplemente, el uso de papel de váter como grandes obras de arte. Lo de ARCO y del deporte extrapolado hasta la saciedad.

Cuando veáis que alguien (incluso que sea el que está escribiendo esto) os muestra una gran cantidad de información, os hace miles de propuestas u os habla de verdades absolutas… bueno, ya si veis que es un todólogo en toda regla, empezad a dudar. No hay conocimientos absolutos y lo único que demuestra la facilidad de algunos de otorgarse el rol de expertos en algo, buscar un grupo de nutridos seguidores que repitan sus discursos y lo difundan, es que estamos en una sociedad donde se valora más la apariencia que el fondo. El problema es que, al menos en la mayoría de casos de esos expertos de chichanabo, es que sus palabras tienen más afección que el hecho de ligar o no. Dudad siempre.

Muchas gracias Mikel por la palabreja ;)
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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

1 Comment
  1. Me encantaría que uno de esos »todólogos» de los que hablas en el post se pusieran a pontificar sobre como anudar la bolsa de la basura y nos dejaran en paz, pero no va a ir así la cosa, por desgracia. Habrá que dejar de soñar y hacer aquello de »labrarse» un futuro mejor que el que nos están dejando. Por mí que no quede.

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